22835(04-05-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22835  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número  034   

Bogotá,   D.C.   cuatro   de   mayo   de  2005   

          Decide  la  Corte  lo pertinente con relación a la admisibilidad de  la   demanda   de   casación   interpuesta  por  el  defensor  de  Vivian  Maritza Hincapié Dávila en contra  de  la  sentencia proferida por el Tribunal superior de Pereira el 4 de marzo de  2004,  mediante  la cual le impuso la pena de principal de 28 años y 6 meses de  prisión  al declararla penalmente responsable de la comisión de los delitos de  secuestro extorsivo y porte ilegal de armas.   

HECHOS  

El once de julio de dos mil dos, unidades del  Grupo  Gaula  de  la  Policía  Nacional, fueron informadas por Norberto Rivera,  administrador  de  la  hacienda  “Aguas  claras”, ubicada en el municipio de  Balboa  (Risaralda),  que en  ese  lugar  se  encontraba una persona secuestrada. Con base en esa información  se   desplegó   el   operativo   que   permitió  capturar  a    Robinson  Tamayo  Jara  y  José  Elkin  Hurtado  Avila  cuando  ingresaban  al  predio,  y  en la casa principal a Jorge  Alberto  Rivillas y Vibian Maritza Valencia,   logrando   rescatar   a  Antonio  Restrepo  Valencia,  por  cuya  liberación se pedía un alta cifra de dinero.   

ACTUACION PROCESAL  

1.  Con base en el  informe  suscrito  el  11  de junio de 2002 por el C.T.  Juan   Carlos  Leyva  Moreno,  la  Fiscalía  séptima  especializada  con sede en Pereira ordenó la apertura de investigación penal y  ordenó  escuchar  en  diligencia  de  indagatoria,  entre otros, a Vivian  Maritza  Hincapié  Dávila  (fs.,  31).   

2. El 12 de junio de  2002   escuchó  en  diligencia  de  indagatoria  a  la  señorita  Hincapié      Dávila     (fs.,  35), y el 20 de junio del mismo año  al  resolverle  su  situación  jurídica  le  impuso medida de aseguramiento de  detención  preventiva  por  la  probable  comisión  del  delito  de  secuestro  agravado    (fs.,   126),  decisión  que  al ser apelada fue confirmada mediante decisión del 26 de julio  de  2002  por la Fiscalía tercera delegada ante el Tribunal superior de Pereira  (fs., 132).   

3. El seis de marzo  de   2003,  la  Fiscalía  primera  especializada  calificó  la  investigación  acusando  a  la  sindicada por la probable comisión de los delitos de secuestro  extorsivo   en   concurso   con   el  de  porte  ilegal  de  armas  (fs.,  167  cuaderno  2), decisión que fue  confirmada  por  la fiscalía segunda delegada ante el Tribuna superior el 11 de  abril     de     2003     (fs.,    208).   

          4.  El  Juzgado  único penal del circuito  especializado  de  Pereira,  mediante  providencia  del 24 de diciembre de 2003,  absolvió   a   Vivian   Maritza   Hincapié  Dávila  de   los   cargos  que  le  fueron  imputados  en  la  resolución de acusación.   

5.  A  instancias del  Ministerio  Público,  la Sala penal del Tribunal superior de Pereira revocó la  decisión  de  instancia  y  en  su  lugar  condenó  a  la  procesada a la pena  principal  de 28 años y seis meses de prisión al declararla responsable, junto  a  los  otros  coautores,  de  la  comisión del delito de secuestro extorsivo y  porte ilegal de armas.   

6. En su momento, el  defensor  de la sindicada, interpuso contra la sentencia del Tribunal el recurso  extraordinario de casación.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Un  solo  cargo,  con  apoyo  en la causal primera cuerpo segundo de  casación  (artículo 212 del código de procedimiento  penal)  se  formula  contra  la  sentencia,  al  haber  incurrido  el  Tribunal  – según el demandante – en un error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  como  consecuencia de haberle conferido al testimonio de  Fernando Antonio Restrepo, la  víctima, un alcance que no tiene.   

          Con  el  objeto de desarrollar ese enunciado, el censor aduce que el  artículo  169  del  código  penal describe el delito de secuestro como aquella  conducta  que  realiza  quien  arrebata, sustrae, retiene u oculta a una persona  contra  su  voluntad. Por lo tanto, dice, el Tribunal, bajo ese marco jurídico,  entendió  que  era  suficiente  para  realizar el juicio de tipicidad con haber  acreditado  la  presencia de Vivian Maritza  en  el lugar de los hechos, su contacto  con  la  víctima  y  el  haber sido aprehendida en el lugar de los hechos, para  deducir,  equivocadamente  desde luego, que ella participó en la retención del  ciudadano.   

          Sin  embargo,  que  ella  hubiese  estado  en  el  lugar en donde se  encontraba  el  secuestrado  solo  demuestra que fungió como acompañante de la  víctima,  lo cual en todo caso es distinto al querer del tipo penal, pues estar  no  es equivalente a arrebatar, ni a sustraer, ni a retener. Así mismo, tampoco  es  suficiente, para conjugar uno cualquier de aquellos verbos rectores, con que  la    señorita    Hincapié   Dávila   le  haya  dicho  a  Restrepo  que  consiga  la plata y que evite mas  problemas,  pues en lugar de afiliarse de esa manera a la conducta prohibida, lo  que  ella  demuestra  es  preocupación;  y  preocuparse tampoco es sinónimo de  retener, ocultar, arrebatar o sustraer.   

          En  fin,  el  Tribunal  concluye  de  los elementos de juicio lo que  ellos  no  dicen  y de ese modo realiza la adecuación típica de la conducta en  un  supuesto  de  hecho  que  no  la  contiene. Por lo tanto, en la sentencia se  infringen  los  artículos 169, 170 y 365 del código penal y 232, 238 y 277 del  código de procedimiento penal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La    Corte    inadmitirá    la    demanda   por   las   siguientes  razones:   

          Primero:  Con base en el cuerpo segundo de  la  causal  primera  de  casación  es  posible  demandar  la  ilegalidad  de la  sentencia  cundo la infracción indirecta de la ley proviene de errores de hecho  o  de  derecho.  En lo que ahora respecta y como quiera que el demandante afilia  su  propuesta  a  la  primera  de  estas  opciones, formalmente le correspondía  señalar  la  clase  de error y desarrollar la argumentación de acuerdo con ese  punto  de  partida.  En  éste sentido, y para que el cargo sea claro, preciso y  coherente,  el  censor  tenía  por  deber  señalar  cómo  y  en qué forma el  Tribunal  incurrió  en  el  error  de  hecho  por falso juicio de identidad que  denuncia;  si  fue  que  tergiversó  la prueba, la distorsionó o la adicionó,  para   lo  cual  se  debe  confrontar  la  expresión  fáctica  del medio o los medios de prueba, con las consideraciones que de ellos  se  hizo  en  las  instancias,  condiciones  sin  las  cuales  resulta imposible  acreditar   la   trascendencia   del  desacierto.  1   

         Apenas,  como  se  observa,  el demandante se limitó a enunciar el  cargo  y señalar la modalidad de error, pero sin desarrollar su argumento, todo  lo  cual,  visto  desde  esa  perspectiva,  es  insuficiente  para acreditar los  presupuestos  del  numeral  3  del  artículo  212  del código de procedimiento  penal,  relacionados  con  la  selección  de la causal y la exposición clara y  precisa   de   los   cargos.               

          Segundo:   En  contra  de  esa  claridad,  coherencia  y  precisión, el demandante termina, luego de haber seleccionado el  falso  juicio  de identidad como modalidad del error de hecho, por cuestionar el  raciocinio  del  Tribunal  en  lo  que pareciera ser la expresión de un segundo  cargo.  Sin  embargo,  si ello fuese así, ha debido considerar la autonomía de  los  cargos,  su  esencia  y  razón de ser, que imponen a su vez una particular  forma de argumentación.   

         

En efecto, el falso juicio  de  raciocinio  no  es  objetivo contemplativo, como si lo es el falso juicio de  identidad,  razón por la cual en ese caso se impone indicar cuál fue la ley de  la  ciencia,  les  reglas  de la lógica o las máximas de la experiencia que el  Tribunal  desatendió  y  demostrar  como de haberlas apreciado correctamente el  sentido de la conclusión habría sido diferente.   

          Algo  mas:  en  el  falso juicio de identidad se altera el contenido  objetivo  de  la  prueba; en el de raciocinio se respeta su materialidad pero se  valora           indebidamente.           2  En  consecuencia,  se  atenta  contra  el  principio  de  no contradicción cuando se proponen simultáneamente  cargos  que  por  su  esencia  se  excluyen.  No podía, por lo tanto, el censor  denunciar  un  falso  juicio  de  identidad,  para a su vez terminar en el mismo  segmento  haciendo  alusión  a  un  falso juicio de raciocinio, en perjuicio no  solo  de la autonomía de los cargos, sino de su precisión claridad y razón de  ser.   

          Tercero: Como si ello no fuese suficiente,  la  imprecisión  conceptual  de  la  demanda  pareciera  indicar,  en un tercer  momento,  que  el  demandante no cuestiona ni los hechos ni las pruebas, sino el  juicio  de  subsunción  de  la  conducta al tipo penal, tema que corresponde al  sentido  de  la  primera  parte de la causal primera de casación por violación  directa  de  la  ley,  que  desde  luego  solo  pasando por alto el principio de  limitación  la  Corte  podría  inferir, ya que el demandante parece enunciarlo  pero no lo desarrolla..   

Estas inconsistencias, tal  como  se había anunciado, son suficientes para que la Corte inadmita la demanda  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  los artículos 212 y 213 del código de  procedimiento penal.   

Por lo expuesto, LA  CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,    SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE   

          Inadmitir la demanda de  casación   presentada   a   nombre   de  Vibian       Maritza       Hincapie       Dávila.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Cópiese,  Notifíquese  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARON  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              HERMAN     GALAN  CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO   

       

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                     JORGE QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                     MAURO SOLARTE PORTILLA   

                              TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                  Secretaria   

    

Cfr.  Corte Suprema de Justicia,  providencias  del  28  de junio de 2001, M.P. Fernando Arboleda Ripoll, radicado  17172;  9  de  julio  y 1 de agosto de 2002, radicados 16983 y 14264, M.P. Jorge  Anibal Gómez Gallego, entre otras..   

2 Cfr.,  entre  otras,  auto  del  27  de  octubre  de 2004, radicado 22781, M.P. Alfredo  Gómez Quintero.      

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