11242a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                                    Aprobado Acta No.05   

                                                    Santafé  de Bogotá D. C. veinte (20) de enero  de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

V I S T O S  

                   Se decide el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto contra la sentencia del 8 de  agosto  de  1995,  por  medio  de  la  cual  el  Tribunal  Superior de Medellín  confirmó,  con  un  incremento punitivo, la condena que el Juzgado 35 Penal del  Circuito  de  esa  ciudad  impuso a MAURICIO ALEXANDER  POSADA  ALZATE  como  responsable  de  los delitos de  homicidio    intencional   en   grado   de   tentativa   y   porte   ilegal   de  armas.   

   

          H E C H O S   

                   La sentencia  recurrida en casación trae esta síntesis:   

                    “…El día  29  de  enero de 1994, aproximadamente a las nueve d  e la noche, arribaron  a  la residencia de Bayron León Ruiz Hoyos, ubicada en el barrio Caicedo, calle  52   con   carrera  8a.,  MAURICIO  ALEXANDER  POSADA  ALZATE  y  otro  sujeto conocido con el remoquete del  “El  Zarco”, con el fin de segar la vida del primero de los citados, por ciertas  rivalidades  entre  bandas  de delincuentes, por lo que iban provistos de sendas  armas  de fuego (al parecer revólveres). Ubicados en la puerta que da acceso al  domicilio  y  al no percibir la presencia de Bayron, sino la de su hermano Jorge  Iván,  viendo  frustrada su acción delictiva, la emprendieron contra éste que  estaba  sentado  en  la sala, causándole varias lesiones que hicieron necesario  su  traslado  inmediato  a  un centro asistencial para que se le prestara pronta  atención  médica… …Cometido el hecho sangriento, de inmediato emprendieron  la  retirada, siendo vinculado a la investigación Posada Alzate días después,  cuando  se  tuvo  noticias  que estaba preso acusado de haber atentado contra el  patrimonio  económico  al  participar en el hurto de un vehículo, provisto con  arma  de  fuego.  El  otro  coprocesado resultó ser menor de edad y por ello se  dispuso compulsar las copias respectivas…”   

          S I N T E S I S   P R O C E S A L   

                      El  7 de  abril  de  1994, la fiscalía 8a. seccional de Medellín asumió la instrucción  para  lo  cual  ordenó  la  práctica  de  diversas  pruebas,  entre  ellas  la  vinculación  directa  de  MAURICIO  ALEXANDER POSADA  ALZATE, entonces privado de la libertad por cuenta de  otro  despacho,  quien,  efectivamente,  el  tres  de  mayo de ese año, rindió  indagatoria,  diligencia  en la que estuvo asistido por una ciudadana honorable,  a falta de abogado titulado.   

                      El  5 de  julio  de  1994, el sindicado solicitó la designación de un defensor de oficio  y  la ampliación de la injurada. En efecto se le nombró un procurador judicial  que  se  posesionó  el  4  de agosto. Días mas tarde se decidió la situación  jurídica  de  POSADA ALZATE  en   contra  de  quien  se  profirió  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva.   

                           La  indagatoria    de    MAURICIO    ALEXANDER   POSADA  ALZATE  se  amplió el 15 de septiembre de 1994, pero  en  ella  fue  asistido  por la misma persona honorable no abogado que lo había  acompañado en la versión inicial.   

                   Del auto del  8  de  noviembre,  que  cierra la investigación , se notificó personalmente el  defensor,  pero éste dejó transcurrir en silencio el término para alegar. Con  fecha  del  6  de  diciembre  de  1994 se calificó el sumario, en el sentido de  acusar  a MAURICIO ALEXANDER POSADA ALZATE  de  los  delitos  de  homicidio  en el grado de tentativa y porte  ilegal  de  armas. Decisión que fue apelada y sustentada por el inculpado, pero  confirmada   el   25   de   enero   de   1995   por   la  Fiscalía  de  segunda  instancia.   

