10915b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 10915  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 177  

          Santafé  de  Bogotá,  D.  C., once de noviembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS:  

          El   Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  por  medio  de  sentencia  anticipada  del  28 de abril de 1995, condenó en segunda instancia al procesado  TEÓFILO  ANAYA  CORONEL, a quien impuso la pena principal de cuarenta y un (41)  meses  y  diez  (10)  días  de  prisión,  como  autor de un concurso de hechos  punibles de hurto agravado y falsedad en documento privado.   

          En  relación con este fallo, el defensor del procesado interpuso el  recurso  extraordinario de casación y, obtenido el concepto de la Procuraduría  Delegada, la Sala proveerá de fondo sobre el asunto.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

          De   acuerdo   con   las  decisiones  de  instancia,  los  episodios  delictivos pueden compendiarse así:   

          La     señora     Julieta     Oliveros  Silva,   secretaria   del  Banco  Unión  Cooperativa  Nacional  -UCONAL-,  sucursal  de  la  carrera  19  N°  34-09  de  la ciudad de  Bucaramanga,  comenzó  a notar la ausencia de suficientes justificaciones en la  disminución  del  efectivo  en  caja,  según planillas que le pasaba el señor  TEÓFILO  ANAYA  CORONEL,  cajero  principal  de la entidad, razón por la cual,  junto   con  el  gerente  Juan  de  Jesús  Gutiérrez  Delgado,  optaron por hacer varios arqueos de caja, el  último  de  los  cuales  fue  realizado la noche del 23 de agosto de 1994, y se  determinó  entonces un faltante de efectivo en la oficina por valor de cuarenta  y  tres  millones  doscientos  noventa y siete mil novecientos cincuenta y siete  pesos  con  treinta  y  seis  centavos  ($  43.297.957.36).   En  la  misma  oportunidad,   el  cajero  tenía  elaborada  una  planilla  de  conducción  de  efectivo,  que  se  entregaría  a  la transportadora de valores, por la suma de  treinta  millones  de  pesos ($ 30.000.000.oo), pero, hecho el conteo del dinero  existente  en  las  respectivas  tulas,  se  constató que el empleado solamente  había entregado

 $ 10.200.000.oo.   

          Determinaron  los  responsables del banco que el cajero Anaya  Coronel  se  había apoderado de la  mencionada  diferencia de dinero, según retiros que hizo gradualmente entre los  meses  de  mayo  y agosto de 1994 y, con el fin de encubrir tales apropiaciones,  unas  veces  jugaba  contablemente con las entradas y salidas de efectivo que se  surtían  con  el  Banco  de la República, por medio de la adulteración de las  copias  de planillas de conducción de efectivo que quedaban en la oficina, pero  en  otras  oportunidades  disimulaba  el faltante con la declaración de algunas  sumas  que  se dejaban como provisión de efectivo para las operaciones del día  siguiente.   

          A  partir de la denuncia presentada por el gerente de la entidad, la  fiscalía  abrió formalmente la instrucción, vinculó por medio de indagatoria  al  imputado y le resolvió situación jurídica el 29 de agosto de 1994, según  providencia  que ordenó su detención preventiva sin excarcelación, como autor  de  un  concurso  de  hechos  punibles de hurto agravado y falsedad en documento  privado (cuaderno 1, fs. 2, 10, 22 y 35).   

          El  29 de septiembre de 1994, el fiscal instructor negó la libertad  provisional  al  sindicado,  pero,  apelada la decisión, la Unidad de Fiscalía  ante  el  Tribunal,  por  medio  de resolución del 8 de noviembre, confirmó la  negación,  pero,  en  cambio, le concedió la detención domiciliaria (cuaderno  1, fs. 106 y cuaderno 2, fs. 13).   

          En  resolución  del  7  de  octubre  del  mismo  año, la fiscalía  aceptó  al  Banco  UCONAL  como parte civil dentro del proceso (cuaderno 1, fs.  111).   

          El  sindicado  solicitó sentencia anticipada y el fiscal instructor  elaboró  el  acta  correspondiente  el  24  de  noviembre  de  1994  (fs.  27 y  32).   En  esta  diligencia, la fiscalía le hizo cargos por los delitos de  hurto  agravado  por  la confianza y la cuantía (C. P., arts. 349, 351, numeral  2°  y  372,  numeral  1°),  en  concurso  heterogéneo  y  sucesivo con los de  falsedad     en     documento     privado     (artículo     221    idem),   acusación  que  sin  objeciones  aceptó el procesado.   

          El  Juez Décimo Penal del Circuito dictó sentencia anticipada el 6  de  diciembre  de  1994, por cuyo medio le impuso al procesado la pena principal  de  cuatro  (4)  años  y seis (6) meses de prisión, como autor del concurso de  hechos  punibles  indicado  en  la  acusación, la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por tiempo igual, y, además, determinó que,  por  razón  de  los  ilícitos  contra el patrimonio económico, el sentenciado  debía  indemnizar los perjuicios y pagar la suma de $ 43.297.957.36, como daño  emergente  y,  a  título  de  lucro  cesante,  un interés del 6% anual más la  corrección  monetaria  vigente  al  momento  de resarcir los daños y desde que  cobrara  ejecutoria  el  fallo, sin que hubiera lugar a compensación de índole  moral.   Se  abstuvo  el  fallador,  igualmente,  de  imponer consecuencias  civiles  por los delitos de falsedad en documento privado; negó el subrogado de  la  condena  de  ejecución  condicional  y,  finalmente,  revocó la detención  domiciliaria  y  ordenó  la  reclusión  del procesado en un centro carcelario,  sujeto  su  cumplimiento  a  la  ejecutoria de la sentencia (fs. Cuaderno 2, fs.  42-55).   

          El  fallo fue apelado para discutir la rebaja de pena por confesión  y  la  negación  del  subrogado,  pero el Tribunal, de acuerdo con la sentencia  antes  señalada,  confirmó  los aspectos impugnados, aunque hizo una revisión  del   quantum  de  la  pena  principal  y la redujo a 41 meses y 10 días de prisión (cuaderno del Tribunal,  fs. 4-16).   

CONTENIDO DE LA DEMANDA:  

            El  actor  acude a la causal primera de casación, como violación  directa  de la ley sustancial, para postular que, tras el desconocimiento de los  artículos  296  y  298  del Código de Procedimiento Penal, el Tribunal aplicó  indebidamente   el   artículo   299  del  mismo  ordenamiento.   Hace  los  siguientes razonamientos:   

          1.      Explica     que    el    ad  quem  desecha  la  confesión  por  haber  considerado  flagrante  la  comisión  del  delito,  cuando  lo cierto es que el procesado se  presentó  a  la  fiscalía  después  del  arqueo  de  caja y además no le fue  encontrado  dinero alguno, pues lo ocurrido con la tula bancaria no era más que  una manera de tapar las apropiaciones ya realizadas.   

          2.   Dice  el impugnante que no existe flagrancia y, de acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana  crítica,   la  confesión del procesado es  “plena  y  absoluta”,  pues  ante  un  funcionario judicial colaboró con la  justicia,  ya que informó desde cuándo comenzó la tarea delictiva, el modo de  efectuarla,  la  destinación  de  los  dineros  apropiados  y,  sin  inculpar a  terceros,  se  presentó  voluntariamente  para ayudar al esclarecimiento de los  hechos.   

          3.   Aduce  que el fallo violó directamente los artículos 296  y  298  citados  por  haber  prescindido  de la confesión, pero igualmente hubo  transgresión  o  “desconocimiento  absoluto de la norma del artículo 299”,  porque,  si  se daban todos sus presupuestos, el Tribunal debió reducir la pena  en  una  sexta  parte  y reconocer además la condena de ejecución condicional,  dado que se cumplían los requisitos para ello.   

