12699 (05-06-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    MEDIDA    DE   ASEGURAMIENTO/   DETENCION  DOMICILIARIA   

Es del caso remembrar la determinación del 9  de    noviembre   de    1.993,   M.P:   Dr.   Gustavo   Gómez   Velásquez  así:      

“…el  artículo  397 establece los casos en  que  la  medida  de aseguramiento es la de detención preventiva y efectivamente  su  sustitución  será  procedente,  de  acuerdo  con  la nueva disposición en  aquellos  casos  en  que  se  presenten  a cabalidad los requisitos que exige el  artículo  53  de  la ley 81 de 1993, desde luego a partir del momento en que se  resuelve  la  situación  jurídica  del procesado y hasta cuando se profiere la  sentencia de primera instancia.   

Lo  anterior  en virtud de la aplicación del  mandato  constitucional  previsto  en el articulo 29 de la Carta Política. Pero  una  vez  dictada  providencia  en  la  que  se  declare  la responsabilidad del  procesado  y  se  le  imponga  una  pena, sólo será procedente, al proferir la  sentencia  otorgar  el  subrogado  de  la  condena de ejecución condicional que  implica  una  suspensión  bajo  determinadas obligaciones, o el subrogado de la  libertad  condicional  cuando la pena impuesta supera los tres años de prisión  y  se  han  satisfecho  las  dos terceras partes de la sanción entre detención  efectiva  y las rebajas o redenciones de pena, una vez ejecutoriado el fallo. Si  no  se  da esta ejecutoria y el procesado satisface los requisitos del artículo  72  del  Código  Penal,  lo que procede es el beneficio de libertad provisional  conforme   lo   preceptúa   el  numeral  2º.  Del  artículo  415  del  C.  de  P.P.   

La  finalidad  del beneficio consagrado en el  artículo  396  del  C.  de  P.P.  (art.  53  de  la  ley  81  de  1.993) apunta  exclusivamente  a  que  el  sindicado  vaya  descontando  pena  en  su domicilio  mientras  el  Estado  declara  su  responsabilidad.  Proferida  la  sentencia de  condena  y  determinada  la  pena  que  le corresponde al procesado, en aquellos  casos  en  que  el  Juez  considere  improcedente  la  concesión  del subrogado  previsto  en el artículo 68 del Código Penal, tendrá que revocar el beneficio  concedido  (detención  domiciliaria), para hacer efectivo el cumplimiento de la  sanción  impuesta  en  el fallo de condena. Esto se afirma sin perjuicio de las  excepciones   consagradas   en  los  artículos  44  y  ss.  de  la  ley  81  de  1.993″.   

La   detención   domiciliaria  (medida  de  aseguramiento   de  naturaleza  autónoma,  como  así  ha  tenido  ocasión  de  advertirlo  esta  Sala  en  determinaciones de noviembre 7 de 1995 y agosto 8 de  1996),  así  tenga  un  carácter  menos  restrictivo  de  la  libertad  que la  detención  propiamente  tal,  al  dejarse  sin  efecto en la sentencia, para su  cumplimiento  era  imperiosos esperarse a la ejecutoria del fallo, pues fruto de  la  impugnación  aún  no había adquirido firmeza, a más de que la apelación  se  cumple  en  el  efecto  suspensivo, lo que -como es sabido- conlleva que las  decisiones no puedan ejecutarse de inmediato.   

RAD. 12699  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. Carlos Augusto Gálvez Argote  

Aprobado: Acta No. 63  

Santafé de Bogotá, D. C. Junio cinco de mil  novecientos noventa y siete.   

VISTOS:  

El Tribunal Superior del Distrito Judicial de  San  Juán  de  Pasto el 16 de septiembre de 1996, condenó a ALVARO JESUS OCHOA  CORTES,  Ex-Fiscal  43  Delegado ante los Jueces Penales del Circuito, a la pena  principal  de  cincuenta  (50) meses de prisión e interdicción en el ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por veinticuatro (24) meses como responsable  de  los  delitos  de  falsedad,  en  la  modalidad de destrucción, supresión u  ocultamiento   de   documentos   públicos,   concusión   y   prevaricato   por  omisión.   

