10519 (24-07-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA DE CASACION/  NULIDAD/ CASACION OFICIOSA   

1.-Si  por  un lado se afirma que el proceso  está  viciado  de  nulidad,  resulta  absurdo  pedir  por  el otro el cambio de  tipicidad  o  la  reducción  de  la  pena;  dicho  de  otra manera, demandar la  disminución  de la pena impuesta o el cambio de la tipicidad, implica reconocer  de  antemano  la  validez del proceso, circunstancia que lógicamente se opone a  la pretensión de nulidad.   

2.-La  Corte  tiene  el  deber  jurídico de  declarar  oficiosamente las nulidades que advierta cuando va a proferir fallo de  casación,  y  que,  en consecuencia, respecto de ese deber no rige el principio  de  limitación del recurso (art. 228 C.P.P.); pero ello no significa de ninguna  manera  que  detrás  de  dicho  deber  jurídico  del  Tribunal de casación se  esconda  una excepción al presupuesto procesal de la demanda en forma (art. 225  C.  P.P.)  ya  que es de riguroso cumplimiento el que legitima a la Corporación  para  desatar  el  recurso  extraordinario,  aún  a  pesar  de  la  distensión  paulatina  que  el  paso  del  tiempo  y  de las legislaciones han ido generando  respecto de su rigor técnico.   

Proceso No. 10519  

CORTE     SUPREMA    DE   JUSTICIA.-  SALA  DE  CASACION  PENAL.-  Santafé  de  Bogotá,   veinticuatro  (24)  de  julio de mil novecientos noventa y cinco  (1995).   

Magistrado   Ponente:   Dr.  CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

Aprobado Acta No. 101 (19-07-95)  

         

V I S T O S  

                                                   Procede  la  Sala  a  estudiar si la demanda de  casación  presentada a nombre de LUIS DANILO GUERRERO  RODRIGUEZ   reúne  o  no  las  exigencias  formales  señaladas en el artículo 225 del C. de P.P.   

ANTECEDENTES  

                                                   El  Juzgado Promiscuo del Circuito de Funza, en  sentencia  de  8  de  agosto de 1994, condenó en primera instancia al procesado  LUIS   DANILO  GUERRERO  RODRIGUEZ    a  la  pena  principal  de  45  años  de  prisión  como  autor  responsable   del   homicidio  agravado  de  que  fue  víctima  Carlos  Efraín  Santamaría  Ruíz,  en  hechos  acaecidos  dentro  de  su jurisdicción el 8 de  septiembre de 1993.   

         Dicha  sentencia fue apelada por el procesado y su defensor, lo que  motivó  su  revisión  por  parte del Tribunal Superior de Santafé de Bogotá,  Corporación  que  mediante  fallo  del  22  de  noviembre de 1994, la confirmó  reduciendo  la pena principal a 40 años de prisión, ajustando la interdicción  de  derechos y funciones públicas al máximo legal y revocando las demás penas  accesorias,   al  tiempo  que  reformó  lo  atinente  a  la  indemnización  de  perjuicios,  fijándola  en  1000  gramos  oro  por los materiales y 500 por los  morales.   

         Contra  el anterior fallo, el procesado y su defensor interpusieron  oportunamente  el recurso extraordinario de casación, el cual les fue concedido  por el Tribunal en proveído de 26 de enero del año en curso.   

         El   defensor  presentó  la  correspondiente  demanda  dentro  del  término  de  traslado  y es por ello por lo que ahora le corresponde a la Corte  decidir sobre la admisibilidad del recurso extraordinario.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         De  entrada  se  advierte  que  la demanda en estudio no cumple los  requisitos  formales  exigidos en el artículo 225 del C. de P.P., según pasa a  explicarse.   

         En  efecto,  el  libelista  adujo  como  causales  de casación las  consagradas  en  los  numerales  primero  y  tercero del artículo 220 del C. de  P.P.,  pero  en lugar de expresar separadamente los fundamentos relativos a cada  una  de  ellas,  como  era  su deber, se limitó a comentar los hechos y algunos  apartes  de  la  actuación  procesal  criticando de paso y en forma conjunta la  actividad  instructiva,  la  adecuación  típica  y  la  dosificación punitiva  realizadas.   

                                                      

         No  obstante,  haciendo  un esfuerzo interpretativo puede colegirse  del  singular  alegato  la  formulación  tácita  de dos cargos; el primero por  nulidad,  consistente  en  la  supuesta  falta de defensa adecuada del procesado  durante  la  investigación,  lo  que   en   opinión   del   libelista    permitió    que   únicamente   se  recaudaran  pruebas   incriminatorias,   desconociéndose  garantías  fundamentales  de  su  representado.  Y  el  segundo,  dada  la  manifestación inicial debe entenderse  formulado  al  amparo en la causal primera de casación, y se hace radicar en la  presunta  violación  del artículo 323 del C.P., por haberse aplicado la ley 40  de  1993  que  hizo  más   drásticas   las  penas y por imputarle al  procesado  la agravante específica del homicidio prevista en el numeral 4o. del  artículo  324  del estatuto punitivo, lo que en criterio del impugnante condujo  a  que  se  le  impusiera  una  pena excesivamente drástica, “… como si   fuera  una  de  esas  personas  que  ha  hecho males al país volando edificios,  matando indiscriminadamente a los ciudadanos con bombas, etc.”   

         Como  se  vé  son  múltiples  los  errores  de  técnica  en  que  incurrió el demandante, a saber:   

         En  primer  lugar,  el  demandante  omitió  formular los cargos de  manera  clara y precisa y no expresó en capítulos separados los fundamentos de  cada  uno  de  ellos  a  pesar  de  que  correspondían  a causales de casación  distintas, infringiendo así el art. 225-4 del C. de P.P.   

         En   segundo   término,   el  libelista   planteó   ambas    censuras   con   carácter   de   principales   sin  advertir     que     sus     respectivos     y     precarios  fundamentos   se excluyen entre sí ;  No  indicó  el   actor  que  alguno  de  los dos cargos fuera subsidiario, a   pesar     de     que   los    planteados   se   formularon   como  ataques    principales   y   que   éstos  se  excluyen  entre  sí,   infringiendo   lo dispuesto en el artículo 225-5 del C.  de  P.P.,  toda vez que si por un lado se afirma que el proceso está viciado de  nulidad,  resulta  absurdo  pedir  por  el  otro,  el  cambio  de tipicidad o la  reducción  de  la pena;  dicho de otra manera, demandar la disminución de  la  pena  impuesta o el cambio de la tipicidad, implica reconocer de antemano la  validez  del  proceso,  circunstancia que lógicamente se opone a la pretensión  de nulidad.   

         En  tercer  lugar,  olvidó el demandante señalar si la violación  de  la  ley  sustancial a que se refiere la segunda censura, se produjo por vía  directa  o  indirecta  y  cuál  el  sentido  y  motivos  de  la  transgresión,  precisiones  sin las cuales a la Corte le resultaría imposible adentrarse en el  estudio  sobre  la  legalidad del fallo acusado, pues en virtud del principio de  limitación  que  rige  para  este  recurso extraordinario, su competencia queda  restringida    al    estudio    de    las    cuestiones    planteadas   por   el  demandante.   

         Finalmente,   ninguna   de  las  dos  censuras  tuvo  el  necesario  desarrollo  quedándose  en  el  campo  meramente  enunciativo,  lo cual permite  afirmar  que,  lejos de constituir una verdadera demanda de casación, el libelo  examinado  es  un  típico  alegato  de  instancia que, además de no reunir las  exigencias  formales  señaladas  en  el artículo 225 del C. de P.P., carece de  toda  capacidad  demostrativa  y,  por lo mismo, no tiene ninguna posibilidad de  éxito  en sede de este recurso extraordinario.            

         Es  evidente,  y eso ahora nadie lo discute , que la Corte tiene el  deber  jurídico  de declarar oficiosamente las nulidades que advierta cuando va  a  proferir  fallo  de  casación  y que,  en consecuencia, respecto de ese  deber  no  rige el principio de limitación del recurso (art. 228 C.P.P.);   pero  ello  no  significa  de  ninguna  manera   que detrás de dicho deber  jurídico  del  Tribunal  de  Casación  se esconda una exepción al presupuesto  procesal  de  la  demanda  en  forma  (art.  225  C.P.P.)  ya que es su riguroso  cumplimiento  el  que  legitima  a  la  Corporación  para  desatar  el  recurso  extraordinario,  aún a pesar de la distensión paulatina que el paso del tiempo  y   de   las   legislaciones   han   ido   generando   respecto   de   su  rigor  técnico.   

         Prueba  palpable  de  lo anterior es el contenido del artículo 307  del  Código  de Procedimiento Penal y en general la regulación que del tema de  las  nulidades  consagra  el  C.P.P.  en  el  respectivo  capítulo. Aún en las  instancias  su  petición  debe  hacerse  cumpliendo un mínimo de requisitos de  forma  como  la  invocación de la causal y las razones en que se funda, pues el  legislador  busca,  todos los días con mayor ahínco, impedir que ellas sean el  producto  del  simple  culto a la forma, (con independencia de la producción de  daño  concreto  a derecho fundamental a la regla esencial de procedimiento cuya  tipificación  tutela),  o  el  instrumento  para  dilatar  el  trámite bajo el  pretexto de proteger la incolumidad del orden jurídico.   

         En  idéntico  sentido  encuentran fundamento las disposiciones que  disciplinan  las  oportunidades para alegar la invalidez y las máximas rectoras  que orientan su declaratoria y convalidación (arts. 306 y 308).   

         De  modo que tampoco por estarse alegando en casación una nulidad,  o  por  ser  su  declaratoria  oficiosa  un  deber  de  la Sala, la ley exime al  casacionista  de  la  carga de presentar su demanda con arreglo a la técnica en  que todavía persiste la ley.   

                                                    

        Corolario  de  lo  anterior,  se  declarará  desierto  el recurso  extraordinario  de  casación  concedido por el Tribunal Superior de Santafé de  Bogotá,  dándose  aplicación  a  lo  dispuesto  en el artículo 226 del C. de  P.P.                                       

                                          

        En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  república  y  por  autoridad de la  ley,   

                                                   

R E S U E L V E  

PRIMERO.           RECHAZAR  IN LIMINE la demanda  presentada  por  el defensor del procesado LUIS DANILO GUERRERO RODRIGUEZ por no  ajustarse  a  las  formalidades  exigidas  en  el  artículo  225  del C.de P.P.   

SEGUNDO.             Como   consecuencia  de  lo  anterior,  DECLARAR  DESIERTO  el recurso extraordinario de casación y disponer  la   devolución   del   proceso   al   Tribunal   Superior   de   Santafé   de  Bogotá.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

NILSON   PINILLA  PINILLA,  FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL,  RICARDO  CALVETE  RANGEL,CARLOS  E. MEJIA ESCOBAR,DIDIMO PAEZ  VELANDIA,  EDGAR  SAAVEDRA ROJAS No firmo,JUAN    MANUEL    TORRES    FRESNEDA,JORGE    ENRIQUE    VALENCIA  M.   

Carlos  Alberto  Gordillo  L.,SECRETARIO   

     

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