15613(13-02-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 15613  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 23  

          Bogotá,   D.   C.,   trece   (13)  de  febrero  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Se  resuelve  el recurso de casación interpuesto por el defensor de  ANA  ROSA PUERTA DE LÓPEZ y  CARLOS     ANDRÉS    LÓPEZ    PUERTA,   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín el 31 de agosto de  1998.   

HECHOS  

          El   5   de  marzo  de  1998,  dos  hombres  ingresaron  al  Colegio  Panamericano  Colombosueco  de la ciudad de Medellín y, después de intimidar a  la  secretaria con un arma de fuego, se apropiaron de $ 332.000 en efectivo y un  cheque  por  $  36.500.  La pronta respuesta policial permitió que en el propio  establecimiento  educativo  fuera  recuperada parte del dinero, que tenía en su  poder    la    señora    ANA    ROSA   PUERTA   DE  LÓPEZ,  y  el  resto a pocas cuadras del lugar, donde  fueron    capturados    CARLOS    ANDRÉS    LÓPEZ  PUERTA,   hijo   de   ANA  ROSA, y JOHN DAIRO BARRIENTOS. También fue decomisada  el arma utilizada para cometer el delito.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Los  retenidos  fueron  escuchados  en  indagatoria  por  un  fiscal  seccional  de  Medellín,  quien  el 13 de marzo de 1998 aseguró con detención  preventiva  a  la señora PUERTA DE LÓPEZ    y    a    CARLOS   ANDRÉS   LÓPEZ  PUERTA  y se abstuvo de hacerlo respecto de JOHN DAIRO  BARRIENTOS.  Como  aquellos  aceptaron  los  cargos  que  con fines de sentencia  anticipada  les  fueron formulados en diligencia realizada el 5 de mayo de 1998,  se  ordenó  la  ruptura de la unidad procesal. El Juzgado 12 Penal del Circuito  de  Medellín, al que le correspondió el asunto, dictó sentencia anticipada el  29  de mayo de 1998, imponiendo a los procesados las penas de 20 meses y 3 días  de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo  término,  como  autores  de  los delitos de hurto calificado y agravado y porte  ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

          El  fallo fue recurrido por el Ministerio Público y por el defensor  de  los  procesados.  El primero, porque se dio aplicación al artículo 374 del  Código  Penal  entonces vigente, que corresponde al 269 del actual, no obstante  que  se  recuperó  lo  hurtado,  de manera que no hubo reparación. El segundo,  porque  no  había  razón  para  dosificar  la  pena  a  partir de una cantidad  superior  al  mínimo  previsto  para el hurto calificado, pues precisamente por  serlo  se  reprime  con  mayor  severidad;  además, resulta desproporcionado el  incremento   en   el   básico,  porque  sólo  concurre  una  circunstancia  de  agravación.  Así  mismo,  porque se debía conceder la suspensión condicional  de la ejecución de la pena, negada en primera instancia.   

          El  Tribunal  Superior  de  Medellín, por fallo del 31 de agosto de  1998,  confirmó  la  sentencia  condenatoria  pero,  atendiendo el reproche del  Ministerio  Público,  incrementó  las  penas  a  34 meses y 27 días; negó el  subrogado  e  impuso  el  pago de la cantidad equivalente a doscientos gramos de  oro a título de perjuicios morales.   

Inconforme  con  la  decisión,  el  defensor  interpuso en tiempo el recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          Dos  cargos  se formularon contra la sentencia de segunda instancia:   

          1.   Que   se  violó  de  manera  directa  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  del  artículo 374 del Código Penal de 1980, pues la  disposición  sólo  exige  que  se  restituya el objeto materia del delito o su  valor,  no  que  tal  acto  sea voluntario ni que se desconozca la incidencia de  factores externos en el plano volitivo.   

Transcribe  en  su  apoyo  un párrafo de una  decisión  de  esta  Sala en la que se admite la diminuente punitiva en casos en  que  la  devolución no es procedente, como en la tentativa, o cuando la cosa es  recuperada  por  la víctima, por las autoridades o por terceros, eventos en los  que  basta  que  se  indemnicen  los perjuicios materiales y morales para que la  rebaja se conceda.   

