11584(18-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 11584  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.  JORGE CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 82  

Bogotá,  D. C.,   dieciocho (18)  de julio de dos mil dos (2002).   

         

V   I   S   T   O  S   

Procede  la  Sala  a resolver el recurso de  casación   interpuesto  por  el  defensor  de  JOSÉ  FRANCISCO   NAUSAN   GONZÁLEZ  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 10 de octubre de 1995, por  medio  de  la  cual,  al confirmar parcialmente la del Juzgado Veinticinco Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, fechada el 2 de junio  de esa anualidad,  lo  condenó  a  la  pena  principal  de  12  años  y 6 meses de prisión, a la  accesoria  de  rigor  y  al  pago  de  los  perjuicios, como autor del delito de  homicidio preterintencional.   

         H E C H O S   

Fueron sintetizados así por el juzgador de  segundo grado:   

         “El  11  de  diciembre  de 1993, en el  barrio      ‘Tuna  Baja’  del  municipio de  Suba,  encontrándose  en  un  establecimiento  cantina  ROSALBINA  SÁNCHEZ  DE  GARCÍA  y  su  yerno JOSÉ FRANCISCO NAUSAN GONZÁLEZ, por algún comentario de  la  primera  se  presentó intercambio de palabras que culminó con un puño que  lanzó  JOSÉ  FRANCISCO  a  su  suegra,  ante  lo  cual  ésta  se  dirige a su  residencia  comentándole a sus hijos lo acontecido; ROSALBINA sale y detrás de  su  progenitora  LUIS  ALBERTO  GARCÍA,  encontrándose  de  nuevo  en  la vía  pública  JOSÉ  FRANCISCO  y  ROSALBINA, y como LUIS ALBERTO le formula reclamo  por  el  problema  anterior,  se  suscita  riña  con  el procesado ante la cual  intervine  GABRIEL JIMÉNEZ, quien hiere a LUIS ALBERTO con un destornillador en  la  región infraescapular, en tanto que ROSALBINA es lesionada por el sindicado  a  quien  defiende  LUIS  ALBERTO;  en  ese momento aparece LUIS ALBERTO GARCÍA  UMBARILA  contra quien arremete NAUSAN, propinándole golpes en la cabeza con un  destornillador;  conducido a un centro de salud CAMI, el médico de turno, luego  de  suturar  las  heridas, le da de alta y llevado a su residencia fallece a eso  de  las  cinco  y  media de la mañana ‘POR  HIPERTENSIÓN  ENDOCRANEANA  SECUNDARIA  A  HEMATOMA DE ORIGEN  CONTUNDENTE”.    

         ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con fundamento en el informe de la Policía  Nacional,   la  Fiscalía  219 de la Unidad Especial Permanente de Bogotá,  mediante  resolución  del  12  de diciembre de 1993, declaró la apertura de la  instrucción.   

Escuchado en diligencia de indagatoria José  Francisco  Nausan  González  y  allegados  varios  testimonios,  la  situación  jurídica  le  fue  resuelta,  el  21  de  diciembre  siguiente,  con  medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por los delitos homicidio y lesiones  personales.   

Mediante resolución del 9 de marzo de 1994,  la   Fiscalía   97   Seccional   de  Bogotá,  que  ya  venía  conociendo  del  diligenciamiento,  cerró  la  investigación  y,  el  12  de  abril  siguiente,  calificó  el  mérito  del  sumario con resolución de acusación contra Nausan  González  por  el  delito de homicidio simple, decisión que al ser apelada por  el  defensor del sindicado, fue confirmada, el 10 de junio de esa anualidad, por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante los Tribunales Superiores de Bogotá y  Cundinamarca.   

El  expediente pasó al Juzgado Veinticinco  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  que,  luego de adelantar el juicio en debida  forma,  dictó  fallo de primer grado, el 2 de junio de 1995, en el que condenó  al  procesado  a  la  pena  principal de 25 años de prisión, a la accesoria de  rigor   y   al  pago  de  los  perjuicios,  como  autor  del delito de  homicidio simple.   

Apelada  la  anterior determinación por el  acusado,  su defensor y el Ministerio Público, el Tribunal Superior de Bogotá,  al  desatar  el  recurso,  el  10  de  octubre de dicho año, la modificó en el  sentido  de  condenar al procesado por el delito de homicidio preterintencional,  razón  por la cual le impuso la pena de 12 años y 6 meses de prisión y redujo  el monto de los perjuicios. En lo demás la confirmó.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACION   

El  defensor  del  procesado, al amparo del  cuerpo  primero  de  la  causal  primera  de casación, presenta un único cargo  contra  la  sentencia,  por  cuanto  estima  que  el  Tribunal violó, de manera  directa,   la   ley   sustancial,   por   aplicación  indebida  “de  esta, puesto que seleccionó las normas que regulan y tipifican  el  homicidio  preterintencional  (arts.  38  y 325 del C. P.) y las aplicó, en  lugar  de las lesiones personales dolosas, que es la tipificación de los hechos  para el procesado”.   

En el acápite que dedica a la demostración  de  la censura, advierte que el nexo causal que se le atribuye a su defendido es  inexistente,   “por   cuanto   la  fundamentación  esencial  de  la preterintención (art. 38 del C. P.) es la PREVISIBILIDAD y, en  derecho,  no  puede  demandarse  o  exigirse  lo  humanamente imposible y, en el  presente  caso,  NAUSAN GONZÁLEZ, nunca podía prever, como ninguna persona, el  resultado  teniendo  como  base  o  causa  última  determinante  LA NEGLIGENCIA  MÉDICA,    como    soporte    en   la   IMPREVISIÓN   DEL   GALENO”.   

Arguye que la teoría de la equivalencia de  las  condiciones  en  que se apoyó el Tribunal para condenar a su defendido por  el  delito  de  homicidio preterintencional, carece de trascendencia y de valor,  ya  que  la  causa  final  de  la muerte fue la negligencia médica, siendo, por  consiguiente, fortuita para su representado.   

Manifiesta     que    el    homicidio  preterintencional  es  “UNA CREACIÓN DE LA EQUIDAD  PRÁCTICA,  por  lo  cual,  no  es justo ni de equidad, que la previsión que le  faltó  al médico, que su negligencia, y en un hombre culto como él, preparado  científicamente  para mejorar la salud y salvar de la extinción la vida de los  seres  humanos,  tenga  que  ser  penada  en  el procesado NAUSAN GONZÁLEZ, que  apenas  tiene  una elemental educación y, de todo plano, le era imprevisible el  resultado  que  se  le  imputa,  pues  por  negligencia se complicó y murió el  paciente  y  no  caben otras probabilidades”, razón  por  la  cual,  insiste,  el nexo causal es inexistente por ruptura de un factor  excepcional, como fue la culpa médica.   

Como   normas   transgredidas   cita  los  artículos 38 y 325 del C. Penal por aplicación indebida.   

Reitera:  

“Al atribuirse  la  previsión  del  resultado  muerte  en  las lesiones, se estableció un nexo  causal  inexistente,  y,  por  ende,  se radicó en responsabilidad penal por el  punible  de  homicidio  preterintencional al procesado; violándose de tal forma  las  normas  sustanciales  establecidas en los artículos 38 y 325 del C. P.; de  lo       contrario       el       fallo      sería      absolutorio”.   

Luego de insistir en lo expuesto, solicita a  la   Corte  casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su  procurado.   

CONCEPTO  DEL   PROCURADOR   

PRIMERO  DELEGADO EN LO  PENAL   

Después  de  definir  los  elementos  del  homicidio  preterintencional  conforme a una decisión de la Sala, afirma que el  problema  se  centra  en  un aspecto teórico en la causalidad del delito, en la  que  no  existen  definiciones  absolutas, máxime cuando el artículo 21 del C.  Penal  “no  adscribe el sistema colombiano a ninguna  posición  teórico  normativa  sino  que alude a la simple causalidad natural o  material”,  por  lo que es equivocada la afirmación  del  impugnante, según la cual, la teoría de la equivalencia de condiciones en  la  que  se  soportó  el  juzgador carece de trascendencia y de valor frente al  presente  caso,  puesto  que  la  causa  final  del resultado fue la negligencia  médica,  ya  que el citado artículo 21 no hace referencia a ninguna teoría al  respecto,   permitiendo   el  manejo  de  una  causalidad  jurídico  normativa,  “en  lo  cual  cabe  la causalidad corregida por las  leyes  de  la  naturaleza,  la causalidad adecuada y la imputación objetiva que  todavía    se    halla   en   estado   de   elaboración   teórica”.   

Luego   de   hacer  otras  disquisiciones  teóricas  sobre  el tema y de insistir en que no puede respaldar los argumentos  del   casacionista,   máxime   cuando  del  concepto  del  patólogo  surge  la  incertidumbre  “para  determinar la responsabilidad  en  uno  u  otro  sujeto  y  en  estas  condiciones  prevalece la presunción de  inocencia  que  aunada  al  principio  del in dubio pro reo resulta favorable al  procesado”, lo que respalda con copia de fragmentos  de la experticia médico forense.   

En  el  acápite que llamó “Petición  Excepcional”,  sostiene que  debe  absolverse  al  procesado del delito de homicidio, pero no por las razones  esgrimidas  por  el  actor,  sino  con  base  en  el  análisis y la valoración  probatoria pertinente, de la que surge la duda a favor del acusado.   

Después  de copiar partes del concepto que  esa  Delegada  del Ministerio Público emitió en pretérita oportunidad en otro  proceso,  en  el que analizó la relación directa entre la causa y el resultado  muerte  en  un  accidente  de  tránsito, enfatizando que al derecho penal no le  interesa  toda causalidad sino la que socialmente merezca reproche jurídico, en  la  medida  en  que  la  misma  sea producida por la conducta individual y no la  ajena,  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada  y, en su lugar,  absolver   al   procesado   del   delito   imputado  en  el  pliego  de  cargos.  “En  su  lugar,  se  solicita se profiera sentencia  condenatoria   en   contra   del   acusado   por   el   delito  de  Lesiones               Personales               Dolosas”.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1. El demandante acusa  al   Tribunal   de   haber  violado,  de  manera  directa,  la  ley  sustancial,  “puesto  que seleccionó  las  normas  que  regulan y tipifican el homicidio preterintencional (arts. 38 y  325  del  C.P.)  y las aplicó, en lugar de las lesiones personales dolosas, que  es   la   tipificación  de  los  hechos  para  el  procesado”.  Agrega  que  el  resultado  muerte  no es  imputable  a  su  procurado  sino a la negligencia del médico que atendió a la  víctima, por lo que hay ausencia del nexo causal.   

2. Esta censura adolece  de    insalvables    desatinos   técnicos   que   la   conducen   al   fracaso,  así:   

2.1. Equivoca la causal,  pues  conforme  a  la  estructura que del proceso consagraba el Código de 1991,  bajo  cuya  vigencia se desarrolló y culminó la actuación, cuando el fallador  se  equivocaba  al  realizar  el  proceso de adecuación típica, calificando la  conducta  con el nombre que correspondía a otro delito, se estaba ante un error  de  mérito o in iudicando que, como tal, debía acusarse al amparo de la causal  primera   y   corregirse   dictando   fallo   de   sustitución.   Pero   podía  acontecer   que,  por  excepción,  el vicio in iudicando trascendiera a la  validez  de la actuación, en forma tal que si se enmendaba con fundamento en la  primera,  se generaba un nuevo dislate, al no quedar la sentencia en consonancia  con  la  resolución  de  acusación,  lo  que  acontecía  cuando el delito que  erróneamente  se  imputaba en el pliego de cargos y el que se ha debido imputar  correspondían  a  distinto  capítulo  del C. Penal. Pero como en este caso, el  desatino  seguía  siendo  de juicio, aunque debía denunciarse y remediarse con  fundamento  en  la  causal  tercera, debía desarrollarse conforme a la técnica  que  gobernaba  a  la  primera,  debiéndose,  por  ende,  señalar  la forma de  quebrantamiento  de  la  ley sustancial, si directa o indirecta y, en el último  evento,  la naturaleza del yerro cometido, el falso juicio que lo determinó, la  indicación  de las pruebas comprometidas y su trascendencia en las conclusiones  del fallo, labor que no emprendió el libelista.   

2.2.   Vulnera   el   principio   de   no  contradicción,  pues  al mismo tiempo que reconoce que el procesado cometió el  punible  de  lesiones  personales dolosas, pide que se case la sentencia y se le  absuelva.   

En esas condiciones, el  cargo no prospera.   

De      la  “Petición  Excepcional” hecha por el  Procurador             Delegado.   

1. El Procurador Primero  Delegado  en  lo  Penal,  aun  cuando pide que se rechace la censura, formula su  propio  cargo,  pretextando  violación  de  la  garantía del in dubio pro reo,  teniendo    como    soporte    el    “análisis    y    la   valoración   pertinente”  y, por ende, la casación oficiosa, con el  fin  de que al procesado se le absuelva del delito imputado en la resolución de  acusación   y,  “en  su  lugar…  se profiera sentencia condenatoria en contra del acusado por el delito  de   Lesiones  Personales  Dolosas”.   

2. Al respecto, una vez  más  debe  manifestar  la  Sala  que  si bien la tarea del Ministerio Público,  dentro  del  trámite  de  la  casación,  no  se  encuentra  limitada  a emitir  conceptos  sobre  las  pretensiones  que se formulen en la demanda, sino que, al  tenor  del 216 de la Ley 600 de 2000 (antes 228 del Decreto 2700 de 1991), puede  sugerir  a la Corte la invalidez de lo actuado, cuando advierta la existencia de  violaciones   ostensibles   a   las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales,  siéndole  permitido  en tal caso plantear posiciones jurídicas en  ese  sentido,  sin  embargo,  no está facultado para complementar o enmendar el  libelo   objeto   del  concepto  en  lo  atinente  a  errores  de  apreciaciones  probatorias  o  a  plantear  cargos  propios,  pues  se  estaría atribuyendo la  calidad  de  impugnante  de la que carece y desnaturalizando la razón de ser de  la casación.   

Por estas razones , la  Sala se abstendrá de considerar su solicitud.   

Acotación  final   

En  lo  que  hace  relación al principio de  favorabilidad,  por  razón del tránsito de legislación, toda vez que el 25 de  julio  de  2001  entró  en  vigencia  la  Ley  599 de 2000, mediante la cual se  expidió  el  nuevo  Código  Penal,  su  análisis  le  corresponde  al juez de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad, al tenor de lo dispuesto en el  numeral  7°  del artículo 79 del nuevo Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de 2000).   

En   mérito    de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA     DE     CASACIÓN    PENAL,    administrando  justicia  en  nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

NO   CASAR   la  sentencia recurrida.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen. Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                           JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALAN  CASTELLANOS                         CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                               

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                                    

CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR                                        NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

          Secretaria   

    

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