Allí  también  se  dispuso  “REVOCAR  el  beneficio  de  detención   domiciliaria  del  cual  venía gozando y en su  lugar  ordenar cumpla la pena privativa de la libertad en el establecimiento que  el  Instituto  Nacional  Penitenciario  y  Carcelario  señale.  Para tal efecto  GIRESE ORDEN DE CAPTURA en su contra.”   

El aquí procesado ALVARO JESUS OCHOA CORTES,  desde  la  Cárcel del  Distrito de Pasto, el 2 de octubre de 1996 dirigió  al  Tribunal  un  escrito en el que solicita “la restitución de la detención  domiciliaria  o  simplemente  de manera directa la sustitución de mi detención  preventiva”.   

El   Tribunal  denegó  lo  solicitado  en  determinación  de  octubre  23  de  1996, contra la cual interpuso el procesado  recurso  de  reposición  y, subsidiariamente, de apelación. Negado el primero,  se   concedió   el  segundo,  precisamente  el  que  se  desata  mediante  esta  providencia.   

FUNDAMENTOS  DE LA SOLICITUD ANTE EL TRIBUNAL  SUPERIOR DE SAN JUAN DE PASTO:   

El   procesado OCHOA CORTES demandó de  la  indicada  Corporación  se  le restituyera la detención domiciliaria, o, de  manera  directa, se le sustituyera la detención preventiva por aquella, “toda  vez  que  la  sentencia  de  primera  instancia,  no  es  una decisión en firme  mientras  no  se  hayan  surtido  los recursos de apelación y casación ante la  Corte  Suprema de Justicia”. Además porque “mi reclusión en este momento y  hasta  tanto  se surtan los recursos de ley, se basa en la detención preventiva  y no en la sentencia”.   

Cita  a  conocido  tratadista  de  Derecho  Procesal  en  el  sentido  de  que  la  detención  domiciliaria no es medida de  aseguramiento,  “por  cuanto  carece  de  autonomía  para  su aplicación”,  estando  supeditada  a  la  existencia  de una medida principal, para el caso el  auto de detención.   

El  procesado  peticionario también señala  que  no ha dado motivos para que se le revoque la detención domiciliaria que le  fuera  concedida  por  la Fiscalía Delegada ya que cumplió a cabalidad con las  obligaciones  que  se  le  impusieron  y  que  -con ella- se cumple “una mejor  función  resocializadora  o  rehabilitadora”, teniendo además la custodia de  su   hijo   de   4   años  de  edad,  la  cual  lleva  a  cabo  “con  inmensa  satisfacción”.   

DECISIÓN DEL TRIBUNAL:  

1.  La  privación  de  la  libertad  como  consecuencia  de  una  pena  impuesta  en la sentencia, es obvio que deja de ser  medida  de  aseguramiento  de  carácter  preventivo y de ahí que al proferirse  aquella  deba revocarse el beneficio de detención domiciliaria que es medida de  aseguramiento provisional.   

El  hecho  de  que  sobre  la  sentencia  se  interponga  recurso de apelación significa que “se interrumpe el proceso para  que  la  medida preventiva deje de serlo y se transforme en pena, situación que  perdura  hasta  cuando  la  sentencia  alcanza  ejecutoria  material”,  siendo  también  hasta  este  momento  viable  la  solicitud  para  que  la  medida  de  aseguramiento      de     detención     preventiva     se     sustituya     por  domiciliaria.   

2.  El requisito objetivo referido a la  cantidad  de  pena  mínima  consagrada  en la respectiva disposición penal, es  claro  que aquí se da, en orden a la procedencia de la detención domiciliaria.  Pero  el  subjetivo,  o  sea,  que  el  funcionario  judicial pueda formular una  presunción  de  que el sindicado comparecerá al proceso, de una parte, y de la  otra  que  no coloca en peligro a la comunidad, sí es cuestión que aquí no se  presenta.   

El  procesado  OCHOA  CORTES  huyó  de  la  justicia  durante  largo  tiempo,  hasta que al fin se logró su captura el 2 de  febrero  de  1995.  Y,  una  vez  escuchado  en indagatoria, se le mantuvo en el  Permanente  Central  por  cuanto  debía  remitírsele a la ciudad de Cali, para  cumplir  allí  otra  diligencia penal, pero en la madrugada del día siguiente,  se   fugó.   Insistentemente   buscado,   se   recapturó  el  8  de  abril  de  1995.   

En  el proceso radicado bajo el No. 0072, en  resolución  del  28  de noviembre de 1995, se decretó la detención preventiva  para  OCHOA CORTES, que le fue sustituída por domiciliaria. En las obligaciones  contraídas  para  disfrutar  de  ésta,  entre  otras figura la de ‘no  ausentarse  de  su  domicilio sin  previa      autorización     legal’.  En  el proceso No. 0074, suscribió igual obligación. Pero cada  vez   que   la   Fiscalía   lo   requería   o   el  Tribunal,  “el  detenido  domiciliariamente no se encontró en el sitio de reclusión”.   

No  hay  que olvidar -continúa el Tribunal-  que  la detención domiciliaria obliga al acusado a permanecer en el interior de  su  morada, pues tan solo se trata de una modalidad menos gravosa de detención,  que  de todas maneras implica restricciones para su libertad. OCHOA VASQUEZ, sin  embargo, de manera reiterada dejó de cumplir con esta obligación.   

EL MEMORIAL DE REPOSICION Y, SUBSIDIARIAMENTE,  DE APELACION   

El  procesado acepta que cuando los primeros  hechos  huyó,  pero  que ello fue por temor ya que el proceso -equivocadamente-  lo  remitieron a la justicia regional y ésta lo atemorizaba. Que a la Fiscalía  Delegada sí compareció voluntariamente a rendir indagatoria.   

La  fuga del Permanente Central fue antes de  que  le  concedieran  la detención domiciliaria.  Y,durante la vigencia de  ésta,  “es veraz lo relacionado con el informe de los guardianes del Inpec de  Pasto,  y  el  concerniente  al  notificador del Tribunal”. Pero lo primero se  debió  a  una  confusión  sobre los alcances de la detención domiciliaria, lo  que    se    clarificó   después   en   el   sentido   de   que   ‘no  se  debería entender la misma en  el   significado   amplio   del  término  domicilio,  sino  en  el  sentido  de  residencia’.   Y,   lo  segundo,  fue explicado ante el Magistrado Ponente y él aceptó las razones que  se  dieron  y por ello ‘no  me       fue      revocada      la      detención      domiciliaria’.   

Lo  que  sí  no  es  verdad  -prosigue  el  procesado-  es  que, proferida la sentencia,  no hubiera sido hallado en su  residencia, pues fue en ésta en la que se le capturó.   

A  renglón seguido el impugnante manifiesta  que  el  Magistrado  Ponente  mira sólo lo que le es desfavorable. Por ejemplo,  deja  de  apreciar  que existe un registro de control llevado por los CAI de los  barrios  El  Dorado  y Tamasagra,quienes por asignación de la Fiscalía tenían  la  función  de  vigilar  el  cumplimiento de la detención domiciliaria, y por  ello  “se   me  hacía  firmar  las tres o cuatro veces diarias en que se  pasaba  revista”. Este es un hecho que demuestra objetivamente el cumplimiento  de mis obligaciones.   

El  mismo  Magistrado  Ponente  -asegura  el  procesado-  puede  dar  fe  de  que  sí comparecerá al proceso, pues cuando lo  citó  para  la  audiencia  asistió  sin  que ningún organismo de seguridad lo  acompañara,  e  igual  hizo  en  otras  ocasiones.  Sólo  también  fue  a  la  Secretaría  de  la  Sala  Penal a estudiar los procesos en su contra y regresó  siempre  a  su residencia. Nada hay pues que lleve a considerar que huirá de la  justicia.   

EL   TRIBUNAL   DESATA   EL   RECURSO   DE  REPOSICION:   

No  es  atendible  que el procesado diga que  huyó  porque el proceso había sido remitido a la justicia regional, pues ésta  “quiérase  o  no,  cumple el cometido consagrado en la ley “. Y como con el  mismo  argumento  sostiene que se fugó del Permanente Central, le cabe la misma  crítica.   

El  sindicado  entra en contradicción, pues  acepta  la  evasión  y  afirma también que sí compareció al proceso. De otro  lado,  el  criterio  de la Fiscalía Delegada ante el Tribunal, no compromete el  de éste.   

