19331(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 19331  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta Nº  058.  

          Bogotá  D.  C.,  mayo  veintisiete  (27)  del  dos mil tres (2003).   

VISTOS  

          La  Sala  decide  sobre  la admisibilidad de la demanda de casación  que   por   la   vía   discrecional   presenta   la   defensa  de  DIANA    FERNANDA    BENAVIDES   FAJARDO,  condenada  por  los  juzgados  15  penal  municipal  y  18 penal del circuito de  Bogotá     como    responsable    del    delito    de    lesiones    personales  culposas.   

HECHOS  

          El  22  de  agosto  de  1996,  aproximadamente  a  las  3:15 de la tarde, la señora María  Clara  Ruiz  Medina  conducía  el microbús escolar de placas BGL 164  por  la  carretera  existente entre los municipios de Cota y Suba, transportando  estudiantes  del  Gimnasio  Niza,  cuando,  a  la  altura  del kilómetro 5 y en  sentido  contrario,  apareció  un  campero  Mitsubishi  guiado  por  la señora  DIANA      FERNANDA  BENAVIDES FAJARDO   que,  después  de  hacer  zigzag  a  lado  y  lado de la carretera,  invadió  el  carril  por  donde  marchaba  el  microbús  al  cual estrelló de  frente.   

          A    consecuencia    del    accidente    la   señora   Ruiz  Medina sufrió la fractura de sus dos  piernas,  lo  que le ocasionó una incapacidad definitiva de setenta (70) días,  deformidad   física   en  el  cuerpo  de  carácter  permanente,  perturbación  funcional  del  órgano  de  locomoción de carácter permanente y perturbación  funcional  de  los  miembros  inferiores, de carácter permanente. (Fls. 373 C. O. 2).   

          Por  otra  parte,  la  menor Nohora Lisbeth  Díaz  Posada  sufrió  una  incapacidad definitiva de  veinte  (20)  días y deformidad física del cuerpo de carácter permanente.(Fl.  370. C. O. 2).   

ANTECEDENTES   

          Iniciada  la  investigación  a  partir  del  accidente de tránsito  descrito,  el  24  de  julio  de  1997  la Fiscalía 248 de la Unidad Primera de  lesiones  Personales  de  Bogotá, produjo una primera calificación del sumario  en   el  sentido  de  acusar  a  DIANA  FERNANDA   BENAVIDES     FAJARDO  como  presunta  responsable  del  delito  de  lesiones  personales  ocasionadas  a  María  Clara  Ruiz Medina  en  la  modalidad  culposa; sin embargo al llegar a la  etapa  de  la  causa,  el  Juzgado  15  Penal  Municipal  de  Bogotá  anuló la  calificación  por  cuanto  la investigación se había centrado en las lesiones  causadas   a   la   señora   Ruiz  Medina,  siendo  que se tenía noticia de  que otras personas habían  resultado  afectadas  en su integridad física con el mismo accidente. (Fls. 393  a 396. C. O. 2).   

          En  la  segunda  oportunidad  en  que calificó el sumario, la misma  fiscalía  248,  mediante resolución del 17 de abril de 2000, decidió precluir  la  investigación  en  lo  relacionado  con  la  presunta  vulneración  de  la  integridad  física  que hubieran podido sufrir Natalia  Duarte  Molina,  Sandra  Milena  Cortés  y  Salomón Arias Bolívar,  pero  acusó  a DIANA FERNANDA BENAVIDES  FAJARDO  como  presunta  responsable  del  delito  de  lesiones   personales,   en   la  modalidad  culposa,  causadas  a  María  Clara  Ruiz  Medina  y Nohora  Lisbeth  Díaz  Posada. Acusación  que    quedó    ejecutoriada    el   18   de   julio   de   2000   (Fls.   419   a   433   y  440  C. O.  2).   

          El  3  de  julio  de 2001, el Juzgado 15 Penal Municipal de Bogotá,  declaró     a     DIANA     FERNANDA     BENAVIDES  FAJARDO, responsable del delito de lesiones personales  culposas  ocasionadas  a  María  Clara  Ruiz  Medina  y  a Nohora Lisbeth Díaz  Posada,  en  los  términos previstos en los artículos 331, 332 inciso 2º, 333  inciso  2º,  334 inciso 2º, 337 y 340 del Código Penal derogado. Como tal, la  condenó  a  las  penas principales de cinco (5) meses y veinticuatro días (24)  días  de  prisión  y  multa equivalente a  diez mil pesos ($10.000). Como  penas   accesorias   impuso  la  suspensión  en  el  ejercicio  del  oficio  de  conducción  por  el  lapso  de  seis (6) meses y la interdicción de derechos y  funciones  públicas  por el mismo término de la pena privativa de la libertad.  Además  le  impuso el pago de cincuenta y tres millones seiscientos veinticinco  mil  pesos  ($53’625.000) y  de  una  suma  equivalente  a  cuatrocientos  (400)  gramos oro, por concepto de  perjuicios  materiales  y  morales  causados  a  María  Clara  Ruiz  Medina; y la suma equivalente a doscientos  (200)  gramos  oro  a  favor  de  Nohora Lisbeth Díaz  Posada, a título de perjuicios morales. Por lo demás  le  concedió  a la acusada la ejecución condicional de la condena. (Fls. 543 a  560 C. O. 2).   

          La  sentencia  concebida  en los términos expuestos fue apelada por  la  defensa  y confirmada en su integridad mediante fallo del 18 de diciembre de  2001  dictado por el Juzgado 18 Penal del Circuito de Bogotá. (Fls. 5 a 7 Cdno.  2ª inst).   

DEMANDA  

          Por  la  senda  de  la  casación  discrecional,  el  defensor de la  señora  DIANA FERNANDA BENAVIDES FAJARDO impugna  la sentencia de segunda instancia dictada por el Juzgado 18  Penal  del  Circuito  de Bogotá la cual confirma la condena que en primer grado  se  impuso  a  su  representada,  como  autora del delito de lesiones personales  culposas; y al efecto formula dos cargos.   

          Cargo primero.   

          El  recurrente  plantea  esta censura al amparo de la causal tercera  de  casación  porque existen irregularidades sustanciales que afectan el debido  proceso,  las  que hace consistir en que el Juzgado de primera instancia ordenó  el  traslado  de  treinta (30) días al cabo del cual debió señalar fecha para  la  vista  pública,  pero  en  su  lugar,  decretó  la  práctica  de pruebas,  solicitadas   por  la  parte  civil,  que  debieron  practicarse  dentro  de  la  audiencia.  Entonces  se produce un peritaje por más de cien millones de pesos,  siendo  que  ya  había  uno que había fijado los perjuicios en una cuantía de  alrededor  de  seis  millones,  el  cual  era  ley  del proceso porque se había  corrido el traslado legal y no había sido objetado.   

          Prosigue  el  demandante  comentando que pidió aclaración sobre la  diferencia  abismal  de  ese  segundo  dictamen  pericial,  producido  en  forma  irregular,  pero  aquella no se tramitó aduciendo que no se había puntualizado  la  aclaración,  cuando  consistía,  simplemente en que el perito explicara el  cambio de concepto.   

          El  actor  continúa  refiriendo  incidencias procesales, tales como  que  el juzgado de primera instancia decretó una nulidad pero dejó con validez  las  pruebas  irregularmente  practicadas,  incluido  el dictamen pericial; y al  producir   la   respectiva  sentencia,  reguló  los  perjuicios,  tomando  como  base   esa  experticia,  aun  cuando  los  cuantificó  en una suma un poco  inferior.   

          Por  otra parte, el impugnante aduce que el croquis del accidente se  elaboró    sin    la    intervención    de    DIANA  BENAVIDES  porque un oficial del ejército, primo  de  la  lesionada,  la estaba encañonando con un revólver; croquis que tampoco  aprobó   ésta   última,   y   sin   embargo,   sirvió  de  base  falsa  para  “toda  la  actuación  de culpabilidad a través del  proceso”.   

