10294b

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                Magistrado Ponente   

                                DR. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                                Aprobado Acta No.26   

     Santafé de Bogotá,  D.C.,   veinticinco   (25)  de  febrero  de  mil  novecientos  noventa  y  nueve  (1.999).   

          VISTOS:   

      Decide la Corte el  recurso   de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  ABEL  EMILIO  CALLE  CASTAÑEDA,  contra el fallo proferido el 11 de octubre de 1.994 por el Tribunal  Superior  de  Medellín, que confirmó la sentencia dictada en primera instancia  por  el  Juzgado  38  Penal del Circuito de la misma ciudad, mediante la cual se  condenó  al  procesado  a la pena principal de 25 años y 6 meses de prisión y  la  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas por 10 años,  como  autor  responsable  de los delitos de homicidio, violencia contra empleado  oficial y cohecho por dar u ofrecer.   

          HECHOS:   

      Sucedieron  en  el  parque  del  Corregimiento  de San Cristóbal, jurisdicción de Medellín, a eso  de  las  diez  de la noche del día 13 de noviembre de 1.993, cuando por efectos  del  licor  el  señor  Gustavo  de  Jesús  Ortiz Uribe se atravesó en la vía  pública  al  frente  de  la Unidad Intermedia de la localidad, en el momento en  que  por  el lugar pasaba el vehículo Mazda 323 NS de placas BCC-505 conducido,  también  en  estado  de  embriaguéz, por ABEL EMILIO CALLE CASTAÑEDA, a quien  acompañaba,  entre  otros,  César  de  Jesús Cárdenas Rendón, suscitándose  entre  el  chofer  y el transeúnte un intercambio de palabras soeces y agravios  que   éste  último  acompañó  de  golpes  al  vehículo,  procediendo  CALLE  CASTAÑEDA  a  sacar la pistola 7.65 mm. que lícitamente portaba, accionándola  en   repetidas  ocasiones  contra  aquél,  interesándole  partes  vitales  que  determinaron  su inmediato deceso. Cometido el hecho, CALLE CASTAÑEDA huyó del  lugar  a  gran velocidad hasta cuando en cercanías al Motel “Amaraje”, después  de  hacer  caso  omiso a la orden de alto que la autoridad policial le hiciera y  de  responder con disparos a ella, se salió del camino siendo aprehendido junto  con  su  copiloto,  cuando pretendían evadirse a pie. Por su liberación, CALLE  CASTAÑEDA  ofreció  a  los  agentes  del orden la suma de un millón de pesos,  oferta elevada con posterioridad a dos millones de pesos.   

          ACTUACION PROCESAL:   

      Teniendo como base  el   acta  de  levantamiento  de  cadáver  practicado  por  la  Unidad  Primera  Permanente  de  la  Fiscalía  de  Medellín, y los informes sobre la captura de  ABEL  EMILIO  CALLE  CASTAÑEDA  y  César  de Jesús Cardona Rendón y sobre la  aprehensión  de algunos elementos, el 14 de noviembre de 1.993 la Fiscalía 104  Seccional   de   la   misma  ciudad  abrió  la  investigación  correspondiente  (fl.9).   

      Fueron  vinculados  mediante  indagatoria  los  inculpados,  resolviéndose  su situación jurídica  después  de  practicada  múltiple prueba testimonial, mediante resolución del  19   de   noviembre  siguiente,  con  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva  por  los delitos de homicidio, violencia contra empleado  oficial y cohecho (fl. 40).   

