22149(12-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22149  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 40  

Bogotá, D. C., doce (12) de mayo del dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

      Procede   la   Sala  a  pronunciarse  sobre la posibilidad de admitir la demanda de casación instaurada  por  el  defensor  de  José Eduardo Tibaquirá Castro  contra la sentencia del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  mediante  la  cual  fue  condenado,  en  calidad de  coautor,  por el delito de homicidio simple en el grado  de tentativa.   

                           HECHOS   

1. Ocurrieron el 23  de   junio    del    2001,    pasadas   las  diez  de la noche, en el barrio Bellisca  de la población de Funza.   

2.    Entre  José  Eduardo  Tibaquirá y  Omar  Pereira,  quienes  estaban  acompañados  de Eduardo Avelino Morato y Jhon  Harvey Giraldo Sánchez, respectivamente, se originó una riña.   

    

3.  En desarrollo  del  altercado,  José Eduardo Tibaquirá  hirió  con  arma  cortopunzante  a  Jhon Harvey Giraldo Sánchez.   

4. En los hechos,  según  las sumarias, tomó parte también Andrés Celestino Morato Sáenz. Este  señor,  cuando  se  dio  cuenta que en la reyerta estaba involucrado su hermano  Eduardo Avelino, se sumó a ella.   

5.  Entre  ambos,  esto  es,  entre los hermanos Morato Sáenz, tomaron de los brazos a Jhon Harvey  Giraldo,  para facilitarle la acción agresiva a José  Eduardo Tibaquirá.   

                   ACTUACIÓN PROCESAL   

  1.  El  3  de  marzo  del  2003, la Fiscalía Cuarta Delegada ante el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Funza acusó a José  Eduardo  Tibaquirá  Castro y a Eduardo Avelino Morato  Sáenz  de  ser  coautores  del  delito de tentativa de  homicidio  simple.  La providencia quedó ejecutoriada  el  21  de  marzo  del 2003.   

2.  El Juzgado Segundo Penal del Circuito de Funza, despacho  que  por  competencia  asumió el conocimiento de la etapa del juicio, el 18 de julio  del 2003 los halló penalmente responsables de esas conductas.   

           3.   Contra  la  sentencia,  la  defensa  interpuso   el   recurso   de  apelación  y  la  Sala  Penal  del  Tribunal  de  Cundinamarca,  el  16  de  septiembre  del  2003, al conocer de la decisión, la  confirmó.   

                 

LA DEMANDA  

             En  criterio  del  censor,  la sentencia es violatoria de los artículos 232 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  29  de la Constitución Política. Por ese  motivo,   con  base  en  el  numeral  1°  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  formula cuatro reproches a los fundamentos probatorios de  la sentencia:   

Primero.  

El  Tribunal  le  otorgó  al  testimonio de  Ricardo  González  Sánchez  un sentido distinto al que surge de su texto. Este  declarante  dijo haber visto cuando unos hombres atacaban a Jhon Harvey Giraldo.  Pero  en  ningún momento los identificó por sus nombres. Por eso el juez de la  causa  y  el  Tribunal Superior, al alterar   el   sentido  de  esta  prueba,  la   apreciaron  de  manera  incorrecta.   

Segundo.  

Aparte  del  testimonio de Ricardo González  Sánchez,  de  ninguna otra prueba se deduce que José  Eduardo  Tibaquirá  haya sido el autor del delito. Ni  el propio lesionado lo involucra en los hechos.   

Es  cierto  que  al  proceso  se  allegaron  múltiples  atestaciones.  Pero  ninguna de ellas arroja claridad sobre la forma  como  sucedieron  los  hechos.  Al contrario: crearon confusión al respecto. Al  Tribunal,  frente  a  la  falta  de capacidad esclarecedora de esos elementos de  convicción,  le  correspondía aplicar el in dubio pro  reo.  Sin embargo, no lo hizo. Por eso la sentencia es  injusta e ilegal.   

    

Tercero.  

El 7 de febrero del 2003, ante notario, Jhon  Harvey  Giraldo,  el  ofendido, reconoció que debido al estado de alicoramiento  en  que se hallaba el día de los hechos, así como a la oscuridad del lugar, no  alcanzó   a   identificar  a  ninguno  de  los  autores  de  su  lesionamiento.   

Por  lo  demás,  afirma,  el  autor  de  la  denuncia  no  fue él. Fue su esposa, quien no estaba en el lugar de los hechos.  En  estas  condiciones,  cree  injusta  la  detención  de los procesados.    

El  Tribunal,  a pesar de la contundencia de  las palabras del agraviado, las desestimó.   

Cuarto.  

El  7 de marzo del 2002, Jhon Harvey Giraldo  declaró  en  el  sentido de que los hermanos Celestino Andrés y Eduardo Morato  Sáenz,  el día de los hechos, mientras José Eduardo  Tibaquirá  lo  apuñalaba,  ellos lo sujetaban de los  brazos para facilitarle la agresión.   

La fiscalía, sobre la base de que Celestino  Andrés  Morato demostró no estar presente en el lugar de los hechos, precluyó  en su favor la investigación.   

Si  este fue el fundamento de la providencia  de  la  fiscalía, debió concluirse que Jhon Harvey Giraldo, en su declaración  del  7  de  marzo del 2002, no dijo la verdad. Ese sentimiento de culpa, surgido  en  él  cuando  se  dio  cuenta de que a los hermanos Morato Sáenz los habían  involucrado  en la comisión del delito, lo llevó a acudir ante un notario para  decir  la  verdad, es decir, que no se había dado cuenta de quiénes lo habían  agredido.   

