12402 (16-10-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    CASACION  DISCRECIONAL/  TERCERO  CIVILMENTE  RESPONSABLE   

4   Si el  legislador,  a  través  de  este  mecanismo  excepcional  y  restrictivo  de la  casación  discrecional, extendió la competencia de la Corte para conocer otros  procesos,  en  procura del desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de los  derechos  fundamentales,  restringiendo  la  titularidad  de  su  accionar a los  sujetos  procesales  ya mencionados, hay que entender, sin necesidad de acudir a  brillantes  razonamientos,  que  la legitimidad para acogerse a este excepcional  medio   impugnatorio   le   fue  vedada,  entre  otros,  al  tercero  civilmente  responsable;  y  cuando  la  claridad  y fluidez de la normatividad legal es tan  ostensible,  no  se  desatenderá  su  tenor literal so pretexto de consultar su  espíritu (artículo 27 del Código Civil).    

PROCESO No. 12402  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente   

         

          MARIO MANTILLA NOUGUES   

          Aprobado Acta No.125   

Santafé de Bogotá D.C., octubre dieciséis  (16) de mil novecientos noventa y siete (1997).   

         V I S T O S:   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  los  recursos  de  casación  excepcional  interpuestos  por el defensor del  procesado  LUIS  ENRIQUE  BORDA  CHAVARRO  y el apoderado del tercero civilmente  responsable,  contra  la sentencia de condena proferida en segunda instancia por  el  Juzgado  47  Penal  del  Circuito  de Santafé de Bogotá, en proceso por el  delito culposo de lesiones personales.   

         ANTECEDENTES   

1.-  En  horas  de  la  mañana  del  21  de  septiembre  de  1992,  en  el  cruce  de la carrera 2a. con calle 48 Sur de esta  capital,  fue  atropellado  el niño JUAN PABLO ESTUPIÑAN CASTRO por el camión  de  placas  SFM-089,  al  servicio  de  la  empresa  Gaseosas  Colombianas S.A.,  conducido  en  reversa  por  LUIS  ENRIQUE  BORDA  CHAVARRO,  sufriendo lesiones  personales  que  le  significaron  una  incapacidad  definitiva de 50 días, con  deformidad  facial  transitoria  y  perturbación funcional y deformidad física  permanentes del miembro superior izquierdo.   

2.-  Por  los  anteriores hechos, el Juzgado  Veintiséis  Penal  Municipal  de  Bogotá  adelantó el correspondiente proceso  y   condenó al conductor BORDA CHAVARRO, mediante sentencia de fecha junio  20  de  1996, a la pena principal de seis meses de prisión y cinco mil pesos de  multa,  a  “la  pena  accesoria  de suspensión del ejercicio de la conducción”  (sic)  por  seis  meses  y al pago, en forma solidaria con el tercero civilmente  responsable   Gaseosas   Colombianas   S.A.,  de  $37.521.000  por  concepto  de  perjuicios  materiales y el equivalente a 100 gramos oro por perjuicios morales,  concediéndole  el  subrogado  de  la  condena  de ejecución condicional; fallo  apelado  por  el  profesional  que venía actuando como defensor del procesado y  apoderado  del  tercero  civilmente  responsable,  y  confirmado el 27 de agosto  siguiente   por  el  Juzgado  Cuarenta  y  Siete  Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad.   

3.-  Contra  dicha decisión fue interpuesto  recurso  de casación excepcional, en representación del procesado LUIS ENRIQUE  BORDA  CHAVARRO  y  del  tercero  civilmente  responsable  GASEOSAS  COLOMBIANAS  S.A.   

4.-   Conviene  tener  en  cuenta  que  la  instrucción   fue  cerrada  el  23  de  noviembre  de  1993  y  calificada  con  resolución  de  acusación  contra  Borda  Chavarro,  el 3 de enero de 1994. La  demanda  contra  Gaseosas  Colombianas S.A. es presentada por el apoderado de la  parte  civil  el  15 de abril de 1994; mediante providencia de mayo 17 del mismo  año,   dicha   sociedad  es  vinculada  como  tercero  civilmente  responsable,  notificándose  personalmente  su  representante  legal el 23 de junio siguiente  (f.   165v.   cd.   inicial),   quien   dos   semanas   después  otorga  poder,  representación  que  reconoce  el  despacho  el  12  de julio ibídem (f. 171).   