                           El  conocimiento  de  la  causa  estuvo a cargo del Juzgado 35 Penal del Circuito de  Medellín,  que,  en  su instancia condenó a MAURICIO  ALEXANDER  POSADA  ALZATE el 19 de mayo de 1995, como  autor  de  los delitos de homicidio intencional en el grado de tentativa y porte  ilegal  de  armas,  a  la pena principal de diez (10) años y diez (10) meses de  prisión,  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el  término  de  diez  (10) años y al pago de perjuicios en la forma en que lo  especificó.   

                   En sentencia  del  8  de  agosto  de  1995  el  Tribunal  Superior de Medellín, al decidir la  apelación  interpuesta por el fiscal y el procesado, modificó la condena en el  sentido  de  imponer  una  duración  de trece (13) años a la pena de prisión,  pues  redosificó  la  pena  privativa de la libertad al estimar improcedente la  aplicación  del  beneficio  a  que  se  refiere el artículo 299 del Código de  Procedimiento Penal.   

         L A  D E M A N D A   

                      El actor  demanda  la  sentencia  que  en  este  proceso  expidió el Tribunal Superior de  Medellín  al  amparo de la causal tercera de casación por haber sido proferida  en  un  juicio  viciado de nulidad por falta de defensa técnica, que de haberse  dado hubiera podido lograr una condena más benigna.   

                   Partiendo  del  precepto  del artículo 29 de la Carta Política, el libelista recuerda que  MAURICIO   ALEXANDER   POSADA   ALZATE  rindió  indagatoria asistido por una persona honorable, sin que  se  encontrara  en  peligro de muerte y a pesar de que en Medellín actúan más  de  cien  abogados  titulados  y  que la Defensoría del Pueblo presta allí sus  servicios, lo que contraría el querer del constituyente primario.   

                   Aduce que  en  memorial  del 5 de julio de 1994, el procesado formuló tres peticiones: que  se  ampliara  la indagatoria, que se le dejara ver el proceso y se le expidieran  fotocopias  del  mismo  y  se le designara un abogado de la Defensoría del  Pueblo,  porque  carecía  de dinero para pagar uno. El instructor le respondió  el  19  de  julio  ordenando  el nombramiento del defensor para después oír al  implicado  en  la  ampliación  de  indagatoria,  dejando  la  atención  de las  restantes peticiones para después, lo que nunca ocurrió.   

                    Prosigue  el  impugnante  advirtiendo que el 4 de agosto de 1994 se posesionó el defensor  designado;  sin embargo, el 15 de septiembre siguiente, sin auto que lo ordenara  ni  comunicación al defensor de oficio, la Fiscalía amplió la indagatoria, en  donde  el  implicado  fue asistido por una persona honorable, cuando el despacho  ha  debido  cumplir con su propia determinación anterior y citar al abogado que  había  nombrado  y  posesionado, para hacer patente la garantía del derecho de  defensa  técnica.  Adiciona  el  comentario  de  que  el  profesional designado  oficiosamente solo intervino en la audiencia pública.   

                                El  censor  pone de manifiesto que el defensor  designado  no  se  comunicó  con  MAURICIO ALEXANDER  POSADA  ALZATE, ni le explicó lo que podía esperar  del  proceso,  las  posibilidades de la defensa, lo que podía esperar de ella o  del  sometimiento  a  la audiencia de sentencia anticipada o audiencia especial;  en  su opinión, no se interesó por el proceso ni la suerte del procesado, como  se  patentiza cuando éste en el memorial que obra a folio 191 manifiesta que no  tiene disponibilidad de los folios ni un abogado que lo represente.   

