10500d

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No. 10500  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                Magistrado Ponente:   

                                      DR.    RICARDO    CALVETE  RANGEL   

                                Aprobado Acta No. 46   

                                   

Santa Fe de Bogotá, D.C., abril ocho de mil  novecientos noventa y nueve.   

          V I S T O S   

Procede la Corte a resolver sobre la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado HENRY ACEROS RAMIREZ,  contra   la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el Juzgado Catorce Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  que condenó al aquí recurrente a la pena principal de cuarenta  y  cinco (45) años de prisión, y a la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  un período de diez (10) años, por los homicidios de  Campo  Elías Salamanca y Sergio Iván Reyes, y las lesiones personales causadas  a Mario Ignacio Picón.   

         

          I.   H  E  C H O S      

                                  El  quince  de  agosto de   1.993,  en  el  sitio  denominado  “El  Malecón”,  en el  Municipio de  Girón  (ss),  se  encontraron  ORLANDO GAITAN MEDINA y un amigo de nombre HENRY  ACEROS  RAMIREZ,   apodado “el Japonés”, a quien le pidió un trago de  la  botella  de  licor  que  portaba,  y  luego  procedió  a  ofrecerle  a  sus  acompañantes  CAMPO  ELIAS  SALAMANCA,  SERGIO  IVAN REYES GOMEZ, MARIO IGNACIO  PICON  y  EDWIN  MALDONADO,  actitud  que  molestó  al  Japones,  generando  un  enfrentamiento  verbal  y  a  golpes   que culminó con la partida de éste  último del lugar .   

                                  Cuando  ya  había  trascurrido  aproximadamente  una  hora,  reapareció  en  el sitio de los hechos el referido  Japonés,  quien   agredió  con  arma  cortopunzante a CAMPO ELIAS, SERGIO  IVAN  y MARIO IGNACIO, causándoles heridas que en los dos primeros generaron su  muerte,     y     en     el      último     lesiones    de    considerable  gravedad.       

            

         II. ACTUACION PROCESAL   

La Fiscalía Veintitrés Previa y Permanente  de  Bucaramanga  ordenó  la apertura de la investigación, a la que se vinculó  mediante  indagatoria  a  HENRY ACEROS RAMIREZ (A. “El Japonés”), a quien se le  resolvió  su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento consistente en  detención preventiva (fls. 39 a 45).   

Recaudadas las pruebas necesarias, el Fiscal  Coordinador   de   la  Unidad  Especializada  cerró  la  investigación,  y  en  providencia  de  fecha  enero  25 de 1994 calificó el mérito de probatorio del  sumario  con  resolución  de  acusación  contra el imputado, como autor de los  delitos  de  homicidio  en  Campo  Elías  Salamanca  y  Sergio  Iván Reyes, en  concurso  material  con  el de lesiones personales en Mario Ignacio Picón (Fls.  18 a 28 cuad. 2) agravadas por la indefensión de sus víctima.   

El  Juzgado  Catorce  Penal  del  Circuito  adelantó  la  etapa  del juicio, y una vez efectuada la diligencia de audiencia  pública,  profirió  sentencia  condenatoria contra el procesado ACEROS RAMIREZ  en los términos antes reseñados (fls. 84 a 100).   

Apelada la sentencia de primera instancia, el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  la confirmó íntegramente (fls. 3 a 26 del  cuaderno del Tribunal).   

         III.  LA DEMANDA    

El actor invoca la causal primera contemplada  en   el  artículo  220  del  C.  de  P.P.,  y  acusa  la  sentencia  de  violar  indirectamente  el  artículo 247 ibidem, el cual ordena que no se podrá dictar  sentencia  condenatoria  sin  que  obre  en  el proceso prueba que conduzca a la  certeza  del  hecho  punible  y  de  la  responsabilidad  del  acusado, al haber  incurrido  en  “ostensible  ERROR  DE DERECHO, al otorgar la credibilidad total,  con  fuerza  de  plena  prueba  a  las  palabras de uno de los partícipes, y al  parecer,  presenciales  de  los  hechos,  en  los cuales perdieron la vida Campo  Elías  Salamanca  y  Sergio  I.  Reyes,  además  de  ser  lesionado  Mario  I.  Picón”.   

“La  convicción  del  Juzgador  sobre  la  CERTEZA  del testimonio o versiones de los señores Mario Ignacio Picón, Edwing  Maldonado  o  Alvaro  Valbuena  alias  ‘Piojo’,  Orlando  Gaitán  Medina  alias  ‘Chatarra’  y Luz A. Cuellar, irremediablemente arroja una responsabilidad penal  en  HENRY  ACEROS  RAMIREZ,  es violatoria del art. 47 del C. de P. Penal…”.  También  se  infringieron  los  artículos  248 y 294 del C. de P.P., que en su  orden  consagran  el  principio  del  in  dubio  pro  reo  y  los  mecanismos de  valoración correcta del testimonio.   

