19297(08-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 19297  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente  

Dr. HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Aprobado acta No. 078    

Bogotá  D.C.,  ocho (8) de julio de dos mil  tres (2003)   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda con que se sustenta el recurso de casación interpuesto contra la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, el 23  de  octubre  de  2001  que confirmó la de primera instancia mediante la cual el  Juzgado   21   Penal  del  Circuito  de  esa  capital  condenó  a  JORGE   LUIS   HENAO  ARANGO  a  la  pena  principal  de  42 meses de prisión y a la accesoria de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por un periodo igual al de la  pena  principal,  así  como  al  pago de los perjuicios morales causados con la  infracción,  como  autor  responsable  del  delito  de  acceso  carnal violento  agravado.   

HECHOS  

En  las  horas  de  la  madrugada  del 25 de  diciembre  de  1989,  el  procesado  JORGE  LUIS HENAO  ARANGO  prevalido  de  la amistad que sostenía con la  familia  PEREA  ERAZO  y  aprovechando la ausencia de estos y la confianza de la  empleada  del  servicio  doméstico LUZ ADRIANA ARISTIZABAL de 13 años de edad,  ingresó  al  inmueble  ubicado  en  la  carrera 66 A número 9-41 del Barrio El  Limonar  de  Cali y amparado en la soledad de la casa, la accedió carnalmente y  de manera violenta.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  

Con  base  en  la  denuncia formulada por la  señora  LUZ  DARY  VALENCIA  madre  de  la  menor  ofendida,  el  Juzgado 13 de  Instrucción  Criminal de Cali, dispuso la apertura de investigación, ordenando  el  testimonio  de  la  menor  LUZ ADRIANA ARISTIZABAL, quien en su declaración  señaló   la   forma   en  que  fue  accedida  violentamente  por  JORGE LUIS HENAO ARANGO.   

El denunciado HENAO  ARANGO,  quien luego de ser vinculado mediante el rito  previsto  en el artículo 356 del Código de Procedimiento Penal anterior, el 20  de  marzo  de  1997  la  Fiscalía  23  Delegada  ante  los Juzgados Penales del  Circuito   de   Cali,  le  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva por el delito de acceso carnal violento  agravado  por  el  numeral  2°  del artículo 306 del Código Penal (fl. 31 c #  1).   

Clausurada  la  fase  instructiva,  mediante  resolución  de  julio  25 de 1997, se calificó el mérito de la actuación con  resolución  acusatoria  en  su  contra por la conducta punible por la que se la  resolvió la situación jurídica (fl. 44 c. # 1).   

El conocimiento de la causa le correspondió  al   Juzgado   21  Penal  del  Circuito  de  Cali,  el  que  luego  de  resolver  negativamente  la petición de nulidad  por ausencia de defensa técnica en  la  etapa  instructiva,  agotó  el  trámite  previsto para la fase del juicio,  dictando   sentencia   el   28  de  junio  de  2001  condenando  a  JORGE   LUIS  HENAO  ARANGO  a  las  penas  referidas   precedentemente   (fl.   108   c   #  2).   

Recurrida  por  el  defensor  del  acusado  HENAO  ARANGO,  la  anterior  sentencia,  la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali la  confirmó  el  23  de  octubre  de  2001,  contra  la  cual interpuso el recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

Tras  realizar  una  presentación  de  los  hechos,  actuación  procesal  y de las sentencias de instancia, el defensor del  procesado  formula  dos  cargos  contra  la sentencia impugnada, el primero, con  fundamento  en  la  causal  3° y, el segundo, al amparo de la causal primera de  casación.   

1.- Causal tercera  

Asegura  que  las  sentencias  de  primera y  segunda  instancia,  se  dictaron en un proceso viciado de nulidad, en razón de  la  comprobada existencia de irregularidades sustanciales violatorias del debido  proceso,    “por    falta   de   notificación   e  individualización    del    procesado   y   por   falta   de   debida   defensa  técnica”.   

Con  apoyo  en  la sentencia SU 960/99 de la  Corte    Constitucional,    sostiene    que    su    representado   JORGE   LUIS  HENAO  ARANGO  solo  vino  a  enterarse  que  se le seguía un proceso, después de 10 años cuando acudió en  busca  de  los  servicios  de  un  profesional  para  que  lo representara en su  defensa.  Sostiene  que  revisado  el  expediente se observa que se le violó el  debido   proceso   “al  no  recibir  ni  una  sola  notificación”,  porque  los funcionarios judiciales  no  llevaron  a cabo las diligencias de rigor para ubicar el lugar donde podría  notificarse    el   procesado,   pues   basados   en   direcciones   equivocadas  “se  curaban  en  salud”  con  procedimientos  que si bien son legales no pasan de ser formalismos, puesto  que  por  mas  que realizaban emplazamientos se seguían vulnerando los derechos  constitucionales y legales.   