                         El  recurrente  observa  que  el  apoderado  no  se  notificó de la providencia que  resolvió  la  situación  jurídica  del  procesado;  ni de aquella que corrió  traslado  de los dictámenes, dos de los cuales son médicos y hacen relación a  una  fecha distinta de ocurrencia de las lesiones; tampoco se notificó del auto  que  abrió  el  juicio  a pruebas; y aunque se notificó del auto que cerró la  investigación,  no  presentó  ningún  alegato.  Arguye  el  actor  que de esa  conducta  omisiva no se puede deducir que se trataba de una defensa estratégica  porque  nada permite inferirlo; por el contrario, revela la despreocupación por  la  suerte del proceso y del procesado, quien podía haber sido advertido de los  beneficios  de  la  sentencia  anticipada  y la consecuente rebaja de penas o de  cómo  le  desfavorecía  la  prueba,  de ahí que al impugnar la acusación, el  implicado  lo  hubiera  hecho  con  desorden  y  falta  de  lógica,  según  lo  reconoció el ad quem.   

                   El censor  comenta  que  en  materia  de información sobre sentencia anticipada, audiencia  especial  y  colaboración con la justicia, el procesado no puede tener la misma  confianza en quien lo acusa que en el abogado que lo apodera.   

                  De todo lo  anterior,   el   demandante  concluye  que  MAURICIO  ALEXANDER  POSADA ALZATE no gozó de defensa técnica  adecuada  ,  por  lo que solicita a la Corte que case la sentencia, profiera una  anulatoria,  ordene  el  reenvío  del expediente a la Unidad Primera de Vida de  Medellín   y   decrete   la  libertad  de  MAURICIO  ALEXANDER   POSADA   ALZATE   por   vencimiento  de  términos.   

        CONCEPTO DEL PROCURADOR SEGUNDO   

        DELEGADO EN LO PENAL.   

                   El señor  representante  del  Ministerio  Público  estima  que la censura planteada está  llamada  a prosperar, por ello su intervención legal concluye con la sugerencia  que  hace  a la Sala para que se decrete la nulidad de lo actuado a partir de la  diligencia de injurada que obra en la página 75 de la foliatura.   

                         El  Delegado  se  formó  su opinión repasando las actuaciones que se cumplieron en  este    proceso    desde   la   recepción   de   indagatoria   a   MAURICIO  ALEXANDER  POSADA  ALZATE, la  ampliación  de  la  misma  y  la pasividad del defensor de oficio designado, al  lado  de  las cuales  considera  inadmisible  que en la ciudad de  Medellín,  donde  hay  abundancia  de  profesionales  del derecho no se hubiera  encontrado  un  abogado  que  asistiera  al  implicado,  y  que  ya  después de  designado  uno  de  oficio,  no  se  le  hubiera comunicado que se ampliaría la  indagatoria  otorgándole  a  este  la  asistencia  jurídica  de una persona no  abogada.   

                       Así  mismo,  el  Procurador  censura al apoderado de oficio por haberse convertido en  un  convidado  de  piedra, al extremo de dejar en cabeza del inculpado iletrado,  la interposición y sustentación de los recursos.   

                    En tales  condiciones,  para  el  conceptuante  la  violación  al  derecho de defensa que  deriva  de las actitudes mencionadas, resulta insubsanable, pues el ejercicio de  la  defensa técnica que obedece a un principio de continuidad e ininterrupción  aparece  limitado como que solo figura en un plano meramente formal, hipotético  y abstracto.   

                    Antes de  formular  la  petición ya anunciada, el agente del Ministerio Público consigna  su criterio teórico sobre el tema.   

        C  O  N  S I D E R A C I O N E S  D E  L A  C O R T  E   

                         La  situación  del sentenciado MAURICIO ALEXANDER POSADA  ALZATE, expuesta por el actor, en la cual se basa la  pretensión  que  se pone a consideración de la Sala y que encontró aval en el  Ministerio Público, indiscutiblemente tiene fundamento.   

                     Así lo  revelan  los  actos  y  las omisiones de que da cuenta el actor y que constan en  este  expediente,  en  cuanto  se  confrontan  con  el contenido de la garantía  atinente  al  derecho  de  defensa  que  consagra  el  artículo  29 de la Carta  Política,  puesto  que  este  precepto  establece  con  carácter imperativo el  ejercicio   

de  la  defensa  técnica,  esto es, la que  puede  desplegar  efectivamente un conocedor de las normas, de los ritos, de los  beneficios,  de  la hermenéutica jurídica, en otras palabras, un experto en la  ciencia  del  Derecho,  cuya  intervención  efectiviza  principios  como los de  lealtad,  igualdad  y  justicia  que  hacen parte de la normatividad que rige un  Estado  social  y  democrático  de  derecho.  Garantía  que,  obviamente  debe  trascender  la  apariencia  que  dan las formas y plasmarse en una actividad que  signifique  debate  equilibrado entre los intereses del procesado y la actividad  punitiva  estatal  en  sus  dos  aspectos,  el  de  la  investigación  y el del  juzgamiento.  Indudablemente,  esa lucha no está en capacidad de librarla quien  no    ha    integrado    a    su    bagaje    intelectual    ese    conocimiento  profesional.   

                       Este  proceso  se  inició  por el año de 1994 cuando aún regían, el inciso primero  del  artículo  148  del  Código  de  Procedimiento Penal, conforme al cual “el  cargo  de  defensor  para la indagatoria del imputado, cuando no hubiere abogado  inscrito  que  lo  asista  en  ella,  podrá  ser confiado a cualquier ciudadano  honorable,  siempre que no sea servidor público” y el precepto 355 de la citada  codificación  que,  por excepción, autorizaba la recepción de indagatoria sin  la  asistencia  de defensor “cuando el imputado estuviere en peligro de muerte”.  Esas   opciones   legales,   declaradas  ahora  inexequibles  (Sent.C.C.049/96),  permitían  la  rendición  de  injurada sin el patrocinio jurídico establecido  constitucionalmente,  bajo  las  condiciones  que  esos ordenamientos imponían,  esto    es,   que   no   existiera   un   abogado   inscrito o que el imputado estuviera en   

peligro de muerte.  

                         No  obstante,    como    MAURICIO   ALEXANDER   POSADA  ALZATE  rindió indagatoria el 3 de mayo de 1994, en  la  ciudad  de  Medellín,  no  se  dió  circunstancia  alguna  que  permitiera  válidamente  realizar esa diligencia con la asistencia de un ciudadano común y  corriente  y  no  con  la  asesoría  de  un  abogado titulado, por cuanto ni el  procesado  estaba  en  peligro de muerte ni es dable afirmar que en la ciudad de  Medellín  fuera imposible conseguir un profesional de esa área, cuando tampoco  existía  especial  urgencia  para realizar la diligencia de descargos, toda vez  que  el  implicado  se  encontraba  privado  de  la  libertad por cuenta de otra  investigación;  circunstancia que facilitaba obtener ese respaldo, por ejemplo,  con la defensoría pública.   

                      Ahora  bien,  la  ausencia  de  defensa  técnica se prolongó en el decurso de toda la  actuación   procesal,   pues,   como  bien  lo  señaló  el  casacionista,  el  nombramiento  de  un  defensor  de oficio, a petición del procesado, no surtió  ningún  efecto  real. Sencillamente quedó en el papel, porque a pesar de haber  tomado  posesión  del  cargo,  la ampliación de la injurada se realizó sin su  presencia,  pues  ni  siquiera  fue  informado  al respecto, según lo revela el  expediente.  Por  su  parte,  el  mandatario  judicial no ejecutó acto procesal  alguno  que  refleje  el  ejercicio tangible de una defensa; no hay solicitud de  pruebas,  no hay alegatos, no interpuso recursos, no sustentó las impugnaciones  intentadas  por  el propio inculpado; no intervino en el recaudo de elementos de  convicción;  en ocasiones ni siquiera atendió las notificaciones personales de  las  decisiones  judiciales que afectaban a su protegido, y todo eso envuelve la  vulneración  del  derecho  de defensa, o lo que es igual, el quebrantamiento de  una de las garantías constitucionales.   

         Dijo  esta Sala en sentencia de Casación de septiembre 22 último  (M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll):   

                    “Esta  posibilidad  de  oposición  y refutación de la pretensión punitiva del Estado  debe  ser real, continua y unitaria, características que se oponen a lo formal,  lo  temporal  y  lo  soluble.  No  es,  ni  se trata, de llenar una exigencia de  carácter  normativo,  sino  de  velar  porque  este  derecho  logre  material y  efectiva  realización,  obligación  por  cuyo  cumplimiento  debe propender el  funcionario      judicial      encargado      de      la      dirección     del  proceso.       

                 El derecho  a  la defensa técnica o profesional es una prerrogativa intangible. El imputado  no  puede renunciar a ella, ni el Estado a su obligación de garantizarla. Si el  procesado  no  quiere  o  no  está en condiciones de designar un abogado que lo  asista  en  el  trámite procedimental, el órgano judicial tiene la obligación  de  proveerselo,  y  de  estar  atento  a  su  desempeño,  asegurándose que su  gestión  se cumpla dentro los marcos de diligencia debida y ética profesional,  propósito  que  por  igual debe buscar en tratándose de abogados de confianza,  designados a instancia del propio implicado.     

                  No es que  el  órgano judicial pueda interferir en la estrategia defensiva del abogado; ni  más  faltaba. Mucho menos que pueda imponerle unos determinados derroteros a su  gestión  controversial.  De  lo que se trata es de evitar que el abandono de la  gestión  encomendada,  entendida  no  como  inactividad  contenciosa, sino como  ausencia  absoluta  de  presencia  procesal, desquicie la estructura básica del  proceso.   

                        En  cumplimiento  de  su  función  el  defensor  puede,  por su parte, ejercitar de  manera  amplia  el  derecho  de  contradicción mediante una activa controversia  conceptual  o  probatoria,  u  optar  por  un  silencio expectante dentro de los  límites  de  la  racionalidad,  como  estrategia  defensiva, susceptible de ser  determinada   a  través  de  actos  procesales  que  permitan  inequívocamente  establecerla.   

                      Esta  maniobra  de  simple  supervisión del trámite procedimental, caracterizada por  la  ausencia de actos positivos de gestión, debe diferenciarse de la situación  de  abandono  de  la  función  encomendada, que se presenta cuando el defensor,  además  de  renunciar  a los actos de contradicción probatoria e impugnación,  no  hace  presencia  procesal  alguna,  ni  asume  posturas  de las cuales pueda  deducirse una mínima actividad vigilante.”   

                    

         Desde  la  óptica  procesal,  los  actos  irregulares,  por regla  general,  son  susceptibles  de ser convalidados bajo ciertos condicionamientos,  sin  embargo,  no  es  lo que ocurre con el derecho de defensa que constituye la  excepción,  en  cuanto  el  legislador  no  admite que una transgresión de esa  índole  transcurra  impunemente.  Lo anterior significa que la única manera de  subsanar  la  irregularidad  sustancial denunciada y comprobada es retrotraer el  proceso   y  reconstruirlo  con  la  guía  y  cumplimiento  de  los  principios  constitucionales,  desde  el momento en que éstos resultaron quebrantados, esto  es,  a  partir  de la vinculación formal de MAURICIO  ALEXANDER  POSADA  ALZATE al proceso, o sea, desde la  indagatoria  que  rindió  el  3 de mayo de 1994, inclusive, dejando a salvo las  pruebas  ya  recaudadas,  que bien podrán ser controvertidas y discutidas en la  etapa de reposición de la instrucción.   

                         En  síntesis,  la  pretensión  de  la  demanda deberá ser atendida, incluyendo la  petición  de  libertad  impetrada  para  el  procesado,  pero  no  por  vía de  provisionalidad,  sino con carácter incondicional en cuanto el vicio antecede a  la    injurada,    y    ello    implica    afectación    de    la   medida   de  aseguramiento.   

                        Tal  invalidación,  no  obstante,  no  afectará  las  pruebas  recogidas,  y en tal  sentido se hará la salvedad correspondiente.   

                       Como  además  emerge  la  posibilidad  de que el abogado doctor Luis Carlos Cárdenas  Ortíz,   designado   de   oficio,   haya  incurrido  en  falta  a  los  deberes  profesionales,  se  expedirán  las  copias  pertinentes  con destino al Consejo  Seccional de la Judicatura de Medellín.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Penal,  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

        R E S U E L V E   

                         1.  CASAR la sentencia que el 8 de agosto de 1995 dictó  el  Tribunal  Superior  de  Medellín por haberse proferido en juicio viciado de  nulidad  por  violación  al  derecho  de  defensa  del  procesado  MAURICIO         ALEXANDER        POSADA        ALZATE.   

                         2.  DECLARAR  LA  NULIDAD de todo lo actuado, incluyendo  la  indagatoria  a  través de la cual el implicado fue vinculado formalmente al  proceso,  para  que  desde  ese  momento se reponga toda la actuación procesal,  dejando a salvo la validez de las pruebas recaudadas.   

                         3.  CONCEDER   LA  LIBERTAD  INCONDICIONAL  de  MAURICIO  ALEXANDER  POSADA  ALZATE  para  lo  cual se librarán las órdenes respectivas,  advirtiéndole  al director de la cárcel de Bellavista de Bello (Antioquia) que  la  libertad  se  hará  efectiva  siempre y cuando el procesado no se encuentre  solicitado por otra autoridad.   

                         4.  DISPONER  la reposición de la actuación conforme a  derecho  y  a  lo  previsto  en esta providencia, a partir de los actos anulados  y,   

                         5.  DISPONER  la  expedición de las copias previstas en  la parte considerativa.   

                    

                   Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

JORGE E. CORDOBA POVEDA  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              RICARDO CALVETE RANGEL   

CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE                                               JORGE       ANIBAL      GOMEZ  GALLEGO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                              CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                               NILSON PINILLA  PINILLA   

                                                                                  Aclaración de Voto   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

ACLARACION DE VOTO  

Considero  necesario expresar la siguiente  explicación,  frente a la decisión mediante la cual fue decidido el recurso de  casación:   

Ante  la  posición mayoritaria de la Sala  concretada  en  la  sentencia  de  casación  de fecha 22 de septiembre de 1998,  radicación  Nº  10.771,  M. P. doctor Fernando E. Arboleda Ripoll, que se cita  en  el  fallo,  me  vi  precisado  a  salvar  el  voto, por las razones entonces  expuestas,   a  las  cuales  me remito en esta oportunidad, por resultar en  alto  grado  aplicables  al  presente caso. Ahora comparto lo determinado por la  Sala  en  la  parte resolutiva, pero es pertinente aclarar que no se trata de un  cambio  de  criterio,  que por el contrario ratifico, sino que la situación, si  bien guarda semejanza, no es igual.   

Por   un   lado,  los  dos  procesos  se  caracterizaron  por  una  mínima  intervención  de  los  defensores, siendo de  destacar  que en el actual se vieron aún más  afectadas las posibilidades  defensivas  debido  a la actitud asumida por el sindicado, que en dos memoriales  reconoció su responsabilidad en los hechos imputados.   

Pero  en  aquel asunto, la indagatoria fue  recibida  a  un  hospitalizado  en  la tarde del último día del término legal  establecido   para   su  recepción,  que  apremiaba  al  Fiscal  a  escucharlo,  cuando   no  había  abogado  que  lo  asistiera,  rigiendo  aún  los  artículos  148, inciso   1º,   del  Código  Penal  y 34 del Decreto 196 de 1991, pues no se había  producido  la  sentencia  049  de la Corte Constitucional que el 8 de febrero de  1996  los  declaró  inexequibles. Igual que en este caso, en el cual no aparece  sin  embargo  razón  alguna  para  que  no  hubiera  sido asistido el  por  indagar  de  un  abogado  titulado, cuando se hallaba privado de la libertad por  cuenta  de   otro  proceso  y  no  había  apremio de términos, ni lo hubo  para  la ampliación de la injurada.   

Con el respeto de siempre,  

NILSON E. PINILLA PINILLA  

Magistrado  

(fecha: ut supra).  

    

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