12126j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 12126  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                      Magistrado  ponente:   

                      Dr.  EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

                    Aprobado Acta  No. 113   

Santafé de Bogotá D.C., veintinueve (29) de  julio de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor de RAMON DUQUE DUQUE contra la sentencia de marzo 18 de 1.996,  mediante  la  cual el tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali condenó a  dicho  procesado  a  25  años 6 meses de prisión por lo delitos de homicidio y  porte ilegal de armas de defensa personal.   

ANTECEDENTES  

    

1. – Entre Arturo  Giraldo  Sánchez,  de  50  años  de edad, y la familia de Ramón Alberto Duque  Duque  existieron  graves  problemas  desde  que  éste  era un niño, e incluso  parece  que  Giraldo  Sánchez  tuvo que ver con el homicidio de dos hermanos de  Ramón Alberto.     

          Myriam,  una  hermana  de  Ramón  Alberto  se  trasladó  a vivir a  Jamundí,  municipio  cercano  de  Cali  y  donde,  en abril de 1.994, llegó de  Bogotá  Ramón  Alberto.   En  la  mañana  del  15  de dicho mes, Giraldo  Sánchez  se  encontraba  sentado  en una de las mesas del establecimiento “La  Media  Torta”,  ubicado  frente  al  parque  central de Jamundí, lugar al que  llegó   Ramón  Alberto  acompañado  de  Milton  Pineda  Gutiérrez,  y  ambos  dispararon  sus  armas  contra  Giraldo  Sánchez,  quien en consecuencia murió  impactado  por  7  proyectiles,  de  calibres  38  largo  y  7.65  mm. La pareja  emprendió  la  huída y fue perseguida por agentes de la policía; Milton opuso  resistencia  con  el  revólver  y,  con una granada que hizo explotar, hirió a  varias  personas,  siendo  finalmente  ultimado  por los policías.  Ramón  Alberto fue capturado ahí mismo.   

          2.-  Abierta  la  investigación,  se oyó en injurada a Duque Duque  (fl.  13  cdno. Nro. 1 ) y éste luego de narrar los problemas anteriores con la  víctima,  dice  que, desprevenidamente llegó a Jamundí a visitar a su hermana  Myriam,  y  que  en  la  mañana  que entró a la referida fuente de soda, vio a  Giraldo  Sánchez que se levantaba de la mesa, le dio miedo y le disparó.   Sostiene que se encontraba solo.   

          Practicadas  varias  pruebas,  se  decidió la detención preventiva  del  sindicado  y  varios  testigos  corroboraron la existencia de los referidos  “problemas” entre la víctima y la familia de procesado.   

    

1. –  Cerrada  la  investigación, la  Fiscalía  108  de  Jamundí,  por  medio  de  resolución de agosto 19 de 1.994  (fls.247  cdno.  Nro.2)  acusó  a  Ramón  Alberto  Duque  por  los  delitos de  homicidio  agravado  por  motivos  abyectos  y  porte ilegal de armas de defensa  personal,  referido  este  último  a  la  pistola  calibre 7.65 que accionó el  acusado.     

    

1. – El Juzgado 20 Penal del Circuito  de  Cali,  realizó  algunas  pruebas , celebró audiencia pública (fl. 409), y  por  medio  de  auto  de  junio  12  de  1.995  (fl  470), ordenó el envío del  expediente  a  la  Fiscalía  para  que  ésta  decidiera  la  nulidad a partir,  inclusive,  del  cierre investigativo, pues estimó que la competencia era de la  Justicia  Regional, dado que la utilización de la granada tipifica el delito de  porte  de  armas  de  uso  privativo  de  la  Fuerzas  Armadas,  proponiendo  la  respectiva  colisión  de  competencia.   El  Juez  Regional  no la aceptó  (estimó que ya se estaba en la etapa del juicio y que     

dicho  delito  podía  aún  investigarse por  separado)  y  remitió  las  diligencias  a  esta  Sala  de  Casación, la cual,  compartiendo  sustancialmente  los  argumentos  del  juez  regional,  asignó el  conocimiento  al  mencionado  Juez  20  Penal  del Circuito (fl.511), por lo que  éste  dictó  sentencia de diciembre 19 de 1.995 (fl.528) condenando al acusado  a  26  años  de  prisión por los delitos de homicidio simple (con la agravante  genérica  del  art. 66-7 C.P.: obrar con la complicidad de otro) y porte ilegal  de  armas,  según los artículos 323 del Código Penal y 10 del decreto 3664 de  1.986.   

          El  defensor del acusado apeló dicho fallo y el Tribunal, por medio  del  suyo  que  es objeto de esta impugnación extraordinaria, lo confirmó pero  rebajándole  la  pena  a  25  años  y  6 meses, pues estimó que la mencionada  causal  de  agravación no se le había imputado en la resolución acusatoria y,  por   tanto,   el   juzgador   de   primer   grado   no   podría   deducírsela  (fl.602).   

LA DEMANDA  

          “CARGO PRINCIPAL”.   

          Al  amparo de la causal primera de casación se aduce la aplicación  indebida  de  los  artículos  323  y 324 del Código Penal, por falso juicio de  identidad  con relación a la “secuencia / histórico/ probatoria” (fl.655),  dejándose  de  aplicar  el  artículo 40-3 de dicho Código (inculpabilidad ) y  pide absolver al acusado Ramón Alberto Duque Duque.   

          Habla  de  la distorsión “de la prueba recaudada y en especial de  la  confesión”  y  enuncia  los  indicios  que  se  tuvieron  en  cuenta para  condenar, “al carecer de prueba directa” (id.).   

          Afirma  que  el  procesado aceptó haber matado a Gildardo Sánchez,  pero  que calificó esa confesión, afirmando que disparó porque pensó que iba  a  ser  agredido,  y  entró en “miedo y temor “ (fl.656), lo cual el censor  considera no desvirtuado.   

          Critica   en  seguida  “la  inferencia  lógica”  hecha  por  el  sentenciador  y  anota que  la misma “distorsiona la realidad procesal”  (id.  infra.),  refiriéndose  en  concreto  a los dichos del acusado, de Myriam  Alzate,  del agente Bohorquez y “el señor Alzate” (fl.657 supra.), e indica  que  de  los  dos  primeros se infiere que el occiso era una persona peligrosa y  que  incluso  estaba  sindicada  de  haber  dado muerte a los hermanos del aquí  procesado.   

          Agrega  que  por  parte  alguna  del  proceso  aparece “la palabra  venganza  como  motivación  de  la muerte de Gildardo” (id.) y reitera que no  está  probada  la  afirmación  del  Tribunal en el sentido de que Gildardo fue  muerto  cuando tomaba un tinto desprevenidamente, sino que, por el contrario, la  causal  de  inculpabilidad  planteada  “aparece de bulto” (fl.658) y precisa  que  cuando  el  acusado  “ingresó a la población quiso tomarse la gaseosa y  desafortunadamente  encontró  allí  a  su  enemigo, y allí frente a él, tuvo  miedo  y  disparó,  este  hecho  fue  confesado  por  mi procurado y dentro del  plenario  no  tiene  contradicción  alguna”  (fl.  658  infra.), y expone sus  razones por las cuales “al occiso había que temerle”.   

          Dice  que  no  comparte  la apreciación de que el acusado procedió  por  venganza  y  que,  en fin, “el desacuerdo está en la apreciación de las  pruebas  que  sirvieron para llegar a la convicción de que las mismas apuntan a  la culpabilidad del acusado” (fl.661).   

          Insiste  en que contra el procesado y su familia preexistían “las  amenazas  y atentados provenientes de la víctima” (fl.662 infra.), como está  probado  en  el  proceso,  sostiene  que  el  acusado  “le  disparó  pensando  subjetivamente  que  el  occiso iría a sacar un arma” (fl.663) y finaliza con  unas consideraciones sobre la legítima defensa.   

          “CARGO SUBSIDIARIO”.   

Invoca  nuevamente  error  de  hecho  “al  ignorar  el sentenciador pruebas que si las hubiese valorado habría definido el  proceso  de  una manera diferente a la determinada en la sentencia” (fl. 665),  y  más  adelante  anota  que  el  fallador  “no le concedió valor ninguno ni  consideración  siquiera  a  las  expresiones  de temor y angustia que vivía el  procesado  cuando  tuvo que actuar creyendo que iva (sic) hacer (sic) agredido y  los  motivos  que  llevaron  a  RAMON  ALBERTO  a  ocacionar (sic) los disparos,  pruebas  estas  que  fueron ignoradas por el juzgador, pese a encontrar respaldo  probatorio  en el plenario y no por hipótesis o bases falsas como lo expresa el  ad quem” (fl. 666).   

          Retoma  consideraciones  del  anterior  cargo  para reafirmar que el  acusado,  “desde  niño”  había sido objeto de amenazas de muerte por parte  del  acusado  y  se  queja  de  que el dicho de éste “no se tuvo en cuenta de  manera  integral”  (fl. cit. infra.), e insiste en que el Tribunal se equivoca  cuando afirma la venganza como el motivo del homicidio.   

          Cita   apartes  de  la  declaración  rendida  por  la  hermana  del  procesado,  Myriam  Duque y de la injurada del acusado (fls. 667 y 668), y tilda  de  ignoradas  la  inspección  judicial  y  los  testimonios rendidos por José  Alberto  Ospina  Giraldo,  Arturo  Giraldo Sánchez, Darío Giraldo, injurada de  Nicolás  Alberto  Duque,  “instructiva”  de Ramón José Duque Ramírez, un  dictamen  médico, testimonios de Horacio Rosero Bustos, Jesús Pineda Buitrago,  Ernesto  Clavijo  López,  Jaime  Gómez Gallego, Hely Alzate, Gilberto García,  Uriel  Bohorquez,  pruebas  de  las  cuales  transcribe parcialmente (fls. 671 a  677).   

          Pide  que  se  case  el  fallo recurrido y se absuelva al procesado,  reconociendo  que éste actuó dentro de la causal de inculpabilidad prevista en  el artículo 4-3 del Código Penal.   

“PETICION SUBSIDIARIA”.  

Pide  que se rebaje la pena impuesta dada la  confesión  del  acusado,  la  cual fue “fundamento de la sentencia de primera  instancia”  (fl.672),  sin  importar  que la misma “haya sido calificada”,  máxime    que   “la   flagrancia   pregonada   no   lo   es   tanto”   (id.  infra.).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

Cargo Primero.  

El  señor Procurador Primero Delegado en lo  Penal  dice  de  entrada  que  “la  demanda  no tiene ninguna demostración en  cuanto  al  desconocimiento  de los principios de la lógica, la experiencia, la  sicología  o  la  realidad, para pensar en el error de hecho propuesto” (fl.7  concepto),  y  anota  que el disenso con respecto al dicho del procesado y de la  hermana  de   éste, “sitúa la crítica en el plano del error de derecho  por  falso  juicio de convicción, que tampoco procede por tratarse de medios de  convicción no sometidos a la tarifa legal”.   

Dice  que  el actor se limita a anteponer su  criterio  al  del  Tribunal,  transcribe  parte de las consideraciones que éste  hizo  sobre  la  prueba de cargo y así respondió a los sustancialmente iguales  reproches  que  se  repiten en esta sede de casación, en esencia referidas a la  inculpabilidad del procesado.   

Que    no    prospera    este    cargo,  estima.   

Segundo Cargo.  

Anota  que el mismo es “una extensión del  primer  cargo”  (fl.10 ) y el casacionista, no obstante catalogar de ignoradas  ciertas   pruebas,   cuestiona   la  valoración  que  de  las  mismas  hizo  el  sentenciador   para   otorgarle   “un   sentido   y  alcance  opuesto  al  del  recurrente” (fl.11).   

Se  aparta  del  censor  en  cuanto a que la  confesión  fue  la  prueba  en que se basó el fallo y hace ver que el mismo se  apoyó,  además,  en prueba indicaría, y agrega que en el proceso “no existe  prueba  alguna  indicativa  que  en  el agente se haya presentado una equivocada  interpretación  o  una  situación  fáctica  imaginaria  para él, haciéndole  suponer  que  iba  a  ser  atacado  y  por  ello reaccionó disparando contra su  presunto  agresor”  (fl.12),  sino,  por el contrario, se probó que cuando la  víctima  recibió  el  disparo, “se encontraba sentada tomándose un tinto”  (id.).   

Concluye que no sale avante ese ataque, como  tampoco  el  referido a la rebaja de pena, ya que “la confesión como causa de  atenuación  debe  ser  confesión  de  injusto  y  no  mero  reconocimiento del  supuesto   de   hecho   con  introducción  de  excluyentes  del  injusto  o  la  culpabilidad”.   

Finalmente  anota  que  tampoco demostró el  censor  que  en  el proceso de “inferencia lógica” utilizado para conformar  los indicios, el fallador haya errado.   

Concluye que la demanda no prospera y que la  sentencia no debe ser casada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Primer Cargo.  

Asiduamente,  esta Sala enfrenta demandas de  casación  que  se  exhiben  mas  bien como alegatos de instancia, alejados, por  tanto,   de   la   precisión   y   rigorismo  inherentes  a  las  impugnaciones  extraordinarias.   

Y es que los casacionistas referidos olvidan  que   las  sentencias  de  segunda  instancia  vienen  precedidas  de  la  doble  presunción  de  legalidad  y  acierto  y  que,  por lo tanto, le corresponde al  impugnante  extraordinario  desvirtuar  la  misma,  cosa  que  únicamente puede  hacerlo  con la demostración de yerros ostensibles de derecho o de hecho, si se  trata,  como en este caso, de violación indirecta de la ley (art. 220-1, cuerpo  2º C.P.P.).   

El  aquí  demandante  está  muy  lejos  de  cumplir  con  esa  obligación legal, ya que si bien anuncia que el sentenciador  distorsionó  determinadas  pruebas,  no  sustenta  esa afirmación, sino que se  limita  a  controvertir  las  consideraciones del fallo con las de su personal y  propio cuño.   

En efecto: insiste demasiado el censor en que  el   Tribunal   infirió  ilógicamente  que  los  graves  problemas  anteriores  existentes  entre  la  familia  del procesado y la víctima, llevaron a aquél a  tomar  venganza,  resolviendo  matarlo,  y que también resulta ilógico deducir  que  constituye un indicio en contra de Duque Duque el que, viviendo en Santafé  de  Bogotá, haya arribado precisamente a la fuente de soda donde estaba Giraldo  Sánchez,  para  proceder  a  disparar  contra éste (fls.612 infra. Y 613 cdno.  Tribunal).   

Ahora bien: que no se hayan tenido en cuenta  “las   explicaciones  o  especulaciones”  del  procesado  en  cuanto  a  las  circunstancias  concretas dentro de las cuales mató a Giraldo Sánchez, tampoco  es  cierto,  ya  que el Tribunal, especialmente con apoyo en la declaración del  conductor  de  la  víctima,  Alfredo  Salcedo  Tascón,  y  de la diligencia de  necropsia,  encontró  probado  que  Duque  Duque actuó en compañía de Milton  Pineda  Gutiérrez  (muerto  por  la  Policía cuando huía con aquél) y que el  cuerpo  de Giraldo Sánchez recibió proyectiles de calibres distintos (38 largo  y 7.65 mm.), lo que avala esa coautoría.   

Si  eso  es  así,  razonó  lógicamente el  sentenciador  al sostener que lo que se exhibe es el “plan” que tenía Duque  Duque  encaminado  a  matar al mencionado,  lo que  de  suyo  excluye  la “legítima defensa subjetiva”  en  la  que  se  basa  toda  la  alegación casacional, causal de inculpabilidad  (error  de  prohibición  art.  40-3 C.P.) que también el fallador descartó al  considerar  que  en  su  indagatoria  el  imputado  Duque  dijo  únicamente que  disparó  al  ver  cuando Giraldo Sánchez hacía el ademán de levantarse, pero  posteriormente  en  la diligencia de inspección judicial (fl.201-1), agregó el  acusado  que  accionó  su  arma  cuando  vio que aquél se llevaba la mano a la  cintura.   Razonadamente  el  fallador  infirió  que dicho “agregado”,  unido  a  todo  lo  anterior, restaba credibilidad a la  causal      de      inculpabilidad     referida (fl. 558).   

Además,   es  muy  diciente  y  refrenda la conclusión del sentenciador  que,  apenas fue capturado, el procesado dijo a los policiales que había matado  a  Giraldo  Sánchez  porque  éste  “le  había  matado  a  su  padre  y a su  hermano” (fl. 608).   

Es  cierto que, como lo afirma el censor, no  hay  “prueba  directa  “  de  cargo sobre el momento preciso de los disparos  matadores  (a  excepción  de que fueron dos los accionantes de las armas), pero  los  referidos  indicios  tenidos en cuenta por el fallador, sin duda alguna que  comportan  la  certeza  plena  de  que Duque Duque no actuó dentro de la causal  exculpatoria  que aduce el casacionista, quien, además, no controvierte toda la  prueba  en que se fundamenta el fallo y que se ha dejado expuesta, aparte de que  sus  quejas  sobre la indebida apreciación de las declaraciones de Myriam Duque  y  de  Heley  Alzate  Muñoz,  devienen  inanes  y  sin asidero, ya que el fallo  impugnado  sienta  como  premisa que ciertamente desde hace años la familia del  procesado  tuvo  problemas  con  la  víctima,  que es lo que dichos testimonios  revelan,  de  donde  es  gratuita  la  afirmación  de  que  los  mismos  fueron  malinterpretados.   

No prospera entonces el cargo.  

Segundo Cargo.  

Aquí asevera el actor que se ignoraron varia  pruebas,  pero  a  renglón  seguido  anota  que  “no  se le concedió ningún  valor”  al  dicho  del  procesado  (fl.  666),  afirmación  esta  última que  contradice  la  primera  de  soslayo  de  prueba,  a más de que el casacionista  enseguida  se  dedica a plasmar sus propias conclusiones sobre la inculpabilidad  argüida(fls.66 y ss) y a hacer una simple relación de pruebas.   

En definitiva, este segundo cargo, como dijo  la  Delegada,  es  una “extensión” del primero y merece, por tanto, iguales  críticas para fundamentar su no prosperidad.   

“Petición subsidiaria”.  

En  este  cargo  hecho con deficiencia (pues  omitió  alegar  la  violación directa del artículo 299 del C.P., por falta de  aplicación  del  mismo),  pide  finalmente  el  censor  que  se  rebaje la pena  impuesta  al procesado, “por la confesión “ que hizo éste y que -considera  el censor- fue fundamento del fallo atacado.   

Dicha última afirmación no es cierta, pues  como  se  ha  visto a lo largo de este fallo, la realidad procesal evidencia que  el  procesado  fue  capturado  en flagrancia (C.P.P.) arts.370 y 371 C.P.P.), de  donde  la  admisión  que  hizo  de  haber disparado contra la víctima devenía  inane  o  por  lo  menos  superflua  y  redundante  en  cuanto  a  la respectiva  identificación  de  la  autoría  del  homicidio,  razón  obvia para que dicha  “confesión”  no  fuera el fundamento de la sentencia impugnada y entones no  se  de  el  presupuesto  de  rebaja  de pena consagrado en el referido artículo  299.   

Los cargos, pues, no tienen éxito y el fallo  recurrido no se casará.   

En  mérito de lo expuesto, La Corte Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal, de acuerdo con el Ministerio Público,  Administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley.   

RESUELVE  

          NO  CASAR  la sentencia impugnada. En firme  devuélvase al Tribunal de origen.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

         

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                  JORGE ENRIQUE CORDOBA POVEDA                                         

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR   

                    

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON              NILSON  PINILLA PINILLA           

         PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

         Secretaria   

    

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