Acepta  el condenado que es veraz el informe  de  los  guardianes  del  INPEC  de  Pasto,  pero  busca  justificarlo sobre los  alcances  de  la  detención  domiciliaria, señalando que la Corte sólo vino a  fijarlo  con  posterioridad, a lo que el Tribunal le responde que desde el 22 de  octubre  de  1992  esta Sala precisó que debía entenderse no en el significado  amplio de domicilio, sino en el restringido de residencia.   

Sostiene  el  Tribunal  que  cuando no se le  encontró  para  notificarle  la  fecha  de  la  celebración  de  la  audiencia  pública,  sin que se le revocara la sustitución, fue sólo porque la decisión  sobre el particular se dejó para la sentencia.   

El procesado tilda de falsa la afirmación en  el  sentido  de  que  no fue encontrado en su residencia, cuando se buscó hacer  efectiva  la  orden  de  captura  ordenada en la sentencia, actitud que el A-quo  encuentra  reprochable, por cuanto al folio 679  “se encuentra el informe  en  el  que  clara  y  textualmente  se  dice  que los encargados de efectuar la  captura      se      trasladaron      a      esa     residencia     ‘y  el  personaje  a  capturar  no  se  encontró       en       su      habitación      de      residencia’;  se trasladaron a diferentes partes  de     la     ciudad     para     ubicarlo     infructuosamente,    ‘a las 9:30 horas regresamos a la casa  de  habitación…donde  se  pudo  dar  cumplimiento a la captura…’             …”.   

Se  deniega  -entonces-  la sustitución por  cuanto    con    los    antecedentes   vistos   no   es   posible   ‘establecer’   que   el   señor   OCHOA  CORTES  comparecerá al proceso.   

CONSIDERACIONES:  

    

1. Recapitulando,  se  tiene  que  al  procesado  ALVARO  JESUS  OCHOA  CORTES,  una  Fiscal  Delegada  del Tribunal de  Sanjuán  de  Pasto  que  para  entonces  -noviembre  3  de  1.995- conocía del  presente  asunto,  le  sustituyó  la  detención  preventiva  por domiciliaria.     

Y, cuando el Tribunal Superior de Sanjuán de  Pasto  profirió  sentencia condenatoria contra OCHOA CORTES el 16 de septiembre  de   1.996,   allí,   bajo   el   epígrafe   de  “OTRAS  DETERMINACIONES”,  consignó:   

“La  cantidad  y  calidad  de  las  penas  impuestas,  impiden  hacer  consideraciones sobre la improcedencia del subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional,  pues  el  aspecto objetivo  consagrado  en  el  artículo  68  del  Código  Penal, se encuentra ausente. Se  revocará  el  beneficio  de  libertad  domiciliaria  del  que venía gozando el  acusado,  para  en  su  lugar  decretar  su  captura a fin de que cumpla la pena  privativa de la libertad”.   

    

1. Dentro del presente orden de ideas,  es  del caso remembrar la determinación del 9 de noviembre de  1.993, M.P:  Dr. Gustavo Gómez Velásquez así:        

“…el artículo 397 establece los casos  en   que   la   medida  de  aseguramiento  es  la  de  detención  preventiva  y  efectivamente  su  sustitución  será  procedente,  de  acuerdo  con  la  nueva  disposición  en  aquellos  casos en que se presenten a cabalidad los requisitos  que  exige  el  artículo  53  de  la  ley  81 de 1993, desde luego a partir del  momento  en que se resuelve la situación jurídica del procesado y hasta cuando  se profiere la sentencia de primera instancia.   

Lo anterior en virtud de la aplicación del  mandato  constitucional  previsto  en el articulo 29 de la Carta Política. Pero  una  vez  dictada  providencia  en  la  que  se  declare  la responsabilidad del  procesado  y  se  le  imponga  una  pena, sólo será procedente, al proferir la  sentencia  otorgar  el  subrogado  de  la  condena de ejecución condicional que  implica  una  suspensión  bajo  determinadas obligaciones, o el subrogado de la  libertad  condicional  cuando la pena impuesta supera los tres años de prisión  y  se  han  satisfecho  las  dos terceras partes de la sanción entre detención  efectiva  y las rebajas o redenciones de pena, una vez ejecutoriado el fallo. Si  no  se  da esta ejecutoria y el procesado satisface los requisitos del artículo  72  del  Código  Penal,  lo que procede es el beneficio de libertad provisional  conforme   lo   preceptúa   el  numeral  2º.  Del  artículo  415  del  C.  de  P.P.   

