12282(28-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 12282  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 26  

          Bogotá, D.C., veintiocho de febrero de dos mil dos.   

VISTOS  

             

Revisa  la  Corte  en  sede  de casación la  sentencia  de  segundo  grado  del 13 de mayo de 1996, proferida por el Tribunal  Superior  de  Montería,  por  medio de la cual confirmó integralmente el fallo  dictado  por  el  Juzgado  Promiscuo del Circuito de Montelíbano el 31  de  enero  del mismo año, en el que condenó a JAIR GARCIA  MUÑOZ   a  la  pena  principal  de  260 meses de  prisión  como  autor  responsable  de  los  delitos de homicidio y tentativa de  homicidio.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

El  10  de  junio  de  1995,  JAIR   GARCIA  MUÑOZ,  Carlos  Mario  Cipriano  Garzón,  Edilberto  Antonio  Oyola Manchego y otras personas se desplazaban  por  jurisdicción  del  municipio  de  Montelíbano  en  un  vehículo campero,  mientras  ingerían  licor. A la altura del sitio denominado “Hacienda Cuba”  detuvieron  la  marcha y se bajaron del automotor los tres inicialmente citados,  momento  en  el  cual  fue  muerto  por un impacto de arma de fuego Oyola  Manchego  y  lesionado Cipriano  Garzón  por acción atribuida a  GARCIA MUÑOZ.   

          El  12  de  junio  siguiente,  agentes  de  la  SIJIN  de Montería,  amparados  en  resolución  emanada  de  la  Fiscalía Regional Delegada ante la  misma  ciudad,  practicaron  una  diligencia  de  allanamiento  y registro en la  hacienda  El  Porvenir  en  el  municipio de Caucasia-Antioquia, operativo en el  curso   del  cual  capturaron  a  JAIR  GARCIA  MUÑOZ  e    Ibrahin   Martínez  Rodríguez,   quienes   por  orden  de  la  Fiscalía  Veinticuatro  Delegada de Montelíbano, fueron dejados en libertad inmediata por  haberse  establecido  que su captura se produjo con violación de las garantías  constitucionales y legales.   

          En  resolución  del  14  de los mismos se dispuso la apertura de la  instrucción  y  la  captura  de  los  arriba  citados,  la  cual  se ejecutó en la misma fecha. Escuchados en  indagatoria  les  fue resuelta su situación jurídica el 20 de junio siguiente,  imponiéndoseles   medida   de   aseguramiento   de  detención  preventiva  sin  excarcelación    por    los    delitos    de    homicidio    y   tentativa   de  homicidio.   

          El  mérito  del  sumario  se calificó el 21 de septiembre de 1995,  profiriéndose  resolución  de  acusación contra JAIR  GARCIA  MUÑOZ  como autor de los referidos delitos. En  favor de los restantes procesados se precluyó la instrucción.   

          El  conocimiento del juicio fue asumido por el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de Montelíbano, despacho que una vez celebrada la audiencia pública,  profirió  el  31 de enero de 1996 la sentencia por medio de la cual se condenó  al  acusado JAIR GARCIA MUÑOZ  a  la  pena  principal  de  260  meses de prisión como autor responsable de los  delitos  respecto  de  los  cuales  se  le acusó. Apelada esta decisión por el  defensor,   fue   objeto   de   confirmación   integral   en   el  fallo  ahora  impugnado.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

         Dos  cargos  en  acápites  separados  formula el defensor contra el  fallo  de  segundo  grado, el primero al amparo de la causal tercera por haberse  dictado  la  sentencia  en un juicio viciado de nulidad, y el segundo, al amparo  de  la  causal  primera  cuerpo  segundo, por error de hecho por falso juicio de  existencia.   

         

Cargo primero.  

         La  nulidad  se  sustenta  en  la  causal  2º del artículo 304 del  anterior    Código    de    Procedimiento    Penal,    sobre   los   siguientes  fundamentos:   

         Tras  cita  textual  del contenido de  los artículos 383 y 435  del  mismo  estatuto  procesal, refiere el demandante que en el presente caso la  señora  Fiscal 24 de Montelíbano al darse cuenta que el procesado JAIR  GARCIA  MUÑOZ  había sido capturado  con  violación  de  las garantías constitucionales y legales, ordenó mediante  resolución  del  14 de junio de 1995 su libertad inmediata y la suscripción de  diligencia  de  compromiso  en  los  términos  del  referido artículo 383. Sin  embargo,  incomprensiblemente,  con  abuso  de  sus funciones, en la misma fecha  reitera  su  captura,  la cual se hace efectiva cuando el procesado salía de la  Cárcel  Nacional  Las  Mercedes,  haciendo imposible el restablecimiento de sus  derechos, violándose con ello el debido proceso.   

          La  situación así presentada no puede calificarse como una captura  ilegal,  porque en realidad esta ya había sido corregida por el Fiscal mediante  la  referida  resolución  del  14  de  junio,  sino  que  se está ante medidas  encaminadas a impedir la libertad del procesado.   

          De  acuerdo con la ley procesal, la resolución que se profiere para  impedir  el goce de sus derechos constitucionales y legales, es inexistente a la  luz  del  precepto  contenido  en  el artículo 435 del Código de Procedimiento  Penal  entonces  vigente,  y  consecuentemente  se  está  afectando  de  manera  sustancial   el  debido  proceso.  El  encarcelamiento  ilegal  de  GARCIA  MUÑOZ afecta además el derecho de  defensa  “porque  no  es lo mismo defenderse estando  preso  que  defenderse  estando en libertad”, pues en  éste  último  evento  los  procesados  tienen mucho más opciones probatorias.   

          Pero  lo  que  mayor incidencia tiene en la validez de la actuación  es  el  hecho  de  haberse  llegado  a una sentencia en un proceso en el cual la  resolución  que  abre  la investigación y ordena la captura es inexistente por  mandato  legal y consecuencialmente la indagatoria y la resolución que resuelve  la situación jurídica.   

          Insiste  en  que  la  orden  de  captura  ordenada  por la Fiscalía  “está  viciada,  porque  aún no se ha concedido la  libertad  a  JAIR GARCIA MUÑOZ”. No pueden coexistir  “dos  capturas  o  dos  órdenes de captura al mismo  tiempo  y  por  los  mismos  hechos”. La libertad que  ordenó la misma Fiscalía nunca se hizo efectiva.   

          Al   procesado   se   le   ha   dado   un  tratamiento  de  detenido  “cuando  legalmente  él  no está preso, legalmente  debe  estar  en  libertad”.  Su  indagatoria  debió  realizarse  sin  privación  de  su libertad, e incluso, agrega, “lo  más aconsejable era abrir una investigación previa después de  la  irregularidad  que  se  cometió”  con la captura  ilegal.  La indagatoria es inexistente y por tanto también la resolución de la  situación jurídica.   

          La  investigación  previa  era procedente entonces porque hasta ese  momento  no  se tenía una clara información sobre la autoría y participación  del  hecho  investigado, máxime cuando a los presuntos sindicados se les había  hecho  firmar  un  acta  de  compromiso  donde  se obligaban a permanecer en una  residencia   determinada,   para   el   caso   la  finca  “El  Porvenir”  en  jurisdicción  del  municipio  de  Caucasia,  y  a presentarse a las autoridades  cuando   estas   lo   requirieran,   compromiso  que  la  Fiscalía  desconoció  unilateralmente.   

          Si  la  intención  del  ente  acusador  era  abrir  la instrucción  “ha  debido  esperar por lo menos que la resolución  que  ordenó dar la libertad por captura ilegal quedara ejecutoriada”,  pero  en lugar de ello, “rompió el  compromiso”  y  ordenó  en  forma  simultánea  la  captura  de  GARCIA MUÑOZ, lo  cual  es  contradictorio  con  el  acta  de  compromiso, la cual “no  fue  ni ha sido revocada o derogada”,  de   donde   los   actos   procesales  ejecutados  con  su  desconocimiento  son  inexistentes.   

          Una   interpretación   distinta   del   caso   es   “violatorio   del   principio  de  favorabilidad,  del  principio  de  igualdad  y  del  principio  de  la seguridad jurídica y consecuencialmente del  debido    proceso”.                   La  situación planteada genera en forma clara y  flagrante  nulidad de la actuación surtida a partir inclusive de la indagatoria  y  la  resolución  que  resuelve  situación  jurídica,  pues  esta depende de  aquélla.   

          Los  ciudadanos que se ven afectados por  un   proceso   penal   tienen   derecho   a   que  se  respeten  sus  garantías  constitucionales  y  legales,  las  cuales  fueron  violadas  en  este  caso  al  procesado  JAIR GARCIA MUÑOZ,  razón por la cual debe decretarse la nulidad que invoca.   

          Segundo cargo   

          Con   fundamento   en  la  causal  primera,  el  actor  propone  una  violación  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  al haber ignorado el  fallador  los  testimonios de Angela María Saldarriaga  Cardona,  Nasly  de  las  Mercedes  Bello Jiménez, Jorge  Correa,    Alvaro   Castillo,   Gilberto   Vanegas   y   Carlos   Mario   Molina  Cataño,   de   cuyas   intervenciones   trae   citas  textuales.   

          Los  anteriores  testimonios no fueron objeto de consideración. Tan  sólo  en  el  fallo  de  segunda  instancia  se afirma que las declaraciones de  Angela    Saldarriaga   y  Nasly  Bello, compañeras de  viaje  del  procesado,  “no muestran elementos sobre  los   cuales   se  pueda  estructurar  una  legítima  defensa”,  pero  el  Tribunal omite hacer un análisis detallado de los mismos,  y  menos  explica  las  razones  de  su  conclusión,  es  decir  que la Sala de  Decisión   no   presenta  fundamentos  claros  del  por  qué  descarta  dichos  testimonios,  desconociendo así lo preceptuado en el artículo 254 del anterior  Código de Procedimiento Penal.   

          Con   estos   medios  de  prueba  dejados  de  apreciar,  agrega  el  impugnante,   se  prueba  lo  siguiente:  a)  Que  el  hermano  de  JAIR  GARCIA  recibió  la  suma de cuatro  millones  de pesos en efectivo de parte de Carlos Mario  Molina.  b)  Que  Edilberto  Oyola  y Carlos Mario Cipriano son personas que tenían  en  la región del Porvenir una fama de “atracadores,  chantajistas  y  ladrones”.  c) Las declaraciones de  Angela   María   Saldarriaga   Cardona  y  Nasly  de  las  Mercedes Bello Jiménez  demuestran  que  hubo  una  agresión  por  parte  de  Edilberto Oyola y   Carlos   Cipriano,  con  la   única   finalidad  de  conseguir  que  Dario   y   JAIR  “les  entregaran  el  dinero  que  llevaban”  ,  acción de la cual tuvo que defenderse  “para  proteger  su vida y el dinero” tal  como  lo alegó en su indagatoria. Bajo estas circunstancias se  dan las condiciones de la legítima defensa.   

          Si  el Tribunal hubiera apreciado en su contexto estas declaraciones  su  decisión habría sido absolutoria, razón por la cual se configura un error  transcendente   en  la  valoración  de  las  pruebas.   

          El  procesado no tenía motivos distintos para atacar a Edilberto   Oyola  Manchego  y   Carlos  Mario  Cipriano  Garzón.  Este  último  tampoco  da  una  razón  justificable  del  proceder  de  JAIR  GARCIA   en su contra, de donde  la única causa es la alegada por el implicado.   

          Solicita  en  consecuencia que se case la sentencia y se absuelva al  procesado.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PUBLICO   

          Cargo primero   

          El  Procurador  Primero  Delegado  en  lo  Penal  considera  que los  aspectos  a que hace alusión el recurrente en este cargo, no vulneran el debido  proceso ni el derecho de defensa.   

          Si  bien  es  cierto que la captura de JAIR  GARCIA,  realizada  el 12 de junio de 1995, fue ilegal  por  no  haberse  efectuado  por  virtud  de  mandamiento  escrito  de autoridad  judicial  competente  y  con  las  formalidades  legales,  también lo es que la  Fiscalía  24  de  Montelíbano,  por auto del 14 siguiente, ordenó la libertad  inmediata   del  capturado  y  restableció  de  alguna  manera  las  garantías  vulneradas, libertad que se produjo en esta fecha.   

          El  hecho  de  que  en  el  mismo día la Fiscalía haya ordenado la  captura  de  JAIR  GARCIA, la  cual  se  ejecutó  en la misma fecha, no vulneró el debido proceso. La captura  inmediata  del  procesado  obedece  a  la labor diligente del Estado, cumplida a  través  del  cuerpo  armado de policía, cuya aprehensión se llevó a cabo por  virtud de orden expedida por autoridad competente.   

          La  presunta  irregularidad  alegada  por  el  demandante  no  tiene  trascendencia  capaz  de  desquiciar  el  fallo  recurrido.  La ilegalidad de la  captura  fue  oficialmente reconocida y de inmediato ordenada con respeto de las  garantías.  No  se  trata  de  una  apariencia de legalidad porque esa orden de  captura  no  requería  ejecutoria  sino  que  era  de  inmediato  cumplimiento.  “La  eficacia  de  la  captura  para que la libertad  ordenada  se  prolongara  en  el  tiempo  no  es  una  garantía al precio de la  impunidad”.   

          La  Corte  ha sido reiterativa en que la captura ilegal –que  no  es  propiamente  el caso-, no  alcanza  a  derrumbar el fallo si después el procesado es investigado y juzgado  con  todas  las  garantías, sin perjuicio de las investigaciones disciplinarias  contra quienes han realizado la aprehensión ilegal.   

          En consecuencia, el cargo debe desestimarse.   

          Segundo cargo   

          Para  el  Procurador  la  censura presenta yerros técnicos que hace  que  las pretensiones del recurrente no puedan prosperar, pues además de que no  identifica   de  manera  clara  y  precisa  los  fundamentos  de  la  causal  de  impugnación   que   invoca,   no  señala  la  norma  sustancial  presuntamente  transgredida,  ni  el sentido de la violación; tampoco se precisa la incidencia  de la misma en la sentencia.   

          Sin  embargo,  para  la Delegada, el reproche del actor no puede ser  acogido,  pues  el  falso  juicio  de  existencia por omisión resulta infundado  frente  a  unas  pruebas en la medida en que en el fallo de segunda instancia si  fueron  tenidos  en  cuenta  los  testimonios de Angela  Saldarriaga    y   Nasly  Bello,  al  señalar  el  juzgador  que  los mismos no  muestran   elementos  sobre  los  cuales  se  pueda  estructurar  una  legítima  defensa.   

          En  cuanto  a las restantes pruebas que echa de menos el impugnante,  si  bien  es  cierto  fueron omitidas en los fallos de instancia, también lo es  que  las  mismas  por  sí solas, o valoradas conjuntamente, a la luz de la sana  crítica,  no  lograr  demostrar  la  pretendida  justificación  del  hecho por  legítima  defensa  de  la  vida  y  bienes  del  acusado.  El  relato  de estos  declarantes  es  ajeno  a las circunstancias en que fue cometido el homicidio de  Edilberto  Olaya y el conato  de    homicidio    de   Carlos   Cipriano.   

          El  recurrente  no  demuestra  el error de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión.  En  cambio,  los  falladores basan la condena, entre  otros  elementos  de  juicio,  en  el testimonio rendido por el lesionado Carlos  Mario  Cipriano,  quien  afirma que él y el hoy occiso fueron atacados con arma  de fuego de manera injustificada por parte del procesado.   

          La censura debe entonces rechazarse.   

          CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

          Primer cargo   

          No  hay  duda  de  que  la  captura de JAIR  GARCIA  MUÑOZ,  ejecutada  el 12 de junio de 1995 por  miembros  del Departamento de Policía de Córdoba en desarrollo de un operativo  de  allanamiento  y  registro en la hacienda El Porvenir ubicada en el municipio  de  Caucasia  – Antioquia –  no  obedeció a mandamiento escrito de autoridad judicial competente, razón por  la  cual  mediante  resolución  del  14  siguiente  la Fiscalía 24 Delegada de  Montelíbano  dispuso  su  libertad inmediata, previa suscripción de diligencia  de  compromiso  en  los términos del artículo 383 del decreto 2700 de 1991. La  orden  se  consolidó  mediante  la expedición de la boleta de libertad No. 007  para   ante   el   Director   de  la  Cárcel  Nacional  “Las  Mercedes”  de  Montería.   

          También  aparece  acreditado  que  mediante resolución de la misma  fecha  la  Fiscalía  dispuso la apertura de investigación penal, teniendo como  base  el  informe  policivo  fechado  de junio 12 de 1995, rendido por la Unidad  Investigativa  de  Policía  Judicial  y  en  el  cual se sindica a JAIR   GARCIA   como   la   persona   que  directamente  había disparado arma de fuego contra la humanidad de Carlos  Mario  Garzón  Cipriano  (fls 1 y  ss.).  En  el  numeral  6º de la resolución se dispuso librar orden de captura  contra  el  citado  implicado y otros, “ya que contra  los   mismos   existen   serios   cargos   de   responsabilidad   en   el  hecho  averiguado”.   

          El  hecho  de  que  en  cumplimiento  de  esta última orden se haya  aprehendido  a  JAIR GARCIA en  la  misma  fecha  en  que  se ejecutó su libertad, no constituye a juicio de la  Sala   vulneración  al  debido  proceso.  Los  derechos  del  procesado  fueron  restablecidos  al  disponerse su liberación una vez reconocida la ilegalidad de  la  inicial  aprehensión.  La  orden  de  captura que se dispuso inmediatamente  después   de   su   liberación   se   hizo   con  respeto  de  las  garantías  constitucionales  y procesales, por autoridad competente, de donde su ejecución  era  un  imperativo  para las autoridades de policía  dentro del territorio del país.   

           No   se  trata,  como  lo  destaca  el  Procurador,  de  una  mera  apariencia  de legalidad, porque la orden de captura  legalmente  dispuesta  en  la  resolución  de  apertura de la investigación no  requería  ejecutoria  sino  que era de cumplimiento inmediato. El procedimiento  empleado,  lejos  de  vulnerar  las garantías del procesado, obedece a la labor  diligente  de  las  autoridades  de policía, quienes para el cumplimiento de su  deber  no  podían  esperar  que la libertad ordenada se prolongara en el tiempo  con inminente riesgo de propiciar la impunidad.   

          De  otro  lado,  si en el fondo lo que cuestiona el demandante es la  supuesta    ilegal    captura    de    JAIR   GARCIA  MUÑOZ  por  no  haberse  consolidado  previamente  el  restablecimiento  de  sus  derechos, la Corte ha sido insistente en señalar que  pretensiones  de este jaez devienen inanes en sede de casación (entre otros, en  pronunciamientos  de  junio  14 y agosto 15 de 2000, radicados. 14.267 y 14.368,  en  su  orden),  pues tales actuaciones carecen de capacidad para viciar toda la  actividad  judicial posterior cuando ésta se ha ceñido a la legalidad, máxime  si  la  propia  Constitución Política y la normatividad procesal penal prevén  como  mecanismo  idóneo para tutelar la garantía de la libertad individual, la  acción   pública   de   habeas  corpus  y  la  petición  de  libertad  por captura ilegal, esta última que  bien  puede  dirigirse  al  funcionario  judicial  tan  pronto  le  es  puesto a  disposición el aprehendido irregularmente.   

Esto  hace  que  el  cargo,  además  de  infundado,  resulte  intrascendente,  por carecer de idoneidad para concitar las  consecuencias jurídicas invalidatorias que el demandante reclama.   

El  otro  planteamiento  del  casacionista,  consistente  en  que  la  fiscalía  debió  ordenar forzosamente investigación  previa,  y  que  al no hacerlo vulneró el debido proceso, carece de lógica. La  Sala  ha  considerado  que  el agotamiento de esta fase no constituye en nuestro  sistema  procesal  presupuesto  necesario  para  poder  acceder a la etapa de la  investigación,   ni  por  ende  es  condición  de  validez  de  la  actuación  subsiguiente.  Así  en  el  fallo  de  casación  de  diciembre  7 de 2000, con  ponencia  del  Magistrado  Fernando Arboleda Ripoll, se dijo que su ordenamiento  sólo  resulta  viable “cuando existen dudas sobre la  procedencia  de  la apertura de investigación, no cuando el ejercicio inmediato  de la acción penal se impone”,   

En el presente caso, del informe rendido por  la  Unidad  Investigativa  de la Policía Judicial del Departamento de Córdoba,  fechado  de  junio 12 de 1995 (fls. 1 ss.), se evidenciaba no sólo la comisión  de  un delito contra la vida y la integridad personal sino además el compromiso  penal  que  en  el  mismo  tenía  JAIR  GARCIA,  de  donde  se imponía para el  instructor  la  apertura  formal  de  investigación,  tal  como  lo  dispuso la  fiscalía  en  la resolución del 14 siguiente, cuya legalidad no puede entonces  cuestionarse.    

En consecuencia, el cargo no está llamado a  prosperar.   

Segundo  cargo   

En  esta  censura,  el  actor plantea que el  fallador  de  segundo  grado  incurrió  en  error  de  hecho  por  falso   juicio   de   existencia,  en  la  modalidad  de preterición de pruebas, que condujo a una violación indirecta de  la  ley, pero omite señalar la norma sustantiva presuntamente transgredida y si  la  violación  se  debió  a  aplicación indebida o falta de aplicación de la  misma.   

Para sustentar el cargo señala el censor que  fueron  ignoradas  las  declaraciones  de Angela María  Saldarriaga  Cardona, Nasly de las Mercedes Bello Jiménez, Jorge Correa, Alvaro  Castillo,  Gilberto  Vanegas y  Carlos  Mario  Molina Cataño, prueba testimonial de la  cual  se  deducía  que  el  hermano  de  JAIR  GARCIA  había  recibido  en la fecha de los hechos la suma de  cuatro  millones  en  efectivo  y  que  las  víctimas  del  hecho  Edilberto  Oyola y  Carlos  Mario  Cipriano, son personas que tenían en la  región   del   Porvenir   fama   de   “atracadores,  chantajistas  y  ladrones”.  De  lo  atestiguado por  Saldarriaga   Cardona  y  Bello  Jimenéz  deduce que existió una agresión previa de parte de las víctimas  hacia  JAIR  con  el  único  propósito de despojarlo del dinero que llevaba.   

Ha  sido insistente la Corte en sostener que  el  error  de  hecho  conocido  como  falso  juicio de existencia por omisión o  preterición,  se  presenta  cuando  los juzgadores al apreciar los elementos de  prueba  que  obran  legalmente  aportados  al  proceso,  ignoran  la  existencia  material  de  alguno  o  algunos  de ellos de manera absoluta, dando lugar a una  visión  distinta  de  los hechos, que incide en el sentido de la decisión o en  la  aplicación  de  sus  consecuencias  jurídicas. Pero este cometido sólo se  logra  confrontando  los  medios objetivamente echados de menos con los que tuvo  en  cuenta el juzgador para proferir el fallo controvertido, ejercicio a través  del  cual  puede  la Corte descubrir la real trascendencia del error -en caso de  haber   existido   realmente  éste-  y  por  ende  si  la  sentencia  es  o  no  legal.   

Lo  anterior  por cuanto este extraordinario  instituto  no  tolera  la  discusión  de  yerros intrascendentes, sino sólo de  aquéllos  relevantes  en  la  decisión  final,  única manera de desvirtuar la  doble  presunción  de acierto y legalidad de que llegan revestidos los fallos a  esta sede.   

         

En  esta  oportunidad  el  demandante,  no  obstante  haber  señalado  en  forma precisa las unidades de investigación que  considera  marginadas  por  el  fallador  de  segundo  grado del juicio de valor  previo  al  fallo  adverso,  deja  el  planteamiento  huérfano  de la necesaria  demostración  de la relevancia del yerro, porque antes que lograr tal cometido,  a   pesar   del   esfuerzo  argumentativo,  termina  presentando  su  particular  valoración  de  los  referidos medios de prueba, aspecto fundamental este sobre  el  cual  apenas  atinó  a  señalar que de haber sido considerados, se habría  concluido   que   JAIR   GARCIA  MUÑOZ  actuó   en   legítima  defensa  de  su  integridad  física  y  su  patrimonio.   

          Pero  las  afirmaciones  efectuadas  por  el  casacionista en manera  alguna  están  concatenadas  con el análisis realizado por el fallador, que no  encontró  que en el conjunto probatorio existiera elemento atendible indicativo  de  que el procesado haya actuado en legítima defensa, cuyo dicho alrededor del  punto no le mereció credibilidad. Así se expresó el Tribunal:   

“La versión de JAIR GARCIA transcrita en  precedencia,  no  da para una legítima defensa porque ese dicho no es confiable  por  no  resistir el juicio de la sana crítica. Veamos por qué. Si una persona  es  asida  mediante  la  camisa  por  otra que está detrás de él, y de frente  tiene  otra  que  lo  amenaza  con  un  arma  blanca lo que se esperar según la  lógica  y  de acuerdo a la experiencia y lo que indica el sentido común es que  ese   hombre,   con   un   revólver   disponible   y  frente  a  dicho  peligro  antero-posterior  remueva  primero  la  amenaza de peligro más representativa y  que  a  la  vez  le  es  más  fácil  de  eliminar como lo es el de disparar al  amenazante  del  arma  blanca.  Al  que está frente a él. Es que es absurdo el  concebir  que se ha empezado por lo más difícil: por el hombre que tiene a sus  espaldas.  Además  de lo anotado, tampoco cabe la legítima defensa con base en  la  versión  de  JAIR en la audiencia debido a que según ese relato, cuando el  victimario disparó ya el peligro había cesado…   

“Ahora bien, no se descarta la posibilidad  de  que  procesado cuando accionó el arma contra Oyola Manchego, para romper la  agresión,   fue   cuando   logró  herirlo  y  no  en  la  segunda  oportunidad  –cuando salió corriendo-  porque  lo  cierto  es  que  se  accionó  dos veces el arma y la víctima sólo  recibió  un  disparo…pero eso por no dejar de ser una posibilidad, excluye la  legítima  defensa ya que de esa causal de justificación se precisó desde hace  rato  a través de éste planteamiento ‘la  defensa, para que sea legítima, debe ser tan clara, objetiva y  subjetivamente,  que cualquier matiz que la perturbe o la haga borrosa, no sirve  como  elemento  de  duda  para darle apariencia favorable a quien la alega, sino  para   demostrar   que   esa   actitud   justificable   no  existió’”   (fls.44  ss.  cuaderno del  Tribunal).   

De  otro  lado,  en  el  fallo impugnado sí  fueron  tenidos  en  cuenta  los  testimonios de Angela  saldarriaga  y  Nasly  Bello,  al expresar el juzgador  que:   

“Ciertamente,   para   la   Sala   las  declaraciones  de  Angela  Saldarriaga  y Nasly Bello, compañeras del procesado  GARCIA  MUÑOZ,  no muestran elementos sobre los cuales se pueda estructurar una  legítima  defensa.  Igual  ocurre  y  atendible  por  demás,  en  cuanto  a lo  declarado  por  la  otra víctima de JAIR o sea Carlos Mario Cipriano Garzón”  (fl. 43 idem)   

             

          Lo  anterior  significa que el Tribunal en manera alguna desconoció  los  testimonios, sino que no les dio el alcance que el demandante pretende. Sin  embargo,  como  insistentemente  ha sido dicho por la Sala, la sola discrepancia  de  criterios  frente al análisis probatorio no resulta suficiente para cumplir  con  el  objetivo de esta impugnación extraordinaria, mediante la cual se busca  remediar  los  yerros judiciales cuando se detecte que éstos no se ajustan a la  realidad procesal.   

          Lo que hace el casacionista, entonces, es  enfrentar  a  las  conclusiones  del  juzgador  las  propias,  olvidando  que la  valoración  probatoria,  cuando ha sido hecha con sujeción a los principios de  la  sana  crítica,  es  incuestionable  en casación.  En la demanda no se  ofrece  un  solo  argumento orientado a la demostración de la irracionalidad de  esa  valoración  y  en  tales  circunstancias  es  clara  la  improsperidad del  cargo.   

          En   cuanto   se   relaciona  con  la  eventual  aplicación  de  la  favorabilidad  por  el tratamiento punitivo más benigno del nuevo Código Penal  para  el  delito  de  homicidio,  el  Juez  de  Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad,  decidirá lo pertinente de acuerdo con la previsión contenida en el  artículo  79,  numeral 7º del nuevo Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000).   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

No casar la sentencia recurrida.  

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese, devuélvase al Tribunal de origen y  cúmplase.   

                  ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE                

JORGE        ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO               

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                  NILSON PINILLA  PINILLA                        

Teresa Ruíz Nuñez  

Secretaria  

           

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