Solicita que se case el fallo impugnado y, en  su    lugar,    se    reconozca    la   disminución   que   la   norma   citada  consagra.   

2.  Que  se  violó de manera directa la ley  sustancial,   por   exclusión   evidente  del  artículo  299  del  Código  de  Procedimiento    Penal   de   1991   –artículo  283  del actual- pues no se concedió la rebaja de pena a  que  tenía  derecho  por  haber  confesado  en su primera versión, tal como lo  dispone ese precepto.   

La     captura     de     CARLOS  ANDRÉS LÓPEZ se produjo en lugar  diferente  al  sitio  de  los  hechos,  cuando había transcurrido algún tiempo  desde  la consumación del delito y se había asegurado el producto del hurto y,  no  obstante,  reconoció  ante  el  fiscal,  de  manera  simple  y  sincera, su  participación  en  la  ilicitud, lo que lo hacía merecedor de una disminución  adicional de una sexta parte de la pena.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO   

          Primer cargo.   

          La  señora  Procuradora  Primera  Delegada  para la Casación Penal  sostiene  que,  no  obstante el desacierto técnico en que incurre el demandante  porque  simultáneamente  alega  la  interpretación  errónea  y  la  falta  de  aplicación  del  artículo  374  del  Código  Penal, es procedente examinar la  cuestión  de  fondo  planteada pues no hay duda que los argumentos se dirigen a  la demostración del segundo de los mencionados errores.   

          Sobre  el primero de los requisitos establecidos para que proceda la  disminución  punitiva,  es decir, la restitución del objeto material, recuerda  que  la  Corte,  en  sentencia  del  23 de noviembre de 1998, reiterada el 28 de  septiembre  de  2001, concluyó que si éste fue recuperado, “la reducción se  obtiene  si  el  responsable  indemniza  los  perjuicios  causados  con el hecho  punible  de  acuerdo  con  la  estimación  que  de ellos haga bajo juramento el  perjudicado, o la que pericialmente se realice”.   

Agrega  que  en  este asunto los autores del  hurto  se  encontraban  imposibilitados  para  restituir la totalidad del dinero  apropiado,  pues  una parte fue recuperada por la policía, pero sí devolvieron  el resto de la suma sustraída.   

          Con   relación   al   segundo   requisito,   la  indemnización  de  perjuicios,  afirma  que  la entidad ofendida no se constituyó en parte civil y  su  representante  legal  estimó  los materiales en $ 40.000, pero no acreditó  que  los  morales  se  hubiesen  causado  ni  los  valoró,  haciendo  exclusiva  referencia  a  los  sicológicos  que  sufrieron  los niños que presenciaron el  hecho  y  las  secretarias  que  fueron  intimidadas,  los  que  tampoco estimó  pecuniariamente.  Por lo tanto, como el juez no podía cuestionar la pretensión  indemnizatoria,  tampoco  podría  ocupar  el  lugar  de  la  persona  jurídica  perjudicada   para  establecer  el  monto  de  unos  perjuicios  que  no  fueron  reclamados   por   quien,  dadas  sus  condiciones  personales,  comprendía  la  trascendencia de su silencio en este punto.   

          Concluye  la  Delegada  que  la sentencia se debe casar parcialmente  para  reconocer  la  rebaja  de pena que se discute, pues de lo dicho le resulta  claro  que  los  dos requisitos previstos en la norma se cumplieron, dado que el  monto  de la indemnización fijado por el representante legal de la institución  fue pagado por los procesados.   

          Segundo cargo.   

          Carece  de  interés  el  demandante para reclamar la rebaja de pena  por  confesión,  ya  que  el  tema  no fue objeto del recurso de apelación que  interpuso contra la sentencia de segunda instancia.   

          En   consecuencia,   como   su  conformidad  con  la  decisión  del  A   quo  le  impidió  al  Tribunal   examinar   este  punto,  el  impugnante  perdió  la  oportunidad  de  proponerlo en casación.   

