17275(26-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17275  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

          Magistrado Ponente   

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 25   

Bogotá D. C., veintiséis (26) de febrero de  dos mil dos (2002).   

          V I S T O S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de los procesados GUILLERMO   JIMÉNEZ   RONCANCIO   Y   WILSON   ERNESTO   RODRÍGUEZ  LIZARAZO.   

          A N T E C E D E N T E S   

1.-   El  Tribunal  Superior  de Bogotá  sintetizó los hechos así:   

“El  4  de  julio de 1996, en el sector de la  carrera  20  este  con  calle  10ª de esta ciudad, en la tienda de propiedad de  GLORIA  GUTIÉRREZ  PARRA,  se  encontraban  sobre  las  tres de la tarde varios  jóvenes   dedicados  al  consumo  de  gaseosa,  cerveza  y  algunas  sustancias  estupefacientes  y  a  jugar  rana.  Entre  los  clientes se hallaban  JOHN  GERARDO  MORA  GARZÓN  y LISANDRO MORA TURGA, primos entre sí. Repentinamente,  de  callejones  vecinos,  apareció  un grupo numeroso de jóvenes, cuando menos  cinco,  todos  portando  armas de fuego, revólveres, pistolas y un changón, de  inmediato  procedieron  a disparar contra los primeros, sufriendo una lesión en  una  de sus piernas LISANDRO MORA, quien alcanzó a refugiarse en el interior de  la  tienda, debajo de la cama. JOHN MORA, en cambio, no lo pudo hacer, no atinó  a  evitar el ataque y recibió varios impactos de bala que le causaron la muerte  en         forma         rápida.”.   

“Desde un comienzo  la  investigación  se  centró contra los autores de la acción, integrantes de  la     banda     “Los  Pilos”  que  opera  en  el  sector,  que  por  información  de LUZ AIDE RAMOS RUIZ, son GUILLERMO RONCANCIO  (alias  MEMO), ANDRES ESCOBAR, FRANCISCO JIMÉNEZ RONCANCIO (alias TILICO), JUAN  RONCANCIO, JAIRO RONCANCIO y JAIME N.”   

2.-  El Juzgado 41 Penal del Circuito de  Bogotá,  mediante sentencia del 13 de agosto de 1998, condenó a los procesados  GUILLERMO   JIMÉNEZ   RONCANCIO   Y  WILSON  ERNESTO  RODRÍGUEZ  LIZARAZO a la penas principales de 45 y 46  años  de  prisión  y  a las accesorias de rigor por el lapso de 10 años, como  coautores  de  los  delitos  de  homicidio  agravado  en  concurso con homicidio  agravado en grado de tentativa.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión,  el  defensor  la  recurrió,  siendo  confirmada  por el Tribunal de Bogotá el 5 de  octubre  de  1999,  modificándola  solamente  en  lo  que  atañe  a la pena de  prisión   impuesta   a   WILSON  ERNESTO  RODRÍGUEZ  LIZARAZO, la que fijó en 45 años.   

          LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Sostiene  el demandante que acude a la causal  primera  de  que  trata  el artículo 220 del C. de P. P., pues considera que la  sentencia    es    violatoria    de   la   ley   sustancial   por   “INFRACCIÓN  DIRECTA  debido a errores  de  lógica  jurídica” y,  además,  por  “INFRACCIÓN  INDIRECTA”,  a  raíz  de  errores de hecho y derecho originados en la estimación probatoria.   

En  el  desarrollo de la censura asevera  que    en    el    expediente    figuran    cuatro    testimonios   “de          cargo”   de   personas   que   material   y  afectivamente  tenían  vinculación  con  el  occiso y el lesionado, lo que los  convierte      en     testigos     “totalmente   parcializados”,  y son los de Hilda Mora López, Luz Marina González, Aidee Ramos  Ruiz y Lisandro Mora Turga.   

Sus declaraciones, dice, son el producto de un  “montaje”   para   acusar   a   sus  defendido  “como   venganza   para  desquitarse  del  hecho  que  la señora Blanca Cañón, tía de los encartados,  haya  denunciado  y  como consecuencia encarcelado y condenado a unos familiares  de   los   citados   testigos,   del   obitado   y   del   lesionado”.   

