12697 (04-02-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    PENA/ PERSONALIDAD DEL PROCESADO  

El  factor  “personalidad”  lo  incluye  el  legislador  entre  los  criterios  para  graduar  la  pena (art. 61 C. P.), como  requisito  para el otorgamiento de la condena de ejecución condicional (art. 68  C.  P.),  y  en  el  evento  en  estudio,  de  manera  que  no  puede  afirmarse  válidamente  que el haberlo tenido en cuenta para la dosificación de la pena o  para  negar  la  suspensión  de  la condena impide que pueda ser apreciado para  definir  la  libertad  condicional,  pues  en  cada  caso se mira con propósito  diferente.   

Si  bien  algunos autores, entre ellos el que  cita  el  recurrente,  ven en el elemento personalidad un aspecto muy complejo a  cuya  medida justa muy difícilmente podría llegar el juez sin colaboración de  expertos,  la  Sala  no lo cree así, de modo que en providencia del 24 de abril  de  1992,  con  ponencia del Magistrado Gustavo Gómez Velásquez se refirió al  punto en los siguientes términos:   

“Algunos  quieren  hacer  del  concepto de la  “personalidad”,  para efectos de la dosificación de la pena (art.61 C. P.) o de  la  concesión  del subrogado (art. 68 ibídem) ( o del subrogado de la libertad  condicional  (art.  72  ibídem,  agrega  la Sala) algo abstruso, inserto en los  meandros  de  una  ciencia  inasible  o  sólo  manejable  por  especialistas en  sicología  ,  siquiatría,  caracterología,  etc.,  o de profanos que atiendan  mansamente  los  dictados  emitidos por esta clase de científicos. La ley no es  tan  escrupulosa  ni tan utopista. Le bastan interpretaciones más a la mano, de  más  fácil  manejo,  de  verificación  más  posible y real, de alcances más  generales  y valorables por el común de las gentes, con la formación corriente  que  suele  acompañar  a  víctimas y victimarios, o a abogados de defensa y de  parte  civil  o  integrantes  del  ministerio  público,  o  en  fin al nivel de  formación  básica  de los integrantes de la judicatura. Intentar cambiar estos  derroteros  tan  sencillamente  ideados por el legislador, sería dar ocasión a  que  el  proceso  de  negación  o  de  otorgamiento de la condena de ejecución  condicional,  fuese  labor más complicada de la que concentra el descubrimiento  de  un  delito,  la  demostración  del ente infraccional y la conclusión de un  juicio  de  reproche  y  de  condena.  Y daría lugar a inacabables debates, con  posiciones  irreconciliables,  en  donde  cada  cual  según  el interés que le  mueva,  encontraría,  parapetado  en  una  tesis, la personalidad del procesado  incompatible  con este subrogado o, por el contrario, abiertamente subsumible en  los  factores  que  gobiernan  su  concesión.  Y  luego  de acabar tan compleja  dilucidación,  todavía quedaría pendiente la controversia sobre la naturaleza  y  posibilidades  de  nuestro  sistema  penitenciario  como  elemento  válido u  obstaculizante de la resocialización del sentenciado”.   

Y  más  adelante se agrega: “La personalidad  del  procesado,  en su fijación, tendrá que relacionarse con lo que es él, en  sí,  en  su  conducta  individual  o familiar o social, en sus características  forma   de   vida   (oficios,   artes   o   profesiones   lícitas)   y  en  sus  condicionamientos  comportamentales,  que permitan confiar, fundadamente, en que  resulta  más  provechoso para él y la colectividad sustraerle de la reclusión  que  efectivizar,  en  un  medio  carcelario,  la  pena privativa de la libertad  impuesta”.   

La  idea  de  la  readaptación  social no se  restringe  a  que  el  delincuente  sea un interno disciplinado, porque igual al  salir  a  la calle puede en forma inmediata volver a delinquir, sino a que todos  los  elementos  le den la convicción al juez de que al hacerlo se va integrar a  la   sociedad   comprendiendo  que  no  debe  volver  a  incurrir  en  conductas  reprochables.   

PROCESO                                    : 12697   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                MAGISTRADO PONENTE:   

                                      DR.    RICARDO    CALVETE  RANGEL   

                                APROBADO ACTA No. 10   

Santa Fe de Bogotá, D.C., febrero cuatro de  mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS  

                          Por  apelación  conoce  la  Sala del auto por medio del cual el Tribunal Nacional le  negó  al  sentenciado  ALIRIO  DE JESUS TOBON DUQUE el subrogado de la libertad  condicional solicitada por su defensor.   

