22016(25-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22016  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente:   

          DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

         Aprobado Acta No. 013   

Bogotá  D. C., veinticinco (25) de febrero  de dos mil cuatro (2004).   

  VISTOS  

Decide la Sala lo que en derecho corresponda  con  relación  a  la  declaración  de impedimento elevada por la doctora DELIA  ORTEGA  CASTRO,  magistrada de la Sala Única del Tribunal Superior de Florencia  (Caquetá), por no haber sido aceptado en dicha Corporación.   

  ANTECEDENTES   

1. Mediante sentencia del 25 de noviembre de  2003,  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de Belén de los Andaquíes (Caquetá)  condenó  al  procesado  Rigoberto  Gutiérrez  Rojas,  a  la  pena principal de  trescientos  doce (312) meses de prisión, por los delitos de homicidio agravado  y  hurto agravado; y le negó la suspensión condicional de la pena privativa de  la libertad.   

2. El defensor de Gutiérrez Rojas interpuso  y  sustentó  por  escrito  el  recurso  de apelación contra el fallo de primer  grado.   

3. Concedida la impugnación, el expediente  fue  remitido  a  la  Sala  Única del Tribunal Superior de Florencia, donde por  reparto  correspondió a la magistrada DELIA ORTEGA CASTRO, para que sustanciara  el asunto en calidad de ponente.   

4.  Tras  analizar  el  caso, la magistrada  DELIA  ORTEGA  CASTRO  manifestó su impedimento, amparado en la causal prevista  en  el  numeral 1° del artículo 99 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de  2000),  debido  a  que  su hermano, el abogado Carlos Enrique Ortega Castro,  dentro  del  mismo  asunto,  pero  en  pretérita  oportunidad, fue defensor del  procesado Rigoberto Gutiérrez Rojas.   

4.  Con  auto  del 6 de febrero de 2004, la  Sala  Única  del  Tribunal  Superior  de  Florencia  (Caquetá),  desestimó el  escueto  planteamiento  de  la  doctora  DELIA  ORTEGA  CASTRO,  al no encontrar  factores  indicativos  de  que  en  ella  confluyese  algún interés particular  contrario   a   la   independencia   e   imparcialidad   indispensables   en  la  administración de justicia.   

De  otra  parte,  observó  que quien dio a  conocer  la  excusa  se  abstuvo  de  explicar  en  qué  consistía el presunto  interés  que  la  inhabilitaba  para  el  conocimiento  del proceso, cuando tal  situación,  por  pertenecer  a su fuero interno, debió exponerse con claridad,  toda  vez que la interpretación de las causales de impedimento es restrictiva y  no   admiten   extensión  por  analogía.  Por  tanto,  declaró  infundado  el  impedimento  y  envió  las diligencias a la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia, con el fin de que dirima la cuestión.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1. De conformidad con el inciso segundo del  artículo  103 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), corresponde  a  la  Sala  definir el incidente propuesto, pues se trata de un impedimento que  no  fue  aceptado  a  una  magistrada de la Sala Única del Tribunal Superior de  Florencia (Caquetá).   

2.  Teniendo  en cuenta que en este caso se  aduce  la causal de impedimento consagrada en el numeral 1° del artículo 99 de  aquella  normatividad,  específicamente  la  consistente en que “el  funcionario  judicial,  su  cónyuge o compañero permanente, o  algún  pariente  suyo  dentro  del  cuarto  grado de consanguinidad, segundo de  afinidad  o  primero civil, tenga interés en la actuación procesal”,  se  torna  indispensable  auscultar el contenido y alcance de  ese  motivo  de impedimento y recusación, con el fin de delimitar la órbita en  que es aplicable.   

2.1  En  primer  lugar,  quien  recusa  o  manifiesta  el  impedimento debe determinar cuál es la persona interesada en la  actuación  procesal;  es  decir,  si  ese  interés  se  predica  del Juez, del  cónyuge  o  compañero  permanente  del  Juez,  o  de  algún  pariente  de los  anteriores,  puesto  que,  aunque  si  llegare  a  demostrarse  la  solución es  idéntica  –separar  del  conocimiento  al funcionario judicial-, el llamado a resolver el incidente tiene  que  contar  con  elementos  de juicio suficientes para verificar la manera como  ese   interés   puede   influir   en   la   ecuanimidad  del  administrador  de  justicia.   

2.2 Se ha difundido la idea según la cual,  quien  manifiesta  un  impedimento no está obligado a demostrar la concurrencia  de  los  elementos  que  configuran  la causal invocada. No obstante, aquella no  puede  tomarse  como  una  regla  absoluta, toda vez que el funcionario judicial  llamado  a  decidir,  antes  de  declararlo  fundado  o  infundado, debe sopesar  algunos  elementos  de  juicio  mínimos  indispensables,  que  no son de fácil  acceso en tratándose de un incidente que se resuelve de plano.   

De  ahí  que,  en  casos como el presente,  donde   lo  que  motiva  la  excusa  del  Juez  competente  es  el  interés  en  la  actuación procesal, en  la  misma  actuación  que  se  ha  sometido  a su conocimiento por competencia,  corresponde  al funcionario judicial que así lo expresa poner de manifiesto las  razones que lo fundamentan.   

De lo contrario, consistiendo el interés en  un   sentimiento   o  expectativa  que  se  experimenta  en  el  fuero  interno,  resultaría  materialmente  imposible  para la autoridad encargada de definir el  incidente,  la  motivación  de  la  providencia  que  ha  de  expedir  para  el  efecto.   

No  basta,  pues,  la  simple alusión a la  causal  de  impedimento  para que éste sea aceptado automáticamente, ya que de  ser  así,  sería  suficiente  con  la sola mención del obstáculo para que el  Juez supuestamente impedido fuera relevado.   

2.3 Entre las diversas acepciones que en la  legua  castellana  tiene la palabra interés, el Diccionario de la Real Academia  Española1, define las siguientes:   

-.     “Provecho,     utilidad    o  ganancia”   

-.  “Inclinación  más o menos vehemente  del   ánimo   hacia   un   objeto,   persona   o  narración  que  le  atrae  o  conmueve.”   

-.  “Intereses  creados:  Ventajas,  no  siempre  legítimas,  de que gozan varios individuos, y por efecto de las cuales  se   establece  entre  ellos  alguna  solidaridad  circunstancial.  Úsase  más  frecuentemente  en  mala  parte para designar este linaje de intereses en cuanto  se oponen a alguna obra de justicia o de mejoramiento social.”   

De  ahí  que,  corresponde  al recusante o  quien  se  declara  impedido  por  tener  interés  en  la  actuación procesal,  facilitar  los  medios  para que la autoridad que ha de resolver la cuestión se  forme  una  idea  precisa con relación a los componentes objetivos y subjetivos  de ese interés.   

Vale  decir,  se  trata  de dilucidar si la  intervención  del  juez  recusado o impedido en el caso concreto implicaría la  obtención  de  un  provecho,  utilidad o ganancia, para sí, para su cónyuge o  compañero  permanente,  o  para  sus  parientes;  o  si  el Juez, su cónyuge o  compañero  permanente,  o  alguno de sus parientes en el rango que establece la  ley,  profesa  un  sentimiento respecto de alguno de los sujetos procesales, con  suficiente  intensidad  para hacerle inclinar su ánimo; o si existe un interés  creado  por  otro  tipo  de circunstancias que permita vislumbrar la ausencia de  ecuanimidad.   

Cabe  precisar  que  el  numeral  3°  del  artículo   99   del  Código  de  Procedimiento  Penal  prevé  una  causal  de  impedimento  autónoma,  para  el  caso  en  que actualmente y dentro del asunto  sometido  a  su conocimiento, el Juez o su cónyuge o compañero permanente, sea  pariente  del apoderado o defensor de alguno de los sujetos procesales; y que el  numeral  5°  ibídem,  contempla  otra  causal  autónoma,  que opera cuando el  sentimiento  que se experimenta es de amistad íntima o de enemistad grave entre  alguno  de  los  sujetos  procesales, denunciante o perjudicado y el funcionario  judicial.   

En  todo  caso, quien recusa a un juez y el  funcionario   que   se  proclama  impedido,  debe  facilitar  los  elementos  de  persuasión   con  que  cuente,  pues,  además,  es  deber  de  todo  ciudadano  “colaborar  para  el  buen  funcionamiento  de  la  administración  de  justicia”, como lo estipula el  numeral 7° del artículo 95 de la Constitución Política.   

3. En el caso que se examina razón asiste a  la  Sala  Única  del Tribunal Superior de Florencia, para declarar infundado el  impedimento  advertido  por  la  doctora DELIA ORTEGA CASTRO, puesto que ella se  limitó  a  informar  sin  adición  alguna  que  su  hermano,  quien  ejerce la  profesión  de  abogado,  en  pasada oportunidad, pero dentro del mismo proceso,  fue defensor del sindicado Rigoberto Gutiérrez Rojas.   

Así, la funcionaria judicial se abstuvo de  explicar  si  ella era la interesada en la actuación procesal, o si el interés  era  de  su cónyuge o de algún pariente. En particular, no dijo si su hermano,  el  abogado,  guardaba  interés en las resultas del proceso donde antes actuó,  situación  que parece no darse en este asunto, porque, como bien lo destacó el  Tribunal,  dicho  profesional  renunció  al  poder  por  desacuerdo  sobre  sus  honorarios.   

4. En síntesis, se declarará infundado el  impedimento de la señora magistrada DELIA ORTEGA CASTRO.   

Por  disposición  del  artículo  111 del  Código de Procedimiento Penal el presente auto no es impugnable.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Penal,   

  RESUELVE   

Declarar    infundado    el  impedimento  manifestado por la magistrada DELIA ORTEGA CASTRO  para  conocer  de  este  asunto;  por  tanto,  debe continuar en el trámite del  mismo.   

Envíese el expediente a la Sala Única del  Tribunal Superior de Florencia (Caquetá).   

Cúmplase  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                             JORGE    A.    GÓMEZ  GALLEGO   

Excusa justificada  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                                        MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 REAL  ACADEMIA  ESPAÑOLA, Diccionario de la Lengua Española. Editorial Espasa Calpe,  Madrid, 1984.     

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