16588(12-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 16588  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 75  

         Bogotá,   D.   C.,   doce   (12)   de   julio   de   dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         La  Sala se pronuncia de fondo sobre la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  defensor  del  señor  Xavier  Beltrán  González en contra de  las  sentencias  proferidas  por  el  Juzgado 26 Penal del Circuito, el Tribunal  Superior  de  Bogotá  y  la  Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de  Justicia,  con fechas 30 de enero y 1° de octubre de 1996 y dos de diciembre de  1998,  respectivamente,  por  medio  de  las  cuales se lo condenó a la pena de  cuatro  años  y  nueve  meses  de  prisión, como responsable de los delitos de  peculado   por  apropiación  en  concurso  con  los  de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público  agravada por el uso y falsedad en documento  privado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Entre  finales de 1990 y comienzos de 1991, el Instituto de Fomento  Industrial,  IFI,  Concesión  Salinas,  fue  despojado  de millonarias sumas de  dinero  a través de la falsificación de títulos y de una carta que autorizaba  su  conversión  y  la  utilización  de cédulas espurias en las transacciones.  Estos  hechos  fueron  denunciados  por  MARIELA  ARIAS  RIVERA,  tesorera de la  entidad  y,  luego de una indagación previa, el seis de marzo de 1991 se abrió  instrucción.   

         Al   calificar   el   mérito   del  sumario,  el  Juzgado  102  de  Instrucción  Criminal  Ambulante profirió, el 30 de marzo de 1992, resolución  de  acusación contra Mariela Arias Rivera,  Napoleón García Cortés,   Edilma   Yarmuth   Carranza  Vargas  y    Marcela    Poveda  Cabezas,  por el delito de peculado culposo. Cesó el  procedimiento   en  favor  de  Gonzalo  María  Palau  Rivas  y  reabrió  la  investigación  respecto  de  Xavier     Beltrán     González     y     Eduardo     Ancízar     Gómez  Cortés.   

         Recurrido  el  calificatorio,  el 20 de noviembre de 1992 un Fiscal  Delegado   ante   los   Tribunales   Superiores   de   Bogotá  y  Cundinamarca,  resolvió:   

         “1.   Revocar   la   providencia   impugnada,  en  cuanto  a  las  determinaciones  tomadas  respecto  de  los  señores NAPOLEÓN GARCÍA CORTÉS,  EDILMA   YARMUTH   CARRANZA,   GONZALO  MARÍA  PALAU  RIVERA,  XAVIER  BELTRÁN  GONZÁLEZ,  EDUARDO  ANCÍZAR  GÓMEZ  CORTÉS,  por las razones expuestas en la  parte motiva”.   

         “2.  Proferir  resolución  de acusación contra EDUARDO ANCÍZAR  GÓMEZ  CORTÉS,  NAPOLEÓN  GARCÍA CORTÉS, GONZALO MARÍA PALAU RIVAS, XAVIER  BELTRÁN  GONZÁLEZ,  como  responsables  penalmente  de  los  delitos contra la  Administración  Pública  y contra la Fe Pública, esto es, Peculado y Falsedad  Documental,  sancionados  en  el  Código  Penal  (de 1980) en el Libro Segundo,  Título  Tercero y Sexto, artículos 133, 220 y 222 con los agravantes previstos  en  la  primera  y  tercera de las normas citadas, incisos segundos, en concurso  real,  material  y  heterogéneo y homogéneo, según lo dispuesto en el art. 26  íb.  En  relación  con  los  dos  primeros  como  coautores de los mencionados  punibles  y  los  dos  últimos,  como  coautores  de  Falsedad y cómplices del  peculado”.  Además,  confirmó  la  decisión  tomada respecto de    Mariela    Arias   y   Marcela Poveda.   

         Mediante  sentencia del 30 de enero de 1996, el Juzgado Veintiséis  Penal del Circuito de Bogotá, resolvió condenar a:   

         1°)  Eduardo  Ancízar  Gómez  Cortés  y   Napoleón   García  Cortés, a las penas de 6 años y 8 meses de prisión  y  multa  de cien mil pesos, cada uno, como coautores de los delitos de peculado  por  apropiación  en  concurso  con  falsedades  materiales  de  particular  en  documento público, agravadas por el uso.   

         2°)     Gonzalo     María     Palau  Rivas  y  Xavier  Beltrán  González  a 5 años y 5 meses de prisión y multa de  $75.000,  cada  uno,  en  calidad  de  cómplices de peculado por apropiación y  coautores  de  las  falsedades  materiales  de particular en documento público,  agravadas por el uso.   

         3°)  Mariela  Arias  Rivera  a  8  meses  de  arresto  y 10 mil pesos de multa, como autora de  peculado culposo.   

         4°)  Marcela Poveda Cabezas  a  7  meses  de  arresto  y 5 mil pesos de multa en condición de  autora de peculado culposo.   

         Impugnado  el  fallo  por la defensa de los ciudadanos Gómez,           García,           Palau,            Arias        y        Beltrán, originó el del 1° de octubre  de  1996,  a  través  del  cual  el  Tribunal  Superior  de Bogotá revocó las  condenas  proferidas en contra de Gonzalo María Palau  Rivas   y  Mariela  Arias  Rivera  para,  en su lugar, absolverlos de los cargos  formulados   y,   respecto   de   los   restantes,   efectuó   las   siguientes  modificaciones:   

         1°)    A   Eduardo   Ancízar   Gómez  Cortés y Napoleón García  Cortés,  les  fijó  6  años  de  prisión, “como  responsables  de  los punibles de PECULADO POR APROPIACIÓN, en concurso con los  de  FALSEDAD  MATERIAL  DE PARTICULAR EN DOCUMENTO PÚBLICO AGRAVADA POR EL USO,  en calidad de coautores”.   

         2°)      A      Xavier     Beltrán  González  le  dejó  la pena en 4 años y 9 meses de  prisión  “como  responsable  de los punibles de PECULADO POR APROPIACIÓN, en  concurso  con  los  de  FALSEDAD  MATERIAL  DE  PARTICULAR EN DOCUMENTO PÚBLICO  AGRAVADA  POR  EL  USO  y FALSEDAD EN DOCUMENTO PRIVADO, en calidad de cómplice  frente al primero y de coautor respecto de los restantes”.   

         3°) Confirmó la sentencia en lo demás.   

         Acudieron   a   la   casación   los  apoderados  de  los  señores  García    Cortés   y  Beltrán  González  y  el  procesado       Gómez       Cortés.   

         En  sentencia  del  dos  de  diciembre de 1998, la Sala decidió no  casar la del Tribunal.   

         En  escrito  del  3  de  noviembre  de 1999, el defensor del señor  Xavier  Beltrán  González  interpuso  acción  de  revisión. Agotado el trámite legal, se decide de fondo  el asunto.   

LA DEMANDA  

         Invoca   la  causal  segunda  del  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991  (220  del  actual),  por  cuanto la sentencia de  casación  no  es válida por haber sido proferida sobre acciones penales que ya  no se podían proseguir por estar prescritas.   

         Al  desarrollar  la  censura, aclara que los atentados contra la fe  pública  estaban  prescritos  para el momento en que la Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  emitió  su  fallo,  de  donde  deviene su  ilegalidad  debiendo  ser anulado y, así, al no existir sentencia de condena en  firme,   el   tiempo   continuó  corriendo  respecto  del  ilícito  contra  la  administración  pública,  hasta  que  el 20 de febrero de 1999 operó el mismo  instituto.   

ESTUDIOS DE LAS PARTES  

         1°)  El  señor  Eduardo Ancízar Gómez  Cortés  coadyuva  la  pretensión de la demanda, con  los  mismos argumentos y, en su caso, estima que la acción penal prescribió en  relación  con  las  falsedades, en tanto que por el peculado, ello ocurrirá el  20  de  noviembre  de 2002, salvo que la Sala se pronuncie con anterioridad. Por  tanto,  solicita  se  declare  sin efectos el fallo de casación y se realice la  adecuación punitiva respectiva.   

         2°)   El  defensor  del  señor  Xavier  Beltrán  González reitera los mismos planteamientos  del escrito con el que se instauró la acción.   

         3°)  La Procuraduría Segunda Delegada para la Investigación y el  Juzgamiento,  luego  de  coincidir  con  las razones del demandante, solicita se  acceda  a  la revisión para decretar la prescripción de la acción penal, pues  respecto  de  los delitos de falsedad ésta operó antes del fallo de casación.  Ninguna mención hace del peculado.   

         4°)    El   apoderado   de   la   parte   civil,   IFI—Concesión   Salinas,   postula   se  nieguen  las pretensiones, por cuanto se incumplió con el mandato del artículo  2.514  del  Código Civil, conforme con el cual ”El que quiera aprovecharse de  la  prescripción  debe  alegarla; el juez no puede decretarla de oficio”, sin  que  tal  se  hiciera  por  quien pretende el instituto. Esta norma, dice, es de  recibo,  porque el estatuto procesal penal guarda silencio al respecto y, por el  contrario,  su artículo 44 faculta al sindicado para renunciar a ese instituto,  potestad  que,  por no emplearse, comportó que de manera tácita dimitió a sus  beneficios.   

CONSIDERACIONES  

         Con  soporte  en  la causal segunda de revisión, el actor pretende  la  invalidación de la sentencia proferida por la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  que  fijó  la  ejecutoria  de  la condena, en el  entendido  de  que  cuando  fue  proferida,  la  acción  penal  respecto de los  atentados  contra  la fe pública había prescrito, consecuencia de lo cual, ese  fallo  “no  nació  a  la  vida  jurídica”  y,  así,  el lapso para que se  extinguiera  la  potestad punitiva continuó corriendo para el peculado. La Sala  abordará  el  análisis  de  los  dos  argumentos  en  el mismo orden en que se  plantean.   

La     prescripción     de     las  falsedades   

         1.  En  la providencia calificatoria de primera instancia, de fecha  30  de  marzo  de  1992,  los señores Xavier Beltrán  González   y   Eduardo  Ancízar  Gómez  Cortes  fueron  favorecidos con una  reapertura  de  la  investigación  y  Gonzalo María  Palau  Rivas con cesación de procedimiento. Se acusó  a  Napoleón García Cortés  por peculado culposo.   

         El  20  de noviembre de 1992, al desatar la apelación interpuesta,  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior revocó la anterior  decisión   y,   en   su   lugar,   acusó  a  Gómez  Cortés    y    García  Cortés,  como  coautores  del concurso de delitos de  peculado  y  falsedad,  previstos en los artículos 133, inciso segundo, y 220 y  222,   inciso   segundo,   del   Código  Penal  (de  1980),  y  a  Palau     Rivas     y    Beltrán  González,  en  condición  de  coautores  de  los  atentados  contra  la fe pública y cómplices del peculado.   

         El  fallo de primera instancia, del 30 de enero de 1996, condenó a  los  señores Gómez Cortés  y  García  Cortés,  como  coautores  del  concurso  de  delitos  de peculado por apropiación y falsedades  materiales  de particular en documento público, agravadas por el uso, e hizo lo  propio  con  Palau  Rivas y  Beltrán   González  en  condición  de  cómplices  del  primer delito y coautores de las falsedades. El  Tribunal,  en  fallo  del  1°  de  octubre  de  1996,  absolvió a Palau  Rivas y, tras mudar unos cargos de  falsedad  en  documento  público  a privado, modificó las condenas impuestas a  Gómez    Cortés    y  García  Cortés, a quienes  sentenció  como coautores de los tres punibles (peculado, falsedad en documento  público    y    falsedad    en    documento    privado),   y   a   Beltrán   González  en  condición  de  cómplice  del  peculado  y  coautor  de  los  atentados  contra la fe pública.   

         2.  Tratándose  de  la  prescripción  de  la  acción penal, para  considerar  si  ella  se  causó  en  los  términos  propuestos  en la demanda,  avalados  por quienes intervinieron en el curso de la acción (la parte civil no  es  la  excepción  sino  que  plantea  que,  por  no  alegarse, se renunció al  instituto),  se  debe  partir  de  la  ubicación  de  los  comportamientos como  coautoría  en delitos de falsedad material de particular en documento público,  agravadas  por  el uso, de la falsedad en documento privado, y de la complicidad  en  peculado  por  cuantía mayor de quinientos mil pesos, con la aclaración de  que  el  último  grado  de  participación  se  dedujo  en  atención  a que el  sindicado  “no  reúne  la cualificación personal que para este tipo penal se  reclama en relación con el sujeto activo”.   

         3.  El  artículo  80  del  Código Penal de 1980, en cuya vigencia  ocurrieron  los  hechos  y  se  realizó  el juzgamiento, dispone que la acción  penal  prescribe  en  un  tiempo  igual  al máximo de la pena fijada en la ley,  lapso  que  se  interrumpe,  a  voces  del  84, “por el auto de proceder, o su  equivalente,   debidamente   ejecutoriado”,   momento   a   partir   del  cual  “principiará  a correr de nuevo por tiempo igual a la mitad del señalado”,  sin  que  en  ningún  caso pueda ser inferior a cinco años. Estos lineamientos  deben aplicarse al caso debatido.   

         La   resolución  de  acusación  adquirió  ejecutoria  el  20  de  noviembre   de   1992,   y  como,  tras  resolver  los  recursos  de  apelación  interpuestos,  se  produjo  en  sede  de  segunda  instancia,  por  mandato  del  artículo  197 del Decreto 2.700 de 1991, la misma obtuvo firmeza el día en que  fue  suscrita  por  el  funcionario  correspondiente, esto es, en la fecha de su  emisión.  Así,  desde el 20 de noviembre de 1992 comenzó a correr el término  de prescripción de la acción penal.   

        Para  el  delito de falsedad en documento privado, el artículo 221  del  Decreto  100  de  1980  establece una pena de prisión cuyo máximo es de 6  años  que,  para  la  fase  del juicio, se reducen a 3, lo cual comporta que la  prescripción  operaba  en  5  años  que,  contados desde el 20 de noviembre de  1992,  se  cumplieron  el  20  de noviembre de 1997, sin que el lapso se hubiera  interrumpido  en  virtud  de  la ejecutoria de la sentencia de condena, como que  ella  se  supeditaba a la de casación que se produjo el 2 de diciembre de 1998,  esto es, luego de cumplido el máximo término legal.   

        El  artículo  220  del  mismo estatuto tiene prevista una sanción  máxima  de 8 años de prisión para la conducta punible de falsedad material de  particular  en documento público, monto que se incrementa en la mitad, esto es,  en  otros  4,  para  un  total  de  12,  toda  vez  que  se  dedujo la causal de  agravación  del  inciso  segundo  del artículo 222. En este caso, por estar el  proceso  en  fase de juicio, la prescripción se cumplía en 6 años, que, desde  la  ejecutoria  del  pliego de cargos, vencieron el 20 de noviembre de 1998, sin  que  para  entonces la Sala se hubiera pronunciado en sede de casación (lo hizo  el siguiente 2 de diciembre).   

        Por  manera  que  asiste razón al demandante y a las partes que se  pronunciaron  sobre  el particular, porque, respecto de los delitos de falsedad,  desde  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación transcurrió un lapso  superior  al  máximo  permitido  por  la  ley,  sin que la sentencia de condena  adquiriera firmeza.   

        4.  En  estas  condiciones,  la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  al  pronunciarse  el  2  de diciembre de 1998, ha debido  declarar  la prescripción de la acción penal, con la consiguiente cesación de  procedimiento,  pues  transcurrido  el  lapso  legal, la jurisdicción pierde su  potestad  investigativa  y  sancionadora y la única actuación posible es la de  reconocer  el  hecho y declararlo. Como no lo hizo y, por el contrario, respecto  de  los  atentados  contra  la  fe  pública,  ratificó las condenas impuestas,  deviene   como  consecuencia  lógica  la  ilegalidad  de  ese  pronunciamiento,  debiéndose  tener  parcialmente  sin  valor  para,  en  su  lugar,  declarar la  prescripción  y,  por  contera,  cesar  el  trámite seguido por los delitos de  falsedad,  decisión que se hace extensiva a todos los acusados condenados en la  misma situación.   

        5.  La  determinación  que se adopta exige readecuar las sanciones  impuestas,  para  lo cual deben respetarse los criterios de dosificación de los  fallos  de instancia, toda vez que no se hace ningún replanteamiento del juicio  de  responsabilidad.  Así,  a  los  señores  Eduardo  Ancízar     Gómez    Cortés    y    Napoleón  García  Cortés  les  fueron  impuestos  5  años de prisión, para cada uno, en razón del peculado, luego en  este  límite  quedan  las  penas,  como  que  el  tiempo  restante  se  imputó  precisamente  por  las  lesiones  a la fe pública, y, por idénticas razones, a  Xavier  Beltrán  González  la  sanción  de  prisión  le  será señalada en 3 años y 9 meses, que fue la  dosificada por la complicidad en el peculado.   

        6.  Como  las  sanciones  superan el requisito objetivo del numeral  primero  del  artículo  68  del  Código  Penal,  no  procedía  la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena, como para que, por este concepto,  fuera     viable     invalidar    las    sentencias,    según    insinúa    el  accionante.   

        7.  La  posición  del apoderado de la parte civil, que postula por  el  rechazo  de  las  pretensiones en atención a que en el curso del proceso el  sindicado  no alegó en su favor la prescripción, sin que pudiera declararse de  oficio,  como  norma  el artículo 2.513, que no el 2.514, del Código Civil, no  es  de  buen  recibo, por cuanto, contrario a lo que sucede en el proceso civil,  salvo  algunas excepciones (la presente no es una de ellas), la acción penal se  ejerce   de   oficio   por  parte  del  Estado  (artículo  24  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991),  esto es, que su trámite y decisión se impone  como  un deber de la jurisdicción, lo cual incluye declarar la extinción de la  acción  penal “en los casos previstos en el Código Penal” (artículo 35) y  precluir  la  investigación  o  cesar  el  procedimiento,  cuando,  entre otras  razones,   aparezca   plenamente   demostrado  que  “la  actuación  no  puede  proseguirse”  (artículo 36). Por su parte, el Código Penal (de 1980), al que  de  manera  expresa remiten las normas procesales, dentro del capítulo “De la  extinción  de  la acción y de la pena”, trae las reglas ya aludidas respecto  de  la  forma  en  que opera la prescripción como una de la formas de finalizar  aquella.   

        Finalmente,  ni  expresa  ni  tácitamente aparece que el sindicado  hubiera  renunciado  al término de prescripción, único evento que habilita al  Estado  para  proseguir  con la investigación, según ordenan los artículos 80  del  Decreto  100 de 1980 y 42 del 2.700 de 1991; por el contrario, instaurar la  acción  de  revisión  reclamando  el  instituto, indica su manifiesto deseo de  acogerse a ese derecho.   

La prescripción del peculado  

         

        1.  El  cargo y la sentencia por el delito de peculado se tipificó  dentro  de las previsiones del inciso 2° del artículo 133 del Código Penal de  1980,  modificado por el 2° de la ley 43 de 1982, que fijó una pena máxima de  15  años  de  prisión.  Como  la  imputación  fue  a título de cómplice, el  artículo  24  de ese estatuto ordena, tratándose de la prescripción que exige  el  presupuesto  de  la  mayor sanción imponible, una disminución de una sexta  parte,  con  lo  cual  el  límite  superior  queda  en  12 años y 6 meses que,  reducidos a la mitad, arrojan un total de 6 años y 3 meses.   

        Ese  lapso  prescriptivo, contado desde el 20 de noviembre de 1992,  fecha  de  ejecutoria  del  pliego  de cargos, vencía el 20 de febrero de 1999,  como   bien  lo  reconoce  el  actor,  sin  que  se  cumpliera,  pues  que,  con  antelación,  el  2  de  diciembre de 1998, se produjo la sentencia de casación  que  dejó  en  firme  los  fallos de instancia. Por manera que si, respecto del  ilícito  contra  la  administración pública, el Estado no perdió su potestad  de    investigar   y   castigar,   la   sentencia   de   la   Sala   no   pierde  legitimidad.   

        2.  El  argumento  de  que  la  decisión  “no  nació  a la vida  jurídica”  como  consecuencia  de  la ilegalidad de las determinaciones sobre  las  lesiones  a  la  fe pública, no resulta de buen recibo. El proceso como es  debido  impedía  emitir  el  fallo  de  casación sobre las falsedades, dada la  prescripción  de  la  acción  penal,  pero  lo  propio  no  podía exigirse en  relación  con  el peculado, porque el 2 de diciembre de 1998, cuando la Sala se  pronunció,  el  lapso  legal  no  se  había cumplido. Así, para esta fecha se  imponía  proferir  sentencia  de  casación  por  el  peculado  y  declarar  la  prescripción en cuanto a las falsedades.   

        Este  recuento del trámite, en cuanto a su “deber ser”, que no  se  cumplió,  pone de presente que cuando de enmendar los yerros se trata, ello  se   impone  única  y  exclusivamente  en  relación  con  las  irregularidades  cometidas  y  como  éstas versaron sobre los atentados contra la fe pública, y  jamás  respecto  de  la lesión a la administración pública, aquellas son las  que deben ser corregidas y no ésta.   

        3.  Además,  y  finalmente, cuando se trata de la nulidad (este es  el  alcance  formal  y  material  del  fallo  de revisión), tal remedio, que es  extremo,  sólo  puede aplicarse para afectar lo estrictamente necesario en aras  de  restablecer las garantías vulneradas, que en este caso, reitera la Sala, se  concretaron exclusivamente en los delitos de falsedad.   

        Se negará la revisión.   

        En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

        1.  Declarar sin valor la sentencia de casación del 2 de diciembre  de  1998,  exclusivamente  en  lo  que  se relaciona con los delitos de falsedad  material   de   particular   en  documento  público  y  falsedad  en  documento  privado.   

        2.  Decretar la prescripción de la acción penal y la cesación de  procedimiento,  respecto  de  los  delitos de falsedad material de particular en  documento  público  y  falsedad  en documento privado, en favor de Eduardo    Ancízar   Gómez   Cortés,  Napoleón García Cortés y  Xavier  Beltrán González.   

        3.  Como  consecuencia  de  la prescripción, las penas de prisión  que  deben  cumplir  los  señores  Eduardo  Ancízar  Gómez  Cortés y Napoleón  García  Cortés  en  razón  del delito de peculado,  serán  de  5  años  de  prisión  cada uno; y Xavier  Beltrán  González, de 3 años y 9 meses.           

        4.   Negar   la  revisión  del  fallo  de  casación  en  todo  lo  demás.   

        Notifíquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FRANCISCO   ACUÑA   VIZCAYA                             MANUEL    A.    CORREDOR  PARDO           

Conjuez-   No   hay   firma                                                        Conjuez   

GUILLERMO   GARCÍA   GUAJE                        JAIME RICO CARVAJAL            

        Conjuez                                                              Conjuez    – No hay firma   

JOSÉ  IGNACIO  TALERO LOZADA                             LUIS    ARNOLDO    ZARAZO  OVIEDO   

        Conjuez                                                                          Conjuez   

           

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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