12591h

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 12591  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.MARIO MANTILLA NOUGUES   

                                                      Aprobado Acta No.095   

                                                       Santafé  de Bogotá, D.C., veintinueve  (29) de junio de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación interpuesto contra la  sentencia  dictada  el 18 de julio de 1996 por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cali, mediante la cual, con parcial modificación de la de primera  instancia,   condena   a  CARLOS  ADOLFO   ROJAS  CRUZ,  a la pena principal de veintiocho meses y diez  días  de  prisión  y  a  la  accesoria  correspondiente,  como responsable del  concurso de delitos de falsedad en documento privado y estafa.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

          Reseña   la   sentencia   de  segunda  instancia  los  hechos  que  fueron   materia  de  la  investigación  y  que ocurrieron en el municipio  de   Yumbo,  así:   “Se evidenciaron en el mes de agosto de mil   novecientos  noventa  cuando al realizar una revisión de auditoría  en la  empresa   ´Dispapeles  S.A.´   se  constató  la existencia de   facturas  adulteradas  por fotocopiado, donde se incluían valores no causados y  otras  impresas  con sellos falsos. Una vez establecido los punibles consumados,  se  investigó  y  determinó  que  el  responsable  de los mismos era el señor  CARLOS  ADOLFO ROJAS, quien  se desempeñaba como mensajero de la empresa.”. (fls. 208 y ss.).   

          Vinculado  a  la  investigación  el  sindicado fue comprometido en  juicio   mediante    resolución  de  acusación  dictada  el  28  de  abril de 1994 que cobró ejecutoria el 1o. de julio de 1994  (fl.s  94-107  y  131  cd.  ppl.)  por  el  delito de  falsedad  en  documento  privado  (art.  221  C.P.) en concurso con el de estafa  agravado por la cuantía.   

          Culminado  el rito del juico el fallador de la primera insancia -26  Penal  del Circuito-, profirió sentencia de condena bajo el entendido de que se  trató  de  un  doble  concurso  de  hechos  punibles  tanto de falsedad como de  estafa.  Inconforme  el  Ministerio  Público,  el Procurador 64 Judicial Penal,  apeló   en   relación  exclusivamente  con  el  delito  contra  el  patrimonio  económico  (fls.  194 y ss.). Al desatar el recurso, el Tribunal Superior   del  Distrito reformó parcialmente el fallo a quo en el sentido de declarar que  se  trató   de un solo delito de estafa con múltiples actos de ejecución  (fls.  208  y  ss), mediante la sentencia que ha sido recurrida en casación por  el mismo funcionario del Ministerio Público.   

          LA DEMANDA   

          Basado  en la causal 3a. del artículo 220 del C. de P.P. afirma el  censor  que la sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad, por falta de  competencia  del  funcionario  judicial,  porque   la  conducta  contra  el  patrimonio  económico  realizada  por  el  procesado  constituyó  un  concurso  homogéneo  y sucesivo de contravenciones, cuyo conocimiento  corresponde a  los  inspectores  penales  de  policía,  para  el caso, del municipio de Yumbo,  domicilio de la firma afectada.    

          Explica  que  la figura jurídica del delito continuado fue abolida  de  la legislación penal patria e instaurada la figura del concurso prevista en  el  artículo  26  del  C.P. para penalizar la pluralidad de acciones  “con  respecto  al  caso  de  la  homogeneidad”, y tras discurrir ampliamente sobre el  tema  con  auxilio de eminentes doctrinantes, analizando un ejemplo propuesto de  hurto,  concluye  que  solo  es posible aceptar la existencia de un único hecho  punible     fraccionado     “por     las     circunstancias     que    concurren  al               acontecimiento, y las personales del autor” cuando :   

                     “desde un  principio  revela  el dolo del autor de lograr la totalidad de lo propuesto, que  en  otras  condiciones  … también lo puede conseguir de una vez, siempre  a  través  de  acciones  repetidas  …  Pero para llegar a esta conclusión es  necesario  comprobar mediante elementos externos u objetivos,  que el autor  de  la  acción tenía toda la programación definida, y porque, además, estaba  a  su  alcance  físicamente  culminar  con  esa  programación.   Si  este  elemento  de  la proyección de la acción del autor del delito no se comprueba,  la  acción  única  debe  ser excluida y deberán considerarse tantos delitos o  hechos punibles, como acciones realizados.”.   