CONSIDERACIONES  

          Primer cargo.   

          Disponía   el   artículo  374  del  anterior  Código  Penal,  que  reproduce  de  manera  casi idéntica el 269 del actual estatuto, que “El juez  disminuirá  las penas señaladas en los capítulos anteriores de la mitad a las  tres  cuartas  partes,  si  antes de dictarse sentencia de primera instancia, el  responsable  restituyere  el objeto materia del delito o su valor, e indemnizare  los perjuicios ocasionados al ofendido o perjudicado”.   

          El  entendimiento  actual  que  de  esta  disposición  ha  hecho la  jurisprudencia        de        la        Sala1,  aclarados algunos equívocos  que en el pasado surgieron, puede compendiarse así:   

          1.  Se  trata  de  un  mecanismo  de  reducción  de pena, no de una  atenuante  de  responsabilidad.  Por  lo  tanto,  no  incide  en  el término de  prescripción  de  la  acción  penal  ni  en  la  determinación de la cantidad  máxima de pena que hace procedente el recurso de casación.   

          2.  La  rebaja  de  pena  no  es  facultativa  del juez. Cumplido el  supuesto  fáctico,  se aplica la consecuencia jurídica correspondiente sin que  interese  determinar  el  motivo  que indujo a la restitución o indemnización,  valoraciones  subjetivas  que no hacen parte de los requisitos consagrados en la  ley.   

          3.  Si  el  objeto  material del delito desaparece, se destruye o el  imputado  no  está  en condiciones de recuperarlo, la exigencia legal se cumple  si paga su valor e indemniza el perjuicio causado.   

          4.  Si no se logra el apoderamiento del objeto material –como  ocurre  en la tentativa- o éste  es  recuperado  por  las  autoridades, la rebaja opera si el responsable resarce  los perjuicios causados con el hecho punible.   

         

          5.  La  reducción  es  extensiva  a  los  copartícipes,  aunque no  necesariamente  en  la misma proporción dadas las particularidades que se deben  observar en el proceso de dosificación de la pena.   

          6.  La  estimación  de perjuicios hecha por el ofendido sólo puede  ser  objetada  por  los  demás  sujetos  procesales, de manera que si aquél no  reclama  por  daño  moral  es  porque  lo  consideró inexistente. Sin embargo,  aunque   el   funcionario   judicial   no   puede   cuestionar   la  pretensión  indemnizatoria,  debe  verificar  que  recoja  el  querer de la ley para que sea  integral   y  se  estime  de  manera  razonada,  no  como  consecuencia  de  una  intervención rutinaria y superficial de la víctima del delito.   

          7.  Su  reconocimiento  no concurre con circunstancias genéricas de  menor punibilidad.   

          De  otro  lado,  ha  dicho  la  Sala  que las personas jurídicas no  sufren   perjuicios   morales   subjetivos   (pretium  doloris) porque no pueden experimentar dolor físico o  moral,  lo  cual  no  obsta  para  que se les pueda reconocer otros de carácter  extrapatrimonial,  que  se  derivan  por  ejemplo  de  la  afectación  del buen  nombre2,  obviamente  en  la  medida  en  que  aparezcan  demostrados en el  proceso.   

          De  lo  expuesto,  se  deducen con claridad los plurales errores que  condujeron  al  Ad  quem  a  violar  de manera directa la ley sustancial, pues restituido en su integridad el  objeto    material    al    Colegio   Panamericano   Colombosueco   –una parte recuperada por los policías  y  otra devuelta por los imputados- e indemnizados los perjuicios materiales que  el  representante  legal de la persona jurídica afectada dijo haber sufrido, es  evidente  que se cumplen las exigencias para que proceda la reducción punitiva,  contenidas  en  el  artículo 374 del anterior Código Penal, como acertadamente  lo    había    dispuesto   el   A   quo.   

