10442d

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 10442  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.38   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr.FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe  de  Bogotá, D. C., diecisiete de  marzo de mil novecientos noventa y nueve.   

                    Resuelve la  Corte  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  29  de  noviembre  de  1994,  mediante la cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Medellín  condenó  al  procesado  LUIS  EDUARDO  AGUDELO  DAVID,  a  la  pena principal de 25  años  y  10  meses  de  prisión,  como  autor  responsable  de  los delitos de  homicidio y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

                      Hechos y  actuación procesal.   

                      El 17 de  julio  de  1993,  siendo  aproximadamente  las  9:20 de la mañana, en el barrio  Castilla  de  la  ciudad  de  Medellín,  una  patrulla  de la policía Nacional  integrada  por el TE. Marcelo Russi Cárdenas y los Agentes Iván Darío Garzón  Osorio  y  Eduar Henry Palacio Morales, interceptó una motocicleta en la que se  desplazaban  dos  sujetos, con el propósito de practicarles requisa y averiguar  por  los  documentos del vehículo, no encontrando en su poder armas, ni hallado  en  los registros de la central de operaciones requerimientos del automotor. Por  tal motivo, continuaron su marcha dejándolos en libertad.   

                    Minutos mas  tarde,  un  sujeto  desconocido  llegó  al  establecimiento comercial “Mercados  Tropical”,  ubicado muy cerca del lugar donde había sido efectuada la requisa a  los  ocupantes  de  la  motocicleta,  y  después de hacer un pedido de carnes a  Elmer  de  Jesús  Alvarez Silva, quien se dispuso a atenderlo, disparó su arma  de  fuego  contra  su socio Alvaro González Peña, causándole una herida en la  región occipital que determinó su muerte (fls.10 y 11-1).   

                     Horas más  tarde,  en conversación mantenida con el TE. Russi Cárdenas, y en declaración  juramentada  ante  la  Fiscalía, Alvarez Silva señaló como autor del atentado  al  parrillero  de  la  motocicleta  que la patrulla de policía había retenido  minutos  antes  muy  cerca del establecimiento. “Creo que soy capaz de reconocer  al  tipo  que le disparó a Alvaro donde lo vea…estoy completamente seguro que  era  el  mismo de la moto, o sea el parrillero de ésta”, precisó el testigo en  su declaración (fls.4-1).   

                    Interrogado  el  Teniente  Marcelo Russi Cárdenas sobre el incidente con los ocupantes de la  motocicleta,  confirmó  lo  ya  dicho  sobre  su  retención momentánea con el  propósito  de  efectuar  requisas  y  verificar  documentos,  agregando  que no  recordaba  sus  identidades,  pero  que  el  vehículo  tenía  placas CAI-64, y  aparecía a nombre de una señora Amanda Jaramillo (fls.2-1).   

                                             Aproximadamente  tres meses después (octubre 11 de 1993), unidades  de  la  policía  lograron la retención de la referida motocicleta, en poder de  Luis  Eduardo  Agudelo David, quien la conducía, y Wilmar Edisson Román Suaza,  en  condición de acompañante (fl. 12-1), quienes fueron dejados a disposición  del funcionario instructor.   

                      El  día  siguiente,  en  diligencia  de reconocimiento en fila de personas, Alvarez Silva  identificó  a  Luis  Eduardo Agudelo David como el autor del disparo, agregando  que  se  le  parecía  mucho  en  el  porte. Luego, en respuesta a las preguntas  formuladas  por  el  instructor  en  ampliación  de  su  testimonio,  precisó:  “PREGUNTADO:  Dice  usted  que el autor de la muerte del señor González Peña,  fue  una  de  las  personas  que  iban  en  la  motocicleta  que usted apreció?  CONTESTO:  Si  señor,  fue uno de los individuos que yo vi en esa motocicleta y  los  cuales  la  policía  tenía parados. PREGUNTADO: Díganos si el sujeto que  estuvo  en  la fila de personas que se le puso de presente y del cual dice usted  se  le  pareció en el porte, fue el que ingresó a la carnicería y disparó en  contra  del  señor  González  Silva (sic)? CONTESTO: Sí señor, fue el sujeto  que  disparó  a  González,  y  aclaro  que  el  señor  González antes de ser  abaleado  me dijo a mí que mirara los tipos que iban en la motocicleta” (fls.20  y 21-1).   

