17643(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17643  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 73  

Bogotá,  D.  C.,  nueve (9) de julio de  dos mil dos (2002).   

V I S T O S  

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de los procesados TARQUINO     GUTIÉRREZ    RAMÍREZ    y  YESID   JAVELA   RAMÍREZ  .   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. El   juzgador   de   segunda   instancia   sintetizó   los   hechos  así:     

“En la tarde del 28  de  junio  de  1992  después  de  departir  en la tienda de Ulises Morales, los  hermanos  Jeremías  y  Baudelino Aragonés Cardozo y el hijo de éste, Audelino  Aragonés  Ramírez,  cruzaron  el río Venado para llegar a la Vereda Los Ríos  en  el  municipio  de  Colombia  (Huila),  a  la  tienda de Alba Luz Aragonés y  Leonidas  Javela,  donde un buen número de vecinos se había reunido a mercar y  beber  en la víspera de San Pedro. Allí se encontraban también Yesid Javela y  su  hermano  Tarquino  Ramírez  con quienes los primeros se trenzaron en riña,  resultando  lesionado  Jeremías  Aragonés,  a  manos de Yesid Javela, y muerto  Baudelino     Aragonés     por     disparos    que    le    hiciera    Tarquino  Ramírez.”   

2. El Juzgado 2° Penal del Circuito de Neiva,  mediante   sentencia  del  28  de  febrero  de  2000,  condenó  a  TARQUINO  GUTIÉRREZ  RAMÍREZ  a  la pena  principal  de  diez  años  de  prisión, como autor del delito de homicidio y a  YESID  JAVELA  RAMÍREZ a la  pena  de  dos  años  de prisión, como autor del delito de lesiones personales.   

3.  Inconforme  con la anterior decisión, el  defensor  de  los  procesados,  a  quienes  se  les  declaró personas ausentes,  interpuso  recurso  de  apelación,  el  cual  al  ser  desatado por el Tribunal  Superior  de  Neiva,  el  18  de  mayo  de  2000, la confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El defensor del procesado, luego de referirse  a  los  hechos  y  a  la actuación procesal surtida, en el capítulo que llamó  “CARGO  ÚNICO”,  asevera  que  impugna  la  decisión,  al  ser  violatoria  indirectamente  de  la  ley sustancial por error de hecho debido a la violación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  y de la evaluación racional del acervo  probatorio,  circunstancia  que  condujo  a que no se tuviera como demostrada la  causal de justificación de la legítima defensa.   

Sostiene  que  la sentencia se apartó de las  “reglas  de  la  experiencia,  de  la  lógica  y  de  la  ciencia” logrando  distorsionar  su “contenido y valor”, lo que llevó a la errada declaración  de responsabilidad.   

Seguidamente afirma que el declarante Rodolfo  Díaz  Plazas,  yerno  del  occiso,  sostuvo  bajo la gravedad del juramento que  éste  y Jeremías Aragonés, quien resultó lesionado, fueron los que iniciaron  la  “provocación” de palabra y de hecho, pues dispararon previamente contra  la  casa  de  Leonidas  Javela,  hecho que se corrobora con las declaraciones de  Rubén  Darío  Esquivel  Leal, Flaminio Castañeda Urriago y Diógenes Ramírez  Aragonés,  las  que  no  fueron  tenidas  en  cuenta por el juzgador de segundo  grado,  ya  que  comparadas  con  las vertidas por los esposos Leonidas Javela y  Alba  Luz  Aragonés  de  Javela,  se llega a la conclusión de que los hermanos  Baudelino y Jeremías fueron los provocadores de los hechos.   

Critica  al Tribunal por cuanto considera que  los  jueces  deben  fundamentar  sus  decisiones en las pruebas existentes en el  proceso  y  no  en  el  “capricho”,  tal  como  lo  ha  reprobado  la  Corte  Constitucional   en   la   sentencia   T-327   de   1994,  la  que  cita  en  un  aparte.   

De  lo  anterior  colige:  “Por  manera que  encontrándose  demostrado  probatoriamente  que  los hermanos Aragonés Cardozo  fueron  los  provocadores de los hechos …, necesario resulta concluir, que los  procesados  actuaron  al  amparo  de la causal de justificación de la legítima  defensa de la vida y la integridad personal.”.   

Se  desconoció  por  parte del sentenciador,  asevera  el  libelista, que el occiso, Baudelino Aragonés, momentos antes de su  deceso,   alcanzó  a  ocasionar  heridas  a  Tarquino  Gutiérrez  Ramírez,  pues se encontraba enfurecido y  armado  de  machete, poniendo en serio peligro su vida e integridad física, por  lo  que  no  considera  correcto  que  se  estudie  la proporcionalidad del arma  cortante  frente  al  arma  de  fuego, como lo hizo el sentenciador, ya que para  ello  se  deben  tener en cuenta los hechos concretos y no al análisis desde la  “poltrona del Juzgador”.   

Concluye  asegurando  que se incurrió en una  flagrante  violación  de las reglas de la sana crítica, por lo que pide que se  case la sentencia y se absuelva a los condenados.   

LA      CORTE  CONSIDERA   

La  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  de los acusados, no reúne los requisitos de claridad y precisión que  estatuía  el  numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991, subrogado  por el artículo 8° de la Ley 553 de 2000, vigente para la época.   

En  efecto,  no  distingue el censor entre un  alegato  de  instancia  y una demanda de casación, en la que no se puede hacer,  de  manera  libre,  cualquier  cuestionamiento  a  una  sentencia que por ser la  culminación  de  todo  un  proceso,  viene amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  sino  que debe ser un escrito lógico y sistemático que  busca  restaurar  la  legalidad  del  fallo,  por  lo  cual  sólo es procedente  denunciar  los  errores  cometidos  por  el  fallador,  al tenor de las causales  expresa  y  taxativamente  señaladas  en  la  ley, demostrarlos y evidenciar su  trascendencia.   

El casacionista no respetó estos parámetros,  destacándose entre los desatinos en que incurre, los siguientes.   

1.  No  dice  cuál  fue  la norma sustancial  indirectamente  infringida, ni su sentido, esto es, si fue quebrantada por falta  de aplicación o aplicación indebida.   

2.-  Aunque denuncia que el sentenciador  incurrió  en  error de hecho en la apreciación probatoria, no indica cuál fue  el  falso juicio que lo determinó. Sin embargo, del enunciado y del discurso se  deduce  que  se  refiere al falso raciocinio, pues manifiesta que al evaluar los  elementos  de  convicción  se  infringieron los postulados de la sana crítica.  Sin  embargo, no lo desarrolla, pues no explica cuáles fueron los principios de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o las reglas de la experiencia común  quebrantados,  de  qué  manera lo fueron y cómo ese desatino llevó a declarar  una  verdad  fáctica  distinta  de  la  que  revela  el  proceso,  limitando la  disertación  a  oponer  sus  conclusiones  probatorias  a  las del Tribunal, al  estilo  de  un  alegato  de instancia, con la pretensión de que se reconozca la  legitima  defensa,  sin  percatarse  que  las  del  sentenciador prevalecen, por  llegar  la  sentencia a esta sede amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad.   

3. En forma incoherente se desvía al error de  hecho  por  falso juicio de existencia, cuando reclama, por la no consideración  de   los   testimonios   de   Leonidas   Javela   y   Alba   Luz   Aragonés  de  Javela.   

Frente a los anotados desatinos de la demanda,  se  impone  su inadmisión, de acuerdo con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto  2700 de 1991, subrogado por el 9° de la ley 553 de 2000, que rige para  este  caso,  pues la Corte, en acatamiento al principio de limitación, no puede  corregirlos.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

      

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de    casación   presentada   a   nombre   de   los   procesados   TARQUINO     GUTIÉRREZ    RAMÍREZ    y  YESID  JAVELA  RAMÍREZ.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso,  conforme  a lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la Ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P. (Decreto 2700 de 1991, aplicable a  este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                    

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

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