11601 (11-03-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    VIOLACION  AL  REGIMEN  DE  INHABILIDADES  E  INCOMPATIBILIDADES   

La tradicional división de los tipos penales,  ampliamente  difundida  y  desarrollada  por  la  doctrina  general  al punto de  constituirse  en  fundamental  noción  de  derecho penal, no requiere en sí de  nuevos  desarrollos  jurisprudenciales  en  el  punto específico;  y no es  misterio  que  conforme  a  esa doctrina dominante, el tipo penal descrito en el  artículo   144  del  Código  Penal  como  violación  del  régimen  legal  de  inhabilidades  e  incompatibilidades, es delito de mera  conducta     que     consiste    en    intervenir  en la tramitación, aprobación  o   celebración  de  un  contrato  con  violación  de  dicho  régimen  legal.   

En  otras  palabras,  el  delito  se  consuma  con   la  sola  gestión  del servidor público a pesar de la inhabilidad o  incompatibilidad  por  él  conocida,  sin  necesidad  de que la administración  sufra   menoscabo   patrimonial  ni  que  el  funcionario  obtenga  rendimientos  específicos,  caso en el cual la conducta podría conllevar otra configuración  diferente.   

Ahora bien, conceptos como la antijuridicidad  material  o  formal de la conducta y su adecuación a un tipo penal son básicos  y  están  bien  definidos  jurisprudencialmente,  al  igual  que  en el ámbito  doctrinal   de   la   teoría   general   del   derecho   penal,   y   cualquier  clarificación   jurispericial  que pudiere requerirse habría de surgir al  efectuar  consideraciones  dentro  de  la  casación  regular,  frente  a hechos  punibles cuya punibilidad si la admita normalmente.   

PROCESO                                    : 11601   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                       NILSON  PINILLA PINILLA   

                                                    Aprobado Acta No.23   

Santafé de Bogotá D.C., marzo once (11) de  mil novecientos noventa y siete (1997).   

          V I S T O S:   

Corresponde  a  la  Corte  decidir  sobre la  admisibilidad  del  recurso  de casación discrecional interpuesto en tiempo por  el  defensor  del procesado CANTALICIO CARDENAS CALDERON, contra la sentencia de  segunda  instancia  dictada  por el Tribunal Superior de Neiva, que confirmó la  proferida  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de Pitalito, en  cuanto   lo  condenó  por  el  delito  de  violación  del  régimen  legal  de  inhabilidades  e  incompatibilidades  (artículo  l44 del Código Penal), con la  única  modificación  de  cambiar a arresto la pena que se había impuesto como  prisión.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

El señor CANTALICIO CARDENAS CALDERON, en su  condición  de  Alcalde Municipal de la población de Timaná, Huila (Junio 1990  a  mayo  1992),  contrató  en  forma  directa,  por  el  sistema de órdenes de  trabajo,  el  suministro  de alimentos, reparación de vehículos y adquisición  de  repuestos  para  automotores,  con  parientes  del  Secretario General de la  Alcaldía,  el  Recaudador  y  Citador  Veredal  y  el  Director  de  la Cárcel  Municipal;  hechos  por  los  cuales  la  Fiscalía Seccional Veinte de Pitalito  profirió  en su contra resolución de acusación de fecha agosto 23 de 1993, no  recurrida,  por  el  delito  de violación del régimen legal de inhabilidades e  incompatibilidades;  causa  a  la  cual  fue posteriormente acumulada la seguida  contra el mismo procesado por un delito de prevaricato por acción.   

Correspondió  al  Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  dicha  población poner fin a la instancia, absolviendo al acusado  por  el  delito de prevaricato y condenándolo por el de violación del régimen  de  inhabilidades e incompatibilidades a la pena principal de dieciocho meses de  prisión,  cien  mil  pesos  de  multa  e  interdicción de derechos y funciones  públicas  por  tres  años;  fallo confirmado por el Tribunal Superior de Neiva  con  la  única  modificación ya mencionada, de cambiar la pena de prisión por  la de arresto.   

          LA IMPUGNACION EXTRAORDINARIA   

Acogiéndose  el  impugnante a la previsión  del  inciso  tercero  del  artículo  2l8  del  Código  de Procedimiento Penal,  solicita  a  la Corte admitir de manera excepcional el recurso extraordinario de  casación  por  considerarlo  necesario  al desarrollo de la jurisprudencia y la  garantía   de   los   derechos   fundamentales,   basado   en   las  siguientes  razones:   

l°)  La  Sala  debe  trazar  una  adecuada  orientación  doctrinal  “en  torno a la punición de los tipos de mero peligro,  peligro  presunto  o  de mera desobediencia, cuando la acción o conducta carece  de  relevante significación social y de lesividad material del objeto jurídico  tutelado  con dicha disposición, o por mejor, si la sola circunstancia de darse  la  subsunción  empírico-formal  de  la  misma,  en  el  tipo correspondiente,  amerita  la imposición de pena, sin necesidad de efectuarse ninguna valoración  sobre  su  adecuación  social  o  sobre  desvalor  de resultado alguno, ante la  conformidad  o  ajuste  de ésta con las exigencias demandadas por la sociedad o  entorno comunitario donde se cumple o desarrolla”.   

Afirma que los mencionados tipos penales son  violatorios   de   las   normas  rectoras  y   los  derechos  fundamentales  contenidos  en  el  Código Penal y la Constitución Nacional “ya que en materia  penal  solo  son punibles las conductas que atentan contra los bienes jurídicos  importantes,  respecto a los ataques de mayor gravedad, pues es de su esencia el  ser  subsidiario  y  su  utilización  subordinada  al empleo de otras ramas del  ordenamiento  jurídico,  en  virtud  del  principio de ‘ultima ratio’. Por ello  enseña  la  doctrina  penal dominante, que no son punibles las conductas en las  que  no  hay  en  absoluto lesividad o es irrelevante su desvalor ético-social,  como  en  los delitos bagatela, inocuos o de nimiedad manifiesta,…”, agregando  que  los  juzgadores de instancia se limitaron a adecuar formalmente la conducta  endilgada  al  procesado  al tipo penal descrito en el artículo l44 del Código  Penal  y  el  “paratipo” del Estatuto de Contratación Nacional “vigente para la  época  de  ejecución”  del ilícito (“artículo 9-2 del Decreto 222 de l983”),  “sin  efectuar ninguna valoración sobre su adecuación y significación social,  como  tampoco  sobre  el  mayor  o  menor grado de lesividad material del objeto  jurídico tutelado con el tipo realizado”.   

Consecuente con dicho planteamiento concluye  diciendo  que  mal  podía  condenarse  a  Cárdenas Calderón, por una conducta  administrativa  “que  de  manera  alguna  afectó  el  desarrollo  social  ni el  patrimonio  o  planeación  o ejecución normal del presupuesto del Municipio de  Timaná,  o  por  mejor,  que  de manera alguna lesionó el bien jurídico de la  Administración Pública de Timaná”.   

2°)  Argumenta  también que las garantías  fundamentales  del  debido  proceso  concernientes  al  derecho a la defensa del  procesado  y  la  favorabilidad legal, fueron desconocidas por los juzgadores de  instancia,  viciando  de  nulidad  la  actuación  a  partir  inclusive,  de  la  resolución acusatoria.   

La primera de ellas, porque en la providencia  que   definió  la  situación  jurídica  del  procesado  Cantalicio  Cárdenas  Calderón,  como  en  la resolución acusatoria proferida en su contra, no se le  formuló  como  específico  cargo al acusado el de un concurso delictual en los  términos  del  artículo  26  del Código Penal; omisión que no propició a la  defensa  ocuparse  en desvirtuar su existencia o “establecer si se trataba de un  concurso  continuado  u  homogéneo”,  entendiendo  que  se  trataba  de un solo  delito,   lo   que   implicó   un   aumento   punitivo   de   varios  meses  al  justiciable.   

Y  la segunda de tales garantías procesales  fué  conculcada  porque  no  tuvieron en cuenta los falladores la modificación  introducida  por  el  artículo  8°,  numeral  2°,  de  la  ley  80 de l993 al  “paratipo  del  artículo  9-2 del Decreto 222 de l983”, en el sentido de que la  inhabilidad  para  contratar  con  las  entidades públicas “solo cobijaba a las  personas  que  tuvieran  vínculos de parentesco con los servidores públicos de  los  niveles  directivo,  asesor,  ejecutivo, o con los miembros de las juntas o  consejos  directivos, o con las personas que ejerzan el control interno o fiscal  de  la  entidad  contratante”,  calidades  que  no  ostentaban  las personas que  contrataron  con  el  Alcalde de Timaná Cantalicio Cárdenas Calderón, por ser  “parientes   de   empleados   de   menor   rango”   dentro   de   la  jerarquía  municipal.   

          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

PRIMERA.-    La impugnación por vía  excepcional  resulta  formalmente  procedente,  toda  vez que fue interpuesta en  tiempo,  por  parte  legitimada para ello, contra sentencia de segunda instancia  proferida  por  el Tribunal Superior, por delito cuya sanción máxima privativa  de  la  libertad  no  llegaba  a  seis  años  en  la  disposición penal que se  encontraba  vigente  al tiempo del hecho, anterior a mayo de 1992 (Artículo 144  del Decreto 100 de 1980 “… arresto de uno a cinco años…”).   

SEGUNDA.-  Observando  su  argumentación,  se aprecia en primer  término,  que  en  realidad  el  impugnante  no  procura  el  desarrollo  de la  jurisprudencia  en  tema  relacionado con la punición de ciertos tipos penales,  sino  más  bien  que  se  imponga  por  vía  judicial un criterio de política  criminal  (Derecho  Penal  como  ‘ultima  ratio’),  que  es  criminológicamente  plausible  pero  que  no  puede  aplicarse en contra de la ley, desconociendo la  vigencia de normas de inexcusable cumplimiento.   

Que  se  tenga  el  entendible  criterio que  conductas  como  la  ahora  analizada no deban ser reprimidas penalmente, por su  menor   grado   de   lesividad   y  resultar  inferior  el  juicio  de  desvalor  ético-social  que merecen, por lo cual pudiesen ser relegadas exclusivamente al  tratamiento  y  sanción  por  el  derecho  disciplinario, no es razón para que  entre tanto pueda dejarse de aplicar  la normatividad vigente.   

No  es real , de otra parte, que la conducta  del  agente  en  el  presente  caso, carezca de relevancia social o de lesividad  material  contra  el  objeto  jurídico de la administración pública, tutelado  por  el  tipo penal en el cual quedó subsumida la acción. Lo que el legislador  quiere  garantizar  con la punición de conductas violatorias del régimen legal  de  inhabilidades  e  incompatibilidades (Artículo 144 del Código Penal) es la  absoluta  transparencia en  el  acto  de  contratar por parte de los servidores públicos, la imparcialidad,  equidad y el buen nombre de la administración.   

La  tradicional  división  de  los  tipos  penales,  ampliamente  difundida y desarrollada por la doctrina general al punto  de  constituirse  en fundamental noción de derecho penal, no requiere en sí de  nuevos  desarrollos  jurisprudenciales  en  el  punto específico;  y no es  misterio  que  conforme  a  esa doctrina dominante, el tipo penal descrito en el  artículo   144  del  Código  Penal  como  violación  del  régimen  legal  de  inhabilidades  e incompatibilidades, es delito de mera  conducta     que    consiste    en    intervenir   en   la   tramitación,  aprobación  o  celebración  de  un  contrato  con violación de dicho régimen  legal.   

En  otras  palabras,  el  delito se consuma  con   la  sola  gestión  del servidor público a pesar de la inhabilidad o  incompatibilidad  por  él  conocida,  sin  necesidad  de que la administración  sufra   menoscabo   patrimonial  ni  que  el  funcionario  obtenga  rendimientos  específicos,  caso en el cual la conducta podría conllevar otra configuración  diferente.   

Ahora    bien,    conceptos   como   la  antijuridicidad  material  o  formal  de  la conducta y su adecuación a un tipo  penal  son  básicos  y están bien definidos jurisprudencialmente, al igual que  en  el  ámbito  doctrinal  de la teoría general del derecho penal, y cualquier  clarificación   jurispericial  que pudiere requerirse habría de surgir al  efectuar  consideraciones  dentro  de  la  casación  regular,  frente  a hechos  punibles cuya punibilidad si la admita normalmente.    

TERCERA.-     Tampoco   los   enfoques  relacionados  en  segundo  término,  por  supuesta  violación a las garantías  fundamentales  del  debido proceso, en cuanto tienen que ver con el derecho a la  defensa  y  a  la favorabilidad de la ley penal, justifican la aceptación de la  excepcional impugnación, por las siguientes breves razones:   

No   es  cierto  que  en  la  resolución  acusatoria     se     hubiese     formulado     un  único  cargo  contra  el  acusado  por  el  delito  tipificado  en el artículo 144 del Código Penal y en la sentencia impugnada se  le  hubiese  condenado  por  un  concurso de hechos punibles, pues basta leer la  misma  relación  de  los  hechos  y la parte motiva de dicho enjuiciamiento, no  protestado  por  la  defensa  (fs. 288 y ss. cdno.1), para cerciorarse de que la  acusación  se  formalizó  por  varios  hechos punibles homogéneos y sucesivos  (diferentes  contratos  celebrados  por el Alcalde con la hermana del Secretario  General  del  la Alcaldía, el padre del Recaudador y Citador Veredal y el padre  y  hermanos  del  Director de la Cárcel Municipal), de donde no resulta válida  la   manifestación   del   censor   de  haberse  desconocido  el  principio  de  concordancia entre resolución acusatoria y sentencia.   

De  otra parte, es claro que para la época  de  los  hechos  regía  sobre el particular el artículo 9.2 del Decreto 222 de  1983,  correspondiente  en  el  actual  Estatuto  General de Contratación de la  Administración  Pública  (L.  80/93) al artículo 8.2, literal b. y que aquél  extendía  la  inhabilidad,  sin  ninguna  limitación,  a  los parientes de los  empleados oficiales (hoy   

servidores   públicos)   de  la  entidad  contratante,  mientras  que éste, que empezó a regir el 28 de octubre de 1993,  la  restringió  a  las  “personas  que tengan vínculos de parentesco, hasta el  segundo  grado  de  consanguinidad,  segundo de afinidad o primero civil con los  servidores  públicos  de  los  niveles  directivo,  asesor, ejecutivo o con los  miembros  de  la  junta  o  consejo directivo, o con las personas que ejerzan el  control interno o fiscal de la entidad contratante”.   

El  recurrente estima favorable este cambio  de  legislación,  pues  “los  contratistas eran parientes de empleados de menor  rango  dentro de la escala de importancia de los empleos municipales, ninguno de  los  cuales  estaba  dentro  de  los  grados  directivos,  asesor, o ejecutivo”,  aseveración   que  además  de  resultar  contraevidente  en los casos del  Secretario  General  de  la  Alcaldía  y del Director de la Cárcel, no aparece  sustentada  objetivamente ni compagina con la finalidad que de allí se pretende  derivar:  “…  razón  también por la que se impone la declaratoria de nulidad  de  toda la actuación cumplida a partir del fallo de primera instancia, nulidad  que también cobija al de segundo grado”.   

Por  todo  lo  anterior,  la  Sala  llega  discrecionalmente  a la conclusión de que este recurso excepcional resulta vano  e inadmisible.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

        RESUELVE   

NO  ACEPTAR  el  recurso  extraordinario  de  casación  que  por  vía  excepcional interpuso el  defensor del procesado CANTALICIO CARDENAS CALDERON.   

Devuélvase  el  expediente  al  despacho  judicial de origen.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

        CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                  RICARDO            CALVETE  RANGEL          

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA             JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR    DIDIMO       PAEZ       VELANDIA           

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

     

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