19322(04-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19322   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 99  

Bogotá, D.C, cuatro de septiembre de dos mil  tres.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  procesado  LOMBARDO  ANTONIO  ESPITIA PIÑA, quien  acreditó  su  calidad  de  abogado,  contra  el fallo de segundo grado de fecha  marzo  11  de  2002,  por  cuyo  medio  el  Juzgado Penal del Circuito de Ubaté  confirmó  la  sentencia  proferida  por  el Juzgado Penal Municipal de la misma  localidad  el  10  de julio de 2001, condenando al procesado a la pena principal  de  dieciocho  (18)  meses  de  prisión  y multa por la suma de $80.000.oo, por  hallarlo autor responsable del delito de estafa.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

          El  cinco  (5)  de abril de mil novecientos noventa y cuatro (1994),  mediante  contrato  escrito, Israel Amaya Rodríguez vendió a Pedro Nel Guzmán  Pachón,   el   vehículo  camión  marca  Chevrolet  de  placas  SNB  259,  por  $21.000.000.oo,   de   los   cuales,   inicialmente   se   pagaron  en  efectivo  $10.000.000.oo  y  en  cheque  $500.000.oo. Los restantes $10.500.000.oo serían  cubiertos  mediante  quince  (15) letras de cambio pagaderas mensualmente por la  suma de $700.000 cada una.     

          Debido  a  la  no  cancelación  de los dos últimos títulos, Amaya  Rodríguez  consultó  informalmente  con  el  abogado  LOMBARDO ANTONIO ESPITIA  PIÑA,  quien  sin  recibir  poder formal, especial y explícito para ello, pero  creando  ese  convencimiento errado en el deudor Guzmán Pachón, recibió de su  parte  para  la  cancelación  de  la  deuda la suma de $2.250.000, que nunca le  fueron  entregados  al  vendedor y tampoco reintegrados al comprador, quien a la  postre  y  en  definitiva  tuvo  que  cancelar  nuevamente  lo  adeudado a Amaya  Rodríguez.     

          Una  vez  abierta  la  investigación  se escuchó en indagatoria al  abogado  LOMBARDO  ANTONIO  ESPITIA PIÑA,  a  quien  se  le  definió  su  situación jurídica imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de  caución  por  el  equivalente a dos (2) salarios  mínimos mensuales.   

          Mediante  resolución  de  octubre 14 de 1999 la Fiscalía 2º de la  Unidad   Local   de   Ubaté,   acusó   al  procesado  por el delito de estafa.   

          El  Juzgado  Penal  Municipal  de  la  misma  localidad conoció del  juicio  y  por  decisión  del  10  de  julio  de  2001, finiquitó la instancia  condenado   al   procesado  LOMBARDO  ANTONIO  ESPITIA  PIÑA  a  la  pena  arriba  especificada  al  hallarlo  penalmente  responsable  del  delito  en  relación  con  el  cual se le acusó,  decisión   que   impugnada   por  el  defensor  del  procesado  fue  objeto  de  confirmación  por el Juzgado Penal del Circuito de Ubaté, en el fallo de marzo  11  de  2002,  contra  el  que  se  interpuso  recurso  de casación por la vía  excepcional.   

         

LA  DEMANDA   

          El  procesado,  en su calidad de abogado y a nombre propio presentó  demanda  de  casación  y  al  amparo de la causal tercera del artículo 207 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  formuló  un único cargo que sustenta de la  siguiente manera:   

La  sentencia  se  profirió  en  un  juicio  viciado  de nulidad por falta de competencia y trámite inadecuado, toda vez que  la  investigación  debió adelantarse en proceso contravencional de acuerdo con  el  trámite  previsto  en  la  ley  23  de  1999, error al que se llegó por la  aplicación  indebida  del artículo 356 del Código Penal de 1980 y la falta de  aplicación  de  los  artículos  31  ídem  y 1º, inciso 2º, numeral 14 de la  primera ley citada.   

