17640(11-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 17640  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 40  

Bogotá, D.C., once (11) de abril de dos mil  dos (2002).   

VISTOS  

          Se  pronuncia la Sala sobre la procedencia de admitir la demanda de  casación  presentada por el defensor del señor JAIME  VILLAMIZAR     JAIMES.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En  la  madrugada  del  20  de  enero  de 1997, 5 individuos que se  hicieron  pasar  por  integrantes de una organización subversiva llegaron a una  finca  situada  en  zona  rural del municipio de Floridablanca, Santander, en la  que  vivía  ISIDRO GUARGUATÍ con su familia, y se apoderaron de dinero y joyas  que  hallaron  en  la  casa.  También obligaron al padre a que se trasladara en  compañía  de  uno  de  sus  hijos a la cabecera municipal, mientras los demás  miembros  de la familia permanecieron privados de libertad, y retirara otra suma  de  una  cuenta  de  ahorros,  cumplido  lo cual los desconocidos abandonaron el  lugar  llevando  consigo  a  otro  de  los  hijos,  a  quien  liberaron a varios  kilómetros de distancia.   

          También  el  14  de  marzo  de  ese  año,  en  un restaurante del  municipio  de  Piedecuesta,  integrantes  de  la misma banda se apoderaron de un  automotor  de propiedad del señor JORGE TARAZONA BARAJAS, a quien dieron muerte  por oponer resistencia.   

          Finalmente,  el  9  de  abril siguiente, la banda asaltó un bus de  servicio  público también en Piedecuesta y hurtó los bienes de sus pasajeros.  Sin  embargo,  miembros del Ejército Nacional lograron la captura en flagrancia  de  JUAN  FRANCISCO  ANICHARICO  GARCÍA,  JULIO  CÉSAR  y  JESÚS ALFREDO RUIZ  PÉREZ,   JIMMY   ARGÜELLES  MARTÍNEZ,  JESÚS  EMILIO  MAESTRE  RODRÍGUEZ  y  JAIME  VILLAMIZAR  JAIMES.   

          Adelantadas  por  separado las correspondientes investigaciones, el  4  de  marzo  de  1998  un  fiscal  regional  de Cúcuta formuló resolución de  acusación  contra  JUAN  FRANCISCO  ANICHARICO  GARCÍA,  JESÚS  ALFREDO  RUIZ  PÉREZ,  JIMMY  ARGÜELLES  MARTÍNEZ y JESÚS EMILIO MAESTRE RODRÍGUEZ por los  delitos  de  secuestro  extorsivo  agravado,  porte  ilegal  de  armas  y  hurto  calificado  y  agravado  cometidos en la primera de las acciones delictivas. Por  la  segunda,  el  Fiscal 5º. Seccional de Bucaramanga convocó a juicio el 2 de  octubre  de  1997  a  JIMMY  ARGÜELLES,  JESÚS  EMILIO MAESTRE, JUAN FRANCISCO  ANICHARICO   y  JAIME  VILLAMIZAR  JAIMES  por  los  delitos  de  homicidio  agravado,  hurto  calificado  y  agravado  y porte ilegal de armas, providencia confirmada por un fiscal delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de la misma ciudad el 14 de noviembre de 1997. Por  los  hechos del 9 de abril, el fiscal 8º. Seccional de Bucaramanga acusó el 22  de    agosto    de    1997    a   JAIME   VILLAMIZAR  JAIMES,  JIMMY  ARGÜELLES,  JESÚS  EMILIO  MAESTRE,  JESÚS  ALFREDO  RUIZ  y  JUAN  FRANCISCO  ANICHARICO  por  los delitos de hurto  calificado  y  agravado  y  porte ilegal de armas, resolución confirmada por un  fiscal  delegado  ante  el  Tribunal  Superior el 6 de noviembre del mismo año.   

          Declarada  la  nulidad parcial en uno de los procesos con relación  a  ANICHARICO  GARCÍA  y  rota  también  la  unidad  procesal  porque  algunos  sindicados  se  acogieron a sentencia anticipada respecto de algunos hechos, las  causas  fueron  acumuladas por un juzgado regional de Cúcuta que posteriormente  remitió  la  actuación  a  los  juzgados penales del circuito especializado de  Bucaramanga.  Mediante  sentencia  del  18  de  enero  de  2000, el juzgado 2º.  condenó  a  los  5  procesados  a  penas  que  oscilan  entre  37 y 60 años de  prisión.  Específicamente, a JAIME VILLAMIZAR JAIMES  le  fue impuesta una pena de 45 años de prisión por  los  delitos  de  homicidio agravado, hurto calificado y agravado y porte ilegal  de  armas  por  los hechos ocurridos los días 14 de marzo y 9 de abril de 1997.  Esta  providencia  fue  confirmada  por  el  Tribunal Superior de Bucaramanga en  sentencia  del  5  de  mayo  de  2000,  contra  la  cual el apoderado del señor  VILLAMIZAR   presentó  demanda de casación.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  de  la causal 3ª. de casación, el defensor del señor  VILLAMIZAR  JAIMES acusa la  sentencia  en  un  cargo único porque se dictó en un juicio viciado de nulidad  por las siguientes causas:   

          1.  El  procesado  no  tuvo  defensa  desde el 13 de marzo de 1999,  fecha  en  que  su  abogado renunció al poder por carecer de medios económicos  para  trasladarse  desde  Bucaramanga  hasta  Cúcuta.  Durante ese tiempo no se  practicaron  importantes  pruebas  solicitadas,  no  se presentaron los alegatos  previos  a  la  sentencia  y  no se insistió en la celebración de la audiencia  pública  que  en  virtud de la expedición de la Ley 504 de 1999 ya era posible  realizar.  Afirma  que  desde  el  24  de  septiembre  de  1999 solicitó que se  declarara la nulidad.   

          2.  Cuando  empezó  a  regir  la  Ley  504  de  1999 el proceso se  encontraba  en  la  etapa  del  juicio,  de  manera que la no celebración de la  audiencia  pública  restablecida  por  esa  ley  dio  lugar a que se violara el  debido   proceso   consagrado   en   el   artículo   29   de  la  Constitución  Política.    

          3.  Con  el argumento de no haberse encontrado su dirección, no se  practicó  el  reconocimiento de la compañera del occiso, importante prueba que  solicitó  el  defensor.  También  pidió  que  se  escuchara en declaración a  SANTIAGO  RODRÍGUEZ,  a  quien se señala en un informe como el verdadero autor  del  homicidio  y,  sin  embargo, nada hizo el aparato judicial por descubrirlo,  contentándose  con  afirmar  que  como  el  proceso  se hallaba en la etapa del  juicio  ya  no  era posible vincular a otras personas. Si en realidad se hubiera  probado   que   él   cometió   el  ilícito,  personas  inocentes  no  serían  condenadas.   

          4.  El  juez  especializado carecía de competencia para conocer de  las  causas  acumuladas,  porque  de acuerdo con un fallo de la Corte Suprema de  Justicia  del  4  de  junio  de  1986,  que  aportó al proceso y analizó en el  memorial  de  apelación  de la sentencia de segunda instancia, cuando no existe  intención  de  secuestrar  no  hay  secuestro  extorsivo  y,  por  lo tanto, la  competencia  radica  en la justicia ordinaria. En consecuencia, el proceso está  viciado    de    nulidad    porque    la    sentencia   se   dictó   por   juez  incompetente.   

          5.  Los  falladores no quisieron pronunciarse antes de la sentencia  sobre  las  nulidades invocadas por el defensor y por uno de los procesados sino  que  lo hicieron en el fallo, con menoscabo de la plenitud de las formas propias  del  juicio y violación del derecho de defensa, erigida en causal de nulidad en  el artículo 304-3 del Código de Procedimiento Penal.   

Invoca  como  violado el artículo 29 de la  Carta  y,  después  de pedir que la Sala haga uso de la facultad prevista en el  artículo  228  del  estatuto  procesal,  solicita que se decrete la nulidad del  proceso a partir del cierre de investigación.   

CONSIDERACIONES  

         Colígese  de  la  reseña  que  acaba de hacerse que la demanda no  reúne  las  exigencias  mínimas que para su admisión establecía el artículo  225  del  anterior  Código de Procedimiento Penal, 212 del actual, a las que de  manera  reiterada  se  ha  referido  la  Corporación  para precisar su sentido.   

Así, por ejemplo, en auto del 29 de agosto  de  2000,  al  detallar los requisitos de la demanda cuando se acude a la causal  3ª.  de  casación,  se señaló entre otros muchos que en el escrito se debía  “precisar de qué manera  la  irregularidad  procesal  denunciada  ha  repercutido  definitivamente  en la  afectación  del  trámite  surtido  que  ha  culminado con la expedición de la  sentencia  impugnada”; que  era  necesario  “señalar  desde  qué  momento  procesal se pide la declaración de nulidad, indicando los  motivos     por     los     cuales     alude     a     tal     punto”;        que       “si    se    refiere    a    varias  irregularidades  con capacidad anulatoria, (debe) seleccionar la más importante  y  ordenar las demás, teniendo en cuenta la mayor o menor cobertura de cada una  de  ellas,  es  decir,  el  alcance de las infracciones. Como cada hipótesis de  nulidad  tiene  su  propia  trascendencia  en el trámite procesal, lógicamente  aquella  con mayor capacidad de regresar el proceso al punto más lejano goza de  prioridad   frente   a   las   demás”;      que      también     era     indispensable     “separar  los  reproches,  cuando  se  acude   a   pluralidad   de  infracciones.  Así,  por  ejemplo,  si  se  afirma  desconocimiento  del  derecho  de  defensa  y del principio de la investigación  integral,  es  menester  realizar  el planteamiento con autonomía en cada caso,  con  una  nítida  propuesta  principal  y  otra a título subsidiario, pues las  consecuencias  que  dimanan  de  la  eventual  existencia de una de ellas pueden  afectar  de  manera  diferente  y  desde  distinta  oportunidad  el trámite del  proceso  (Cfr.,  por  ejemplo,  Casaciones  del  10  de marzo de 1994, M. P. Dr.  Ricardo  Calvete  Rangel,  y  del  14  de  septiembre  de 1999, M. P. Dr. Carlos  Eduardo   Mejía  Escobar).  Como  corolario  obvio,  no  es  posible  instaurar  simultáneamente,  de  manera  mezclada o fusionada, dos o más cargos dentro de  uno   mismo,   por   razones  diversas”.   