          4.   En  un aparte final, que titula “aplicación indebida de  la  ley  sustancial”,  el  censor  concluye  que  la  sentencia  discutida  es  violatoria  del derecho por indebida aplicación del artículo 299, debido a que  “ha  interpretado  erróneamente  la  favorabilidad  de  la  CONFESIÓN”, no  obstante ser ella manifiesta (fs. 29, cuaderno Tribunal).   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:  

          El  Procurador Tercero Delegado en lo Penal dice que existen algunas  fallas  técnicas  en  la demanda, pero que igualmente ello no impide establecer  el  contenido  de  su  pretensión  (rebaja  de pena por confesión y condena de  ejecución  condicional);  tampoco  el motivo que invoca el actor para sustentar  el  cargo (violación directa por errónea interpretación del artículo 299 del  Código  de Procedimiento Penal), ni los argumentos que sustentan la solicitud y  demuestran  el  error  que  endilga a la sentencia (consideración de flagrancia  respecto  de  uno  de  los  delitos  y  juicio  errado  de  que la confesión no  constituyó colaboración con la justicia).   

          El  Delegado estudia separadamente lo concerniente a la flagrancia y  la confesión en los siguientes términos:   

          1.   Después  de  invocar  la  definición legal de flagrancia  prevista  en el artículo 370 del C. de P. P., sostiene que el acusado sólo fue  sorprendido  en  la  alteración de los valores de la planilla correspondiente a  30  millones  de pesos, cuando ésta aún no se había firmado, y entonces dicho  sorprendimiento  en uno de los delitos contra la fe pública no puede extenderse  a  los demás hechos punibles que se habían agotado días atrás, pues si ellos  son  entidades  jurídica  y naturalísticamente autónomas, la flagrancia sólo  puede  predicarse  del  ilícito  que  se estaba perpetrando cuando el autor fue  sorprendido.   Cita  en  abono de su tesis la sentencia del 9 de septiembre  de 1993, dictada por esta Corporación.   

          1.1    De  modo  que,  según  lo  aprecia  el  Procurador,  la  flagrancia  sólo puede pregonarse en relación con el último de los diferentes  delitos   de   falsedad   en  documento  privado  que  se  imputaron  al  señor  Anaya  Coronel  (y  así  lo  declaró  el Tribunal), no así de cara a los distintos hechos punibles de hurto  anteriormente  consumados  ni  de  los  otros  ilícitos  de falsedad documental  privada       cometidos      simultáneamente      con      las      precedentes  apropiaciones.   

          2.   En  lo  que  se  refiere al tema de la confesión, como la  doctrina    jurisprudencial   ha   establecido   que   ella   consiste   en   el  “reconocimiento  libre  y  espontáneo  de  hechos perjudiciales, calificado o  no”,  se  tiene que en este caso el imputado aceptó ante funcionario judicial  haberse  apropiado  en  diferentes  oportunidades  de sumas menores de dinero de  propiedad  de  la  entidad bancaria, describiendo el procedimiento que utilizaba  para  ello  y  precisando,  en  lo posible, las circunstancias de tiempo, modo y  lugar,  aceptación  que  constituye  entonces  una  confesión  de los diversos  delitos  contra el patrimonio económico que después le fueron imputados.   Así  entonces,  a  partir  de  las  narraciones  del  imputado  sobre  el hecho  descubierto,  las  posteriores  investigaciones  administrativa y penal pudieron  establecer   la   realización   de   otros   hechos  punibles  antecedentemente  consumados.   

          2.1    De   otra   parte,   dicha  confesión  fue  material  y  jurídicamente  reconocida  tanto por la fiscalía en el acta de formulación de  cargos,  como  por  los  falladores  de  primera  y  segunda  instancia  que  la  relacionaron  dentro  de  las pruebas que sirvieron de soporte a las respectivas  sentencias.   

          3.     Ante   estos   precisos   reconocimientos,   agrega   la  Procuraduría,  es  obvio  que el Tribunal incurrió en errónea interpretación  del  artículo  299  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  cuanto  la no  concesión  de  la rebaja de penalidad con fundamento en la confesión se debió  a  una  desestimación  de  esta  prueba, no en cuanto a su existencia material,  sino  en relación con el papel que ella cumple en la fijación de la pena, dado  que  se  desconoció  la  consecuencia  que la ley señala a la confesión en la  norma citada.   

          3.1   Para el Tribunal el artículo 299 contiene como requisito  que   la   confesión   constituya   “una   verdadera   contribución   a   la  investigación”,  pues  tal  fue  la  razón  para  negar  la  rebaja  de pena  correspondiente   a   los  hechos  punibles  respecto  de  los  cuales  no  hubo  flagrancia;  pero  tal  exigencia no está prevista en el precepto aludido, y no  puede  la  judicatura  hacer  una  interpretación  restringida  so  pretexto de  consultar  su  espíritu.   El legislador, sin duda, estableció esa gracia  para   los   imputados   que  confiesen,  “asumiendo  implícitamente  que  el  reconocimiento  de  los  hechos  adversos  al incriminado, en todo caso, acarrea  ventajas  a  la  investigación  criminal  y  produce  benéficos  efectos en el  sistema de administración de justicia”.   

          4.     La    confesión    que    el   sindicado   Anaya  Coronel  vertió en su injurada, en  relación   con  los  hurtos  consumados  antes  de  que  fuera  sorprendido  en  flagrancia  en la ejecución de la última falsedad, reúne las características  señaladas  en  el  artículo  299,  razón  por  la cual corresponde a la Corte  adecuar    la    pena    para    hacer   una   disminución   del   quantum  básico  de  38 meses de prisión  del  cual  partió el Tribunal por el delito de hurto agravado, pero también de  la  proporción  asignada  por  el  concurso  de  las  mismas infracciones, pues  quedarían   excluidos   de   tal   reducción   los   delitos   contra   la  fe  pública.   

          4.1   Dice,  por  último,  que  si  la  labor de dosificación  punitiva  corresponde  al  juzgador,  sin  conocer  el  monto  de  la  pena  que  finalmente   ajustará   la   Corte,  no  sería  posible  conceptuar  sobre  la  procedencia     o     improcedencia     de     la    condena    de    ejecución  condicional.   

          Pide  entonces  que  se  case  la  sentencia para dictar el fallo de  remplazo  y  reconocer  al  procesado  una  rebaja  de  pena de una sexta parte,  proporcional  a la que corresponda a los delitos de hurto agravado que motivaron  la condena.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          I.     ASPECTOS    TÉCNICOS.   El  impugnante  ha  escogido  la  causal  primera  de  casación  y  la  propone  como  violación  directa  de  una  norma  de derecho  sustancial,  que  para  el caso la identifica en el artículo 299 del Código de  Procedimiento  Penal.   Claro que puede haber equivocidad en la invocación  simultánea  de  los  artículos  296  y  298  del mismo ordenamiento, pues bien  podría  entenderse  que  el  reparo se refiere a que el Tribunal desconoció la  confesión  como  prueba,  lo  cual  conduciría  a  una  modalidad diversa a la  pregonada,  que  es  la violación indirecta de la ley sustancial; pero, como lo  advierte  el  Procurador  Delegado,  el  censor  no discute en el desarrollo del  cargo  la  desestimación  material de la confesión ni una distinta valoración  de   la   misma,   sino   su   trascendencia  jurídica  de  cara  al  artículo  299.   