Entre    tanto,    el    1�  de  julio de 1994 el Juzgado 26 Penal  Municipal  “ordena  correr traslado a las partes por el término de treinta (30)  días  hábiles,  conforme  y  para  los fines previstos en el artículo 446 del  Código   de   Procedimiento   Penal”  (f.  167).  Como  apoderado  de  Gaseosas  Colombianas  S.A., el abogado pide copia “de lo actuado en el sumario” (f. 172),  solicita  algunas diligencias (f. 174), objeta por error y pide complementación  y  aclaración  del  avalúo  de  perjuicios  (cd.  incidente)  y  participa  en  audiencia  de conciliación que no fructificó (fs. 226 y Ss.) y en la audiencia  pública (abril 26/96, fs. 238 y Ss.).   

         LA IMPUGNACION   

1.- El nuevo apoderado del tercero civilmente  responsable,  acogiéndose  a  lo establecido en el inciso tercero del artículo  218  del  Código  de  Procedimiento  Penal, impetra la admisión del recurso de  casación  excepcional  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia, aduciendo  quebranto del derecho fundamental a la defensa de su representado.   

En   capítulo   dedicado  a  examinar  la  titularidad  del  tercero civilmente responsable para recurrir excepcionalmente,  invita  a  la  Sala  a  reconsiderar  su  criterio  sobre  la  exclusión  de la  Fiscalía,  la  parte  civil  y el tercero civilmente responsable para acceder a  este  especial  medio impugnatorio (menciona providencias de 4 de agosto de 1995  Magistrado   ponente  Juan  Manuel  Torres  Fresneda  y  26  de  julio  de  1996  Magistrado   ponente  Dídimo  Páez  Velandia ), a fin de que “restudie el  punto  y  decida en controversia un poca más profunda, la bondad o perjuicio de  su  apreciación,  la  solidez  o  debilidad  de  la  misma,  la  posibilidad de  modificarla  o  de  mantenerla  conforme  a  su  apego  o  distanciamiento de la  exigible legalidad”. Al efecto, expresa:   

                     “La Sala  acude  al  texto  del  inciso tercero del art. 218, en el segmento que determina  los   posibles   autores   de   esta   solicitud.   Pero   nada  más.  Tal  vez  inconscientemente recuerde que cuando la fórmula   

         legal  es  clara,  resulta igualmente nítida su valoración. Sobre  este  equivocado  supuesto  lógicamente no se trata de una interpretación sino  de  la  aplicación  cerrada  de  la  letra de la ley, postura indefensable aún  desde  el punto de vista de su literalidad. Qué no decir cuando se ahonda en su  connotación   teleológica   y   en   el   espíritu   político  procesal  del  instituto.   

         1.-  Pero  para imponer criterio tan restrictivo y odioso, no se ha  pensado  en  la  excepcionalidad  del  recurso  extraordinario,  o  sea,  en  el  fundamento  que  lo  inspira,  anima e impone: la necesidad del desarrollo de la  jurisprudencia  o  lo  que  es todavía de mayor entidad en un estado de derecho  social, la garantía de los derechos fundamentales.”   

Sostiene que esa recortada interpretación de  la  norma  lleva  a  pensar  si  el  legislador  solo  quiso el desarrollo de la  jurisprudencia  y la garantía de los derechos fundamentales para el procurador,  o  su delegado, o para el defensor del procesado y observa que la valoración de  la  Sala  parece  “fincada en un estadio superado hace años, vale decir, que el  derecho  de  defensa se relaciona con el procesado y que exclusivamente en favor  de éste se deba la salvaguardia del debido proceso….”.   

Opina  que  la  casación  discrecional debe  responder  al  anhelo  de  que  todos  los  sujetos  procesales se encuentren en  igualdad   de  facultades,  como  lo  quiere  la  Constitución  Política.  “La   

integridad de las garantías fundamentales es  aspecto  tan  esencial  que  por  si mismo debe imponer una interpretación más  racional,  más  acorde  con  este  propósito  del  legislador, y valga la pena  anotar  cuán  lejos  se  encuentra  este querer de lo que la Corte señala como  pretensión y mandato legislativo en este específico campo”.   

Otro aspecto de la controversia planteada es  el  relacionado  con  el  alcance  que  puede darse al vocablo “defensor”, que a  juicio  del  impugnante  debe mirarse “como el que representa tanto al procesado  como  a  la  parte  civil o al tercero civilmente responsable”; refiriéndose al  maltrato  procesal  de  que dice ha sido objeto  este último con  la  restrictiva  interpretación  del  inciso tercero del artículo 218, expresa  que  si  “el  legislador  quiere  ampliar el fenómeno de la casación y por eso  excepciona     la     regla     general     del     art.    218    1�, porqué la interpretación del inciso  segundo  (sic)  de  esta  normatividad,  angosta  puertas  de  acceso  para  los  recurrentes?.  No  se  dará  cierto  roce  con la prerrogativa de lo sustancial  sobre lo formal, con estirpe constitucional?.- art. 228-.”   

Adicional  observación en torno a este tema  es presentada por el censor, en los siguientes términos:   

         “El  tercero  civilmente  responsable  se integra más al procesado  que  a  cualquier  otro  sujeto  procesal.  Imposible identificarlo con la parte  civil,  puesto  que  ésta busca que aquél, solidariamente con el procesado, la  indemnice.  Aquélla  demanda y exige; ésta responde y paga. Aquella se muestra  potestativa  en  cuanto a entrar y salir del proceso, pero ni el procesado ni el  tercero  civilmente  responsable,  cuando se le requiere procesal y debidamente,  pueden  sustraerse a las consecuencias del proceso penal. Esta asimilación, con  el  señalado  fin,  no  debe parecer extraña o insensata. Cuando al código de  procedimiento  penal  se  le  introducen  reformas  trascendentales, así la del  tercero     civilmente     responsable,  la  noción  de procesado y defensor no puede ceñirse solo a la  persona  que  sufre  pena  privativa  de  la libertad, multa, etc., y a quien le  asiste,  pues  el  concepto  debe  ampliarse  para  cobijar a todo aquél que es  objeto  de  sanción  en  un fallo de condena. Y esto indudablemente le ocurre a  ese  tercero.  Entonces  él  y  su defensor están autorizados para recurrir en  casación  discrecional,  aún  dentro  de  la  analizada tesis que preconiza la  Sala, sobre este tópico impugnatorio”.   

Como garantía fundamental quebrantada erige  el  censor  el  derecho  a  la  defensa  del tercero civilmente responsable, por  habérsele  vinculado  tardíamente  al  proceso,  sin  permitírsele  ejercer a  cabalidad las prerrogativas inherentes a su defensa.   

Observa  el  apoderado que a pesar de que la  parte  civil  fue  reconocida  en  noviembre  de  1992  y desde ese momento hizo  referencia  al  establecimiento  de la responsabilidad del tercero, solamente en  el  memorial de conclusión pidió la vinculación de Gaseosas Colombianas S.A.,  que  luego  de  actuación  que  reprocha  como  insólita,  el  Juzgado  vino a  determinar el 17 de mayo de 1994. Frente a ésto, manifiesta:   

        “La   responsabilidad  penal,  presupuesto  de  la  civil,  estaba  cómodamente  establecida,  sin  la posible pugnacidad del tercero. El resultado  probatorio     estaba         fijado      indeleblemente  sin    darse   

        la  vinculación  de  éste.  Con  omisión suya y con una nutrida  actuación  llevada  a  cabo  a  espaldas  del  mismo  y sin su conocimiento. En  lenguaje  coloquial  y  entroncado  con  aspectos  penales  de antiguo molde, se  trató  de  un zarpazo a MANSALVA Y SOBRESEGURO. Solo restaba la cuantificación  del  perjuicio,  que  llegó  de  manera fácil, contra la cual poco quedaba por  hacer, aún en el aspecto de su monto.”   

2.-  A  su turno, el defensor del procesado  LUIS  ENRIQUE  BORDA  CHAVARRO,  después  de  referirse  a los antecedentes que  motivaron  la  formación  del proceso y la condenación de su cliente, se acoge  al  recurso  de  casación  excepcional por violación del derecho a la defensa,  afirmando  que  su  asistido  no contó con defensa técnica y eficaz durante el  sumario  y  parte  del  juicio,  etapas  durante  las  cuales  se recaudaron los  testimonios  que sirvieron de sustento a la sentencia de condena proferida en su  contra.   

Afirma  que  el  defensor  de  oficio  del  sindicado  BORDA  CHAVARRO, cargo desempeñado sucesivamente por un abogado y un  estudiante  de  derecho,  no  solicitó  la  práctica de pruebas en favor de su  representado,  ni  controvirtió  las  recaudadas  en su contra, ni impugnó las  decisiones   adversas,  es  decir,  no  desarrolló  actividad  en  defensa  del  inculpado,  viciando  de  nulidad  la  actuación  por  quebranto  de una de las  garantías fundamentales del juzgamiento.   

Alude   al   hecho   de  que  la  tardía  vinculación   al   proceso   del   tercero   civilmente   responsable  incidió  desfavorablemente  en los    intereses   del procesado,  que se vió afectado por una   

condenación  al  pago  de una considerable  suma de dinero por concepto de perjuicios materiales.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

En reiterados pronunciamientos, la Sala ha  expresado  que  la  viabilidad  de la casación discrecional está supeditada al  cabal cumplimiento de ciertas exigencias, a saber:   

a) Que la impugnación se dirija contra un  fallo   de  segunda  instancia,  respecto  del  cual  no  proceda  la  casación  regular.   

b)  Que la impugnación se presente dentro  del  término de ejecutoria de la sentencia, esto es, dentro de los quince días  siguientes a la última notificación de la misma.   

c) Que exista legitimación para recurrir,  es  decir,  que  la  interposición  del  recurso  provenga  del  procurador, su  delegado,  o  del  defensor,  según  lo  expresamente previsto, o el procesado,  quien   tiene   los   mismos  derechos  de  su  defensor,  excepto  sustentar  el  recurso  de  casación  (art. 137 C. de P. P.).   

d)  Que  se  busque  el  desarrollo  de la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.   

e) Que el impugnante exponga claramente los  motivos  que  lo  animan  a  acudir  a  la Corte en procura de lo indicado en el  literal  anterior,  para  que ésta, en desarrollo de la discrecionalidad de que  está investida, pueda examinar la viabilidad de su pedido.   

Sentadas  estas  premisas,  es  del  caso  examinar cada impugnación en particular.   

        IMPUGNACION A NOMBRE DEL TERCERO   

        CIVILMENTE RESPONSABLE   

1.-  De  acuerdo  con  lo dispuesto por los  artículos  221  del  Código  de  Procedimiento Penal, 366 del de Procedimiento  Civil    (modificado    por    el    D.    E.    2282/89,   art.   1�,   numeral   182)  y  2�        y        3�  del  D. L. 522/88, la cuantía para  recurrir  en casación con incidencia única en la indemnización de perjuicios,  se   encuentra   establecida   para  el  bienio  que  empezó  el  1� de enero de 1996, durante el cual se  profirió  la  sentencia  de  segunda  instancia  y  se  interpuso  este recurso  excepcional,  en $38’416.000, valor superado en este caso por $37’521.000, de la  indemnización  de  los  perjuicios  materiales,  más  el equivalente en moneda  nacional  de  100 gramos oro por concepto de los morales, a razón de $13.232.03  el  gramo  de oro fino a 20 de junio de 1996, fecha de la sentencia inmodificada  de   

primera  instancia,  ésto  es, $1’323.203,  para un total de $38’844.203 a tal fecha.   

2.- La casación discrecional constituye un  medio   extraordinario   y   excepcional  de  impugnación  de  las  sentencias,  encaminado  a  que  la  Corte  efectúe el pronunciamiento que resulte necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales.   

Si se trata de esta solicitud excepcional y  restrictivo  viable  para  determinadas  sentencias  y por motivos específicos,  donde  el  legislador  ha  querido  que  la  legitimación para impugnar radique  exclusivamente  en  cabeza  del  procurador,  su  delegado, o del defensor, como  fluye   del   claro  texto  literal  del  inciso  tercero     del  artículo  218  del  Código de Procedimiento Penal, modificado por el artículo  35  de  la  ley  81  de  1993,  además  del procesado en ejercicio de su propia  defensa  material,  por  lo  ya  mencionado,  excluyendo de dicha titularidad al  fiscal, a la parte civil y al tercero civilmente responsable.   