ANTECEDENTES  

                   1º Mediante  sentencia  de  fecha 27 de julio de 1995, el Tribunal Nacional condenó a ALIRIO  DE  JESUS  TOBON  DUQUE   a la pena privativa de la libertad de 50 meses de  prisión,   al hallarlo responsable del delito de concusión, fallo que fue  confirmada por la Corte al resolver el recurso de apelación.   

                   2º  El  defensor  del  condenado  solicitó la libertad provisional con fundamento en la  viabilidad  de  la libertad condicional, al parecer por no estar enterado en ese  momento  de  la confirmación de la sentencia de primera instancia, limitándose  a  decir  que  la  conducta en el establecimiento carcelario fue calificada como  ejemplar,  y  que en atención al tiempo efectivo de reclusión y a la rebaja de  pena  a  que  pueda  tener  derecho  por trabajo, su cliente ya cumplió las dos  terceras partes de la pena impuesta.   

                   3º  El  Tribunal  Nacional,  acogiendo  una  providencia  de  ésta  Sala,  se  declaró  competente  para resolver sobre la petición de libertad, la cual negó con base  en los siguientes argumentos:   

          Dado  el tiempo que el implicado ha permanecido en cautiverio y los  descuentos  a  que  tiene  derecho por trabajo, es claro que ha superado las dos  terceras  partes  de  la  pena  impuesta,  sin  embargo  la  gravedad  del hecho  punible,   la calidad del agente, la preparación ponderada y el deliberado  propósito  que  se  vio  en  la  actuación,  permiten inferir una personalidad  altamente  inmoral  e  insensible  que  merece  todo  el  reproche del Estado. Y  agregó:   

“TOBON  DUQUE  obedeció  únicamente a un  afán  de lucro económico fácil, sin parar mientes en el inmenso daño que con  su  conducta  le  estaba ocasionando a la administración pública, donde en las  condiciones  en  que  se  encuentra el país, se exige  de sus funcionarios  absoluta  rectitud  y  pulcritud  en el manejo de sus asuntos, más cuando se es  operador  de  derecho  porque  las  esperanzas  de los asociados en recuperar la  confianza  en  sus  instituciones  gira  la mayoría de las veces en torno a sus  jueces;  estos  elementos  de  juicio nos permiten concluir  que existe una  poderosa  razón  de  estado  en  aras  de  defensa del interés general que nos  indica  cómo  este  tipo  de  conductas deben ser sancionadas en proporción al  daño  que  causan  al conglomerado y por ello es imperativo ser más drásticos  con  sujetos  activos  calificados de esta categoría pues lo vulnerado no es ni  más ni menos que la majestad de la justicia.”   

“Así mismo, desdice de su personalidad la  actitud  que  este  reo  asumió  dentro de la investigación, pues nada aportó  para  el  esclarecimiento  de  los hechos y, esa rebeldía o desgano, además de  producir  un  innecesario  desgaste  de  la  administración  de justicia denota  también  una  mayor  insensibilidad  moral  y ética que sugiere el tratamiento  penitenciario  completo, pues es claro que el procesado sabía perfectamente del  daño  que  producía  a  la sociedad con su conducta, conoce quienes fueron sus  copartícipes   del  punible,  seguramente  sabe  quién  se  quedó con el  dinero  exigido  ilícitamente  y  sin  embargo  prefiere  acudir  a  argumentos  equívocos  tratando  de  engañar  con  el  innegable  propósito de desviar el  cueros  probatorio,  incluso pretendiendo hacer aparecer como mendaces a quienes  le formularon cargos por su censurable conducta.”   

                    

                      4º   Esta  decisión  fue  recurrida  por  el  sentenciado, quien  estima que el  Tribunal   Nacional   no  tenía  competencia  para  resolver  la  solicitud  de  excarcelación   en  razón  a  que  la facultad para ejecutar la pena  radica  en  los  jueces  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad. Sostiene  que  el  pronunciamiento  de la Corte que cita el Tribunal es anterior al actual  Código  de  Procedimiento  Penal, y a la  Ley 65 de 1.993 que establece la  competencia  y  las  funciones  respecto  a  la  libertad que deba otorgarse con  posterioridad a la sentencia.   

                          Con  relación  al factor subjetivo que prevé el artículo 72 del Código Penal para  el  otorgamiento  de  la  libertad  condicional,  manifiesta  que el concepto de  personalidad  suscita  dificultades  porque su estudio y determinación  no  siempre  se  hace  de manera científica, razón por la cual  el tratadista  Luis  Carlos  Pérez  lo  califican como juicio aventurado e incierto, al tiempo  que  ésta  Corporación   en  auto del 10 de marzo de 1.981, anhela que se  pudieran hacer exploraciones científicas.   

