13659f

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 13659  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente:   

          Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

          Aprobado Acta No. 65   

Santafé  de Bogotá D.C., siete (7) de mayo  de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

                    Por vía de  apelación  revisa la Sala la sentencia de agosto 8 de 1997, mediante la cual el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Tunja absolvió al doctor LIBARDO  PRECIADO  NIÑO  -Fiscal  Local  17  de  Otanche, de los delitos de concusión y  prevaricato por asesoramiento ilegal materia de acusación.   

                         Dicha  apelación  fue  interpuesta  por  el Fiscal Segundo Delegado ante el mencionado  Tribunal y por el Procurador Judicial 74.    

          LA ACUSACION   

                        En  la  resolución  de  acusación  de  octubre  11  de 1.996 (fl. 365 cdno. Nro. 1) se  narran así los hechos objeto del proceso:   

         “El  veintitrés  de diciembre de mil novecientos noventa y cuatro,  en  la  zona  minera  de Coscuez, comprensión municipal de San Pablo de Borbur,  fue  muerto en forma violenta OSCAR MUÑOZ FLOREZ, sindicándose de tal ilícito  a  MIGUEL  GUSTAVO  VELANDIA  LAGOS,  quien  fue  puesto  a  disposición  de la  Fiscalía  Local con sede en Otanche, a cargo del doctor LIBARDO PRECIADO NIÑO,  este  Funcionario  inició la correspondiente investigación.- Se recepcionó la  injurada  al  Implicado, diligencia en la que se dice estuvo presente el abogado  LIBARDO  ANTONIO  PRECIADO CAMARGO, padre del fiscal PRECIADO NIÑO.- Igualmente  se  argumenta  que  el Fiscal en el acto de la injurada le sugirió al implicado  que  no  nombrara  tantos  testigos  por  cuanto éstos se podían contradecir e  igualmente  se afirma que el padre del Fiscal en esta diligencia estuvo hablando  con  el  Procesado.  De  otra  parte,  se sostiene que el Fiscal le recomendó a  VELANDIA  LAGOS,  que  designara  como Defensor a su padre PRECIADO CAMARGO, que  ellos  se encargaban de enviar el proceso a Chiquinquirá bien arregladito y que  así  allí  su  padre  lo  sacaba  de  la  cárcel  fácilmente; que no fuera a  designar  como  su  defensora a la doctora JULIA, puesto que ella era la abogada  de  los  patrones de la mina y en cambio de sacarlo lo hundía más. También se  asevera  que  VELANDIA  LAGOS,  le  dió  por  concepto de honorarios a PRECIADO  CAMARGO,  la  suma  de  quinientos  mil  pesos  y  luego le envió con el Fiscal  PRECIADO  NIÑO,  doscientos  mil pesos más.- Así mismo se afirma que para que  el  Fiscal  PRECIADO NIÑO, no remitiera a VELANDIA LAGOS, a Chiquinquirá antes  del  Año  Nuevo, éste según sus propias palabras lo consintió con doscientos  mil  pesitos  y  dos botellas de whisky, agregando que ante propuesta que él le  hiciera  de  que  cómo  hacía para fugarse, el Fiscal le interrogó sobre qué  dinero  poseía,  diciéndole  que  tres  millones  de  pesos, pero el Fiscal le  advirtió  que  eso valía cinco millones porque había que cuadrar al carcelero  y  que el Fiscal había arreglado varios procesos por dinero permitiendo la fuga  de los inculpados”.   

                           En  consecuencia,   el   doctor  Preciado  Niño  fue  acusado  de  los  delitos  de  prevaricato    por    asesoramiento    ilegal    y    concusión,   tipificados,  respectivamente, en los artículos 151 y 140 del Código Penal.   

                    Cabe anotar  que  el  Procurador  Judicial  74  solicitó  precalificatoriamente  que solo se  acusara al sindicado por el delito de prevaricato (fl. 463-1).   

         LA SENTENCIA APELADA   

                      El fallo  absolutorio  (fl. 580-1) se basa sustancialmente en la argumentación que sigue:   

                    – No se les  puede  dar  crédito  a  los  sindicados  Miguel  Gustavo  Velandia Lagos y Luis  Antonio   Quesada:  el  primero  fue  quien,  a  partir  de  su  ampliación  de  indagatoria  solicitada  por  la  abogada Blanca Julia Murillo, acusó al Fiscal  Local  de  Otanche  -el  aquí  procesado  Libardo  Preciado  Niño-  de haberle  insistido  en que nombrara a su padre, el abogado Libardo Preciado Camargo, como  su  apoderado apenas llegara a Chiquinquirá el proceso en que se le indagaría,  y  que  no  fuera  a designar como tal a la abogada Blanca Julia Murillo, ya que  ésta  era  la  abogada de los patrones de las minas de esmeraldas y seguramente  tenía  instrucciones  de que “lo hundieran”; y que, en cambio, el padre de él,  doctor Preciado Camargo, le trabajaría honestamente.   

                     

                          Dijo  también  Velandia  Lagos  que  al  referido fiscal “lo había consentido” con 2  (luego  dijo  que  4) botellas de whisky y 200 mil pesos, a fin de que lo dejara  pasar  el  Año  Nuevo  en  Otanche y luego sí lo remitiera para Chiquinquirá.   

                   Luis Antonio  Quesada,  por  su  parte,  declaró  que el doctor Preciado Niño acostumbraba a  pedir  dinero  a  los sindicados y que justamente a él le “sacó” un millón de  pesos.  Este  aspecto  fue tomado como indicio en contra del citado doctor en la  ya mencionada resolución acusatoria.   

                      El fallo  cataloga de “tendenciosas” dichas sindicaciones (fl. 629).   

                   – Constituye  indicio  en  pro  del  acusado,  que  llegado el sumario contra Velandia Lagos a  Chiquinquirá,  éste  procedió  a  designar  como  apoderado  al doctor Jesús  Enrique  Arcila  Guío,  y  sólo  después hizo lo propio con la doctora Blanca  Julia Murillo Sanabria.   

                        –  Los  declarantes  Dubán  Arcila  Castrillón  y  Ana Marieta Parra Amado (la segunda  secretaria  para  la indagatoria, y aquél apoderado oficioso sin ser abogado ni  estudiante  de  Derecho) afirman que no oyeron decir al procesado nada de lo que  se  le  sindica,  además  de  que en lo sustancial coincidió el doctor Libardo  Preciado Camargo, padre del procesado.   

                         –  Se  demostró  que  en  los  procesos  contra  Luis  Antonio Quesada Peña, Norberto  Buitrago  Quesada  y  Oscar  Varela  Jiménez,  el  acusado  no les resolvió la  situación  jurídica, como tampoco les facilitó la fuga, como se había dicho.   

                   – El 29 de  diciembre  de  1.994  el  acusado  dispuso el envío del proceso contra Velandia  Lagos  a  Chiquinquirá,  el  cual  llegó  a  dicha  ciudad  el  30 de ese mes,  resolviéndose  la  situación jurídica de Velandia el 2 de enero de 1.995: “de  tal  manera  -dice  el  fallo  recurrido-,  no  es  cierto que el Fiscal hubiese  pretermitido  los  términos  ni  retrasado  el  envío  del expediente buscando  favorecer  a  Velandia  Lagos, y, antes bien, la Fiscalía de Chiquinquirá pudo  haber  resuelto  la  situación jurídica el mismo viernes 30 de diciembre, pero  prefirió  hacerlo  en  el  primer día hábil siguiente, es decir el lunes 2 de  enero de 1.995…” (fl. 615).   

                     – En la  etapa  del  juicio  se probó que en otros procesos en los que actuó la abogada  Blanca  Julia  Murillo  Sanabria,  ocurrió  cosa  análoga  que en el seguido a  Velandia  Lagos:  los  sindicados  ampliaron  indagatoria,  dieron  una versión  totalmente  diversa  a  la  inicial,  y  acusaron a su primer apoderado de estar  influído por los “patronos de las minas”.   

                       Ello  motivó  al  aquo  para  ordenar la expedición de copias con destino al Consejo  Seccional  de la Judicatura para investigar a la doctora Murillo, “puesto que se  evidencia  que  en  los  procesados  que  han  sido  atendidos por la mencionada  profesional,   han   incurrido   en  la  misma  actuación  de  VELANDIA  LAGOS,  consideración  que  por lo menos da qué pensar y conlleva a que se adopte esta  decisión” (fl. 617 infra).   

         Acepta,  sí,  el  fallo  impugnado,  que  la  actitud  del doctor  Libardo  Preciado  Camargo  constituye  “una indelicadeza que compromete el buen  nombre de su hijo, hoy procesado en este asunto” (fl. 615).   

         Consideró,  pues,  el  Tribunal, que de cara al artículo 247 del  Código  de Procedimiento Penal no existe mérito para condenar, y así tomó la  decisión  que se revisa, en la cual igualmente dispuso la expedición de copias  para  efectos  disciplinarios  con  relación  a  varias  personas  de  las  que  intervinieron en este proceso (fl. 633).   

        LAS IMPUGNACIONES   

                     1.- El  Procurador  Judicial  174  dice  que  no se puede “descalificar y excomulgar” de  plano  la  declaración  de  Velandia  Lagos,  y  si  el sentenciador de primera  instancia   lo   hizo,   también   debería  haber  hecho  lo  propio  con  las  declaraciones  de  Dubán  Arcila  Castrillón y de Marieta Parra Amado, pues el  primero  es  oriundo del Departamento del Meta y es comerciante en esmeraldas, y  la  testigo,  aparte de no haber precisado ciertos puntos, para el momento de su  testimonio  tenía  vínculos  de  dependencia  con  el  doctor  Preciado Niño.   

                       Pide  entonces  que  se  le dé credibilidad a la declaración de Velandia Lagos, y en  consecuencia  se  revoque  parcialmente  el fallo y se condene al acusado por el  delito de prevaricato por el cual fuera enjuiciado.   

                     2.- El  fiscal   acusador   sustenta   su   apelación   en  los  siguientes  términos:   

                  – Si no es  cierto  lo  declarado por Velandia Lagos, ¿cuál sería el interés del abogado  Libardo  Preciado  Camargo,  padre  del  acusado,  para  hacerse  presente en el  recinto  donde  éste indagaría al mencionado Velandia?. Tal cosa “no es ética  ni puntual” (fl. 650).   

                   – Otanche  es  una  población  que  “no  arroja  muchos  negocios”,  además de que los de  carácter  penal  (y  el  padre  del  procesado parece ser abogado penalista) se  tramitan en Chiquinquirá.   

                     – No se  puede  creer  que  el  retardo en la remisión de Velandia Lagos a Chiquinquirá  haya  obedecido a razones humanitarias -como afirma el procesado-, “cuando es de  todos  conocido  que  la  idiosincracia de esta comunidad minera desarrolla otro  sistema  de  justicia,  poniendo  en juego la integridad física y hasta la vida  del  mismo  sindicado  Velandia  Lagos”  (fl.  651), quien, además, carecía de  interés   alguno   en   hacerle   cargos  al  doctor  Libardo  Preciado  Niño.   

                      –  La  sentencia  apelada apreció la prueba “con flagrante violación del principio de  integración,  procediendo  a acomodar su decisión a un sistema de tarifa legal  inexistente   en   nuestro   derecho  probatorio,  tomando  de  las  diligencias  únicamente  lo  que  favorecía  a  los  intereses del procesado…” (fl. 652).   

                  – Velandia  Lagos  no  pudo  inventar -con esa terminología- que el doctor Preciado Camargo  estaba  impedido  por  ser el padre del fiscal, como tampoco que se le prometió  enviar el proceso a Chiquinquirá “bien arregladito” (fl. 657).   

                     – Hay,  pues,  indicio  grave  de  que el procesado sí asesoró ilegalmente al referido  Velandia Lagos.   

                      –  En  cuanto  al  delito  de  concusión (fl. 658 infra), estima el apelante que si el  acusado  “no  tuvo  escrúpulos para pretender que su padre apoderara a Velandia  Lagos,  tampoco  los debió tener para pedirle dinero y licor a aquél, a fin de  dejarlo  en  Otanche  hasta  después  de  Año  Nuevo,  dádiva  ésta que para  Velandia Lagos “no era exagerada”.   

                  – Disiente  igualmente  de  la  compulsa de copias dispuesta en el fallo apelado, la cual lo  involucra  en  la  posible  violación a la reserva sumarial, y afirma que no ha  cometido  tal  conducta,  como  tampoco el Director Seccional de Fiscalías Luis  Carlos Bonilla Rico, a quien también cobija la medida.   

                         No  recurrente   

                  Dentro del  término  de  traslado  de  la  apelación,  el  defensor  del procesado -doctor  Libardo  Preciado  Camargo- las tilda de “más frágiles que la acusación” (fl.  672)  y  de “punto de vista excesivamente estrecho”, reiterando que se atiene “a  lo que en el proceso aparece”.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                  Dispone el  artículo  247  del  Código  de  Procedimiento  Penal  que “no se podrá dictar  sentencia  condenatoria  sin  que  obre  en  el proceso prueba que conduzca a la  certeza del hecho punible y la responsabilidad del sindicado”.   

         Ese  tajante  mandamiento  de  la ley al juzgador concuerda con el  principio  de  “presunción de inocencia” reiterado en los artículos 2° (norma  rectora)   y  445  del  citado  Código,  disposiciones  todas  que  constituyen  desarrollo  del  artículo  29  de  la  Carta  Política,  premisa  bajo la cual  confirmará  la  Sala  el  fallo  recurrido,  ya  que,  con él, constata que la  realidad   procesal  arroja  duda  determinante  e  insalvable  respecto  de  la  existencia de los hechos punibles materia de acusación.   

                  En efecto:  esa  incertidumbre salta a la vista cuando se lee atentamente la pormenorizada y  razonable  sentencia  absolutoria,  que  compete revisar en esta instancia, cuya  argumentación refrendará la Corte como sigue:   

                        1.-  Resulta  de  sobra  sospechoso  que  sólo meses después del 28 de diciembre de  1.994,   fecha   en  que  Miguel  Gustavo  Velandia  Lagos  rindió  en  Otanche  indagatoria,   se   hubiese   decidido   a   lanzar  al  fiscal  Preciado  Niño  imputaciones,  bajo  los graves cargos de asesoramiento ilegal y concusión. Tal  cuestionabilidad  se  robustece  con  la  evidencia  de que esas imputaciones se  inician  en  la  ampliación de indagatoria que Velandia Lagos cumplió el 14 de  marzo  de  1.995,  a  petición  de  su  recién  apoderada doctora Blanca Julia  Murillo Sanabria (fls. 32 y 11 Anexo Nro. 1).   

                  Y se anota  esto  último  porque  en  el proceso se demostró que también otros sindicados  apoderados  por la referida abogada, tuvieron una actitud procesal análoga a la  que  Velandia  Lagos  exhibió  para  dar  origen  al  presente proceso: ampliar  indagatoria,  variar  frontalmente  su  inicial  versión  y  presentar  a otros  (fiscal,  defensor  y  “patronos  de  las minas”)  como responsables de esa  cardinal   mutación   de   los  sindicados,  en  hechos  tan  significativos  y  repetitivos   que   merecieron   la   expedición   de   copias  para  averiguar  disciplinariamente a la mencionada abogada.   

         

                    También  debilita   la   imputación   “de   asesoramiento”   el  hecho  de  que,  ya  en  Chiquinquirá,  Velandia  Lagos  otorgó  primero poder al doctor Jesús Enrique  Archila  Guío,  y  sólo  después  lo  hizo a la referida abogada Blanca Julia  Murillo Sanabria (fl. 5,27 y 11).   

                  2.- Surge,  entonces  necesaria  la  pregunta  sobre  el  interés  que  podría tener Lagos  Velandia  en  hacer  dichas  imputaciones  a la cual responde el acusado que por  simples  “argucias  defensivas”, -folio 618-, o porque, como también insistió,  su  comportamiento  como fiscal ha generado reacciones en su contra por parte de  los  mineros,  paramilitares  y,  en  general,  de las personas que obran en esa  región  esmeraldífera,  fuera  de la ley. De ahí que el doctor Preciado Niño  dijera  en  su  indagatoria  (fls.  93 y 162) que, en tales condiciones, ha sido  objeto  de  persecución  proveniente  de  Víctor  Carranza  y  de Pablo Elías  Delgadillo  (operadores líderes de esmeraldas e imputados por paramilitarismo),  “situación  cohonestada”  por  Monseñor  Alvaro Raúl Jarro “y por el Director  Seccional  de  Fiscalías”,  todos  los  cuales  “fraguaron  retaliaciones en mi  contra” (fls. 94 y 619).   

                  En similar  sentido  declaró  el  padre del acusado, doctor Libardo Preciado Camargo, quien  cree  que  las  acusaciones  contra  aquél “son para justificar el hecho de que  finalmente  le  otorgó  poder  a la doctora JULIA MURILLO, quien actuó como su  tercera  defensora  y  quien  es  esposa  de un minero importante de la región,  razón  seguramente  por  la  cual  moralmente  se sienten con la obligación de  otorgar  a  ella  sus  poderes para que los defienda y en este caso posiblemente  estuvo  traicionando  esos  quereres  de  la  subjetividad”  (fls.  306  infra y  307).   

                         La  hipótesis  de  una  desgastada  estrategia defensiva ya se acreditó seriamente  reiterativa  en  la modalidad de las intervenciones de la doctora Murillo, y esa  clara  probabilidad de que las dichas imputaciones obedezcan a torcidos motivos,  de   verdad   que  ensombrece  la  transparencia  e  indubitabilidad  que  los  cargos  deben  comportar en este y culminante momento  procesal.   

                  3.- Dubán  Arcila  Castrillón  fue  el  no-abogado  que asistió a Velandia Lagos en la ya  referida  indagatoria del 28 de diciembre (fl. 4); Ana Marieta Parra Amado quien  actuó  de  secretaria  en  tal  diligencia:  ambos  declararon  (fls.  81 y 87)  descartando   que   el   procesado  haya  “asesorado”  al  mencionado  imputado,  consolidando  en  pro  de  éste  que  ese primer testigo se haya dicho amigo de  Velandia  Lagos,  a  quien,  como  se ve, no respalda en sus acusaciones. Si las  mismas  hubieran  sido verídicas, era de esperarse una declaración diversa del  señor Arcila Castrillón.   

         En  cuanto a la empleada Parra Amado, no puede ser de recibo -como  quiere  la  apelación-  que  el  hecho  de ser empleada de la Fiscalía (no del  fiscal    Preciado    Niño)    la    coloque,   de  suyo, en entredicho. Tal cuestionamiento conduciría  a  presumir  necesariamente  en  las  personas allegadas por razones de trabajo,  (y   más,  en  los  empleados  oficiales)  la  mala fe y la cohonestación  delictual,  lo  que  no  es  cierto  y  sí contrario al postulado sentado en el  artículo 83 de la Carta Política.   

                    De todos  modos   se   debe   reconocer  que  la  mencionada  testigo  exhibe  honradez  y  espontaneidad  al  decir  que  el  doctor  Libardo  Preciado  Camargo -padre del  procesado,  repítese-  “a  veces” entraba al local de la fiscalía y que habló  “en  voz  baja”  con el indagado Velandia Lagos. Esta conversación que, por sí  sola,  no  compromete  al  fiscal  procesado  parece ser la “indelicadeza” de su  padre,  de  la  que  habla  el  fallo  apelado, y que explica el doctor Preciado  Camargo  al declarar que, como abogado conocido en la región, fue buscado, pero  le  dijo  a  Velandia  Lagos  que no podía asistirlo en esa diligencia, por ser  padre  del  fiscal que la llevaría a cabo, así que lo haría en Chiquinquirá,  para  lo  cual  elaboró  el  respectivo  poder  en  una  de las máquinas de la  Fiscalía.  Esto,  se  reitera,  no  compromete, de suyo, al funcionario Libardo  Preciado  Niño,  al menos  desde  el  punto  de  vista  de haber incurrido en algún   

delito,  si  de  su  parte  no propició ni  patrocinó la respuesta de asesoría de su padre.    

                     4.- La  posibilidad  de  que  el  procesado  fuera  un  funcionario  que “pidiera plata”  indistintamente  a  los  sindicados,  afirmada  por  el  sindicado  Luis Antonio  Quesada,  y  tenida en cuenta en la acusación como indicio en su contra, quedó  sin  comprobación  a  folios  68 y siguientes con el allegamiento de las copias  respectivas.   

                   5.- Ahora  bien:  en  la  acusación se refiere que la Sala Penal del Tribunal de Tunja, en  providencia  de  diciembre  7  de  1.995  (fl.  18  Anexo  1),  al conocer de la  apelación  interpuesta  contra  la  sentencia  que  absolvió a Miguel Velandia  Lagos,  decretó  la  nulidad  de  lo  allí  actuado a partir de la ya referida  indagatoria  de  diciembre  28,  justamente por estimar que “no fue asistido por  abogado   en   su  primera  indagatoria  sino  por  un  parroquiano  al  parecer  analfabeta”  (fl.  20),  refiriéndose  al particular Dubán Arcila Castrillón,  pero  resulta  ostensible  que  la  referida decisión de nulidad no incide para  nada  en  el  compromiso  penal  del  procesado  Preciado  Niño,  frente  a  la  delincuencia materia de acusación.   

                     6.- Al  folio  6  del  Anexo  1  aparece un escrito fechado del 29 de diciembre de 1.994  mediante  el  cual  Velandia  Lagos  le  solicita al fiscal aquí acusado que su  “traslado  a la ciudad de Chiquinquirá sea efectuado después de Año Nuevo, en  razón  a  que  mi  familia  está  radicada en este municipio y se trata de una  fecha  especial  para  compartir  con  ellos. Así como en calidad de retenido”.  (sic).   

                     Y en el  folio  siguiente,  mediante  auto  de  la  misma  fecha el funcionario “acoge la  procedencia  de  la  mencionada  solicitud  por razones humanitarias, por lo que  resolverá  acoger las pretensiones del encartado y ordenando sea remitido en el  más  breve  lapso  después  del  primero  de  enero  …  “.  Así, dispuso la  remisión  del  expediente  a  Chiquinquirá  de  manera  “inmediata”,  y la del  mencionado  sindicado “el día dos de enero de mil novecientos noventa y cinco a  primera hora. Ofíciese”.   

                                           Efectivamente,  en  cumplimiento  a esa orden, se libró el oficio  remisorio  número  416  de  la  nombrada fecha 29 (fl. 426) y el proceso le fue  repartido  en  Chiquinquirá a la Fiscalía 25 Seccional el día 30 de diciembre  (fls.  427  y  428),  la  cual  procedió  a  proferir auto de detención contra  Velandia Lagos por el delito de homicidio (fls. 9 y ss. cdno.1).   

                   Esta Sala  no  encuentra nada de insólito en la invocada decisión, pues ésta no se tomó  clandestinamente,  se  dijo  en  ella por qué se procedía así, y el “retardo”  deducido  en la resolución acusatoria no fue tal, si se considera que el Fiscal  de  Chiquinquirá  tuvo  tiempo suficiente para resolver la situación jurídica  de  Velandia  Lagos,  tal  como  lo reconoce atinadamente la sentencia objeto de  esta alzada.   

                    Además,  la  referida  imputación concusionaria, pierde aún  más  peso  con  la  imprecisión  de Velandia Lagos  quien  primero  dijo  que “consintió” al fiscal Preciado Niño con dos botellas  de  whisky  (fl.  50)  y luego afirmó que, por ese mismo traslado “tardío”, le  había dado 4 botellas de dicho licor (fl. 132). Y   

aquí   no   deja  de  ser  atendible  la  explicación  del  acusado  doctor  Preciado  Niño,  en  el  sentido de que con  acusaciones  de  esa  clase  o “estilo”, los sindicados de esa zona “piensan que  así  obtendrán  una  rebaja  de  pena,  o  algo  por  el  estilo”  (fl.  163).   

                  Avala todo  lo  dicho,  la  persistente,  enfática  y  coherente negativa del procesado con  respecto  a  las dos conductas punibles objeto del pliego de cargos, reiterativa  de  inocencia  corroborada  (en  cuanto al asesoramiento ilegal) por la también  contundente declaración de su padre Libardo Preciado Camargo.   

                    Así las  cosas,  se  reafirma  la  duda inicialmente anunciada, en términos que llevan a  confirmar la sentencia recurrida.   

                         La  expedición  de  copias  dispuesta en el punto tercero de la parte resolutiva de  dicho  fallo,  es  una  orden de simple trámite que escapa a la revisión de la  segunda  instancia,  por  ser  inherente  a  la  órbita  del funcionario que la  decide,  y  del  funcionario  de  destino,  el  cual  resolverá  dentro  de  su  competencia lo que considere pertinente.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  EN SALA DE CASACION PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

CONFIRMAR  la  sentencia recurrida.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

        JORGE ENRIQUE CORDOBA POVEDA   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                         RICARDO  CALVETE  RANGEL                               

CARLOS   A.  GALVEZ  ARGOTE                                                 JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                        CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR                   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON    PINILLA    PINILLA                             

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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