          La  posterior  condena  a  pagar  200  gramos  de  oro  a título de  perjuicios  morales  impuesta  por el Tribunal no consulta la realidad procesal,  porque  si  se  entendiera  como  reparación de la aflicción ocasionada por la  acción  violenta,  ya  se  ha dicho que las personas jurídicas no experimentan  semejante  dolor;  si  se asumiera, como lo dice el fallo cuestionado, que tales  perjuicios  “se  desprenden  de  la angustia, el temor, y la zozobra padecidos  por  las personas que estaban dentro del centro educativo, quienes sintieron sus  vidas  seriamente amenazadas por obra de los delincuentes”, aquéllas no sólo  carecen  de  la  calidad  de perjudicadas directas sino que no aparecen siquiera  individualizadas  en el proceso y tampoco se acreditó que en efecto el daño se  hubiere producido.   

          En  estas  condiciones, la condena al pago de los perjuicios morales  vulnera el debido proceso.   

En  consecuencia, se casará parcialmente la  sentencia  en cuanto al incremento punitivo deducido por el Tribunal y también,  de  oficio,  en  lo  que  se refiere a los perjuicios morales y, en su lugar, se  confirmará el fallo de primera instancia.   

Segundo       cargo.   

          Si  bien  la  rebaja  de pena por confesión, en cuanto incide en la  dosificación  punitiva,  puede  ser  objeto  de los recursos de apelación y de  casación   en  aquellos  eventos  en  los  que  el  sindicado  se  acoge  a  la  terminación  anticipada  del  proceso, en este caso no podía ser discutida por  la  defensa  porque  su  desconocimiento  en  el fallo dictado por el Juzgado 12  Penal del Circuito de Medellín no fue objeto de impugnación.   

          Que  ese  específico  punto  no  se hubiera discutido en la segunda  instancia   demuestra,  como  lo  ha  repetido  en  numerosas  oportunidades  la  Sala3,  que el afectado estuvo de acuerdo con la decisión e implica que,  como  precisamente  por  no  plantearse  no  fue considerado por el Ad  quem  en su providencia, no pueda ser  objeto  del  recurso  extraordinario,  pues  no  es admisible que se reproche la  falta de examen de lo que no fue motivo de impugnación.   

          En  consecuencia, se desestimará el cargo por falta de interés del  recurrente.   

          En  mérito  de  lo  expuesto la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  Justicia en nombre de la República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

CASAR parcialmente  la  sentencia  dictada  el  31  de  agosto  de  1998 por el Tribunal Superior de  Medellín,  en  cuanto  incrementó  las  penas impuestas en el fallo de primera  instancia;  también,  de  oficio,  respecto de la condena al pago de perjuicios  morales.  En  su  lugar,  se  confirma  la sentencia proferida por el Juzgado 12  Penal del Circuito de Medellín el 29 de mayo de 1998.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                   HERMÁN  GALÁN  CASTELLANOS   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO                                                                                                 Comisión de servicio   

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                          ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

  MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  De  manera  especial,  se  pueden  consultar  las  sentencias  que  con ponencia del  magistrado  Fernando  Enrique  Arboleda  Ripoll  profirió  la  Sala  el  23  de  noviembre  de  1998,  radicado 9.657, y del 7 de marzo de 2002, radicado 14.459,  así  como  la  del  28  de  septiembre  de  2001, radicado 16.562, M. P. Carlos  Eduardo Mejía Escobar.   

2 Auto  del  11  de  febrero  de  1999,  radicado  14.523,  M.  P.  Jorge Aníbal Gómez  Gallego.   

3 Cfr.  sentencias  del  4  de  julio  de  2001,  radicado  14.126,  M. P. Herman Galán  Castellanos;  22 de octubre de 2001, radicado 10.869, M. P. Jorge Aníbal Gómez  Gallego;  21  de  noviembre  de  2001,  radicado  13.122,  M.  P. Édgar Lombana  Trujillo;  18  de  abril  de  2002,  radicado 12.735, M. P. Jorge Aníbal Gómez  Gallego y 24 de enero de 2002, radicado 13.970, entre otras.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *