10942j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 10942  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

                                                                  Magistrado Ponente   

                                                                  Dr. MARIO MANTILLA NOUGUES   

                                                                  Aprobado Acta No. 125 (25.08.99)   

Santafé de Bogotá, D.C., treinta y uno (31)  de agosto de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

Decide la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por el defensor público de LUIS ALVARO ARBOLEDA MORALES  contra  la  sentencia  de  marzo  23  de  1995, por medio de la cual el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Pereira condenó a dicho procesado a 26 años  de prisión, por los delitos de homicidio y lesiones personales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.-  En   la  madrugada  del 6 de marzo de 1994 salieron hacia  sus  casas,  de la gallera ubicada en la vereda “Fermin López” de estado de  la  compresión  municipal de Santa Rosa Cabal en donde habían estado libando y  departiendo,   dos   grupos  de  hombres,  todos  entre  si  vecinos  y  amigos,  conformados,  el uno por José Wilmer Ramírez Grajales, José Mauricio Ramírez  Grajales  y  Jaime  Antonio  Marín,  y  el  otro  por Carlos Enrique Usma y los  hermanos  Hernando,  Joselino  y  LUIS ALVARO ARBOLEDA  MORALES,  y  cuando  habían  avanzado  algún trecho  sorpresivamente  éste  propinó  un  golpe  de machete en la nuca al mencionado  José  Mauricio  Ramírez  causándole  la  muerte y seguidamente, junto con sus  consanguíneos  persiguió  al también nombrado Jaime Antonio Marín, al que le  causaron  lesiones  personales  con  secuela  de deformidad física de carácter  permanente.   

2.-  La Fiscalía 30 de Santa Rosa de Cabal  abrió  investigación  (fl.18)  y,  capturado Luis Alvaro Arboleda Morales, fue  escuchado  en  indagatoria  el  26  de  abril  de  1994  y dijo (fl.39) que poco  recuerda  de  lo  sucedido  porque  estaba  embriagado,  pero  que  los hermanos  Ramírez  y  José  Antonio Marín les insistían que “fumaran” marihuana, a  lo  cual ellos se negaron “y a mi me fue cogiendo la rasca y al rato cuando yo  volví  en  sí me estaban boleando suncho (sic), yo estaba acorralado y como le  digo  unos  me daban unos planazos y entonces yo traía una moncha de peinilla y  entonces  yo  la  saqué  y empecé a atajarles, pues cómo me iba a dejar matar  así,  entonces  yo  les  atajé  un  poquito  y  cuando me les vi mal yo me les  volé…” (fl.40 vto.infra).   

–  Se  dictó  auto de detención contra el  referido  indagado  (fl.50)  y  fueron declaradas personas ausentes sus hermanos  Hernando  y  Joselino  (fl.62),   y  el  otro  de sus acompañantes (fl.82)   

–  El  mencionado  José  Wilmar  Ramírez  Grajales  declaró  (fls.5  y  31)  que  “de  pronto Alvaro Arboleda sacó una  peinilla  o  machete  y  le  tiró un machetazo al hermano mío y él cayó ahí  mismo,  yo me fui sobre él y le cogí el cuello por donde estaba sangrando… y  se fueron persiguiendo a mi cuñado Jaime Antonio Marín” (fl.5).   

El  referido  Jaime Antonio Marín declaró  que  los  hermanos  Arboleda  Morales  “me dieron machete” (fl.34 vto.) y lo  lesionaron  y  agrega que “cuando me devolví por el camino”, vio a Mauricio  “tirado  en  la  carretera”, contándole José Wilmar Ramírez que “cuando  yo  me  voltié para abajo corriendo voltió Alvaro y le dio un peinillazo en la  nuca a Mauricio” (fl.cit.).   

3.-  Cerrada la investigación (fl.109), se  calificó  mediante  resolución  de  agosto  31 de 1994 (fl.123) con acusación  contra  los  referidos  hermanos Arboleda Morales por los delitos de homicidio y  lesiones  personales; y en cuanto a Carlos Enrique Usma Carvajal se precluyó la  investigación (fl.133).   

4.-  El Juzgado Penal del Circuito de Santa  Rosa  de  Cabal  asumió  el  proceso  (fl.42 vto.), celebró audiencia pública  (fl.169)  y  dictó sentencia el 23 de febrero de 1995 (fl.180), por medio de la  cual,  en  armonía con la acusación, condenó a Luis Alvaro Arboleda Morales a  26  años  de  prisión;  en  cuanto  a  sus  hermanos  Hernando y Joselino, los  absolvió  por  el  delito  de homicidio y los condenó a la pena principal de 3  años de prisión por el delito de lesiones personales.   

