20334(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20334   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 32  

Bogotá, D. C., once (11) de marzo de dos mil  tres (2003).   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  el aspecto formal de las demandas de  casación  presentadas a nombre de los señores CARLOS  ANDRÉS      ARCILA      PATIÑO,     CARLOS   ENRIQUE   GIRALDO   CABALLERO  y  CÉSAR    AUGUSTO    FRANCO    HERRERA  contra la sentencia del 6 de mayo de 2002, dictada por el Tribunal  Superior de Buga.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En   la  madrugada  del  20  de  septiembre  de  2000,  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    PATIÑO,  acompañado     por    CARLOS    ENRIQUE    GIRALDO  CABALLERO,  CÉSAR  AUGUSTO  FRANCO   HERRERA   y  LUZ  AMANDA  BUITRAGO  PADILLA,  ingresaron  a  la  casa  que  habitaba en la ciudad de Cartago el señor GUSTAVO  ESTEBAN  OSORIO  RAMÍREZ,  con  quien  el  primero  había  sostenido  en otras  oportunidades  relaciones  sexuales  y, luego de inmovilizarlo, se apropiaron de  numerosos   bienes   que   transportaron   hasta  la  vivienda  de  FRANCO   HERRERA   en  un  vehículo  de  propiedad  de  aquél, a quien igualmente condujeron hasta un lugar apartado, en  el que le ocasionaron la muerte con arma cortopunzante.   

          En  la  mañana,  una  hermana  del  señor  OSORIO  informó  a las  autoridades  sobre  la  desaparición  de éste y de sus bienes, así como sobre  una    cita    que   habría   concertado   con   un   amigo   de   ARCILA    PATIÑO.   El   mismo   día,  interrogado       por       la       policía       judicial,       ARCILA  narró  lo  sucedido e indicó el  sitio  donde  apuñalaron  a OSORIO RAMÍREZ. Así se logró la recuperación de  los  objetos hurtados y la captura de las personas arriba mencionadas, a quienes  un  fiscal  seccional  de Cartago, después de escuchar en indagatoria, aseguró  con  detención  preventiva  el  27  de  septiembre  de  2000 por los delitos de  homicidio agravado y hurto calificado y agravado.   

          Los   sindicados,  excepto  LUZ  AMANDA  BUITRAGO,  se  acogieron  a  sentencia  anticipada respecto del delito de hurto, razón por la cual, el 20 de  noviembre  de  2000,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Cartago los  condenó a la pena de 32 meses de prisión.   

          El  18  de diciembre de 2000, todos los procesados fueron convocados  a  juicio  por  homicidio  agravado  y  la  señora BUITRAGO, además, por hurto  calificado  y  agravado.  El  21  de  junio  de  2001,  después de celebrada la  audiencia  pública, el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Cartago condenó a  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    PATIÑO,      CARLOS     ENRIQUE     GIRALDO  CABALLERO  y  CÉSAR AUGUSTO  FRANCO  HERRERA a la pena de 50 años de prisión como  coautores  de  homicidio agravado, y a LUZ AMANDA BUITRAGO PADILLA a 52 años de  prisión por el mismo ilícito y por hurto calificado y agravado.   

          El  Tribunal  Superior  de Buga, al desatar el recurso de apelación  interpuesto  por  el  defensor  de  los tres últimos, confirmó parcialmente el  fallo    en    cuanto    a    la    condena   de   los   señores   ARCILA,            GIRALDO        y       FRANCO,  pero  disminuyó  la  pena  a 32  años  y  6  meses  de  prisión  en  virtud  de la favorabilidad derivada de la  vigencia  del  nuevo  Código Penal, ratificó la condena de la señora BUITRAGO  PADILLA   por   el   delito   de   hurto   y  revocó  la  impuesta  por  el  de  homicidio.   

          Notificados           los          procesados,          GIRALDO        y       FRANCO  anotaron  en el acta que apelaban  la     decisión     y     ARCILA     constituyó  nuevo  defensor,  quien  interpuso en tiempo recurso de  casación  y  luego,  también  dentro  de  la  oportunidad  legal, presentó la  demanda  correspondiente.  Igualmente aquéllos, cuando transcurría el término  para  sustentar  el  recurso,  confirieron poder a una abogada de la defensoría  pública,  cuya personería fue reconocida por el Tribunal. Sin vencerse aún el  traslado  concedido  a  GIRALDO CABALLERO,  la  defensora  remitió  un escrito en el que afirmaba que, en su  concepto,  “no  hay  causal  legal para sustentar el recurso extraordinario de  casación”.  A pesar de ello, el mandatario anterior, sin aportar nuevo poder,  hizo   entrega   de  una  demanda  que  dijo  presentar  a  nombre  de  los  dos  procesados.   