Aunque  de  estos  cuatros  testimonios  el  sentenciador  descartó  dos,  el  de  Hilda  Mora  López  y  el  de Luz Marina  González,  de todos modos, afirma, influyeron en el proceso, afectando el curso  que  al  mismo se le dio, pero especialmente en los otros deponentes, pues todos  vivían  en  una  misma  casa,  quedándoles  muy  fácil  que  señalaran a sus  defendidos      como      los      responsables.      Además,      “era   de   pura   lógica”  que  se descartaran las versiones de  Hilda  Mora  y  Luz  Marina  González,  ya  que del plenario se colige que esas  personas  no estuvieron presentes en el sitio al momento de los hechos, amén de  estar  llenas  de contradicciones. Luego sólo quedaron los testimonios de Aidee  Ramos  y  del  lesionado  Lisandro  Mora, los que ya habían sido determinados e  influenciados  por los anteriores, quedándoles muy fácil acusar mentirosamente  a  los procesados, a lo que se agrega que Aidee Ramos tampoco estuvo presente en  el lugar de los hechos.   

En  consecuencia,  asegura,  en  la sentencia  recurrida    “se   han  tergiversado  las  pruebas  testimoniales que están consagradas en el artículo  248    del    C.   P.   P.,   en   contra   de   mis   representados”.   

En  el  acápite  que  denomina  “PRUEBAS    DEL    CARGO”,  advierte  que  en las sentencias se  violaron  los  artículos  250, 254 y 294 del  C. de P. P. (Decreto 2700 de  1991),  para seguidamente aseverar que “el  testimonio  de  AIDEE RAMOS RUIZ, esposa del obitado… también  debe   ser   descartado   como   los   otros   dos,   porque  tiene  las  mismas  contradicciones…”.  Además,  por  cuanto tampoco estuvo presente en el sitio de los acontecimientos  y  su  versión  es “falsa,  engañosa,   mentirosa   y   acomodada”,  pues atestiguó que escuchó los disparos y que vio a la tía que  corría  y  que  le  preguntó qué había pasado, cuando se demostró que Hilda  Mora  López  no  estuvo  presente  en  el  lugar  de  los hechos, por lo que su  testimonio  debe  desecharse,  ya que no reviste credibilidad, máxime cuando la  descripción  que  aquélla  hace  de  Wilson  Ernesto  Rodríguez  y  Guillermo  Jiménez  Roncancio  no  corresponde  a  la  realidad,  lo  que demuestra que la  testigo  no  vio  a  los  agresores,  sino  que  terminó  identificando  a  los  procesados al ver las fotos que se le mostraron en la DIJIN.   

Al respecto, anota:  

“Se colige, aquí  en  esta  versión  que  supone  el  móvil, que lo indica y señala sin ninguna  convinsencia  (sic),  pues  ese  tal vez no significa nada, claro ni conciso, lo  que  quiere  decir  que no se sabe ni supo la causa de la muerte del citado JOHN  GERARDO  ni  menos  aun de las lesiones de Lisandro, sino que trata de inducir a  manera  de  engaño  un pensamiento equivocado a los sentenciadores …”.   

Resalta  que  la  testigo  Aidee  Ramos  Ruiz  incurre  en  ostensibles  contradicciones,  pues sostuvo que su esposo no tenía  vicio  alguno,  lo que se desvirtúa con el dictamen de medicina legal en el que  se  conceptúa  que  se  encontró  alcohol  y  estupefacientes  en  su  sangre.   

Además, sus afirmaciones se contraen a lo que  le  dijo  Lisandro,  lo  que  corrobora,  en  criterio del libelista, que no fue  testigo presencial.   

Considera  que  la  versión de Lisandro Mora  Turga  está  “viciada de  mentiras”,  como que dijo  que  estaba  tomando  una  gaseosa  después  de  trabajar  cuando  escuchó los  disparos,       lo       que      “riñe” con lo  dicho  por  Gloria  Gutiérrez Parra, dueña de la tienda, quien aseveró que en  el  establecimiento  había varias personas tomando cerveza, fumando marihuana y  jugando  rana.  Por  otra  parte, en su primera versión atestiguó que no vio a  los  que  dispararon  y  “a  renglón  seguido  que  sí  conoce  a  algunos,  pero no los nombra”.   

Así  mismo  anota  que  menciona  personas  distintas  de  las  que  señaló  Aidee  Ramos, pero de una manera “maquillada” y siempre con el ánimo de involucrar  como  autores  a  sus  defendidos,  como ocurrió con Alexander Maca, a quien no  reconocieron   “en  una  especie   de   deliberada   selección”.  También  manifestó  este  testigo que Francisco y Alexander los  habían  amenazado  por  no  querer  meterse  a  la  banda  de  los “pilos”,  pero  sin  que mencione a Guillermo  Jiménez  Roncancio  ni  a  Wilson  Ernesto  Rodríguez  como  autores  de  esas  amenazas,  “luego Lisandro  Mora  Turga  tampoco  conoce  el  móvil o la causa del punible investigado como  tampoco      los     sentenciadores”.   

Concluye que este testigo, por encontrarse en  estado  de  embriaguez  y  bajo  los  efectos de estupefacientes, no vio quienes  dispararon, siendo mentiroso, contradictorio y acomodaticio.   

Así  las  cosas, luego de esta disertación,  argumenta  que  el  juzgador  no  debió  aceptar  pruebas  que no condujeran al  esclarecimiento  de  los  hechos,  por  lo que quebrantó las citadas normas del  Código     de     Procedimiento     Penal.     Y     concluye:     “Al  violarse estas normas de carácter  procedimental,  también,  de  manera  indirecta  se  violan normas de carácter  sustantivo  como  lo  son  el  art.  5  y  8  del  C.  P., el art. 13 y 29 de la  Constitución          Nacional”.   

Bajo     el     título    “ERROR  DE  HECHO  POR  FALSO JUICIO DE  EXISTENCIA”,  dice  que  acusa  la  sentencia porque se omitió la apreciación de los cuatro testimonios  de  “descargo”  (Luis  Alfonso  Caicedo  Rojas, Luis  Felipe  Barreto Luque, Marco Antonio Vargas y Gloria Gutiérrez Parra), los que,  en       su       criterio,       “infirman” los  cuatro           de           “cargo”,  pues  los    primeros    no    tienen    vínculos    o    nexos    de    “parentesco,  afectivos  ni  intereses  personales      en     la     causa”.   

Por  ello,  considera  que  la  sentencia  es  violatoria  del  artículo  333 del C. de P. P., referente a la necesidad de que  se  investigue  con  igual  celo  lo  que  perjudica  como  lo  que  favorece al  procesado.   

Agrega que Luis Alfonso Caicedo Rojas declaró  que  Guillermo Jiménez Roncancio estuvo el día 4 de julio de 1996, en la calle  85  con  carrera 15, haciendo su labor de costumbre y que se vino a las cinco de  la tarde.   

Que  Luis  Felipe  Barreto Luque señaló que  Wilson  Ernesto  Rodríguez  Lizarazo  “le  había  laborado en albañilería y que se lo había recomendado  el  señor  Marco  Antonio  Vargas,  para  que  le pintara la casa a mediados de  1996”.   

Que Marco Antonio Vargas relató que le pintó  la  casa  y  que  el  día de los hechos lo esperó hasta las seis o siete de la  noche para darle una plata.   

Y  que  Gloria Gutiérrez Parra, dueña de la  tienda  donde  ocurrieron  los  hechos,  aseveró que no vio por ningún lado ni  antes,  ni  después,  ni  en  el  momento del insuceso a los señores Guillermo  Jiménez  Roncancio  ni  Wilson  Ernesto  Rodríguez Lizarazo. Que tampoco vio a  Aidee  Ramos  Ruiz  ni a ninguna otra señora o señorita familiar del fallecido  en   el   instante  de  los  disparos  ni  cuando  salieron  corriendo  los  que  dispararon.   

Por  último,  bajo  el  título “ERROR  DE  DERECHO POR FALSO JUICIO DE  CONVICCIÓN”, sostiene que  el  reconocimiento  en  fila de personas de que trata el artículo 367 del C. de  P.  P.,  fue  irregularmente  aportado  al proceso por lo que se incurrió en un  falso   juicio   de  legalidad,  pues  en  esa  diligencia  se  encontraban  los  “acusadores” quienes conocían a los procesados de  tres  a  cinco  años atrás y a quienes se les habían mostrado las fotos en la  DIJIN,    luego    tenían    una    “descripción     previa”   y  “rasgos  morfológicos  de  antemano  conocidos”.       Además,      “estaban  los  tres  juntos”.   

Por lo anterior, solicita se case la sentencia  y se dicte la absolutoria que ha de reemplazarla.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  de casación que a nombre de los  procesados  presentó su defensor, no reúne los requisitos formales que para su  admisión  estatuía  el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991,  vigente para la época.   

Entre   sus   falencias  se  destacan  las  siguientes:   

1. No se indica cuál fue la norma sustancial  de  la  Parte Especial del C. Penal infringida, ni su sentido, esto es, falta de  aplicación o aplicación indebida.   

2.   La   enunciación  de  los  cargos  es  contradictoria,  pues  se  expresa  que  se  incurrió  en  violación directa e  indirecta de la ley sustancial, simultáneamente.   

3.  En  cuanto  a  la  censura  por  haberse  incurrido  en  error  de hecho por falso juicio de identidad, el libelista no la  desarrolla,  ya  que en vez de demostrar que los testimonios que menciona fueron  falseados  o  deformados en su contenido material, esto es, que no hay identidad  entre  lo  que  dicen  y  lo  que el Tribunal consideró que su texto contenía,  haciéndoles  producir  efectos que no se derivaban de ellos, dedica el discurso  a  cuestionar  la  credibilidad  que se les otorgó, desconociendo que la simple  discrepancia  entre  el sentenciador y el censor sobre el mérito de las pruebas  no  configura  yerro  demandable  en  casación,  prevaleciendo  el  criterio de  aquél,  por  venir  la sentencia amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad.   

Ahora  bien, si lo que quiso el casacionista  fue  mostrar  que  al valorar el mérito persuasivo de los testimonios que cita,  el  Tribunal  se  apartó caprichosamente de los postulados de la sana crítica,  como  alcanza  a sugerirlo, ha debido orientar el reproche por la vía del error  de  hecho  por falso raciocinio e indicar cuáles fueron las leyes científicas,  los  principios  lógicos  o  las  reglas  de la experiencia común groseramente  desconocidos,  de  qué  manera  lo  fueron  y  cómo  este  desacierto llevó a  declarar una verdad distinta de la que revela el proceso.   

4.  En  cuanto al cargo por error de derecho  por  falso juicio de legalidad, que confunde con el falso juicio de convicción,  referente  a  que  en  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de personas  efectuada   con   los  procesados,  no  se  cumplieron  los  requisitos  legales  condicionantes  de  su validez, lo deja en el enunciado, al no demostrar que las  anomalías  que,  a  su  juicio,  se cometieron conlleven la inexistencia de esa  actuación   ni  tampoco  su  incidencia  en  la  parte  conclusiva  del  fallo.   

5.  En  lo  atinente al denunciado error por  falso   juicio   de  existencia,  al  no  haberse  apreciado,  en  criterio  del  demandante,  cuatro  testimonios que demostraban la inocencia de los procesados,  tampoco  lo  desarrolla,  toda  vez  que  no muestra a la Sala que efectivamente  fueron  ignorados  por las instancias, ni tampoco la trascendencia del reclamado  yerro.   

Además, violando el principio de autonomía,  se  desvía  a  la  causal  tercera,  cuando  reclama por el desconocimiento del  principio de investigación integral.   

Corolario  de  lo  anterior, al no reunir la  demanda  los  requisitos legales para su admisión, y dado que la Corte no puede  enmendar  sus  yerros,  por  razón  del principio de limitación, su rechazo se  impone  y,  consecuencialmente,  se  declarará desierto el recurso de casación  interpuesto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por el defensor de GUILLERMO  JIMÉNEZ   RONCANCIO   Y   WILSON   ERNESTO  RODRÍGUEZ  LIZARAZO.  En  consecuencia,  se  declara desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno,  al  tenor  de  lo  dispuesto  por los artículos 197 y 226 del C. de P.  Penal (Decreto 2700 de 1991, aplicable a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ   ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR      LOMBANA     TRUJILLO           

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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