Refiere   que   es   tan   evidente   el  desconocimiento   del   debido  proceso,  que  ni  siquiera  ha  sido  realmente  individualizado  el  procesado,  elemento  que también genera nulidad, además,  señala  que  desde  el  inicio  de  la actuación existía un medio eficaz para  notificarlo,  cual  era  la  dirección de los padres en el municipio de Buga, y  que,  aún  en  el  caso  de que ya no viviese con sus padres, ellos serían los  más   llamados   para   recibirla   y   enterarlo   para   que   ejerciera   la  defensa.   

De  otra parte, sostiene que es ostensible y  evidente  en  el  expediente  que  el señor JORGE LUIS  HENAO  durante 10 años y medio no tuviera un defensor  en  el  verdadero  sentido de la sentencia SU 960/99, aspecto que poco interesó  al  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cali, al negar la nulidad, pues  es  inadmisible que un Magistrado le reste mérito al inmenso valor que tiene el  derecho  a “contrainterrogar a la supuesta ofendida,  el  derecho  a   controvertir  las  pruebas, el derecho de hacer uso de los  recursos”,  preguntándose  qué  hubiera  pasado si  mediante  las  pruebas  se  demostrara que la ofendida estaba mintiendo y que no  hubo  violencia  y que fue un acuerdo entre ellos, caso en el cual el tipo penal  sería  otro y no el de violación o en el supuesto que con la práctica de esas  pruebas,  se  hubiera  descubierto  que  el  autor  fue  otro  y  no  el  señor  JORGE    LUIS    HENAO,  “toda  vez que no aparece en el plenario ni huellas  de  su  esperma,  ni de su A.D.N., ni de su sangre, ni de sus huellas dactilares  en  el  cuerpo  de  la ofendida” por cuanto la única  prueba    de    la    responsabilidad    de    HENAO  ARANGO     es    la    que   proviene   de   la  ofendida.   

Relaciona,  así mismo, como yerro enervante  de  la  actuación  la argumentación expuesta por el Magistrado Ponente a quien  acusa  de  restarle el valor al hecho de que no hubiera ejercido la defensa y de  asumir   “una   actitud   de   prejuzgamiento,  de  predeterminación   legal   de   responsabilidad   penal  y  de  presunción  de  culpa”,  en  la providencia de octubre 6 de 2000 por  estar en flagrante contraposición con la sentencia SU 960 de 1999.   

Seguidamente y con el objeto de demostrar la  inactividad  de  la  defensa  relaciona  un inventario de actividades, entre las  cuales,  insiste  que  ante  la  ausencia de violencia en el cuerpo de la menor,  bien  pudo “luchar por la atipicidad de la conducta en vista de no estar clara  la  evidencia  de  violencia, necesaria para el cuerpo típico del acceso carnal  violento”,  concluyendo  que  los  argumentos  del  Tribunal son opuestos a la  posición  que  asume  la  Corte  respecto  de  las implicaciones del derecho de  defensa,  razón  por la cual la actitud y apreciación subjetiva del Magistrado  constituye una vía de hecho.   

2.- Causal primera  

Bajo    el    enunciado    “Violación  de  una norma de derecho sustancial (responsabilidad  objetiva  y  atipicidad  de la conducta)”, postula el  presente  cargo  en el que afirma que las pruebas constituyen el hecho indicador  de  que  la menor LUZ ADRIANA ARISTIZABAL fue accedida, mas no demuestran que el  sujeto   activo   de  este  hecho  punible  haya  sido  el  señor  JORGE LUIS HENAO.   

Luego  de  transcribir  apartes  de doctrina  atinente  al  testimonio de oídas, precisa que en ninguna parte de la foliatura  del   proceso   se   decretó   de  oficio  la  experticia  médico  legista  de  espermiograma   que   demostraría   que   el   semen  del  señor  JORGE  LUIS HENAO era el que reposaba en la  cavidad  vaginal  de LUZ ADRIANA. En consecuencia, la denuncia de la madre de la  menor constituye una prueba indirecta.   

Refiere  que  de  acuerdo  con  el  dictamen  médico  legal  y  del  tipo de acceso carnal violento, sostiene que la conducta  del  supuesto  implicado  carece  de  tipicidad  porque  no lleva el ingrediente  normativo  mas  importante  como  es  la  violencia,  tal  como se evidencia del  dictamen      pericial      cuando     expresamente     señala     “ausencia      de      signos      de     violencia”      

Considera,  entonces,  que  la  conducta del  supuesto  implicado  carece  de  tipicidad  por  ausencia  de  la violencia como  ingrediente  normativo  mas importante; además, porque el relato de la ofendida  nunca  hizo  referencia  a que el supuesto implicado hubiese utilizado arma para  intimidarla  para  inferir  algún tipo de violencia tácita, ni tampoco refiere  otros acontecimientos para deducir violencia moral.   

Con   el   epígrafe   de   “la    valoración    de    la    prueba    indiciaria    en   el  plenario”,  considera que los indicios que conforman  el  bloque  probatorio,  se  reducen  a  uno  el cual demuestra que la menor LUZ  ADRIANA ARISTIZABAL fue desflorada y no quien lo hizo.   

Finalmente,   hace   reparos   sobre   la  circunstancia   de  agravación  punitiva  impuesta  y  sobre  el  ejercicio  de  dosificación   de   la   pena,   discrepando   que  el  a-quo  no  partió  del  mínimo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.-  A  primera  vista  se  advierte  que el  recurrente  en  el  escrito  de  demanda  con  la  que sustenta la impugnación,  desatiende  la  naturaleza  y fines del recurso extraordinario intentado, puesto  que  se  halla  confeccionada  sin  la  observancia  de  las  pautas de técnica  casacional  previstas  en  el  artículo 207 del Código de Procedimiento Penal,  razón por la cual se impone su inadmisión.   

2-. Son innumerables las ocasiones en que la  Sala  ha  sostenido  que  si  bien  la  causal tercera de casación, vale decir,  cuando   la  sentencia  se  haya  dictado  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  aparentemente  no  exige  en  su  redacción  formas específicas en cuanto a su  proposición  y  desarrollo,  la  demanda no es un escrito de libre confección,  como  parece  haberse  entendido,  pues,  igual  que en las otras causales, debe  ajustarse  a ciertos parámetros lógicos de modo que se comprendan con claridad  y  precisión  los  motivos  de  la  nulidad,  las  irregularidades sustanciales  alegadas,  la  manera  como  se  quebrantó  la  estructura  del  proceso  o  se  conculcaron  las  garantías  de  los  sujetos procesales y, la trascendencia de  tales defectos en la sentencia acusada.   

No obstante lo anterior, el censor expone su  disenso  con  el  fallo de manera desordenada y contradictoria, en 3 premisas, a  saber:   a).-  violación al debido proceso, vicio que concreta a partir de  las  primeras  diligencias  por  ausencia  de  notificación  al procesado; b).-  violación  al  derecho  de defensa por inactividad de los defensores de oficio;  c).-  violación  al  principio  de  investigación integral; c).- violación al  principio   de  presunción  de  inocencia;  d).-  violación  al  principio  de  contradicción  probatoria;  f) prejuzgamiento del Tribunal Superior respecto de  la    responsabilidad    penal    del    acusado;    g).-   atipicidad   de   la  conducta.   

En efecto, bien distante se ubica el actor de  las  exigencias  mínimas  de  técnica  casacional  para  la elaboración de la  demanda  de  casación,  como  que,  de  manera indiscriminada alega en un mismo  cargo  violación  al debido proceso, al derecho de defensa, a los principios de  investigación   integral   y  contradicción  probatoria,  arremete  contra  el  ejercicio  dialéctico  realizado  por  el Tribunal Superior, olvidando que cada  uno  de  tales  aspectos tiene características propias con capacidad suficiente  para  invalidar el proceso y, por ello, se impone la necesidad de explicar clara  y  separadamente los motivos en los cuales enraíza la supuesta vulneración que  se  formula,  atendiendo  que  el primero, constituye un vicio de estructura, en  tanto  que  los  otros,  lo  son  de  garantía.  De suerte que si el recurrente  consideraba  que  se  presentaban  todas las hipótesis de la nulidad, ha debido  hacerlo  en  capítulos  separados, pues dentro de la misma causal tercera no es  posible  mezclar  los  elementos relativos a errores sustanciales que afectan la  estructura  básica  del  proceso con el desconocimiento del derecho de defensa,  pues  las consecuencias en uno y otro caso afectan de manera diversa el trámite  del proceso.   

Adviértase, así mismo, como el casacionista  comete  la  impropiedad  de  agrupar  los  diferentes  ataques  a  la  sentencia  recurrida   a  través  de  los  cuales  afirma  la  afectación  de  diferentes  garantías,  a  los que atribuye la entidad suficiente para propiciar la nulidad  desde  diversas  fases  del  proceso,  incurriendo  de esta manera en ostensible  yerro,  pues  como  ya  se  anotó,  debió postularlos por separado con expresa  indicación   del   orden   en   el   cual   debían   ser   estudiados  por  la  Corte.   