El Tribunal, por tanto, confirmó la injusta  providencia  que profirió el Juzgado Penal del Circuito de Funza el 18 de julio  del 2003.   

               CONSIDERACIONES   

Responde la Sala:  

La  demanda no se ciñe a los requerimientos  técnico-formales  relacionados en el artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal.   Por   eso   habrá   de   ser   inadmitida.   Las   razones   son   las  siguientes:   

1.  Los  cuatro  cargos  formulados,  se apartan de modo ostensible de las pautas establecidas en  el  numeral  3°  del  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento Penal. El  demandante  pasa  por  alto, en la enunciación de la causal, el planteamiento y  en  el  desarrollo  de  los  reproches, el principio de  claridad  y  precisión  que  gobierna  la técnica de  casación. Veamos:   

El   primero.   

Enuncia  la  causal  de  modo  genérico  y,  además,  formula  y  desarrolla  el  cargo  sin observar el rigor lógico de la  técnica de casación.   

Respecto de lo primero, debe anotarse que si  lo  que pretendía probar era la apreciación errónea del testimonio de Ricardo  González  Sánchez,  al  enunciar  la causal le correspondía especificar si la  violación  de  la  ley  sustancial se había producido por la vía directa    o    por    la   indirecta.   

No  procedió  así el demandante. De manera  genérica  expresó, con base en el numeral 1° del artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal,  que  el  Tribunal  había  incurrido  en violación de la  ley.    

Respecto  de lo segundo, es decir, en lo que  atañe  con  la  formulación  y  el  desarrollo del cargo, fue igualmente vago.   

Si  su  propósito  era  poner de relieve la  alteración   a   que  fue  sometido  el  testimonio  de  Ricardo  González Sánchez, debió enunciar, como  punto  de  partida  para  el  análisis  posterior,  que la violación de la ley  sustancial   se   había   producido   por   la   vía  indirecta,  para  luego precisar que la clase de yerro  cometido  por el sentenciador era el error de hecho por  falso juicio de identidad.   

Y  una  vez  delimitada la clase de error de  hecho,   su   deber   era   señalar   cuál   había   sido   su   especie,  es  decir,  si  ese equívoco se  había     producido     por    adición,  supresión  o  fragmentación de uno de los  hechos que revela la prueba y proceder a probarlo.   

El   segundo.   

Si su objetivo era denunciar que el Tribunal  había  supuesto la certeza de  la  autoría  y  la  culpabilidad  de  su  defendido,  pese a la inexistencia de  fundamentos  probatorios  para  hacerlo, le correspondía enfocar la demanda, en  primer  término,  y de modo preciso, desde la perspectiva de la causal primera,  cuerpo  segundo,  por  violación indirecta de la ley sustancial.   

Enunciada  de  esta  manera la causal, se le  imponía  luego  el  deber  de  precisar, incluida     su     especie,   cuál   de  las  modalidades  del  error  de  hecho  –si  por falso  juicio  de  existencia, falso  juicio  de  identidad o falso  raciocinio-  se  daba  en  este  caso  y,  de  cara al  contenido del fallo, probar que realmente se había estructurado.   

El tercero.  

Si   a   juicio  del  censor  el  Tribunal  omitió  apreciar una prueba  que  existe  materialmente  en  el  proceso, como lo es la declaración que ante  notario  realizó  el ofendido, su deber era enmarcar la irregularidad dentro de  la  causal  primera, cuerpo segundo, por error de hecho  por  falso juicio de existencia por omisión de prueba.   

No  bastaba  afirmar,  como  lo hizo, que el  sentenciador,  por  no  haberle dado valor  a  ese  elemento  de  convicción, violó de modo genérico la ley  sustancial.  Era indispensable, no sólo señalar la vía de la violación, sino  delimitar  la  clase  de  error  de  hecho,  con  su  respectiva  especie,  y  probar  que  el sentenciador efectivamente había incurrido en  él.   

El cuarto.  

De nuevo, el impugnante incurre en falencias  técnicas  referidas a la enunciación de la causal, la formulación del cargo y  su fundamentación.   

Si  su  objetivo era revelar que el Tribunal  había     valorado    erróneamente    la  versión  de  la  víctima, constituía deber suyo concretar, no  sólo  si  la  violación de la ley ocasionada por la comisión de este yerro se  había   producido   de   manera   directa   o  indirecta,  sino     también     determinar     la     clase    de    error    –de  hecho  o de derecho-, así como la  especie,  y  probar que en ese yerro había caído el  Tribunal al apreciar  esa prueba.    

2.  Un  común  denominador  de  estas  censuras,  aparte  de los fallas técnicas observadas en  materia  de  la  enunciación  de  la  causal,  la  formulación  del cargo y su  desarrollo,  lo  constituye el hecho de que el recurrente omite señalar en cada  una   de   ellas,   no   sólo   el   sentido  de  la  violación  –estos   es,   si  se  da  por  aplicación  indebida   o   falta   de  aplicación  de  las  normas  pertinentes-, sino cuál  hubiera     sido,     de     prosperar    las    censuras,    la    trascendencia   de  su  invalidez  en  el  sentido final del fallo.   

             

Como el principio  de  limitación,  uno de los que conforman la técnica  del  recurso  extraordinario  de  casación,  le  impide  a  la Corte suplir las  falencias observadas en la demanda, ella deberá ser inadmitida.   

                                                                                                                                          

                                  En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR  la  demanda  presentada por el  defensor     de     José    Eduardo    Tibaquirá  Castro.    

2.  Contra  este  auto, no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO            ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

         

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                  ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA      PULIDO      DE  BARÓN                            JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                     MAURO SOLARTE PORTILLA   

           

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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