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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 12694  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

Aprobado Acta No. 141  

                              Santa Fe de  Bogotá,   D.C.,    septiembre   veinte   de   mil  novecientos  noventa  y  nueve.   

VISTOS  

            La Sala procede a resolver el recurso de  reposición   interpuesto   por   el   apoderado  del  señor  Carlos  Bermúdez  Uribe   contra  la  providencia  del diez (10) de agosto del año en curso,  por  medio  de  la  cual  se  le negó la libertad provisional.  Si bien el  letrado  hizo referencia al recurso de súplica, la Sala admite que se trata del  recurso mencionado.   

                             

   LA IMPUGNACION  

          El  recurrente  estima que a su poderdante le asiste el derecho a la  libertad,  por  cuanto se reúnen tanto la exigencia objetiva como la subjetiva.  Hace hincapié sobre esta última, y  explica:   

1.  El  señor  Bermúdez  Uribe  no registra  “…   mala   personalidad   anterior   ni  posterior  al  delito  que  se  le  imputa”.    

          2.  Su  defendido  carece  de  antecedentes de todo orden, es decir,  penales, contravencionales y administrativos.   

3.  Bermúdez Uribe se ha readaptado mientras  ha  estado encarcelado y por ello no requiere más tratamiento penitenciario: ha  estado  prisionero más de 13 años, ha observado buena conducta y buen proceder  para con los compañeros de prisión y ha trabajado.   

          4.  No  se  puede  negar  la libertad con base en las circunstancias  modales  del  hecho porque tal forma de pensar de la Corte olvida que el proceso  no se ha decidido.   

          5.   Sigue  el  defensor: al proveer como lo ha hecho, la Corte  “prejuzga”  injustificadamente;  y  a  renglón  seguido  se  pregunta  qué  pasaría    con    la   negación   de   libertad   si   Bermúdez    fuera  absuelto.   

6. El tiempo que lleva Carlos Bermúdez   privado  de  la  libertad   es  suficiente  tratamiento penitenciario, pues  durante  ese  tiempo  ha  observado  buena  conducta,  a más del trabajo que ha  realizado.   

                                             CONSIDERACIONES DE LA SALA   

Siguiendo  la ruta trazada por el recurrente,  es   decir,   respondiendo   a   sus   planteamientos,  la  Corte  no repone la providencia del pasado diez de  agosto, por las siguientes razones:   

    

1. La personalidad del señor Carlos Bermúdez Uribe.     

          Desde   el   ángulo   del   observador,   en  términos  sencillos,  personalidad  equivale  a  la  sucesión de actos más o menos semejantes que se  perciben  en un  hombre durante la trayectoria de su vida. Es, entonces, lo  que   suele   ser  la  persona,  aquello  que  normalmente  hace,  que   va  reiterando, más o menos de la misma forma.   

          La  sentencia  dictada  dentro de un proceso se halla respaldada por  dos  presunciones:   la  de  acierto  y  la de legalidad. Pues bien: de una  mirada   objetiva  del  expediente  y,  concretamente,  de  las  dos  sentencias  proferidas,  resulta  que  el  señor Bermúdez, al menos en un buen tramo de su  vida,   se  ha  movido  en un mundo de secuestros,  atentados, muertes  y  guardaespaldas. A más de ello, se afirma su relación   

con  una  finca-“búnker”  que  allanada  permitió  establecer  la posesión de ametralladoras y subametralladoras, otras  armas,  municiones, escopetas, pistolas, revólveres, granadas de fragmentación  y  equipos  de  comunicación,  y  que  aparece  vinculado  con un automotor, en  propiedad  o  copropiedad, que era utilizado para transportar  narcóticos.   

Las  circunstancias  anteriores,  y  otras,  seguramente  con  facilidad  lo  llevaron,  en  correspondencia  con  su  modelo  comportamental,  a  aquello  que hizo: Doña María Cristina Smith era la esposa  de   un   hermano   del  señor  Bermúdez  Uribe,  quien  murió  en  extrañas  circunstancias.  La  dama,  después,  se unió sentimentalmente con don Alfonso  Caballero.  El  señor  Bermúdez  Uribe  se  enemistó  con  María Cristina, y  comenzó  a  ser  agredido  en  sus bienes materiales y morales en razón de ese  distanciamiento.  Para responder los atropellos, Bermúdez Uribe decidió quitar  la  vida a Caballero, para lo cual se acercó a una banda de sicarios, integrada  por  Pedro Ignacio Unriza Rodríguez, Oscar Moreno Caicedo y Javier Villa Isaza.  Después  de  discutir sobre el precio, que se desplazaba entre un millón, seis  millones  y  diez  millones de pesos, se quiso realizar la conducta punible que,  al  ser  materializada,  encontró como objetivo al señor Moisés Nur Angarita,  quien  fue  ultimado  por  equivocación,  por  cuanto los autores materiales lo  confundieron  con  Alfonso  Caballero.  En  razón  de esa confusión, Bermúdez  Uribe  llegó  inclusive  a negar el pago a los homicidas directos, por no haber  hecho   bien   el   trabajo.                        

          Con  base  en  lo  reseñado,  se puede expresar con firmeza que don  Carlos  Bermúdez  Uribe  tiene  una  personalidad  altamente orientada hacia la  desviación   y   que,   por  ello,  obviamente,   requiere   de   tratamiento   penitenciario   pues  su  resocialización  es   

necesaria.  Por  el  pasado,  entonces,  se  diagnostica,  con las palabras del impugnante, “una mala conducta anterior”.   

          De  otra parte, el comportamiento anterior, las vivencias y el mundo  que  lo  circundaba,  permiten  ratificar  aquello que se ha venido diciendo: el  universo    pretérito   de   Bermúdez   Uribe   enseña   que   requiere   ser  resocializado.   Y cuando se habla de antecedentes no se piensa en ausencia  de  sanciones  penales,  administrativas  o policiales, sino en todo aquello que  conforma  un  pasado,  que es, precisamente, a lo que se refiere el artículo 72  del  C. P. cuando habla de los “antecedentes de todo orden”. “Antecedentes  de  todo orden”  no circunscribe a los puramente legales; también recoge  los sociales, culturales y comportamentales.   

          Con  lo  anterior se responde a los puntos 1. y 2. de las razones de  la impugnación.   

2.  En  el  punto  número  3.   de los  motivos  del  recurso se dice que Bermúdez Uribe se ha readaptado en la cárcel  y  que  por  ello  no  requiere  tratamiento  penitenciario.  Se  contesta de la  siguiente manera:   

2.1.  Dentro  del  expediente  no aparece el  ejecutor  penitenciario  afirmando  la  resocialización del procesado y ninguna  prueba  que   obre  en  el  mismo  conduce  a  la  Sala  a  que lo asevere.   

          2.2.  De  acuerdo  con   los  artículos 12 del código penal y  9º.   del  código penitenciario y carcelario, una finalidad de la pena es  la  resocialización,  propósito  que  se  constituye en el principal para este  último estatuto.   

          Por  resocialización  se  entiende la acomodación y adaptación de  una  personalidad  al  medio  del cual se desprendió en razón de la conducta y  del  delito  cometido.  Búscase  con  ella  que el hombre vuelva al seno social  desprovisto  de  aquellos  motivos,  factores,  estímulos,  condiciones  o  circunstancias  que,  contextualmente,  lo  han podido llevar a la criminalidad,  con  el  propósito  de  evitar que reincida, es decir, que caiga de nuevo en el  comportamiento delictivo.   

            

          El  instrumento  preferencialmente   utilizado para lograrla es  el  tratamiento penitenciario, concebido por nuestro estatuto carcelario como el  conjunto    de   medios   educativos,   instructivos,   laborales,   culturales,  recreativos,  deportivos  y  familiares  que  se  usan,  con base en la dignidad  humana    y    en    las    necesidades    particulares   de   la   personalidad de cada sujeto, para obtener  tal fin de reinserción socio-cultural ( artículo 143).   

          El  mismo código establece que el trabajo es obligatorio como medio  terapéutico  adecuado  a  tal  objetivo  (artículo  79); que la educación, al  igual  que  aquél,  es la base  fundamental de la resocialización, por lo  que  se  orienta  a  enseñar  y  a  afirmar  en el interno el conocimiento y el  respeto  de  los  valores humanos, de las instituciones públicas y sociales, de  las  leyes y normas de convivencia ciudadana y el desarrollo de su sentido moral  (artículo94),  razón  por  la  cual dentro de los programas educativos propios  del     sistema    progresivo    se    debe    “…abarcar   todas  las  disciplinas  orientadas  a la  resocialización  del  interno”  (artículo  144, inciso 2º.);  y que el  tratamiento  penitenciario  es el progresivo, que se realiza por medio de grupos  interdisciplinarios   integrados   por   abogados,   psiquiatras,   psicólogos,  pedagogos,   trabajadores   sociales,   médicos,   terapistas,   antropólogos,  sociólogos,  criminólogos,  penitenciaristas  y  miembros   del cuerpo de  custodia y vigilancia (artículos 144/5).   

          Resulta  claro  de  la  reseña  anterior  que  conforme con nuestro  código  penitenciario  y  carcelario,  como lo es a nivel universal,  para  hablar   de  resocialización  es  menester  el  tratamiento  penitenciario  que  conduzca  a  ella  y que dicho tratamiento siempre tenga como punto de partida y  de  llegada  la  personalidad  del  recluso,  pasando,  naturalmente, por el medio o ambiente,  salvo que,  claro  está,  se  trate  de personas que, demostrado científicamente,  no  requieran de terapia ( artículo 145-2).   

