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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 11583  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                          Magistrado Ponente   

                                          Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                          Aprobado por Acta No. 149   

Santafé  de  Bogotá, D.C., treinta (30) de  septiembre de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor  de  FRANCISCO  JAVIER TAMAYO GONZALEZ, contra la sentencia de  noviembre  7  de  1.995,  mediante  la  cual  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de   Medellín,  en  dos  causas  acumuladas,  condenó  a  dicho  procesado  por  los  delitos  de homicidio consumado y tentado y porte ilegal de  armas, a la pena principal de 32 años y 9 meses de prisión.   

          ANTECEDENTES   

          1.-                       En  la  noche del 19 de febrero de 1.994, Jorge  Enrique  López  Tobón  y  Diego  de  Jesús  Tamayo Cifuentes estaban sobre la  carretera  que  conduce al barrio Los Olivos del municipio antioqueño San Pedro  de  los  Milagros,  cuando  sorpresivamente  apareció  Francisco  Javier Tamayo  González  y  con  una  pistola disparó sobre aquéllos: Jorge Enrique resultó  muerto  y  Tamayo Cifuentes herido, no obstante los numerosos proyectiles que su  cuerpo recibió.   

          –  El  7  de marzo del citado año el referido Tamayo González fue  requisado  por  agentes  de  la  Policía, hallándosele en su poder una pistola  diversa    a    la    anterior,    lo    que    dió    lugar    a   una   nueva  investigación.   

          2.-  Por el primer caso la Fiscalía Unica del mencionado municipio  abrió  investigación  (fl.  28  cdno.  Nro.  1),  oyó en indagatoria a Tamayo  González  (fl.  44  dijo  estar  en  otro  sitio cuando acaecieron los hechos),  practicó  otras  pruebas,  dictó  en  su  contra  auto  de  detención, cerró  investigación  y  calificó  la misma mediante resolución de agosto 3 de 1.994  (fl.  406),  acusando  al  sindicado  por  los  delitos de homicidio consumado y  tentado  y porte ilegal de armas de defensa personal, los dos primeros agravados  por la indefensión.   

          El  defensor  del acusado apeló y dicha resolución fue confirmada  pero  sin  la  agravante  en  mención, según proveído de noviembre 29 de 1994  (fl. 450).   

          -Por  el  segundo  caso,  abierta la investigación, se practicaron  unas  pruebas,  se  oyó  en  indagatoria a Tamayo González (fl. 7 cdno. N° 2;  admitió   enteramente   el  porte  ilegal  del  arma),  se  profirió  auto  de  detención,  se  escucharon  varios  testimonios,  se cerró investigación y la  citada  Fiscalía  lo  acusó  por  porte  ilegal  de armas de defensa personal,  según resolución de septiembre 28 de 1.994 (fl. 68-2).   

          3.-  El  Juzgado  33 Penal del Circuito de Medellín acumuló tales  juicios  por  medio  de auto de diciembre 9 de 1.994 (fls. 98 y ss.-2), celebró  audiencia  pública  (fl.  528-1)  y dictó sentencia de agosto 29 de 1.995 (fl.  545),  mediante la cual, en armonía con la acusación, condenó al acusado a 32  años  y  9 meses de prisión, fallo que, apelado por el defensor del procesado,  recibió   entera  confirmación  por  medio  del  que  es  objeto  del  recurso  extraordinario (fl. 574-1).   

          La  respectiva  demanda  fue  admitida a folio 3 del cuaderno de la  Corte (art. 225 C.P.P.).   

          LA   DEMANDA   

                       “Causal  Tercera”           

          Al  amparo  de la misma (artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal),  el  censor  afirma  que se violó el debido proceso (art. 304-2 id), ya  que  el  sentenciador alude a la acumulación de dos procesos (uno por homicidio  y  porte  ilegal de armas, y otro por este último delito), pero “no aparece por  parte   alguna  la  providencia  que  decreta  la  acumulación  y  el  trámite  respectivo” (fl. 601 cdno. N° 1), y agrega:   

          “El   acto   de  acumulación  es  un  acto  estructural  que  debe  respetarse  siempre  y  por  ello  debe proferirse la respectiva diligencia. Ese  vacío  deja  sin  ningún  nexo  de consecutividad la actuación procesal y por  ello  genera  un  ostensible error de estructura que debe corregirse. En el caso  que  nos  ocupa,  no hubo un correcto trámite de la acumulación respectiva. Se  vulneraron  los  siguientes  artículos del Estatuto Procesal Penal: 91, 92, 93,  94  y  95.  El  auto  interlocutorio que decreta la acumulación, no aparece por  parte alguna” (fl. cit.).   

          Causal Primera   

          Afirma  la violación indirecta de la ley (art. 220-1, cuerpo 2°),  “por  errores  de  hecho en la apreciación de las pruebas arrimadas al proceso,  que  lo  llevaron  a  dejar de aplicar el artículo 445 del C. de P. Penal” (fl.  602  supra),  y  agrega  que  con  esa  omisión  se  aplicó  indebidamente  el  modificado artículo 323 del Código Penal.   

          Cita  apartes  del fallo impugnado sobre la certeza probatoria para  condenar a Francisco Javier Tamayo González y deduce:   

          “Como  se  vé,  el  ad  quem prohija en su integridad el dicho del  testigo  único,  incurriendo  en  un  error  de  hecho,  por  falso  juicio  de  identidad,  como  quiera  que  el  declarante,  en  el  contenido  mismo  de  su  exposición,  genera  profunda desconfianza, ora por que quiso mentir, ya porque  se  hubiese equivocado al apreciar los hechos. Diego Tamayo Cifuentes (Folios 16  y  174  fte.),  narra  en  sus  dos  exposiciones  juradas  un  hecho totalmente  equivocado, que reitera en dos fechas diferentes” (fl. 603)   

         Más adelante dice:   

          “Obsérvese que el ad quem, otorga plena  credibilidad  al  deponente,  sin  embargo  no analiza el contenido mismo de sus  afirmaciones  en  las distintas actuaciones procesales. El sentenciador no tiene  en  cuenta las contradicciones de su dicho en cuanto a la fecha de ocurrencia de  los  hechos  con  la  fecha  real del suceso sangriento. El testigo dice que fue  herido   el  19  de  marzo  y  el  proceso  pregona  una  fecha  distinta”  (fl.  604).                    

          Alega  que  no  se  tuvo  en  cuenta que el declarante Diego Tamayo  “unas  veces  dice  que  el autor del hecho sangriento fue Colicho y otras veces  dice  que  fue  Cholito” (fl. 605 supra), y añade que “la forma equivocada como  el  testigo  alude  a  la  fecha  de  su lesionamiento y la cita que hace de dos  personas  distintas  Colicho  y Cholito, hace que su dicho genere desconfianza y  pierda credibilidad” (fl. cit. infra.).   

          Echa   de   menos  el  casacionista  la  respectiva  diligencia  de  reconocimiento   en   fila  de  personas y vuelve a criticar  el testimonio del   

mencionado  Diego  Tamayo  Cifuentes, quien  -dice  el  censor-  “se  equivoca  atinente  a  la  fecha de su lesionamiento” e  incurre   en  otras  impresiones  y  contradicciones  (fl.  606).  “Como  se  ve  -prosigue-,  el ad quem incurrió en ostensible error de hecho, por falso juicio  de   identidad,  al  no  analizar  con  cuidado  el  contenido  material  de  la  exposición  jurada  de Diego Tamayo Cifuentes” (fl. 607 supra), falso juicio de  identidad  que  también  considera  cometido  por  el  Tribunal “al desechar la  diligencia  de  indagatoria  del  acusado”  (fl.  cit.  infra.),  la cual estima  creíble.   

         Pide,  pues,  casar el fallo y decretar la nulidad “a partir de la  ejecutoria   de  la  resolución  acusatoria”  (fl.  608)  y,  subsidiariamente,  proferir  “una  sentencia  absolutoria  por  los  delitos de homicidio tentado y  consumado  y  por  el  porte  ilegal  de  arma  de  defensa personal” (fl. 609).   

        CONCEPTO DE LA PROCURADURIA   

                   “Nulidad”   

         “El  señor  Procurador  Primero  Delegado  en  lo  Penal  dice al  respecto  (fl.  10)  que  “sí  se profirió la resolución que echa de menos el  casacionista”,  es  decir  la  que  ordenó  la acumulación de las causas. Cita  parte   de   esa   decisión  y  concluye  que  “la  nulidad  propuesta  resulta  inadmisible” (fl. 11).   

         Causal Primera.   

         Considera  que  los  argumentos  de la demanda “son la réplica de  los  fundamentos  de  inconformidad  con  las instancias y que en su oportunidad  fueron  despachados  desfavorablemente por los juzgadores de instancia, en forma  acertada”  (fl.  12), y agrega que, en fin, el censor lo que hace es mostrar “la  inconformidad  de  su  criterio personal con el del juzgador, convirtiendo estos  reproches en un alegato de instancia” (fl. 14 supra.).   

         Recuerda  el sistema de la sana crítica para la evaluación de la  prueba  y  que, en consecuencia, el libelista tenía “la obligación de precisar  de  qué  manera  la valoración hecha por el juzgador se apartó de la lógica,  la experiencia o la ciencia” (fl. cit.).   

         Y añade al mismo folio:   

         “Son  ciertas,  las imprecisiones e incluso contradicciones en que  incurre  el  perjudicado,  pero  también  es verdad, que de sus manifestaciones  analizadas  en  conjunto  con  demás  elementos  de  juicio de que da cuenta el  proceso,  se  infiere  que  sus dichos son valederos sobre la real ocurrencia de  los  hechos  y  demostrativos  de la culpabilidad en cabeza del aquí procesado.  Por  consiguiente,  que  el  juzgador  de  segundo  grado  haya  otorgado  plena  credibilidad  a  las  manifestaciones  del  perjudicado,  como  a  los  indicios  concordantes  y  convergentes  que  incriminan  al  acusado,  hacen  parte de la  íntima  convicción del juzgador y como quiera que no se advierte, que el mismo  haya  transgredido  la  Constitución,  la  Ley,  o  los  principios  de la sana  crítica  en su análisis y valoración, sus criterios resultan inamovibles y su  decisión  acertada, máxime que como es sabido, tal resolución viene precedida  de  la doble presunción de legalidad y acierto. En consecuencia, las pruebas de  descargo,       fueron       descartadas      en      forma      razonada      y  lógica.”       

         Analiza  el  testimonio  de  Diego  Tamayo  Cifuentes  y anota que  “precisamente  por  ser  el  fallo  fruto  de  análisis  conjunto de los medios  probatorios,  lo que se observa en él es la atención del juzgador tanto de las  intervenciones  procesales  de  Diego  Tamayo Cifuentes (lesionado), como de los  policiales  que  conocieron  del caso, y demás personas que de una u otra forma  tuvieron   conocimiento   de   los   hechos,   así,   como   de   los  indicios  incriminatorios,  aspecto  complejo  que la demanda irremediablemente desestima,  porque  tratándose  de  la  violación  indirecta de la Ley no basta con acusar  parcialmente  una o algunas de las pruebas del proceso, sino todas y cada una de  aquellas  sobre  las  cuales  reposa  la  decisión del fallo que se ataca” (fl.  17.).   

         Solicita entonces no casar el fallo impugnado.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

          Primero cargo: nulidad.   

         Es   ostensible   la   no   prosperidad   del   mismo,  ya  que  la  afirmación  sobre  el  cual  se  erige  (que no se  profirió  auto  acumulando  las dos causas), no corresponde a la verdad, puesto  que  el  citado  proveído aparece a folios 98 y siguientes del cuaderno número  2;  y  mediante éste el Juzgado 33 Penal del Circuito de Medellín acumuló los  dos  procesos  que,  por los delitos antes citados, se adelantaban contra Tamayo  González,  los  cuales prosiguieron desde allí de manera unificada como dentro  de la ley correspondía.    

         Tal    equivocación    del   censor   resulta   curiosa,   porque  inmediatamente  decidida la acumulación, aquél se posesionó como defensor del  acusado    (fl.    110    cdno.    N°   2),   lo   que   no   excusa    su  ignorancia.   

         Segundo cargo: violación indirecta   

         1.-  El  censor  no  demuestra, ni de lejos, el error de hecho que  aduce  con  respecto al testimonio de Diego de Jesús Tamayo Cifuentes, sino que  se  dedica  a  oponer  su  criterio  de  parte  interesada  (como  defensor  del  condenado)  frente al que expuso el Tribunal con fundamento en la sana crítica,  como lo dice expresamente a folio 549.   

         Ya  a  los  ataques  que  el  defensor  hizo  a  esa  declaración  (los  mismos  que  vuelve  a  hacer  en  esta  sede  extraordinaria),  el juzgador había respondido: “Es  que  la crítica del letrado al testigo está montada más sobre inconsistencias  insubstanciales   del   deponente  que  en  contradicciones  inconciliables  que  alcancen  a  lastimar  lo  esencial  de  su  relato  y la verdad real…”.    

         Y  sobre  tal testimonio dijo que “pero aún presagiando la muerte  cuando  era  atendido en el centro hospitalario, el moribundo nunca desistió en  el  señalamiento  del  homicida, a pesar de sus consecuencias, como lo ratifica  juradamente  el portero del Hospital de San Pedro, Víctor Manuel Múnera Peña,  en  el  momento  que  le  prestaron  los  primeros auxilios, y las respuestas al  uniformado que estuvo allí. (fl. 553), y agregó:   

         “No  miente  Diego Tamayo, cuando pormenoriza bajo la gravedad del  juramento    las    circunstancias   modales   antecedentes,   concomitantes   y  subsiguientes  al insuceso fatídico, por cuanto a muchas personas les ratificó  con  seguridad  acerca  de los autores, los cuales soportan la tarifa de la sana  crítica  de que hablan de la verdad y en consecuencia, si no existía enemistad  o  malquerencia  como  lo  anota  el  togado,  con  mayor razón, tienen soporte  jurídico  los  cargos  sostenidos  a este momento procesal, que son suficientes  para  la  certeza  legal  y  convencer  al fallador como se ha explicado, de que  Francisco Javier, es el autor o responsable”.   

   

         Completa  ese análisis probatorio con el referido a la prueba que  apoya el dicho mencionado testigo (fl. 554).   

         Y  al  respecto  el fallo recurrido en casación dice que “tenemos  que  basamentar  la decisión en las detalladas exposiciones que realiza ante la  judicatura  el lesionado Tamayo Cifuentes  (fls  16  a  24,  174  y 373), acusando sin dubitación alguna a  TAMAYO  GONZALEZ  como el autor único y directo de la muerte de López Tobón y  el  lesionamiento” (fl. 582 infra)  añadiendo más adelante: “Para la Sala  Diego  de  Jesús  no  miente ni sus declaraciones resultan controvertibles a la  luz  de  nuestro  sistema  probatorio,  porque  informa  el convencimiento de la  judicatura  sobre la responsabilidad del acusado, ya que es ponderado, razonado,  coherente  y sin vacilaciones, confusiones o contradicciones en la acusación, y  por  tanto  suficiente  para  informar  el  convencimiento del juzgador sobre la  responsabilidad del justiciable” (fl. 583).   

         Quizás  por  ser el casacionista el mismo defensor del acusado, a  partir  del juicio, alega aquí como si se tratara de  una  instancia  más,  olvidando  que  la  sentencia  combatida  está amparada por la doble presunción de legalidad y acierto, y que  de  cargo  suyo era derrumbar dicha presunción demostrando que el fallo atacado  incurre  en  protuberantes  errores  fácticos  o  jurídicos  que  imponen como  corolario su casación o ruptura.   

         2.-  Dice  el  casacionista  que  el fallo “no tiene en cuenta” la  indagatoria  del  procesado,  cuando  lo  cierto  es que le dedica espacio a esa  prueba,  para  concluir  que no merece credibilidad (fls. 554 infra y ss). Aquí  de  nuevo  el  actor  enfrenta  su  criterio al que el sentenciador expuso en la  valoración de dicha indagatoria.   

         3.-  Reproche  semejante  le  hace a la sentencia en el sentido de  que  no  consideró las declaraciones que favorecían al acusado, pero a éstas,  rendidas    por    familiares    y    amigos    de   aquél,   el   Tribunal    también    les    restó    credibilidad. Dijo al respecto:   

         “Es  que si miramos con detenimiento las deponencias de Ana Judith  González  Peña  (fls. 82 a 87), Jorge Orlando Tamayo González (fls. 92 y 93),  Reinaldo  de  Jesús  Zuluaga  Tamayo  (fls.  98  a  100),  Carlos Arturo Tamayo  González  (fls.  112) y Francisco Luis Tamayo González (fls. 113 a 119), todos  familiares  del  sindicado  porque Reinaldo de Jesús afirma, ser primo hermano,  nos  damos  cuenta  que  apuntan  a  un solo cometido y es el de tratar de hacer  aparecer  en  la  finca  al procesado la noche de los hechos, sin que en momento  alguno  se  ausentara  del  fundo.  Si  no  existiera  la  acusación coherente,  circunstanciada  y  determinante  en  el  señalamiento por parte del lesionado,  simplemente  deberíamos  creer  la  disculpa  del  indiciado coadyuvada por los  integrantes  de  su  familia.  Y también jugaría esta última situación en el  evento  de  que fuese un rumor, una sospecha o cualquiera otra circunstancia que  no  tuviera  la  categoría  de  indicio  necesario  múltiple,  para aceptar la  disculpa  del  indagado.  Pero  en las condiciones que presenta el procesamiento  resulta imposible darle crédito” (fls. 581 infra y 582).   

             

         Así   las  cosas,  concluyó  el  sentenciador  de  primer  grado  (consideraciones que hace suyas el atacado en casación).   

         “En  consecuencia,  Francisco Javier Tamayo González es el único  autor  o  responsable  de los ilícitos que motivaron la acusación por parte de  la  Fiscalía,  pues  tiene  suficiente crédito la incriminación efectuada por  Diego,  cuando  vio la forma como le daba muerte a su compañero Jorge Enrique y  posteriormente  a  éste  quien logró sobrevivir a pesar de haberse enredado en  un  alambrado  y lo ratifica con suficiente entereza juradamente, pues le hacía  compañía a Jorge en el momento sangriento”   

         4.-  En  cuanto el reconocimiento en fila de personas que también  echa  de  menos  el  actor,  se le debe recordar al mismo que cuando se alega en  casación  la  no práctica de pruebas, impera la invocación de la causal 3a. y  no  de  la  1a.  por  referir  a  un  vicio  de  actividad, pero además se debe  demostrar  la  incidencia  de  la  omisión  frente  a  la  parte  resolutiva  del fallo atacado, es decir,  demostrar  que  en  el  evento  de  haberse  practicado,  dicha parte conclusiva  habría  sido  la  opuesta,  o al menos diferente en pro del sujeto procesal que  represente el demandante.   

         Tal  cosa  no la cumple aquí el censor, como tampoco -como anotó  la      Delegada-      se      refiere     al     examen     de     todo    el    material    probatorio  considerado  por  el  sentenciador  para  arribar  a  la  decisión que combate.  Estos  ataques  parcelados,  pues, se tornan de suyo  inidóneos para los fines que persigue el casacionista.   

         5.-  Las  referencias  y  citas  que  de la sentencia impugnada se  acaban  de  hacer,  demuestran,  de  suyo,  que  las  alegaciones  del libelista  no  tienen asidero alguno  y  que,  por  lo mismo, están abocadas al fracaso, como sucede, además, con la  intrascendencia  de  las  posibles  inexactitudes  del  testigo Tamayo Cifuentes  frente   a   un   apodo   o   a   una   fecha   que  por  otros  medios  resulta  inequívoca.   

         Reitérase  que  no  demostró  el  censor que, en el visto examen  probatorio,  se haya desconocido la lógica, se haya distorsionado materialmente  la  prueba  o que, en fin, en esa tarea jurídica se haya impuesto el capricho o  la arbitrariedad del fallador sobre la realidad procesal.   

         La  demanda,  entonces,  no  prospera  y  el  fallo no se casará.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la   Corte  Supre­ma  de Justicia en Sala de Casación  Penal,    de   acuerdo   con   el   Ministerio   Público,   adminis­trando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

         NO   CASAR  la  sentencia  recurrida.   

         En  firme  esta providencia, devuélvase el expediente al Tribunal  de origen.   

Cópiese    y    cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE  ENRIQUE  CORDOBA  POVEDA             

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE                                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                       

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                                                                CARLOS    E.   MEJIA  ESCOBAR                       

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                           NILSON  ELIAS  PINILLA  PINILLA           

                                

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

           

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