11449e

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 11449  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                      Aprobado Acta No.056   

                                                       Santafé de Bogotá, D.C., abril veinte  (20) de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

Decide  la  Corte  el  recurso  de casación  interpuesto  contra  la  sentencia  dictada  el  29 de septiembre de 1995 por el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Santafé de Bogotá, en la cual se  condena  a  JESUS  FABIAN ROJAS BOHORQUEZ  a  la  pena  principal  de cuarenta y ocho años de prisión como  autor  responsable  de  los  delitos  consumados  de  homicidio  en José  Eduardo  Merchán   Castiblanco y Martha Lucía Klinger  Rodríguez,  tentativa  de  homicidio en Eduardo  Merchán  García y porte ilegal  de arma de fuego de defensa personal.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

En  horas  de  la noche del 15 de octubre de  1993  hallándose  de  franquicia,  después de departir con dos soldados amigos  suyos  y  tres  mujeres  ingiriendo  licor en la casa de lenocinio situada en la  carrera  61  No.  8-A-85  de  esta  ciudad capital de la República, el entonces  Subteniente  del Ejército Nacional JESUS FABIAN   BOHORQUEZ,  hizo  uso de un arma de fuego que portaba  disparando   contra   varias   personas   que   como  él,  se  hallaban  en  el  establecimiento  dando  muerte  a  la  meretriz   Lucía   Klinger   y  al  administrador  del  negocio, José Eduardo Merchán e  hiriendo   de   gravedad   a   un   hijo   de   éste   de  nombre  Eduardo Merchán.   

Ocurridos los hechos el sindicado se retiró  del  lugar  pero  fue  capturado  dos  meses  y  medio  después  cuando  ya  la  investigación se había iniciado.   

Por el concurso de delitos de doble homicidio  voluntario,  tentativa  de  homicidio  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa    personal,   la  Fiscalía  formuló  al  procesado  resolución    de    acusación,   providencia  contra  la  cual la defensa interpuso el recurso de apelación, que  por  falta  de  sustentación fue declarado desierto por la Fiscalía de segunda  instancia  el 28 de abril de 1994  (fls.   187   cd.   ppl.  1  y  5-6  cd.  Fisc.).   

El  juicio  fue  iniciado  por el Juzgado 43  Penal  del  Circuito de Santafé de Bogotá que alcanzó a comenzar la audiencia  pública,  pero  lo  terminó el Juzgado 36 de la misma especialidad profiriendo  la  sentencia,  que habiendo sido condenatoria por los mismos hechos punibles de  la acusación, le señaló como pena a cumplir la antes referida .   

Contra esta decisión recurrió en apelación  la  defensa  (fl.  95-cd.  3), sustentando la impugnación en escrito en el que,  desconociendo  la  autoridad del peritaje médico legal sobre el estado de salud  mental  del  procesado  al  momento  de  los hechos, pregona la existencia de un  trastorno  mental  transitorio  debido  a la ingesta de licor y a la conflictiva  personalidad  de su procurado, genenerador de inimputabilidad, la cual considera  debe ser aceptada judicialmente.   

Al  resolver  la  apelación,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito,  limitando  su  examen  del  fallo  a  quo, al punto de  discrepancia  manifestado  por  el  apelante, descartó la presencia del alegado  trastorno  mental del procesado al momento de los hechos y lo confirmó mediante  la  sentencia  contra  la  cual  también  se  alzó  la  defensa recurriendo en  casación esta vez.   

         

          LA DEMANDA   

Con  apoyo  legal  en  la causal 1a., cuerpo  segundo,  del  artículo  220  del  C.  de  P.P.   un cargo se formula a la  sentencia  de  segundo  grado, que se acusa de ser violatoria en forma indirecta  por   indebida  aplicación,  de  los artículos 323 y 61 del C.P.P.,   en   virtud  de  los  errores  de  hecho  cometidos  por  el Tribunal en la  apreciación  de  la prueba, pues se abstuvo de dar aplicación a los artículos  247 y 445 del C. de P.P..   

Buscando fundamentar el aserto, cuestiona al  Tribunal  por  haberse  limitado  en  su sentencia al tema de la inimputabilidad  propuesto  por  la  defensa, olvidándose de la existencia de otras pruebas, que  en  sana crítica debió analizar para emitir de manera inequívoca su decisión  acerca de la responsabilidad del procesado.   

