20261(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20261  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 032  

          Bogotá,   D.C.,   Once   (11)   de   marzo   de   dos   mil   tres  (2003).   

         La Sala se pronuncia sobre la admisión  de  la  demanda  de  casación  excepcional presentada por el defensor de MANUEL  ANTONIO      LIZARAZO     SUÁREZ     contra  la  sentencia  de fecha agosto 29 de 2002, mediante la cual  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Sogamoso confirmó la de carácter  condenatorio  dictada  en su contra por el Juzgado Primero Penal Municipal de la  misma ciudad como autor del delito de lesiones personales culposas.   

HECHOS  

          Sucedieron  el  29 de  mayo  de  1998,  aproximadamente  a  las 6 de la tarde, cuando a la altura de la  carrera  11  con  calle  5ª.  Sur,  del municipio de Sogamoso, el señor Manuel  Antonio  Lizarazo  Suárez, que se transportaba en estado de alicoramiento en la  motocicleta  de  placas  MZK-02,  colisionó  con  la  bicicleta  en  la  que se  movilizaban   Carlos   Julio   Lemus   Pérez   y  Encarnación  Lemus  Barrera,  causándoles  graves  lesiones  que  le  ameritaron  al  primero una incapacidad  médica  de  7  días  y,  a  la  segunda,  incapacidad de 90 días y deformidad  física de carácter permanente.      

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.  Con  fundamento  en  la  denuncia  formulada  por  Carlos Emilio Lemus Pérez, la Fiscalía 10ª. Local de Sogamoso  ordenó  la apertura de investigación el 9 de junio de 1998 y vinculó mediante  diligencia  de  indagatoria  a Manuel Antonio Lizarazo Suárez. Al resolverle la  situación     jurídica     se     abstuvo     de     imponerle    medida    de  aseguramiento.   

   2.  Cerrada  la  instrucción,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  probatorio del sumario en decisión del 15 de  febrero  de  2001,  mediante  la  cual elevó acusación en contra del procesado  como  autor  del  delito  de  lesiones personales culposas y le impuso medida de  aseguramiento     de     detención     preventiva     con    derecho    a    la  excarcelación.   

         3. El Juzgado 1º.  Penal Municipal  de  Sogamoso  adelantó  la  etapa  de  la  causa y en fallo de julio 18 de 2002  condenó  al  procesado  Lizarazo  Suárez,  en  consonancia  con la resolución  acusatoria,  a  la  pena  principal  de  22  meses  y 12 días de prisión, a la  accesoria  de  suspensión  por  el  término  de  6  meses  del ejercicio de la  profesión  u  oficio de conducir vehículos automotores y al pago $1.003.048.00  por  concepto  de  los perjuicios materiales causados con la conducta delictiva.   

          Apelado  este fallo por el defensor del procesado y el apoderado de  la  parte civil, el Juzgado Primero Penal del Circuito de Sogamoso lo confirmó,  modificándolo  en  el  sentido  de  imponerle  también  al procesado como pena  principal  multa  en cuantía de $4.000.00 , aumentar el monto de los perjuicios  materiales  a  la  suma  de  $1.019.050.00  y  estimar  los daños morales en el  equivalente a 10 salarios mínimos legales mensuales.   

          Contra  el  fallo  de  segunda  instancia el defensor del procesado  interpuso el recurso extraordinario de casación excepcional.   

JUSTIFICACIÓN   DEL  RECURSO.   DEMANDA   

         En   el   capítulo  destinado        a        la        “Justificación             de            la            casación  excepcional”  interpuesta,  el demandante  plantea  de  manera  escueta  la  necesidad de que la Corte Suprema se pronuncie  sobre  la  viabilidad  jurídica  “del retiro de los cargos o de la acusación  antes  de  proferirse  fallo  de  primer  grado y sus consecuencias frente a las  sentencias”.  Señala  igualmente  que  la sentencia impugnada , además de la  condena  de  prisión,  trae  una  serie de decisiones que eventualmente podría  lesionar  al  incriminado  en  su  núcleo  familiar,  toda  vez que  se le  sancionó  con la privación del derecho a conducir vehículos automotores   y   su   trabajo  depende  directamente  de  esa  situación.   

            

         Seguidamente  y  en  capítulo  separado,  el  recurrente  formula  un  único  cargo con apoyo en la  causal  segunda  de  casación consagrada en el artículo 207, numeral 2º., del  C.  de  P.,  pues considera que la sentencia atacada no está en consonancia con  la  acusación, toda vez que ésta fue modificada oficiosamente por la fiscalía  al  solicitar  en  la  audiencia  pública  la  absolución  del  procesado, por  considerar  que  estaba demostrada la causal eximente de responsabilidad de caso  fortuito o fuerza mayor.   

          Con   los   anteriores  fundamentos  solicita  casar  la  sentencia  recurrida  y,  en  su  lugar,  se  profiera  sentencia  absolutoria  a favor del  procesado.   

ALEGATOS  DE  SUJETOS  PROCESALES NO RECURRENTES   

1.  El apoderado de la parte civil solicita  que  se  despachen  desfavorablemente  los  cargos elevados por el casacionista,  pues  considera que las consecuencias negativas que se puedan derivar de la pena  accesoria  de prohibición para conducir vehículos automotores tienen su origen  en  la  ley  vigente, la cual es abstracta e impersonal y debe aplicarse a todos  los asociados sin excepción.   

          2.  El  Procurador  Judicial  solicita  se  inadmita  la demanda de  casación,  primero,  porque  considera  que  la  misma no reúne los requisitos  formales  exigidos  por  la  normatividad  para  la  concesión  de la casación  excepcional  y,  segundo,  porque  no  es  cierto  que  la sentencia no esté en  consonancia  con  la  resolución  de acusación, pues basta para ello el simple  ejercicio  de confrontación de estas dos piezas procesales para corroborar este  aserto.  Agrega  que  ,  contrario  a lo afirmado por el censor, la solicitud de  absolución  que  haga  la  fiscalía  en  la vista pública no entraña ninguna  modificación a la resolución de acusación,   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

   

1.  La  sentencia  de  segunda  instancia  fue emitida por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Sogamoso  el  29 de agosto de 2002, es decir,  dentro  de  la vigencia de la Ley 600 de 2000. El artículo 205, inciso tercero,  de  esta  codificación,  establece  que “De manera  excepcional,  la  Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, discrecionalmente,  puede  admitir  la  demanda  de casación contra sentencias de segunda instancia  distintas  a las arriba mencionadas, a la solicitud de cualquiera de los sujetes  procesales   cuando   lo   considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  los     demás     requisitos     exigidos     por     la     ley”.   

Del  contenido  de  la  norma  antes citada  emerge  con  claridad  que  para efectos de su admisión, la demanda debe reunir  unos requisitos de procedibilidad y otros de forma.   

Los  primeros  son  de carácter objetivo y  hacen   relación  a  que  la  demanda  de  casación  discrecional  debe recaer sobre una sentencia de  segunda   instancia   de   características   distintas  a  la  de  aquella  que  ordinariamente  puede  ser  atacada  mediante  el  recurso  extraordinario de la  casación  común.  Es decir, que se trate de un fallo proferido por un Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  o el Tribunal Penal Militar sobre una conducta  punible  que  tenga  señalada una pena cuyo máximo no exceda de ocho (8) años  o,  de  una  sentencia  de  segunda instancia proferida por un Juzgado Penal del  Circuito,   sin  que  importe  el  límite  punitivo  fijado  en  la  respectiva  disposición.   

La  sentencia  en  virtud  de  la  cual fue  condenado  Manuel Antonio Lizarazo Suárez en segunda instancia, es distinta,  por haber sido dictada por un  Juzgado  Penal del Circuito, de una de aquellas que pueden ser demandadas por la  vía de la casación ordinaria.   

Este  requisito  básico de procedibilidad,  por  tanto,  y  dado  que  el  recurso  fue  presentado  por  uno de los sujetos  procesales, se cumple a cabalidad en este caso.   

2.   La   demanda,   aparte   de  las  exigencias  de  orden  general  relacionadas  en  el  artículo  212  del actual Código de Procedimiento Penal,  debe  reunir   unos  requisitos  específicos  que  hacen  relación  a los  propósitos  de  la casación discrecional:  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  y  la  garantía  de los  derechos  fundamentales.  Dada  la naturaleza rogada del recurso, le corresponde  al  demandante  señalar  con claridad la finalidad que persigue y demostrar, en  el  asunto  concreto, en qué ha consistido el desconocimiento de las garantías  o  qué es lo que hace menester que la Corte decida en pro de la jurisprudencia.  Debe  el  recurrente,  por  lo  tanto,  exponer  de  manera  fundamentada  en un  capítulo    separado,    cuál    de    esas   dos   finalidades   –o  ambas- pretende alcanzar por medio  de la demanda.   

         Si  su propósito es el primero, esto es,  obtener  de  la  Corte un pronunciamiento con criterio de autoridad en relación  con  determinado punto jurídico que por oscuro merezca ser clarificado, resulta  indispensable   que   ello  se  diga  en  el  escrito  respectivo,  indicándose  igualmente,   si   lo  que  se  pide  es  la  unificación  de  posiciones   encontradas  sobre  el  particular,  la  actualización  de la doctrina hasta el  momento  imperante  o  el  pronunciamiento  sobre  un tema aún no desarrollado,  debiéndose  señalar,  además,  de  qué  manera  la decisión demandada de la  Corporación  presta  el  doble  servicio  de solucionar adecuadamente el caso y  servir de guía como criterio auxiliar de la actividad judicial.   

Si   su   aspiración   es   la  segunda  –el  desarrollo  de la  teoría  existente en torno a las garantías fundamentales y su articulación al  caso  objeto  de  la  demanda-, debe explicitar por qué razón las específicas  situaciones  irregulares  que  ha  detectado  en  la sentencia, no sólo atentan  contra  la  estructura  del proceso y las garantías defensivas del inculpado en  el  caso  objeto  de estudio, sino  por qué hacen imperativa la precisión  del  criterio  de  la Corte al respecto, bien porque nunca ha sentado su postura  frente  a  la  entidad  de sus efectos nocivos, o bien porque en el pasado no ha  sido  lo  suficientemente  clara  en  sus  conceptos  alrededor del tema, o bien  porque  estime necesario actualizar los mecanismos de defensa o de amparo de las  formas procesales existentes.   

3. Es evidente  que  el  defensor  no  se  ha ajustado a esta técnica. En su escrito se refiere  simplemente  a  la  solicitud de sentencia absolutoria hecha por la Fiscalía en  favor  de  su  representado  durante  la audiencia pública y como considera que  dicha     circunstancia,     denominada    por    él    como    “retiro  de  los  cargos,”  no  está  consagrada   en   la   normatividad   estima   que  es  necesario  que  a  nivel  jurisprudencial  se defina la viabilidad jurídica de dicha figura. Señala  además, que la sentencia impugnada podría eventualmente  lesionar  al  incriminado  en  su  núcleo familiar, por cuanto le suspendió el  derecho  de conducir vehículos automotores y su trabajo depende directamente de  dicha actividad.   

4.   Contrario  a  lo  afirmado  por  el  casacionista,  la solicitud de absolución por parte de la fiscalía no sólo la  consagraba  expresamente  el  Código  de  Procedimiento Penal anterior, vigente  para  la  época  en  que  ocurrieron  los  hechos (artículo 129), sino que tal  eventualidad  no  entraña  per  se  dificultad  alguna  que  torne  nebulosa  o  complicada  su  comprensión, ni existen respecto a dicho punto pronunciamientos  antagónicos  por  parte  de  la Sala que haga indispensable un nuevo estudio de  dicha  situación,  toda  vez  que  en  forma reiterada y pacífica ha sostenido  que   dentro  del  régimen  procesal penal mixto acogido por la preceptiva  colombiana,  la  Fiscalía  no  está  obligada  a sostener la acusación y nada  impide  que  el  fiscal,  como  sujeto  procesal,  haga  peticiones  a favor del  procesado,  incluso  solicitando su absolución, sin que ello signifique que los  cargos  hayan  desaparecido, pues éstos están consignados en la resolución de  acusación,   ni   que  dicha  petición  pueda  restringir  la  autonomía  del  juez   para  decidir ( se pueden consultar, entre otras, las sentencias del  8  de  septiembre/93,  M. P. Ricardo Calvete Rangel; 6 de septiembre de 2001, M.  P.  Carlos  E.  Mejía  E.;  17  de  enero  de  2002,  M.  P.  Nilson E. Pinilla  P.).   

5. Por lo que respecta a las consecuencias  económicas  que pueda acarrearle al procesado la pena accesoria de prohibición  del  ejercicio  de  conducción  de  vehículos  automotores  , ello no sólo no  comporta  ninguna  violación  de la estructura del proceso ni de las garantías  defensivas  del  inculpado,  sino que dicha sanción se enmarca plenamente tanto  en  la  normatividad actual como la vigente para la época en que ocurrieron los  hechos  (artículos  43-5  y 47 ley 599 de 2000; y 42-4 del decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  artículo1o.  de  la  ley 365 de 1997) y, además, consulta  cabalmente  las  características  del  comportamiento  imputado  al acusado, en  cuanto  que  las lesiones personales que se le atribuyen ocurrieron por la forma  irresponsable  como  conducía  el  vehículo  causante  del  accidente. Tampoco  indicó  el  libelista en qué sentido, ni por qué razón se hace imperativa la  precisión    del    criterio    de    la    Corte   en   relación   con   este  punto.      

   

6.   La   simple   enunciación  de  las  circunstancias   antes   referidas,  como  se  puntualizó  líneas  arriba,  no  constituye  garantía  del  éxito  de  una  demanda por la vía de la casación  discrecional.  Es  menester observar los requisitos de procedibilidad y de forma  antes  señalados. El casacionista omitió ceñirse a los segundos, pues olvidó  puntualizar  y   desarrollar las finalidades de su demanda. No dijo de modo  explícito,  y  menos aún presentó algún tipo de argumento en esa dirección,  si  lo  que  pretendía  era  obtener de la Corte lineamientos sobre un punto de  derecho  novedoso, la clarificación de su postura al respecto o la revaluación  de  la  que  ha  venido  sosteniendo en materia de mecanismos protectores de los  derechos fundamentales.    

          La  Corte no puede  autorizar  pronunciamientos de fondo sino a partir de demandas que cumplen todos  los  requisitos técnicos mínimos exigidos, y como acaba de señalarse, en este  caso  no  se  cumplió  por  el recurrente con la justificación de la casación  discrecional,     lo    cual    constituye    motivo    suficiente    para    su  inadmisibilidad.   

                                                                                                                          

        En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

         1º.  Inadmitir, por no reunir los requisitos,  la demanda de  casación  que  por  vía  excepcional  presentó  el defensor de Manuel Antonio  Lizarazo  Suárez,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Sogamoso,  de  fecha 29 de agosto de  2002.   

              2º.  En firme esta decisión,  contra  la  cual  procede  el recurso de reposición, remítase el expediente al  juzgado de origen.   

                                                Cópiese,         notifíquese        y  cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                           JORGE   ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA PULIDO DE BARON  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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