          Es  cierto  que,  en  relación  con  el artículo 299 examinado, el  actor   perfunctoriamente   se   refiere   a  la  “indebida  aplicación”  o  “interpretación   errónea   de  la  confesión”  o  al  “desconocimiento  absoluto  de  la norma”, pero siempre en su discurso está presente la idea de  que  no  se  aplicó  tal  precepto,  cuando  en realidad se tenía derecho a la  rebaja de pena que el mismo contempla.   

          A  pesar  de  las  imprecisas  referencias  sobre  el  sentido de la  violación  del  artículo  299, la verdad es que el actor claramente reivindica  que  el  fallador  no  tuvo  en cuenta la confesión para acceder a la rebaja de  pena  y, por consecuencia, al subrogado de la condena de ejecución condicional,  a  sabiendas  de  que  dicha  confesión  sí constituyó una colaboración a la  justicia.   

          Aunque  es clara y no contradictoria en su desarrollo la pretensión  del  impugnante,  razón  por  la  cual  puede  examinarse  de  fondo,  no puede  soslayarse  que  el  sentido  correcto y estricto de la violación del artículo  299  es  el  de  su  falta  de aplicación   y   no   el   de   una  interpretación  errónea         del         mismo,   porque   aquél   se   integra   como  norma   sustancial  cuando  prevé  la  rebaja de pena por  una  confesión no interferida por la flagrancia, pues sólo en dicho momento se  entiende  que  el  operador  jurídico  resolvería  en  concreto  el  conflicto  planteado.   Las discusiones circunscritas al campo de las características  de  la  flagrancia  y  la  confesión,  o a la repulsa absoluta o relativa entre  ambas     figuras,     obviamente    pueden    dar    lugar    a    interpretaciones  erróneas, pero el juicio  de   reproche   aún   es  incompleto  porque  falta  la  consideración  de  la  consecuencia  fundamental  prevista  en  la  misma  norma,  que es la reducción  punitiva.   

          De  modo  que  si se echa de menos la rebaja de pena dispuesta en el  artículo  299,  que  es  la nota más determinante de su carácter sustancial,  lo  correcto  es  atacar  la  sentencia   por   falta   de  aplicación  de  la  norma, así se haya caído en este vacío por interpretación    errónea    de    los  presupuestos  de  la  misma  (o  por  cualquier  otro  motivo),  pues la censura  quedaría a medio camino si se deja en esa última expresión.   

          II.     EXAMEN    DE   FONDO.   Sobre  la  eventual  aplicación del artículo 229, el  Tribunal reflexionó del siguiente modo:   

“2.    La   confesión.   Dos  aspectos  deberán  tomarse en cuenta en este acápite, referente el uno a si en  el  subjudice  hubo  confesión  y  el  otro al cumplimiento de los presupuestos  establecidos  en  el  art.  299  del  C. P. P. para que proceda la diminuente de  punibilidad.     Cabe   anotar   entonces   que  ciertamente  ANAYA  CORONEL  aceptó  la evidencia, la contundencia de los hechos detectados por el Gerente y  su  secretaria  cuando  en  su  presencia efectuaron el arqueo general de caja y  hallaron    tan    cuantioso    faltante   cuya   autoría   de   una   vez   le  imputaron.  Esto originó su conducción ante la  autoridad  por  parte  de  su  inmediato  superior  con  la  condescendencia  de  TEOFILO,   desde  luego;  sin  embargo,  su  versión  que  a  pesar de ser una  confesión  parcial  respecto  del  delito  contra  el patrimonio, no reúne los  requisitos  para  efecto de la disminución de pena puesto que en esencia lo que  ANAYA  CORONEL  hizo  fue  allanarse  al  descubrimiento  que  de  unos  hechos hicieron los directivos del  Banco,  aceptó  lo que había sido detectado y demostrado en su contra, pero no  aportó  nada a la investigación.  Es más, así  no  hubiera  aceptado  la  realización  de  los  punibles,  las  pruebas  ya lo  señalaban  como  el  autor  responsable  de  los  mismos:   era  el cajero  principal,  a  su  cargo estaba el manejo de las operaciones de entrada y salida  de  dinero,  y  de  su versión de injurada se infiere que fue la única persona  que  realizó  los  apoderamientos de dinero, y que mediante la consignación de  datos  falsos  en  las  remisiones  que  debía hacer al Banco de la República,  operaciones  que  negó,  disimulaba  el  faltante  que  había  generado.   El      hecho      de      que      TEOFILO  hubiese  sido  sorprendido  con  desfalco  contable  a través de la realización de un sorpresivo arqueo de caja  da  lugar  a  la  situación  de  flagrancia  la  que se circunscribe al último  episodio  delictivo,  el  cual  se  quedó  en la fase ejecutiva toda vez que el  dinero  que  debería  ser enviado al Banco de la República se encontraba en la  tula  respectiva,  en  menor  cantidad  del  real  envío  como  constaba  en el  comprobante  aun sin firmar y la provisión que no debería hacerse estaba en la  caja.   Aquella  flagrancia  excluiría  la  rebaja  en  cuanto  al acto de  sorprendimiento  y  respecto  de los demás actos delictivos conforme ya se dijo  no  hubo  una  verdadera  contribución  a  la  investigación  que ameritara la  diminuente  que  establece  el precepto mencionado, en  consecuencia,  acertada la decisión del a quo cuando negó la rebaja solicitada  por el impugnante” (se ha subrayado).   

          De  acuerdo  con  la  parte  transcrita de la sentencia, el Tribunal  niega  la  rebaja  de pena en relación con el último acto de adulteración que  ejecutaba  el  procesado  el día 23 de agosto de 1994, fecha del arqueo general  de  caja, orientado a hacer creer a la secretaria del banco que la remesa sería  de  30  millones  de  pesos,  cuando  en realidad era sólo por $ 10.200.000.oo,  precisamente  porque  el  procesado  fue  sorprendido  flagrantemente  en  dicha  maniobra  y  apenas  faltaban las respectivas firmas responsables en la planilla  de conducción de efectivo.   

          De  otra  parte,  el juzgador de segunda instancia reconoce que hubo  confesión  respecto  de  los  actos constitutivos del delito de hurto agravado,  pero  a  la  vez  estima  con sobradas razones que tal aceptación del procesado  nada  aportaba  a  la  investigación,  supuesto  que  ya existía una evidencia  indiscutible  conformada  por  el arqueo y las verificaciones hechas previamente  por  el  gerente  y la secretaria de la entidad bancaria.  En efecto, antes  de  que  el  sindicado  confesara  los  hechos,  no  existían  dudas  sobre  la  imputación  material  de  las  conductas  dañinas, pues, durante algún tiempo  anterior  a  los  arqueos,  se  detectaron inconsistencias en los movimientos de  entrada  y  salida  de  efectivo, operaciones que sólo él manejaba como cajero  principal;   igualmente,   antes  de  cualquier  aceptación,  el  imputado  fue  requerido  en varias oportunidades para que explicara los desfases advertidos en  los  documentos  que  sólo  a  él  correspondía  diligenciar, mas siempre fue  evasivo;  y,  finalmente, solamente ante la realidad de varios arqueos parciales  de  caja  y  el último que fue integral, el inculpado se decidió a admitir los  apoderamientos  sucesivos  de  dinero, aunque no aceptó la adulteración de las  planillas como medio para disimularlos.   