          Así   mismo,   el  censor  menciona  que  los  testimonios  se  recaudaron  en  la  etapa  preliminar  sin  la intervención de la defensa de la  sindicada,  siendo  que se trataba de los discípulos de la conductora lesionada  y  que  algunos  de  ellos iban en la parte delantera del vehículo, donde está  prohibido transportarlos.   

          En  este  punto,  concluye  el  libelista  que  la gradación de los  perjuicios  se  hizo  en  forma  irregular,  incluidos los correspondientes a la  menor   Nohora   Lisbeth  Díaz  Posada  quien  había  manifestado  no  tener interés en el proceso; que la  pena  se  impuso con base en un croquis acomodaticio y en pruebas parcializadas,  sin  darle  validez a los dichos de la implicada y de su compañero Salomón Bolívar Arias.   

          Segundo cargo.   

          En  esta  ocasión  el impugnante emprende la acusación por la vía  de  la  causal  primera  de casación, atribuyendo al sentenciador la violación  directa  de  la ley sustancial contenida en los artículos 3º y 6º del Código  Penal,  1º  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y 29 de la Carta Política;  disposiciones  que  fueron  violadas  “  por  lo  ya  brevemente   analizado”,   sin   que   aporte   una  explicación o sustentación adicional.   

          Argumenta   que   se   desconoció  la  confesión  de  DIANA   FERNANDA   BENAVIDES  FAJARDO,  en  cuanto  afirma  su  no  culpabilidad  y  que  los  hechos  sucedieron porque una  tractomula  le  quitó el carril y tuvo que estabilizar el vehículo para evitar  caer  a  la  zanja  del  lado  derecho  de  la  carretera.  Por ello acusa a los  sentenciadores   de   no   haber   tenido   en  cuenta  la  inexistencia  de  la  responsabilidad  de  la  sindicada  y  no  haber  resuelto  la  duda  a favor de  ésta.   

          El  libelista concluye pidiendo se case la sentencia recurrida y que  en su lugar se absuelva a la procesada.   

INTERVENCIÓN  DEL  NO  RECURRENTE   

          El  apoderado  de  la parte civil solicita a la Sala que inadmita el  recurso  interpuesto  por  el  defensor de la sentenciada porque las referencias  legales  que  aparecen en el libelo corresponden a una legislación derogada, el  Decreto  2700  de 1991; porque conforme al principio de limitación, la Corte no  puede  corregir  la  demanda  ni complementarla; porque no cumplió con la carga  procesal  de  dar  la fundamentación excepcional; porque los apuntes del primer  cargo  que  es  un inventario del proceso, los confundió con la fundamentación  del   segundo,  sin  más  explicaciones,  sin  siquiera  haber  transcrito  las  disposiciones  que  consideró  violadas.  Además  aporta  las  razones por las  cuales  no  comparte los motivos de inconformidad del recurrente. Por todo ello,  solicita que se desestime el recurso.   

CONSIDERACIONES   

          El  primer  punto  a dilucidar es el relacionado con la legislación  aplicable  en  este  caso.  Al  efecto es de tener en cuenta que la sentencia de  segunda  instancia  objeto del recurso se profirió el 18 de diciembre de 2001 y  por  lo tanto, para entonces, ya estaba vigente la ley 600 de 2000, por lo cual,  la  interposición  del  recurso extraordinario se rige por las disposiciones de  dicha  ley,  sin perjuicio de que el demandante pueda citar normas sustantivas y  procedimentales  de  la  legislación  anterior  para referir su vulneración al  sustentar la causal aducida.   

De  conformidad  con  lo  establecido  en el  artículo   205  de  la  ley 600 de 2000, la casación discrecional procede  bajo  dos  presupuestos: que se intente contra sentencias de segunda instancia y  que  se hayan proferido en procesos adelantados por delitos cuyo máximo de pena  privativa  de  la  libertad  no  exceda de ocho años. Por tanto, las decisiones  pueden  haber  sido dictadas por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial,  el  Tribunal  Penal  Militar  o  los  Juzgados  Penales del Circuito, caso éste  último en el cual no interesa el monto de la pena impuesta.   

No  obstante  lo anterior, las exigencias de  procedibilidad  son  iguales a las de la casación común u ordinaria, de manera  que  es necesario interponerla oportunamente, por un sujeto procesal legitimado,  revestido  de  interés  jurídico, por las causales de casación consagradas en  el artículo 207 de la mencionada ley.   

Por  lo demás, el carácter discrecional de  este  recurso  extraordinario proviene de la facultad que puede ejercer la Corte  para  decidir  si  lo  admite  o  no,  a  condición  de que concurra una de dos  circunstancias,  o  ambas,  consistentes  en  que sea manifiesta la necesidad de  resolver  la  impugnación  para desarrollar la jurisprudencia o para garantizar  un  derecho  fundamental; motivos cuya presentación ante la Sala están a cargo  del  demandante  por virtud de la naturaleza rogada del recurso y en vista de la  restricción  que  impone  el  principio  de  limitación.  Sin el lleno de este  requisito   no   es   posible  darle  viabilidad  a  esta  vía  excepcional  de  impugnación.1   

En  el  asunto puesto a consideración de la  Sala,  se  interpone el recurso extraordinario de casación contra una sentencia  de  segunda instancia dictada por un Juzgado Penal del Circuito, por lo cual, la  impugnación  solo  podía  proceder  por la vía excepcional, de manera que era  ineludible  para  el  recurrente argumentar en el sentido de convencer a la Sala  de  que  existía  uno  de  los  dos  motivos de procedibilidad de la casación.   

Sin embargo, el demandante entró a plantear  cargos  de  acuerdo  a las causales tercera y primera, sin asumir previamente la  demostración  de  aquel requisito fundamental. Inició el ataque con la tercera  causal,  en la cual alude a la violación al debido proceso, sin que por ello se  pueda  tener  por  cumplida  la  exigencia  relacionada con las motivaciones que  guían  el  recurso  extraordinario  discrecional,  pues  uno es el cargo que se  plantea  dentro  del  marco  de  una  determinada causal y otro es el motivo que  justifica  la  necesidad  de ejercer la facultad discrecional de abrir la puerta  de  la  impugnación  extraordinaria  a  un  asunto  que ordinariamente no tiene  acceso a ella.   

Los  planteamientos  que  deben sustentar la  justificación  deben  estar  dirigidos  a  orientar a la Corte en el sentido de  hacerle  ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si se trata de  reclamar  la  garantía  de  un  derecho  fundamental,  al  actor le corresponde  precisar   los   derechos   que   fueron   desconocidos,   indicar   las  normas  constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  señalar  cuál  ha sido la  garantía   conculcada.  Y  si  el  motivo  invocado  es  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia   tendrá   que   puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  precisión  o  definición,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas que deben ser unificadas.   

Ningún  argumento  al  respecto  obra en el  libelo,  de  manera  que  no  le es dado a la Sala concluir si en este asunto se  requiere  el  pronunciamiento  en  casación,  dado  que  la  demanda  no exhibe  posibilidad  alguna  para establecer el motivo que justificaría el trámite del  recurso.   

Lo  anterior  significa  que  la  demanda es  inepta  y  hace  inviable  el recurso extraordinario; lo que impide que la Corte  entre  siquiera  a  revisar  si los cargos formulados contra el fallo de segundo  grado  atacado  se  ajustan  a  los presupuestos técnicos propios de esta sede.  Luego, forzoso es inadmitir la demanda en comento.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR la demanda  de   casación   excepcional   presentada  por  la  defensa  de  la  sentenciada  DIANA    FERNANDA    BENAVIDES   FAJARDO.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

          Notifíquese y devuélvase al Juzgado de origen.   

          Cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                     HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE           JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                            JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Rad.15.949.  Auto,  sep.30/99.  M.  P.  Fernando  Enrique  Arboleda Ripoll. Rad.  19.022.  Auto,  Mayo  14/02.  M.  P. Carlos Augusto Gálvez Argote. Rad. 19.611.  Auto  ago  23/02. M. P. Herman Galán Castellanos. Rad. 19.846. Auto, Dic. 5/02.  M.  P.  Édgar  Lombana  Trujillo.  Rad.  18.646.  auto  Dic.5/02. M. P. Álvaro  Orlando Pérez Pinzón.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *