11582i

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 11582  

         CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                           Magistrado Ponente   

                                                                    DR.   EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO   

                                                                 Aprobado   por  Acta  No.  103   

Santafé  de  Bogotá, D.C., catorce (14) de  julio de mil novecientos noventa y nueve (1999)   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor  de  HECTOR  EVELIO  MONTOYA  MONCADA,  contra la sentencia de  noviembre  1º  de  1995,  mediante  la  cual  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Antioquia condenó a dicho procesado a la pena de 27 años 6 meses  de  prisión  por  los  delitos  de homicidio y porte ilegal de armas de defensa  personal.   

          ANTECEDENTES   

          1.-                       Los hechos que dieron origen a los dos procesos  que posteriormente se acumularon, los narra así el Tribunal:   

         “De  autos  se  desprende, que el día doce de julio de 1992, a eso  de  las  doce  y treinta del día (domingo para más señas) partieron en un bus  de  servicio  público  los  jóvenes  JHON JAIRO BEDOYA OSORIO y JAIRO DE JESUS  RODRIGUEZ  VASCO, en compañía de HECTOR EVELIO MONTOYA MONCADA, del poblado de  Andes  con  destino  al  vecino  municipio  de  Heliconia,  con  el  señuelo de  imponerse  el segundo de un trabajo que debería realizar a la jornada siguiente  en  la  última localidad. Como quiera que los primeros no arribaron a su ciudad  natal,  en  las  horas  de la tarde ni de la noche, como sí lo hizo el último,  sus  parientes se inquietaron y fue así como iniciaron las gestiones tendientes  a indagar por la suerte de los desaparecidos.   

         Efectivamente,  al  día  siguiente,  JHON FREDY RODRIGUEZ VASCO se  trasladó  al  municipio  en comento, y visitó aquellas Entidades en las cuales  podría  obtener alguna razón de su colateral y de su amigo, y fue precisamente  él  quien  descubrió  en  la  morgue  del  hospital  los  cuerpos  sin vida de  RODRIGUEZ  VASCO y BEDOYA OSORIO, los que presentaban plurales lesiones causadas  con  arma  de  fuego,  y  a quienes próximamente iba a prodigárseles cristiana  sepultura, ante el desconocimiento de su identidad.   

         Se  iniciaron  las pesquisas tendientes al descubrimiento del autor  o  autores  de  tan  excecrables  hechos, y no fue difícil barruntar que uno de  ellos  indefectiblemente  había  sido  HECTOR  EVELIO  MONTOYA MONCADA, última  persona que fue vista en compañía de los sacrificados.   

         El  día 24 de Septiembre de 1.993, en el establecimiento comercial  conocido  con  la  razón social “Unicornio”, HECTOR EVELIO golpeó en su rostro  con  un revólver, marca “Llama”, de su propiedad y cuyo salvoconducto ya había  fenecido,  a  la  dama  GLORIA  SUAREZ  AGUILAR;  por  lo que no empece a que se  refugió  en la casa de su compañera de aquel entonces, ante la delación de la  víctima,  se le privó de su locomoción, incautándosele el artefacto letal en  cuestión  que  portaba en su cinto. Fue así como se iniciaron ambas encuestas,  que   posteriormente  fueron  acumuladas  en  cumplimiento  de  claros  mandatos  legales” (fls. 612 6 613).   

          2.-  Por  los referidos homicidios la Fiscalía Unica del municipio  de  Andes  abrió  investigación (fl. 51) e indagó al imputado (fl. 57), quien  se  sostuvo  enteramente  inocente  e incluso afirmó que para el momento de los  mismos se encontraba en sitio diferente.   

          –  Decidida  su detención preventiva (fl. 68) se practicaron otras  pruebas,  y cerrada la investigación se calificó mediante resolución de julio  14  de  1.994  (fl.  251),  acusando  a  Montoya  Moncada por el delito de doble  homicidio  agravado  por  motivos fútiles e indefensión de las víctimas (art.  324-4 y 7 C.P.).   

          3.-  Por  el  también  narrado  porte  ilegal  de  armas se abrió  investigación  (fl.  338), se escuchó en injurada al imputado quien afirmó en  ella   falta  de  dolo,  y  decidida  su  detención  preventiva  (fl.  364)  se  practicaron  algunas  pruebas  más, cerrándose la investigación y dictándose  en  julio  9  de  1.994  resolución acusatoria por el delito de porte ilegal de  armas  de  defensa  personal,  de  conformidad  con  el  decreto  3664 de 1.986,  adoptado como norma permanente por el decreto 2266 de 1.991.   

