17487(21-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17487  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro. 54  

          Bogotá,   D.C.,   veintiuno   (21)   de   mayo   de   dos  mil  dos  (2002).   

          Examina  la  Sala  la demanda de casación presentada en defensa del  procesado   HERMES   ALFONSO  JARAMILLO  ABELLO   contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior  de  Villavicencio,  con  el  fin de establecer si reúne los requisitos formales  para ser admitida.   

HECHOS  

          De  los  fallos de instancia se sabe que en la noche del 4 de agosto  de     1996,    en    la    finca    “Rompecadena”,  ubicada  en  la  inspección  de Altamira del municipio de Puerto López (Meta),  tras  concluir  la  jornada  de  trabajo  se  presentó  una discusión entre el  maquinista  Edilberto Baquero y los trabajadores HERMES  ALFONSO     JARAMILLO    ABELLO    y    MARCO  FIDEL CEDIEL ABELLO, con ocasión de  los improperios lanzados por estos últimos en contra del primero.   

           La   disputa   verbal   degeneró   en  enfrentamiento  armado,  pues  cuando  Baquero  provisto  de una hoja de resorte  pretendió  obtener respeto de quienes lo ofendieron, los dos obreros citados le  propinaron las heridas de machete que determinaron su deceso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.    La   Fiscalía  Seccional  de  Puerto  López  abrió  la  investigación  con  fundamento  en  los  resultados de las diligencias previas,  dispuso  la  captura  de  los  imputados HERMES ALFONSO  JARAMILLO   ABELLO  y  MARCO  FIDEL   CEDIEL   ABELLO,  y  una  vez  escuchados  en  indagatoria  les resolvió su situación jurídica en providencia del 6 de junio  de   1997,   afectándolos   con   detención   preventiva   por  el  delito  de  homicidio.   

          El  instructor  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario con  resolución  de  fecha septiembre 25 del mismo año, en la que elevó acusación  en  detrimento  de  los  sindicados como coautores del homicidio endilgado en la  medida  de  aseguramiento,  con  las  circunstancias agravantes previstas en los  numerales  3º  y  7º  del  artículo  66  de  la  codificación penal entonces  vigente,  providencia  confirmada  el 25 de noviembre siguiente por la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Villavicencio al resolver la apelación  incoada por el defensor.   

           3.    El  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Puerto  López celebró la audiencia pública y en fallo del 25 de  junio    de    1998    condenó    a    los     mencionados    JARAMILLO    ABELLO    y    CEDIEL   ABELLO,  en  consonancia  con  la  resolución  acusatoria,  a  la  pena  principal  de  veinticinco  (25) años de  prisión como autores del delito de homicidio.   

          El Tribunal Superior de Villavicencio se  pronunció  sobre  la inconformidad del apoderado de los procesados en sentencia  de  diciembre  13 de 1999, objeto de la impugnación extraordinaria, mediante la  cual  confirmó  la  dictada  por el a quo con la modificación en el sentido de  imponerles  el  pago  solidario  de  los  perjuicios  materiales causados con la  comisión del hecho punible.   

LA DEMANDA  

             En   defensa  del  procesado  JARAMILLO  ABELLO  el  demandante eleva un único cargo contra la  sentencia  del  Tribunal  con  apoyo  en  la causal primera de casación, cuerpo  segundo,   pues   acusa  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  de los artículos 323 del Código Penal y 247 del Código  de  Procedimiento  Penal (Decretos 100 de 1980 y 2700 de 1991, respectivamente),  y  exclusión  evidente  de  los  artículos  2º,  3º  y  445  del  Código de  Procedimiento  Penal,  29  numeral 4º del Código Penal, 11 numeral 1º y 28 de  la  Declaración  Universal  de  Derechos  Humanos,  14  numeral  2º  del Pacto  Internacional  de  derechos  civiles y políticos ratificado a través de la Ley  74  de  1968,  y del artículo 8º ordinal 2º de la Convención Americana sobre  Derechos Humanos, aprobada mediante la Ley 16 de 1972.   

          Afirma  que  el  quebranto  denunciado  se derivó de los errores de  hecho  cometidos  en  la apreciación de las pruebas que fundamentan la condena,  planteados y desarrollados en los siguientes términos:   

          1.      Falso     juicio     de     existencia     “al  suponer  obrante  en  el  proceso  prueba     de     hechos     que     en     realidad    no    cursan”,  desatino  que  el censor vincula al  análisis  de las declaraciones obtenidas de Oscar Javier Pérez Camacho y José  Evert  Ochoa Díaz, pues los falladores al colegir que los sindicados obraron en  coautoría  “trasplantaron  a    la    sentencia    las    pluralizaciones    que    hacen    los   testigos  presenciales”,  esto  es,  aceptaron  “sin crítica  alguna” las acusaciones de  haber  sido  ambos implicados los autores de las heridas causadas a la víctima,  pasando     por     alto     que    “constituye  una  costumbre  lingüística  en  la  región donde la  prueba  testimonial  fue recogida, de PLURALIZAR en sus afirmaciones”.   

          Censura  el mérito concedido a los deponentes Pérez Camacho y Ocha  Díaz  no  obstante  las  contradicciones  en las que incurren; como también la  credibilidad   pregonada   por  el  Tribunal  de  estas  versiones  “sin  efectuar la obligada aplicación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica”,  para  concluir a renglón seguido que aparece demostrado en autos  que   JARAMILLO  ABELLO  en  momento  alguno lanzó el agravio verbal que generó la reacción del occiso, de  manera  que  cuando  los juzgadores afirmaron tal hecho y dedujeron con sustento  en  él  la existencia de un ánimo de venganza como móvil del actuar ilícito,  incurrieron entonces en el falso juicio de existencia acusado.   

          En  contraste,  atesta  el  libelista, se encuentra probado en autos  que  la  respuesta  colérica  y provocadora de la víctima Baquero “fue  dirigida  en  plural”.   

          2.   Falso  juicio  de  identidad  al  distorsionar  la  prueba  haciéndole decir lo que ella no expresa.   

          En  la demostración del reparo transcribe apartes del testimonio de  Oscar  Javier  Pérez Camacho para asegurar que aunque en su relato descartó en  forma   enfática   la   participación  de  JARAMILLO  ABELLO  en  la  conducta  punible, en las sentencia de  instancia  con distorsión de su contenido material se coligió la comisión del  ilícito en coautoría.   

          No  obstante  el  anterior argumento, el actor también acepta   que  Pérez  Camacho  involucró  a ambos procesados en la ejecución delictiva;  sin  embargo,  destaca  que  tal acusación obedeció a la pluralización atrás  referida  y,  en  todo  caso,  que  en  el dicho del testigo se atisban aspectos  contrarios  “a la realidad  objetiva      probada      pericialmente      en      los      autos”,    que    debieron    “alertar  al  fallador  para  extremar  toda   cautela   en   la   evaluación” de su declaración.   

          El  demandante advierte que una de las preguntas del cuestionario al  cual  fue sometido Pérez Camacho resultó sugestiva, pues en su formulación se  partió  de  afirmar  la  participación  de  ambos sindicados en el hecho; pero  además,  que  a  pesar  de  las  deficiencias  en  el  interrogatorio el citado  deponente  descartó  la  actividad  física  de su asistido en detrimento de la  víctima,  por  lo  tanto,  cuando  el  Tribunal se la atribuyó para deducir la  responsabilidad  penal  de JARAMILLO ABELLO tergiversó la objetividad de tal testimonio.   

          Asegura  que  idéntico  yerro  se  configuró  en  el análisis del  testimonio  rendido  por el presencial José Evert Ochoa Díaz, en quien destaca  los  factores  con incidencia desfavorable en la percepción de lo sucedido y en  la  memorización  de  los  sucesos,  concretamente,  el estado de ebriedad y la  lesión  que  le  fue  infligida,  a partir de la cual la atención de aquél se  centró  obviamente  en  sí mismo.  De ahí la incapacidad del citado para  precisar  la  identidad  del autor de tal herida, la vaguedad y la especulación  de  su  dicho  en torno a la intervención de JARAMILLO  ABELLO  en  el homicidio, así como las incongruencias  detectadas  en  su  relato,  circunstancias  que  permiten  inferir  que  en  la  ampliación  rendida casi un año después resultó influido por los comentarios  del  administrador  de  la  finca  y por el sugestivo interrogatorio al cual fue  sometido,  donde  en  todo  caso y con palmaria vacilación simplemente sugirió  que la víctima también fue agredida por su representado.   

          En      fin,      concluye     el     casacionista,     “se  desfiguró  y  tergiversó…  el  testimonio  de OCHOA DÍAZ, puesto que al interior no arroja eficacia probatoria  contra  HERMES  ALFONSO  JARAMILLO,  y  en  confrontación  con  la  otra prueba  testimonial   analizada,  entra  en  flagrante  contradicción  que  corresponde  resolver  acreditándole  mayor  credibilidad  a  lo afirmado por el joven OSCAR  JAVIER      PÉREZ      CAMACHO…”.   

          3.   Falso juicio de identidad en el análisis de los indicios,  resultado   de   la   distorsión   de  las  pruebas  que  soportan  los  hechos  indicadores.     

          En  la  concreción  del  reproche  apunta que en los testimonios de  Ricardo  Pinto  Montenegro, Oscar Javier Pérez Camacho, José Evert Ochoa Díaz  y  Venancio  Verdugo se señala al occiso Edilberto Baquero como un individuo de  mal  genio,  agresivo e inclinado al maltrato de los trabajadores, como también  fue  expresado  al  unísono en las indagatorias de ambos sindicados; más aún,  el  demandante aduce que tal aspecto constituye un hecho cierto y admitido en la  sentencia  recurrida,  con apoyo en el cual el fallador edificó equivocadamente  el  propósito  de  venganza  de  los  acusados  cuando  en manera alguna podía  inferirse  de  él,  máxime  al  encontrarse probada en autos la insistencia de  aquellos  por abandonar la hacienda con el fin de evitar problemas con el citado  maquinista.   

          Señala  que  si bien la conducta belicosa y ofensiva de la víctima  debió  originar  alguna  susceptibilidad  en los sindicados, tal sentimiento no  tuvo  uniformidad  en  los  mismos, como se advierte en la declaración de Oscar  Javier  Pérez  Camacho,  cuando  atestiguó que CEDIEL  ABELLO     era     quien     exteriorizaba    mayor  enfado.   

          El     censor     plantea     adicionalmente,    que    “el   fallador   con   violación  de  elementales  principios de la experiencia y en contraposición de toda la prueba  restante”  predicó  la  venganza  como  móvil del homicidio, pasando por alto que del certero examen de  los  hechos  se  deriva  la  existencia de un dolo de ímpetu, máxime cuando la  ingestión   etílica  surgió  como  causa  eficiente  para  que  emergiera  de  “la mente y del espíritu  de  los  sindicados (con mayor fuerza y con más rencor en MARCOS…) la natural  y      obvia     animadversión     sentida     hacia     BAQUERO…”, de ahí el lanzamiento en contra del  occiso  de frases plagadas de resentimiento pero nada indicativas de un designio  criminal.   

          Añade  que  el  fallador  construyó  un  indicio  a  partir  de la  presencia  de JARAMILLO ABELLO  en  el  lugar  de  los  hechos y del porte en ese momento de un machete, como si  tales  circunstancias  hubiesen  sido  determinantes para la actividad realizada  autónomamente    por    CEDIEL   ABELLO,  incurriendo  una  vez  más  aquí  en  un  error  de  hecho  por  “fallas  en  el  proceso  inductivo    deductivo,    esto    es,    de    inferencia   lógica”.   

          En  la  síntesis de los reparos formulados, el demandante acota que  correlacionadas  las  pruebas directas e indirectas incorporadas al plenario, se  colige  su  precariedad  para  forjar la certeza sobre la coautoría atribuida a  JARAMILLO  ABELLO,  pues  si  bien  se demostró que se encontraba en el sitio de ocurrencia del homicidio con  un  machete  en  la  mano,  y  que  se  ausentó  del  lugar luego del homicidio  acompañado  de CEDIEL ABELLO,  este  sí  responsable de la conducta punible investigada, no menos establecidas  se hallan en autos las siguientes circunstancias:   

          a.   En  primer término, que de la contradictoria y deficiente  prueba   testimonial   no   surge   acusación   directa  en  detrimento  de  su  mandante.   

          b.   Las inferencias del Tribunal son el producto de errores de  hecho por falsos juicios de identidad y existencia.   

          c.    Los  medios  de  persuasión  que  sustentan  la  condena  plantean   remotas   posibilidades   sobre  la  participación  de  JARAMILLO   ABELLO   en   el   homicidio,  atendidas   las  condiciones que menguan la credibilidad de los testimonios  de  cargo.   En  fin, persiste la duda sobre la concurrencia de aquél a la  perpetración  del  ilícito, acrecentada con las indagatorias de los sindicados  pues   con   apoyo   en   ellas   se  discierne  que  el  indagado  CEDIEL  ABELLO fue el autor exclusivo de la  conducta punible objeto del juzgamiento.   

          Con  los  anteriores  fundamentos  el  actor solicita a la Corte que  case  el  fallo  impugnado  y  profiera  la  sentencia  sustitutiva de carácter  absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.   El  examen  de  los requisitos  formales  de  la  demanda  de  casación  presentada  en  defensa del acriminado  JARAMILLO   ABELLO   debe  efectuarse  de  conformidad  con las disposiciones contenidas en el Decreto 2700  de 1991, bajo cuya existencia jurídica se interpuso el recurso.   

          2.   La  actuación  penal  les brinda a los sujetos procesales  sucesivas   oportunidades   de   obtener   de  los  funcionarios  judiciales  la  prevalencia  de  su  criterio  valorativo  respecto de los medios de persuasión  incorporados  en  el expediente, agotadas con el fallo de segundo grado, pues al  comportar  la finalización del proceso surge investido por la doble presunción  de acierto y legalidad.   

          Lo  anterior  no  significa,  sin embargo, la irrebatibilidad de las  conclusiones   probatorias   de   los   juzgadores,   pues  en  la  impugnación  extraordinaria   es   posible   demostrar   que   incurrieron   en   desaciertos  trascendentes  en  su  apreciación, desde luego, al amparo del motivo señalado  en  la  ley  y  ajustándose  a  las exigencias igualmente previstas en ella, de  conformidad   con  las  cuales  además  de  la  precisión  y  claridad  en  la  formulación  lógica  de  los  reparos,  la  demanda  en  manera  alguna  puede  asimilarse  a un alegato de instancia donde el casacionista simplemente pretenda  oponer  sus personales consideraciones a las del fallador con la aspiración que  la  Corte  les  conceda preeminencia, como se advierte acontecido en los ataques  de la demanda sometida a calificación por parte de la Sala.   

          En  efecto,  adviértase  de  antemano  que  cuando  se  plantea  en  casación  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial como consecuencia de  errores  de  hecho  en  la estimación de las pruebas, al demandante sólo le es  posible   concretar  y  demostrar  la  omisión  o  suposición  del  medio,  la  distorsión  de  su  expresión objetiva, o el desconocimiento de los postulados  de  la  sana  crítica  al  discernir su mérito persuasivo, manifestaciones del  desatino  de  la  naturaleza  indicada  argüidas  en  el presente asunto por el  defensor  del  sindicado  JARAMILLO ABELLO  desconociendo  su  contenido, ámbito y alcance, pero además, con  las  impropiedades  adicionales  de  entremezclarlas  y  de sustentar los yerros  imputados  al  juzgador  ad  quem  a  través  del enfrentamiento de su criterio  personal al expresado en el fallo recurrido.   

          3.   Ciertamente,  el  demandante plantea en un inicio el falso  juicio   de   existencia   por  suposición,  que  se  configura  cuando  en  la  contemplación  material de la prueba el sentenciador imagina la que en realidad  no  obra  en el expediente, desatino infirmado a renglón seguido pues el censor  admite  que  el Tribunal no inventó ningún elemento de persuasión, más aún,  que  las declaraciones de Oscar Javier Pérez Camacho y José Evert Ochoa Díaz,  objeto  del  dislate  acusado,  fueron en verdad recibidas en autos y apreciadas  por  los  juzgadores,  para  plantear  entonces  la  simple inconformidad con el  mérito concedido a tales testimonios en la decisión del ad quem.   

          En  este sentido, sin ninguna relación con el desacierto alegado al  enunciar  el  reparo  y  omitiendo  desarrollar  un  yerro  susceptible  de  ser  demandado  en  casación, el libelista se concentra en criticar a los falladores  porque  acogieron con estricta fidelidad las declaraciones de los citados Pérez  Camacho  y  Ochoa  Díaz,  específicamente,  cuando  les  atribuyeron  a  ambos  procesados  los  improperios  que propiciaron la iracunda reacción de Edilberto  Baquero,  así  como  la  agresión  de  la  cual  fue  víctima  este último y  vinculada  causalmente  con  su  deceso,  bajo  el argumento que la sindicación  extendida   en   los   respectivos  relatos  a  los  dos  indagados,  en  cuanto  “pluralizaron”    tales    acciones,   “al  parecer  constituye una costumbre  lingüística    en    la    región    donde    la   prueba   testimonial   fue  recogida”.  Así las  cosas,  refulge  evidente  la  pretensión de imponer una interesada valoración  sobre  dichos  medios  de  prueba,  efectuada además con desconocimiento de sus  contenidos  materiales, sobre la realizada por los falladores con estricto apego  a estos últimos.   

          El  censor  aduce  después  el  exiguo  mérito  que en su opinión  concitan  las  aludidas  versiones  juramentadas  de  los  testigos presenciales  Pérez  Camacho  y  Ochoa Díaz por las contradicciones en las que presuntamente  incurren  en  lo  atinente  a  la  autoría de la conducta ilícita investigada,  enfrentando  una  vez  más,  a  la  manera  de  un  alegato  de  instancia, sus  consideraciones  probatorias  a las de los sentenciadores; y plantea finalmente,  en  este  punto,  que  en  la  apreciación  de las pruebas atrás enunciadas el  Tribunal  prescindió  de  los  postulados  de  la sana crítica para sugerir en  últimas  un  falso  raciocinio,  sumido en todo caso en el mero enunciado, pues  sin  señalar el principio de la ciencia, la regla de la lógica o la máxima de  la  experiencia relegada en la ponderación de tales medios de persuasión, hace  consistir  el  desacierto  así  imputado en la inconformidad con el mérito que  les asignaron los juzgadores a los mencionados deponentes.   

          4.    Bajo   el  ropaje  de  un  segundo  ataque  al  análisis  probatorio  del  fallo  impugnado, con inobservancia además del principio de no  contradicción  dadas  las  anteriores alegaciones, abiertamente excluyentes con  la  aquí  esbozada,  el  demandante acusa el falso juicio de identidad recaído  sobre  las  mismas  deposiciones  de  Oscar  Javier Pérez Camacho y José Evert  Ochoa  Díaz,  para  asegurar  ahora  que el Tribunal distorsionó su expresión  objetiva,  concretamente,  cuando  coligió con fundamento en ellas la comisión  del hecho punible en coautoría.   

          Pero  si  el recurrente a través de tal  planteamiento  exterioriza   una  certera  comprensión conceptual sobre la  naturaleza  y  ámbito  del  error  de  hecho argüido en tales términos, de la  misma  se  aparta  en  forma ostensible en el posterior desarrollo argumentativo  del  reproche,  pues  para  sustentarlo  acude  una vez más a la simple y huera  oposición  de  su  criterio sobre la estimación de los testimonios enunciados,  propugnando  aquí  por una tesis valorativa distanciada de la vertida por el ad  quem  en  la  providencia  censurada  y  cuya aceptación pretende obtener de la  Corte.   

          En  efecto, el falso juicio de identidad  se  estructura  ante  la tergiversación, adición o cercenamiento del contenido  material  de  la  prueba obteniéndose de ella conclusiones que no se derivan de  su  contexto,  por  lo  tanto,  se  trata  de  un  yerro de carácter objetivo –  contemplativo  susceptible  de  ser  demostrado  mediante  la confrontación del  medio  indebidamente  apreciado,  en  su  expresión  fáctica,  con  la que los  juzgadores le atribuyeron.    

          En  la  demanda  examinada,  el defensor  pasando  por  alto los anteriores derroteros no sólo prescinde de efectuar este  ineludible    cotejo,   sino   que   también  parte  de  admitir  que  los  sentenciadores  apreciaron las declaraciones de Pérez Camacho y Ochoa Díaz con  estricto  apego  a  su  contenido  material,  esto  es,  excluye la realidad del  desatino  alegado  para  radicar  su  inconformidad,  precisamente  y  en  forma  paradójica,  en  el  acogimiento  fiel  que  los  falladores  hicieron  de  las  versiones  juramentadas  obtenidas de los citados testigos, pues a su juicio, si  bien  señalaron a ambos procesados como ejecutores del homicidio, entre ellos a  su    representado    JARAMILLO   ABELLO,  esa  sindicación  conjunta  obedeció,  insiste  el  actor, a la  costumbre   en   la   región  de  ocurrencia  de  los  hechos  de  “pluralizar” las afirmaciones.   

          En  los  restantes  fundamentos  del  reparo destaca las condiciones  objetivas  predicables  de  ambos  deponentes,  que  en su opinión obligaban al  Tribunal  a  ser  particularmente  cauteloso  en  el  discernimiento del mérito  persuasivo  de  tales  pruebas,  como  también  las  contradicciones que estima  surgidas  de  la  confrontación  de  los dichos de Pérez Camacho y Ochoa Díaz  para  sostener,  en últimas, la exigua credibilidad que ameritan en punto de la  acusación    elevada    en   contra   de   JARAMILLO  ABELLO  como  coautor  del homicidio investigado, esto  es,  enfrenta  sus  personales  e  interesadas apreciaciones sobre el mérito de  estos  elementos  de  juicio a las conclusiones probatorias del fallo impugnado,  para  revelar  de  este  modo  el  indebido  propósito  de proyectar en la sede  extraordinaria un debate agotado en las instancias.   

          5.   Por  el  mismo  equivocado  y  deficiente sendero transita  el   ataque emprendido por el recurrente a la prueba indirecta, esto es, en  primer  término,  al  indicio  del móvil para delinquir que afirma edificó de  manera  equivocada  el  ad quem al atribuirles a los procesados un propósito de  venganza en la comisión del homicidio.   

          Así,  si  bien  el  censor  precisó al  postular  el  reparo  y en las conclusiones finales de la demanda, como en rigor  se   exige,   que  el  desacierto  imputado  al  Tribunal  se  presentó  en  la  apreciación  de  las pruebas demostrativas de los hechos indicadores y señaló  en  relación  con  ellas  que  el  yerro  se  derivó  de los falsos juicios de  identidad  y  existencia,  al  fundamentar  la  objeción  deslindada  en  tales  términos   se   apartó   de   dichos   enunciados   para   admitir  expresa  y  contradictoriamente,   que   el   juzgador   apreció  con  acierto  los  medios  probatorios  que  los  sustentan  y  radicar el dislate acusado en la inferencia  lógica,  no  porque  en  el proceso intelectivo que implica el Tribunal hubiese  desatendido  los  postulados de la sana crítica, sino porque en su opinión los  hechos  acreditados  en  manera  alguna permiten deducir en forma inequívoca el  aludido designo en los procesados.   

          Además  de la impropiedad así denotada  de  refundir  los hechos indicadores y la inferencia lógica en un todo, pasando  por  alto que al comportar momentos distintos en la construcción del indicio su  ataque  en  casación  reivindica  diversas  vías,  el  impugnante también sin  concretar  un  reparo  cierto  y  preciso a la prueba indirecta acude después a  consideraciones sobre el mérito otorgado al aludido indicio.   

            Acepta    con    esta   orientación  argumentativa  propia  de  las  instancias, que los improperios lanzados por los  acusados  en contra de la víctima, generadores de la disputa verbal de trágico  resultados   estaban   impregnadas   de  resentimiento,  como  también  que  la  ingestión  etílica  hizo  surgir la animadversión que experimentaban hacia el  maquinista  Baquero,  empero contrapone a tales aspectos aquellas circunstancias  que  desde  su  interesada  perspectiva  desvirtúan  la  inferencia  de  cargo,  concretamente,  la  insistencia de los procesados por abandonar la hacienda y el  dolo    de    ímpetu    que    afirma    medió   en   la   perpetración   del  homicidio.   

          Finalmente,   tratándose   del  indicio  erigido  a  partir  de  la  presencia  de JARAMILLO ABELLO  en  el  lugar de los hechos y del porte en ese momento de un arma que presentaba  las  mismas  características  de aquellas empleadas para segar la existencia de  Baquero,  el  libelista no plantea nada distinto de una escueta descalificación  del  indicio  y de su fuerza probatoria, a la que opone la subjetiva afirmación  de  haber  sido  CEDIEL ABELLO  ejecutor  único  del homicidio, es decir, una vez más reduce el reproche a una  disparidad  de  criterios que ni remotamente estructura un error de apreciación  probatoria examinable en la sede extraordinaria.   

          6.   Por  otra parte, el recurrente dejó incompleta la censura  formulada  al  amparo  de  la  violación  mediata  de  la  ley sustancial, pues  prescindió  de deslindar la trascendencia de los dislates acusados frente a las  conclusiones  del  fallo,  perdiendo  de  vista  que  se  le  exigía  entrar  a  desvalorar  todos  los  elementos  de  juicio  sobre  los  cuales fundamentó el  fallador   la  certeza  predicada  respecto  de  la  responsabilidad  penal  del  encausado       JARAMILLO      ABELLO.   

          En  este  examen  previo  del libelo no pasa inadvertido finalmente,  que  tampoco  el censor se muestra coherente y unívoco en la propuesta sometida  a  consideración  de  la  Corte,  pues  si  bien  en algunos apartes del libelo  sugiere  que  de  no  haber  mediado  los  errores  de  apreciación  probatoria  denunciados  los  juzgadores  habrían  colegido  que  el sindicado CEDIEL   ABELLO   fue  autor  único  del  homicidio,  en  otros insinúa la existencia de la duda que tornaba improcedente  la  condena,  tanto así que en la integración de la proposición jurídica con  la  cual  pretende quebrar el fallo invoca la falta de aplicación del artículo  445  del  anterior  estatuto procesal penal – en cuanto recogía el principio in  dubio  pro  reo-, pero además en esta última arguye, igualmente, la exclusión  evidente  de la causal de justificación de la legítima defensa, prevista en el  artículo 29-4º del derogado estatuto punitivo.   

          Frente  a las deficiencias técnicas advertidas, que impiden afirmar  la  satisfacción  del requisito de claridad y precisión en el desarrollo de la  censura,  la  demanda deberá inadmitirse a través de providencia que determina  la  consecuente deserción del recurso conforme establecía el estatuto que rige  el  examen  de  la  misma,  decisión  que adquiere ejecutoria al momento de ser  suscrita y contra la cual no procede ningún recurso.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          NO   ADMITIR   la  demanda  presentada  en  defensa   del   procesado   HERMES  ALFONSO  JARAMILLO  ABELLO.   En consecuencia, se declara desierto el  recurso de casación interpuesto.   

          Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                       JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                          CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

JORGE   A.   GÓMEZ  GALLEGO                               ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                             NILSON  E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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