                           El  comportamiento  asumido  con  posterioridad  a la sentencia, especialmente en el  establecimiento   carcelario,  es  el de mayor importancia para saber si la  pena  ha cumplido con la función resocializadora. La personalidad del condenado  se  refiere  a  la etapa de la vida del reo después de la comisión del delito,  porque  al  imponer  la  pena  el  juez  tiene  necesidad  de  detenerse  en  el  comportamiento  anterior  y  concomitante al hecho punible, aspecto que no puede  tomarse  de nuevo para la procedencia  de la libertad condicional. Cita una  decisión  de la Corte según la cual  para el estudio de  la libertad  condicional   la   personalidad   debe   valorarse   por   la   conducta  en  el  establecimiento  carcelario,  su  dedicación en actividades que se programen en  cada   centro   de   reclusión,   sus   antecedentes  penales,  de  policía  y  disciplinarios  durante  el  tiempo  de  detención, y todo aquello que lleve al  Juez  a  la  conclusión  de  que  el procesado se ha rehabilitado para vivir en  sociedad.   

                      Aduce que  habiendo  superado  las dos terceras partes de la pena, debe examinarse si ésta  ha  cumplido  la  función  resocializadora, porque la concesión de la libertad  condicional  no  depende  de  la  gravedad y modalidad del hecho punible, ya que  estos  aspectos  se  tiene  en cuenta al momento de proferir la sentencia y  el  concepto  de  personalidad  para estudiar el subrogado que solicita no puede  considerarse  nuevamente porque se estaría violando el principio del non bis in  idem.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

                           El  impugnante  cuestiona  dos aspectos del auto proferido por el Tribunal Nacional,  a  saber:  la  competencia,  y el entendimiento dado al concepto de personalidad  previsto en el artículo 72 del Código Penal.   

                    En cuanto a  lo  primero,  basta  recordar que en providencia del  24 de abril de 1.996,  citada  por  el  ad  quo posterior al estatuto procesal vigente y a la Ley 65 de  1993,  con  ponencia de quien aquí cumple igual cometido, la Sala concluyó que  no  obstante  que en la actualidad existen los jueces de ejecución de penas, en  los  casos  de  aforados “la competencia del fallador se mantiene inalterable,  pues  mal  podría  entenderse  que  la  garantía  del  fuero  termina  con  el  proferimiento  de  la  sentencia,  como quiera que en la etapa posterior a ella,  esto  es,  durante  su  ejecución, hay decisiones de trascendental importancia,  respecto  de  las  cuales obran las mismas razones que fundamentan el fuero para  la investigación y/o el juzgamiento.   

Este  criterio  no  ha  cambiado,  por  el  contrario,  en esta oportunidad se reitera que el fuero ampara al procesado aún  respecto  de  las  decisiones  que corresponda tomar durante la ejecución de la  pena.   

                    En cuanto a  lo  segundo,  es cierto que al condenado se le impuso una pena de prisión mayor  de  dos  (2)  años, que de la misma ya descontó las dos terceras partes, y que  el  Director  de  la  cárcel  calificó  su conducta en el establecimiento como  ejemplar,  pero también lo es que el artículo 72 del Código Penal dispone que  se  puede  conceder  la  libertad  condicional cuando, además de los requisitos  mencionados,  su  personalidad y sus antecedentes de todo orden permitan suponer  fundadamente su readaptación social.   

                      El   factor  “personalidad”  lo  incluye  el  legislador entre los criterios para  graduar  la  pena  (art.  61  C.  P.), como requisito para el otorgamiento de la  condena  de  ejecución  condicional (art. 68 C. P.), y en el evento en estudio,  de  manera  que  no puede afirmarse válidamente que el haberlo tenido en cuenta  para  la  dosificación  de  la  pena  o para negar la suspensión de la condena  impide  que  pueda  ser  apreciado para definir la libertad condicional, pues en  cada caso se mira con propósito diferente.   

                      Si  bien  algunos  autores,  entre  ellos  el  que  cita el recurrente, ven en el elemento  personalidad  un  aspecto  muy  complejo  a  cuya medida justa muy difícilmente  podría  llegar  el juez sin colaboración de expertos, la Sala no lo cree así,  de  modo que en providencia del 24 de abril de 1992, con ponencia del Magistrado  Gustavo   Gómez   Velásquez   se   refirió   al   punto   en  los  siguientes  términos:   

“Algunos quieren hacer del concepto de la  “personalidad”,  para  efectos de la dosificación de la pena (art.61 C. P.)  o  de  la  concesión  del  subrogado  (art. 68 ibídem) ( o del subrogado de la  libertad  condicional  (art.  72 ibídem, agrega la Sala) algo abstruso, inserto  en  los  meandros de una ciencia inasible o sólo manejable por especialistas en  sicología  ,  siquiatría,  caracterología,  etc.,  o de profanos que atiendan  mansamente  los  dictados  emitidos por esta clase de científicos. La ley no es  tan  escrupulosa  ni tan utopista. Le bastan interpretaciones más a la mano, de  más  fácil  manejo,  de  verificación  más  posible y real, de alcances más  generales  y valorables por el común de las gentes, con la formación corriente  que  suele  acompañar  a  víctimas y victimarios, o a abogados de defensa y de  parte  civil  o  integrantes  del  ministerio  público,  o  en  fin al nivel de  formación  básica  de los integrantes de la judicatura. Intentar cambiar estos  derroteros  tan  sencillamente  ideados por el legislador, sería dar ocasión a  que  el  proceso  de  negación  o  de  otorgamiento de la condena de ejecución  condicional,  fuese  labor más complicada de la que concentra el descubrimiento  de  un  delito,  la  demostración  del ente infraccional y la conclusión de un  juicio  de  reproche  y  de  condena.  Y daría lugar a inacabables debates, con  posiciones  irreconciliables,  en  donde  cada  cual  según  el interés que le  mueva,  encontraría,  parapetado  en  una  tesis, la personalidad del procesado  incompatible  con este subrogado o, por el contrario, abiertamente subsumible en  los  factores  que  gobiernan  su  concesión.  Y  luego  de acabar tan compleja  dilucidación,  todavía quedaría pendiente la controversia sobre la naturaleza  y  posibilidades  de  nuestro  sistema  penitenciario  como  elemento  válido u  obstaculizante de la resocialización del sentenciado”.   

                      Y  más  adelante  se  agrega: “La personalidad del procesado, en su fijación, tendrá  que  relacionarse  con  lo  que  es  él,  en  sí,  en su conducta individual o  familiar  o  social,  en  sus  características  forma de vida (oficios, artes o  profesiones  lícitas) y en sus condicionamientos comportamentales, que permitan  confiar,   fundadamente,   en   que  resulta  más  provechoso  para  él  y  la  colectividad   sustraerle   de  la  reclusión  que  efectivizar,  en  un  medio  carcelario, la pena privativa de la libertad impuesta”.   

                    Pues bien,  precisado  que el concepto de personalidad que emplea el legislador en los casos  anotados  es  el  que  está  al  alcance  del  sentenciador  y  de  los sujetos  procesales,  y  que  se  infiere  de  distintos factores como lo son la conducta  ejecutada,  las  circunstancias  que  la rodearon, los motivos determinantes, el  comportamiento  social y familiar etc, es del caso recordar que el doctor ALIRIO  DE  JESUS  TOBON es un profesional del derecho que logró ocupar la posición de  fiscal  seccional en la ciudad de Medellín, y estando en el ejercicio del cargo  obtuvo  de una persona la suma de ocho millones de pesos a cambio de la libertad  de  su  hermano,  hecho  que  ante la contundencia de las pruebas recaudadas fue  admitido por el implicado.   

                       No  se  necesita  ser  especialista en la materia para entender que un funcionario   que  realiza  tal  comportamiento  carece  de todo escrúpulo, que demuestra una  personalidad  inclinada  de  tal  modo  al  delito,  que  pasó  por  sobre toda  consideración  no  sólo  para  traicionar  la confianza que le fue depositada,  sino  precisamente  para  valerse de ella como medio para consumar su agresión.  Que  no  se diga que esta clase de apreciaciones son únicamente para graduar la  pena,  porque  también  son  válidas  para  analizar  la  conveniencia  de  su  cumplimiento  total con miras a una verdadera readaptación, que no la demuestra  el sólo hecho de observar buena conducta en la cárcel.   

                    La idea de  la  readaptación  social  no  se  restringe a que el delincuente sea un interno  disciplinado,  porque  igual al salir a la calle puede en forma inmediata volver  a  delinquir,  sino  a  que todos los elementos le den la convicción al juez de  que  al  hacerlo se va integrar a la sociedad comprendiendo que no debe volver a  incurrir  en  conductas  reprochables,  situación  que  no  e da en el caso del  recurrente como en forma atinada concluyó el Tribunal.   

                    En mérito  de   lo   expuesto,   la   Corte   Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

                                 Confirmar la providencia objeto  del recurso.           

Cópiese,     Comuníquese      y  cúmplase.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             RICARDO  CALVETE     RANGEL                                             

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                               JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                        DIDIMO PAEZ VELANDIA                                             

NILSON    PINILLA    PINILLA                                          JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

     

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