          De  todo  lo  anterior,  es  decir,  de  todo  aquello  que conforma  el   tratamiento,  sólo un aspecto  es predicable de Bermúdez Uribe:  el  trabajo.  Ciertamente,  el  trabajo  es  un  instrumento  de  terapia,  y es  importante;  pero  no  es  el único. De aquí se desprende, entonces, que si de  los  medios   necesarios  para tratar al recluso solamente uno de ellos, el  trabajo,  se  ha desarrollado respecto de Bermúdez Uribe, mucho más hace falta  para  poder  pronosticar  su  recuperación  o  reinserción  social.   Por  consiguiente,  el  procesado no se ha readaptado en la cárcel y, por ende, aún  requiere tratamiento.   

          3.   Para responder el motivo número 4. de la defensa, dígase  que  la  libertad  no  se  niega  exclusivamente  con base en las circunstancias  modales  del  hecho.  La  manera  como  Bermúdez  Uribe  delinquió sí ha sido  atendida  pero  no  aisladamente,  sino  para  relacionarla  e integrarla con el  diagnóstico sobre  su personalidad.   

4.  Añade el letrado que al tener en cuenta  las  circunstancias  del  hecho,  la  Corte  prejuzga  y  se complica porque, se  pregunta:   ¿  qué  pasaría  si  Bermúdez  fuera  absuelto  ?.  Se  responde:   

4.1. La Corte no prejuzga cuando se refiere a  las  circunstancias  del  hecho.  No.  Como lo dijo al inicio, simplemente se ha  basado  en  dos  sentencias  cobijadas  por  la  doble  presunción de acierto y  legalidad.  Y   en  estas  se  lee  con facilidad qué fue lo realizado por  Bermúdez Uribe.   

4.2.  La Corte no ha adelantado ningún  criterio   sobre   la  tipicidad,  la  antijuridicidad  y  la  culpabilidad  del  procesado.  De  manera que si mañana resultara absuelto, nada sucedería con la  solicitud  negada,  primero  porque la personalidad seguiría siendo la misma no  obstante  la ausencia de responsabilidad;  y, segundo, porque por la simple  observación  de  la  personalidad,  sin más, no es posible condenar a nadie en  Colombia.   

          De lo expuesto, se concluye:   

          1.  La  personalidad  y  los  antecedentes  del  señor Carlos   Bermúdez   Uribe    permiten   afirmar   que  en  la  actualidad  requiere  tratamiento   penitenciario  pues  no  se  encuentra  resocializado.  Con  otras  palabras,  como  no  se  cumplen el primero y el tercer requisito subjetivos del  artículo  72  del  C.  P.  ,  el  pronóstico necesariamente es negativo.    

         

          2.  El  señor  Bermúdez Uribe ha trabajado en las cafeterías, las  ha  administrado  y  ha laborado artesanías. Ese quehacer le ha servido para el  reconocimiento  del  aspecto cronológico del subrogado y, sin duda, también se  le  puede  abonar  como  uno  de  los  instrumentos  legalmente  previstos  para  conformar el tratamiento.    

          3.  Como  emana  de  la  ley,  trabajo  no equivale a tratamiento y,  menos,  a  resocialización.  La  readaptación  y  el  medio  para lograrla, el  tratamiento,  significan  mucho  más. Sin embargo, como aparte del trabajo nada  más  se  predica  del  señor  Bermúdez,  reitérase  que aún no se encuentra  resocializado.   

         

4.  Surge  de  lo  anterior,  entonces,  que  Bermúdez  Uribe  aún  no es apto, plenamente apto, para retornar al seno de la  sociedad  que  ofendió  con  su  comportamiento.  Nada garantiza que Bermúdez,  libre, se abstenga de delinquir, es decir, que no reincida.    

          5.  Es  cierto  que  Bermúdez  Uribe ha  estado  prisionero más de 13 años, ha observado buena conducta y buen proceder  para  con  los  compañeros.  Ello,  sin  embargo,  no  entraña  el tratamiento  científico interdisciplinar  que pide la ley.   

                                             

          6.   En   este   momento,   la   Sala   no  se  pronuncia  sobre  la  responsabilidad  del  señor  Bermúdez.  Como se adelantó, la Corte se ciñe a  mirar  el  expediente,  sobre  todo  las  dos  sentencias, y a concluir sobre la  personalidad  que  el  procesado muestra. Y a partir de allí toma la decisión,  exclusivamente  frente  a la solicitud de libertad que ha sido presentada. Y con  ese  propósito, solamente con ese propósito, estudia el proceso y se pronuncia  en este instante procesal.    

                 

         

Fundadamente,  entonces,  la  Sala  afirma  que    don   Carlos   Bermúdez   Uribe   no  se  encuentra  resocializado.   

         

          Con base en lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

          No  reponer  la  providencia  del  10 de agosto de 1999, mediante la  cual   se  negó  al  señor  Carlos   Bermúdez  Uribe   la  libertad  provisional.   

Notifíquese y Cúmplase,  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                  JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                           EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                           CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                  NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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