El procesado Luis Alvaro apeló dicho fallo  y  el  Tribunal,  mediante  el  suyo  que  es  objeto de casación, lo confirmó  enteramente (fl.219).   

LA DEMANDA  

         Con  apoyo  en  la  causal 3ª de casación, se solicita la nulidad  “en virtud a grave violación al derecho de defensa” (fl.278).   

         Dice  en  primer  término el casacionista que en la indagatoria no  estuvo  asistido  por  un abogado sino por “una persona honorable” (fl.279),  designándosele  luego  como  defensor  al  doctor  Cruz  Evelio  Trejos López,  demostrándose  así  “la  no  imposibilidad de consecución de un profesional  del derecho radicado en esa municipalidad” (fl.280).   

         Agrega  que  posteriormente  el procesado designó apoderado que no  realizó  absolutamente  nada,  siendo  el   propio  sindicado quien alegó  precalificatoriamente,  recurriendo  él  mismo  “a  la  defensa material” y  recordando  en  dicho  memorial que en la indagatoria no fue advertido de que no  estaba  obligado  a  declarar contra sí mismo ni contra su pariente. Se refiere  el  casacionista  al “formato” que recoge la dicha indagatoria y dice que lo  escrito allí “es apenas una constancia formal” (fl.282).   

         Precisa  que  la  “fiscalía  le impuso oficiosamente y de manera  arbitraria  un  defensor  a  quien  mi  patrocinado  por  voluntad propia había  decidido  sustituir,  por  lo  que  el  impuesto  de este modo no representa una  auténtica   garantía   de   defensa  para  el  sindicado”  (fl.283  infra.),  refiriéndose  al  doctor Guillermo García Aristizabal, a quien inicialmente el  procesado  dio  poder “pero que fuera rápidamente sustituido por el procesado  al  no  encontrar  en  él  garantía  para una representación eficaz, debiendo  nombrar a otro para que estudiara el proceso”.   

         Añade  que  la  sentencia  fue  apelada  y  sustentado ese recurso  directamente  por  el  acusado  y  reitera  que la referida indagatoria “está  viciada  de  nulidad y debe tenerse  por nula la actuación subsiguiente”  (fl.285)  y  dice  que  “Santa  Rosa  de  Cabal  no  es  una  aldea  lejana  e  inexpugnable  para  justificar  la  ausencia de un abogado idóneo” (fl.285) y  considera  que  la  indagatoria  en  cuestión  “es  pilar  esencial del fallo  condenatorio”  y  afirma  que  “no es del caso que en esta demanda tenga que  demostrarse  que el resultado final del proceso hubiera sido otro si al indagado  lo  hubiera  asistido en la susodicha diligencia un profesional del derecho o de  no   haberse  presentado  las irregularidades… Lo único cierto es que se  vulneró el derecho de defensa” (fl.288).   

         Finalmente  se  refiere  el  censor a la jurisprudencia de la Corte  Constitucional  en este aspecto sobre la obligada asistencia de un abogado en la  diligencia   de   indagatoria   y   en   las  demás  actuaciones  que  así  lo  requieran.   

         Pide  entonces  el  demandante que se case el fallo y se decrete la  nulidad   de   lo   actuado   a   partir  de  la  diligencia  de  indagatoria”  (fl.291).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

         El  señor  Procurador  Primero Delegado en lo Penal dice en primer  término  que  le  “asiste  razón  al  libelista en su planteamientos, porque  evidentemente  a lo largo del proceso se evidencia una falta de defensa técnica  o  formal  en  perjuicio  del  procesado  LUIS ALVARO ARBOLEDA MORALES” (fl.12  cdno.Corte).   

         En  seguida  hace  un  recuento procesal a partir de la indagatoria  del  procesado  Luis  Alvaro Arboleda Morales, alude al inciso 1º del artículo  148  del  Código  de Procedimiento Penal (disposición “que no ha sido objeto  de  ataque  en sede constitucional”, dice a fl.13 cdno.Corte) y conceptúa que  en  Santa  Rosa  de Cabal “es obvio que ejerzan abogados”, como se demostró  aquí con el nombramiento de varios abogados de oficio.   

