12682d

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 12682  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                Magistrado Ponente   

                                Dr. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                                Aprobado Acta No.38   

     Santafé de Bogotá,  D.C.,   diecisiete   (17)   de   marzo   de  mil  novecientos  noventa  y  nueve  (1.999).   

          VISTOS:   

     Mediante sentencia  del  6  de  marzo de 1.996 un Juzgado Regional de esta capital condenó a EFRAIN  LADINO  GUTIERREZ y José Arnulfo Velásquez, a la pena principal de 30 meses de  prisión  como  coautores responsables de infringir el artículo 43 de la Ley 30  de 1.986.   

       El   Tribunal  Nacional  al  momento de pronunciarse sobre el grado jurisdiccional de consulta,  en  decisión  del 3 de junio de 1.996 revocó el fallo de primera instancia, en  relación  con  la  condena  proferida en contra de Velásquez, para en su lugar  absolverlo  de  los  cargos  que  le fueran imputados, confirmándolo en todo lo  demás.   

     Contra la sentencia  del   Tribunal,   el   defensor   de   LADINO  GUTIERREZ  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación que ahora resuelve la Corte.   

         HECHOS Y ACTUACION PROCESAL:   

      Los hechos origen  de  la presente actuación sucedieron el 2 de marzo de 1.991 en inmediaciones de  la  ciudad  de  Villavicencio, cuando habiéndose obtenido información anónima  por  parte  de  la  Unidad  Investigativa  de  Orden Público relacionada con el  transporte   vía   terrestre  de  precursores  químicos  para  actividades  de  narcotráfico,  un  Grupo  Antinarcóticos  de  la  Policía Nacional dispuso la  realización  de  un  operativo  por  la  ruta  que de dicha ciudad comunica con  Acacías,  más  concretamente  a  la  altura  del  Barrio Ciudad Porfia, el que  arrojó  como  resultado  la  retención  del camión marca Ford modelo 1.956 de  placas  TA-7430,  en  cuyo  interior  se  hallaron  camuflados  220  recipientes  plásticos  de  5  galones  cada  uno,  contentivos de ácido sulfúrico  y  amoníaco,  siendo aprehendidos los ocupantes del vehículo quienes respondieron  a    los    nombres    de    EFRAIN    LADINO    GUTIERREZ   y   José   Arnulfo  Velásquez.   

      Con fundamento en  el  informe  de  esa misma fecha suscrito por el Jefe de la Unidad Investigativa  Antinarcóticos  de  Orden Público del Meta, CP. Humberto Rojas Herrera, dentro  del   cual   se   hace   constar   la   aprehensión  de  los  implicados  y  la  inmovilización   del pesado  automotor y las actas de incautación de  la  sustancia  química  ilícitamente  transportada,  así  como  de la toma de  muestras  para  su  identificación,  sellamiento  y guarda, avocó inicialmente  conocimiento  la  Fiscalía Cuarta de Orden Público, quien escuchó en versión  libre   a   LADINO  GUTIERREZ  y  Velásquez,  así  como  algunos  testimonios,  remitiendo  las diligencias ante el Juez 74 de Instrucción de Orden Público de  esta  capital,  el cual mediante auto del 7 de marzo siguiente decreto la formal  apertura de investigación penal.   

       Habiendo  sido  vinculados  mediante  indagatoria,  la situación jurídica de los imputados les  fue  resuelta  por  resolución  del  21  de  marzo  posterior,  con  medida  de  aseguramiento  consistente en detención preventiva por el delito descrito en el  artículo  43  de  la  Ley  30 de 1.986, advirtiéndose en el numeral primero de  este  proveído  “Que  el  procedimiento  a  seguir  en  estas  sumarias,  es el  abreviado,  Art.  474  y ss. del C. de P.P.”, ordenándose por tanto, remitir la  actuación      ante    los    juzgados    penales    del    circuito    de  Villavicencio.   

      Practicada   nueva  prueba   testimonial  y   allegado por parte del Laboratorio de  Estupefacientes  del  Instituto de Medicina Legal el análisis de las sustancias  incautadas,  con resultado positivo en la identificación de ácido sulfúrico y  amoníaco,  por auto del 17 de mayo siguiente el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de  dicha ciudad avocó conocimiento y después de fijar fecha para la  celebración  de  la audiencia pública, sin  que la misma  se pudiese  llevar  a  cabo  al  no  haber  comparecido en su oportunidad el defensor de los  imputados,  dispuso  por  auto del 30  de julio del  1.991, remitir el  proceso  por  competencia ante los juzgados de instrucción de orden público en  atención  a lo señalado por el artículo 3 del Decreto 1676 de ese mismo año,  uno  de  los cuales, a su turno, procedió a enviar el asunto ante los jueces de  conocimiento  de  orden  público  con fundamento el el artículo 13 numeral 1o.  del  Decreto  2790  de  1.990,  pues  al  ya  haberse fijado nueva fecha para la  audiencia   pública,   les   correspondía,   en   su   criterio   culminar  la  actuación.   

     Recibidas entonces  las  diligencias por un juez de conocimiento de orden público y en el entendido  de  que  el  trámite  legal  que  debía  dársele  a  las  mismas  imponía la  calificación  del  mérito  probatorio,  lo  que  además no podía ser de otra  manera  pues  se  terminaría sorprendiendo “a los procesados, adoptando un rito  en  esta  jurisdicción  que  le  recorte  oportunidades en cuanto a términos y  valoración  probatoria”,  con  el  grave  riesgo  de  vulnerar  “el  derecho de  defensa”  y  desconocer  “el  principio  de  favorabilidad”,  el  expediente fue  devuelto  ante los jueces de instrucción de orden público, proponiendo en caso  de     no     aceptarse     su     conocimiento,     colisión    negativa    de  competencias.        

      Finalmente y bajo  la  consideración  de que de conformidad con el artículo 489 del C. de P.P. se  habrían   desvirtuado   los  fundamentos  que  dieron  lugar  al  procedimiento  abreviado,   haciéndose   imperativo   adelantar  este  asunto  por  los  ritos  propios   del  ordinario,  un  juez  de  instrucción  de  orden  público,  mediante  auto  del  14  de  noviembre  de ese mismo año, avocó conocimiento y  ordenó la práctica de nuevas pruebas.   

     Una vez cerrada la  investigación  y  remitida a ella por parte de la Sección de Laboratorio de la  Dijin  el  resultado  del análisis químico de una de las muestras tomadas a la  sustancia  incautada,  que  fue  positivo  para  hidróxido  de amonio, el 22 de  febrero  de  1.994  una  Fiscalía Regional de esta capital calificó su mérito  mediante   el   proferimiento   de  resolución  acusatoria  en  contra  de  los  procesados,  que  cobraría  ejecutoria  el  5 de abril posterior, por el delito  contemplado en el artículo 43 de la Ley 30 de 1.986.   

      Agotada  la etapa  del  juicio  y  fenecido  el  término  para  la  presentación  de los alegatos  correspondientes,   se   profirieron   las   sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, en los términos reseñados en precedencia.   

         LA DEMANDA:   

         Primer  cargo   

      Al  amparo  de la  causal  tercera  del  artículo  220  del C. de P.P., un primer cargo propone el  defensor  de  LADINO  GUTIERREZ  contra la sentencia impugnada, por vulneración  del  debido proceso y el derecho de defensa, de conformidad con lo dispuesto por  los  artículos  304.,  numerales  1o.  y  2o.ibidem  y  29  de la Constitución  Política,  el cual enuncia, pues no desarrolla, a través de la proposición de  las siguientes presuntas irregularidades:   

     a) Pese a que en el  numeral  primero  de la resolución fechada el 21 de marzo de 1.991 por medio de  la   cual   se   resolvió   la  situación  jurídica  de  los  procesados,  se  habría   determinado  con  absoluta claridad que las presentes diligencias  se   adelantarían   con   fundamento   en   el   procedimiento  abreviado,  con  posterioridad  un  juez  de  orden  público  dispuso  acertadamente  que debía  continuarse  por  los causes del ordinario, “pero no se declaró la nulidad como  debía  declararse del numeral primero de la citada resolución que resolvió la  situación  jurídica  de  ambos  encartados,  esa  omisión  conculca el debido  proceso y obstruye el derecho de defensa”.   

     b) Ningún esfuerzo  habrían  adelantado los instructores con miras a corroborar las citas de Ladino  Gutierrez  “así  se  considere  (sic)  inverosímiles”, incumpliéndose de esta  manera   con   lo   dispuesto   por   los   artículos  249  y  362  del  C.  de  P.P..   

      c)  No  obstante  mostrarse  conocedor  de  que “la jurisprudencia de nuestra Máxima Corporación  de  Justicia,  ha  considerado  que  el  omitir  el  traslado de los dictámenes  periciales  no  acarrea  nulidad  alguna”,  en  el  caso  presente  califica  la  actuación  de  los  funcionarios  judiciales  como de “desgreño, negligencia y  desprecio   total   por   cumplir  con  los  ordenamientos  procesales”,  al  no  realizarlos  en relación con los experticios vistos a folios 212 y 415, a pesar  del  mandato  contenido en el artículo 270 del C. de P.P.,vulnerándose así el  derecho de defensa.   

      d)  Finalmente,  aduce  que  en  la  indagatoria  le  fueron  hechas a LADINO GUTIERREZ preguntas  capciosas,  empleando citas procesales no existentes en el plenario con el sólo  propósito   de   hacerlo   incurrir  en  errores,  razón  por  la  cual  “esos  procedimientos  torticeros  también conculcan el derecho de defensa y el debido  proceso”.   

       Segundo cargo   

       Formula   este  reproche  del  defensor  con  sustento  en la primera  causal de casación,  acusando  el  fallo  de  ser  violatorio por vía indirecta de la ley sustancial  (artículos  247,  270, 302, 362, 445 del C. de P.P., 81 de la Ley 190 de 1.995,  219   y   229   de   la   Constitución   Política),   en   razón  de  errores  manifiestos  de hecho en la  apreciación de las pruebas.   

     

       Sostiene  a  continuación  que  la  confesión  calificada  de  LADINO GUTIERREZ, pese a ser  indivisible,  fue  tenida  en  cuenta  en aquellos aspectos que lo perjudicaban,  pero  los  juzgadores  “no  le  dieron credibilidad a las justificaciones dadas,  motivo  por el que se incurrió en una errónea apreciación de la prueba”, pues  era  predicable  en  su favor el principio de inocencia ya que “se encontraba en  las  mismas  circunstancias  del  procesado  absuelto  motivo  por el que debió  recibir igual tratamiento”.   

       Acota  además  dentro  de  la  misma  tónica,  esto  es  sin  atinencia  alguna  con la causal  propuesta,  que  el  Tribunal  ha  debido  otorgar  al  procesado  la condena de  ejecución  condicional  “concedida  por  el Funcionario Instructor” y que fuera  revocada  por el Juzgado Regional, no obstante, de ello no se habría ocupado en  manera alguna la sentencia.   

       Solicita   en  consecuencia  a  la Corte que case la sentencia dictando un fallo absolutorio, o  declarando  la  nulidad  del  proceso, según la causal que se estime prospera y  que,  en  el evento de no acogerse sus planteamientos se reconsidere la negativa  a  concederle  al  procesado  la  condena de ejecución condicional, pues estima  “que   no   es   descabellado   ni   improcedente    que  en  este  recurso  extraordinario  se  incluya  como  petición  para  que  sea considerada por esa  Máxima superioridad”.   