El error consistió en que el fallo censurado  “otorgó   credibilidad   absoluta,   a   Mario   Ignacio   Picón   y   Orlando  Gaitán”.   

El  concepto  de  certeza  declarado  en  la  sentencia  fue  extraído  de  prueba  única  y  precaria,  en  oposición a la  versión  del  procesado  y va más allá de la “libertad prudente” que la Corte  concede  al Juzgador cuando enfrenta la prueba testimonial. El desbordamiento de  esa   “prudente   libertad”   en   la   valoración   conceptual   se   concreta  en:   

a)   Aceptación  del  fallador  de  la  percepción,  en  lo relativo a la naturaleza del objeto percibido, por parte de  Mario  Ignacio  Picón  frente  al  desconocimiento  categórico  por  parte del  testigo  único:  al  ser  preguntado:  “Vió  que  clase  de  arma  utilizó el  ‘Japonés’  para  lesionar  a  Elías, a Reyes y a usted. CONTESTO: No sé, tuvo  que ser con un cuchillo, no me dí cuenta…”   

b)    “Predicabilidad   de  falta  de  contradicción  por parte de quienes percibieron las particularidades suscitadas  en  el  desenlace  del  conato  (Luz  Amelia Cuellar y Mario I Picón) y Orlando  Gaitán  Medina, cuando en sus declaraciones manifiesta haber salido corriendo y  apuntar  que  el  “Japonés”  había  agredido a sus amigos con cuchillo de doce  pulgadas,  de  esos tres canales, al ser preguntado por la descripción del arma  o las armas con que fueron agredidos sus amigos”.   

Es a todas luces inexplicable que el ofendido  Mario  Ignacio  Picón, no hubiera visto el arma con la que fue lesionado, “esta  afirmación  no  puede  ser  de  recibo,  es  mentirosa  a  las luces de la sana  crítica”.   

La  certeza  sobre la responsabilidad que es  condición  primera  en  la sentencia de condena,”ha sido inalcanzable en autos.  El  error  de  apreciación  del mérito de la prueba hiere en grado extremo los  postulados del artículo 247 del C. de P. Penal.”   

En  sana  crítica  se  concluye,  que  los  testimonios  de  Mario  Ignacio  Picón  y  Orlando Gaitán son contradictorios,  amén  de  “proclives”.  Es  contradictorio  consigo  mismo  al manifestar haber  observado  como eran heridos sus compañeros, y percatarse luego de ser víctima  del  supuesto  ataque,  sin  poder  hacer  una descripción del arma, como si lo  hace,   producto   de   su   imaginación   el   señor  Orlando  Gaitán  alias  “Chatarra”.   

Finalmente expresa: “La sentencia que demando  vió  el  antagonismo  en  la  versión  posterior de mi representado, aceptando  haber  participado  en  el  conato  o  reyerta,  siendo posible una terminación  anticipada  del  proceso  (Art.  37  del  C.  de  P.  Penal),  y  reconocida  la  precariedad  de  esta  en  gracia  de  discusión,  se abstuvo de puntualizar el  principio   conforme   el   cual  ante  la  duda  no  eliminable  se  impone  la  absolución.”   

El  carácter de plena prueba, “de certeza”,  dado   por   el   Juez   a   los  testimonios  de  Picón  y  Gaitán,  atribuye  responsabilidad  penal  en HENRY ACEROS RAMIREZ y desarrolla la razón exclusiva  por  la cual la sentencia reconoció una condena por doble homicidio en lugar de  culpabilidad  en  las  lesiones  ocasionadas a Mario Ignacio Picón. De no haber  incurrido  el  fallo  en  error  de derecho, observando certeza en la prueba, el  resultado   de   la   investigación   y   el   juicio   penales   habría  sido  contrario.   

Solicita  a  la  Corte  casar  los fallos de  primera y segunda instancia.   

         V.     CONCEPTO     DEL     MINISTERIO    PUBLICO     

El  Procurador primero Delegado en lo Penal  pide  que  no  se  case la sentencia impugnada, en consideración a que el cargo  formulado    en   la   demanda   no   puede   prosperar   por   las   siguientes  razones:   

El   casacionista   omite   uno   de  los  presupuestos  de  la  demanda,  pues  no reseña la actuación procesal. Tampoco  señala  la  clase  de  error  de  derecho que propone, aunque se infiere que se  trata de un falso juicio de convicción.   

Al  fundamentar  el  planteamiento, deriva,  como  lógicamente  tenía  que  ser,  ante  la  inexistencia  de tarifa legal y  probatoria,  en  apreciaciones de índole puramente personal, sin concreción de  ninguna  clase,  “con  la  pretensión  de  reemplazar el criterio judicial y su  basamento  en  el artículo 248 del C. de P. Penal que él cataloga como remedio  de la transgresión de la norma sustancial”.   

En   materia  penal,  el  Juez  no  está  supéditado  a  una específica tarifa, sino que la ley le impone la convicción  racional,  partiendo  de  las  reglas  de  la  experiencia, de la ciencia, de la  lógica,  es decir, de un cúmulo de factores que fundamentan la racionalidad de  su  decisión. Esta así asumida, no puede ser discutida con ópticas diferentes  de  parte  interesada,  ajenas  al  error  propio de la casación, en razón del  desconocimiento  que  sistema  tal  implicaría de la presunción de legalidad y  acierto  de  los  fallos  juidiciales,  y  por  ende, de la seguridad jurídica,  característica del Estado de Derecho.   

Se  refiere  al contenido del reproche para  decir  que  es  ni  más  ni  menos  que  plantear  una  realidad distinta de la  acreditada  en  el  proceso y hacerle producir una consecuencia diversa a la del  fallador,  sin  más respaldo que el criterio particular del libelista, que así  se  interna  en el cuestionamiento del crédito judicial otorgado a las pruebas,  y  obviamente  termina  apoyado  en un motivo ajeno al recurso: la credibilidad.  Esta,  como  se  sabe,  conferida  por el sentenciador a los elementos de juicio  bajo  los  presupuestos de racionalidad y sana crítica, no es cuestionable como  error  de  derecho,  a  menos  que  arbitrariamente  se  les  haya dado un valor  inexistente.  Al  recurrente  le  correspondería  comprobar  que  de  no  haber  medidado  los  errores  probatorios endilgados al sentenciador, con el carácter  de  manifiestos  y  trascendentes,  este se hubiera visto avocado forzosamente a  una   duda  insalvable  respecto  de  la  existencia  del  hecho  punible  o  la  responsabilidad    del   sindicado,   la   que   debería   resolverse   en   su  favor.   

En  el  caso  que nos ocupa, los Juzgadores  para  aceptar  los  testimonios  de Mario Ignacio Picón y Orlando Gaitán, y no  reconocer  la  duda,  abundaron  en  razonamientos  e  hicieron  un  concienzudo  análisis  del  caudal probatorio, descartando argumentativa y razonablemente su  aplicabilidad,  todo  ello como reflejo de la ponderada valoración que hicieron  del  conjunto  probatorio  obrante  en  el  expediente y que en ninguna forma es  atacado en la censura que ahora se eleva.   

En  consecuencia  no  existe  el  error  de  derecho denunciado.   

        V.   CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1. El cargo que el censor formula contra la  sentencia  es  por error de derecho por falso juicio de convicción, como quiera  que  lo  que  cuestiona es el mérito probatorio reconocido a los testimonios de  las personas que tuvieron conocimiento de los hechos.   

La  desacertada  escogencia  de  la vía de  ataque  permite  desde ya coincidir con el Ministerio Público en que la demanda  no  puede  prosperar,  pues  la  censura  es  indemostrable,  ya que el error de  derecho  referido  existe cuando se le da a la prueba  un  valor mayor o menor del que la ley le da, lo cual  presupone  que  la  valoración  del  medio probatorio esté tarifada, y ello no  ocurre  en  el caso que nos ocupa, en el que la apreciación de esos testimonios  solo  estaba  sometida  a las reglas de la sana crítica. (Art. 254 C. de P. P.)   

2. La valoración de la prueba desconociendo  las  reglas  de la sana crítica puede ser demandada en casación pero por error  de  hecho, y la sustentación debe poner en evidencia el punto concreto sobre el  cual  se  equivocó  el sentenciador, (la lógica, la ciencia o la experiencia),  de  modo  que  no  se  trata  simplemente  de expresar que se tiene una opinión  diferente  a  la  consignada  en  el  fallo, pues eso no significa que exista un  error,  y  la  disparidad  de  criterios  es natural que exista, pero a quien le  asigna  la  ley la responsabilidad de definir la situación es al juez, y cuando  se  trata  del  de segunda instancia su valoración goza de la doble presunción  de  acierto  y legalidad, que solo es posible desvirtuar con la demostración de  un error in iudicando o in procedendo trascendente.   

En este orden de ideas la demanda es inocua,  pues  ningún sentido tiene acudir a casación para limitarse a decir que no hay  certeza  de  la  responsabilidad  del acusado porque el lesionado no vio el arma  con  que  lo  atacaron, mientras que otro de los deponentes si la observó, pues  eso  en  nada  desvirtúa  lo esencial, que es que los testigos coinciden en que  ACEROS  RAMIREZ  fue  el  autor  de  las  agresiones,  motivado por un incidente  inmediatamente anterior debidamente probado.   

La  falta de certeza ya había sido alegada  en  la apelación y el Tribunal contestó con argumentos que hacen ostensible la  carencia  de  razón del recurrente, de modo que el desconocimiento de los fines  del  recurso  extraordinario  es  lo  único  que puede explicar que el defensor  utilizara  la demanda para insistir en el tema como si se tratara de una tercera  instancia,  y  además  como  si  la  Corte  pudiera  entrar  a escoger entre su  criterio y el del Tribunal.   

Al  respecto es oportuno citar el siguiente  aparte del fallo impugnado:   

        “No  asiste  razón  al  recurrente cuando afirma la existencia de  duda  o  falta  de  demostración  de  la  autoría  material de los punibles de  homicidio…   

        “La  precedente  consideración  halla  fundamento  en  el  examen  minucioso  del  haz  probatorio  en  el  que  sobresale  como elemento de juicio  irrefutable  en la demostración de la responsabilidad penal del justiciable, la  prueba  directa  emanada  de  la declaración juramentada del testigo y a la vez  lesionado   Mario   Ignacio   Picón  cuyo  análisis  como  forma  efectiva  de  valoración  tanto en lo objetivo como en lo subjetivo no presupone tacha alguna  si  en  cuanto  a  lo  primero  las  constancias procesales no lo demuestran con  afectación  síquica  o  física alguna y en el segundo aspecto, la percepción  de  los  hechos,  la  conservación  del  recuerdo,  su  evocación  y posterior  transmisión  cotejada  con  las  restantes  deponencias  y  las  circunstancias  antecedentes,  concomitantes  y subsiguientes revelan la verdad de lo acontecido  sin  querer  deformarla  máxime  si  depone  de  ciencia propia y no se observa  cadencia  sospechosa  de  lección  aprendida  a pesar de ser persona ofendida y  pudiera   presentarse   interés   en  las  resultas  del  proceso  que  se  ven  desvanecidas  al  extremo con su exposición sincera, coherente y responsiva que  en  definitiva  borra  cualquier  reserva  al  respecto. Nótese además como la  transmisión  de  su  dicho  a  los  testigos  que tuvieron oportunidad de oirlo  guarda  estrecha relación no solo con la versión originaria, sino también con  la  rendida  en diligencia de ampliación, amén de la exacta correspondencia de  las  zonas anatómicas vulneradas señaladas como escogidas por el Japonés para  certeramente abatir a sus víctimas.   

        “La  prueba  de  cargo  recibe  eficaz apoyo en los testimonios de  oidas  señalados  en  acápites  anteriores, como son los de Hernando Salamanca  García  y  Edwin  Maldonado que si bien no pueden probar con su versión hechos  que  no  han caído bajo su percepción, si están en capacidad de demostrar que  escucharon   de   primera  fuente  narraciones  sobre  la  forma  como  aquellos  ocurrieron  y  precisamente encuentran plena armonía con los hechos del proceso  informados por el testigo de cargo.   

        “Otro   tanto   puede   aseverarse   de   los   ya   puntualizados  reconocimientos  en  fila  de  personas  que  conspiran con las pretensiones del  censor  al  poner  en  tela  de  juicio la exacta demostración del autor de las  ilicitudes.   

        “Abundando  en  razones dirá la Sala que la intención homicida y  los  móviles  del innecesario sacrificio lo evidencian las propias palabras del  autor  al  expresar  en  ampliación de indagatoria la finalidad para la cual se  adquirió  el arma mortal, no fue otra que la riña minutos antes sostenida, sus  sórdidos  deseos  de  venganza que exteriorizó al sorprender al grupo y acabar  con  la  existencia  de  dos  de ellos, dejando en delicado estado de salud a un  tercero.   

        “A   efecto   de   ahondar   en  los  equivocados  argumentos  del  verticalista,  también  se  dirá  por  la  instancia, que a la prueba de cargo  directa concurre la indiciaria, múltiple, concordante y grave…”   

3.  Reiteradamente se ha dicho que la tarea  de  la  Corte  no  consiste  en  escoger  entre  la  apreciación probatoria del  demandante  y  la  plasmada  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  sino en  verificar  si  el  error  demandado  realmente  existe,  y en caso afirmativo si  incide  en  la  decisión  de  manera  que comprometa la efectividad del derecho  material   o  las  garantías  debidas  a  las  personas  intervinientes  en  la  actuación, para proceder a reparar el agravio inferido.   

En síntesis, como en la demanda en estudio  se  formula  el  cargo  por  una  vía  equivocada,  y en la sustentación no se  demuestra  ningún  error  que vicie de ilegalidad la sentencia, es muy clara su  improsperidad.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA  –  SALA  DE CASACION PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

        R  E  S  U  E  L  V E      

NO  CASAR  la  sentencia recurrida.   

Cópiese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            RICARDO  CALVETE RANGEL   

JORGE    CORDOBA    POVEDA                             CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

           

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *