17744(05-12-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  17744   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 153  

Bogotá  D.C,  cinco de diciembre de dos mil  dos.   

V   I   S   T   O   S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  SANTIAGO   YATE   RODRIGUEZ  contra  el  fallo  de  segundo grado de fecha mayo 25 de 2000, por cuyo medio el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  confirmó  la  condena  de 31 años de prisión  impuesta  en  primera  instancia por su responsabilidad penal en el doble delito  de homicidio y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

En  su oportunidad, el Tribunal concedió el  recurso   interpuesto   dentro  del  término  de  ejecutoria  de  la  sentencia  impugnada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  hechos  objeto  del  presente  juicio  tuvieron  ocurrencia  hacia las once de la noche del 24 de diciembre de 1998, en  la  casa  de  José  de  los  Santos  Cedeño, ubicada en la vereda la Ceiba del  municipio  de  Chaparral,  Tolima,  sitio  en  el  cual  SANTIAGO YATE RODRIGUEZ  disparó  arma  de fuego contra los hermanos Roel y Ever Prieto Caicedo, quienes  fallecieron a consecuencia de las heridas causadas.   

Por  tales  hechos  la Fiscalía 28 Delegada  ante  el  Juzgado Penal del Circuito de Chaparral abrió formal investigación y  vinculó  mediante  indagatoria  a  SANTIAGO  YATE  RODRIGUEZ,  contra  quien se  profirió  resolución  de acusación el 25 de mayo de 1999, como presunto autor  responsable  del doble delito de homicidio agravado en concurso con porte ilegal  de armas de fuego de defensa personal.    

Realizada la audiencia pública, el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chaparral  en  sentencia  fechada  el  9  de noviembre  1999   impuso  al  procesado,  como  ya  se  anotó  al  comienzo  de  esta  providencia,  una  pena  principal  de 31 años de prisión, como responsable de  los  delitos  por  los  cuales  se  le  acusó,  desechando  en relación con el  homicidio   la   causal   de  agravación  que  se  le  había  deducido  en  la  acusación,   decisión  que  fue  confirmada  por el Tribunal, mediante el  fallo  que  ahora  ha sido impugnado en casación por el defensor del procesado.   

LA DEMANDA  

Invocando la causal primera del artículo 220  del  anterior  estatuto  procesal penal, el demandante acusa la sentencia de ser  violatoria  del artículo 29, numeral 4º, del decreto 100 de 1980, toda vez que  el  procesado  actuó en legítima defensa ante la actual e injusta agresión de  que fue objeto por los hoy occisos Ever y Roel Prieto Caicedo.   

La  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  confirma  los términos de la sentencia de primera instancia, particularmente lo  expuesto  al  folio  14,  con  una  errónea apreciación del hecho, tanto de la  prueba    médico-legal   como   la   testimonial   que   obra   a   favor   del  procesado.   

Tales pruebas dan razón de que existió una  agresión  física actual contra el procesado proveniente de Ever Prieto Caicedo  y  un  sobrino  de  éste  de nombre Camilo Andrés Prieto Orjuela, quien fue la  persona  que  le  asestó  la puñalada a SANTIAGO YATE RODRIGUEZ, cumpliendo un  encargo  de su tío Rafael Prieto, hermano de los obitados, con quien en el año  de  1995 su defendido había tenido una riña por el cobro de un dinero, hecho a  raíz  del  cual  Rafael  había  jurado  vengarse  de  YATE.  Sobre tales   aspectos  dan  cuenta  las  declaraciones  vertidas por los testigos Luis Carlos  Yate  Tovar,  Plácido Tapiero Barreto, Luz Astrid Prieto Hernández  y por  el propio procesado en la ampliación de su indagatoria.   

Agrega que con el dictamen médico legal que  obra  al  folio  68  y  la indagatoria rendida por YATE RODRIGUEZ, cuyos apartes  pertinentes  cita textualmente, se demuestra el primer requisito de la legítima  defensa,  esto  es  la  presencia de una agresión actual, pues dan cuenta de la  herida  causada al procesado en el costado derecho y en la región submandibular  derecha.   

El  Tribunal  incurre  en  un grave error al  declarar  que  la  lesión no fue realizada en el lugar de los hechos, cuando el  testimonio     del     hermano     del     procesado    da    cuenta    de    lo  contrario.      

          Para  acreditar  el  segundo requisito, esto es que la agresión sea  injusta,  se  afirma  que  los  hoy occisos fueron amigos del procesado SANTIAGO  YATE,   con  quien  incluso  en  la  fecha  de  los  hechos  estuvieron  jugando  billarpool.  De  allí  que  el  procesado jamás podía esperar ser atacado por  Ever  y  Roel  Prieto  y  menos  por  Camilo Andrés Prieto, cuya traición hace  entonces injusta la agresión     

          La  sentencia  demandada  desconoce la verdad probatoria establecida  en  el  proceso  en cuanto se acreditó que Camilo Andrés actuó mandado por su  tío  Rafael cuando agredió al procesado, quien había tenido un enfrentamiento  con aquél desde el año de 1995.    

          La   agresión   fue  actual,  concomitante  con  la  respuesta  del  procesado  SANTIAGO  YATE,  quien  disparó  su  arma  contra  los hermanos  Prieto  Caicedo  repeliendo  el  ataque.  El agresor inicial, Camilo Andrés, no  recibió  disparo  alguno  pues  huyó  del  lugar una vez vio a su tío herido.  Además  de  actual  la  agresión  fue  real  y efectiva, razón por la cual el  Tribunal  al  dictar  la sentencia impugnada violó el artículo 29, numeral 4º  del decreto 100 de 1980.   

          El  procesado  YATE  se vio obligado a repeler la agresión, pues de  lo     contrario     habría     sido    “vilmente  asesinado”  por  sus  atacantes.  Además  tenía la  obligación  de defenderse con el arma que tuviese a la mano, pues era imposible  exigirle   que   se   proveyera   de   una  semejante  a  la  que  portaban  sus  agresores.   

          No  es  cierta  la afirmación contenida en la sentencia y según la  cual        el        procesado        se       encontraba       “envalentonado”  por  la  posesión  del  arma,  pues  cuando estuvieron departiendo licor con sus contertulios no cargaba  el revólver consigo.   

          Se  opone igualmente a la afirmación del fallador según la cual la  herida  causada  al procesado no fue de gravedad y que la misma no se produjo en  el  lugar  de  los  hechos, conclusiones a las cuales se arribó por un error de  hecho  en  la  apreciación  de  la  prueba, al negarle todo valor probatorio al  documento  aportado  por  el  procesado en el curso de su indagatoria y que daba  razón    de   un   “sangrado   profuso”  en  la  lesión  que presentaba el día siguiente a los hechos,  documento  que  además  de  haber  sido expedido por funcionarios públicos del  sector  salud, no fue desconocido por los sujetos procesales, de donde no existe  duda  de  que la noche del 24 de diciembre de 1998, YATE RODRÍGUEZ fue herido y  atendido  al  día  siguiente  en  el  puesto  de  salud  de  Santa  Rita  Aipe,  Huila.   

          El  Tribunal  no  aplicó el principio de presunción de inocencia a  favor  del  procesado, sino que lo consideró culpable desde el mismo momento de  la  indagatoria, incurriéndose así en las causales de nulidad previstas en los  numerales  2º  y  3º  del  artículo 304 del anterior Código de Procedimiento  Penal,  pues  existen  comprobadas  irregularidades  sustanciales que afectan el  debido   proceso,   amén   de   que   se  violó  el  derecho  de  defensa  del  procesado.   

          Sobre  la  trayectoria  de  los  proyectiles  en  el  cuerpo  de las  víctimas,  con  base en las cuales el fallador concluyó que el procesado no se  hallaba  en  el  suelo  cuando  disparó,  dice  que  de  todas  maneras ello no  desvirtúa la versión de su defendido.   

          También  hubo  una  errónea  apreciación de la confesión vertida  por   el   implicado  al  “confundir  los  elementos  estructurales  de  esta  prueba, con los que debe entenderse con (sic) captura y  con  la  flagrancia”  destacando  que  SANTIAGO YATE  RODRÍGUEZ  fue  visto  cometer  los  homicidios  por  varias personas que luego  declararon  en el proceso, reflexión que no se compadece con el concepto que de  la  flagrancia  traía  el  artículo  370 del anterior Código de Procedimiento  Penal.   

          En  el  presente  caso  el  procesado se presentó voluntariamente a  rendir  indagatoria,  informando  detalladamente  la  secuencia  de  los hechos,  circunstancia  que  le  significaba una rebaja de pena al negarse erradamente el  reconocimiento  de  la  causal  de justificación aducida, cuya existencia alega  insistentemente.   

          La   confesión   calificada  debió  ser  aceptada  porque  aparece  ampliamente  respaldada  con  certificados médicos y las declaraciones vertidas  por  Luis Carlos Yate Tovar, Placido Tapiero Barreto, Luz Astrid Prieto Méndez,  Manuel  Prieto, Mauricio Ducuara Prieto, María Sofía Preciado Palomar, quienes  dieron  razón  de la amistad existente entre el procesado y las víctimas, así  como  los  antecedentes  de  venganza  proyectada  y frustrada por Rafael Prieto  Caicedo.   

          SANTIAGO  YATE  no fue juzgado con observancia de las formas propias  del  juicio  y,  de  otra  parte,  las  pruebas  que  acreditaban  las  lesiones  personales recibidas no fueron tenidas en cuenta.   

          Finaliza  solicitando  que  se  case  la  sentencia y en su lugar se  dicte el fallo que deba reemplazarla.   

             

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          No  es  fácil  hacer  una  sinopsis  de  una demanda como la que se  examina,  precisamente  caracterizada  por  la  incoherencia en su elaboración.  Nótese,  a  manera de ejemplo, que el censor alega indiscriminadamente diversos  yerros  que  bien  podrían  ubicarse en disímiles causales de casación, cuyas  razones  entremezcla,  sin  orden  ni  lógica,  lo  cual  pone  en evidencia el  desconocimiento   de   la   técnica   que  rige  este  extraordinario  recurso.   

          Y  aunque  en  alguna parte del discurso el  libelista  aduce  supuestos errores en la apreciación  de  la prueba, no exhibe el concepto de la violación; es decir, no dice en qué  consiste  la  equivocación del sentenciador, si se trata de un error de hecho o  de  derecho.  Tampoco explica, dentro de la hipótesis del yerro de hecho, si se  incurrió  en  un  falso juicio de existencia, en un falso juicio de identidad o  en  un  falso raciocinio, según que se hayan desconocido pruebas que obraban en  el  plenario  o  se hayan supuesto otras que no se habían aducido legalmente al  proceso,  en  el  caso  de  la  primera  modalidad  (existencia);  o que se haya  distorsionado  manifiestamente el sentido fáctico de los medios de convicción,  en  la  segunda  modalidad  (identidad);  o que el juez se hubiese apartado  flagrantemente  de  las reglas de la experiencia, los principios de la ciencia o  los  dictados  de  la  lógica,  conformadores  del método legal de evaluación  probatoria  denominado  de  la  sana  crítica,  en  la tercera modalidad (falso  raciocinio).   Y  dentro  del eventual error de derecho, tampoco se explica  si  el  fallador  admitió  alguna  prueba  ilegalmente rituada (falso juicio de  legalidad).   

Es  que  ninguno  de  los asertos del censor  destacan  cosa  diversa  al simple rechazo de las consideraciones que dieron pie  al  Tribunal  para  adquirir la certeza necesaria en punto de la responsabilidad  penal  del procesado en el doble delito de homicidio cometido en las personas de  los   hermanos   Ever   y   Roel   Prieto  Caicedo,  pero  siempre  sin  mostrar  correspondencia  entre  lo afirmado y la existencia de una de las modalidades de  yerro   contemplados   en   la  causal  que  se  aduce  como  fundamento  de  la  censura.   

          Ahora,  si  bien  es  legalmente  viable  que  se  presenten  cargos  excluyentes,  ello  se  encuentra  supeditado a que se haga de manera separada y  subsidiaria,  a  voces  del  inciso  final  del  artículo  225  del  Código de  Procedimiento  Penal  vigente  a la sazón (hoy numeral 4º del artículo 212 de  la  ley  6000 de 2000); y si de por medio está uno por nulidad, su postulación  ha  de  ir como principal, pues en caso de llegar a prosperar, el estudio de los  demás  no  tendría  sentido  frente  a la invalidación del fallo o de todo el  juicio,  aspectos  todos  que  desconoce  el  demandante pues al tiempo que hace  criticas  alrededor  de  la  prueba alega que el proceso se encuentra viciado de  nulidad  por  violación  de  las  formas  propias  del  juicio y del derecho de  defensa,  aspectos  que  además  no  intenta  demostrar  en forma alguna.    

          Los  reproches  así  presentados,  dejan  en evidencia una indebida  pretensión  de  continuar  en casación, a partir de apreciaciones personales y  subjetivas  del  demandante, el debate probatorio agotado en las instancias, con  el  inocultable  propósito  de buscar una revisión ex  novo  de  la actividad probatoria, de imposible recibo  porque  los  fallos  de segundo grado al estar amparados de la doble presunción  de  acierto  y  legalidad, sólo pueden derruirse a partir de sus propios yerros  pero  no  de  una  propuesta de apreciación alternativa como la ensayada por el  demandante.   

Ante  los  insalvables  defectos  de  orden  técnico  y  de  fundamentación  que  la Corte no puede enmendar por virtud del  principio  de  limitación  que  gobierna  la casación, como ya se anunció, se  inadmitirá la demanda y se declarará desierto el recurso.   

          En  mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

         

         R E S U E L V E:   

         INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   procesado  SANTIAGO  YATE RODRÍGUEZ,  y en consecuencia DECLARAR DESIERTO el recurso, por lo anotado en  la   motivación   de   este   proveído.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

          Cópiese,  notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen.   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS      A.      GÁLVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

MARINA        PULIDO        DE  BARON                        YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

         

         

           

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