         CONCEPTO         DEL         PROCURADOR        DELEGADO:   

     En relación con la  causal  de nulidad propuesta, destaca el Procurador Primero Delegado en lo Penal  el   evidente   incumplimiento   de    los   derroteros  técnicos  que  la  jurisprudencia  ha  sentado cuando se acude a ella, pues el actor omite precisar  cuáles  son  sus  fundamentos y mucho menos indica cuál es la trascendencia de  la   irregularidad  afirmada,  pues  solamente  se  limita  a  hacer  enunciados  generales sin ningún desarrollo.   

       De  ahí  que,  respecto  a la nulidad referida al trámite dado en este asunto, el propio actor  reconoce  que  la  irregularidad  habría sido subsanada cuando los funcionarios  judiciales  adecuaron la actuación al proceso ordinario, razón suficiente para  negar   la   necesidad   de   la  declaratoria  solicitada,  máxime  cuando  la  jurisprudencia   ha  precisado  que  este  ofrece  mayores  garantías  para  el  sindicado que el abreviado.   

      En  cuanto  a  la  necesidad  de corroborar las afirmaciones del procesado a que alude el artículo  362  del  C.  P.P., esta obligación del funcionario existe respecto de aquellas  citas  que  ofrezcan  algún  grado  de  credibilidad mas no como sucede en este  caso,   respecto   de   situaciones   que   para  el  “propio  defensor  parecen  inverosímiles”.   

      

     Sobre las supuestas  preguntas   capciosas  que  se  le  habrían  formulado  en  la  indagatoria  al  procesado,  para  el  Ministerio  Público este reproche solamente fue enunciado  pero  en  ningún  momento  obtuvo  desarrollo,  como  igual  dice sucede con la  genérica  afirmación  de  haberse  vulnerado el debido proceso y el derecho de  defensa  que  en  manera  alguna  demostró,  dejando  el  cargo  sin  la  menor  posibilidad de éxito.     

      En lo relacionado  con  la segunda censura, como en el caso anterior, de nuevo los yerros técnicos  predominan.  Dice que el sentenciador  habría incurrido en error de hecho,  pero  en ningún momento demuestra la clase de error, ni la prueba sobre la cual  recayó,   cita  además como precepto vulnerado el artículo 445 del C. de  P.P.,  sobre  la  duda,  pero no es dicho tema objeto de desarrollo, afirma, sin  más,  una abstracta inconformidad con la valoración probatoria que se abstiene  de  precisar  en  manera  alguna  y  que,  por  ende,  conduce  el  cargo  a  su  desestimación.   

        CONSIDERACIONES:   

         Primer  cargo   

       1.  A través de genéricos enunciados  en  los  que  se dejan apenas expuestos sin la menor argumentación demostrativa  un   conjunto  de  actuaciones  procesales  que  se  presumen  constitutivas  de  irregularidades  lesivas del derecho de defensa y el debido proceso, el defensor  de  EFRAIN  LADINO  GUTIERREZ  propone  una  primera  censura  contra  el  fallo  impugnado,  con  fundamento  en  la tercera causal de casación que contempla el  artículo 220 del C. de P.P.   

       2.  En  estas  condiciones, forzoso es  para  la  Sala  en  este  caso enfatizar nuevamente, que todas y cada una de las  causales  contempladas  en  la  ley  para  impugnar  por vía extraordinaria una  sentencia,  además  de obedecer al principio de taxatividad, de conformidad con  el  cual  el ataque al fallo esta rigurosamente circunscrito a esos determinados  motivos,  exigen  al  demandante  el  deber  de  exponer con absoluta claridad y  precisión  no  solo  a  cuál  de ellos acude dentro del marco jurídico que es  propio  a  cada  uno,  sino  además desarrollar argumentativamente el análisis  orientado  a demostrar la violación de la ley sustancial o de procedimiento que  consecuentemente presuponen.   

       3. De tales exigencias participa, como  no  podría  ser de otra manera, la causal de nulidad, sin que pueda confundirse  la   disposición  exceptiva  al  principio  de  limitación  consagrada  en  el  artículo  228  del  C.  de  P.P.,  en  cuanto  la  Corte “deberá declararla de  oficio”,  o  cuando la sentencia atenta contra garantías fundamentales, con una  pretendida   flexibilidad   del  recurso  al  extremo  de  que  basten  ambiguos  planteamientos  matizados  por  un enunciado inicial de incidir negativamente en  la  legalidad  de  la  actuación  procesal,  o  que  en  casos semejantes pueda  colmarse  a  través  de  la  oficiosidad  el  imperativo  para el demandante de  evidenciar  la  presencia  de  actos procesales desconocedores de las normas que  los regulan.   

      4.  Esta  es en concreto la falencia  más  predominante  en  el  escrito  de demanda que ha presentado el defensor de  LADINO  GUTIERREZ,  pues  acusa de manera simultánea y sin distingo, como si se  tratase  indiferentemente  de  fenómenos idénticos, la vulneración del debido  proceso   y  el  derecho  de  defensa,  pero  lo  hace,  además,  con  escuetas  formulaciones  en  modo  alguno  desarrolladas  y  menos  capaces  de evidenciar  irregularidades  de  tal magnitud que comprometan la legalidad misma del proceso  al    extremo    de   requerir   como   última   y   radical   alternativa   su  invalidación.   

      Pues antes bien,  consecuente  con  el  desdén  de  la  técnica  casacional  en su formulación,  tampoco  indica  la  oportunidad  a  partir  de  la  cual debería declararse la  nulidad  propuesta, incurriendo inclusive para mayor perplejidad, en el desatino  de  excusar  al  propio  tiempo  algunos  de los presuntos vicios esbozados como  invalidantes,  pero  sin  que  esa  conciencia  de  su  ineptitud  frente  a  la  pretensión  última,  inhiba  al actor de plantearlos dentro del mismo supuesto  de ataque.   

       5. Así, se refiere en primer término  al  hecho  de  que no obstante mediante resolución del 21 de marzo de 1.991, el  Juzgado  74  de  Instrucción  de  Orden  Público  al  momento  de  definir  la  situación  jurídica  del  procesado,  dispuso  que por haber sido capturado en  flagrancia  era aplicable el procedimiento abreviado contemplado en el artículo  474  y  ss.  del  Decreto  0050  de  1.987  vigente  para la época y ordenó en  consecuencia  la  remisión  del  asunto  ante  los jueces penales del circuito,  finalmente,  se  adelantó, calificó y falló por el procedimiento “ordinario”,  sin que se hubiese declarado la nulidad del referido proveído.   

      Es manifiesta la  contradicción  que  encierra  este  planteamiento,  pues asume como acertada la  adopción  del  procedimiento  que denomina “ordinario”, que en estricto sentido  lo  fue  el contemplado en los Decretos 2790 de 1.990 y 099 y 390 de 1.991, para  los  asuntos  de competencia de las entonces autoridades de orden público, pero  reclama  una  nulidad  cuyo  propósito  no  podría  ser  otro  que el de haber  adecuado  el adelantamiento de las diligencias al trámite que finalmente se les  dio, de donde la inconsecuencia del reparo es evidente.   

       6.  No obstante y con miras a elucidar  cualquier  inquietud  sobre  el  curso  que  se  diera  al proceso, vale la pena  recordar  que  en los orígenes mismos de estas pesquisas penales, intervino una  unidad  de  investigación  de  orden  público,  conociendo  de las diligencias  distintos  jueces  de  intrucción de esa especialidad, ante quienes se vinculó  mediante  indagatoria  de los sindicados EFRAIN LADINO GUTIERREZ y José Arnulfo  Velásquez,  resolviéndoseles  su  situación  jurídica,  como ya se precisó,  mediante resolución del 21 de marzo de 1.991.   

       Respecto   al  inicial  conocimiento  que  de  este caso tuvieron los jueces de orden público,  debe  reconocerse  que  no  les  correspondía  ciertamente el adelantamiento de  tales  diligencias,  en  razón  a  que  la  competencia para conocer del delito  tipificado  por  el  artículo  43  de  la  Ley  30  de  1.986 que era objeto de  investigación,  estaba  radicada  en  dicha  época  en los jueces promiscuos y  penales  del  circuito,  conforme con los artículos 46 ibídem y 71 del Decreto  050  de 1.987, en razón a que la copiosa normatividad expedida en desarrollo de  la  declaratoria de estado de sitio a través del Decreto No. 1038 de 1.984 -que  superó   los  cincuenta  decretos  legislativos-,  solamente  se  modificó  en  relación  con modalidades delictivas distintas de dicho Estatuto, sin que desde  luego  este  hecho  amerite  ningún reparo, toda vez que fueron adelantadas por  jueces de instrucción en ejercicio de sus funciones.   

      Sin  embargo, el  Juzgado  74  de Instrucción de Orden Público hizo lo correcto cuando resolvió  la  situación  jurídica de los imputados y remitió el proceso ante los jueces  del  circuito  con  miras  a  que  se le pusiera fin al mismo de acuerdo con las  previsiones  de  los artículos 474 y ss del Decreto 0050 de 1.987, esto es, con  fundamento en el procedimiento abreviado.   

     Así, por último,  como  quiera que tampoco la audiencia pública se llevó a efecto el 28 de junio  de  1.991,  fecha  determinada  por  el Juez Tercero Penal del Circuito mediante  auto  del  17  de  mayo anterior y entró inmediatamente a regir el Decreto 1676  del  3  de  julio  –  modificatorio  de los Decretos 2790 de 1.990, 099 y 390 de  1.991-,  en  cuyo  artículo  3  se  dispuso  que  los  jueces de orden público  conocerían  “De  los  procesos  por los delitos descritos en los artículos 35,  39,  43  y 44 de la Ley 30 de 1.986…”, por ser disposiciones sobre competencia  de  inmediata  aplicación,  acertadamente  desde  luego, las diligencias fueron  remitidas  ante  las  autoridades de dicha especialidad por auto del 30 de julio  posterior.   

        En   estas  condiciones,  desde  ningún  punto de vista es admisible un reparo en relación  con el trámite que fuera adelantado en este proceso.   

       7. Ahora, respecto al deber que impone  a  los  funcionarios judiciales el artículo 249 del C. de P.P. de averiguar con  igual  celo  las  circunstancias que demuestren la existencia del hecho punible,  agraven  o  atenúen  la  responsabilidad  del  imputado,  y  las  que tiendan a  demostrar  su  inexistencia  o  lo eximan de ella, como también el de verificar  las  citas  que  propusiere  para  corroborar  sus  aseveraciones, que ordena el  artículo  362  ibidem., además de que el actor desconoce por completo el deber  de  sustentar esta afirmada omisión en que presuntamente habrían incurrido los  instructores  y  en  consecuencia, no define aquellos aspectos de la indagatoria  de  LADINO  GUTIERREZ  que  habrían  ameritado  el  ejercicio  de  la  pesquisa  orientado  a  confirmar su coartada o la comprobación de aspectos trascendentes  en  la  demostración de su inocencia o capaces de morigerar su responsabilidad,  el  propio  actor  termina  por  reconocer  que  en este caso las aserciones del  procesado  podían  calificarse  de  “inverosímiles”,  con  lo  cual obviamente  encuentra  justificación  el hecho de no haberse escudriñado sobre las mismas,  máxime  cuando  bien  se  sabe  que  la  actividad  en materia probatoria está  reglada  por  el  principio  de  conducencia,  de  conformidad  con el cual todo  aquello  que no está encaminado a desentrañar la realidad de lo acontecido, no  puede admitirse, de donde el genérico reparo debe desecharse.   

       8.  Por otra parte y en lo relacionado  con  el  hecho  de  que  se  habría  omitido  el  traslado  de  los dictámenes  periciales  vistos  a  los  folios 212 y 415, en los cuales fueran identificadas  las  sustancias  incautadas  en  el  operativo policial como ácido sulfúrico y  amoniaco,  es decir, que evidentemente se trataba de precursores a partir de los  cuales  se  sintetiza,  fabrica, procesa u obtiene drogas y cuya ilegal tenencia  ha  sido  objeto  de la imputación a LADINO GUTIERREZ conforme con el artículo  43  de la Ley 30 de 1.986, es un reproche que contiene en su propio enunciado la  respuesta   negativa   a   considerar   ese  hecho,  aún  siendo  verdad,  como  irregularidad  lesiva del derecho de defensa, pues se advierte por el demandante  que  para  la  jurisprudencia de esta Sala el mismo “no acarrea nulidad alguna”,  lo  que  procede  en  la hipótesis de este proceso reiterar, toda vez que el no  surtirse  el  traslado  de un dictamen a las partes, a lo sumo podría aceptarse  como  una  irregularidad  en  todo  caso  intrascendente  y por ende sin ninguna  posibilidad   de   afectar   los   derechos  del  procesado  o  las  reglas  del  procedimiento,  salvo  que se lograse demostrar que no se contó con oportunidad  alguna  para  conocerlo  y por ende para controvertirlo, pues contándose con la  posibilidad  de  objetarlo  de conformidad con lo dispuesto por el artículo 270  del  C.  de  P.P.  “hasta  antes de que finalice la audiencia pública”, guardar  silencio  en  torno  al contenido del mismo, es mostrar entera confomidad con el  resultado  que  la  comprobación  científica  ha  arrojado,  todo lo cual hace  nugatorio el reparo sobre el particular expuesto.   

        9. Ahora, la lacónica afirmación del  recurrente  en  cuanto  a las supuestas preguntas capciosas que se le formularon  al  procesado en la diligencia de indagatoria para hacerlo caer en errores, es a  todas  luces  insostenible,  no  solo  porque  nuevamente  pone  en evidencia su  desconocimiento  sobre  las  reglas  que  regentan  este  recurso  en materia de  nulidades,  pues  como  reiteradamente  lo  ha sostenido la jurisprudencia de la  Sala  si  bien  esta  clase  de  alegaciones  permiten  alguna libertad no puede  confundirse  con el lanzamiento de una serie de propuestas no demostradas con la  esperanza de que por azar prospere alguna de ellas.   

      Lo  anterior por  cuanto,  en  modo  alguno  se ocupa el casacionista siquiera de precisar cuáles  fueron  las  preguntas  que  califica de capciosas y cuáles los efectos que las  respuestas  del procesado tuvieron en la decisión que puso fin al proceso, pues  mal   puede  a  ultranza  aducir  la  vulneración  del  derecho  a  la  defensa  desconociendo  la  realidad  misma  del diligenciamiento y de la propia versión  injurada,  en  la  medida  en  que de la instructiva se deriva que los descargos  rendidos  por  el  incriminado  se  hicieron  con  la  presencia del defensor de  confianza  designado  por él mismo, sin que allí se hubiese objetado por dicho  profesional del derecho ninguna pregunta en particular.   