Sostiene el demandante que la imposición de  la   pena   por   el  delito  de  estafa  contraría  flagrantemente  principios  fundamentales   del   debido   proceso  y  afecta  la  estructura  del  proceso,  configurándose  irregularidades  graves  que  sólo  pueden  ser  subsanadas  a  través de la declaratoria de nulidad.   

Para  el  censor,  lo  que revela el cúmulo  fáctico  y  probatorio  es que cada una de las defraudaciones o afectaciones al  bien  jurídico  del  patrimonio económico se ejecutó con total independencia,  pues  las acciones se ejecutaron en diferente tiempo y espacio, sin importar que  existan  elementos  comunes  como  lo son el sujeto activo, el sujeto pasivo, el  interés  jurídico lesionado y el mismo modo de ejecución. Se trató de varias  conductas,  cada  una  con  su propia finalidad, las cuales se adecuan de manera  independiente    a    la    descripción    del   punible   contravencional   de  estafa.   

Insiste en que en el caso presente no se dio  la   unidad   de   acción,   sino   un   concurso   homogéneo  y  sucesivo  de  contravenciones,  de  modo  que  cada  vez  que  la  conducta lograba obtener un  beneficio   patrimonial,   con  la  relativa  afectación  de  la  víctima,  se  perfeccionaba la contravención de estafa.   

En orden a la demostración del cargo refiere  que  las  autoridades  públicas  tan  sólo  pueden hacer aquello que les está  permitido  en  la  constitución  y  la  ley, de suerte que no pueden omitir los  deberes ni extralimitarse en el ejercicio de sus funciones.   

Los  yerros  denunciados  son  trascendentes  porque   de  no  haberse  incurrido  en  ellos,  “la  decisión  de fondo hubiese arrojado un resultado de absorción por caducidad en  la querella”.   

           Bajo  lo  que  titula  “conclusión”,  dice  no  desconocer  la  gravedad  de  la  falta  cometida, pero no puede obviarse el desconocimiento del  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de  hechos  punibles,  entendidos  estos como  contravenciones  especiales, razón por la cual se violó su derecho a un debido  proceso.   

          Cada  acto  por  él  ejecutado  es un hecho propio, independiente y  aislado,  puesto  que  en  cada oportunidad aunque se hubiera utilizado el mismo  ardit,  vulneró independientemente el bien jurídicamente protegido como era el  patrimonio económico de la víctima.   

          En  su  criterio,  no se pueden sumar aritméticamente los montos de  los  dineros  recibidos en cada oportunidad para establecer una cuantía general  para  desaparecer  el  concurso,  “porque si hubiera  querido  estafar había podido exigir hoy una cantidad, mañana otra y dentro de  quince  días  otra  y  no  volver  a solicitar más dinero o al contrario sensu  hubiera   sido   más  las  oportunidades  aumentando  así  en  esta  forma  la  consumación   del  número  de  contravenciones  cometidas”      

          Así  las  cosas,  solicita  que  se  admita  la  demanda  y se case  íntegramente  la  sentencia impugnada para en su lugar absolverlo de los cargos  por   el   delito  de  estafa.               

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Con  pronunciamientos  reiterados  la  Corte  ha manifestado que la  interposición  del  recurso  extraordinario  de  casación  discrecional  está  sometido  a ciertas exigencias dado su carácter de excepcional, entre otras, la  que  impone  la fundamentación de las causas que motivan al recurrente a acudir  a  ella,  y  la  de indicar razonadamente el por qué la Sala ha de pronunciarse  sobre  el  tema  demandado, pues no debe pasar por alto que dentro del ejercicio  de  su discrecionalidad para decidir si acepta o no el recurso debe verificar el  requisito  de  necesariedad  del  mismo  para determinar si se justifica para proteger un derecho fundamental  aparentemente  vulnerado  o  para establecer algún criterio jurisprudencial que  al  tiempo resuelva el caso concreto y constituya criterio auxiliar para futuras  decisiones judiciales.   

          Aunque  en  el  presente  caso  la  impugnación  se  dirige  contra  sentencia  de  segunda instancia proferida por un juzgado penal del circuito, lo  que  en  principio haría viable la petición, encuentra la Sala sin embargo que  las  orientaciones  del libelo no apuntan en forma alguna a expresar las razones  por las cuales se haría necesario autorizar el trámite.   

En  efecto, en la demanda que se estudia, el  procesado  recurrente acusa al Juzgado de segunda instancia de haber violado, de  manera  directa,  la  ley  sustancial por aplicación indebida del artículo 356  del  Código  Penal  que  tipificaba  la  estafa,  y la falta de aplicación del  precepto  contenido  en el artículo 1º, inciso 2º, numeral 14 de la ley 23 de  1991,  equivocación  que  lo llevó a considerar que la conducta a él imputada  constituía  un  delito  cuando  en  realidad  se  adecuaba a una contravención  especial,  razón  por  la  cual la condena se profirió en un juicio viciado de  nulidad,  por  falta  de competencia y errado procedimiento, lo que conllevó la  violación de las garantías fundamentales del procesado.   

          Sin  embargo,  no demuestra el recurrente el desacierto que atribuye  al  Juzgado,  pues en tal cometido debió partir por mencionar los razonamientos  íntegros  del ad quem que lo llevaron a arribar a la errada calificación de la  conducta  imputada.  Así,  la  demanda  no  enfrenta la sentencia y por ende el  análisis  presentado  no  demostró,  de  haber existido algún error, si éste  tenía la virtualidad de desquiciar el fallo.   

   

Pero además, ha de  tenerse  en cuenta que con los argumentos ofrecidos en la demanda prácticamente  se  eliminó la pretendida vulneración de las garantías del procesado, pues no  a  otra  conclusión  se llega a partir de la aceptación que hace el recurrente  en   el   sentido  de  que  los  distintos  actos  por  él  desplegados  tienen  “elementos  comunes como lo son el sujeto activo, el  sujeto   pasivo,   el   interés   jurídico   lesionado  y  el  mismo  modo  de  ejecución”,  pues  la  interpretación  de la norma  tipificadora  de la estafa (artículo 356 del anterior  Código  Penal  y  246  del vigente) no excluye la eventualidad de que el sujeto  activo  del  delito realice múltiples y repetitivos actos para la obtención de  un  solo  propósito  defraudador que se mantiene y materializa en el tiempo con  fraccionados  logros,  lo  que se infiere de la modalidad conductual descrita en  la    norma    como    “manteniendo   a   otro   en  error”.   

Por  ello, la jurisprudencia de la Corte ha  venido  aceptando  que  “cuando el sujeto activo del  delito  realiza  a  lo  largo del tiempo y en detrimento patrimonial de la misma  persona  plurales  actos  artificiosos  o engañosos reveladores de una voluntad  orientada  a  ese  ilícito  propósito  que  se  revela  asumido como finalidad  absoluta,  incurre  en  una  sola  acción delictiva de estafa cometida mediante  múltiples  actos  artificiosos o engañosos de ejecución, con los que mantiene  el     error    de    la    víctima”1.   

Así  las cosas, la petición de casación  discrecional   del  procesado  recurrente  no  se  sustenta   en  una   afirmación  concreta   

de violación de un derecho fundamental, sino  en  una  elaborada  teoría jurídica del solicitante que desconoce la reiterada  jurisprudencia  de  esta  Corte,  razón por la cual no se accederá al recurso,  pues,       se      reitera,      el      requisito      de      “necesariedad”   de   garantía  de  los  derechos  fundamentales  que  consagra  la ley (inciso 3° del artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal),  no  puede  ser cumplido sino a partir de la  existencia real de la violación del derecho fundamental.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación  discrecional  presentada  por  el  procesado LOMBARDO ANTONIO ESPITIA PIÑA, por  las razones consignadas en la anterior motivación.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS                                 A.                                GÁLVEZ  ARGOTE                   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO           EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO               

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS            MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1  Sentencia  de  casación del 29 de junio de 1999, radicado No. 12591, M.P.   Mario Mantilla Nougues.     

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