     Una vez ampliada la  indagatoria  de  los  procesados,  quienes  modificaron  su  postura  inicial de  desconocimiento  absoluto  sobre  los  hechos que les eran imputados, para ahora  manifestar  uno  y otro que CALLE CASTAÑEDA habría disparado sobre la víctima  pero  en  defensa  de  su vida y allegada nueva prueba testimonial, dentro de la  cual  se destacan las versiones de Walter Alberto Cárdenas Rendón, John Wilmar  Muñoz  Cárdenas, Mario Ferney Muñoz Velásquez y Rigoberto Cataño Jaramillo,  entre  otras, quienes habrían percibido directamente el decurso de los sucesos,  detallando  el  intercambio  de  palabras  soeces  entre los protagonistas y los  golpes  que  el  occiso  diera  al automotor, la investigación fue cerrada y el  mérito   probatorio   calificado   el  9  de  marzo  de  1.994,  profiriéndose  resolución  acusatoria contra CALLE CASTAÑEDA y preclusión de la instrucción  en  favor  de  Cárdenas  Rendón,  por  los  mismos delitos objeto de la medida  detentiva.   

       Decretadas  las  pruebas  solicitadas  por  la  Fiscalía  y otras de oficio, se llevó a cabo la  audiencia   pública,   profiriéndose  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia en los términos precedentemente expuestos.   

          LA DEMANDA:   

      Con  amparo  en el  cuerpo  segundo  de  la causal primera del art. 220 del C. de P.P., un  único  cargo formula el defensor de  CALLE  CASTAÑEDA  contra  la sentencia que impugna, por ser violatoria por vía  indirecta  de  la  ley sustancial, por error de hecho derivado de falsos juicios  de  existencia,  acusando  como  preceptos vulnerados los arts. 323 del C.P. por  aplicación indebida y 60 idem, por falta de aplicación.   

      Para  demostrar el  reproche,  reproduce  apartes  de  los  testimonios  de Walter Alberto Cárdenas  Rendón,  John  Wilmar  Muñoz  Cárdenas, Mario Ferney Muñoz Velásquez, Libia  Esther  Ruíz  Gallego  y  Rigoberto  Cataño  Jaramillo,  como  también de los  expuesto  en ampliación de indagatoria por César de Jesús Cárdenas Rendón y  el  procesado,  haciendo  lo  propio a través de nuevas citas textuales, con la  resolución   de  acusación  y  las  sentencias  de  primer  y  segundo  grado,  destacando  cómo  en  todos ellos se pone de presente y se admite, el incitante  comportamiento  del  peatón  Ortíz  Uribe  “presentándolo  en forma expresa o  implícita    como    el    motivo    determinante    de    la   reacción   del  procesado”.   

     Precisa además, que  el  Tribunal  sólo  tangencialmente se refirió a la aminorante del art. 60 del  C.P.  para  denegarla,  lo  cual  fue  producto,  en  su concepto, de “omisiones  generadoras  de  un  falso  juicio  de  existencia”,  pues se desecha ese móvil  delictual  sin  aludir  a  los  testimonios  que  lo confirman, es decir que “se  echaron  de  menos  elementos de juicio” a través de los cuales resultaba dable  reconocer esta atenuante en la responsabilidad del procesado.   

     Fijado el contenido  teórico    de   las   nociones   jurídico-penales   que    comprende   el  “comportamiento  grave  e  injusto” a que se refiere el precepto en cita, afirma  el  actor que la conducta del  occiso tuvo estas características, al punto  que    se   constituyó   en   motivo   determinante   de   la   reacción   del  procesado.   

      Advierte  de  otra  parte,  que  si  bien  esta  figura  no  fue  alegada  por CALLE CASTAÑEDA para  explicar  su  proceder,  esto  no  es obstáculo para su reconocimiento, pues se  explica  en el hecho de que la defensa material se hubiera centrado en buscar la  exonerante  de  responsabilidad  de  la  legítima  defensa,  como tampoco puede  enervar  el  reconocimiento de la ira, conforme a doctrina que cita, el hecho de  que  el procesado respondiera en forma igualmente insultante la provocación del  occiso,  toda  vez  que no se puede despojar la conducta de CALLE CASTAÑEDA del  “móvil  racional aprehensible por los sentidos” que lo determinó a actuar y si  además  se  tiene  en  cuenta  que  se  trata  de  una  persona  que  carece de  antecedentes  penales  y  que  obró  bajo  los  efectos  del licor, en un lugar  público  y  en  contra  de  un  hombre  embriagado  a  quien  no  conocía  con  antelación.   

         “La  influencia  en  el  fallo  de  la  omisión señalada, agrega,  deviene  trascendental  y  decisiva en el juzgamiento, pues si el H. Tribunal de  Medellín  hubiese  apreciado  las  pruebas  demostrativas  de  que el procesado  actuó  a instancias de una provocación grave e injusta que desencadenó en él  un  estado de ira intensa, forzosamente habría arribado a la conclusión de que  la  conducta homicida se ejecutó dentro del marco del Art. 60 del Código Penal  y  en  consecuencia  habría  hecho  la  rebaja  de  pena  que esta disposición  contempla  absteniéndose,  consiguientemente,  de  aplicar en forma indebida el  Art.  323  ídem,  que  fue  lo  que  consignara  a  su  manera el H. Magistrado  disidente,  cuyo  salvamento  de  voto  debe  prevalecer sobre el criterio de la  mayoría,  si  no  se quiera despojar definitivamente la conducta del móvil que  la   explica   conforme   a   los   testimonios   echados   de   menos   en   el  fallo”.   

     Solicita a la Corte,  en  consecuencia, casar la sentencia impugnada reconocimiento la rebaja punitiva  prevista en el art. 60 del C.P.   

         CONCEPTO DEL PROCURADOR TERCERO DELEGADO EN LO PENAL:   

      Para el Procurador  varios  reparos  de  orden  técnico  merece el único  cargo que el defensor de ABEL EMILIO CALLE CASTAÑEDA  ha propuesto contra la sentencia, así:   

     a) Si la exclusión  evidente  de  una norma sustancial se presenta cuando el fallador no le reconoce  validez  por  mediar un  error sobre su vigencia  en el tiempo o en el  espacio,  no  es  cierto  como  lo  afirma  el  actor,  que  el Tribunal hubiera  dejado   de   aplicar  el  art.  60   del  C.P., pues por el  contrario  en  su  criterio,  el  sentenciador  si  “aplicó  su  contenido a la  situación  examinada  (estudió   el   caso frente al contenido de la  norma) para negar el reconocimiento de la diminuente”.   

     b) Tampoco es cierto  que  la  sentencia  haya  ignorado  las  pruebas  a que alude el censor, pues la  verdad  es  que  ellas fueron consideradas al punto que se admitió como probada  la   ocurrencia  de  la  discusión  sostenida  entre  procesado  y  occiso,  el  intercambio  de palabras soeces entre éstos, como también la agresión física  que  Ortíz Uribe dirigiera contra el automóvil de CALLE CASTAÑEDA. Por tanto,  en  ningún  momento  el fallador desconoció el respaldo testimonial que éstos  hechos  tenían,  sólo  que  le  restó al proceder del occiso la categoría de  comportamiento grave e injusto.   

      c)  Con  el  mismo  criterio  por  la  desestimación  del  cargo, agrega, que el actor de lo que se  ocupa  en  realidad  es  de cuestionar la interpretación que el sentenciador le  otorgara  al  art.  60  del  C.P., pues su discrepancia finalmente no es con los  hechos  que  se  declararon  probados, al punto que comparte la síntesis que de  ellos  hiciera  el  Tribunal,  sino  con  el  alcance  que le fue dado al citado  precepto,  todo  lo cual sería propio de la vía directa de la ley sustancial y  no de la indirecta planteada.   

     d) Además, llama la  atención  sobre el hecho de que la referencia probatoria que hace el recurrente  es  sectorizada, sin que pueda la Corte entrar a examinar minuciosamente y en su  integridad  los  diversos medios “para demostrar una vez más, que la situación  de  hecho  impide  reconocer la diminuente punitiva del artículo 60 del Código  Penal   a  favor  del  incriminado”,  como  además  se  impone  colegir  en  su  criterio.   

     Solicita a la Corte,  en consecuencia, no casar el fallo impugnado.    

         CONSIDERACIONES:   

       1.  Cuando  se  dirige  el  ataque  a  la  sentencia  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial, imperioso resulta no sólo indicar las pruebas  en  cuya apreciación el fallador ha incurrido en manifiestos errores de hecho o  de  derecho  en  sus distintas modalidades, sino que debe precisarse cuáles son  las  normas  que  consagran  la  clase  de  prueba  sobre la cual recae la   violación   medio   y   cuál  el  precepto  sustancial  finalmente  vulnerado,  indicándose  además  el  sentido  de la transgresión, esto es, si la misma se  produjo  por exclusión evidente o aplicación indebida de la ley, pues el error  de  interpretación  como  bien  se sabe, está exclusivamente reservado para la  vía directa.   

       2.  Si  el sentido escogido es el de la falta de aplicación, esta se  presenta  cuando  no  obstante ser la ley sustancial que corresponde al caso por  regular  total  o  parcialmente  la  materia  o  tener  incidencia  en  aquellas  circunstancias  que  la  modifican,  el  sentenciador  no  la  tiene  en  cuenta  desechando  en  consecuencia  aquéllos efectos que le son propios, en tanto que  la  aplicación  indebida  sucede  cuando  no siendo el precepto que atañe a la  solución del caso, fue el seleccionado en la sentencia.   

      Siendo  este  el  ámbito  propio  de  estas  dos  formas  de  violación  de  la  ley por la vía  indirecta,  en  primer  orden  no  puede  compartir  la Corte la crítica que el  Ministerio  Público  hace  a la demanda de acusar la sentencia del Tribunal por  falta  de  aplicación  del art. 60 del C.P., en el entendido de que el juzgador  si  “aplicó su contenido a la situación examinada” solo que lo hizo para negar  la  ira,  pues  siendo  ello  así resulta evidente que el precepto regulador de  dicho  instituto  indiscutiblemente  fue descartado en la sentencia, sin que sea  posible  colegir  lo  contrario  por el hecho de haberse ocupado el Tribunal del  estudio  de  la  diminuente,  en  la  medida  en  que esta circunstancia permite  constatar  y reafirma la negativa a su aplicación, como que ninguna atemperante  punitiva se dedujo en favor del procesado.   

       3.  Y  si  bien  por  este primer aspecto la cita y el sentido de la  violación  estaría correctamente indicado por el actor, no sucede igual con la  mención  que  hace  del art. 323 del C.P. como norma vulnerada, por aplicación  indebida,  pues  si  lo  que  se  persigue  en  casación es una responsabilidad  atenuada  bajo  el  supuesto  del  art.  60 idem, esto supone que se acepta como  acertadamente  escogido el tipo penal que describe el delito de homicidio por el  cual,  ha  sido condenado el procesado, de donde la escogencia de dicho precepto  no admitiría ningún reproche.   

       4.  Ahora  bien,  respecto  a la afirmada omisión probatoria que el  censor  propone,  necesariamente se impone en primer término precisar que salvo  la  cita de algunos extractos pertenecientes a los testimonios de Walter Alberto  Cárdenas   Rendón,   John   Wilmar   Muñoz  Cárdenas,  Mario  Ferney  Muñoz  Velásquez,  Libia  Esther  Ruíz  Gallego  y  Rigoberto Cataño Jaramillo, como  también  de  los  expuesto  en  ampliación de indagatoria por César de Jesús  Cárdenas  Rendón  y  el  procesado, atinentes todos ellos al instante previo a  los  disparos y que para el actor permitirían demostrar la atenuante de la ira,  no   expone   el   demandante   en   manera   alguna   ni   por  tanto  sustenta  demostrativamente   como   era   su   obligación,   cuál  es  el  contenido  y  trascendencia  de  la  prueba  que  por  haber ignorado el Tribunal le condujo a  proferir  la  sentencia  negando  la concurrencia de esta específica diminuente  que  habría  redundado  en  una menor sanción privativa de la libertad para el  procesado.   

       5.  Pero  además,  y  en  ello razón  asiste  al  Procurador Delegado, la objeción carece de todo fundamento, pues la  verdad  es  que  el  contenido de los testimonios y versiones que se aducen como  ignorados, si fue objeto de análisis en la sentencia.   

     En efecto, basta al  respecto  con  recordar  que  los  apartes  de las declaraciones que sostiene el  demandante  no  tuvo  en  cuenta  el  Tribunal,  son  aquellos  en los cuales en  términos  sustancialmente  idénticos  tales  testigos corroboran en general lo  expuesto  en  ampliación  de  sus  indagatorias  por César de Jesús Cárdenas  Rendón  y  CALLE CASTAÑEDA esto es, que Ortiz Uribe se encontraba en estado de  embriaguéz  cuando  se  le  atravesó  al  vehículo  manejado por aquél y que  cuando  hubo de frenar para no atropellarlo, el hoy occiso le dio algunos golpes  al  capó  al  tiempo  que  empleó  palabras  soeces  que fueron respondidas en  igualmes    términos   por   el   procesado,   hasta   cuando   le   hizo   los  disparos.   

     Precisamente en la  sentencia   de   segunda  instancia  si  bien  el  Tribunal  no  se  detiene  en  particularizar  cada  uno  de estos testimonios en los específicos aspectos que  el  censor  reproduce,  sin  lugar  a  equívocos  de la valoración conjunta de  dichas  pruebas  es  que extrae su criterio para rechazar la referida atenuante,  pues  no  pasa  desapercibido  el  hecho  de  que  al  desenlace  final  de  los  acontecimientos  antecedió  una  fase  de  concurrentes  y recíprocos insultos  entre  Gustavo  de  Jesús  Ortiz  Uribe y CALLE CASTAÑEDA, en donde el peatón  empleó  “vociferaciones  injuriosas”  contra  el procesado y “golpes de mano al  capó”  del  automóvil que éste manejaba, pero no deja lugar a dudas en cuanto  a  que  en la conducta del primero concurran las características de “gravedad e  injusticia”  y  por  ende,  al carecer de tal connotación, no podía basarse en  ella  la  atenuante  de la pena conforme a lo dispuesto por el art. 60 del C.P.,  todo  lo  cual  es  revelador  de  la  falta  de  fundamento  del  reproche y su  consiguiente rechazo.   

       7.  Dígase,  finalmente,  que tampoco acierta el recurrente cuando,  no  obstante formular el reproche por violación indirecta de la ley sustancial,  lo  que  le  imponía  a través de la aducida omisión probatoria cuestionar en  todo  o  en  parte el devenir fáctico que declaró probado el fallador, para de  ese  modo  demostrar  que  el procesado habría actuado en estado de ira, esboza  unos  argumentos  que  parecerían  ser  más  propios  de  la vía directa pues  traslucen  un  reparo  que  se  orienta a discutir el contenido y alcance que el  juzgador  le  diera  al art. 60 del C.P., en donde inclusive no comporta ninguna  reserva   la   manera   como  se  sintetizaron  los  hechos  por  parte  de  los  sentenciadores  de  primer  y  segundo  grado,  sino  exclusivamente  a que aún  aceptándolos  debería  admitirse  que  el comportamiento del occiso de acuerdo  con  la  acepción  “jurídico-penal”  que  a  éstas  categorías  ha  dado  la  doctrina,  si  tuvo  la  connotación  de  gravedad e injusticia exigidos por el  precepto  en  mención  para  aplicarlo  al  caso,  de  donde la demanda se hace  susceptible  de  una nueva crítica como que se estaría promoviendo una postura  contradictoria  e  irreconciliable  entre  las  dos  posibilidades teóricas que  admite la primera causal casacional.   

       El   cargo  no  prospera.   

      En  mérito de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTCIA en SALA DE CASACION PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE:   

           NO  CASAR la sentencia impugnada.   

       Cúmplase   y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

          JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE  ENRIQUE  CORDOBA POVEDA  CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                       CARLOS  EDUARDO  MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                               NILSON     PINILLA  PINILLA       

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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