Centrando  su  atención  en  el peritaje de  balística  del  Instituto  de  Medicina  Legal, que determinó que el proyectil  recuperado  en  el  cuerpo  de  la  mujer  muerta  era  de  revólver, objeta la  atribución  a  su  cliente de los dos homicidios consumados, porque el arma que  este  portaba  era  una  pistola,  según lo afirmaron  los testigos Jainer  Merchán,  Eduardo  Merchán,  Marlén Rojas, Luis Fernando González y Fernando  Fonseca que el fallador acogió.   

Siendo   imposible  que  un  proyectil  de  revólver  sea  disparado  por  una  pistola,  el Tribunal incurrió en error de  hecho  manifiesto y trascendente por  “adición del contenido de la prueba”  hecho  que sirvió de base para imputar al acusado todos los atentados contra el  bien jurídico de la vida.   

Añade  que  al  conferirle  a la prueba “un  entendimiento  que  en  realidad  no  tiene”,   se  incurrió en  “una  segunda  causa  de conculcasión  (sic)”  de los artículos 254, 247 y  445  del  C.  de  P.P.  por  pretermisión  de  los  267  y  273  ibíd.  con la  consiguiente  indebida  aplicación  de  los artículos 323, 29  y  61  del C.P..   

Explicando  la  aludida  transgresión  del  artículo  29 del C.P., sostiene que en los hechos investigados existieron dos o  tres  armas  de  fuego  porque según  “el acervo probatorio”, el procesado  pudo  haber sido atacado por alguno de los hijos del administrador del bar, ante  lo  cual  se  vio  precisado  a  reaccionar  con  los resultados conocidos. Como  fundamento  de  esta  afirmación  cita  el  testimonio   del  soldado Luis  Fernando González y la indagatoria del procesado.   

Finalmente solicita que al casar la sentencia  la  Corte  profiera fallo de reemplazo mediante la aplicación de los artículos  247  y  445  del C. de P.P.,  por existir, una prueba que descarta el doble  homicidio   y,   porque   surge   la  duda  que  debe  resolverse  a  favor  del  acusado.   

         EL MINISTERIO PUBLICO   

Objeta el señor Procurador Segundo Delegado  en   lo   Penal   la   pretensión   casacional,   solicitando   consecuente  la  desestimación  de  la  demanda.  Considera  que carece de legitimidad el censor  para  recurrir  en  casación,  porque  al  apelar  de  la  sentencia de primera  instancia   lo   único   que   el   defensor   objetó   fue   el  no     reconocimiento     de     la  ininmputabilidad  del  acusado  al  delinquir;  y como el Tribunal al desatar el  recurso  circunscribió su examen a ese punto, no podía la misma parte impugnar  el  fallo  de  segundo  grado por cuestiones con las que ya había comulgado. En  apoyo  de  su  tesis  cita  y transcribe pronunciamiento jurisprudencial de esta  Sala.   

Advierte  además,  la  severa  confusión  conceptual  de  orden  casacional  que  aqueja a la demanda. Observa cómo en el  único  cargo  formulado, se objeta simultáneamente la atribución al implicado  del  homicidio  de  la mujer, el no reconocimiento de la duda a su favor y la no  declaración  de  la  presencia  de  una justificante en relación con los otros  delitos  contra  la  vida,  mezclando así censuras que debieron presentarse por  separado.   

        LOS NO RECURRENTES   

         

La  señora  Procuradora  16 en lo Judicial  Penal  en  su alegato apreciatorio de la demanda considera que debe desestimarse  y  el recurso declarado desierto, porque la censura se dirige contra el fallo de  la  primera  instancia,  respecto  del  cual no procede el recurso de casación.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

En  este  proceso,  ciertamente,  como  lo  advierte  la  Procuraduría,  la  defensa  apeló  del  fallo  del Juzgado de la  primera  instancia  arguyendo que el acusado al momento de delinquir padecía un  trastorno  mental  transitorio,  por  lo  que  el  Tribunal,  como era su deber,  revisó  únicamente  el  aspecto  impugnado  y  al  no  encontrar  razón en el  reclamo,  confirmó  la  decisión  impugnada,  integrando  así  la definición  ordinaria del debate.   

Interpretando la normatividad reguladora del  recurso  de  apelación,  también  es  cierto,  la  Corte  reiterativamente  ha  advertido  que  cuando  el apelante de la sentencia de primera instancia, en los  eventos  en que no procede  la  consulta,  asintió  con  determinados aspectos de ese pronunciamiento al no  impugnarlos,  desaparece  su interés jurídico para objetar extraordinariamente  la  sentencia  de  segundo grado en relación con esos precisos aspectos, que al  no    haber    sido    tema    de    controversia    apelacional,   no  pueden  dar ocasión a errores del  fallador  de  segunda  instancia  susceptibles  de  enmienda en sede casacional,  salvo,   entre   otros  eventos,  que  este  último  pronunciamiento  llegue  a desmejorar la situación  del  procesado  en  términos  que  traduzcan el quebranto de la prohibición de  reforma  en  perjuicio  consagrada  en la Carta Política, donde sí franquea la  posibilidad al recurso de casación.     

La  controversia  que  ahora  en  sede  de  casación  propone  el  defensor demandante censurando el fallo del Tribunal por  supuestos   errores  de  apreciación  probatoria,  se  arraiga en aspectos  tratados  en la sentencia de primer grado que fueron implícitamente consentidos  por  la  defensa -entonces en cabeza de otro profesional del derecho-,  que  al  mantener ante el Tribunal la connotación que les había concedido el a quo,  no desmejoraron la situación primigenia del implicado.   

En efecto, el Juzgado 36 Penal del Circuito  consideró   al  procesado  incurso  en  todos  los  hechos  punibles   por  los   cuales fue acusado, a la vez  que  descartó  en   forma   genérica   que   él  hubiera  obrado  dentro   de      alguna     de     las     causales     de   antijuridicidad  -artículo 29 C. P.-,  como también desechó  que se  hubiera  encontrado  al  momento de delinquir en estado de inimputabilidad, y de  estos  tópicos,  como  se  ha  dicho,  la  defensa  solo discrepó del último,  apelando  y sustentando el recurso para tratar de demostrar el aducido trastorno  mental transitorio.   

Siendo  así,  cabe  afirmar  que  la parte  demandante  declinó en forma tácita la posibilidad  de  cuestionar  en  casación puntos distintos al que  fue  objeto  de  su  apelación  contra  el fallo de primera instancia y que por  ende,  de  acuerdo con el criterio jurisprudencial, carece de interés jurídico  para  la  impugnación  extraordinaria  en  el  punto  específico del fallo que  discute en el escrito de demanda.   

De  otra  parte,  y  aceptando en gracia de  discusión  el interés para recurrir extraordinariamente, la demanda adolece de  falencias   insalvables   que   impiden   su  análisis.       

         

Recapitulando  la  demanda, se tiene que el  censor  solicita  la  emisión  de  fallo  de reemplazo acusando la sentencia de  incurrir  en  error  de  hecho  en el examen de la prueba pericial de balística  rendida  por  el  Instituto  de  Medicina  Legal  en  relación con el proyectil  hallado  en  el  cuerpo de la mujer muerta de que habla el proceso, porque en su  sentir,  diciendo  la  prueba que fue disparado con un revólver, se imputó ese  homicidio  al  acusado,  cuya  arma  era  una  pistola  de  acuerdo a los varios  testimonios  allegados.   Al  razonar  así,  en  su  sentir,  el  fallador  adicionó  el  contenido  de  la  prueba  e  impartió  la condena por todos los  delitos,   sin  reconocer  el  beneficio  de  la duda.   También  asegura,   dentro   del   mismo   cargo  -y  esto  mediante  simples  conjeturas  probatorias-   que  no  se declaró, habiendo debido hacerse, la ocurrencia  de la legítima defensa putativa en favor del procesado.   

No  se  remite  a  duda  que la demanda, al  reducirse  a  un  cargo,   ofrece  una  mixtura  conceptual  que  requería  objeciones   separadas   y   debidamente   fundamentadas,   como   lo  acota  el  Procurador;   con lo cual el planteamiento ofrece confusión e imprecisión  desconociendo  lo  preceptuado en el artículo 225 del C. de P.P., que obliga al  actor  a  ser  claro  y preciso en los reproches extraordinarios y por lo mismo,  técnicos  a un fallo precedido de la presunción de acierto y de legalidad como  es el de segunda instancia.   

Se   desestimará,  en  consecuencia,  la  demanda.   

Por   lo   expuesto,   la   CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA en SALA DE CASACION PENAL,   oído  el  concepto del Ministerio Público, administrando  justicia   en   nombre   de   la   República   y   por  autoridad   de  la  Ley,   

        R E S U E L V E :   

         NO  CASAR la sentencia recurrida.   En        firme,        DEVUELVASE  el expediente al Tribunal de origen.   

         COPIESE Y CUMPLASE.   

                                       JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                               RICARDO     CALVETE  RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                        CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON PINILLA PINILLA   

                                    PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                                                         Secretaria   

    

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