          Matizando  su  tesis  con  ejemplos  que  considera apropiados, mas  adelante puntualiza:   

                     “Por  lo  visto,  sólo  se  podrá  hablar  de unidad de acción cuando el propósito del  actor  trascienda  en  busca  de  un resultado mayor al acto inicial,  pero  proyectado  sobre  unos  límites  precisos  y  determinados,  única forma para  hablar  de  un  sólo dolo en toda la actuación ilícita.  Porque si en la  repetición  de  unos  hechos  punibles,   el  autor  deja  su intención o  propósito  a  eventualidades,   prosperidad,  o  idoneidad  de cada uno de  ellos,   nunca  podrá  hablarse de la unidad de acción, ni mucho menos de  un  sólo  dolo  para  todo el comportamiento delictuoso, pues a medida que cada  actuación  le  reporte  éxito,  nace  en el agente la intención de repetir el  hecho,  y  así  tiene  su acabado, constituyéndose en un concurso homogéneo y  sucesivo  de  delitos,  o  como  en  este  proceso,  de contravenciones,  y  concurriendo el dolo independiente para cada uno de ellos.”.   

          Adaptando  su  criterio  al  caso  concreto,  considera que no  hubo unidad de acción en el comportamiento del procesado porque:   

                     “si para  realizar  el  engaño,  tenía que falsificar un documento, y de acuerdo con las  pretensiones,  así  también  sería el provecho ilícito.  Y agotada  la  etapa  de  la  constitución  del  engaño,   que era la falsificación  documental,   el  uso  del  documento  perfeccionaba el delito contra la fe  pública  y  el  delito  de estafa,  cuya cuantía se desprendía del mismo  medio documental.”.   

          De  tal manera, con la falsificación de cada uno de los documentos  y  su  uso,   “se  agotaban  los  hechos  punibles  de  la falsedad y de la  estafa”,   pues  no  se ve que el procesado  “pretendiera, al comenzar  la  ejecución  de  los  hechos  punibles,  falsificar un número determinado de  facturas,  y mucho menos de apoderarse de la suma total estafada”;  y como,  la  “intención  dañina se agotaba en cada confección de los documentos falsos  y  su reporte dinerario fraudulento”, y éste, como estafa solo en dos ocasiones  llegó  a  algo  menos de $133.000, lo que le permite concluir que se trató del  concurso  contravencional que planteó desde el comienzo de su alegación,   del  que  debe  conocer la autoridad de policía de conformidad con la Ley 23 de  1991,  porque  la  cuantía  de  cada  uno  de los hechos, para la época en que  sucedieron  ni  siquiera  llegó  a  los  diez  (10)  salarios  mínimos legales  mensuales imperantes entonces.   

         En  apoyo  de  su  demanda afirma que mediante sentencia del 13 de  septiembre  de  1995,  que  transcribe en lo fundamental, y también a instancia  suya,  la  Corte  aceptó  su tesis y accedió a casar una sentencia.  Ante  idénticas  razones  de  hecho,  la solución en este caso deberá ser la misma.  Para  terminar,  formula  la  petición  de  casación parcial, que en su sentir  deberá  reducir  la  pena   en  la  proporción que lo autoriza la condena  únicamente por el concurso de falsedades en documento privado.   

        EL MINISTERIO PUBLICO   

         El  señor  Procurador  Segundo Delegado en lo Penal se muestra en  desacuerdo  con  la  pretensión casacional, que aunque basada en un antecedente  jurisprudencial  del  13 de septiembre de 1995, con votación mayoritaria nacido  a   instancia   del  mismo  funcionario  demandante,  estima  inatendible,  pues  considera  que  el  criterio de la Corte en torno al tema de la censura debe ser  revisado.   

         Recuerda  que  el  C.P.  de 1936 en su artículo 32 contemplaba la  figura  del  delito  continuado  con marcada y decisiva orientación causalista,  pero  que en la “moderna concepción”, de tendencia  preventiva, incluso en  el  derecho  penal,  ha  de  mirarse la acción “como una voluntad dirigida a la  consecución  de fines íntegros” y tener claridad sobre lo ocurrido “para saber  si  se  trata de una sola acción delictiva (unidad de designio criminoso)   desarrollada   en   varios   actos,  o  un  concurso  de  acciones  homogéneas,  autónomas, finales, independientes”.   

         Haciendo  eco  del  salvamento de voto a la providencia citada por  el  demandante,  advierte  que en el delito de estafa la obtención del provecho  ilícito  puede  conseguirse mediante una o mediante varias maniobras engañosas  respecto  de  una  o  de  varias  personas  y  que  siendo  una sola, el despojo  patrimonial  puede  presentarse de una sola vez o “poco a poco”, manifestándose  en  todo  caso,  por la obtención de provecho ilícito en perjuicio patrimonial  ajeno.  De  tal  manera,  cuanto  el agente resuelve mediante un mismo método o  maniobra   engañosa,   apropiarse  de  “una  determinada  cantidad  de  dinero,  obedeciendo  a  un mismo plan preconcebido”,  necesariamente debe colegirse  que  “la  acción  para  este tipo de desviaciones es final … y en tal caso la  unidad   de   designio   determina   la   ocurrencia   de   un  sólo  y  único  delito.”.   

         No  es  necesariamente  cierto,  ni  es exigencia normativa,   “que  el  autor  delimite  previamente  y  de  modo  específico una determinada  cantidad  de  dinero  …  y  agote  su designio por entregas … pues la unidad  teleológica  de  acción no depende”  de una delimitación cuantitativa de  la  suma  a estafa … sino de la acción cualificada de los fines.  Cuando  el  propósito  es  apropiarse  del dinero de la víctima, en la cuantía que se  logre,  bajo  el  mismo  plan  propuesto,  habrá  unidad  de designio y acción  unitaria.   

         Cuando,  como  en  el  caso  demandado,  el  acusado admite “haber  cometido  el  delito  falsificando unas firmas para poder cubrir las necesidades  económicas”   y  de  ese  modo  obtuvo progresivas cantidades de dinero en  detrimento  patrimonial del patrono, es claro que no hay un propósito escindido  manifiesto  por  cada  apropiación,  sino un propósito de esquilmar al patrono  cuanto  dinero  pueda;  “la cantidad determinada previamente no es pues, el  factor  que  determine  la univocidad de la acción”, el delito es uno.  En  apoyo  de  su postura transcribe parte del salvamento de voto al pronunciamiento  jurisprudencial  y  afirma que asistió la razón al Tribunal en las reflexiones  que  le sirvieron de base a su decisión cuyos fundamentos fácticos rememora, a  renglón  seguido  señalar como base de su pensamiento el criterio plasmado por  la  Corte  en  sentencia  del  3  de  diciembre de 1996 en la se reconoció como  delito  único  de  estafa el cometido por un solo sujeto respecto de múltiples  afectados.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         Asiste  la razón al señor Procurador Delegado en los motivos que  aduce  para  oponerse  a  la  solicitud  de  casación,  pues en verdad, como lo  afirma,  el caso en estudio revela que la conducta realizada por el procesado no  fue  un concurso de contravenciones de estafa, sino un solo delito de estafa con  plurales actos ejecutivos en perjuicio de un mismo ofendido.   

         El   artículo  356  del  C.P.  no  excluye  de  su  tipicidad  la  eventualidad   de   que  el  sujeto  activo  del  delito  realice  múltiples  y  repetitivos  actos  para  la obtención de un solo propósito defraudador que se  mantiene  y  materializa en el tiempo con fraccionados logros, lo que se infiere  de  la  modalidad conductual  descrita en la norma como “manteniendo a otro  en  error”,   pues  es  una  manera  efectiva de proseguir con lo que   está  haciendo,  dado  que  con  tales  actos  a la postre obtiene no despertar  alarma  en  su  víctima,  que  entonces  permanece  a  su merced para su oscuro  propósito por el tiempo que él así lo quiera.   

         La  interpretación  de la norma tipificadora del delito de estafa  no  puede  dejar  de  lado  el dilatado alcance que subyace en su contenido, que  consulta  razones  de  política  criminal tendientes al justo tratamiento de la  problemática  penal  enfrentada  a  la  realidad  social  y  delictiva,  que en  numerosos  casos  se manifiesta con la sutileza y audacia de iguales o similares  características  a  las  que conforman el caso en examen. Por esta misma razón  la  jurisprudencia  de la Corte ha venido ampliando su criterio hermenéutico en  relación  con  el tipo penal del delito de estafa cuando el mismo sujeto activo  lo  comete  contra  múltiples  ofendidos  en  lo  que  ha  venido conociéndose  doctrinariamente  como  fraude  colectivo o delito masa (Sents. 27 de septiembre  95   M.P.Dr.Páez   Velandia   y  3  de  diciembre  96  M.P.Dr.Gálvez  Argote).   

         Cuando  el  sujeto activo del delito realiza a lo largo del tiempo  y  en  detrimento  patrimonial de la misma persona plurales actos artificiosos o  engañosos  reveladores  de una voluntad orientada a ese ilícito propósito que  se  revela  asumido  como  finalidad  absoluta,  incurre  en  una  sola  acción  delictiva   de   estafa   cometida  mediante  múltiples  actos  artificiosos  o  engañosos   de   ejecución,   con   los   que   mantiene   el   error   de  la  víctima.   

