12670(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 12670  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 62  

         Bogotá,   D.   C.,   trece   (13)   de   junio   de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del  8  de mayo de  1996,  el Juzgado Veintiséis Penal del Circuito de Cali condenó a Jorge  Luis  Grisales  Valencia a la pena  principal  de 16 años de prisión y a la accesoria de interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  10,  al  encontrarlo  penalmente responsable, como  autor,  del  delito  de homicidio agravado. También le impuso la obligación de  pagar  los  perjuicios  causados  y  le  negó  el  subrogado  de  la condena de  ejecución condicional.   

         Recurrida  esta  decisión  por  el defensor, fue confirmada por el  Tribunal  Superior  el 14 de agosto del mismo año. El mismo apoderado interpuso  recurso  de  casación  el  16  de  septiembre de 1996 y la Sala se pronuncia de  fondo  sobre  la  demanda  que  el  último  presentó  en  su sustento el 12 de  noviembre siguiente.   

HECHOS  

         Aproximadamente  a  las  10:30 de la noche del 1° de mayo de 1988,  en  una  fuente  de soda ubicada en la Avenida 5° Oeste número 22ª-95 de Cali  se  presentó  una  riña,  en  medio de la cual Jorge  Luis  Grisales  Valencia sacó un revólver 38 largo,  con  el  cual  hizo  dos  disparos  que  dieron en la humanidad de JOSÉ ALFREDO  GUARNIZO  TORRES,  quien  como consecuencia de ellos resultó herido y falleció  tras   la   acción,   posteriormente,   el   22   de   ese   mes.  Grisales  Valencia abordó una camioneta  en la cual se fugó y fue capturado varios minutos después.   

         

ACTUACIÓN PROCESAL  

         El  Juzgado  18  Penal Municipal abrió investigación el 2 de mayo  de  1988  y,  luego  de  indagar  al  capturado,  remitió las diligencias a los  Juzgados  de Instrucción Criminal, correspondiéndole al 13 que, el 6 del mismo  mes,    decretó    la    detención   de   Grisales  Valencia  por los delitos de tentativa de homicidio y  porte  ilegal  de  armas  de defensa personal, medida que, respecto del atentado  contra  la  vida, se revocó el siete de julio de ese año; esta decisión, a su  vez,   fue   revocada  por  el  Tribunal  Superior  en  providencia  del  16  de  septiembre.   

         El  cuatro  de mayo de 1989 se clausuró la investigación, el 9 de  junio  se  dispuso  su  reapertura,  tras  lo  cual,  el 14 de enero de 1994, la  Fiscalía  Décima  Seccional  dispuso  un  nuevo cierre y el 8 de noviembre del  mismo  año  declaró la prescripción de la acción penal respecto del porte de  armas  de  uso  personal  y  acusó al señor Grisales  Valencia como autor del delito de homicidio agravado.  Apelada  ésta  última  decisión fue confirmada por un Fiscal Delegado ante el  Tribunal el 24 de enero de 1995.   

         El  Juzgado  26  Penal  del  Circuito,  luego de agotar la fase del  juzgamiento,  profirió el fallo de condena ya reseñado, que fue apelado por la  defensa  y  confirmado  por el Tribunal. El señor defensor interpuso recurso de  casación  el  16 de septiembre del mismo año y presentó la respectiva demanda  el  12  de  diciembre  de 1996. El escrito fue ajustado el 30 de enero de 1997 y  luego   se   recibió   el  concepto  del  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal.   

LA DEMANDA  

         El   defensor   del  señor  Jorge  Luis  Grisales  Valencia  dice formular un solo cargo, pero  en realidad plantea dos, que desarrolla así:   

         1°)      El     primero,  al  amparo  de la causal primera, cuerpo primero, por violación  directa  de  la  ley sustancial, dado que no se dio aplicación al artículo 473  del  Código  de  Procedimiento Penal vigente al momento de calificar el sumario  (Decreto  050  de  1987),  que  por  aplicación  ultractiva  del  principio  de  favorabilidad  era  de recibo y determinaba la “prescripción” de la acción  penal,  por cuanto que una inicial calificación, al no encontrar el funcionario  mérito  para  formular cargos ni cesar el procedimiento, dispuso una reapertura  y,  vencido  el  término señalado en ella, tornaba obligatoria la cesación al  no existir una prueba que respaldara una resolución de acusación.   

         Considera  un  error que el segundo calificatorio volviera sobre la  valoración  previa  al  primero,  pues debió respetarse la duda que el último  declaró  y  sólo  nuevos  medios de convicción habilitaban una acusación, lo  que  constituye una “prescripción extraordinaria”. No reconocer ese derecho  vulneró,  además  del postulado de la favorabilidad, el debido proceso, por lo  que     se     debe     casar      la     sentencia     y    declarar    la  “prescripción”.   

         2°)    En    el    segundo  cargo  acude  a  la violación indirecta de la norma sustancial a  través  de  un error de hecho en la apreciación de las pruebas, con el cual se  negó  la  existencia  de  una injusta agresión que puso en peligro la vida del  sindicado,  toda  vez  que  de  las  declaraciones  de ANATILDE CASTRO DE VEGA y  SILVIO  RAMÍREZ  RAMÍREZ  se  sacaron conclusiones lejanas de lo que realmente  manifestaron  y  contrarias  a  lo  que  se probó con otros medios, con lo que,  además,  se  negó  el  verdadero valor de las declaraciones de JANETH MIRAMAR,  ARTURO  BLANCO,  ARMANDO  GRISALES  y  de  los  agentes que informaron sobre los  hechos,  así  como  de  un  dictamen  que  encontró  lesiones  en Grisales  Valencia,  lo que acredita que  sí fue agredido.   

         En  consecuencia,  concluye, se violó el debido proceso al valorar  las  pruebas  errando  en  la interpretación que se alejó de la sana crítica,  así  como el artículo 247 procesal entonces vigente, porque ante la existencia  de  dudas  no se daba el presupuesto de certeza para condenar, circunstancia que  impone  casar  el  fallo  para,  en  su  lugar,  mudarlo  por  uno  de carácter  absolutorio.   

EL MINISTERIO PUBLICO  

         El  Procurador  solicita  a la Sala no casar la sentencia, con base  en los siguientes planteamientos:   

         1°)  Si  con  el  primer cargo se pretendía la declaratoria de la  prescripción,  además  de  que  el  censor no demuestra los presupuestos de la  ocurrencia  del  instituto,  que  tampoco se presentó, debió plantearse por la  causal  tercera,  como  que  el  fallo  se  habría  dictado  sin que la acción  estuviere  vigente,  lo  que  comporta falta al debido proceso y al derecho a la  defensa,  además  de  que hay una mezcla contradictoria de argumentos, porque a  veces  se  pretende se aplique por favorabilidad el artículo 473 del decreto 50  de  1987,  otras  que  se  vulneró  el proceso como es debido y las más que se  reconozca que las pruebas existentes obligaban a la cesación.   

         Respecto  del  artículo  473 del decreto 50, considera que si bien  se  aplicó  en  forma correcta en el primer calificatorio, no ocurrió lo mismo  en  el segundo, pues  al no variar la situación probatoria, se imponía la  cesación  de  procedimiento.  No obstante ello, por el principio de limitación  la Corte no puede enmendar las deficiencias de la demanda.   

         2°)  No  prospera  la  violación indirecta de la norma sustancial  porque  no  se  precisa  el  falso  juicio que llevó al error que señala ni el  alcance  último  de  la violación. Al parecer, el actor pretendió esgrimir un  falso  juicio  de identidad, pero no demostró que se distorsionaran las pruebas  sino  que  antepuso  su personal apreciación sobre ellas, la cual no desvirtúa  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  los  fallos de instancia.  Además,  en forma contradictoria pretende demostrada la legítima defensa, pero  en  sus  argumentos  reconoce  que  la  duda  se  mantiene,  lo  que  impide  un  pronunciamiento  de  fondo, pues la Sala no puede escoger entre las dos opciones  que considera.   

CONSIDERACIONES  

         La  Corte  no  casará  la  sentencia impugnada, por las siguientes  razones:   

         Primer cargo.   

         Acude  el  actor  a  la  violación  directa  de la ley sustancial.  Afirma  que  “no  se  dio  aplicación  a una disposición que por favorabilidad  ultraactiva   tendría   plena   validez  jurídica  y  habría  determinado  la  prescripción  de  la  acción penal”. Centra su reproche en que con base en tal  mecanismo  de  benignidad,  se  ha  debido  declarar  la imposibilidad de que la  justicia  siguiera  actuando,  por aplicación del artículo 473 del Decreto 050  de  1987, que impedía volver a revisar la prueba después de la declaración de  “reapertura”  y,  por  tanto,  a  cesar  procedimiento. Estima que ese fenómeno  equivale a una “prescripción”.   

         Respóndese:   

         1.  Mostrando confusión sobre el tema de la “prescripción” el  casacionista  afirma  que  ha  debido  ser decretada. En el fondo, no formula un  problema  de  prescripción  sino  de  inaplicación  de una norma procesal que,  dice,  podría  dar  lugar  a  una  manera especial de declarar extinción de la  acción.  A  pesar  de  ello,  por  si  real y jurídicamente el actor estuviera  pensando en prescripción, bastaría hacerle ver:   

         a) Los hechos ocurrieron el 1o. de mayo de 1988.   

         b)   Tanto  en  la  resolución  de  acusación  como  en  las  dos  sentencias  se  hizo  expresa alusión al delito de homicidio agravado, previsto  en  los  artículos  323  y  324-7  del  Código Penal de 1980, vigentes para la  época  de  lo  sucedido.  De  esa  normatividad  resulta  que  la  pena máxima  imponible  sería  treinta (30) años de prisión y atendido lo pertinente en la  materia,    surge   que   la   acción  penal  por  el  homicidio  agravado  prescribiría en 20 años.   

         c)  La  resolución  acusatoria  obtuvo  firmeza  el 24 de enero de  1995,   cuando   el   pliego   fue   confirmado  por  la  fiscalía  de  segunda  instancia.   

         De  lo anterior resulta que entre el 1o. de mayo de 1988 y el 24 de  enero  de 1995, no habían pasado esos 20 años; solamente 6 y unos meses, y por  consiguiente  al  calificar  el  mérito  del  sumario  la acción no se hallaba  prescrita.   

         

         d)  Y contados los años pasados entre la fecha de la ejecutoria de  la acusación y hoy, no han transcurrido todavía diez años.   

         En  síntesis, no se trata de prescripción, pero si fuera así, en  momento alguno la acción estuvo ni está prescrita.   

         2.  Del  texto  de  la  demanda  parece  desprenderse  que el actor  quisiera  la aplicación del artículo 473 del Código de Procedimiento Penal de  1987   (Decreto   050)   por  cuanto,  según  cree,  al  asunto  concurren  los  presupuestos   previstos   por   la  norma,  que  imponían  necesariamente  una  providencia de cesación de procedimiento.   

         Se responde:   

        a)  Bajo el título de “reapertura”, la regla citada se refería al  momento de la calificación del mérito del sumario. Precisaba:   

        “Cuando  no exista prueba para ordenar cesación de procedimiento o  para  formular  resolución  de  acusación,  el juez ordenará reapertura de la  investigación  por  término  que  no  podrá  exceder  de sesenta (60) días y  señalará las pruebas que deban practicarse”.   

        “Vencido   este  término,  cerrará  la  investigación,  correrá  traslado  a  las partes, luego de lo cual decretará cesación de procedimiento,  si  no  hubiere  mérito para formular resolución de  acusación” (destaca la Sala, ahora).   

        b)  El  artículo  25 del Decreto 1861 de 1989 amplió dicho lapso,  que  de  sesenta  (60)  días  pasó  a  ser  de  un  (1) año, y dispuso que la  apelación  del  auto  de  reapertura no suspendía la instrucción del proceso,  pero  dejó  vigentes  los  presupuestos  del  inciso  segundo   transcrito,   esto   es,   lo  relacionado  con  el  segundo  acto  de  clausura.   

        Dadas  la  época  de  ocurrencia  de  los  hechos  y el momento de  clausura  de  la  instrucción,  regía  la disposición mencionada, por lo que,  quizás  acatando  el  principio  de favorabilidad, se impondría su aplicación  ultraactiva  pero,  desde  luego, siempre que se reunieran los supuestos en ella  regulados.   

        c)  Sin embargo, el censor se equivoca. En efecto, el artículo 473  citado  no  dice  que  si  dentro  del  término de la reapertura no se obtienen  nuevas  pruebas  sea  obligatoria  la  cesación.  Afirma,  sí,  que procede la  cesación   “si  no  hubiere  mérito  para  formular  resolución   de   acusación”,  frases  que  hacían  imperativa  la  evaluación  probatoria  total,  es  decir, incluyendo tanto las  pruebas anteriores como las posteriores al auto de “reapertura”.   

        Así  lo  ha  explicado  la  Corte  varias  veces,  por  ejemplo en  sentencias  del  2  de  diciembre  de  1998 y del 20 de enero de 1999 (radicados  números  10.  664 y 11.075, M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego). Estas han sido  sus palabras:   

        “Si  el  funcionario  reabre  la  investigación,  lógicamente  se  supone  que  echa  de  menos pruebas que deben practicarse, pero nótese que ese  nuevo  procedimiento  de  cierre  de  investigación,  traslado  a  los  sujetos  procesales  y  segunda  calificación,  no  está  supeditado a que realmente se  produzcan  los  medios  de  convicción  anunciados,  sino sólo al vencimiento   del  término.  Es  decir,  logradas  las  pruebas  anheladas  dentro  del término legal o no obtenidas por  cualquier  causa,  de todas maneras el funcionario tiene que volver a evaluar el  conjunto  del  material probatorio para establecer si existe mérito para dictar  resolución   de   acusación   o,  en  caso  negativo,  profiere  cesación  de  procedimiento”.   

        “La  disposición no introduce salvedades, en el sentido de ponerla  a     decir     que,     si     no    se    practican    las    prue­bas   extrañadas,  indefectiblemente  debe  producirse  la  cesación  de  pro­cedimiento;     no,     el     precepto     sin     dis­tinción  prevé  que  dicha decisión  (cesación)  se  dictará  ‘si  no  hubiere mérito para formular resolución de  acusación’,  expresión ésta que lógi­camente       supone       una       nueva       evalua­ción de la prueba, tanto de la que ya  existía  como de la que se llegare a recaudar en el lapso complementario, pues,  al   fin   y  al  cabo,  todo  hace  parte  de  la  investigación”.   

         

        En  el  asunto  que  ahora  estudia  la Corte, tras el cierre de la  investigación,  la  fiscalía  -en  primera  y  segunda  instancias- evaluó el  material  probatorio  recaudado  -el  anterior  y el posterior a la reapertura-,  concluyó  que concurrían los presupuestos para acusar y así procedió, de tal  manera  que  se  sujetó  al  verdadero mensaje del artículo 473 del Código de  Procedimiento    Penal    de    1987,    norma   cuya   aplicación   ahora   se  invoca.   

        3.  Y, por último, obsérvese otro defecto técnico-formal grande:  a  pe­sar  de que esbozó  como   motivo   de   casación   la   aplicación   de   un  enuncia­do  que  fue omitido, el actor agregó  otras  cosas,  ya  fuera de la causal ex­puesta:  prescripción,  de­s­conocimiento  del  debido  proceso  e insuficiencia probatoria para  derivar      responsabilidad      penal,      temas      que      co­­rresponderían    seguramente    a  variadas  causales  y,  en  todo  caso,  que  debían  ser propuestos separada y  subsidiaria­mente,  tarea  que no realizó el actor.   

        Segundo cargo.   

        Aquí  postula  violación indirecta, por falso juicio de identidad  respecto,  sobre  todo,  de la prueba testimonial. Y agrega que “se incurrió en  errores  de  interpretación  en  las  pruebas  y  se negó la existencia de una  injusta  agresión  que  puso  en peligro la vida del sindicado y por ende no se  justificó su comportamiento y se le condenó”.   

        Se contesta:   

        1.  El  censor  partió  de  falso  juicio de identidad y habló de  error  de  hecho. Sin embargo, con la precisión y claridad que exige la ley, no  explicó  si  se  trataba  de  falso juicio de identidad por restar, adicionar o  descontextualizar  una o varias de las pruebas. Se limitó a extraer sus propias  conclusiones  de  las  narraciones de los testigos, sin más. Pero frente a cada  uno   de   ellos   no   dijo   si   los   jueces   había  quitado,  agregado  o  descompuesto.   

        2.   También   aludió  a  errores  de  interpretación.  Pero  no  sustentó  su afirmación pues no demostró a la Corte por qué los funcionarios  judiciales  habían  hecho  hermenéutica  errada  en  torno  a  la prueba, como  tampoco    dijo,   con   objetividad,   cómo   debía   ser   interpretada   la  misma.   

        3.  En  alguna  parte de su escrito tangencialmente aseveró que se  había  faltado  a  la  sana  crítica.  Sin  embargo, bien como falso juicio de  identidad  -como  era  antes-,  bien  como  falso raciocinio -como es ahora-, no  explicó  las fallas judiciales en la materia, concretamente si, y por qué, los  jueces  se  habían  apartado de las reglas de la experiencia, de los principios  científicos  o  de  las  leyes  lógicas  elementales. Y como conse­cuencia  de  su  yerro,  tampoco  pudo  decir    cuáles    reglas,    principios   o   leyes   han   debido   ser   las  aplicadas.   

        4.  Como  se  lo hizo ver el Tribunal en su sentencia, el censor no  ha  hecho  más que repetir y repetir los mismos argumentos, que, por lo demás,  ya  han  obtenido  respuesta  judicial.  En  la  demanda  insiste  en  lo mismo,  anteponiendo  su propia percepción de la prueba y olvidando que en esta sede no  se  trata  de  postular  una hipótesis para enfrentarla al pensamiento judicial  con  el  fin  de  que  la  Corte  escoja,  sino de comprobar errores flagrantes,  patentes,   manifiestos,  cometidos  por  los  jueces  en  contra  del  derecho.   

        5.  Paradójicamente,  con  el  anhelo  de  que sea privilegiada su  singular  forma de valorar los elementos de juicio, el actor pide la absolución  con  base  en  la legítima defensa, sustentado en aquello que, según él, dice  la  prueba.  No  obstante,  cuando  cita las normas infringidas concluye que las  pruebas  “que obran en el expediente no indican esa certeza que se requiere para  condenar,  por  tanto  la  duda  se mantiene”. Las comillas indican el carácter  endeble  del  argumento, que se robustece cuando a renglón seguida continúa el  censor:  “la  discusión  sobre  si  hubo o no agresión injusta que motivara la  reacción  defensiva  del  SINDICADO, es una duda razonable”, pues la existencia  de  unos  testigos  que  la  aceptan y otros que la descartan “creó la duda que  jamás  se  venció”,  con  lo  cual  se  “perpetuó  la  duda”.  Lo postulado y  desarrollado, entonces, es contradictorio y, por tanto, ilógico.   

        Por  lo expuesto, es claro que se impone el mantenimiento entero de  la sentencia impugnada.   

        Para  culminar, téngase en cuenta que para efectos de una eventual  favorabilidad  en  razón  de la vigencia de una  nueva legislación penal,  como  la  Corte  no  casará  el  fallo  la competencia para ello es del Juez de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad.   

        Con  fundamento en lo dicho, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,     

RESUELVE  

        1. No casar la sentencia recurrida.   

        2. Devolver el expediente al Tribunal de origen.   

CUMPLASE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

SECRETARIA  

    

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