20688(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20688  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 58  

          Bogotá,  D.  C.,   veintisiete  (27)  de mayo del dos mil tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del 13 de julio del  2001,  el  Juzgado  Penal del Circuito de Chiriguaná (Cesar) declaró al señor  Gustavo   Sánchez   Mejía  penalmente  responsable, como autor, del delito de peculado por apropiación. Le  impuso  las  sanciones principales de 26 meses de prisión y mil pesos de multa;  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por igual  lapso;  la  obligación  de  indemnizar  los perjuicios y le negó la condena de  ejecución  condicional.  Finalmente,  lo  absolvió  del  cargo  de falsedad en  documento privado.   

          El  fallo  fue  apelado por el defensor y confirmado por el Tribunal  Superior de Valledupar, el 29 de octubre del 2002.   

          El  apoderado  acudió  a la casación, que se concedió. La Sala se  pronuncia  sobre los presupuestos formales de la sustentación presentada por la  nueva defensora.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.  Mediante orden de trabajo del 14 de marzo de 1991, el Alcalde de  Astrea  (Cesar),  Gustavo  Mejía Sánchez,  autorizó a Semérides Pallares Campo para que realizara trabajos  de  arreglo,  instalación  y  suministro de materiales, en la casa cural de ese  municipio.  La  labor  nunca se llevó a cabo, pero mediante solicitud del 10 de  abril  siguiente,  la señora Pallares Campo pidió al burgomaestre recibiera la  construcción,  realizada  por  un  valor  de  $307.000,  en respaldo de lo cual  adjuntó  una  factura  de  compra  de  materiales.  Ésta  y  la  petición  de  Semérides  Pallares resultaron falsas. El mismo día, el funcionario suscribió  un  acta  de  recibo  satisfactorio  de  la  obra y dispuso el pago, que se hizo  efectivo   el   27   de  mayo  por  $301.470,  en  atención  a  los  descuentos  legales.   

          Adelantada  la  correspondiente  investigación,  el  27 de enero de  1995  se  acusó  a Gustavo Sánchez Mejía  como  autor  del  delito  de  uso  de documento público falso. La  decisión  fue  recurrida  y,  en resolución del 30 de marzo del mismo año, la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  la  confirmó,  pero  la modificó para  imputar,   no   la   conducta   que   dedujo   el   A  quo,  sino  la  de  falsedad  ideológica en documento  público  agravada  por  el uso. También ordenó la compulsa de copias para que  por   separado   se   indagaran   el   peculado   y  la  falsedad  en  documento  privado.   

          2.  Cumplido  ese mandato, el sindicado fue acusado, el 7 de octubre  de 1998, como autor de esas conductas punibles.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, se  acudió a la casación.   

LA DEMANDA  

          La apoderada formuló dos cargos. Los desarrolló así:   

          Primero.  Causal  primera,   cuerpo   primero.  Violación  directa  del  artículo   133  del  Código  Penal  de  1980.  El  Tribunal  incurrió  en  un  falso  juicio  de selección  al  escoger  el  tipo  de  peculado  por apropiación, cuando debió atribuir el  culposo  del 137, según lo indicaban los hechos probados en el proceso. Como no  se  acusó  por  esa  conducta,  se  imponía  aplicar  el  párrafo segundo del  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal. El fallador presumió la  “apropiación”  a  partir  de  un  elemento  objetivo:  el  acusado  era  el  ordenador  del  gasto.  Si,  conforme  con  las pruebas, se hubiera analizado la  conducta  del  alcalde, “sin lugar a dudas su escogencia no hubiera coincidido  con  la  acusación  formulada”, tal como lo expusieron quienes lo precedieron  en la defensa; “al respecto nos remitimos a sus argumentos”.   

          Segundo    (subsidiario).   Causal   primera,   parte   segunda.  De  manera indirecta se lesionó  la   ley   sustancial,   a   través  de  errores  de  hecho,   producto   de  los  siguientes  falsos juicios:   

          a)  De identidad.  Se  tergiversaron  o  desfiguraron los medios probatorios con base en los cuales  la  sentencia concluyó en la demostración de la responsabilidad del procesado.  Analizados  en  detalle esos elementos y valorados en su conjunto, “no indican  de  manera  inequívoca  que GUSTAVO SÁNCHEZ MEJÍA en su condición de Alcalde  Municipal  de  Astrea  se hubiera apropiado de esos dineros”.   

          b)  De apreciación probatoria.  A  los  testimonios  de  Jaime Sajonero Pallares y Rafael Enrique  Ospino  Estrada,  el  Ad quem  les  concedió  el  valor de plena prueba, alcance que no debió inferir, según  dedujo  de  otros  elementos de juicio y de las contradicciones en que incurrió  el segundo.   

          Reclamó la absolución del procesado.   

CONSIDERACIONES  

          1.  El artículo 213 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 del  2000)  dice  que  “Si  el demandante carece de interés o la demanda no reúne  los  requisitos  se  inadmitirá  y  se  devolverá el expediente al despacho de  origen”.   

          La  Sala  resolverá  en  esos  términos,  por cuanto el escrito no  cumplió  con  la  exigencia  técnica  del  artículo  212-3,  esto  es,  la de  presentar  “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

          2.  En el primer cargo, la censora acudió al apartado primero de la  causal  primera,  acusando al Tribunal de infringir, de manera directa, la norma  que  tipifica el peculado por apropiación, cuando debió atribuir la que define  el culposo.   

          Incurrió en las siguientes fallas:   

          a)  Escoger esa vía, “implica una plena aceptación de los hechos  y  el  cuestionamiento  se  dirige  a  la  selección de la norma sustancial”,  según  admitió la demandante en el desarrollo del segundo reproche. La premisa  es  obvia,  por cuanto si la inconformidad estriba en el proceso de elección de  la  disposición  aplicable,  es  claro  que no hay lugar a debatir el análisis  probatorio  judicial.  Entonces, el estudio de la impugnante debió consistir en  un  juicio  lógico  respecto de la ley escogida, sin que en modo alguno pudiera  desconocer  la  estimación  que  el  fallo  hizo  de  los  elementos de juicio.   

          A  pesar  de  que  se  dijo  conocedora  de  esos  lineamientos,  la  recurrente       los       desatendió.       No      reseñó      –como  le  correspondía en atención a  la  causal  invocada-  los apartes de la decisión demandada en donde los jueces  debieron concluir en la tipificación del peculado culposo.   

          Y  no procedió en esa forma, por cuanto de su escrito deriva que no  ocurrió  tal  cosa, sino que los argumentos de los jueces apuntaron a tener por  demostrado  un  peculado  por  apropiación.  El culposo lo hizo consistir en su  personal  forma  de  apreciar  los  medios  de convicción, para concluir que si  “el  fallador  hubiera  examinado  primero  la  conducta  del  Alcalde GUSTAVO  SÁNCHEZ   MEJÍA   –de  acuerdo  con  las  pruebas  allegadas  en  el expediente-…sin lugar a dudas su  escogencia  no hubiera coincidido con la acusación formulada…Nuestra tesis es  que  de  acuerdo  con  los  hechos  establecidos y probados en el expediente, la  conducta punible atribuible…era la de Peculado Culposo”.   

          b)  El error en la adecuación típica, en palabras de la defensora,  surgió  de  la discrepancia en la valoración de las pruebas. Esta queja debió  presentarla    por   vía   de   la   violación   indirecta,   y   no   de   la  directa.   

          c)  La  demandante  pidió  la  aplicación del párrafo segundo del  artículo  232 del Código de Procedimiento Penal, conforme con el cual “No se  podrá  dictar  sentencia  condenatoria  sin  que  obre en el proceso prueba que  conduzca  a  la  certeza  de  la  conducta  punible  y de la responsabilidad del  procesado”.     Así,     concluyó,     se     ha     debido     –y   se   debe-   proferir   sentencia  absolutoria.  El  pedimento  contradice  su propuesta inicial de que su asistido  cometió un delito de peculado culposo.   

          d)  La  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia no  puede  suplir las deficiencias de quien recurre y entrar a completar la demanda.  Este  fue  el  anhelo  de  la  quejosa,  cuando remitió a la Corporación a que  integrara  su  escrito  con  los  argumentos  presentados,  en fases previas del  proceso, por quienes la antecedieron en la defensa.   

          3.  En  el  cargo  segundo,  la casacionista reprochó la violación  indirecta de la ley sustantiva.   

          Cometió las siguientes irregularidades:   

          a)  No precisó ninguna norma del Código Penal sobre la que hubiera  recaído la lesión.   

          b)  En  la  primera  parte,  denunció que los jueces incurrieron en  falsos  juicios de identidad. Pero su demostración se limitó a la enunciación  de  las  pruebas  aportadas  al  expediente,  sin  que,  a  través de las citas  respectivas,  indicara el contenido exacto de ellas y lo que sobre el particular  dijeron  los  jueces,  para  que el Tribunal de casación pudiera concluir si en  efecto  hubo  distorsión  o  tergiversación  de lo realmente expresado por los  medios de convicción.   

          c)  Una  vez  más,  el  fundamento  de  la censura consistió en la  posición  personal  de  la  apoderada, quien ni siquiera realizó el estudio de  las    pruebas,    sino    que   las   reseñó   para   concluir   –sin   ofrecer   soporte  alguno-  que  “Analizadas  en detalle…no indican de manera inequívoca” que el sindicado  fuera el autor del peculado.   

          Entonces, no indicó ni demostró el yerro.   

          d)  En  el  apartado  final,  la  demandante  anunció  un  error de  apreciación  o  de  raciocinio,  cometido  por  el Ad  quem  al  analizar las declaraciones de Jaime Sajonero  Pallares  y  Rafael  Enrique Ospino Estrada. Pero no concretó la equivocación,  sino  que  manifestó  su inconformidad con la eficacia concedida a sus relatos,  lo que en modo alguno estructura ese juicio desatinado.   

          e)  Lo  que hizo la defensora fue contraponer, a la del juzgador, su  personal  y  subjetiva  forma  de valorar las pruebas. Y ni siquiera de aquellas  respecto  de  las  cuales  precisó  la  irregularidad,  sino  de  otras, con la  aspiración  de  que  la  Sala se convierta en una tercera instancia y reabra un  debate probatorio, ya superado.   

          f)  No demostró ningún error. Insistió en que, en su criterio, se  debía  creer  a otros medios de prueba y con base en la verdad que –según ella- estos revelaban, rechazar  aquellos relatos.   

          g)  Cuando  se  invoca lesión a los postulados de la sana crítica,  es  carga  de  quien  lo  hace  concretar  cuál  de sus componentes -las reglas  lógicas,  las máximas de la experiencia o los aportes científicos- fue dejado  de  lado  por  el  juzgador. También las reglas, las máximas o los aportes que  eran aplicables. Con nada de esto cumplió la impugnante.   

          En  consecuencia,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE  

         

         Inadmitir la demanda de casación presentada.   

         Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL  HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                JORGE    ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión    de  servicio   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   Secretaria     

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