13763d

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 13763  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro. 41   

          Santafé  de  Bogotá  D.C.,  marzo  veinticuatro de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          A  tono  con  las exigencias de los artículos 225 y 226 del Código  de  Procedimiento  Penal,  procede la Sala al examen preliminar de la demanda de  casación  formulada  por el defensor de MANUEL VICENTE  MORALES  PRADA  contra  la  sentencia proferida por el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Santafé de Bogotá el 21 de mayo de  1997,  reformatoria  de  la  emitida  por el Juzgado 73 Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  y  por  cuyo medio condenó al procesado a la sanción principal  privativa  de  la  libertad de 6 años y 9 meses de prisión como responsable de  una  tentativa  de  homicidio  en  concurso con porte ilegal de arma de fuego de  defensa personal.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

          Aproximadamente  a  las  10  de  la noche del 14 de febrero de 1990,  cerca  a  su  residencia  ubicada  en la Carrera 75 con la Calle 53C Sur, barrio  “Nuevo  Chile” de esta ciudad Capital, Luis Enrique Mican Suárez fue herido  gravemente  en  el  cráneo  y  el  hombro  con  arma de fuego, por parte de dos  sujetos  que  luego de cometido el atentado se alejaron del lugar.  Gracias  a  la  oportuna  asistencia  médica  que  se  le  prestó,  el lesionado logró  sobrevivir,   no   obstante   lo   cual  quedó  con  serio  daño  neurológico  representado     en    la    hemiparesia,  la parálisis y  la    afasia   mixta   que  actualmente padece.    

          Cinco   años   después   fue  vinculado  al  sumario  MANUEL  VICENTE  MORALES  PRADA como uno de  los   presuntos   autores  materiales  del  hecho,  cuando  en  razón  de  otro  proceso   se  encontraba purgando pena, y mediante proveído del 4 de marzo  de  1996 se profirió en su contra resolución de acusación por los injustos de  homicidio  imperfecto  y  porte  ilegal  de  arma  de fuego de defensa personal,  decisión  que  fue  impugnada  por el procesado pero por falta de sustentación  del recurso cobró ejecutoria en la primera instancia.   

          La  etapa  de  la  causa  fue  rituada  por  el Juzgado 73 Penal del  Circuito  de  esta  ciudad,  despacho  que  luego de concluida la vista pública  finiquitó  la instancia con el pronunciamiento de fondo del 7 de marzo de 1997,  imponiendo  al  acusado  12  años  de prisión al declararlo responsable de las  conductas  punibles por las cuales había sido convocado a juicio. Igualmente le  impuso  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el   término   legal   y   además   lo   condenó   a   pagar  los  perjuicios  causados.   

          Al  conocer  de  la  impugnación  propuesta contra la sentencia, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  confirmó adecuando la pena concerniente al  atentado  contra  la  vida a la normatividad vigente a la época de la comisión  de los hechos -Arts. 323 y 22 del C.P. de 1980-.   

LA DEMANDA  

          Previo  a  la  exposición  de  las censuras por cuyo medio  se  acusa  la  sentencia  recurrida  de  ser  violatoria  de  la  ley sustancial, el  impugnante        con        el        epígrafe        de       “CONSIDERACIONES” critica los fundamentos  probatorios  sustento  del juicio de reproche emitido contra el procesado habida  cuenta  que,  en  primer  lugar, se le condenó por una tentativa de homicidio y  porte  ilegal  de arma de fuego cuando jamás se probó que portara el artefacto  o  que se lo hubieran decomisado; y en segundo término que se profirió condena  con   total   ausencia  de  pruebas,  pues  sólo  se  tuvieron  en  cuenta  las  afirmaciones  de  la  madre y de la hermana de la víctima, sin parar mientes en  que  ellas no percibieron el desarrollo de los acontecimientos, amén de que les  asiste  interés  en  las resultas del proceso; y como tercera advertencia aduce  el  impugnante  que  las sentencias de primero y segundo grado se fundamentan en  simples  sospechas,  bajo  la  hipótesis  de  que  el  acusado  “pudo  ser  el  autor  material  de  una  posible lesión” producida a la víctima con un arma de fuego.   

          A  renglón  seguido  presenta  tres cargos contra la sentencia, los  cuales individualiza en capítulos separados, así:   

          PRIMER CARGO.   

          Por  apreciación  errónea de los testimonios de la madre y hermana  de  la  víctima,  acusa el censor el fallo impugnado de ser violatorio en forma  indirecta  de la ley sustancial, equivocación que llevó al Tribunal a incurrir  de    manera    manifiesta    en   un   “error   de  derecho”  por cuanto sin existir la prueba requerida  para   sustentar   una   sentencia   condenatoria,   confirmó   “parcialmente”  la  decisión  que en tal  sentido     profiriera     el     A-Quo.   Como  norma  violada  cita  el  artículo  247 del C. de P.  Penal,  pues  en  su  sentir “se condenó a un hombre  inocente   sin   la   existencia   siquiera  de  la  prueba  sumaria”.                   

          En  lo  que  parece  ser  el  desarrollo  de  la censura, insiste el  recurrente  en sostener que las pruebas erróneamente apreciadas por el fallador  fueron  los  testimonios de las familiares del ofendido citadas con antelación,  al  no  tenerse  en  cuenta  el  grado  de parentesco que los une, declaraciones  “totalmente         parcializadas”  que  le  han  ocasionado  grave  perjuicio  al procesado con la  aplicación  equivocada de normas de derecho -las cuales no relaciona-, pues, de  una  revisión cuidadosa del expediente, se verá que no existe prueba diferente  a la de las consanguíneas del lesionado.   

          SEGUNDO CARGO.   

          Por     error    de    hecho  derivado  de  la apreciación probatoria errónea, acusa el censor  la  sentencia de ser violatoria de la ley sustancial en forma indirecta al dejar  de  aplicar el artículo 247 del Código de Procedimiento Penal, como quiera que  “las versiones de la señora madre del ofendido y de  su   propia   hermana   son   totalmente   parciales   en  su  favor”,    las    cuales    no    constituyen    plena    prueba   para  condenar.   

          En  la  sustentación  del  cargo afirma el impugnante que con clara  vulneración  del  mencionado  artículo  247, el sentenciador dejó de apreciar  las  versiones  del procesado MORALES PRADA,  quien  durante  el  proceso  no sólo se declaró inocente de las  imputaciones  que  se  le  endilgaron  sino  que  así  lo demostró; por lo que  profirió   sentencia   condenatoria  de  manera  injusta  contra  un  inocente,  absteniéndose  de  considerar los aspectos favorables al acusado y omitiendo la  práctica de algunas pruebas que lo beneficiaban.   

          TERCER CARGO.   

          Por   infracción  directa  consistente  en  no  haber  aplicado  el  artículo  247  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  censura el libelista la  sentencia  recurrida  de  ser  violatoria  de  la  ley  sustancial,  dado que se  profirió  condena sin hallarse establecido los presupuestos que para tal efecto  demanda  el  pluricitado  canon  normativo,  amén  de  que se omitió practicar  diligencia de inspección judicial al lugar de los hechos.   

          Como  fundamentos de este cargo esgrime el demandante los siguientes  motivos:   

          1.-  Que como en el proceso se ha sostenido que quienes lesionaron a  Mican   Suárez   fueron   dos  sujetos,  injustamente  se  le  cargó  toda  la  responsabilidad  a su asistido por cuanto se omitió vincular al averiguatorio a  ese  segundo  personaje,  para  lo  cual  se  contó  sólo con lo dicho por las  parientes del ofendido.   

         

          2.-  Con  base  en conjeturas, sospechas o simples hipótesis, se le  “achacó” la comisión de  un  hecho punible a su defendido, asegura el casacionista, puesto que el juez de  la  primera  instancia  supuso  que el justiciable ocultó o se deshizo del arma  cuya  tenencia  ilegal  se le ha imputado, apreciación abiertamente contraria a  derecho  porque  de  esa manera mal puede cimentarse un fallo de condena, cuando  no   existe   el   “cuerpo  del  delito”  y  el acusado no se declaró confeso de ser el autor material o  intelectual del hecho.    

          3.-  Si  en  gracia  de  discusión  se  insiste  en predicar que el  procesado   fue   “el   causante   de   una  simple  lesión”,  ese  delito ya se encuentra prescrito, lo  que  hace  viable  la  libertad  inmediata  de  MORALES  PRADA.   

          Por  modo  que,  “constituida la Corte en  Tribunal  de  instancia”,  el recurrente solicita se  revoque      la     sentencia     de     “primera  instancia”  (sic)  y  en  su  lugar  se  ordene  la  liberación  del  procesado, pretensión que de no ser acogida ruega se disponga  el  traslado  de  su defendido hacia Fusagasugá o Girardot, lugares en donde se  le facilita a su familia visitarlo.      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.-  Con total desapego de las reglas que el artículo 225 de la ley  procesal  penal  exige  como  presupuestos  formales  para  que  una  demanda de  casación  pueda  concitar  el  estudio de fondo de la Sala, acusa el recurrente  extraordinario  la  sentencia  recurrida  de ser violatoria de la ley sustancial  tanto  de  manera  directa como indirecta, falencia que deja traslucir desde sus  iniciales         “consideraciones”  y  que  cual  alegación propia en el mejor de los casos de una  impugnación  ordinaria,  considera  suficiente para que la Corte constituida en  “Tribunal  de  instancia”  las  acoja,  olvidando  que el objeto del recurso extraordinario de casación es  la  revisión  de  la  legalidad  del  fallo  de  segundo grado, a la luz de los  errores   in   iudicando  o  in   procedendo   que  del  juzgador denuncie y demuestre el demandante.   

         

          2.-    DE    LA   SUPUESTA   VIOLACIÓN  INDIRECTA.   

          Los  dos iniciales cargos argüidos por el casacionista como motivos  de  censura por infracción indirecta de la ley sustancial, hacen relación a la  presunta  apreciación  errónea  de  la prueba en que el sentenciador fundó la  responsabilidad  del  procesado,  sólo que en el primer evento el vicio lo hace  derivar  de  la estimación “parcializada”  que  hizo de los testimonios de las parientes de la víctima en  favor  de  ésta,  el  cual  cataloga  como “error de  derecho”,  en  tanto  que  el  segundo  apunta  a la  demostración  de  un error de  hecho  habida  consideración  de que el fallador supuestamente omitió apreciar  lo  favorable al acusado a pesar de que su inocencia se hallaba acreditada en el  proceso,     dejando     inclusive     de     practicar     pruebas    que    lo  beneficiaban.   

          En  ninguno  de  los dos casos acierta el impugnante en la modalidad  del  yerro elegido para el ataque, como quiera que la inconformidad con el fallo  se  concreta  en  el grado de credibilidad que el juzgador le dio a determinados  elementos  de  persuasión y, en este orden de ideas, el estudio formal de ambas  censuras se despachará conjuntamente.    

          Por  regla  general la estructuración del error de derecho alegado,  que  el  censor  no atina a denominar como bien lo tiene establecido la doctrina  -falso  juicio  de convicción-, no es posible en nuestro ordenamiento jurídico  penal  en  el  entendido de que para la valoración de las pruebas el juez sólo  está  sometido  a  las  reglas  de  la  sana  crítica  -sistema  de  la  libre  apreciación  racional-,  pues  se  carece  de  norma  legal  que por anticipado  establezca  un  valor  específico  para  cada  medio probatorio -tarifa legal-.   

          Se  equivoca  entonces  el  recurrente  en  su  planteamiento cuando  pretende  se  descalifique  la prueba testimonial que en su sentir constituye el  único  fundamento  de  la condena, al no existir disposición que prohiba tomar  en  consideración  los dichos de quienes por vínculos de parentesco o amistad,  por  ejemplo,  resulten unidos a uno cualquiera de los sujetos procesales.    

          Ahora  bien,  el  error  de  hecho  en  que  puede  incurrirse en la  apreciación  de  la  prueba al practicar el método racional para determinar su  mérito,  que  tampoco  el  impugnante  acierta a individualizar como un posible  falso  juicio  de  identidad,  implica  demostrar que el fallador distorsionó o  tergiversó  la  expresión  fáctica del medio haciéndole producir efectos que  genuinamente  no  se  desprenden  de  su  contexto o que acometió el examen con  desconocimiento  de  los  postulados  de  la  sana crítica como método para la  apreciación  probatoria, es decir con abandono de los principios de la ciencia,  la  lógica, la experiencia o el sentido común, a tal punto trascendente que si  no  hubiese sido por tan manifiesto y ostensible yerro, sustancialmente distinta  hubiera sido la decisión.   

          Ese  ejercicio  brilla  por  su  ausencia  en la demanda sometida al  examen  formal  de  la Sala, pues no es con la manifestación insular de que las  voces  de  inocencia  del procesado se desatendieron en razón de la parcialidad  con  que  se  evaluaron  los testimonios de los familiares del lesionado como se  puede  quebrar  la  doble  presunción de acierto y legalidad que caracteriza la  sentencia  de  segundo grado. La fuerza persuasiva de los elementos de prueba le  compete  establecerlos  al  juez  (Arts.  246 a 254 del C. de P. Penal) y en tal  virtud,  su criterio siempre resultará prevalente frente al del sujeto procesal  inconforme  con  la  valoración  de  los  mismos,  salvo,  se repite, que éste  acredite  que  el  funcionario  judicial en su raciocinio incurrió en yerros de  juicio      -errores   de   hecho   o   de   derecho-   realmente  trascendentes.   

          De  ahí  que  los  planteamientos  del  actor  resulten  totalmente  extraños  a  la  técnica  casacional, pues no existe norma legal sobre la cual  haya  podido  recaer  el error de derecho pretextado, ni tal censura se funda en  una  hipotética  valoración  tarifaria,  y  menos  el  error  de hecho alegado  obedece  a distorsiones del contenido fáctico de la prueba o al menoscabo en su  estimación   de   alguna   de  las  leyes  de  la  lógica,  la  ciencia  o  la  experiencia.    

          Para    colmo,    la    censura   planteada   como   “PRUEBA   DEJADA   DE   APRECIAR”,   que  técnicamente   correspondería  a  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  supuestamente abstenerse el fallador de estimar la injurada del  procesado  a  pesar  de  obrar ésta materialmente en el proceso, envuelve fatal  contradicción  al  interior  del  mismo  cargo, dado que en el desarrollo de la  censura  el  recurrente  admite  que  la  omisión  consistió,  no  en dejar de  considerar  la  indagatoria  sino  en  desatender  las  voces  de  inocencia del  acusado,  forma  de argumentar a todas luces desatinada y de imposible recibo en  casación  por cuanto mal puede predicarse simultáneamente de un mismo elemento  de  convicción  que  no  se  tuvo  en cuenta y que si se consideró aunque para  desdeñar su mérito.    

          Pero  la  informalidad  del  libelo  en  este acápite no para ahí,  porque  a  renglón  seguido  el  impugnante  desvía el ataque hacia un posible  atentado  contra las garantías fundamentales -al debido proceso o al derecho de  defensa-  con  la  sugestiva  alegación  de que, “se  dejaron    de    practicar    algunas    pruebas   que   pueden   favorecer   al  procesado”,  lo cual, de haberse presentado, podría  constituir  una transgresión al principio de investigación integral, para cuya  demostración  era  menester  no  sólo  que  el  censor  relacionara los medios  probatorios  dejados  de practicar sino también señalar su negativa incidencia  en la situación procesal del enjuiciado.   

          Como  se  ve,  no sólo incurre el censor en violación flagrante al  principio  lógico  de no contradicción sino que igualmente atenta contra el de  autonomía  de las causales, puesto que siendo excluyentes los cargos han debido  formularse  en  capítulos  separados:  la  vulneración  presunta  de  derechos  fundamentales  al  amparo  de  la  causal  tercera, como principal -principio de  prioridad-  y  la  omisión en la apreciación de los descargos del procesado en  forma subsidiaria, por la vía de la causal primera.   

         3.-    DE   LA   PRETEXTADA   VIOLACIÓN  DIRECTA.   

             De  entrada  se  advierte  la  incongruencia  en  el  cargo  formulado  como violación directa de la ley sustancial, porque resulta ilógico  argumentar  como  fundamento  de  tal censura la inaplicación del artículo 247  del   Código  de  Procedimiento  Penal,  si  precisamente  con  base  en  dicho  dispositivo   se   declaró   penalmente   responsable  al  justiciable  de  las  imputaciones  que  se le endilgaron en la resolución de acusación, lo que hace  evidente su aplicación en el fallo.   

         Además,  olvidando  el  censor  que  la  responsabilidad  penal  es  individual  y  que  el interés para recurrir lo condiciona a referirse al fallo  que  definió  la  suerte de su asistido, echa de menos la no  vinculación  del  otro  copartícipe  para  seguidamente volver a la carga contra el material  probatorio   y  afirmar  que,  con  base  en  conjeturas,  sospechas  o  simples  hipótesis, se edificó la declaración de condena cuestionada.   

         Si  el  principio  de  limitación  que  rige  la  casación  no  lo  impidiera,  podría decirse que la pretensión del impugnante está encaminada a  hacer  ver  cómo la ausencia de una investigación integral condujo al fallador  a  proferir  una sentencia de condena sin sustento probatorio alguno.  Pero  si  ese  era el cometido de la censura, así lo debió expresar el recurrente de  manera  concreta,  no invocando la violación directa sino acudiendo a la causal  tercera,  porque  una  tal irregularidad se traduce en errores de actividad y no  de  juicio,  en la medida en que el vicio conlleva a la vulneración del derecho  de defensa o a quebrar la estructura básica del proceso.   

         De  todas  maneras  una  postulación  de  este jaez resulta a todas  luces  inconsecuente  con  la causal invocada, porque cuando se escoge como vía  de  ataque  la violación directa de la ley sustancial, se da por descontado que  la  estimación  probatoria  realizada  por el juzgador se acoge sin reparos, en  tanto   el   desacuerdo   surge   sólo   con   la   selección,  aplicación  o  interpretación  que  de  la  norma sustancial realizó aquél, es decir, ni los  hechos  ni  las  pruebas  basamento  del fallo son susceptibles de controversia,  debiéndose    centrar    la    discusión   en   el   plano   de   las   normas  jurídicas.   

         Es  que  como ya se anticipó al iniciar las consideraciones de este  proveído,   el   impugnante   desconoce   totalmente  las  reglas  de  técnica  casacional,  pues  no  de  otra  manera se entiende que proponga como violación  directa  de  la ley sustancial el hecho de que el juez de primera instancia para  fundamentar  la  sentencia condenatoria dizque hubiera supuesto que el procesado  ocultó   o   se   deshizo  del  arma  de  fuego  cuya  tenencia  ilegal  se  le  imputó.   Asumiendo  que  tanto  los  fallos  de  primero  y segundo grado  conforman  una  unidad,   dicho  cargo ha debido formularse como violación  indirecta  al  amparo  de  la causal primera, cuerpo segundo, por error de hecho  derivado  de  un  falso  juicio de existencia, al dar por demostrado el fallador  que  el  acusado  hizo desaparecer el artefacto del cual se le reputó poseedor,  cuando en verdad se carece de dicha prueba en el proceso.   

         En  síntesis,  el atropello a las formas con que se confeccionó el  libelo  es  tal  que  por  fuerza  de  no  cumplir  con  las exigencias mínimas  establecidas  para  el  efecto  en el artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal,  primordialmente  las  relacionadas  en el ordinal 3°, se hace imposible  para  la  Sala su posterior estudio de fondo, lo que impone rechazar de plano la  demanda     con     la    consecuente    declaratoria    de    deserción    del  recurso.             

           

         En    razón   y   mérito   de   lo   expuesto,   la   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

        RECHAZAR   in   límine   la  demanda  de  casación  formulada  por el defensor de MANUEL VICENTE  MORALES  PRADA  contra  el  fallo  de  fecha,  origen,  naturaleza  y  contenido  indicados.  En  consecuencia,  se declara DESIERTO   el   recurso   oportunamente  interpuesto.   

        Conforme  a  lo  regulado  en  los artículos 197 y 226 del C. de P.  Penal, contra esta providencia no proceden recursos.   

CÓPIESE,   CÚMPLASE   Y   DEVUÉLVASE   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                             RICARDO  CALVETE RANGEL   

                                           NO   

JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA                             CARLOS  A. GÁLVEZ ARGOTE   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                               CARLOS  E. MEJÍA ESCOBAR   

DÍDIMO    PAEZ   VELANDIA                                                 NILSON  PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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