      Es que, además,  no  puede perderse de vista que siendo la indagatoria la primera oportunidad que  tiene  el  imputado  de  acudir  personalmente  ante a un funcionario judicial a  exponer  las  explicaciones  que estime pertinentes frente a los hechos que se e  atribuyen,  siendo  por  ello  imprescindible  que  lo asista un profesional del  derecho,  el  ejercicio y la materialización de dicho derecho se cumplen dentro  de  la  diligencia  misma,  en  la  medida  en  que  si bien no puede intervenir  directamente  porque  se  trata  de  un  acto  en  el  que  es  el  imputado  su  protagonista,  la  defensa  cumple con una labor de garante respecto de la forma  como  se  lleva  a  cabo,  lo  que,  por  supuesto  incluye la naturaleza de las  preguntas  que  se  formulen  a  efectos  de  manetener  incólume  el principio  constitucional de no autoincriminación.      

      Suficientes  las  anteriores  breves  acotaciones  para su inmediato rechazo, visto como queda que  al  igual  que  frente  a  las  censuras  precedentes,  se  trató  de un simple  enunciado carente del menor contenido y demostración.   

       Segundo cargo   

       10. Esta censura ha sido formulada con  respaldo  en  la primera causal de casación, por violación indirecta de la ley  sustancial,  acusando  la presencia de manifiestos errores de hecho, pudiéndose  desde  ya  advertir  que  por  carecer del menor desarrollo y ser verdaderamente  ostensibles  los  defectos técnicos en su presentación, la misma está avocada  a su evidente improsperidad.   

      Para  comenzar,  cita  el  demandante  dentro  de  la  relación de preceptos sustanciales que se  suponen  vulnerados,  normas  absolutamente  impertinentes,  como  sucede con la  mención  del  artículo 445 del C. de P.P., sobre la duda, pese a que este tema  no  es  objeto  de  ningún  detenimiento,  argumentación  ni  análisis,  o el  artículo  81 de la Ley 190 de 1.995, sobre garantías procesales sin justificar  su  mención,  encontrándose  en  similares  condiciones  la  anotación de los  preceptos  constitucionales  contenidos  en los artículos 219 y 229 de la Carta  Política,  que  por  la  naturaleza del cargo esbozado tampoco tendría ningún  sentido su  señalamiento.                                                                                      11.   Pero  además,  pese  a  proponer  el cargo por la primera causal casacional, sobre la  base  de haberse incurrido en errores de hecho, inusitadamente este tema tampoco  ocupa  la  atención del libelista pues la única referencia sobre el particular  es  aquella  según la cual a la que aduce como “confesión” del procesado no se  le  habría  dado  “credibilidad”  por  los  juzgadores,  de  donde  infiere  la  “errónea   apreciación   de   la  prueba”,  lo  que  constituye  un  argumento  absolutamente  deleznable  pues  no  es  factible  a  través del extraordinario  recurso  anteponer  al  análisis que con apego a las reglas de la sana crítica  hace  el  juez  de la prueba, el que a su turno en forma unilateral y arbitraria  propone el demandante.   

       12.   Finalmente,   la   aislada   y  recurrente  alegación  referida  al  otorgamiento  de  la condena de ejecución  condicional  que  entiende  el  actor  puede  solicitar  a la Corte, frente a la  negativa  que  en  las  sentencias se hiciera de ella, pese a no haber propuesto  cargo  alguno  sobre  el  particular,  lo  único  que  procura  es confirmar el  desconocimiento  que  el  demandante  tiene sobre la impugnación propuesta, que  sin  ningún  parámetro  de  lógica  ni  técnica  ha  esbozado,  como  si  la  actuación   en  esta  sede  fuera  equiparable  a  un  memorial  de  instancia.   

      Este  cargo, por  consiguiente, tampoco prospera.   

      En mérito de lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

        RESUELVE:   

       NO      CASAR     la     sentencia  impugnada.   

        Cópiese,  cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

          JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE  ENRIQUE CORDOBA POVEDA  CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                       CARLOS  EDUARDO  MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                               NILSON     PINILLA  PINILLA       

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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