         Ahora  bien,  en  orden  a  responder las inquietudes del Procurador  Delegado,  es cierto que el texto del artículo 299 del Código de Procedimiento  Penal  es  claro en cuanto que sólo exige una confesión no ensombrecida por la  flagrancia,  pero  como la norma hace parte de una suerte de sistema de justicia  consensual  o premial, parcialmente reconocido en el ordenamiento procesal penal  colombiano  por  esta  y  otras  instituciones (arts. 37, 37A, 38, 39 y 369A-I),  dado  que  contempla un estímulo de rebaja de pena por la confesión del hecho,  ni  más  faltaba  que  ella  operara automáticamente a cambio de nada o de una  confesión  inútil,  oportunista  o  ineficaz  o  por el prurito pedagógico de  acicatear  confesiones  que no tienen ninguna repercusión concreta en la marcha  del  proceso,  pero  que  en  cambio  sí,  indefectiblemente,  arrancarían una  reducción punitiva.   

         Es   cierto   que   el   artículo   301  del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal (Decreto 050 de 1987) supeditaba la rebaja de pena al hecho  de  que  la  confesión fuera “el fundamento de la sentencia”, exigencia que  ya  no  se  prevé en el artículo 299 del Estatuto Procesal Penal vigente, pero  es  que  aquella  referencia, además de ser equívoca, era redundante porque la  compensación  se entiende en el sentido de que el Estado prescinde de una parte  de  la  pena  a  cambio de lo que ahorra procesalmente la actitud aportadora del  confesante.   Es  más, bien puede decirse que, por la finalidad implícita  en  el  artículo 299, este precepto completa el contenido jurídico-penal de la  confesión,  dado  que  ésta,  más  allá  de reconocer un hecho delictivo que  perjudica  al  imputado,  debe  entregar  una  claridad  de los hechos que no se  visualiza por otros medios que le precedan en el tiempo.   

         Se  califica  de  equívoca  la  exigencia del citado artículo 301,  porque  “el  fundamento  de  la  sentencia”  lo  deben  constituir todas las  pruebas  legalmente aportadas  al  proceso, incluida la confesión -así fuera oportuna, tardía, esclarecedora  o  redundante-, pues, por tal razón, tanto en el artículo 253 del desaparecido  Código  de  Procedimiento Penal como en el artículo 254 del vigente se dispuso  que la apreciación de las mismas debería hacerse en conjunto.   

         Tal  es  la  hermenéutica  que  ha  presentado  la  Corte  desde la  sentencia    del    29    de    septiembre   de   1993   (M.   P.   Guillermo    Duque    Ruiz),   mantenida  recientemente  en  la  sentencia  del  3  de  marzo  de 1999 (M. P. Carlos  Augusto Galvez Argote), y que ahora  se  reitera.   En  la  primera  de  ellas, se advirtió “que para la Sala  sigue  siendo indispensable que la confesión sea fundamento de la condena, así  el  nuevo  texto  legal  (art. 299) no lo mencione expresamente, porque sólo de  esta   manera   es  entendible  y  justa  la  rebaja  de  pena  que  en  él  se  consagra.   Interpretarlo  de  otra  forma,  sería  otorgar  un  beneficio  gratuito,  sólo  porque  se confesó cuando ello no era necesario, pues obraban  otras  pruebas, distintas de la confesión, que permitían afirmar, sin   dudas,   la   responsabilidad  del  procesado”.   Por  otra  parte,  esta  manera de interpretar la entidad y  finalidad  de  la  confesión,  se  refuerza  al  observar que “por esta misma  razón,  inutilidad  de la confesión, el legislador pone como exigencia para el  otorgamiento   de   la   rebaja  de  pena,  que  no  se  trate  de  ‘casos    de   flagrancia’,   porque   precisamente   en  estos  eventos,  ante  el  conocimiento que del hecho y de su autor tienen las personas  que  lo  han  presenciado,  la  confesión  es  de casi ninguna utilidad para la  investigación,  porque  de antemano el instructor ya conoce lo que a través de  éste se le ha comunicado…”   

         No  procede  entonces la única censura por violación directa de la  ley sustancial que postula la demanda.   

         Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

         No  casar  la  sentencia  impugnada  por  el  defensor del procesado  TEÓFILO ANAYA CORONEL.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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