         El  engaño  es  único  y  también  único  es  el dolo en estos  casos,     porque   la   materialización   de   cada   acto   no  disgrega el todo de la acción, en  cuanto  lo  único  que  cada uno revela es que el sujeto prosigue en su empeño  principal y único.   

         Presupuesto  de  la decisión a tomar es la atención a los hechos  que  fueron  investigados y respecto de los cuales se expidió el fallo acusado.  Ellos evidencian los elementos estructurales del delito juzgado.   

         Durante  el  lapso  aproximado de nueve meses -diciembre de 1989 o  enero  de  1990  a agosto de 1990  (fls. 2 y 9, 16v.)-, el  procesado,  que  se  desempeñaba  como mensajero de la firma  “Dispapeles S. A.”   en  el  municipio  de Yumbo, falsificó facturas  de esa empresa y de   “almacenes  o  de proveedores de partes y  repuestos para el funcionamiento  de  la  maquinaria y de utilería de la oficina”   para lo cual mandó  a  hacer  sellos y fotocopiar  papelería, documentos éstos con los cuales  obtenía  de  su  patrono   el  desembolso  de sumas mayores a las debidas,  apropiándose   de   los   excedentes,  en  procedimiento  que  él  mismo  así  detalla:   

                       “En  realidad  como  mi  señora  no  trabaja  y  el  sueldo  no me alcanzaba para el  sustento   entonces   por   eso  se  me  ocurrió  pues  sacar   unos   dineros    a  través  de  esta  forma  …  y  constaba  en  que  yo   salía   a   hacer  una  compra de algún material y por ejemplo   compraba     algo   que   costara   mil   novecientos    ochenta   entonces   le   colocaba  una  bolita … al uno y quedaba como nueve,  así sucesivamente hasta la fecha en que fui liquidado”.   

                                          “…                                                      

                     “Como  decía  al principio esto lo hice por motivos económicos que necesitaba urgente  ya  que  se  encontraba  urgente  (sic)   la  hija   y   ya   tenía   principios  de bronquitis y acosado por deudas que tenía por  un  préstamo  de  $60.000  …  y  una  deuda de un juego de  alcoba   y   una  nevera  …  y además en cuestión de comida y el alquiler de una  pieza …”.(fl. 16 v.).   

         El  relato  indica  que  el  procesado  consciente de sus recursos  económicos  por  el  escaso  salario que devengaba y siendo el único proveedor  del  núcleo  familiar,  optó  por  aumentar  sus  ingresos  con  el  reiterado  comportamiento  de apropiarse de los dineros de la empresa para la cual laboraba  valiéndose de artificios de los cuales da cuenta el proceso.   

         La    modalidad   empleada   para   cometer   el   delito   revela  claramente   que  ejecutó  múltiples  actos  en desarrollo de una acción  reveladora  de  una voluntad única con una finalidad específica prevista desde  el  inicio de la acción -el incremento patrimonial indebido-, situación que no  se puede desconocer.   

         En  apoyo  de  su  pensamiento,  el  funcionario demandante trae a  colación  una  providencia  del  13 de septiembre de 1995 (G. J. T. CCXXIX vol.  II),  en  la  que  por  Sala  mayoritaria  aceptó  la Corte la ocurrencia de un  concurso  de  contravenciones de estafa en un proceso en que también él actuó  como demandante.     

         Cabe  anotar,  que  si  bien  el caso tratado, guarda una aparente  similitud  con el que es hoy materia de estudio, la realidad es que el acontecer  fáctico   presenta   circunstancias   vinculantes  diferentes  que  imponen  un  tratamiento  diverso  en  punto  de  establecer  la  unidad  de  fin  como es la  relación  laboral que fue determinante en este caso a diferencia de aquel en el  que  se trató de un contratista que ocasionalmente realizaba trabajos para ella  y   que   en  diversas  oportunidades  falsificó  constancias  de  trabajos  no  realizados para adelantar los cobros indebidos.   

         De   tal   manera,   fuerza   es   precisar   que   el   cargo  no  prospera.   

         En   mérito,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  en  SALA DE CASACION PENAL, oído y acogido  el  concepto  del  Ministerio  Público,  administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

        R E S U E L V E   

         NO  CASAR  la  sentencia recurrida. En  firme,   DEVUELVASE  el  expediente al Tribunal de origen.   

         CÓPIESE Y CUMPLASE.   

                                    JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                                     CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                                     MARIO MANTILLA NOUGUES   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                                     NILSON PINILLA PINILLA   

                                           PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                                                        Secretaria     

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