De ahí que la Sala en providencia de 22 de  mayo  de 1995, con ponencia del Magistrado doctor Dídimo Páez Velandia hubiese  expresado  lo  siguiente,  refiriéndose  a  la  ilegitimidad impugnatoria de la  parte civil:   

         

        “La  precisión  normativa reguladora del recurso de casación que  de  manera  excepcional  para  los específicos casos y por los precisos motivos  plasmados  en  el  artículo  218  del C. de P.P., compete conceder o negar a la  Corte,   excusa  de  mayores  comentarios  respecto  de  la  legitimidad  de  la  personería del recurrente.   

        Quiso  el  legislador  de  manera  expresa  y  en forma exclusiva,  conceder  el derecho impugnatorio en comentario, al Procurador, su Delegado y el  defensor,  es  decir,  excluyó de él a la representación  de    la   parte civil,  dejando  la   

        posibilidad  propia  de ésta de disentir del fallo absolutorio al  representante  de  la  sociedad,  el  Ministerio Público, en los eventos en que  éste  interviene  y  considera  objetable  la decisión en tal sentido que pone  término a las instancias del proceso.   

        La   legitimidad  de  la  personería  del  postulante  constituye  condición  de  procedibilidad  de  su pretensión y hace parte del ordenamiento  jurídico  procesal,  que  como  se  sabe,  es de orden público y de imperativa  observancia  para  el  juez,  por  antonomasia  el  llamado  a  respetarlo, como  árbitro  de  las  garantías constitucionales y legales en el debate sometido a  su  jurisdicción;  no puede el funcionario habilitar a su arbitrio a ninguno de  los  sujetos  procesales  para ejercitar derechos que la ley no le ha concedido,  menos  aún,  cuando la preceptiva es clara y concreta en sus términos no dando  margen    a    un    proceso    interpretativo    que    desborde    su    tenor  gramatical”.   

Y  en  auto  de  4  de  agosto de 1995, con  ponencia  del  Magistrado  doctor  Juan  Manuel  Torres  Fresneda,  expuso en lo  pertinente:   

        “En  relación  con  el  recurso  que  ha  interpuesto  el tercero  civilmente  responsable, se le responderá que es por mandato del mismo precepto  al  cual  se  acoge  (art.218,  inciso  tercero del C. de P.P.) que en este caso  media  una  restricción  frente  a los titulares del recurso extraordinario que  identifica  el  artículo  222  del Código de Procedimiento Penal, porque en el  caso  de la casación discrecional cual es el que se asume, su interposición se  halla  limitada  al  Procurador,  su  delegado o el defensor del acusado, lo que  sustrae  y  margina  de  su  interposición  y su sustento al tercero civilmente   

        responsable”.   

El  profesional  del derecho que representa  los  intereses  del  tercero civilmente responsable critica a la Sala por lo que  considera  radical  y  cerrada  postura,  respecto a la legitimidad de todos los  sujetos  procesales  para  acceder  a  esta  excepcional  vía  de impugnación,  invitándola  a  que cambie de parecer por las ponderadas razones que aduce, que  la  Corte  no puede prohijar por resultarle contrario a la ley, dada la claridad  y  precisión  que  sobre el punto ofrece la preceptiva que institucionalizó la  figura de la casación discrecional.   

Si  el  legislador,  a  través  de  este  mecanismo  excepcional  y restrictivo de la casación discrecional, extendió la  competencia  de  la Corte para conocer otros procesos, en procura del desarrollo  de   la   jurisprudencia   o   la   garantía  de  los  derechos  fundamentales,  restringiendo  la  titularidad  de  su  accionar  a  los  sujetos  procesales ya  mencionados,   hay   que   entender,   sin  necesidad  de  acudir  a  brillantes  razonamientos,  que  la  legitimidad  para  acogerse  a  este  excepcional medio  impugnatorio  le  fue  vedada, entre otros, al tercero civilmente responsable; y  cuando  la  claridad y fluidez de la normatividad legal es tan ostensible, no se  desatenderá  su  tenor literal so pretexto de consultar su espíritu (artículo  27  del  Código  Civil),  que  por supuesto se recuerda, no “inconscientemente”  como manifiesta en su industrioso estilo el recurrente.   

La   Corte  en  reciente  pronunciamiento  dijo:   

                            

                       “El  recurso   de  Casación  es,  en  el  sistema  jurídico  Colombiano,  una  vía  extraordinaria  de  impugnación.  Ello  significa que no procede frente a todas  las  decisiones de la jurisdicción, ni es viable por cualquier motivo, ni es de  libre   formulación.   Si  bien  la  Constitución  Política  ha  previsto  su  existencia  en  el  numeral  1º. Del art. 235, la misma ha dejado al ámbito de  libertad  que  es  propio  del  legislador, la manera como esté disciplinado el  recurso,  las finalidades declaradas del mismo y las exigencias de tipo material  y formal para que prospere.   

                            

                     No es  extraño,   entonces,   que  sea  un  recurso  limitado,  y  antes  bien  dichas  limitaciones  han  sido  consustanciales  a su existencia a través del tiempo y  del derecho comparado.   

                            

                  En lo que  tiene  que  ver  con  el  Decreto  2700  de  1991  y  con las discusiones que lo  precedieron,  se  sabe  que  en  algún  momento  se  propuso  una Casación que  permitiera   recurrir   todas   las   sentencias,  dividiéndose,  eso  sí,  la  competencia   para  resolverlo,  entre  la  Corte  Suprema  de  Justicia  y  los  Tribunales  Superiores.  La idea finalmente no prosperó. En cambio fué abierta  la  posibilidad  de  que  todos  los  procesos  penales  fueren susceptibles del  recurso;  de  manera  ordinaria respecto de las sentencias proferidas en segunda  instancia   por   los  Tribunales  (Superiores  de  Distrito,  Penal  Militar  y  Nacional),  a  condición  de  que  se  trate  de  delitos  cuyo máximo de pena  privativa  de  la  libertad sea o exceda de 6 años, aunque la sanción impuesta  haya  sido  medida  de  seguridad;  y  de  manera  excepcional cuando la Sala de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia, discrecionalmente, lo acepte.  Ello  condicionado  a  que  se  trate de casos distintos de los aludidos, que la  Corte  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de la jurisprudencia o la  garantía  de los derechos fundamentales, y que haya sido así solicitado por el  Ministerio  Público  (El  Procurador  o  su  delegado)  o  por  el defensor del  acusado.   

                            

                     No es  entonces  simple  casualidad,  ni responde a mera liberalidad, que ni el Fiscal,  ni  la  parte civil, ni el tercero civilmente responsable, tengan restringida la  posibilidad  de  solicitar el juicio de necesidad que únicamente la Corte puede  formular  en  función  de  la procedencia del recurso, ni que los motivos de su  admisibilidad  sean  limitados. Tampoco que tratándose de esta vía excepcional  pierdan  preponderancia  las  finalidades de reparación de agravios inferidos a  las  partes  o  de  efectividad  del  derecho material (art. 219 C.P.P.), aunque  eventualmente la prosperidad del recurso pueda conducir a ellas.   

                            

                  Entendido  así  el  recurso,  aún planteado en términos de su selectividad discrecional,  es  entonces  comprensible  que  el  legislador  haya  concebido  la potestad de  invocar  la  procedencia  de  su  examen, en principio, en cabeza del Ministerio  Público,  sujeto  procesal  a  quien  corresponde  como función específica la  garantía  de  observancia  de  los  derechos  fundamentales,  y  que  actúa en  interés  de  la sociedad y en defensa del orden jurídico  (131 C.P.P.), y  que  por  extensión  garantista, hubiese abierto la facultad de solicitarlo, al  defensor  del  acusado. Guardadas algunas diferencias menores, evoca la Corte la  denominada   en  vieja  legislación  Italiana  “Casación  Extraordinaria  en  Interés  de  la  Ley”, como facultad exclusiva del Procurador General, cuando  tuviese   la   convicción  de  que  las  sentencias  y  ordenanzas  firmes  por  inactividad  de  las  partes no respondían a la justicia, con el fin de defensa  de la ley.. (Florián; Elementos de Derecho Procesal Penal).   

                            

                                          Tratándose  pues  de  una  potestad  para  obtener de la Corte el  examen  de  necesidad  que frente a un probable pronunciamiento puede conducir a  la  protección  de  una  garantía  o  a  la unificación de la jurisprudencia,  cualquier  consideración  sobre  el  principio  de igualdad sería descartable,  amén  de  que  miradas  las  cosas  desde  las  perspectivas  de  los intereses  particulares  de  la  parte  civil  o  del civilmente responsable, no se podría  resolver  el  dilema  con  respecto  al  Fiscal,  como  sujeto  procesal,  ni en  relación  con  otros  eventuales intervinientes procesales que pudiesen recibir  agravios  a su postura procesal o a sus pretensiones, como no fuera desaplicando  la   norma   (art.  218  inc.  3)  para  extender  la  autorización  de  manera  indiscriminada y absoluta.   

                            

                 Esta misma  clase  de  dificultades se opone a una interpretación extensiva del concepto de  defensor,  e  impide  aceptar la proposición del solicitante. Es que el ámbito  específico  con  que  la  ley  procesal  colombiana  define  a quien representa  técnicamente  al  acusado es, además de repetitivamente únivoco, también por  oposición  indubitable.  No puede pasarse por alto que la ley designa como  apoderado  de  la  parte  civil  a  quien  siendo abogado titulado representa al  perjudicado,  y  que  por  la  misma  vía  la  ley procesal civil denomina como  apoderados  a  quienes  ejercen,  privativamente,  el derecho de postulación en  sentido  estricto.  Tampoco,  que  el  Código  de Procedimiento Penal suprimió  definitivamente  la  dualidad apoderado -defensor para distinguir a quien asiste  jurídicamente  al imputado en el sumario y al acusado en el juicio, y que antes  bien  consolidó  el  principio  de  unidad  de defensa en distintas previsiones  normativas.  No hay pues lugar a equívocos en ésta materia pues ni se presenta  oscuridad  de  texto  legal,  ni  se justifica un tratamiento de amplitud que no  requiere la institución.   

                            

                    Todo lo  expuesto  para  señalar  que no existe motivo para variar lo que hasta ahora ha  constituído  la  postura  de  la Sala frente al texto del inciso 3º.  del  art.  218  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y que en consecuencia se  inadmitirá  el  recurso  de  Casación  que  por  vía  de excepción, pero sin  legitimación  para  invocarlo,  pretende el apoderado representante del tercero  civilmente  responsable  en  este  asunto”.(Cas.Dis.  Rad. No. 12.862, Oct.7/97,  M.P. doctor Carlos Eduardo Mejía Escobar).   

        IMPUGNACION         A         NOMBRE         DEL         PROCESADO  LUIS                               ENRIQUE BORDA CHAVARRO   

Proferida  la  sentencia  condenatoria  de  segunda  instancia,  el  defensor  del  procesado  LUIS  ENRIQUE  BORDA CHAVARRO  manifestó  por  escrito su deseo de recurrir contra dicha decisión por la vía  excepcional  del inciso 3�  del  artículo  218  del  Código  de  Procedimiento Penal (f. 290), recurso que  sustentó   mediante   memorial   presentado   en  el  juzgado  el  3  de  octubre  de  1996, es decir, dos  días  después  de  vencido  el  término legal, así indique algo diferente el  informe  rendido por el Secretario del Juzgado, que como lo viene sosteniendo la  Sala  tiene  una  función  puramente ilustrativa y no cambia los términos, los  cuales   sólo   pueden   corresponder   a   los  realmente  señalados  por  la  ley.   

Efectivamente,   surtida   la   última  notificación  de  la sentencia impugnada, que lo fue por edicto desfijado el 10  de  septiembre  de  1996  (f. 291), los quince días hábiles para interponer el  recurso  y  sustentarlo  comenzaban  a  contarse  a  partir del día siguiente y  vencieron          el          1�      de      octubre a las seis de la tarde.   

Entonces, como quiera que el recurso no fue  sustentado en tiempo, no cabe otra alternativa que rechazarlo.   

        DECISION   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia en Sala de Casación Penal,   

        RESUELVE   

PRIMERO:-    NO   ACEPTAR   el  recurso  de  casación  excepcional interpuesto a nombre del  tercero civilmente responsable GASEOSAS COLOMBIANAS S.A.   

SEGUNDO:-  RECHAZAR      por  extemporáneo  el recurso interpuesto por el defensor del procesado LUIS ENRIQUE  BORDA CHAVARRO.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  el  expediente a la oficina de origen. Cúmplase.   

        CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                                                              NO FIRMO   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                  RICARDO  CALVETE     RANGEL                              

                                                                                   NO FIRMO   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                        JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS  E. MEJIA ESCOBAR                       DIDIMO PAEZ VELANDIA   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                           JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNEDA           

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

   

    

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