Constituye, por lo demás, un nuevo desatino  entremezclar  las  causales  de casación como lo hacen el actor en el que acusa  la  sentencia  de  haberse  dictado en un proceso viciado de nulidad, al exponer  aspectos  propios  de  impugnarse  al  abrigo de la causal primera de casación,  habida  consideración  de  que  sustenta  una posible atipicidad de la conducta  imputada al procesado.   

Finalmente,  pese  a  que  su aspiración se  concretaría  en  una  eventual  declaratoria nulidad de la actuación procesal,  sugiere  a  la Corte paralelamente el proferimiento de una sentencia sustitutiva  de carácter absolutoria en los términos contenidos en la demanda.   

Se evidencia, entonces, antitécnica, confusa  e   imprecisa   formulación  del  cargo,  que  conducen  inevitablemente  a  su  inadmisión.   

2.- Causal primera:   

No  es  menos defectuoso que el anterior, el  cargo  que postula al amparo de la causal primera, pues varios reparos merece la  censura,   que   desde   su  enunciado  y  posterior  desarrollo  desconoce  los  lineamientos  técnicos  que  imperan  en  casación, que la hacen de inexorable  inadmisión.   

En primer lugar, el escrito invoca la causal  primera  de  casación,  pero omite señalar con claridad y exactitud si conduce  la  denuncia  por  la violación directa o por la violación indirecta de la ley  sustancial,     aspectos    que    tampoco    se    infieren    del    ejercicio  argumentativo.   

Ahora  bien, en segundo lugar, si pretendía  el  ataque  con  base  en  la  violación  directa,  era  su deber aceptar en su  integridad  los hechos que declara como demostrados el fallo impugnado, para que  a  partir  de  esa  conformidad  se edifique la censura, en consecuencia, existe  aquiescencia  absoluta  del  actor  con  la  declaración  de  los  hechos  y la  apreciación  de  las  pruebas  realizada  por  el  juzgador, toda vez que en la  causal  prevista en el cuerpo primero de la causal primera del artículo 207 del  Código  de Procedimiento Penal, la discusión gira en torno de la selección de  la  norma sustancial o su interpretación, ya sea por no aplicarse la pertinente  al  caso  o  bien  por  haberse  aplicado  una  que no le correspondía, ora por  interpretar erróneamente la correctamente seleccionada.   

En  tercer  lugar,  si pretendía ubicar la  discusión  en  torno  a  la  violación  indirecta de la ley sustancial, le era  forzoso  demostrar  un error manifiesto y señalar la trascendencia del mismo en  el  fallo,  así como, demostrar que la infracción en la sentencia se originaba  en  un error de hecho por falso juicio de identidad o falso juicio de existencia  ora  falso  raciocinio  o,  a  la  sumo,  a error de derecho por falso juicio de  legalidad o convicción .   

De  esta  manera,  la censura, no solamente  incurre  en  los  defectos  aludidos,  sino  que, desborda el cauce normal de su  alegación  para  dedicarse  a  efectuar apreciaciones personales atinentes a la  valoración  de  la  prueba indiciaria, a censurar a los juzgadores de instancia  sobre  la  forma  como  efectuaron  la  dosificación  punitiva  y, a la vez, la  impropiedad  con la que dedujeron la confianza como circunstancia de agravación  punitiva   con  la  plantea  su  abierta  oposición,  adoptando  una  posición  francamente inadmisible en sede de casación.   

De utilidad resulta recordar que el recurso  extraordinario  de  casación no es una tercera instancia, donde resulta posible  entrar  a  controvertir  las  conclusiones  fácticas  o  jurídicas  del  fallo  impugnado,  sino  que,  comporta la realización de un juicio a su legalidad que  impone,  como  tal,  demostrar  que  la decisión contraviene ostensiblemente el  ordenamiento jurídico,.   

Se   desestima,   en   consecuencia,   la  demanda.   

Contra  la  presente  decisión  no procede  recurso alguno.   

Atendidas  las  razones expuestas, la Corte  Suprema de Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.-  INADMITIR el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor de JORGE LUIS  HENAO    ARANGO    por    las    razones    anotadas  precedentemente.   

2.-   Declarar  desierto  el  recurso  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia proferida el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cali,  en  consecuencia,  devuélvase la actuación a la  oficina de origen.   

CÓPIESE,      NOTIFÍQUESE      Y  CÚMPLASE     

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS    

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                                       HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS        A.       GÁLVEZ  ARGOTE                                 JORGE     ANÍBAL    GÓMEZ    GALLEGO                                                                                   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                                                ÁLVARO            ORLANDO           PÉREZ  PINZÓN                           

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                      JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *