16597(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16597  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado ponente:   

                                Dr.    Carlos    Eduardo    Mejía  Escobar   

                            Aprobado Acta # 62   

Bogotá D.C., junio trece (13) de dos mil dos  (2002).   

Vistos:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por   el  defensor  del  procesado  CIRO  ANTONIO  DIAZ  AMADO.   

Antecedentes:  

Un Juzgado Regional de Cúcuta condenó el 30  de  noviembre  de  1998  a  los  procesados CIRO ANTONIO DIAZ AMADO, DONELIO GIL  NARANJO,  JAVIER  ENRIQUE  RINCON  MACIAS,  OVIDIO  RINCON MACIAS y SANTOS REYES  MUÑOZ,  a 23 años de prisión cada uno y multa de 25 salarios mínimos legales  mensuales,  al  hallarlos  responsables  de  los cargos de homicidio agravado en  concurso  con  la conducta de formar parte de un grupo armado irregular descrita  en  el  artículo  2º  del  decreto  1194  de  1989.   Esta  decisión fue  confirmada  en  segunda  instancia  por  el  Tribunal  Nacional  a través de la  sentencia recurrida en casación, proferida el 9 de abril de 1999.   

Los  hechos  que  fueron  objeto del proceso  tuvieron  ocurrencia  en el municipio de El Carmen (Santander) el 14 de marzo de  1990.   Un  grupo de hombres armados, vestidos con prendas militares, luego  de  identificarse  como  miembros  de  las autodefensas campesinas de la región  retuvieron  al labriego FILEMON CALA REYES, le atribuyeron ser colaborador de la  guerrilla,  le  ataron  las  manos  a  la espalda y desde estas el cuello, se lo  llevaron  y  a  la  mañana  siguiente fue hallado decapitado.      

La   resolución   de   acusación  quedó  ejecutoriada  el  26  de  junio de 1997, fecha en la cual la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Nacional confirmó la providencia calificatoria de la  primera instancia.   

La demanda:  

Consta    de   dos  cargos.   El  primero  está  apoyado  en  la  causal 3ª de casación y el  segundo en el inciso 2º de la 1ª.   

El    cargo    de  nulidad.   

El  defensor  invoca  el  numeral  2º  del  artículo  304  del  Código de Procedimiento Penal de 1991 y  relaciona  como  irregularidades  sustanciales  lesivas  del  debido proceso las  siguientes:   

1.  El Tribunal, en  el  resumen  de  los hechos, señaló que ocurrieron el 14 de abril de 1990 y lo  cierto  es  que  sucedieron  el  14 de marzo del mismo año.  “Sustancial  irregularidad                –dice   el  abogado—por  cuanto … si los hechos ocurrieron el 14 de  abril  de  1990 como dice la sentencia acusada, todas las referencias procesales  –así          sean          aparentemente  probatorias—quedaron  sin  razón  de ser en el tiempo y en el espacio, pues siendo el 14 de abril después  del  14  de  marzo,  el crimen ya había sido cometido hacía un mes y todas las  referencias  testimoniales   …  quedaron  fuera  de  determinado contexto  fáctico,     afectando     ubicación     de     lugares    y    circunstancias  generales”.   

2. En la parte resolutiva  del  fallo  de  primera  instancia no fue mencionada la identidad de la víctima  del    homicidio.    Y   la   sentencia   del   Tribunal   simplemente   la  confirmó.   Su  representado fue condenado entonces por el atentado contra  la    vida,    pero    sin    señalarse   a   quién   mató.      

3.  El  fallo  no  se  motivó.   Este  alude  “a  las múltiples pruebas testimoniales”, “a  seis  testigos  de  crucial importancia”, sin precisar las razones del mérito  otorgado  a  cada  prueba.  No se hizo la valoración jurídica de éstas y  tampoco  la  completa  calificación  de los hechos.  “Es así como en la  sentencia                  –expresa  el  censor—se da por cierto que el jefe de los paramilitares  es  el  ‘capitán   alias  Roiso”  (página  10)  quien  desempeñó  activa  conducta  criminal  y  específica en cuanto a la muerte de  FILEMON  CALA REYES, y ese individuo pasa por todo el proceso como el sol por un  vidrio sin romperlo ni mancharlo”.   

Plantea  como  normas  violadas  los artículos 304-2 y 1º del Código de Procedimiento Penal de 1991,  e  igualmente  el  29  de  la  Constitución  Nacional  y  pide  que  se case la  sentencia,  decretándose  la  nulidad a partir del auto que declaró cerrada la  investigación.   

          2º  Cargo.   

La  propuesta  es  de  violación  indirecta  de  los artículos 445 y 247 del Código de Procedimiento  Penal  de  1991,  al  incurrir el juzgador en error de hecho por falso juicio de  identidad.      Los      siguientes      son     los     términos     de     la  fundamentación:   

La sentencia menciona y le  otorga   credibilidad   a  diez  testigos.   Los  considera  “de  crucial  importancia”   incurriendo  en  la  equivocación  “…de  metamorfosear  su  condición      de     declarantes     ‘de  oídas’   en   ‘de  visu’  como  parece  ser  al  constar  las  acusadoras  secuencias  que  da  por  probadas  para  deducir  responsabilidad  penal a CIRO  ANTONIO  DIAZ  AMADO”, que según dice el fallo “…el proceso la pregona de  principio a fin…”.   

Para el casacionista no es  así.   Cita  el  alegato  previo al fallo de primera instancia emanado del  Ministerio  Público,  según  el  cual “los deponentes no fueron presenciales  del  crimen”.   Así  lo  admite  dicha   sentencia  al expresar que  aunque  ninguno  de  los  declarantes presenció el instante de la decapitación  “…dan  fe  concreta  y  precisa  sobre  la  existencia  real  del  grupo  de  autodefensas  en  la  época  en  que  se  produjo  el  crimen”.   En  la  providencia  impugnada  se  admite  que  los  autores del homicidio “no fueron  observados” cuando lo ejecutaron.   

“No     hubo  –sigue     el     demandante—testigos  presenciales  del  homicidio  cometido  en  la  persona de  FILEMON  CALA REYES y la sentencia erróneamente tiene como tales distorsionando  su     calidad     de    declarantes    ‘de  oídas’     para     darles     calidad     que    no  tienen”.   

La  falta  de  testigos  presenciales  del  hecho se tornó en certeza, se presumió la culpabilidad y la  duda  fue  resuelta en contra de su representado, dice el defensor y concluye al  referirse   a   la   trascendencia  del  error:   “La  equivocación  del  sentenciador  al  conferirle  valor  de  pruebas  suficientes para una condena a  testigos                  ‘de  oídas’ influenciados y coaccionados por la guerrilla de  El  Carmen (Santander), declarantes que ostentan cantidad y no calidad, hace que  el  yerro  del  juzgador sea de tal magnitud que sirvió de base para fulminar a  CIRO  ANTONIO  DIAZ  AMADO  con  23  años  de  prisión por un homicidio que no  cometió  …   cuando de no haberse cometido ese error por falso juicio de  identidad,  la absolución había tenido necesariamente que proferirse”.   Es  tal la decisión que demanda de la Corte y naturalmente que de manera previa  de disponga casar el fallo impugnado.   

Consideraciones de la Sala:  

          Sobre el primer cargo (de nulidad).   

Es  claro  que  una  propuesta de nulidad en  casación  debe  tener  como  fundamento  una  de  las causales de invalidación  procesal  relacionadas en la ley (art. 304 del Código de Procedimiento Penal de  1991  o  306  de  la  ley  600  de  2000).  Es  decir,  en  los  dos  estatutos,  incompetencia  del  funcionario judicial, violación del derecho de defensa y la  existencia  de irregularidades sustanciales que afectan el debido proceso.    

El  caso  que  se  examina  corresponde a la  última  hipótesis.   El defensor se refirió a varias irregularidades que  calificó  de  sustanciales,  aunque como se verá incumplió con las exigencias  técnicas  y  lógicas  que deben observarse cuando se plantea nulidad a través  del recurso de casación.   

“La  aceptación  de  la  causal  3ª  de  casación  –dijo la Sala en  la  providencia  del  14  de septiembre de 1999 (radicación 13.471)—   salvo  cuando  la irregularidad  afecte  exclusivamente  a  la sentencia, implica regresar el proceso a una etapa  anterior  para  remediar  el  vicio  y  ajustar la actividad jurisdiccional a la  Constitución  y  a  la  ley.   Se trata de un efecto que necesariamente se  produce,  que  está ligado a cualquier declaración de nulidad, sea cual sea la  circunstancia  que  la  origine.    Y si esto es así, es transparente  concluir  que cuando el demandante en casación decide formular más de un cargo  de  nulidad  no  le  es  dable  en  ningún  caso  proponerlos  en  igualdad  de  condiciones.   Es  su  deber  seleccionar  el  que  estime  principal y los  restantes  tendrá  que  plantearlos  como subsidiarios.  Así lo exigen la  lógica  y  la técnica del recurso extraordinario.   Y si se tiene en  cuenta  que  el orden de examen  de los cargos de nulidad propuestos por el  demandante  es  el  mismo  que deberá seguir la Corte cuando asuma su examen de  fondo  en  la  sentencia, ya que el principio de limitación que rige el recurso  le   impide   plantear   uno  o  variar  el  propuesto,  resulta  claro  que  el  casacionista      debe     ser     especialmente     riguroso     en     su  presentación.     Cada  hipótesis  de  nulidad alegada tiene su  propia  trascendencia  en  el trámite procesal y lógicamente aquella con mayor  capacidad  de  regresar  el  proceso  al  punto más lejano gozará de prioridad  frente    a   las   demás,   cuya   formulación   debe   hacerse   de   manera  subsidiaria.    

“La   Sala   hace   énfasis   en   lo  precedente.    Comprenderlo  significa  una  condición  indispensable  para  el  uso  racional  y  adecuado  de  la  causal  3ª  de casación.  E  igualmente  para  cumplir con la exigencia formal de claridad y precisión en la  propuesta  del cargo.  Si el casacionista tiene el deber de determinar cada  vicio  procesal que decida plantear, de demostrarlo, de indicar su trascendencia  en  el  proceso  y  naturalmente  la  incidencia  en  su resultado final, lo que  obviamente  se  espera  cuando  son  varias  las propuestas de nulidad es verlas  reflejadas  en  un  planteamiento globalmente coherente.  Expresar en dicha  medida  cuál  es el cargo elegido como principal y las razones para hacerlo, lo  mismo  que  la  indicación  de  los  subsidiarios  y  su orden, es un requisito  técnico-lógico para la admisión de la demanda”.    

Dicho  requisito  no  fue  observado  en  el  presente   evento   por   el  recurrente,  quien  sin  plantearse  siquiera  las  consecuencias  aparejadas  a  cada  una  de  las irregularidades propuestas, las  presentó  en  igualdad de condiciones.  Pero no fue su único error.   Adicionalmente  no  logró  demostrar el carácter de sustancial de las mismas y  mucho  menos  que con ellas se haya quebrantado alguna garantía fundamental del  procesado,  lo  cual  tenía  que  probarle  a  la Corte como condición para la  admisión de la demanda.   

Que  el  Tribunal  haya dicho que los hechos  sucedieron  el  14  de abril de 1990, cuando realmente sucedieron el 14 de marzo  del  mismo  año,  es una simple equivocación.  El censor no probó que se  hayan  juzgado  hechos  distintos  a  los  del  proceso  y  en esa medida lo que  reivindica  como irregularidad sustancial es una mención equivocada del mes del  suceso  y  ello,  así  no más,  carece completamente de relevancia; mucho  más  cuando  omitió explicar qué garantía se le conculcó con ello a su  representado y por qué.   

Igual  sucede  con la supuesta irregularidad  derivada  del  hecho  de  no  haberse indicado la identidad de la víctima en la  parte   resolutiva   de   la   sentencia.   El  planteamiento  es  así  de  escueto.   No es que en el fallo no aparezca claro por cuál hecho resultó  condenado  su  representado sino simplemente que el occiso no fue nombrado en el  resuelve.   Nada  más y en tales condiciones ni siquiera quedó demostrado  que la circunstancia sea una irregularidad procesal.     

En  cuanto  a  la falta de motivación de la  sentencia,  por  último,  el  casacionista  se  limita  a  afirmarla y por todo  fundamento  precisa  que  el  juzgador  no  indicó  el  mérito asignado a cada  prueba.    Cita,  sin  embargo,  algunas  frases  del  pronunciamiento  indicativas  de  que  el Tribunal presentó razones en el marco de la decisión,  lo  que significa entonces que era deber del defensor demostrarle a la Corte que  las  mismas  no constituían motivación, o que se trató de una fundamentación  insuficiente  o  anfibológica;  y adicionalmente concretar el por qué la misma  le  impidió  el  ejercicio  del  derecho  de  contradicción.   No lo hizo  así   y  en  consecuencia  la  censura no reúne las exigencias necesarias  para que por razón de ella la Sala admita la demanda.   

          Sobre el 2º cargo.   

Tampoco satisface el requisito de claridad y  precisión  a  que  se  refiere  la  ley.   En  realidad  el  recurrente no  demostró  ni  la tergiversación probatoria que le atribuye al juzgador y   menos su trascendencia.    

Aunque  al comienzo de la fundamentación de  la  censura  parece  hacer  consistir  el  error  de hecho en que el Tribunal le  atribuyó  a  varios  testigos de oídas la calidad de testigos presenciales del  homicidio,  acto  seguido  cita un aparte del fallo impugnado según el cual los  autores   del   delito   “…no   fueron   observados  en  la  ejecución  del  crimen…”,  lo  cual  es  contrario a la idea inicial.  Y al señalar la  trascendencia  del  error  queda  claro  que  lo  que  el  defensor  estima como  tal   es  la  circunstancia  de  que  se  haya  construido  la  certeza  de  responsabilidad   penal   con  sustento  en  testigos  no  presenciales  de  los  acontecimientos,  que  a  su  parecer  no  formaban  la  prueba  suficiente para  edificar   el   fallo   condenatorio.    No  demostró,  entonces,  ninguna  distorsión  en  concreto  del  contenido  objetivo  de  alguno de los medios de  prueba, por lo que en conclusión la Corte no admitirá la demanda.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

Resuelve:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  CIRO  ANTONIO  DIAZ AMADO.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

Cúmplase.   

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                  JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN           GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE         

JORGE       ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO                     EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS       EDUARDO       MEJIA  ESCOBAR                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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