                    El día 13,  fueron  escuchados  en  declaración  juramentada  los  miembros  de la policía  nacional  Teniente  Marcelo  Russi Cárdenas, y los agentes Iván Darío Garzón  Osorio   y  Eduar  Henry  Palacio  Morales,  y  practicadas  por  separado,  con  intervención  de  los  últimos,  diligencias  de  reconocimiento  en  fila  de  personas (fls.22, 23 y 25-1).   

                        En  el  primero   de  estos  reconocimientos,  el  agente  Garzón  Osorio,  quien  dijo  encontrarse  en  condiciones  de  identificar  al  ocupante  de  la  motocicleta  requisado  por  él  la mañana de los hechos, señaló de entre los integrantes  de  la  fila, donde se hallaban los capturados, a una persona distinta de ellos,  con  la  aclaración de que era quien más se parecía, no estando seguro que lo  fuera (fls. 23-1).    

                        En  el  segundo,  el  agente  Palacio  Morales,  quien  dijo encontrarse en capacidad de  reconocer  los  dos  sujetos,  señaló  inicialmente  al capturado Luis Eduardo  Agudelo  David  como  uno  de  ellos,  y  seguidamente  a un tercero, ajeno a la  investigación, como el otro ocupante (fl. 25 y ss-1).   

                           En  indagatoria,   Agudelo  David  negó  cualquier  participación  en  los  hechos  investigados,  asegurando  que  la  motocicleta  la obtuvo prestada de un señor  NANDO,  de quien no sabe sus nombres, una hora antes de su captura, en el sector  de  Tejelo.  Nunca  ha visitado el barrio Castilla en motocicleta, y no recuerda  cuáles  pudieron  haber  sido  sus  actividades el 17 de julio anterior (fls.26  vto-1).   

                        Amanda  Jaramillo  Vargas,  propietaria  de  la motocicleta, manifestó haberle prestado  dicho  vehículo  a  Luis  Eduardo Agudelo David el día de su captura, para que  visitara  a  su  esposa Erika, quien es prima suya, siendo la primera vez que se  la  facilitaba.  Dijo desempeñarse como  administradora de un “guardadero”  de  carretas  en  el sector de “Tejelo”, y no distinguir a nadie llamado “NANDO”  (fls. 39-1).   

                           En  ampliación  de indagatoria, Agudelo David aceptó haber obtenido la motocicleta  en  préstamo  de  la señora Amanda Jaramillo, a quien conoce porque administra  el  “guardadero” de carretas donde mantiene la suya, y afirmó haber involucrado  a  NANO (no NANDO), porque este señor se encontraba presente en ese momento, ya  que  es  el  marido  de  Amanda,  y  además  el dueño del vehículo (fls. 89 y  ss).                                            

                    Resuelta  la  situación  jurídica  del procesado y clausurado el ciclo investigativo, la  fiscalía,  por auto de 8 de febrero de 1994, profirió en su contra resolución  de  acusación por los delitos de homicidio agravado, y porte ilegal de armas de  fuego  de  defensa  personal,  conforme  a lo establecido en los artículos 29 y  30.7  de  la  ley  40  de  1993,  y  1º  del  Decreto  3664  de 1986, declarado  legislación  permanente  por el artículo 1º del Decreto 2266 de 1991 (fls.46,  101   y  104-1).  Apelado  este  pronunciamiento  para  que  fuera  revocada  la  imputación  por  el  segundo  de  los referidos delitos, la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal,  por  auto  de 22 de marzo siguiente, le impartió  confirmación (fls.131-1).   