          El    último    día    del    plazo    otorgado   a   FRANCO   HERRERA,  éste  y  GIRALDO   CABALLERO  le  manifestaron  al  Tribunal  que  revocaban  el poder conferido a la defensora pública, “pues ya  mi  abogado  particular  Dr.  Héctor Hernando García Camelo, volvió asumir mi  defensa”.   

LAS DEMANDAS  

1.  En  representación  de  CARLOS ENRIQUE  GIRALDO CABALLERO y CÉSAR AUGUSTO FRANCO HERRERA.   

          Con  invocación  de la causal primera de casación, dice el abogado  que  se  incurrió en error de derecho por violación indirecta del artículo 30  del    Código    Penal,    sobre    el   grado   de   participación   de   los  procesados.   

          Para  desarrollar  el cargo relaciona, bajo el título de “pruebas  indebidamente  apreciadas”,  los  que  a  su  juicio  constituyen indicios que  demuestran  la  complicidad  en  el homicidio, no la coautoría, de GIRALDO        y       FRANCO,  pero  sin  mencionar siquiera el  medio de convicción que le sirve de sustento.   

          Critica  luego el “añejo postulado de la Coautoría Impropia” y  concluye  que  era  necesario valorar la prueba indiciaria para establecer a que  título  esos  procesados  le  habían  prestado su colaboración a ARCILA  PATIÑO  y en que calidad tenían  el dominio del hecho.   

          Solicita  se  case la sentencia impugnada y en su lugar los señores  GIRALDO   y  FRANCO        sean       declarados  cómplices.   

          2. A nombre de CARLOS ANDRÉS ARCILA PATIÑO.   

          Con  apoyo en la causal tercera de casación, el defensor del señor  ARCILA  PATIÑO sostiene que  la  sentencia  de  segunda  instancia se dictó en un juicio viciado de nulidad,  por violación del derecho de defensa.   

          Hace consistir el vicio en los siguientes hechos:   

a.  Durante  la  instrucción, su abogado no  solicitó  ninguna  prueba  para  desvirtuar  las  acusaciones  que en su contra  hicieron   los   coprocesados   GIRALDO  y   FRANCO,  ni  pidió que a aquél se le ampliara su injurada.   

La incidencia de la omisión radica en que el  fallador   aceptó   que  ARCILA  PATIÑO  fue  quien  le  dio  muerte  a  OSORIO RAMÍREZ mientras los otros  esperaban,  lo  que  explica los arañazos que tenía en la frente, los brazos y  los  antebrazos, la suciedad de sus prendas de vestir y el barro en sus zapatos.  Sin  embargo,  ninguna  prueba  señala  las  lesiones  en las extremidades y la  visible   en   el  rostro  es  explicada  por  FRANCO  HERRERA  como producto de una pelea entre ARCILA  y  OSORIO,  cuando éste intentó  fugarse en el momento en que descargaban el producto del hurto.   

b.  Tampoco  solicitó  ningún  medio  de  convicción  para sostener la línea defensiva que el abogado demandante, cuando  actuó   inicialmente   como   defensor   de   ARCILA  PATIÑO,  trazó  en  una  petición  de  pruebas para  demostrar  que  en  el  homicidio  se había empleado más de un arma, ya que el  cuerpo  de  la  víctima registraba heridas tanto de bordes lisos como de bordes  irregulares,  conclusión  que  le imponía a su sucesor reclamar la ampliación  de  la  necropsia  e  inclusive  solicitar  la  exhumación  del  cadáver  para  establecer  las  características de las lesiones y si habían sido causadas con  armas  diferentes.  Esta  omisión  incidió  también en el fallo, en el que se  alude   al   resentimiento   de   ARCILA   con  OSORIO  como  motivo  para  darle  muerte,  por  hechos  que  probatoriamente fueron desvirtuados.   

c. Aunque, dadas las características de las  heridas,  la  ropa  del  homicida  debió  quedar  impregnada  de  sangre  de la  víctima,  no  se  pidió  la  práctica  de  un  dictamen  sobre el particular.   

d. Antes de la calificación del mérito del  sumario,   el   defensor   presentó   un   escrito   carente  de  sustentación  jurídica.   

e. En el juicio solicitó una prueba, que le  fue  negada.  Sólo  interpuso  recurso  de  reposición,  que  le  fue resuelto  negativamente.   

f.  En  la  audiencia  pública solicitó la  evaluación  psiquiátrica  del  procesado, para determinar su edad mental. Y no  obstante  que  se  le  negó,  basó  su defensa en la incapacidad de éste para  cometer    crímenes,    lo    que    no    constituye    en    realidad   tesis  defensiva.   

g.       Aunque       ARCILA  impugnó  la sentencia de primera  instancia, su defensor no la sustentó.   

Solicita que, en consecuencia, se declare la  nulidad  del  proceso  a  partir  de  la  resolución  que  ordenó el cierre de  investigación.   

CONSIDERACIONES  

          1.  Con relación a los procesados CARLOS ENRIQUE GIRALDO CABALLERO  y CÉSAR AUGUSTO FRANCO HERRERA.   

          La  Sala  se  abstendrá  de  revisar  la  demanda  y,  en su lugar,  declarará    desierto    el    recurso    interpuesto,   por   las   siguientes  razones:   

          a.  Ya se dijo que cuando transcurría el término para presentar la  demanda  de  casación  a  nombre  del  señor GIRALDO  CABALLERO,   éste   y   su   compañero   de  causa,  FRANCO HERRERA, le otorgaron  poder  a  la  defensora  pública  LAURA  CÁRDENAS DE INFANTE, a quien el 31 de  julio  de  2002 el Tribunal Superior le reconoció personería. Tal designación  implicaba,  como  lo  señala la parte final del primer inciso del artículo 132  del   estatuto  procesal  penal,  el  desplazamiento  del  defensor  que  venía  actuando, es decir, del doctor HÉCTOR HERNANDO GARCÍA CAMELO.   

          b.  La  conclusión  consignada  en  el  memorial  suscrito  por  la  defensora  el  8 de agosto de 2002, según la cual “por todo lo anterior en mi  concepto  no  hay  causal  legal  para  sustentar  el  recurso extraordinario de  casación”,  constituye  la expresión cierta de que no presentará demanda de  casación,   lo   que  en  últimas  traduce  en  que  se  desiste  del  recurso  interpuesto.   

          c.  En  estas  circunstancias,  la  demanda que el anterior defensor  dejó  en  la  secretaría  del Tribunal el 14 de agosto, día que se vencía el  traslado  para  hacerlo  en  representación de FRANCO  HERRERA,  no  obstante  advertírsele  que había sido  desplazado  por  la defensora pública, debe tenerse simplemente como un escrito  entregado  por  persona  extraña  al proceso, carente por completo de cualquier  incidencia en el mismo.   

          d.  En  consecuencia,  sea  que  la  manifestación  de la defensora  pública  se  tome  o  no  como  desistimiento,  lo  evidente  es que el recurso  interpuesto    por   FRANCO   HERRERA   no  se  sustentó  y,  por  lo mismo, debió ser declarado desierto.   

          e.   Decisión   semejante  debió  adoptarse  respecto  del  señor  GIRALDO CABALLERO, porque si  para  el  14  de agosto, fecha en que se dejó en la secretaría del Tribunal la  demanda  de casación, el doctor GARCÍA CAMELO no tenía la calidad de defensor  de  GIRALDO,  el  poder que  posteriormente  se  le  pretende  renovar  con la revocatoria del conferido a la  doctora  CÁRDENAS  DE  INFANTE  no  puede  tener  efecto  retroactivo como para  convalidar  un acto que se intentó con falta absoluta de poder, más aún si se  advierte  que el nuevo mandato no fue aceptado por el abogado ni expresamente ni  por su ejercicio.   

          2. Demanda a nombre de CARLOS ANDRÉS ARCILA PATIÑO.   

          Cuando  se  reclama  la  nulidad  del  proceso  porque  se violó el  derecho  de  defensa por inactividad del abogado al que se le había encomendado  la  gestión,  es  indispensable  que  no  sólo  se  indique la omisión que se  reprocha  sino  cuál  debía ser la tarea que su adecuado y eficiente ejercicio  imponía  desarrollar, y demostrar la trascendencia que ese acto no cumplido, de  haberse realizado, hubiera tenido en el sentido de la decisión.   

          No  basta,  entonces,  que  se  critique la pasividad probatoria del  defensor,   el   deficiente   estudio   que   hubiere  presentado  antes  de  la  calificación  o  en  la  audiencia  pública ni la falta de impugnación de las  decisiones        adversas,        sino        que        es        indispensable    acreditar   cómo   la  específica  prueba  omitida  habría  mejorado  la  situación  del  procesado,  cuáles  planteamientos concretos hubiesen dado lugar a una calificación o a un  fallo  más  favorable a sus intereses o qué argumentos irrefutables dejaron de  exponerse  para  que  el superior revocara o modificara una decisión equivocada  del A quo.   

          Nada  de  esto  hizo  el  demandante,  quien  i) con relación a las  pruebas,    no    explicó   qué   importancia   podría   tener   –frente  a la atribución de autoría a  ARCILA   PATIÑO-  que  se  demostrara  el  empleo  de  más  de  un  arma  cortopunzante para lesionar a la  víctima  o  la participación de más de una persona en el herimiento, temas de  los  que  se ocuparían eventualmente las pruebas testimoniales y técnicas cuya  falta  reprocha;  ii) se limitó a criticar las exposiciones de la defensa, pero  no  señaló cómo, de haber presentado sus estudios jurídicos en otro sentido,  el  fallador  se  hubiese  persuadido de la inocencia del procesado o le hubiese  deducido  una  responsabilidad  atenuada;  y,  iii) no probó cuáles argumentos  irrefutables  habrían obligado al Ad quem   a   pronunciarse  a  favor  de  ARCILA  PATIÑO,   si   hubiere   impugnado   las  decisiones  perjudiciales  adoptadas  por  el  A  quo.   

          El  inadecuado desarrollo del cargo, que desatendió el principio de  trascendencia  que  orienta  la  declaratoria  de  las nulidades, según el cual  quien  la  alegue  “debe  demostrar  que  la  irregularidad  sustancial afecta  garantías  de los sujetos procesales, o desconoce las bases fundamentales de la  instrucción  y el juzgamiento” (numeral 2º. del artículo 310 del Código de  Procedimiento  Penal),  dará  lugar,  entonces, a la inadmisión de la demanda,  porque  ésta  no  satisface  el  requisito  previsto  en  el  numeral  3º. del  artículo 212 del estatuto procesal.   

          Adviértase,  de otro lado, que la invocación de la nulidad esconde  en  realidad  una  crítica  probatoria  que  el  demandante  no  hubiese podido  realizar  a  través  de  la  causal  primera de casación, porque carecería de  interés  en  tanto  la sentencia de primera instancia no fue impugnada. Así se  advierte,  por  ejemplo,  cuando  sostiene que GIRALDO  y    FRANCO  sí  se  bajaron  del  carro  en  el  lugar en que se dio muerte a  OSORIO,  pero  que  si  sus  ropas  no  estaban embarradas y mojadas como las de  ARCILA “fue sencillamente  porque  se las habían cambiado”; o cuando confronta la sentencia con el dicho  de  uno  de  los  coprocesados,  para  afirmar que los arañazos en la frente de  ARCILA le fueron ocasionados  en  lugar  distinto  al  que dice el fallo; o cuando le reprocha al Tribunal que  supuso  la  prueba  porque  ningún  medio  de  convicción  revela que lesiones  semejantes  se  observaran en los brazos y antebrazos del procesado, afirmación  que,  dice,  se  encuentra  “en  abierta  oposición al examen forense médico  legal  que  se  le  practicó”;  o,  finalmente, cuando cuestiona la sentencia  porque      se      refiere      al      resentimiento      de      ARCILA  con  OSORIO,  no  obstante que el  testimonio de DIANA PATRICIA VINASCO desvirtúa esa hipótesis.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          1.  Declarar  desiertos  los  recursos de casación interpuestos por  los   señores   CARLOS  ENRIQUE  GIRALDO  CABALLERO  y  CÉSAR  AUGUSTO  FRANCO  HERRERA.   

          2.  Inadmitir  la demanda de casación presentada por el defensor de  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    PATIÑO.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Cúmplase   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                 HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                    

CARLOS      A.      GÁL­VEZ  ARGOTE                          JORGE A. GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                              ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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