          Para  señalar  sólo  los más protuberantes defectos, adviértase  cómo  el  actor, después de transcribir en su integridad el artículo 29 de la  Constitución  Política  que  estima transgredido, plantea dentro de un mismo y  único  cargo  la  violación  del  derecho  de  defensa  porque  el abogado del  procesado  no  residía  en  la  ciudad  donde  se  adelantaba  el  proceso,  la  vulneración  del  debido  proceso  porque  no se realizó audiencia pública de  juzgamiento,  la  omisión  en  la práctica de pruebas, la falta de competencia  del  fallador  A  quo y el  desconocimiento  de  los  derechos  de  defensa y al debido proceso porque no se  decidieron  antes  de  la  sentencia  las nulidades propuestas y concluye con la  petición   de   que   se   invalide  la  actuación  a  partir  del  cierre  de  investigación.   

          Una   tal   formulación   no   sólo   desconoce  abiertamente  lo  preceptuado  por el numeral 4º. del citado artículo 225 que manda sustentar en  capítulos  separados las varias censuras que se hagan, sino que impide realizar  el  adecuado  estudio  de  la  demanda  porque obliga a la Sala a seleccionar el  segmento  de la disposición constitucional que hubiese podido lesionar cada una  de  las  irregularidades  sustanciales, precisar a cuál de las tres causales de  nulidad  corresponde  cada  una de ellas, determinar por qué la actuación debe  retrotraerse  hasta  el  momento  procesal  que  señala  el demandante, en fin,  suplir  sus deficiencias, actividad que le está vedada a la Corte en virtud del  principio de limitación que rige este recurso.   

          Aun  admitiendo,  forzadamente desde luego, que la presentación de  cada  irregularidad  bajo  un  título  diferente  cumplía  la  exigencia de la  formulación  independiente de los diversos cargos, no atendió el demandante el  principio  de  prioridad  que  le  imponía  establecer  un orden racional en la  exposición  de  las  infracciones  de acuerdo con la mayor capacidad anulatoria  que  podrían  tener.  Así,  la  no  celebración  de la audiencia pública fue  reprochada  antes que el desconocimiento de las pruebas y ambas precedieron a la  incompetencia  del  A  quo,  sin  reparar  por ejemplo que la prosperidad de la primera daría lugar a que se  realizara  la  diligencia,  pero  presidida por un juez no apto para conocer del  asunto.   

          Evidente  desatino  se  revela  también  en la petición única de  anular   el  proceso  a  partir  de  la  resolución  que  declaró  cerrada  la  investigación,  no  tanto  porque  cada  irregularidad  habría  de  subsanarse  devolviendo  la  actuación  a un momento anterior o posterior al señalado, que  por  sí sola sería razón que conduciría a la inadmisión de la demanda, sino  porque   olvidó   el   casacionista  que  este  proceso  contiene  tres  causas  acumuladas,  en  cada  una de las cuales existe una decisión semejante a la que  pide  dejar  sin  efecto,  de  manera  que  debía  precisar a cuál de ellas se  refería.  Obviamente  no  podría  ser  a  todas, por una muy simple razón: el  señor  VILLAMIZAR  JAIMES,  en  cuyo  favor  presentó  la  demanda,  sólo aparece vinculado en dos de esos  procesos,  por lo que carecería de interés para formular cualquier pretensión  respecto del tercero.   

          Suficientes  estas  razones  para concluir que la demanda no cumple  los   requisitos   mínimos  exigidos  por  el  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal  vigente  para  la  fecha  en  que  fue  presentada -con la  subrogación  hecha  por  el  8°  de la Ley 553 de 2000, bajo cuya vigencia fue  proferida   la  sentencia  impugnada-,  la  Sala  dispondrá  su  inadmisión  y  declarará desierto el recurso.   

          Esta   decisión   implica   que  la  Sala  no  pueda  atender  las  solicitudes  de  redosificación  de  pena  formuladas  durante  el trámite del  recurso  por  el  defensor  y algunos procesados, peticiones que en consecuencia  deberán  ser  decididas  por  el  juez  de  ejecución  de  penas  y medidas de  seguridad.   

          Y   tampoco  puede  acceder  a  la  petición  del  defensor  sobre  aplicación  del  artículo 228 del Código de Procedimiento Penal anterior pues  que  ella  implica  la  presencia  de una demanda correcta y la presentada no lo  es.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

        1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación   presentada   por  el  defensor  de  JAIME  VILLAMIZAR   JAIMES.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  y  se  ordena  devolver  el  expediente  al  Tribunal  de  origen.   

2. Abstenerse de resolver las peticiones de  redosificación   de   pena   formuladas   por   el   defensor   y  por  algunos  procesados.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Cúmplase  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                         

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                       

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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