16989(09-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No 16989  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

                                     Aprobado Acta Nro. 39   

          Bogotá D. C., nueve de abril de dos mil dos.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca de la admisibilidad de la demanda de  casación   formulada   por   el   defensor   del  procesado   LUIS   ENRIQUE  CRIOLLO  RICO,  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá el 12 de marzo de 1999  que  confirmó,  con  aclaraciones,  la  dictada  por  el Juez Segundo Penal del  Circuito  de  la  misma ciudad, mediante la cual condenó al procesado a la pena  principal  de  300  meses  de  prisión  al  hallarlo  responsable del delito de  homicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Hacia  las 8:30 de la noche del 23 de noviembre de 1996 en el Barrio  Rincón  de Suba de esta ciudad, después de sostener una discusión por el pago  de  una  suma  de  dinero en horas de la tarde, LUIS ENRIQUE CRIOLLO RICO hirió  con  arma  cortopunzante  a  José  Polidoro Pérez Frayle, a consecuencia de lo  cual falleció.   

          La  Fiscalía  Doce Seccional de la Unidad de Reacción Inmediata de  Usaquén   asumió   la  investigación  ordenando  la  captura  del  procesado.  Posteriormente  el  proceso pasó a la Fiscalía 54 Delegada de la Unidad Quinta  de  Delitos contra la Vida, quien por resolución del 10 de junio de 1997 acusó  formalmente  a  LUIS  ENRIQUE CRIOLLO RICO como presunto responsable del delito de homicidio.   

          El  conocimiento del juicio estuvo a cargo del Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  despacho  que  mediante  sentencia fechada el 16 de  septiembre  de  1998  condenó  al procesado a la pena principal de 300 meses de  prisión  por  el cargo en relación con el cual se le acusó, decisión que fue  confirmada en su integridad en el fallo ahora impugnado.   

LA DEMANDA  

         

          El   actor   ofrece   dos   cargos   en   contra   de  la  sentencia  recurrida,  los cuales desarrolla del siguiente modo:   

         

Primer cargo  

          Acusa  la  sentencia de ser violatoria de la ley por error de hecho,  “consistente  en un falso  juicio,  al  valorar  testimonios  de  testigos  no  presenciales,  con  los que  condenó       al       encartado”.   

          Tras  citar  in  extenso  los  argumentos del Tribunal para negar al  procesado  la  causal de justificación prevista en el numeral 4º del artículo  29  del  decreto  100  de  1980,  señala  que el error del juzgador se concreta  cuando dice que:   

         “El   argumento  en  que  fincan  los  recurrentes  la  legítima  defensa sería de recibo, si no fuera porque observa  la  Sala,  que  la  misma  comienza  a desvirtuarse, cuando por vía de ejemplo,  PEDRO  ALFONSO  no  obstante  ser  amigo y socio de LUIS CRIOLLO (razón de más  para  tratar  de  favorecerlo),  jamás menciona que POLIDORO llevara consigo la  navaja  que  MARIA  ADELA  manifiesta  llevaba  dentro de su chapuza en cintura,  navaja  que  entre  otras  cosas,  para MARGARITA MANCIPE, ubicada en las mismas  circunstancias  de  visibilidad  dentro  de  la  tienda,  no  es navaja sino una  especie   de   cuchillo   o   puñaleta,   la   que  no  estaba  dentro  de  una  chapuza…”            

                     Esto ocurre,  agrega,  porque  la  Fiscalía  no  le  preguntó al testigo Pedro Alfonso Páez  Castañeda,  si  el sábado 23 de noviembre de 1996, Polidoro Pérez llegó a la  tienda  armado  o  no, de donde mal podía contestar algo sobre lo cual no se le  interrogó.  Además  debe  tenerse  en cuenta que a éste testigo tampoco se le  preguntó   sobre   su  grado  de  instrucción  para  establecer  su  capacidad  intelectual  y  así  concluir  que  de las preguntas que se le hicieron podría  esperarse  respuestas  más  amplias  y  explícitas.  Así mismo, el testigo en  cuestión  manifestó  que  él  estaba  tomando cuando llegó el procesado a su  casa,  “por lo que se puede  establecer  que  probablemente  su  capacidad  de  percepción  era muy limitada  debido     al    alcohol    ingerido”.   

Con  base en tales razonamientos, solicita a  la     Corte     que     le     reste    a    este    testimonio    “el  valor desbordado y supuesto que le  ha   dado   el   Honorable   Tribunal”.  Además,  debe tenerse en cuenta que la  defensa  solicitó la ampliación del mismo, porque no se tuvo la oportunidad de  contrainterrogarlo,  ya que la misma se recepcionó antes de la indagatoria, sin  embargo su petición no fue escuchada en el proceso.   

A continuación se refiere a los testimonios  de   Margot   Mancipe   y  Adela  Muñoz,  quienes  además  de  referir  que  en  la  tarde  de  los  hechos  Polidoro   portaba   arma  cortopunzante,  dicen  haberlo  visito discutir con LUIS. En ningún momento sus  dichos  buscaron favorecer al procesado. La circunstancia de que no hayan podido  describir  el arma se debe al tiempo que transcurrió entre el momento del hecho  a la fecha de la audiencia, esto es más de un año.   

Tampoco se precisó en la investigación qué  hizo  Polidoro después de que  salió  de la casa de Alfonso, pues solamente se sabe que aquella tarde ingirió  aguardiente    desde   tempranas   horas   y   que   tenía   muchos   problemas  económicos.   

Solicita  que se tenga en cuenta que Alfonso  Páez,   Adela,   Margot,   Mancipe  y  Jimmy  Pérez  no  fueron  testigos  presenciales de los hechos.   

Aunque  el procesado LUIS CRIOLLO manifestó  en  su indagatoria que en el momento del hecho se encontraba sólo con Polidoro,  eso    no    quiere    decir   que   “alguien       haya       podido       estar       viendo”  y  con  el  testimonio  de  Adela  Muñoz  se  prueba que diagonal a la casa de Páez  vive  Omar  Vargas,  testigo presencial de los acontecimientos y de  vital importancia por conocer a los protagonistas del insuceso.   

Con lo dicho por este último testigo quedan  sin  piso  tanto  los  argumentos  de  la  Fiscalía  como  de los juzgadores de  instancia  en  cuanto  a  que  el  occiso no estaba armado y que el procesado no  actuó  ante un peligro actual o inminente, pues vio todo lo contrario según el  relato que del mismo hace.   

La  norma  violada  es  el  artículo 29 del  Código  Penal  de  1980.  De  otro  lado,  debe  aplicarse el artículo 445 del  Código  de Procedimiento Penal derogado, pues en el proceso se plantearon dudas  que no fueron despejadas con las pruebas solicitadas y negadas.   

Segundo cargo  

Acusa  la  sentencia se ser violatoria de la  ley    de    manera    indirecta,    “al  no dar valor probatorio a los testimonios de Omar Vargas, Miguel  Porras,  Adela  Muñoz y Margot Mancipe”.   

Tras citar textualmente las razones aducidas  por  el  Tribunal  para  negar  credibilidad  a los testimonios de Omar Vargas y  Miquel   Porras,   pide   a   la  Corte  entender  que  cuando  se  suscita  una  confrontación  como  aquella  en  que  se  desarrollaron los hechos donde ambos  contrincantes  estaban  embriagados,  los  involucrados  no  pueden darse cuenta  quién los está viendo.   

En   el   proceso   está  acreditado  que  Omar  Vargas vive frente a la  casa  de  Páez  y  desde su  ventana  obervó  el  desarrollo de los acontecimientos, razón por la cual pudo  precisar  el  destello  que producía el arma cortopunzante que esgrimía el hoy  occiso.  En  cambio  el  formón  que  portaba  el procesado no lo pudo observar  “porque es una herramienta  de   trabajo   y   de  acero  oxidable”.  mientras  que  la  que  portaba  la  víctima  por  ser  de acero  inoxidable produce destellos.   

Cuando  el  procesado  rindió  su  primera  versión   no   sabía   qué   personas   habían  visto  los  acontecimientos.   

El  testigo  Miguel  Porras  se  encontraba  ocasionalmente  en  el  lugar de los hechos esperando a una amiga, razón por la  cual  vio  como  se desarrollaron los acontecimientos, por tanto su descripción  de los protagonistas es acertada.   

Agrega que en la etapa del juicio la defensa  insistió  para  que  los  anteriores  testigos  comparecieran  a  la audiencia,  “a fin de que el juzgador  pudiera  con  su  presencia  conocer la verdad real de tales sucesos”   

          Con  el  cargo  aquí propuesto considera que se violaron normas del  estatuto procesal penal, tales como los artículos 246, 247 y 249.   

          Solicita en consecuencia que se case la sentencia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          A  simple  vista  se  observa que las censuras contienen una abierta  discrepancia  del  actor  con  la ponderación probatoria hecha por el Tribunal,  pero  en  manera  alguna se alude a errores de hecho o de derecho relevantes que  hayan  conducido a una decisión ilegal, tampoco a las modalidades de los mismos  (falso   juicio   de   existencia,  falso  juicio  de  identidad,   falso   raciocinio   o   falso   juicio   de  legalidad),  ni mucho menos se ensaya un juicio sobre la violación de la ley  sustancial   cuya   identidad   y   sentido   igualmente   están  ausentes  del  libelo.   

         

          Así,  en  el primer cargo el censor ensaya una valoración distinta  de  los  testimonios  rendidos  por Pedro Alfonso Páez  Castañeda,  Margot  Mancipe  y  Adela Muñoz,  pero ni siquiera pone de presente el examen crítico que de dichas  pruebas  hizo  el Tribunal, dejando a la Corte sin saber si su inconformidad con  el  análisis probatorio del fallo se debe a que el sentenciador distorsionó el  contenido  material  de  las  pruebas,  poniéndolas a decir lo que éstas en su  genuino  sentido  no indican (error de hecho por falso juicio de identidad) o si  eventualmente  hubo  algún  atentado  contra  las  reglas  de  la  lógica y la  experiencia  común  y  científica (falso raciocinio), limitándose en cambio a  destacar  en relación con el primero que su interrogatorio fue deficiente y que  la  defensa  no  tuvo  oportunidad de contrainterrogarlo, y en relación con las  segundas  a  esgrimir una razón por la cual supuestamente no pudieron describir  el   arma   que  según  ellas  portaba  en  la  fecha  de  los  hechos  el  hoy  occiso.   

         De  otro  lado,  el  discurso  se centra en reclamar credibilidad al  testimonio  de  Omar  Vargas,  Miguel   Porras,   Adela   Muñoz  y  Margot  Mancipe  con    el    cual    pretende   dejar   “sin         validez”  los  argumentos de la Fiscalía y de  los  juzgadores de instancia, poniéndose en evidencia que el demandante intenta  sobreponer  su  personal  criterio  en  relación  con las pruebas, en posición  inadmisible  en  esta  sede por la libertad relativa de que gozan los juzgadores  para  estimar el mérito persuasivo de los medios, limitada sólo por las reglas  de  la  sana crítica cuya transgresión no solamente omite enunciar sino que no  se desentraña del libelo.   

          La  Corte  no  puede  propiciar un nuevo  debate   sobre   las  pruebas,  pues,  si  no  se  han  demostrado  los  errores  trascendentes   de   la   sentencia,  las  conclusiones  del  Tribunal  devienen  prevalentes  por  la  doble presunción de acierto y legalidad que acompaña sus  fallos.   

          Como  la  demanda  carece  de  razones  suficientes para provocar la  apertura de la casación, se rechazará de una vez.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          INADMITIR   la  demanda  de casación presentada a nombre del procesado  LUIS      ENRIQUE     CRIOLLO     RICO,  y  en consecuencia DECLARAR DESIERTO el  recurso,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud de lo dispuesto en los artículos 226 y 197 del Decreto 2700 de 1991,  aplicable al caso.   

          Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS      A.      GÁLVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR                         NILSON PINILLA PINILLA   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

         

         

    

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