         Dice  que  la  indagatoria  “es una de las primeras oportunidades  que  tiene  el procesado para comenzar a defenderse de los cargos por los cuales  es  investigado”  (fl.13) y que la designación de “un ciudadano” para que  atienda  allí al sindicado “debe ser una situación excepcional y para cuando  no  se  encuentren  letrados  donde se cumple la diligencia…” (fl.13 infra y  14).   

         Considera  que  tanto en la etapa de la instrucción como en la de  la  causa, el respectivo defensor “se limitó a ser un simple espectador de la  suerte  de  su  representado”  (fl.15) y que en la audiencia pública “no se  dijo  nada sobre el estado de inimputabilidad en que pudo estar LUIS ALVARO para  el  momento  de  los  hechos” (fl. cit.) y señala que “la actitud pasiva no  puede   tomarse   como   una   estrategia   defensiva,   vistos  los  resultados  aludidos”.   

        Pide  entonces  casar  la  sentencia y que la nulidad se decrete a  partir  del  auto  que  cerró  investigación,  “lo  que  a  su  vez conlleva  ipso-facto,  dadas  las circunstancias que median respecto a la privación de la  libertad,  la concesión de la libertad provisional”, nulidad que, pide, “se  haga  extensiva”  respecto  de  los  restantes  procesados Hernando y Joselino  Arboleda  Morales,  ya  que  el  abogado  que  se  les  nombró a estas personas  ausentes  “guardó  silencio  y su intervención profesional se concretó a la  diligencia de audiencia pública” (fl.16).   

        Pide,  además,  que  “Sería  conveniente”  la expedición de  copias  para  averiguar  disciplinariamente  la  conducta  “De  los diferentes  abogados asignados como defensores de los procesados”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

        1.-  En  indagatoria  rendida  por  Luis  Arboleda  Morales  en la  Fiscalía  30  de  Santa Rosa de Cabal (fl.39) se le nombró a dicho imputado al  señor  Rogelio  Marín  Buriticá como apoderado, dado que aquél no dispuso de  un abogado de confianza.   

        Débese   anotar   de   entrada   que   la  mencionada  diligencia  no se torna inválida por la referida ausencia de un  profesional en derecho.   

        La  Corte  Constitucional, en sentencia C-049 de febrero 8 de 1996  (M.P.Dr.  Fabio  Morón  Díaz), declaró la inconstitucionalidad del inciso 1º  del  artículo  148  del  Código  de  Procedimiento Penal, según el cual “el  cargo  de  defensor  para la indagatoria del imputado, cuando no hubiere abogado  inscrito  que  lo  asista  en  ella,  podrá  ser confiado a cualquier ciudadano  honorable, siempre que no sea servidor público”.   

        Consideró  en  esa sentencia la Corte que tal norma contraría el  artículo  29  de  la Carta Política, que ordena, sin excepciones, la presencia  de un abogado en las actuaciones que así lo exija la ley.   

        Pero  la  referida  indagatoria se llevó a cabo el 26 de abril de  1994,  es  decir  antes  de  que  en  virtud de dicha sentencia la copiada norma  quedara  por  fuera  del  escenario  jurídico,  lo  cual significa que por este  aspecto  es  plenamente válida y existente la diligencia en cuestión: no sobra  recordar  que  la  Inexequibilidad  únicamente y en principio opera “hacia el  futuro”,  dejando,  pues,  vigentes  las  disposiciones  que  aún no han sido  “oficialmente”  declaradas  contrarias  a la Constitución, como el referido  inciso 1º del artículo 148.   

        Pero   aún   así   el  casacionista  sostiene  que  la  referida  indagatoria  es  inexistente  porque en Santa Rosa de Cabal, lugar donde ella se  cumplió,  sí  había  abogado  para  con su presencia realizar la indagatoria,  motivo  por  el  cual la Fiscalía no podía acudir al “ciudadano honorable”  antes  citado  y,  como  lo  hizo,  la  diligencia  debe  tenerse jurídicamente  inexistente.   

        La  Sala  no  lo considera así. En efecto, es cierta la cercanía  entre  Pereira  y  Santa  Rosa  de Cabal y también lo es que en este proceso se  consiguieron abogados de oficio que representaran a los procesados.   

        Sin   embargo,   ello   no   significa   que   se   haya   violado  ostensiblemente  el entonces vivo inciso 1º del citado artículo 148 y que, por  tanto,  dicha  indagatoria  devenga inexistente. En efecto: el apremio que rodea  la  recepción  de tal diligencia (un término ciertamente corto luego de que el  imputado    es    puesto    a   disposición,   art.386   C.P.P.)   hacía  que  no  siempre  y  a  toda  hora sea fácil conseguir un  abogado  oficioso:  la experiencia y la cotidaneidad  en  la  judicatura mostraron seguidamente la imposibilidad física de obtener su  presencia,  incluso  en  las ciudades capitales, motivo por el cual no resultaba  insólito  constatar  los  nombramientos de “ciudadanos honorables”, a falta  no conjurable de profesionales en derecho.   

        Ahora  bien:  que  luego  (para efectos  diversos  a  la  indagatoria)  haya  sido posible la  consecución  de  abogados  oficiosos  para  los procesados Arboleda Morales, no  significa  que  la  referida  imposibilidad para la indagatoria sea inadmisible,  pues  el  factor  simplemente de tiempo que deslinda una situación de otra hace  que   la  equiparación  traída  por  el  demandante  y  la  Delegada,  no  sea  exacta.   

        –  En  cuanto  al  argumento  de  que  tampoco es válida la dicha  indagatoria  porque  no  fue  cierto  que  se  le haya enterado al indagado Luis  Alvaro  Arboleda  Morales  de la no obligación de declarar contra sí mismo y/o  contra  sus  parientes  cercanos, de todas maneras en el “formato” utilizado  para  el  encabezamiento  de las indagatorias se lee a folio 39 supra vuelto que  el  indagado  fue enterado de que “no tiene obligación de declarar contra sí  mismo  o contra sus parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo  de afinidad o primero civil…”.   

        Aparte  de  que, como no hay prueba en contrario, se le debe creer  al  fiscal  dicho enteramiento (el art.83 de la Carta Política presume su buena  fe),  el indagado Arboleda Morales firmó el acta contentiva de la indagatoria y  no  hizo  reparos  a  la  misma,  como tampoco su apoderado, cosa que coadyuva a  reafirmar     el     cuestionado     enteramiento     que     no    acepta    el  casacionista.   

        La indagatoria en cuestión es, pues, válida.   

2.-    Se  pasa  a  ver ahora el  resto  de  la  actuación  que  concierne  a  la  defensa  técnica  de los tres  procesados,  ya  que  como se vio, la Delegada solicita que la nulidad por falta  de dicha defensa  se extienda a los no recurrentes.   

         –      LUIS      ALVARO   ARBOLEDA     fue    capturado    y    rindió  indagatoria   el 26 de abril de 1994, asistido por una  “persona   honorable”  (fl. 39), por lo cual el día 29  el Secretario de la Fiscalía  informó   que  se  le  debía  nombrar defensor  para el reemplazo de  esta persona (fl. 52).     

         Se  le designó entonces defensor de oficio al abogado Luis Evelio  Trejos   López  (fl.  52v).            Este  mismo  profesional fue nombrado defensor  oficioso  de  los  hermanos   FERNANDO y  JOSELINO  ARBOLEDA, que  habían  sido  emplazados y  declarados personas ausentes, notificándosele  el  auto  de  detención  que  cobijaba a  los tres implicados (fls. 53v. y  94).   

         –  Pero este abogado fue reemplazado por el sindicado LUIS   ÁLVARO,  que el 2 de  mayo  subsiguiente   nombró  como  su  defensor  al doctor  Guillermo  García Aristizábal.   

         –  Tampoco   este   abogado   permaneció   en  ejercicio   de   su   mandato,   pues   el   11   de   mayo    LUIS          ÁLVARO   confirió   “poder  especial”   al  doctor   José  Jesús Marín  González,  para   “que  estudie   el  negocio  y  luego determinar de  común  acuerdo  con  el suscrito y  mi  familia si asume mi defensa o  no”. (fl. 59 y 121).   

         –  Pendiente  la Fiscalía  – por haber interpretado que este  era  su  nuevo  defensor  de  confianza  –   de notificarle el auto de  cierre  investigativo  procuró localizarlo (fl. 107),  pero el 8 de agosto  se   le   informó   que   el   profesional    se   hallaba   desempeñando   el  cargo de Fiscal Local en Filadelfia (fl. 113), por  lo  que  al  día  siguiente  le  designó  defensor  de  oficio  al doctor  Guillermo  García  Aristizábal  y   le  notificó el referido auto,   (fl.    114),    que    ya   se   había   notificado   al   defensor   de   los  contumaces.   

         –     Ninguno     de     los    defensores    presentó    alegato  precalificatorio,        pero        el       propio      LUIS     ALVARO    sí   lo  hizo,   asumiendo  activamente  desde este momento procesal  su propia  defensa,  como  lo  revela  el hecho de haber sido él quien solicitó pruebas a  raíz  de  la  dejación del  proceso a disposición de las partes para ese  efecto,  según  constancia de la cual fueron impuestos  tanto él como los  defensores (fl. 143).     

         –  Del  auto  que dispuso la práctica de pruebas  y del  que  fijó  fecha  para  la  audiencia  pública (fl. 151 v.) se notificaron los  defensores (fl. 150).    

         Fue  en  esta  diligencia en la que hicieron su manifestación los  profesionales,  alegando  en  pro  de  la  absolución de sus clientes. Adujo el  defensor    de    LUIS    ÁLVARO   la  falta de credibilidad del que considera único testigo  de  cargo,   José  Wilmar Ramírez por ser hermano del occiso a la vez que  reclamó  crédito  para  su  cliente en cuanto alegó haber obrado en legítima  defensa,   y   en   últimas,   la   presencia   de   la   duda   sobre  la  responsabilidad.       También     el   defensor   de   los  contumaces    argumentó  la  duda  como  fundamento  de  la  solicitud  de  absolución   por  los  delitos,  tanto  de  homicidio  como   de  lesiones  personales.   

         –  La  sentencia  de  primera  instancia  condenó a los tres  procesados  por el delito de lesiones  personales  y  al detenido  LUIS       ÁLVARO     también  por  el  de  homicidio,  por el que absolvió a  Joselino y  Hernando  Arboleda;  y   notificados   tanto los profesionales como el  detenido,   fue  éste quien interpuso el recurso de apelación,   que  sustentó  por  escrito  sin  éxito,  pues   el Tribunal Superior del  Distrito   confirmó  íntegramente  la  decisión.    Contra  el  fallo  de  segundo  grado  él mismo interpuso el recurso extraordinario, aunque  para  la  sustentación  sustituyó al defensor que traía otorgándole poder al  defensor público doctor  José Carlos Vinasco.   

         De  lo  que  se  acaba de reseñar  es evidente que todos los  procesados  contaron  permanentemente  con defensores calificados a partir de la  diligencia  de  indagatoria,  notándose sí de manera especial,  que   el     único     capturado,     es   decir,    LUIS   ÁLVARO,  optó  por hacer  efectivo  uso  del  derecho  previsto en el artículo 137  del C.  de  P.  P.,  en  el  sentido de imprimir a su defensa  por cuenta propia el  dinamismo   que  sus  condiciones  personales  le  permitían.      

         Es  así  que desplazando al primer abogado defensor de oficio que  se  le  nombró  (abril  29)  -el  doctor  Trejos- apenas tres días después de  asignado   (mayo   2),    confirió   poder  al  doctor  Guillermo  García  Aristizábal,   cuyo  mandato  interrumpió  de manera sui generis el mismo  procesado   al dar poder especial  al doctor José Jesús Marín (mayo  11);   mas   como   éste,   al   que  la  Fiscalía  reputaba  su  defensor  de  confianza   como  lo  revela  la  citación que le hizo para notificarle el  auto  de  cierre,   se  convirtiera  en  empleado público,  volvió a  constituirse  defensor  suyo  -esta  vez de oficio-, el ya conocido doctor   Guillermo  García  Aristizábal  el 9 de agosto de 1994; mientras que para  los  procesados  ausentes  su  defensor  oficioso siempre lo fue el doctor   Luis  Evelio  Trejos, que como lo revela la actuación, rompió su silencio solo  durante la audiencia pública.   

         Ya  se  ha  visto  que  no  existió  transgresión  al derecho de  defensa  técnica por haberse surtido la indagatoria del demandante  con la  asistencia   de   una   persona   honorable   carente   de   la   condición  de  abogado.      Tampoco   se   desconoció   esta  garantía,  como  equivocadamente   lo   sostiene   el  casacionista,    por  habérsele  designado  defensor  de oficio al abogado García Aristizábal  -al que él  mismo  en  ocasión  anterior   había  nombrado defensor de confianza pero  sustituyó  dando  poder  especial  al doctor Marín González-,  en primer  lugar,   porque  el mandato que a éste le había conferido fue:   exclusivamente   para  estudiar  el  proceso   y   con   base  en  ello   decidir   si   tomaba  sus   servicios,  sin que a la  Fiscalía  se  le hubiera informado cosa distinta; y en segundo lugar, porque el  solo  hecho  de  haber  prescindido  el  procesado   anteriormente  de  los  servicios  del  doctor   García Aristizábal, no  desnaturalizaba las  calificadas  condiciones  de  este  profesional   para  convertirse  en  su  defensor de oficio.   

         La  Fiscalía,   como  era  su deber, al advertir la orfandad  defensiva   de   LUIS    ÁLVARO  lo  que  hizo  fue proporcionarle un defensor abogado, sin que por  haber   guardado   silencio  éste  y  los  demás  profesionales   que  lo  representaron  de  oficio y por mandato suyo durante la investigación,  se  hubiera  visto  privado  de  defensa  técnica.    Es  evidente que la  inactividad  traducida  en  no  solicitar  pruebas,  ni  interponer recursos, ni  presentar   alegaciones,  fue  la  táctica  defensiva   adoptada  por  los  profesionales,  tanto  del  mencionado implicado como de los contumaces -siempre  el  mismo-,   y  el punto central para la estructuración de sus argumentos  defensivos  a  proponer durante la audiencia pública, en la que ambos acudieron  al  instituto  de  la  duda   en  demanda  de  absolución,  y  el  de  los  contumaces,  alternativamente,   a  procurar  la  absolución al menos  por el delito de homicidio, como en efecto aconteció.   

         El  casacionista  no   demuestra  que el silencio de los  abogados  durante  la  investigación hubiera significado la transgresión de la  garantía  fundamental;   su  objeción   omite  indicar cuál hubiese  sido  una  mejor  posibilidad  defensiva;   qué  pruebas y qué argumentos  hubieran    aportado    eventualidad    exculpativa   o   diminuente   para   el  logro.     Tampoco  el  Ministerio  Público   en  su  sugerencia  casacional  oficiosa  extensiva a los contumaces es específico sobre estos  tópicos.        

         Cuando  la  falta de defensa técnica  como motivo casacional  se  hace  radicar  en  la  inactividad  de  los  defensores,   se  requiere  acreditar   la relación entre la falta de actividad de los defensores y el  sentido  adverso  del  fallo demandando;  no basta afirmar una vez visto el  resultado  de  esta  decisión, la ineficacia de la defensa técnica que figuró  en  el  proceso  para  justificar su derrumbamiento por vía de la nulidad,  así  lo  ha  reiterado  la  jurisprudencia   de  la  Sala,   entre   otros   pronunciamientos,   en   el   del    25   de   febrero  del  año  que  transcurre  (M.  P.  Dr. Mejía  Escobar), cuando precisó:   

         “El  concepto  del  derecho de defensa no se puede construir en la  abstracta  anticipación  del resultado absolutorio del juicio, sino que se  desenvuelve  en  función  de  las posibilidades reales de contradicción de los  cargos  y  ello  depende, en buena parte, de la información que sobre el asunto  pueda  suministrar  el  procesado   (sea  reo  presente o ausente), o de un  estratégico  silencio  que  impida  la  deducción  de situaciones agravatorias  de   su  posición  jurídica, o de atenerse a que sea el Estado   el  que  cumpla  plena  y  cabalmente  con  la  carga  de  probar  el hecho y la  responsabilidad.     Eb   fin,   son   demasiadas   las   alternativas  compatibles  con  la  garantía de una defensa idónea, sin que siempre, detrás  de   la   apariencia   de   inactividad,   deba   predicarse   la   carencia  de  contradictorio.   

         “Es  que  por  lo  general es planteable, mucho más a la vista de  resultados  aparentemente  desfavorables  que  se  pudo  hacer más de lo que se  hizo.    O  en  todo  caso,  hacerlo  mejor,  con  mayor oportunidad y  superiores  argumentos.    No  obstante, sin demostrar en concreto que  la  falta de actividad fue producto de la negligencia y desinterés del abogado,  y  no táctica defensiva,  la resultante es una simple  confrontación  de  estrategias.    Un  ejercicio  del  casacionista  sustentado en un  juicio   a  posteriori de la labor de su antecesor y en el planteamiento de  lo  que  a  su  manera hubiera sido una mejor manera de defensa, lo cual resulta  inaceptable    como    fundamento    de    la    violación   del   derecho   de  defensa”.   

         En definitiva, el cargo no prospera.   

         Por  lo  expuesto,   la  Corte Suprema de Justicia en Sala de  Casación  Penal,   en  desacuerdo  con   el  concepto  del Ministerio  Público,   administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E  

         NO    CASAR     la    sentencia  impugnada.              En           firme,          DEVUÉLVASE   el  expediente a la  oficina de origen.   

         CÓPIESE,  NOTIFÍQUESE, CÚMPLASE.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON     PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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