          4.-  El  Juzgado Segundo Penal del Circuito acumuló las dos causas  (fl.  333),  celebró audiencia pública (fls. 559 a 573) y, en armonía con las  acusaciones  dictó  el 19 de mayo de 1.995 la respectiva sentencia, mediante la  cual  condenó  al acusado a 27 años y 6 meses de prisión; es de anotar que en  dicho  fallo  no  se  le  reprochó  a  Montoya  Moncada haber obrado con motivo  fútil, mas sí la agravante de la indefensión.   

          Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del acusado, el Tribunal por  medio  del  que  ahora  se recurre en casación, le impartió confirmación (fl.  602).   

                     LA   DEMANDA   

          Al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación  prevista  en el  artículo  220-3 del Código de Procedimiento Penal el actor hace los siguientes  reparos al fallo acusado:   

          1.-  En la indagatoria y en la ampliación de la misma el procesado  no  estuvo  asistido  por  un  abogado, siendo que en el municipio de Andes, por  aquél  tiempo  se  encontraban radicados dos abogados que cita la demanda, “sin  que  exista  constancia de habérseles requerido para que asistieran al indagado  en  las anteriores diligencias”. (fl. 671). La misma falencia se presentó en la  injurada del proceso por porte ilegal de armas.   

          2.-  En  el  proceso por homicidio careció el procesado de defensa  técnica,  ya  que  el  abogado  nombrado  luego de la indagatoria “no intervino  absolutamente en nada” (fl. 672).   

         3.-  Esa  ausencia de defensa se presenta también en la prueba de  balística,  ya  que cuando el abogado de oficio se posesionó, ya la experticia  se encontraba en firme.   

         Concluye,  pues,  en  que  se  violaron  “el  debido  proceso y el  derecho  a  la  defensa”  y pide que previa casación del fallo, se decrete la  nulidad   de   lo   actuado   desde   el   auto  de  cierre  de  investigación.  (fl.673).   

                   CONCEPTO  DE LA PROCURADURIA   

                    

         El  señor  Procurador Segundo Delegado en lo Penal dice en primer  término  que  la  nulidad argüida se encuentra antitécnicamente planteada, ya  que  no  se  demuestra  qué  incidencia  tuvieron las irregularidades que se le  enrostran  al  proceso,  citando  una  decisión de esta Sala sobre la manera de  alegar esta causal (fl. 8 concepto).   

         Sobre  la  falta  de  defensa  la Delegada opina análoga falta de  sustentación,  ya  que  “el libelista debía mostrar qué ejercicios jurídicos  en  favor  del  procesado  hubiera  podido desarrollar el abogado defensor, como  solicitar  pruebas,  controvertir  las  decisiones de fondo, presentar alegatos,  plantear   nulidades,   indicar   opciones   legales,  entre  otros”  (fl.  10).   

         No  obstante  concluir  que  como  el  censor no demostró nada de  ello,  su  demanda  es  insuficiente  para  fundamentar la nulidad solicitada, a  renglón  seguido  sostiene  que  el  cargo  está llamado a la prosperidad (fl.  10).   

         Así  lo  solicita  oficiosamente y con fundamento en el artículo  29  de  la Carta Política, proponiendo que la nulidad sea decretada a partir de  la  diligencia  de  indagatoria  realizada  el  11 de febrero de 1.994 -fl. 57-,  declarando  ineficaz  la indagatoria del 27 de septiembre de 1.993 -fl. 344-“…  teniendo  en  cuenta que efectivamente se ha vulnerado el derecho de defensa del  procesado” (fl. cit.).   

         Coincide  en  que al procesado se le nombró en la indagatoria una  persona  no  abogada,  “sin  especificar más datos que su nombre y documento de  identidad,   con   lo   cual   no   se  puede  establecer  si  cumplía  con  el  condicionamiento  del  artículo  148 del C.P.P.” (fl. 11), norma ésta que para  entonces  no  había  sido declarada inconstitucional, pero que de todas maneras  se  condicionaba a que no hubiere abogado que prestara dicha asistencia, lo cual  aquí  no  ocurrió,  como informó la Fiscalía a folio 509, al precisar que en  dicho  municipio  se  encuentran radicados por lo menos cinco (5) profesionales”  (fl. 12).   

         Además,   en  la  instrucción  del  proceso  por  el  delito  de  homicidio,  el  acusado  no  tuvo  defensa  técnica,  la cual “supone el manejo  efectivo  de conocimientos jurídicos, aptitudes de las que por regla general no  goza el imputado” (fl. 13).   

         En  seguida  se  refiere  a las tesis sobre la coexistencia de las  defensas  material  y  técnica  en la etapa instructiva y cita una decisión de  esta  Sala  (fl.  14)  para  insistir  en  la  palmaria “ausencia de dialéctica  jurídica  penal  en  la  fase  de  la  investigación”  (fl. 15 supra), y luego  retomar   el  tema  de  la  falta  de  defensor  abogado  en  la  diligencia  de  indagatoria,  con  cita  extensa  de  una  sentencia  de casación de mayo 19 de  1.995.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         1.-  Por  ausencia  de  abogado  en la  indagatoria   

         Es  cierto que en la indagatoria rendida por el procesado el 11 de  febrero  de  1.994  ante  la  Fiscalía  Unica  de Andes (Antioquía), y dada su  manifestación  de  que no disponía de un abogado que lo asistiera en ella (fl.  57),  se  procedió a nombrarle al señor Agustín de Jesús Cortés Flórez, lo  que  se  repitió en la ampliación de esa diligencia (fl. 149) en la que actuó  el señor Luis Aníbal Restrepo.   

         Sin  embargo,  el artículo 148 del Código de Procedimiento Penal  (Dto.  2700/91),  autorizaba  al respectivo funcionario a designarle al imputado  “cualquier  ciudadano honorable siempre que no sea servidor público”, cuando no  hubiere  abogado  inscrito  para  tal  efecto,  siendo  de anotar que en el caso  presente  el  Fiscal  no  dijo expresamente que hacía la designación porque no  había  sido  posible  la colaboración de un abogado, pero ello se desprende de  las  dificultades surgidas cuando más tarde se procuró restablecer un defensor  letrado  al procesado, encontrándose la Fiscalía con que 4 abogados (fls.197 a  209)  se  negaron  a aceptar por el cúmulo de defensas oficiosas que atendían,  por   lo  que  hubo  de  recurrirse  a  la  defensoría  pública  -folio  209-.   

         Lo  anterior  no  obstó  para que luego de rendida la injurada el  procesado  designara  un  defensor de confianza -folio 60- quien se posesionó y  notificó  de  la  medida  de  aseguramiento,  y  a  quien  se  desplazó con la  designación  del defensor público, luego que en ampliación de su injurada, el  procesado dijese que no tenía abogado para nombrar.   

         Desde  ese  punto  de  vista  resulta  demostrado  que  sí había  abogados  en  el  municipio de Andes, mas ello, de suyo, no acredita que para el  momento  de  la  indagatoria y de su ampliación, efectivamente estuviera alguno  de ellos disponible.   

         Sumado  a ello se tiene que solo a partir de la sentencia del 8 de  febrero  de  1996 declaró la Corte Constitucional inexequible el inciso 1° del  artículo  148 del C de P.P., la que autorizaba la recepción de indagatoria sin  abogado,  o  sin  persona  habilitada  para hacerlo, cuando no se contara con un  profesional  disponible  mientras  que  aquí  las  injuradas  se cumplieron con  anterioridad,  por lo que conviene recordar que los fallos de inexequibilidad no  tienen  efectos  retroactivos,  y  dejan  por  tanto  incólumes las actuaciones  cumplidas  de  conformidad  con  la  normatividad  coetánea  con  el acto, como  justamente ocurrió.   

         Como  en  el caso presente se acredita que luego de la injurada el  procesado  designó  su abogado y que pese a las dificultades surgidas luego, se  le  designó de oficio defensor al procesado y con él prosiguió la actuación,  es  claro  que  su  defensa  sí  se  garantizó  y  por  lo  mismo  el cargo no  prospera.   

         2.-     La    falta    de    defensa  técnica   

         –  A  este  respecto  precisa  insistir en que a los tres días de  rendida  la  indagatoria, el procesado designó apoderado, quien tomó posesión  de  su  encargo  (fl. 60 vto.) y  se notificó del auto de detención, así  hubiese  sido  el procesado quien por su iniciativa lo apeló, decisión que fue  confirmada (fl. 132).   

         Luego  de  que  el  procesado  manifestara que estaba sin defensor  (ampliación  de  injurada),   4  abogados  se  excusaron  de  apoderar  al  sindicado  por  tener  vigentes otras defensas oficiosas (fls. 199 y ss.) por lo  que  finalmente  un  defensor  público  asumió  la  representación de Montoya  Moncada  (fl.  209), pidió copias y solicitó su libertad, la cual se concedió  por   vencimiento  del  término  para  calificar  la  instrucción  (fl.  217).   

         –  Cerrada  la  investigación  (fl. 234), el implicado nombró de  nuevo  al  primer  defensor  de confianza que lo había apoderado doctor Herrera  García  (fl. 241), quien procedió a solicitar la práctica de algunas pruebas,  pero estas fueron desestimadas por extemporáneas (fl. 244).   

         Así  las cosas, en julio 14 de 1.994 se calificó el sumario (fl.  251),  providencia  que  se  notificó  al  defensor  (fl.  269),  quien  no  la  recurrió.   

         Recapturado   el   procesado,   su  abogado  pidió  y  obtuvo  la  devolución  de  la caución (fl. 277), y ante el Juzgado 2° Penal del Circuito  de   Andes, solicitó la nulidad por violación al derecho de defensa, bajo  el  supuesto  de  que  las  pruebas  debieron  practicarse  previa  citación al  defensor  (fl.  279),  petición  que  le fue negada (fl. 288), siendo objeto de  apelación  por  el peticionario, y de confirmación por parte del Tribunal (fl.  269).  De  ahí  en  adelante,  en  todo el juicio persistió la representación  profesional  del  procesado  e  incluso  su  mismo  defensor es quien recurre en  casación (fl. 653).   

         Por  lo  demás,  el  tema de la defensa técnica venía siendo ya  objeto  de  debate en la instancia, por lo que en el fallo del juzgado se dijo a  ese respecto lo que sigue:   

        “Antes  que  todo,  y  con relación a la nulidad predicada por el  defensor  del  procesado  en  el  proceso  tramitado en virtud de los homicidios  cometidos  en  contra  de  las  personas  ya  nombradas, ya ello fue debidamente  debatido,  clarificado y resuelto en el decurso de la etapa del juicio, tanto en  primera   como  en  segunda  instancia,  resaltándose  en  ésta,  que  “en  la  tramitación  de  la  fase  de  la investigación no se atentó contra el debido  proceso;  a  contrario  sensu,  se  reitera,  se  rodeó de todas las garantías  procesales  al  justiciable,  como  se  viene  de demostrar; y no se cercenó el  derecho   de   defensa   al   vinculado   a   la   encuesta,   por  las  razones  puntualizadas..(fl.325)”.   

             

         Y  en  el fallo ahora recurrido en casación se ratificaron dichas  consideraciones (fls. 614 y 615):   

        “Por  lo  anterior,  por  cuanto  el procesado MONTOYA MONCADA, no  solamente  fue  asistido  técnicamente por un defensor de su confianza, que él  mismo  nombró,  sino  que  además,  en  forma personal y directa, enfrentó el  mismo  su  defensa  material;  demandando  la  práctica  de  pruebas, que en su  oportunidad  decretó  la  Fiscalía Seccional competente; igualmente, solicitó  ampliación  del  dictamen  de  balístico; deprecación que también halló eco  positivo  en  la  mentada  Entidad,  pidió  su  libertad  y también lo hizo su  acudiente  legal  de  aquel  entonces;  pedimento que fue acogido en su momento.   

        Y  la  situación traída a cuento por el inconforme también como  soporte  de  su  solicitud  de  nulidad,  consistente  en  que  el  defensor que  representaba  a  su  asistido,  previamente  al cierre investigativo, no allegó  alegato  alguno  en  este  momento  procesal, no entraña causal de nulidad; por  cuanto  el  silencio  del Defensor, como lo ha estimado nuestro Máximo Tribunal  de  Justicia, en veces, es utilizado por el mismo como una estrategia defensiva.   

        Cierto  es, que su inicial defensor contractual (el actual, aclara  la  Sala),  renunció  al  poder  algunos  días  después  de  haber asumido el  mandato;  pero  también  lo  es,  que  posteriormente se le reemplazó por otro  profesional   en  las  Disciplinas  Jurídicas,  integrante  de  la  Defensoría  Pública,  también  previo  poder  del  imputado;  para finalmente reasumir sus  funciones  el censor. Entonces, nuevamente, reitera esta Sala, no tienen sentido  las  glosas del Abogado apelante en tal sentido, y de contera no está llamada a  prosperar  la  nulidad  que  demanda;  porque,  se  repite,  se  respetaron a su  poderdante  HECTOR  EVELIO  las garantías procesales, tal como se puntualizo en  el  proveído  a  que  se ha hecho alusión y al cual se remite la Corporación,  para  no incurrir en repeticiones innecesarias. (Ver fls. 296 fte. a 309 idem)”.   

         Las  decisiones  que  se  acaban  de transcribir ratificaron, a su  vez,  las  consideraciones  que había hecho el Juzgado al resolver la solicitud  de  nulidad  que,  por  las  mismas  razones  había  hecho  el  defensor apenas  comenzada la etapa del juicio (fls. 289 y 290).   

         La   Sala   encuentra  que  las  motivaciones  de  las  instancias  consultan  rigurosamente la realidad procesal ya resumida en lo pertinente, como  que  varios  testigos  declararon  haber visto al procesado en compañía de las  víctimas  cuando  éstas  y  aquél  partieron  juntos;  se  sabe  que momentos  después  se  cometieron  los  referidos hechos punibles. Además, éstos fueron  cometidos  utilizando  un revólver de las características del que el procesado  tenía  y,  por  si  lo anterior no bastara, éste, horas después de consumados  los  homicidios,  fue  visto  por  la  testigo Albertina Osorio cuando se hacía  lustrar  sus  zapatos, los cuales mostraban “goteras de sangre” (fl. 47), prueba  que consideró vital el sentenciador a folio 584.   

         Mucho  han repetido jurisprudencia y doctrina que  en el caso  de  la  falta  de  defensa  técnica  impera  demostrar,  así sea sumariamente,  qué  efectos  en favor del procesado habría tenido  la actividad defensiva que se echa de menos.   

         Ahora   bien:   la  no  iterposición  de  recursos,  de  suyo  no  entraña  un abandono al  procesado,  pues  según  el  leal  saber  y entender de su defensor tal actitud  puede  ser  la que incluso le convenga más a su defendido, de cara sobre todo a  una   pronta   y  cumplida  administración  de  justicia,  en  la  cual  están  comprometidos todos los sujetos procesales.   

            

         –    Así    pues    que   el   sólo  hecho  de  la  pasividad  ocasional  del defensor no  puede  traducirse  ni  interpretarse  inexorablemente  como  una  violación  al  derecho  de  defensa,  por  lo  que obliga al censor a cotejar dicha inactividad  con    la    realidad  procesal   concreta   que   se   encara,       para       luego       extraer       su       incidencia   en   detrimento   de  la  situación  del  procesado,  con mayor razón si es corriente que el funcionario  (fiscal  o  juez) haya sido tan acucioso en averiguar lo favorable y lo adverso,  que  logre  una claridad y precisión procesales, con tal despliegue inquisitivo  que, colme toda expectativa probatoria.   

– En el presente caso fiscal y juez fueron  diligentes  en  el  acopio  de  numerosas  y pertinentes pruebas y, frente a esa  actividad,    la    del    respectivo   defensor   prácticamente   devenía  redundante.  Además  es  de  tener  presente,  que  por  el  tiempo  transcurrido  en  conseguirle abogado al  procesado,  la  Fiscalía  se  vio en la necesidad de liberarle provisionalmente  por   vencimiento   de  términos  sin  calificación  del  sumario  (fl.  217).   

         Así  las  cosas,  ni el censor demuestra ni la Sala encuentra que  en  la  pasividad  del defensor de oficio durante la etapa instructiva, surgiere  un  desamparo  o desfavorecimiento irremediable para el procesado, por lo que el  cargo propuesto no prospera.   

         

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la   Corte  Supre­ma  de Justicia en Sala de Casación  Penal,   en   desacuerdo  con  el  Ministerio  Público,  y  adminis­trando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

         

        RESUELVE   

         NO CASAR la sentencia recurrida.   

         En  firme  esta providencia, devuélvase el expediente al Tribunal  de origen.   

Cópiese y cúmplase.  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE      CORDOBA      POVEDA                                           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                        EDGAR     LOMBANA     TRUJILLO                                           

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                        CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                              

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                                    

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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