                  En la fase  del  juzgamiento  fueron  ampliadas  la  indagatoria  de  Agudelo  David,  y los  testimonios  de  Elmer  de  Jesús  Alvarez  Silva  y Amanda Jaramillo Vargas, y  aportadas,  entre  otras pruebas, copias de dos sentencia dictadas en contra del  procesado  por  el  delito de porte ilegal de armas de fuego de defensa personal  (209    y    219-1).                                     

                     En esta  oportunidad,   Agudelo   David   sostuvo  que  quien  le  prestó  realmente  la  motocicleta  fue  NANO,  marido  de la señora Amanda, cuyo nombre es Hernán de  Jesús  Zapata  Vanegas, y que por información recibida de Gabriel Guizao, sabe  que  fue  este  último  y  un sujeto llamado Diego, quienes atentaron contra la  vida de González Peña (fls.165, 195 y 211-1).   

                     Alvarez  Silva,  al  ser  preguntado por los motivos que llevaron a la víctima a fijarse  en  los  ocupantes de la motocicleta minutos antes de los hechos, manifestó que  su  socio  le  comentó  que  el  parrillero  se había quedado mirando hacia el  interior   de   la   carnicería,  y  por  esta  razón  salió  a  observarlos,  habiéndolos  visto  solo de espaldas. Luego hizo las siguientes precisiones, en  respuesta  al  interrogatorio formulado por el juzgador: “PREGUNTADO: Cómo hizo  usted  entonces  para  saber que el tipo que entró en la carnicería después a  pedirle  una carne y que fue el mismo que disparó contra su compañero, era uno  de  los  que  iba en la motocicleta? CONTESTO: Por la ropa que llevaba puesta…  PREGUNTADO:  En  la  diligencia de reconocimiento que usted practicó el día 12  de  octubre del año próximo pasado, dijo textualmente ´y el declarante, luego  de  observar  con detenimiento a cada uno de los integrantes de la fila comunica  que  la persona que viste de camisa morada y que ocupa el puesto número tres de  derecha  a  izquierda  se  le parece mucho en el porte, pero que en lo demás no  puede  asegurar´, en su calidad de hombre de bien y de trabajo, ya un poco más  calmado  por  el  trauma  normal  que  estos  hechos  causan, puede afirmarla al  Despacho  bajo juramento que tiene prestado que ese individuo que usted señaló  está  usted  completamente  seguro,  fue  el  agresor? CONTESTO: Yo todavía me  sostengo en lo dicho, conservo mis dudas” (fls. 178 y ss-1).   

                     Amanda  Jaramillo  Vargas,  reafirmó  lo  sostenido  en  su  primera declaración en el  sentido  de haber sido ella quien le facilitó la motocicleta al acusado el día  de  su  captura,  y  de  ser la primera vez que lo hacía. No conoce a NANO ni a  Gabriel  Guizao,  y  considera improbable que Agudelo David  hubiera podido  tomar la motocicleta sin su autorización (fls.185 vto.).   

                   Celebrada  la  audiencia  pública,  el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito de Medellín,  mediante  sentencia  de  3  de  octubre de 1994, condenó al procesado a la pena  principal  de  cuarenta  (40) años y ocho (8) meses de prisión, y la accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por diez (10) años, como  autor  responsable  de los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas  de   fuego  de  defensa  personal,  conforme  a  los  cargos  formulados  en  la  resolución   acusatoria   (fls.237   y   ss-1).                                                              

                     Apelado  este  fallo  por  el  acusado  y su defensor, el Tribunal Superior de Medellín,  mediante  el  suyo  que ahora es objeto del recurso extraordinario de casación,  excluyó  la  agravante del artículo 30.7 de la ley 40 de 1993 (indefensión de  la  víctima),  y  fijó la pena privativa de la libertad en 25 años y 10 meses  de prisión (fls.285-1).   

                         La  demanda.   

                        Con  fundamento  en  la  causal  primera  de casación, cuerpo segundo, el demandante  acusa  la  sentencia  impugnada  de  ser  indirectamente  violatoria  de  la ley  sustancial,  debido  a  errores  de  hecho  provenientes  de  falsos  juicios de  identidad  en  la  apreciación  de  los  testimonios de Elmer de Jesús Alvarez  Silva    y    Eduar    Henry   Palacio   Morales,   por   deformación   de   su  sentido.   

                     En  el  desarrollo  del  cargo,  sostiene  que  los  juzgadores, al identificar como una  misma  persona  el  parrillero  de  la  motocicleta,  el autor del atentado y el  procesado,  con  fundamento en la declaración de Alvarez Silva, están haciendo  decir  al  testigo  lo  que  éste  no  afirma,  puesto que del contenido de sus  relatos,  cuyos  apartes  principales  transcribe,  se  extraen  las  siguientes  conclusiones:   

                        -El  testigo  observó  solo  brevemente,  y  de  espaldas,  a  los  ocupantes  de la  motocicleta;   

                        -El  testigo  “no  puede  dar  ninguna  descripción  del  conductor  del vehículo e  identifica  al  parrillero  las ropas -sic- (aunque no precisa cómo iba vestido  el parrillero -sic-)”;   

                        -El  declarante  vio  por  breves  minutos  al hombre que ingresó a la carnicería e  hizo un pedido, pero no le vio arma alguna;   

                        -El  testigo  no  presenció  el  momento  en  que  fue  lesionado su compañero, por  hallarse  en  la parte interior del establecimiento. Por tanto no puede asegurar  que  el  autor del homicidio haya sido el cliente que atendía en esos momentos;  y,   

                        -El  declarante  nunca  ha  dicho  que  la  persona  señalada  en  la  diligencia de  reconocimiento,  sea  la misma que le disparó a su socio. Solo ha expresado que  se  le  parece en el porte, pero hasta el final conserva sus dudas.                         

                     A estas  conclusiones  se  llega  de la simple lectura de su testimonio. No obstante, los  falladores  consideran  que  las palabras de este deponente dan certeza sobre la  autoría  del  homicidio,  permitiendo  identificar al procesado con el ejecutor  del hecho y el parrillero de la motocicleta.   

                    Frente a  las  dudas planteadas por el testigo, el Tribunal explica que tiene temor porque  seguramente  fue  objeto  de amenazas, pero esta aseveración resulta ajena a la  realidad  procesal,  ya que nada permite afirmarlo, y el propio declarante niega  este hecho.   

                         En  síntesis,  mientras  el  declarante sostiene que el procesado es parecido en el  porte  al  posible  autor  del  homicidio,  el Tribunal afirma que el testigo no  tiene  duda  al  reconocerlo como tal, siendo aquí, justamente, donde reside el  error denunciado, y que ha servido de base para la acusación.   

                        Del  testimonio  de Eduar Henry Palacio Morales puede predicarse el mismo vicio, toda  vez  que  se  le  otorga  un  valor  confirmatorio  que  no tiene, al haber sido  sostenido,  con  fundamento  en  esta probanza, que el procesado es el autor del  hecho investigado.   

                        Los  miembros  de  la  Policía  que  llevaron  a  cabo el procedimiento de requisa y  verificación  de  requerimientos a los ocupantes de la moticleta y al vehículo  fueron  tres,  el  Teniente  Marcelo  Russi Cárdenas y los Agentes Iván Darío  Garzón  Osorio  y Eduar Henry Palacio Morales, de los cuales uno solo involucra  al  procesado.  Los  otros  señalan  personas totalmente distintas, no obstante  haber  afirmado  que  se encontraban en capacidad de realizar el reconocimiento.   

                         En  consecuencia,  no fue más que el azar, y la simple probabilidad matemática, lo  que  permitió  que  el  procesado figurara entre los tres señalados. Por ende,  incurrió  en error el Tribunal al derivar certeza del testimonio de una persona  que acierta en uno de los señalamientos, pero se equivoca en otro.   

                    Respecto  de  los  indicios  de  mala justificación y capacidad para delinquir, deducidos  por  los juzgadores de instancia, se presenta a su vez una violación directa de  la   ley  sustancial,  debido  a  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  puesto  que  son  considerados  prueba  de  la responsabilidad del  procesado,  cuando  de  los  hechos  indicadores  (versiones  contradictorias de  Agudelo  David  y  antecedentes  por  porte  ilegal  de  armas),  no  pueden ser  inferidos  indicios  distintos de los inicialmente anotados (mala justificación  y capacidad para delinquir), nunca de responsabilidad.   

                   Relaciona  como  normas violadas los artículos 247, 249 y 303 del Código de Procedimiento  Penal,  y  solicita  a la Corte casar la sentencia, para en su lugar absolver al  procesado.   

                    Concepto  del Ministerio Público.   

                     Para el  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal,  la  fundamentación de la alegada  tergiversación  probatoria  en cuanto dice relación con el testimonio de Elmer  de  Jesús  Alvarez Silva, resulta inveraz, como quiera que el Tribunal Superior  tomó  en su exacto contenido y alcance el dicho de este testigo, cuidándose de  advertir  que  su  declaración  se   recogió en oportunidades diversas, y  ponderando en detalle precisamente esa circunstancia.   

                     Hace un  recuento  de  lo  afirmado  por  el  testigo  en  sus  distintas  intervenciones  procesales,  para  sostener  que dentro de ese contexto, y sin adulterar en modo  alguno  lo  expresado,  el  Tribunal  analiza  su versión, explicando, con buen  criterio,    las    variaciones   advertidas   en   sus   distintos   recuentos,  fundamentalmente  en  lo  concerniente al hecho de haberse mostrado vacilante en  torno  a  la  individualización  del agresor, a partir de la consideración que  “para  nadie  es  un  secreto  que  en  esta  ciudad  a los testigos de un hecho  delictivo,  de múltiples maneras, en forma anónima o personal, se les intimida  para   evitar  el  señalamiento  de  los  autores  o  partícipes  y  por  ello  fácilmente se da una variación total o parcial de la deponencia”.   

                     Ninguna  cabida  puede  tener, por tanto, el cuestionamiento a la sentencia sobre la base  de  que  el  referido  testimonio fue tergiversado. El juicio valorativo de esta  declaración,  vistas  y  confrontadas  sus diferentes facetas, y la conclusión  extraída  por el Tribunal, no da lugar al error alegado. Mucho menos, cuando se  pretende  abrir  paso  a  una visión distinta, con la equivocada aspiración de  que  primen  los  criterios  valorativos  del  libelista sobre los del juzgador.   

                     Tampoco  tiene  razón  el  demandante  cuando  afirma  que la sentencia habría también  tergiversado  la  declaración  del  Agente  de  Policía  Eduar  Henry  Palacio  Morales.  En esta caso, la equivocación es mayor, en cuanto su inconformidad no  radica  en  el hecho que el sentenciador hubiera falseado esta prueba, sino, una  vez más, en el criterio valorativo que de ella se tuvo.   

                         El  casacionista  no  puede aceptar que habiendo participado los tres miembros de la  fuerza  pública en la requisa, solo Palacio Morales hubiera podido reconocer al  procesado  como  uno de los ocupantes de la motocicleta, ni logra explicarse que  se  equivocara  en  el señalamiento del segundo ocupante, a menos que se admita  que fue producto del “azar”.     

                     De esta  manera,  no  hace  cosa  distinta  de  controvertir  este  medio de prueba en su  valoración,  desatendiendo  lo  que  a  través  suyo  se  demostraba:  Que  el  procesado  fue  visto  a  bordo  de una motocicleta y requisado por la autoridad  cuando  rondaba  el  establecimiento comercial “Mercados Tropical” minutos antes  de que se produjera el ataque homicida.   

                   Cierto es  que  solo  el  agente  Agudelo  David  reconoció  al  procesado como uno de los  ocupantes  de  la  motocicleta,  pero  esto  bien puede atribuirse a la distinta  capacidad  de  percepción  de  los  seres humanos, y la valoración que de esta  prueba  hizo  el  juzgador  no queda condicionada por el esfuerzo que en sentido  contrario ensaya el actor.   

                     El otro  reparo,  relativo  al  cuestionamiento  de  la prueba indiciaria, y que el actor  enuncia  como  “violación  directa  de  la  ley sustancial por error de derecho  generado   en   un   falso  juicio  de  convicción”,  comporta  una  insalvable  contradicción,  puesto que la vía directa o inmediata supone la aceptación de  los  hechos  declarados en la sentencia y de la valoración probatoria realizada  por  los juzgadores, en tanto que el error de derecho, como modalidad de la vía  indirecta,  sitúa  la discusión alrededor de la legalidad y valoración de los  medios de prueba.   

                  Apoyado en  estos razonamientos, solicita a la Corte desestimar la censura.   

                         SE  CONSIDERA:   

                         1.  Tergiversación  del  testimonio  de Elmer de                             Jesús      Alvarez      Silva.   

                       Este  reparo,  como  acertadamente  lo  anota  el  Procurador Delegado en su concepto,  resulta  infundado,  en  cuanto  no  es verdad que el Tribunal, al apreciar este  medio  de  prueba, haya falseado su expresión fáctica, incurriendo en un error  de  hecho  por  falso juicio de identidad, con incidencia sustancial en la parte  dispositiva del fallo impugnado.   

                   Cierto es  que  el  testigo, en el señalamiento que hizo del acusado Agudelo David como la  persona   que  ingresó  al  establecimiento  comercial  “Mercados  Tropical”  y  disparó  contra  su socio Alvaro González Peña, aclaró que se parecía mucho  en  el  porte,  y  que en lo demás nada podía asegurar, dando de esta manera a  entender  que  no  tenía  certeza  que se tratara de la misma persona, pero sus  declaraciones no se quedaron en esta sola afirmación.   

                        Con  propósito   de  hacer  claridad  sobre  el  punto,  el  funcionario  instructor  procedió   a   ampliar   su   versión  una  vez  terminada  la  diligencia  de  reconocimiento,  obteniendo  la  siguiente  respuesta,  a  la  pregunta de si el  sujeto  que dijo habérsele parecido en el porte, fue o no el mismo que ingresó  a  la carnicería y disparó contra su socio González silva: “SI SEÑOR, FUE EL  SUJETO QUE DISPARO A GONZALEZ ” (fls.21-1).   

                  Como puede  verse,  el  testigo terminó señalando al procesado como autor indiscutible del  hecho,  habiendo  sido este el sentido en el cual el Tribunal apreció su dicho,  según  lo  reconoce  el  propio  demandante  y se infiere  del texto de la  sentencia    impugnada,    cuyo    contenido   resulta   innecesario   traer   a  colación.   

                         En  conclusión,  entre  lo afirmado por el ad quem y lo sostenido por el testigo no  se  advierten  discrepancias  de  contenido  material  que  permitan  afirmar la  existencia  del  error  de  hecho  alegado,  resultando  el  cargo,  por  tanto,  desprovisto de fundamento fáctico.     

                  Detrás de  este  reproche,  lo que realmente ha sido propuesto por el censor es un ataque a  la   valoración  que  el  Tribunal  realizó  del  mérito  de  esta  probanza,  planteamiento   que  no resulta de recibo en sede extraordinaria, en virtud  de  la  relativa  libertad  de  que  gozan los juzgadores en la apreciación del  valor  persuasivo  de  los  medios de prueba, limitada solo por las reglas de la  sana crítica, cuyo quebrantamiento tampoco demuestra.    

                   Con todo,  oportuno  es  precisar  que  los  reparos  del demandante encaminados a minar la  aptitud  demostrativa  del  testimonio  de  Alvarez  Silva, fueron analizados in  extenso  por los juzgadores instancia, sobre todo por el Tribunal, habiendo sido  desestimados  tales  reproches por considerar que su versión resultaba sincera,  y  porque  la  restante prueba allegada al proceso convergía a la confirmación  de   sus  aseveraciones,  fundamentalmente  en  lo  relativo  a  la  forma  como  ocurrieron   los   hechos,  la  descripción  del  autor  del  homicidio,  y  el  señalamiento   como   tal   del   procesado   Agudelo  David.      

                         2.  Tergiversación  del testimonio del agente de                             policía      Eduar      Henry     Palacio  Morales.   

                         

                       Este  reparo  resulta  también  infundado. Aparte de que el libelista no demuestra la  existencia  del  yerro,  pues  omite  señalar  los  aspectos del testimonio que  habrían  sido  objeto  de  falseamiento, es claro que una tal distorsión de su  expresión  fáctica  no  tuvo lugar, y que al igual que en el caso que viene de  ser  analizado,  la  inconformidad  del  recurrente se traslada al ámbito de la  valoración  del  mérito  de  las  pruebas,  dejando  la  censura  huérfana de  sustento.   

                         El  señalamiento  que el testigo hizo del procesado como uno de los ocupantes de la  motocicleta,  es  un  hecho  procesal  cierto,  jurídicamente  válido,  que el  impugnante  no  puede  desconocer  en  su  expresión material, ni en su aptitud  demostrativa,  solo porque los resultados de los otros reconocimientos no fueron  acertados.   

                   Razón le  asiste  al  Procurador  Delegado cuando sostiene, en relación con este concreto  aspecto,  que  los seres humanos no tienen igual capacidad de percepción, ni de  fijación  de  las  imágenes  percibidas,  y  que en tales condiciones no puede  pretenderse   que   sus  descripciones  sean  exactamente  iguales,  o  que  los  reconocimientos  arrojen  idéntico resultado, sobre todo cuando ha transcurrido  un  tiempo  significativo entre la aprehensión del hecho y la incorporación de  la prueba, como ocurrió en el caso objeto de análisis.    

                   Las otras  consideraciones  del  casacionista,  en  el  sentido  de  que el acierto de este  declarante  en el acto de reconocimiento, solo puede ser entendido como producto  del  azar  y la probabilidad matemática, no dejan de ser meras apreciaciones de  carácter  personal,  sin  ningún  fundamento  científico que las avale, y por  ende  incapaces  de  conmover  la  legalidad  del fallo.       

                                                    

                         3.  Violación  “directa”  de  la  ley  sustancial  por                        error  de  derecho  proveniente  de  un  falso  juicio                              de  convicción,  en  la  apreciación  de  los indicios                       de   mala  justificación  y  capacidad  para  delinquir.   

                                                       

                       Esta  propuesta  de  ataque  no  amerita  respuesta alguna de la Corte por adolecer de  absoluta  falta  de  sustentación  y  resultar  contradictoria,  pues cuando se  plantea  violación  directa  de la ley sustancial, el actor no puede desconocer  los  hechos  declarados  en  la  sentencia, ni controvertir la valoración de la  prueba  realizada  por  los  juzgadores  de instancia, como antitécnicamente lo  hace el casacionista.   

                  Además de  esto,   en   tratándose   de  la  apreciación  de  prueba  indiciaria,  no  es  jurídicamente  posible alegar error de derecho por falso juicio de convicción,  puesto  que  su valor probatorio no está sometido a tarifa legal, sino que debe  ser  establecido  racionalmente  por  el Juez con arreglo a los principios de la  sana crítica.   

                     Visto,  entonces,  que  los  errores  de  apreciación  probatoria  alegados  carecen de  sustento fáctico, se impone la desestimación de la censura.   

                  En mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL, oído el  concepto  del  Procurador Segundo Delegado (E), administrando justicia en nombre  de la república y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                         NO  CASAR la sentencia impugnada.   

                                           Devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

                                               JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO                           

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA             CARLOS   A.  GALVEZ ARGOTE          

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             CARLOS      E.     MEJIA  ESCOBAR                                

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA            NILSON  PINILLA  PINILLA   

                         

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA       

    

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