15927(03-10-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15927  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro. 119  

          Bogotá,   D.C.,   tres   (3)   de   octubre   de   dos   mil   dos  (2002).   

          Decide  la  Corte el recurso de casación interpuesto en defensa de  PEDRO  LUIS  ARCILA SALAZAR  contra  el  fallo  de  fecha  diciembre 16 de 1998, mediante la cual el Tribunal  Superior  de  Pereira  confirmó  el  proferido  por  el  Juzgado  2º Penal del  Circuito  de  esa  misma  ciudad,  que  lo  condenó  a  la  pena  principal  de  veintiséis  (26)  años  de  prisión  como  autor,  en  concurso  de conductas  punibles,  de  los  delitos  de  homicidio  y  porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal.    

HECHOS  

          De  los  fallos  de  instancia  se sabe que al medio día del 24 de  mayo  de  1995,  en  el  sector  de  la calle 21 con avenida Sur de la ciudad de  Pereira,  el  comerciante  Víctor Hugo González de la Pava fue muerto en forma  violenta.   En  lugar  cercano  e  instantes  después,  los detectives del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  que  prestaban  vigilancia  en  las  instalaciones  de  tal  dependencia  aprehendieron a los individuos PEDRO  LUIS ARCILA SALAZAR y ARNULFO   ESTRADA  LÓPEZ,  luego  que la motocicleta en la cual se desplazaban en contra vía,  a  elevada  velocidad y esgrimiendo armas de fuego, colisionara con la camioneta  conducida  por  Onorte  Ociel  Soto  Gallo. Durante la  pertinente  requisa  los  mencionados  fueron  sorprendidos  en  el porte de una  pistola calibre 9 mm sin el respectivo salvoconducto.   

          En  las inmediaciones  del  lugar  del  atentado  la  Policía  retuvo  también  a ALFREDO  CARMONA  MARTÍNEZ, quien de acuerdo con las informaciones obtenidas  no  sólo  saltó  una  barda para dirigirse al Terminal de transporte, sino que  también cambió en forma presurosa su vestuario.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   La  Fiscalía  16  Delegada ante los Juzgados Penales del  Circuito  de  Pereira  abrió  la  investigación, escuchó en indagatoria a los  imputados   ALFREDO  CARMONA  MARTÍNEZ,  PEDRO  LUIS  ARCILA  SALAZAR  y  ARNULFO  ESTRADA   LÓPEZ   y   finalmente,   atendidas   las  características  del  arma  incautada dispuso la remisión de las diligencias a  la  Fiscalía  Regional  de  Medellín,  que  en providencia de junio 12 de 1995  afectó  a los dos últimos citados con detención preventiva por los delitos de  homicidio  y  porte  ilegal  de  armas  de  uso  privativo de la fuerza pública  (artículos  323  del Código Penal y 2º del Decreto  3664  de 1986). Tratándose del vinculado CARMONA   MARTÍNEZ   se   abstuvo   de  imponerle  medida  de aseguramiento y ordenó su libertad inmediata.           

          El  conflicto  administrativo  de  competencias planteado entre las  Fiscalías  Seccional  de  Pereira y Regional de Medellín, lo dirimió  la  Fiscalía  Delegada  ante  la Corte Suprema de Justicia en el sentido de asignar  el conocimiento del asunto a esta última.    

         Posteriormente,  en  pronunciamiento de  octubre  11  de  1995,  al  resolver  la  solicitud  elevada  por  la defensa el  instructor   declaró   “la   inexistencia  de  la  indagatoria  recepcionada al ciudadano ARNULFO ESTRADA  LÓPEZ”  ,  así  como  la  nulidad  parcial  de la  resolución   por   medio   de   la   cual  le  había  impuesto  la  medida  de  aseguramiento.   

          La  investigación  se  clausuró  en  relación con los vinculados  CARMONA   MARTÍNEZ   y  ARCILA    SALAZAR    en  resolución  de  enero 4 de 1996; sin embargo, la actuación prosiguió después  respecto  de  este  último  exclusivamente,  pues  tratándose  del  primero la  Fiscalía  declaró  la nulidad en proveído de febrero 5 siguiente, al advertir  insalvable la violación del derecho de defensa.   

          Agotado  el  traslado  de  rigor  y  definido  un  nuevo  conflicto  administrativo  de  competencia, la Fiscalía Regional de Medellín en decisión  de  marzo  6  de  1996  elevó  acusación  en contra del sindicado ARCILA  SALAZAR  como autor, en concurso  de  conductas  punibles,  de los delitos de homicidio y porte ilegal de armas de  uso  privativo  de  la  fuerza  pública,  adicionada el 31 de octubre del mismo  año,  en  el  sentido  de  revocar  la  libertad provisional que le había sido  concedida   por   el   vencimiento  de  los  términos  para  la  calificación.   

          2.   Un  Juzgado  Regional  de  Medellín inició la etapa del  juicio  y  en  auto  de  marzo  18  de  1997, negó la nulidad solicitada por el  sindicado;  sin  embargo,  el  entonces  Tribunal  Nacional  al  conocer  de tal  pronunciamiento  la  dispuso  por razones de competencia desde la resolución de  clausura del instructivo.    

          La  Fiscalía  13  Seccional  de  Pereira  en  la  reposición  del  trámite  invalidado  y  mediante  providencia  de  octubre  8  de  1997, elevó  acusación  en  contra  del  sindicado  ARCILA SALAZAR  como autor de los delitos de homicidio y porte ilegal  de armas de fuego de defensa personal.   

          3.   El  Juzgado  2º Penal del Circuito de Pereira inició la  etapa  de  la  causa,  se  pronunció  sobre las pruebas pedidas por los sujetos  procesales  y una vez celebrada la audiencia pública, en fallo de septiembre 30  de   1998   condenó   al   acusado   ARCILA  SALAZAR  a  la  pena principal atrás señalada, confirmada el  16  de  diciembre del mismo año por el Tribunal Superior de esa misma ciudad al  resolver  la  apelación  incoada  por  el  defensor.   Contra este último  pronunciamiento  se interpuso el recurso de casación que la Sala decide en esta  providencia.   LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de la causal primera de casación del artículo 220 del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal,  por violación indirecta de la ley  sustancial,  el impugnante formula un sólo cargo contra la sentencia de segundo  grado,  respecto  de  la  cual  acusa  la incursión en errores de hecho por los  falsos  juicios  de identidad y existencia.  La postulación de tal censura  y    su    correspondiente   desarrollo   argumentativo   es   el   seguidamente  reseñado.   

         En  la  sustentación  del  reparo,  luego  de  un cuestionamiento  genérico  del  análisis  probatorio de los juzgadores, así como de sugerir la  deficiente  motivación  de los fallos de primera y segunda instancia integrados  en  unidad  jurídica,  el  censor  plantea  que la precaria elaboración de los  indicios  “por  desvío  del proceso de inferencia  lógica”  condujo  a  una  decisión  de carácter  condenatorio,  cuando  en el peor de los casos, se imponía resolver a favor del  sindicado las dudas que aún persisten sobre su responsabilidad.   

         Más  adelante  pretende  sustentar  el error de hecho que asegura  fue  cometido  en la apreciación de los dictámenes de balística. Con tal fin,  transcribe  las consideraciones del sentenciador a quo y del Tribunal en torno a  dichas  pruebas,  para  afirmar después que distorsionaron de manera ostensible  su   contenido   material,   pues   las  experticias  científicas  “informan  hasta  la  saciedad, que las balas asesinas no fueron  disparadas  por  PEDRO  LUIS ARCILA SALAZAR” con la  pistola incautada en su poder.   

         Advierte  con  tal  orientación argumentativa, que en el dictamen  de  fecha  abril 8 de 1998, contrario a lo atestado por el a quo, se indicó que  con   la  pistola  decomisada  al  sindicado  ARCILA  SALAZAR  no se dispararon los proyectiles que segaron  la  existencia  de la víctima González de la Pava.  De igual modo, que si  bien  en la sentencia del Tribunal se “corrige este  yerro   al   aceptar   la   existencia   de   tal   comprobación”,  en todo caso se persiste en él porque a renglón seguido el ad  quem   arguye   que  “no  importa  a  la  justicia  saber”      el      acusado      “disparó    o    no    el   arma   que   portaba”.   

         Esta  verdad,  añade  el  demandante,  no  sólo se soporta en el  dictamen  aludido sino también en la pericia incorporada a folios 146 y 147, de  conformidad  con  la  cual  los  proyectiles encontrados en el cuerpo del occiso  fueron  disparados  en  un arma calibre 3.57 magnum, muy diferente entonces a la  que    llevaba   consigo   el   acriminado   ARCILA  SALAZAR.    Plantea  además  que  este  medio  demostrativo  “que dicho sea de paso fue totalmente  ignorado     como     prueba     en     ambas     instancias”,    respaldó  el  contenido  del  numeral 2º de un examen balístico  posterior,  de  fecha abril 8 de 1998, así como sus conclusiones, de manera que  confrontadas  tales  pericias  se  diluye  la  confusión  que  respecto de este  último  predicó  el Tribunal, al punto de tenerse establecido en autos que las  balas  encontradas  en  el  occiso no fueron disparadas con el arma incautada al  sindicado.   

         Con  idéntica  certidumbre  se  estableció  en el proceso que el  sindicado     ARCILA     SALAZAR     accionó  la  pistola  decomisada  al  momento de su captura, pues  así  quedó  demostrado  con  sustento  en  testimonios,  en la confesión y el  dictamen  realizado el 21 de junio de 1995, donde se conceptuó que “dos  vainillas  y un proyectil fueron disparados con la pistola  Pietro  Beretta”; sin embargo, también esta verdad  fue  extraída  de  su contexto, “distorsionando su  contenido   material,   cual   fue   el   hecho   probado  de  que  PEDRO  LUIS  percutió  el  arma  con posterioridad a los disparos  homicidas”.   En  este  orden  de  ideas, afirma el libelista, mal puede relacionarse tal accionar  con  el  homicidio,  máxime  que  como  lo  admite  el  Tribunal,  “el  verdadero  asesino”, esto es,  el  que  efectuó  los disparos que ocasionaron la muerte, logró huir del lugar  de los sucesos.   

         Bajo  el  epígrafe  “Error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia”, el impugnante  destaca  las  incongruencias  del  a  quo  al citar los folios que contienen los  dictámenes  periciales,  así  como  la referencia que hizo el Tribunal a sólo  dos   exámenes   de  balística  cuando  en  el  expediente  reposaban  cuatro;  circunstancias  a  las  cuales  añade  el  omitido  análisis  de la experticia  incorporada  a  fs.  146  y  147,  que  ninguna  apreciación  ameritó  en  las  instancias  a  pesar  de  arrojar  claridad  sobre  el  arma  utilizada  por los  agresores  y  en  relación con el calibre de las balas encontradas en el cuerpo  de la víctima.   

         El      censor      acusa      finalmente,     el     “error  de  hecho  por  yerro  en  la convicción”     porque     los    juzgadores    desconocieron    “las  reglas  de la experiencia, resultantes de la idiosincrasia  de  nuestro pueblo y de la realidad cotidiana”, que  nos  coloca  a  todos por igual en la posibilidad real de encontrarnos de manera  inusitada  frente  a  hechos  de  sangre.   Dentro de este contexto resulta  verosímil  entonces  la  versión del acusado ARCILA  SALAZAR  cuando  afirma  que  por mera casualidad se  encontró  en  el  lugar  del homicidio, “sin tener  ninguna  relación con el mismo, y actuando como vulgar saqueador”,   quien   por  sus  bajas  condiciones  sociales,  culturales  y  económicas,  “quiso aprovecharse de la situación  recogiendo   el   arma”  que  le  fue  decomisada  después.   

         En  síntesis, afirma el casacionista,  el  ostensible  divorcio  entre  el  análisis probatorio de los juzgadores y la  realidad  social,  “hace  que el sentenciador haya  incurrido   en   un   flagrante   yerro   de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad”,  toda  vez  que  la  certeza  sobre la  autoría  del  homicidio  se  edificó  sobre  la  tergiversación del contenido  material de las pruebas.   

         A  continuación  señala  como normas  infringidas  los  artículos 247, 254, 273, 300, 302 y 445 del estatuto procesal  penal  preexistente  a  la  comisión  de  los  hechos.   Así  mismo,  los  artículos  2º,  3º,  5º,  21  y 323 del anterior Código Penal, este último  modificado  por  el  artículo 29 de la Ley 40 de 1993, para solicitar a la Sala  que  case  la  sentencia  condenatoria  impugnada  y  en  su  lugar  dicte la de  sustitución de naturaleza absolutoria.   

                    

CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURIA   

         El  Procurador  Segundo  Delegado  entiende  que  cada  uno de los  dislates  de  apreciación probatoria que el demandante acusa configura un cargo  autónomo.    Por  tal  razón,  conceptúa sobre ellos  en forma  separada.   

         1.   En  primer  término, tratándose del error de hecho por  falso  juicio  de  identidad,  el  Ministerio Público advierte que el ataque en  manera  alguna  se  ajusta al ámbito propio de esta modalidad de desatino, pues  el  actor  lo  desenvuelve  a  través  de  la  comparación de dos peritaciones  balísticas  cuya contradicción admite, frente a las cuales simplemente reclama  una   mayor  eficacia  para  la  que  favorece  a  su  asistido.    En  síntesis,  el  impugnante alega el yerro pero no lo demuestra, pasando por alto  además  que la simple discrepancia con la evaluación probatoria no comporta la  ilegalidad del fallo impugnado.   

         Adicionalmente,   si   lo   pretendido   por  la  defensa  era  la  revocatoria  de la sentencia recurrida bajo el supuesto de que no existe certeza  acerca  de la responsabilidad del acusado, encuentra pertinente acotar que en la  actuación   obran  los  medios  demostrativos  que  diluyen  tal  postulación,  concretamente,  los  testimonios  de  los  agentes  del D.A.S. que efectuaron la  captura    de    ARCILA    SALAZAR    en situación de flagrancia.   

         Advierte  también el Delegado, que la desestimación que hicieron  los  juzgadores  de  uno  de los dictámenes no constituye causa para afirmar su  prescindida  apreciación  ni  permite  sostener  que  omitieron pronunciarse al  respecto,  pues tanto el a quo como el Tribunal consideraron que la aprehensión  del  acusado  en  flagrancia  y  con  el  arma  objeto del ilícito, conducía a  excluir la eficacia de la otra pericia materia de contradicción.   

         Así  las  cosas, concluye la Procuraduría, el cargo formulado no  debe prosperar.   

         2.   En  la sustentación del error de hecho por falso juicio  de  existencia  alegado,  el  casacionista  se  limita  a  sostener  la  omitida  valoración  del  dictamen  obrante a folios 146 y ss., c. 1, que según atesta,  brindaba  claridad  acerca  del  tipo  de  arma  y  del  calibre  de  las  balas  encontradas  en el cuerpo sin vida de la víctima, a través de conclusiones que  alejan    la    posibilidad    de    considerar    al   sindicado   ARCILA   SALAZAR   como   autor   del  homicidio   investigado.  No  obstante,  el  defensor  nada  precisó  sobre  la  trascendencia  del  yerro,  ni intentó tampoco la exigida confrontación de los  medios  que  soportan  el  fallo  de  condena,  que  rebate entonces sin ninguna  explicación clara y contundente de su ataque.   

         

         Por  otra  parte,  si  bien  en  las instancias no se mencionó el  referido  dictamen,  ello  en manera alguna comporta que se hubiera prescindido,  pues  de  la  valoración  integral  de  los  medios  demostrativos surge que lo  “consideró  irrelevante de cara al reproche penal  estructurado” en contra del procesado.   

         En  el  orden  de ideas expuesto, este otro reparo carece también  de toda posibilidad de éxito.   

         3.    El   ataque   final  de  la  demanda,  erigido  por  el  “error    de   hecho   por   falso   juicio   de  convicción”,  revela las falencias del recurrente  al  perder de vista que tal modalidad de desatino constituye un error de derecho  que  se  configura  cuando a la prueba se le niega el valor  asignado en la  ley  o cuando se le confiere uno diverso del que en ella se señala, que además  resulta  ajeno  al  sistema  de la sana crítica acogido en nuestro ordenamiento  jurídico.    En  consecuencia,  el  actor  debió  acudir al error de  hecho  por  falso  raciocinio, que implica “valorar  la   prueba   racionalmente   con   fundamento   en   la  lógica”.   

        Restándole  además  toda  claridad  a  la  propuesta,  el censor  desconoció   el   principio   de  no  contradicción,  pues  invocó  en  forma  simultánea  los  falsos  juicios de identidad y de convicción, de manera   que  difícilmente  puede  discernirse  con  claridad  el  yerro  invocado  y su  específico  sentido.   Por último, al precisar las normas infringidas las  menciona  en  forma  desordenada  y  sin señalar el sentido de la violación ni  establecer  relación entre ellas y los fundamentos de la demanda, como acontece  cuando  cita   los  artículos  2º, 3º y 5º del anterior Código Penal a  pesar  que  ningún  cuestionamiento  verifica  en  punto  a  la  tipicidad o la  culpabilidad.   

         Por  las  razones  anteriores,  este  reparo  final  de la demanda  tampoco debe prosperar.   

         Solicitud de casación oficiosa.   

         El  Agente  del  Ministerio  Público  solicita a la Sala que case  oficiosamente  la  sentencia  recurrida,  acudiendo  a  la  nulidad por falta de  motivación  respecto  de  la  pena accesoria impuesta al procesado ARCILA  SALAZAR,  de suspensión de la  patria  potestad, máxime  que  se  echa  de  menos con evidencia la relación causal exigida entre el tipo  penal  por  razón  del  cual  se  profiere  la condena y la sanción infligida.   

           CONSIDERACIONES DE LA  SALA   

         1.   Ninguna razón le asiste a la  Procuraduría  Delegada  cuando  desarticula el único cargo de la demanda, para  considerar  que  cada uno de los errores de apreciación probatoria acusados por  el  impugnante  estructura  un  ataque  autónomo  a  la  legalidad del fallo de  segunda  instancia.  Ciertamente, el Ministerio Público pierde de vista en  la  perspectiva así propuesta, que tales reparos debían plantearse en una sola  censura,  como  en  efecto se hizo, pues están orientados en conjunto a derruir  los  fundamentos  probatorios de la sentencia de condena impugnada, al punto que  el  defensor  aspira a través de ellos al proferimiento de un fallo sustitutivo  de naturaleza absolutoria a favor de su asistido.   

Lo  anterior además, conforme también lo  ha         precisado         la         Sala1,  en  la comprensión de que  así  como  la  prueba  debe  ser  valorada  por  el  juzgador  globalmente, con  idéntica   característica  e  irrestricta  observancia  del  principio  de  no  contradicción  debe  erigirse  su  ataque  en  sede  extraordinaria,  porque de  procederse  en  forma  diferente mal podría demostrarse la trascendencia de los  yerros  acusados  frente  a  las  conclusiones del fallo, pues por virtud de una  postulación  segregada  surgiría  entonces  diseminada,  es decir, sin entidad  para   acreditar   que   otro   y   favorable   al  sindicado  habría  sido  su  sentido.   

2.   Por  otra  parte,  la  Sala  no  discute  que  el  censor al integrar la proposición  jurídica  con la que pretende quebrar la legalidad de la decisión impugnada se  conformó  con citar las disposiciones sustanciales indirectamente transgredidas  sin   precisar   de   manera   expresa,   por   lo  menos,  el  concepto  de  su  quebranto.   En  otros  términos, en deficiencia destacada por el Delegado  de  la  Procuraduría,  omitió  señalar  si este desatino, determinado por una  errada  apreciación  de las pruebas, se concretó en la falta de aplicación de  las normas que relaciona o en su aplicación indebida.   

Pero en este específico punto sin embargo,  concediendo  prevalencia a lo sustancial sobre lo puramente formal, del contexto  de  las argumentaciones del recurrente, como también de la pretensión sometida  a  la  consideración  de  la Sala, y así el libelista invoque simultáneamente  algunos  preceptos  respecto  de los cuales se muestra ostensible la carencia de  toda  relación  con  la  censura,  surge  inequívoco  que acusa la aplicación  indebida  de  la  norma  tipificadora  del  delito  de  homicidio,  esto es, del  artículo  323 del anterior Código Penal, y la consecuente falta de aplicación  del    artículo   445   del   derogado   estatuto   procesal   penal,  que  contemplaba   el  principio  in  dubio pro reo, estado de incertidumbre que  refiere  además  y  exclusivamente  a  la  responsabilidad afirmada del acusado  ARCILA  SALAZAR  en  tal  conducta    punible,    por   cuanto   acepta   que   tratándose   “de  la  materialidad  de  los  delitos….existe  dentro  de la  foliatura  prueba  irrefutable  que otorga el grado de certeza…”.   

3.  De ahí  que  las  impropiedades  de  la  demanda,  frente  a  las cuales la Corporación  anuncia  la  falta  de  prosperidad  de  la censura, se adviertan entonces en el  desarrollo  argumentativo  de los dislates denunciados por los falsos juicios de  identidad,  de  existencia y de convicción.   En efecto, la Sala debe  reiterar  aquí  una  vez  más y de antemano, que cuando el reproche se postula  por  la  vía de la infracción mediata de la ley sustancial, al casacionista le  corresponde  demostrar  la  existencia de errores de apreciación probatoria, de  hecho  o  de  derecho,  señalando  su  naturaleza  específica;  pero  además,  acreditar  su  trascendencia  en las conclusiones del pronunciamiento recurrido,  es  decir,  comprobar  que  de  no  haberse  incurrido en tales desaciertos otro  sería  el  sentido  de la decisión proferida.  Estas exigencias no fueron  satisfechas  a  plenitud  en  el caso examinado, pues el demandante se limitó a  acusar  en  forma  antitécnica  los  yerros  supuestamente  configurados  en el  análisis  que los juzgadores efectuaron de los medios demostrativos allegados a  los autos.   

           

       Ciertamente,  con  flagrante  menoscabo  de los  principios  de autonomía de los motivos de impugnación y de no contradicción,  dentro  del  único  cargo erigido en la demanda al amparo de la causal primera,  cuerpo  segundo,  el libelista sin ninguna relación con la censura y más aún,  en  abierta  contrariedad  con  la  misma,  inicia  su desarrollo con argumentos  referidos  a  la  deficiente motivación de los fallos de instancia, al punto de  afirmar  que  la  sentencia  del  Tribunal ”refleja   más   la   soberanía  de  que  está  investido  el  juez…que  la  fundamentación lógica y la precisión de los contenidos de los  cuales    se    deriva    la   postura   asumida”.    En  síntesis,  pone  en entre dicho la validez  del  fallo,  perdiendo  de  vista  que  en  el  reparo propuesto con apoyo en la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  se parte de aceptar que ningún  reparo  concita  en  dicho ámbito la decisión impugnada ni la actuación donde  fue proferida.   

       Desde  otra perspectiva, el demandante pasa por  alto  que  el  desatino  argüido  en  los anteriores términos no constituye un  error  de juicio sino de actividad, atacable en sede de casación por vía de la  causal  de  nulidad,  de  manera  que  si  pretendía plantear la violación del  debido  proceso por defectos de motivación, en cargo separado y con respeto del  principio   de   prioridad,   le   correspondía   individualizar  la  anomalía  denunciada,  esto  es,  si  la  irregularidad  se  estructuró  por  ausencia de  motivación,  motivación  incompleta  o  motivación  dilógica  o ambivalente,  acreditando  también  la  trascendencia  del  vicio  en  la vulneración de las  garantías   de   los  sujetos  procesales2.   

        Más  adelante  el  censor  endilga  a  la  sentencia  impugnada  la  precaria  elaboración  de los  indicios  “por desvío del  proceso    de    inferencia   lógica”,  yerro  que  condujo, según afirma, a una decisión de carácter  condenatorio  no  obstante  las dudas que persisten sobre la responsabilidad del  procesado;  sin  embargo, muy pronto abandona la constatación de este dislate y  de  su  trascendencia  para  dejarlo   sumido en el mero enunciado, pues no  especifica  siquiera  el  medio  demostrativo  sobre el cual recayó, ni de qué  manera  resultaron  quebrantadas  las  regla  de  la lógica, la ciencia o de la  experiencia  en  esa  operación  intelectiva  de  inferencia  a partir del dato  indicado.   

        4.  Los  ataques  de  la  demanda  se  concretan  entonces  y  primeramente, en la apreciación que los juzgadores hicieron de los  dictámenes  de  balística  rendidos  en  el curso del proceso, respecto de los  cuales  asegura  en  primer término y tratándose del efectuado en la etapa del  juicio  sobre  los  proyectiles recuperados en el cuerpo del occiso González de  la  Pava  (fs.  805 a 813,  c.3),   que   resultó  distorsionado  en su significación objetiva con incursión en el error de hecho  por falso juicio de identidad.    

       No  obstante,  el  propio  defensor  a renglón  seguido  diluye  la  realidad  del  desatino  así endilgado, pues admite que la  tergiversación  de  la  referida pericia quedó circunscrita al fallo de primer  grado,  como  quiera  que  el Tribunal en la decisión de segunda instancia, que  integra   con   aquél   unidad   jurídica,  procedió  a  enmendar  la  errada  contemplación  material  de  la  aludida  prueba  técnica  realizada  por el a  quo.   

       Más aún, el recurrente ante esta realidad que  en   manera   alguna  podía  soslayar  por  surgir  verificable  de  la  simple  constatación  de  las  motivaciones  de  la  sentencia censurada y del dictamen  rendido  por  el  experto en balística y explosivos, si bien recaba en el falso  juicio  de  identidad  alegado  no  lo  deriva  de su distorsión fáctica, como  aseguró  en  un comienzo, sino que radica  la inconformidad en la falta de  mérito  que  el  juzgador  ad  quem  predicó  de la mencionada experticia para  derruir   la   conclusión   de   haber   sido  el  acusado  ARCILA      SALAZAR     coautor  del homicidio investigado.     

       Por  tal motivo, el censor tampoco confronta la  significación  objetiva de esta prueba decretada en la etapa de juzgamiento con  la  que le fue asignado en el fallo del Tribunal, como en rigor le correspondía  para  demostrar  la  modalidad  de  yerro  denunciado,  sino que a partir de las  conclusiones  del  perito  y  del  análisis  de  tal  medio  demostrativo en el  contexto  del acervo probatorio, edifica la tesis de la duda sobre el compromiso  de  su  asistido  en  el  atentado  donde se segó la existencia del comerciante  González  de  la  Pava,  simple  y  llanamente, porque encuentra demostrado que  tales   balas   no   fueron   percutidas  en  el  arma  que  ARCILA      SALAZAR     llevaba    consigo    al    momento   de   la  captura.   

       En  este  sentido,  la  argumentación  de  la  demanda  se  desenvuelve  a  la  manera  de  un  alegato de instancia, donde sin  acreditar  la  existencia  de  algún  dislate  en  la providencia censurada, el  recurrente  tan  sólo  opone  su  personal  e  interesada apreciación a la del  Tribunal,  pasando por alto que la de este último prevalece por llegar amparado  el  fallo atacado de la doble presunción de acierto y legalidad.  En otros  términos,  el libelista se limita a exponer su particular e interesado criterio  en  relación  con  el  comentado examen de balística y respecto de la tesis de  inocencia  que  estima  demostrada a través de él, para enfrentarla después a  las   conclusiones   probatorias   de  la  providencia  recurrida,  que  incluso  distorsiona   en   este   discurrir   argumentativo   inapropiado   en  sede  de  casación.   

        En   efecto,   el  Tribunal  en  momento  alguno  afirmó que “el  verdadero  asesino”  hubiese  logrado  huir  del lugar de los sucesos, ni tampoco que  resultara  intrascendente para los fines de la justicia establecer si el acusado  disparó  o  no  el  arma  que portaba, como asegura el impugnante.  Lo que  sostuvo  fue  algo  totalmente diferente, en concreto y de un extremo, que en la  actuación  quedó  demostrado  en  todo  caso que dos armas se dispararon en el  atentado  contra  González  de  la Pava, una de ellas la incautada en poder del  acusado      ARCILA  SALAZAR,  así la misma no  corresponda  de  acuerdo  con  la  referida  pericia  a aquella en la que fueron  percutidos    los    dos    proyectiles    hallados   en   el   cuerpo   de   la  víctima.   

       El  ad  quem  concluyó  de  igual modo, que la  peritación    aportada    en    la   etapa   del   juicio   “no  demerita  la  prueba  ya  analizada  que  compromete  la responsabilidad de Pedro Luis Arcila Salazar en el acto homicida,  pues  se  ha establecido que el inculpado, portaba el arma y un proveedor con 15  cartuchos  en  su  bolsillo,  que  varios elementos de similar naturaleza fueron  hallados  en  el lugar del hecho que habían sido disparados por dicha pistola y  que    no    fueron    dos    sino   muchas   las   heridas   que   sufrió   el  cuerpo”;  y  finalmente,  que      como      el      acusado     “participó  del  ilícito  en  condición  de  coautor, resulta  indiferente  que  haya  sido  él o no quien disparó el arma que portaba en sus  manos   cuando   fue   aprehendido   por  las  autoridades”    (f.    22,   c.   Tribunal).   

         5.   El  censor  arguye  también el error de hecho por falso  juicio  de  existencia  y  con  miras  a  sustentarlo  adujo  que el Tribunal se  refirió  tan  sólo  a  dos  exámenes  de  balística cuando en el curso de la  actuación  fueron  cuatro los realizados, uno de ellos, la experticia obrante a  folios  146  y 147, que arroja claridad sobre la clase de arma utilizada por los  agresores  y  en  relación con el calibre de las balas encontradas en el cuerpo  de  la  víctima  González de la Pava.                                    

         Sin  embargo,  el  demandante  en la formulación misma del ataque  niega   la  realidad del dislate denunciado, pues admite con estricto apego  a  la  realidad procesal además, que el juzgador a quo en el pronunciamiento de  primer  grado, integrado en unidad jurídica con la decisión objeto del recurso  extraordinario,  involucró  en  su  análisis  la  totalidad de las experticias  balísticas  llevadas a cabo en las presentes diligencias, sólo que incurriendo  en  la  equivocada cita de los folios que las contienen; decisión en la cual el  Juzgado   hizo  incluso  claridad  en  el  sentido  que  una  de  tales  pruebas  “no se refiere al arma incautada, a la que ha echo  (sic)   parte   de  la  investigación,  bien  descrita  y  particularizada  desde  el  informe  del DAS  obrante a folio 132 y ss. del cuaderno 1”.   

         Abundando  en  consideraciones,  el  casacionista tampoco intentó  precisar  siquiera  la  trascendencia  de la prueba técnica que asegura omitida  frente  a  las  conclusiones  del  fallo  de segunda instancia; muy seguramente,  porque  el  cotejo  balístico  cuya  ponderación  inadvierte  aludía en forma  exclusiva   al   calibre  y  demás  características  de  los  dos  proyectiles  recuperados  en el cuerpo de la víctima, reiteradas en la experticia practicada  en  la fase del juicio, ésta sí objeto de explícita consideración y sobre la  cual sustentó el ad quem buena parte de sus conclusiones.    

         Así  las cosas, en tal planteamiento el impugnante pasó por alto  que  aunque  no  se  aluda expresamente a una determinada  prueba, la misma  puede  estar  comprendida  en  el análisis efectuado por los falladores, cuando  los  hechos  acreditados  a través de ese medio demostrativo son aceptados como  una  verdad establecida en el proceso o excluidos en su realidad, eventos en los  que   simplemente se omite la referencia expresa al elemento de persuasión  y  donde  mal  puede  atisbarse  entonces  el error de hecho por falso juicio de  existencia,  que  es la situación sin duda aquí configurada, porque si bien el  Tribunal  no  relacionó  la  susodicha  peritación,  en  todo caso si tuvo por  acreditadas  las  especificaciones  a  las  que  se  refería y las conclusiones  derivadas  de  ellas,  esto es, que los proyectiles recuperados en la diligencia  de    autopsia    no   fueron   percutidos   en   la   pistola   decomisada   al  procesado.   

         6.  En  el ataque final de la demanda,  con  insalvable impropiedad en la nominación del desatino acusado, el censor le  endilga  a  los  falladores  “el error de hecho por  yerro  en  la  convicción” para referirse al falso  raciocinio,  que  lo  deriva  a  renglón  seguido  del  desconocimiento  de las  “reglas  de  la  experiencia,  resultantes  de  la  idiosincrasia  de  nuestro  pueblo  y  de  la  realidad cotidiana”.    

          Frente   a   este   reparo   y   con  independencia  de tal desvarío, resulta forzoso replicar que aparece sustentado  a  través  de  la simple controversia sobre la credibilidad que en opinión del  libelista  concita la versión del sindicado en dos específicos aspectos.   En  primer término, tratándose de la casualidad que determinó su presencia en  el  lugar  del  homicidio;  pero además, en cuanto a las razones por las cuales  fue  sorprendido en la detentación del arma incautada.  Esta propuesta sin  embargo,  no  es  de  recibo en sede de casación, pues el ordenamiento procesal  penal  le  concede  libertad  al  fallador  para  apreciar la prueba de conjunto  dentro  de  los  parámetros de sana crítica, de manera que sus conclusiones no  pueden   tildarse   de  equivocadas  simplemente  porque  no  coinciden  con  la  estimación personal e interesada que el recurrente postula.   

         7.   Por  último,  en  deficiencia  adicional que afianza la  falta  de  prosperidad  de la censura, el cargo surge incompleto e insuficiente,  pues   el  demandante  no  intentó  siquiera  el  nuevo  análisis  del  acervo  probatorio  incluyendo la adecuada valoración de las pruebas que asegura fueron  erradamente  apreciadas,  a la vez que enjuiciando la totalidad de los elementos  de  persuasión  que  soportan la condena, como en rigor le resultaba ineludible  para  acreditar  que  de no mediar los desatinos acusados la sentencia impugnada  habría  sido  de diversa naturaleza y favorable para la situación jurídica de  su  asistido;  sustentación  que  era tanto más exigible en el caso examinado,  pues  el  fallo  de  condena  encontró su pilar fundamental en la situación de  flagrancia  que  los  juzgadores predicaron en detrimento del sindicado a partir  de las circunstancias que rodearon su captura.   

        En  síntesis,  por  deficiente   y   contradictorio,   el   cargo   deberá  ser  desestimado.    

           

        Casación  oficiosa.   

         

              Le asiste razón al Ministerio  Público  en la solicitud elevada a la Sala para la casación oficiosa del fallo  impugnado  respecto  de  la  pena  accesoria  de  la  suspensión  de  la patria  potestad,  pues los falladores de instancia no fundamentaron las razones por las  cuales  su  ejercicio podía tener alguna relación o vínculo con las conductas  punibles perpetradas.   

         Resta  indicar  además  que  como  la  modificación  anunciada  no comporta el proferimiento de fallo de sustitución,  la  sentencia de la Corte a pesar de su notificación queda en firme en la fecha  en  que es suscrita y contra ella no procede recurso alguno.  De igual modo  y  por  idéntico  motivo, la aplicación retroactiva  favorable  de  las  disposiciones  contenidas  en  el  actual  estatuto punitivo  (Ley 599 de 2000), frente  a  las  normas  preexistente  a  los  hechos  investigados y con sujeción a las  cuales  se  emitió  la condena (Decreto 100 de 1980,  modificado  por  la Ley 40 de 1993), si hubiere lugar  a  ella,  le  compete  al  Juez  de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad  respectivo,  de conformidad con las previsiones del artículo 79-7o del estatuto  procesal penal.   

         En  razón y mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando justicia en nombre de la República y  por autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

    

1. DESESTIMAR     la     demanda  presentada.     

            2.  CASAR  parcialmente,  de  manera  oficiosa,  el  fallo  de  segunda impugnado, en el sentido de retirar la  pena  accesoria  de  la  suspensión de la patria potestad impuesta al procesado  PEDRO LUIS ARCILA SALAZAR.   

               3.   En lo demás el fallo no se modifica.   

         Cópiese,  notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL           JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO             ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                 YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Sentencia  de  noviembre  22  de 2001, M.P. Dr. Edgar Lombana Trujillo, radicado  14.465.   

2  En  este sentido, entre otras, las providencias de octubre 22 de  1999,  radicado  11.430;  diciembre  15 de 1999, radicado 13.090; y agosto 10 de  2000, radicado 13.066, M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll.     

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