La finalidad del beneficio consagrado en el  artículo  396  del  C.  de  P.P.  (art.  53  de  la  ley  81  de  1.993) apunta  exclusivamente  a  que  el  sindicado  vaya  descontando  pena  en  su domicilio  mientras  el  Estado  declara  su  responsabilidad.  Proferida  la  sentencia de  condena  y  determinada  la  pena  que  le corresponde al procesado, en aquellos  casos  en  que  el  Juez  considere  improcedente  la  concesión  del subrogado  previsto  en el artículo 68 del Código Penal, tendrá que revocar el beneficio  concedido  (detención  domiciliaria), para hacer efectivo el cumplimiento de la  sanción  impuesta  en  el fallo de condena. Esto se afirma sin perjuicio de las  excepciones   consagradas   en  los  artículos  44  y  ss.  de  la  ley  81  de  1.993”.   

El  argumento  central  del  procesado  para  impetrar  la  sustitución  de  la  medida  de  aseguramiento consiste en que la  sentencia  de  primera  instancia,  no  está  en firme, hasta tanto se surta el  recurso  de  apelación  interpuesto  sobre  ella, y que su reclusión tiene por  base  no  el fallo de primer grado impugnado, sino la medida de aseguramiento de  detención preventiva proferida en su contra desde antes.   

Hay -pues- tres cosas definitivas en orden a  la  solución  del  presente  asunto.  Una,  que el sentenciador de primer grado  encontró  improcedente  la  concesión  de la condena de ejecución condicional  para  el procesado OCHOA CORTES. Que esta consideración -válida por demás, en  tanto  que  ni  siquiera  fue  necesario  entrar  en  apreciaciones de carácter  subjetivo,  pues  la  pena  impuesta  de  por  sí  imposibilitaba el subrogado-  fatalmente  comportaba  la  revocatoria de la detención domiciliaria, como así  se hizo.   

Dos,  que la detención domiciliaria (medida  de  aseguramiento  de  naturaleza  autónoma,  como  así  ha tenido ocasión de  advertirlo  esta  Sala  en  determinaciones de noviembre 7 de 1995 y agosto 8 de  1996),  así  tenga  un  carácter  menos  restrictivo  de  la  libertad  que la  detención  propiamente  tal,  al  dejarse  sin  efecto en la sentencia, para su  cumplimiento  era  imperiosos esperarse a la ejecutoria del fallo, pues fruto de  la  impugnación  aún  no había adquirido firmeza, a más de que la apelación  se  cumple  en  el  efecto  suspensivo, lo que -como es sabido- conlleva que las  decisiones no puedan ejecutarse de inmediato.   

Festinó  -entonces-  el  fallador   de  primer  grado  su  determinación  de  captura   como  consecuencia  de  la  revocatoria  de  la  detención  domiciliaria,  pues  ella  sólo era procedente  cuando  la  Corte  desatara  la  apelación  y en el evento de que confirmara la  decisión que se comenta.   

Tres,  mas  aconteció  que -ya el asunto en  trámite  en  la  Corte-  los  impugnadores  de la sentencia, desistieron de sus  recursos,  por  lo  que  la  apelación hubo de declararse desierta y, por ende,  ejecutoriado  el  fallo  materia  de  la misma. Así las cosas las decisiones en  ella  asumidas  han  adquirido  el  carácter  de  res  iudicata  y  por ende la  resolución  que  hoy  sufre ALVARO JESUS OCHOA CORTES, por la revocatoria de la  detención   domiciliaria,   tiene  allí  -indudablemente-  su  razón  de  ser  jurídica.   

Por lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  -SALA DE DECISION PENAL-,   

RESUELVE:  

DECLARAR que no hay lugar a la revocatoria  del  auto  de  octubre  23 de 1996 por medio del cual el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Sanjuán  de  Pasto,  negó  la  sustitución de la  detención preventiva por la domiciliaria.   

Cópiese y cúmplase.  

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                 RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                          JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS  E.  MEJIA ESCOBAR                        DIDIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON   PINILLA   PINILLA                                JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNEDA   

Patricia Salazar Cuéllar  

Secretaria  

     

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