17410(26-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17410  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

Magistrado Ponente  

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 25   

Bogotá D. C., veintiséis (26) de febrero de  dos mil dos (2002).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado MIGUEL ARTURO VARELA TORRES.   

          A N T E C E D E N T E S   

1.-   El  Tribunal  de  Villavicencio  sintetizó los hechos así:   

          “Da  a  conocer  el  plenario  que  a las 8:50 de la noche del 18 de  marzo  de  1997,  en  el inmueble ubicado en la calle 67 sur No 46-10 del barrio  Porfía,  donde funcionaba el establecimiento comercial de apuestas “Consuerte”  dedicada  a  la  venta  de  chance,  irrumpieron  intempestivamente  dos sujetos que portaban armas de fuego, quienes  procedieron  a  intimidar  y  reducir  a  la impotencia a JOSÉ ANTONIO MENDIETA  RODRÍGUEZ,  quien intentó oponer resistencia al tratar de apoderarse del arma,  sin  poder  lograrlo,  ya  que  fue  agredido  de  varios cachazos con la misma,  pudiendo  el  delincuente  hurtar  los  dineros de las apuestas. MARÍA LEONILDE  PÉREZ,  esposa  del  agredido,  quiso  evitar la sustracción de estos dineros,  pero  no tuvo éxito, en cambio sí recibió un disparo de uno de los agresores,  que  le  causó  la  muerte  en  forma  inmediata, huyendo los asaltantes en dos  motocicletas  que  los  esperaban afuera del establecimiento y siendo reconocido  posteriormente  MIGUEL ARTURO VARELA TORRES como uno de aquellos individuos, por  lo  que  fue  retenido y vinculado legalmente a esta investigación.”.   

2.-   El Juzgado 2° Penal del Circuito  de  Villavicencio,  mediante  sentencia del 30 de noviembre de 1998, condenó al  procesado   MIGUEL  ARTURO  VARELA  TORRES  a  la pena principal de 50 años de prisión y a las accesorias de  rigor,  como  autor  de  los delitos de homicidio agravado en concurso con hurto  calificado  y  agravado  y  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión, el  defensor  la recurrió, siendo confirmada por el Tribunal de Villavicencio el 13  de marzo de 2000.   

          LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Al  amparo  del  cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación,  acusa  la violación indirecta de la ley sustancial por  aplicación      indebida,     ante     la     presencia     de     “errores    respecto   del   material  probatorio”,  aseverando  que  de  no  haberse  incurrido  en  tales  defectos  la  decisión habría sido  absolutoria,  pues  con un debido análisis probatorio se llega a la conclusión  que no existe certeza sobre la responsabilidad.   

Luego de citar y copiar  los artículos  254,  273  y  294  del C. de P. P. (Decreto 2700/91) y de transcribir doctrina y  jurisprudencia,     afirma     que     la     sana     crítica     “supone  libertad  judicial”  en  la  valoración  de las pruebas,  pero    no    a    tal    punto    que    sea    entendida   como   “totalmente      libre”,  sino  limitada  por  la lógica, la  sicología, la sociología y las reglas de la experiencia.   

Asevera que lo que no puede aceptar es que el  sentenciador   diga   una  cosa  cuando  la  prueba  testimonial  muestra  otra,  “por eso me atrevo a dudar  de  la  valoración  de los testimonios”,  pues  si  bien  es  cierto su análisis, como el de los indicios,  “hecho por las instancias,  no  puede  ser  materia  de  reproches,  gracias  a  la  sana  crítica,  si son  admisibles  los  reparos  y  cuestionamientos,  cuando  la  prueba objetivamente  vista,   enseña   una   historia,  y  el  intérprete,  no  obstante  semejante  objetividad,      concluye     otra”.   

Seguidamente, sostiene que tan evidente es lo  dicho,    que    el   sentenciador   “no  atendió  algunas (pruebas) que refutaban la responsabilidad del  encartado”.  Más  aún,  dice,  los  elementos  de convicción  que fundamentaron el fallo no fueron  “contestes  ni uniformes,  ni  lógicas”, en señalar  a  su  defendido  como el responsable del delito, desconociendo que “si  bien  es cierto hay en el plenario  testimonios  que le endilgan responsabilidad a VARELA TORRES, también hay otros  que  desechan  tal responsabilidad, como los reconocimientos y las declaraciones  de  los  familiares,  vecinos,  compañeros  de  trabajo  de  Varela Torres, que  producen    una    demostración    contraria    a    la    pregonada   por   el  sentenciador”.   

En  el  título  que  denomina  “Violaciones    Mediatas”,  sostiene  que los yerros en torno a  la  prueba llevaron al quebrantamiento de los artículos 21, 36, 323, 349, 350.1  y 351.9-10, y del 1° del Decreto 3664/86.   

En   acápite   siguiente   que   denomina  “Errores  cometidos en la  sentencia.     Sobre     la     relación     de    la    causalidad”, depone:   

“Quiere  significar  lo  expuesto  que  para que hubiera relación causal en el asunto de  marras,  la  acción  ilícita de la noche del 18 de marzo de 1.997, esto es, el  deceso  de  la  señora  MARÍA  LEONILDE  PÉREZ, debió ser consecuencia de la  acción  del condenado. Acción que encuentra relevancia jurídica en el tema de  la  culpabilidad, denominada nexo causal, el cual debe estar debidamente probado  y    no    ser    apenas    una    razón    sofística   o   dialéctica   sino  apodíctica.”.   

Agrega que el Tribunal al valorar las pruebas  incurrió  en  “error por  falso    juicio    de    convicción”  al  deducir la presencia de la certeza con respecto a la relación  causal,  cuando  no  estaba  demostrada. Luego advierte que si se confrontan las  pruebas  con  la  providencia acusada, fácilmente se puede establecer que a los  testigos  José Antonio Mendieta, Rubén Darío Rodríguez Pérez, María Teresa  de  Jesús  Rojas Acosta, Zacarías Dimaté y Marisol Jiménez Muñoz, no podía  otorgárseles   crédito   probatorio   alguno   y,  además,  que  “no      es      cierto”  que  el  procesado  haya  llegado al  lugar  de  los hechos a delinquir, por lo que el fallador incurrió “en  otro  error  de  hecho  por  falso  juicio       de       existencia,       es       decir,      imagina”.   

Por  lo  anterior,  solicita  se  case  la  sentencia.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  de  casación  que a nombre del  procesado  presentó  su defensor, no reúne los requisitos formales que para su  admisión  estatuía  el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991,  subrogado  por  el  artículo  8°  de  la  ley  553  de  2000,  vigente para la  época.   

Ante  todo debe reiterarse que aquella no es  un  escrito de libre formulación, en el que de manera libre se pueda hacer toda  clase  de cuestionamientos a una sentencia que llega a esta sede amparada por la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, sino que debe dar un escrito claro,  lógico  y  sistemático  en  el  que  se  denuncian  los errores de juicio y de  procedimiento  cometidos  en  el  fallo,  al  tenor  de  las  causales expresa y  taxativamente   señaladas   en   la  ley,  se  demuestran  y  se  evidencia  su  trascendencia.   

Estas  exigencias no fueron cumplidas por el  casacionista, destacándose entre sus desatinos los siguientes:   

Aunque  denuncia  violación indirecta de la  ley  sustancial,  por  error en la apreciación probatoria, no dice cuál fue la  modalidad  de  yerro  cometido  por el Tribunal, si de hecho o de derecho, ni el  falso juicio que lo determinó.   

Así  mismo,  en  el  discurso argumentativo  oscila,  de  manera  confusa  e incoherente, por las diferentes clases de error,  sin que, por otra parte, logre demostrar ninguna.   

Así, inicialmente, parece orientarse por la  vía  del error de hecho por falso raciocinio, cuando afirma que en el análisis  de  los  elementos  de  convicción  el  sentenciador  debe  tener  en cuenta la  lógica,  la  sicología,  la  sociología  y  las  reglas de la experiencia, no  siendo, por lo mismo, ilimitada la libertad para valorar la prueba.   

Pero cuando se esperaba que dijera cuáles de  los  postulados  mencionados fueron quebrantados por el Tribunal, de qué manera  lo  fueron  y  cuál  su  trascendencia  en  el  fallo, limita la disertación a  oponerse  al  mérito  otorgado  a  los testimonios que sustentaron la condena y  negado  a los de quienes proclamaban  la no responsabilidad, sin percatarse  que   esa   discrepancia   no   configura   desatino  demandable  en  casación,  prevaleciendo  el  criterio  del  fallador,  por llegar la sentencia a esta sede  amparada por la doble presunción de acierto y legalidad.   

Sin  embargo,  no  paran  ahí las falencias  técnicas  del  libelo,  sino  que,  a  renglón  seguido, y con relación a los  mismos  elementos  de  prueba,  sostiene  que  se  incurrió  en falso juicio de  convicción,   no   solo  confundiéndolo  con  el  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  sino desconociendo que tal clase de desacierto no puede tener lugar  cuando  se  trata  de pruebas no sometidas en cuanto a su valoración al método  de la tarifa legal sino de la sana crítica.   

Finalmente,  confunde las dos modalidades de  yerro  mencionadas, con el error de hecho por falso juicio de existencia, cuando  señala que la prueba sobre la responsabilidad fue imaginada.   

Frente a los anotados desatinos de la demanda  y  dado  que  la  Corte,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  no puede  subsanarlos,  se impone su rechazo y, consecuencialmente, se declarará desierto  el recurso extraordinario de casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de MIGUEL  ARTURO  VARELA  TORRES.  En  consecuencia,  se declara  desierto el recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno,  al  tenor  de lo dispuesto por los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P. (Decreto 2700/91, aplicable a este  caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ   ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

CARLOS  EDUARDO MEJÍA ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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