13107d

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 13107  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                               Dr. NILSON E.  PINILLA PINILLA   

                                               Aprobado Acta  N° 33   

Santafé de Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo  de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

ASUNTO:  

Se  procede a resolver sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JOSE GREGORIO MOLINA ALFONSO,  condenado  por dos delitos de homicidio simple, en concurso material, homogéneo  y sucesivo.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL:  

En horas de la noche del 24 de junio de 1995,  en  la  casa  ubicada  en  la calle 70 Sur N°19-F-28/32 del Distrito Capital, a  raíz  de  un  altercado  familiar  JOSE  GREGORIO  MOLINA  ALFONSO  disparó un  revólver  que  portaba  con  autorización  legal,  lesionando a LUIS ALFONSO y  ALEXANDER  VANEGAS  VIZCAYA,  hermanos de su compañera permanente DORIS LILIANA  GIL   VANEGAS,   quienes   murieron   cuando   eran   trasladados  a  un  centro  asistencial.   

Abierta  investigación, JOSE GREGORIO MOLINA  ALFONSO  fue  oído  en  indagatoria  y el 29 de junio siguiente la Fiscalía 57  Seccional  de  la  Unidad  Quinta  de  Vida  de Santafé de Bogotá resolvió su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, por  homicidio (fs. 35 a 40 cd. inicial).   

Clausurada la instrucción, la misma Fiscalía  el  13  de  octubre  de 1995 la calificó, profiriendo resolución de acusación  contra  el  indagado,  por  el  homicidio  de  LUIS  ALFONSO y ALEXANDER VANEGAS  VIZCAYA,  providencia  que  el siguiente 3 de noviembre repuso a solicitud de la  representante  del  Ministerio Público, para adicionar que la acusación es por  homicidio  “en concurso homogéneo sucesivo” (fs. 127 a 138, 145 y 146 ib.).   

Adelantado  el juicio por el Juzgado 69 Penal  del  Circuito  de  Santafé  de Bogotá, el 31 de julio de 1996 condenó por tal  consurso  a  JOSE  GREGORIO MOLINA ALFONSO, imponiéndole 40 años de prisión y  10  años  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas, además de la  obligación  de indemnizar en concreto los perjuicios causados a la mamá de las  víctimas.   

La  sentencia  fue recurrida por la defensa y  confirmada  en todas sus partes por el Tribunal Superior de Santafé de Bogotá,  el 31 de octubre del mismo año, fallo que el defensor pide casar.   

LA DEMANDA DE CASACION:  

Especificada  la  sentencia contra la cual va  dirigido   el  recurso  extraordinario,  mencionados  parcialmente  los  sujetos  procesales  y  sintetizados  los hechos y la actuación procesal, el defensor de  JOSE  GREGORIO  MOLINA ALFONSO acude al inciso 2° del numeral 1° del artículo  220  del  Código de Procedimiento Penal, para acusar el fallo “por violación  indirecta  a  la  norma  sustantiva, por error de hecho en la apreciación de la  prueba     testimonial     y     documental,     debidamente     aportada     al  plenario”.   

En   lo   que   denomina   “IRREGULARIDAD  PRINCIPAL”,  dice que en el concurso sucesivo los varios hechos se realizan en  momentos   distintos,   siendo   su   principal   característica  de  carácter  cronológico,   “sin  importar  la  duración  que  medie  entre  uno  y  otro  comportamiento”,   por   lo   cual   cada  caso  merece  “su  análisis  por  separado”.   

Bajo  el  título  “DEMOSTRACION  DE  ESTA  IRREGULARIDAD”,   luego  de  mencionar  a  algunos  declarantes,  sostiene  el  recurrente  que  en el primer episodio su defendido tan sólo ocasionó lesiones  a  Luis  Alfonso  Vanegas  Vizcaya,  pretendiendo corroborar esta conclusión al  tomar  en  cuenta  que,  según  lo constatado en la necropsia, sólo dos de sus  heridas eran mortales.   

En relación con “el segundo caso”, afirma  que  de  acuerdo  con  esos  mismos declarantes,  Alexander Vanegas Vizcaya  ingresó  a  la  alcoba  que  ocupaba  el  procesado, con una botella en su mano  derecha,  advirtiéndole  “que lo que era con su hermano era con él” y ante  este  reto  MOLINA ALFONSO “le dispara sin intención de matarlo”. Enseguida  se  pregunta  el  demandante  qué  derecho  buscaba defender Alexander Vanegas,  sugiriendo  que  su actitud perseguía “vengar las heridas que había recibido  su hermano Alfonso” (f. 61 cd. Tribunal).   

En  el  “desarrollo  del  tercer  hecho”,  comenta  que, según las mismas versiones, cuando Alexander “yacía en el piso  de  la  pieza  de José Gregorio”, nuevamente apareció Alfonso Vanegas, quien  forcejeó  con  el  acusado,  cayendo  ambos  al  suelo,  momento  en el cual se  escucharon  otras  dos  detonaciones,  quedando  en  el  piso  Alfonso, quien no  defendía  derecho  alguno,  de  manera  que  en  opinión del recurrente “los  móviles  que  produjeron este lamentable hecho, son totalmente diferentes y por  ende,  cada caso merece su análisis propio y por ende existe irregularidad, por  no apreciar la prueba en su totalidad y en conjunto” (f. 62 ib.).   

Enumera como quebrantados los artículos 3, 5  y  26  del Código Penal, 29 de la Constitución Política, y 247, 248 y 254 del  Código de Procedimiento Penal.   

Al    referirse    a   una   “segunda   irregularidad”,   cita  el  numeral  4°  del  artículo  29  del  Código  Penal y recuerda que para que se  configure  legítima  defensa,  se requiere que contra derecho propio o ajeno se  presente  una  agresión  actual  e  inminente  y que la defensa sea necesaria y  proporcional  a  la  agresión.  Vuelve  el  demandante  sobre  la forma como se  desenvolvieron  los hechos investigados, para decir que en desarrollo del primer  embate  su  representado sólo causó lesiones personales a Luis Alfonso Vanegas  Vizcaya,  presentándose  la  reacción de venganza de Alexander; considera así  que  se  reúnen  los  requisitos  de  la  legítima defensa, pues la actitud de  éstos  era  de  simple  venganza,  estando su prohijado “en la obligación de  repelerla”, pues si no él habría sido la víctima.   

Reseña como infringidos los artículos 1, 2,  3,  4,  5,  6,  29  del Código Penal, 29 de la Constitución Política y “320  num.  1,  inc.  2° del C. P. P.” y, sin más, solicita casar la sentencia del  Tribunal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Constituye requisito inexcusable de la demanda  de  casación,  para  que el recurso pueda ser tramitado, que los fundamentos de  la  causal  invocada  en  orden  a  procurar la remoción del fallo impugnado de  manera  extraordinaria, sean expuestos en forma clara y precisa; además, cuando  fueren  varias  las  causales  invocadas, se presente en capítulos separados la  sustentación  relativa  a  cada  una;  y  que  si  se  trata  de  alegar cargos  excluyentes,  los  aduzca  el  censor en forma separada y de manera subsidiaria,  exigencias  que  surgen  de lo previsto en los numerales 3 y 4 del artículo 225  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  al igual que del último inciso de esta  disposición.   

Cada  causal  de casación se inspira en unos  determinados  motivos, está sometida a una precisa técnica en su demostración  y  tiene  adscrita  sus  propias  consecuencias  jurídicas. De tal forma, si la  causal  planteada  es  la  primera  o  la segunda, la Corte debe dictar fallo de  sustitución;  si es la tercera y el vicio trasciende la sentencia, la solución  será  la  nulidad de una parte o mucho de la actuación (art. 229 C. de P. P.),  debiendo    el    casacionista    especificar    y    postular    lo   que   sea  pertinente.   

En  el  asunto examinado, surgen ingentes las  imprecisiones  y  falta  de  claridad  de  las mal delimitadas objeciones que se  formulan,  en  lo  que al igual llegaría a interpretarse como un mismo contexto  argumental  o  como  dos  eventualidades  excluyentes,  planteadas  sin tener en  cuenta  el  deber  de  separarlas  y  elevarlas subsidiariamente, con lo cual el  planteamiento  desconoce  una  de  las  premisas  básicas  de forma, de las que  otorgan viabilidad al examen de la impugnación extraordinaria.   

Si lo pretendido por el defensor es cuestionar  la  calificación  del  hecho  en  lo que tiene que ver con el herimiento a Luis  Alfonso  Vanegas Vizcaya, para ubicarlo en el delito de lesiones personales y no  en  el  de homicidio por el cual se dictó la sentencia condenatoria, pues en su  confusión  la  parte  de  la  conducta  en  que este último se causó estaría  escindida  y  justificada,  ha  debido  presentar  el cargo apoyado en la causal  tercera  de  casación  para  demandar  la  nulidad  de  lo actuado, pues en las  condiciones  planteadas la decisión no podría ser absolutoria, sino de condena  por   un   tipo   penal   distinto   del   señalado   en   la   resolución  de  acusación.   

Una  de  las razones por las cuales la errada  calificación  del  hecho  debe atacarse dentro del ámbito de la causal tercera  de  casación,  está  directamente  relacionada  con la consecuencia legalmente  prevista  para  cada  causal,  pues  si  el  recurrente  escoge  la primera y el  reproche  prospera,  la  Corte estaría obligada a dictar fallo de sustitución,  lo  cual  implicaría  condenar  por  un  delito  distinto  del  imputado  en la  resolución  acusatoria,  propiciándose  de  esta  manera  un  error  judicial,  denunciable  dentro de los marcos de la causal segunda, por falta de consonancia  entre la sentencia y los cargos formulados en la acusación.   

Pero  el  lacónico  y a la vez anfibológico  desarrollo  de  la  censura  deja  a  la Corte sin saber si lo perseguido por el  recurrente   es   la   condena   de  su  representado  por  otro  delito,  o  el  reconocimiento  de  la  justificante  de  la  legítima  defensa  en  uno de los  punibles,  o en ambos, o la reducción punitiva, y aún alternativas en la forma  de  culpabilidad,  pues  deja  la  idea  de que, en su criterio, una parte de la  acción  pudo  haber  sido  culposa o quizás preterintencional, en la medida en  que  haya  disparado  sin  intención de matar, conatos de argumentación que en  ningún caso concreta.   

Todavía  más,  indica apoyarse en la causal  primera  de  casación, ante violación indirecta de la ley sustancial por error  de  hecho  en  la  apreciación de algunos medios de comprobación testimonial y  “documental”,  que  no explicita, ni reprocha la evaluación que sobre ellos  efectuó  el  juzgador,  ni acierta en señalar las normas de derecho sustancial  que  hayan  sido  aplicadas  indebidamente  y  las que correlativamente habrían  dejado de aplicarse.   

Tampoco  concreta en que consistió el error,  de  qué naturaleza es, cómo se llegó a él y qué incidencia tuvo en la parte  resolutiva  de  la  sentencia, limitando el planteamiento a una confusa opinión  contraria  a  la  sustentada  apropiadamente  por  los  juzgadores de instancia,  olvidando  que  la  simple  diferencia de pareceres sobre la apreciación de las  pruebas no pueda ser erigida como yerro impugnable en casación.   

En  lo  que  el  censor  denomina  “SEGUNDA  IRREGULARIDAD”,  se realza el incumplimiento de los requisitos formales que le  permitirían  encauzar el recurso extraordinario que intenta, cerrando cualquier  posibilidad  de  estudiar  de  fondo la demanda al romper la necesaria conexidad  entre  la  formulación  del  reparo y su intento de desarrollo y dejar percibir  falta  de  distinción  conceptual entre la violación directa y la indirecta de  la ley, sumada a igual confusión sobre los motivos de cada una.   

El demandante abandona el objetivo del recurso  y  vuelve  a  lanzar interrogantes, en estilo pasable en un alegato de instancia  pero  improcedente  para  demostrar algún error en el fallo, en cuanto con base  en  el  análisis  racional  de la prueba la judicatura arribó a la conclusión  del  concurso  material  homogéneo  y  sucesivo  de  los  homicidios contra los  hermanos  VANEGAS  VIZCAYA,  sin  el  pretendido  reconocimiento de la causal de  justificación  de  legítima  defensa,  fallo  que  llega amparado por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

Lejos de desvirtuar tal presunción, el censor  insiste  en  exponer  su  particular  análisis,  no  de las pruebas propiamente  tales,  sino  de  las  conclusiones  que  él extrae de la fragmentación de los  hechos  en tres etapas, que pretende desconectar entre sí, dando a entender que  las  muertes  surgieron  cuando JOSE GREGORIO MOLINA reaccionó contra ALEXANDER  VANEGAS  al  tratar  éste  de  vengar  las  lesiones ocasionadas a LUIS ALFONSO  VANEGAS,   quien   tuvo   fuerzas  para  regresar  luego,  también  con  ánimo  vindicativo,  llevando  los  hermanos la peor parte al repeler JOSE GREGORIO las  sucesivas agresiones.   

Edifica  así  sobre  conjeturas y personales  deducciones  una  hipótesis  de  legítima defensa, pero deja sin determinar en  qué  consistieron  los  yerros que presuntamente habrían llevado al Tribunal a  desconocer tal causal de justificación.   

Quedan   en   evidencia   las  insuperables  imprecisiones  y  falta  de  claridad  de  una  demanda  formulada por fuera del  exigido  marco técnico, no resultándole posible a la Corte suplir al libelista  para  llenar los vacíos que deja, u optar por alguno de los extremos que apenas  insinúa,  lo  cual  conllevaría  además  el  riesgo  de  interpretar  mal  su  pensamiento.   

Por  consiguiente,  en  acatamiento  de  lo  instituido  por  los artículos 225 y 226 del Código de Procedimiento Penal, la  Corte  debe  rechazar  la  demanda  por  los  requisitos formales que incumple y  declarar  desierto el recurso interpuesto. Contra esta providencia, que adquiere  ejecutoria  en la misma fecha de su suscripción (art. 197 ib.), no cabe recurso  alguno.   

En mérito de la expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

RECHAZAR  IN  LIMINE   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado JOSE GREGORIO MOLINA  ALFONSO   y,   en   consecuencia,  declarar  DESIERTO  el  recurso  interpuesto.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO       E.     ARBOLEDA  RIPOLL         RICARDO    CALVETE    RANGEL                                     

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA            CARLOS  AUGUSTO GALVEZ  ARGOTE                      

                       

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                 CARLOS                               EDUARDO                               MEJIA  ESCOBAR                           

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA                        NILSON  E.   PINILLA PINILLA            

         

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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