11527(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 11527  

  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

Nilson Pinilla Pinilla  

Aprobado acta N°062  

Bogotá,  D.  C., junio trece (13) de dos mil  dos (2002).   

ASUNTO  

Se procede a resolver la casación interpuesta  por  el  Procurador  148  Judicial  Penal,  destacado  ante el Juzgado Penal del  Circuito  de Mocoa, contra la sentencia mediante la cual el Tribunal Superior de  Pasto,  Sala  Penal,  confirmó  la  proferida  por dicho Juzgado, absolviendo a  TOMÁS ANTONIO GUEVARA CUESTA, por un delito de homicidio agravado.   

HECHOS  

Hacia  las  siete  de  la  noche  del  4  de  septiembre  de 1994, en el kilómetro 19 de la carretera que de La Tagua conduce  a  Puerto  Leguízamo,  en  la  orilla  de la vía, fue hallado Napoleón Molano  Perilla,  quien  presentaba  42 heridas causadas por arma corto contundente, que  horas  más  tarde  le  causarían la muerte por “paro cardiorespiratorio” y  “shock  hipovolémico”,  en  el centro hospitalario a donde fuera trasladado  en  procura  de  atención  médica, imputándose el hecho inicialmente a TOMÁS  ANTONIO GUEVARA CUESTA.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Abierta investigación y oído en indagatoria  TOMÁS  ANTONIO GUEVARA CUESTA, el 22 de septiembre de 1994 el Juzgado Promiscuo  Municipal  de  Puerto  Leguízamo  le impuso detención preventiva (fs. 77 y Ss.  cd.  1).  Cerrada  la  instrucción,  el  11  de  enero  de 1995 la Fiscalía 42  Seccional  de  Puerto  Asís  profirió  resolución  de  acusación  contra  el  procesado,  por  homicidio  agravado por haberse cometido con sevicia, artículo  30-6  de  la  ley  40  de 1993, enjuiciamiento no recurrido (fs. 137 y Ss. ib.).   

Correspondió  al  Juez Penal del Circuito de  Mocoa,  Putumayo,  adelantar el juicio y, celebrada la audiencia pública, el 14  de  agosto de 1995 absolvió al acusado del cargo endilgado (fs. 285 y Ss. ib.),  fallo  apelado  por el Procurador 148 Judicial Penal de Mocoa y confirmado el 12  de  octubre  siguiente  por  el  Tribunal Superior de Pasto (fs. 338 y Ss. ib.),  pronunciamiento  notificado  personalmente  al  Procurador 142 Delegado ante esa  corporación  y  recurrido  en  casación  por el Procurador que actuaba ante el  juez de primera instancia (f. 369 ib.).   

LA DEMANDA  

Al  amparo  de  la causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  es formulado un único cargo al fallo  impugnado,   por   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  sin  que  se  mencionaran    los    preceptos    medios    y   los   finalmente   conculcados.   

Argumenta el demandante que  el  Tribunal incurrió en “graves errores por falso juicio de identidad acerca  del  crédito de los medios de prueba, y, pero, en la inferencia o conclusión a  que  arribó,  las  que  al  referirse  a  aspectos  tan axiomáticos no podían  desconocer  la  responsabilidad  y  la  autoría  misma  del  punible en persona  distinta a Guevara Cuesta” (f. 382 cd. 1).   

Manifiesta   que   las  declaraciones  de  Jairo  Campos  Palomino,  Jairo  Ruiz  Moreno, María Dolores  Giraldo,  Carlos Julio Martínez, María Cleofe Miraña, María Eugenia Murcia y  Luz  Marina Ayerbe afirmaron que TOMÁS ANTONIO GUEVARA CUESTA no ayudó a subir  a  la  víctima  al  vehículo,  atestaciones contrarias a lo explicado sobre el  punto  por  el procesado. Por tanto, afirma que no podía el juzgador considerar  tal aspecto como simplemente contingente.   

Es del parecer que cuando  “se  violan  las  reglas  de  la  lógica,  la  ciencia  y  la  experiencia es  susceptible  de  demanda  por  vía  del  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad” (fs. 383 y 384 ib.).   

Expone    que   las  declaraciones  señaladas  también  infirman  al  sindicado cuando dijo que él  tomó  el  vehículo que lo transportaría hacía Puerto Leguízamo, frente a la  casa  de  habitación  de  Miller  Pinzón,  donde  vivía  y  trabajaba, cuando  aquéllos  aseveraron  que  el  inculpado  llegó  caminando  al  lugar donde se  hallaba  varado el automotor y cuando ya la víctima había sido transportada en  una ambulancia que la llevó al hospital.   

Pone  de  presente que el  Tribunal  desconoció el relato de Luz Marina Ayerbe, cuando sostuvo que GUEVARA  CUESTA  tenía  la  “camisa  chispiada  de  sangre”  y  el  patrullero de la  Policía  Nacional Gabriel Rincón Suárez que en el momento de la retención le  observó  en  la  camisa  “pequeñas  manchas  de sangre”, huellas que nunca  tuvieron  origen en la manipulación de la víctima, puesto que él no la ayudó  a subir al vehículo.   

Manifiesta que, contrario a  las  deducciones  plasmadas  en  la  sentencia,  en  su  opinión, las referidas  “chispiaduras  de sangre” tenían como origen inobjetable el instante en que  GUEVARA CUESTA agredió en forma violenta a la víctima.   

En relación a otro indicio  “huellas  materiales  del  delito  se  tiene  el arma empleada, vale decir, EL  MACHETE”,  afirma  que  la  declarante  María  Dolores  Giraldo  dijo  que el  procesado  llevaba “el machete en la mano derecha flectada hacia atrás y como  tratando  de ocultar el machete en el gruesor del brazo”. Por su parte, María  Cleofe  Miraña  dijo  que  la  persona que se acercó al vehículo “escondía  algo  atrás  no  se  sabía  si  era  un  palo  o una peinilla” (f. 389 ib.),  aspectos  que  no  podían  desconocerse,  así otras personas que declararon no  vieran  el arma. Además, en el estadero “El Bufeo”, Sandra Patricia Núñez  aseveró  que  vio  a  un joven con un machete en la mano y al día siguiente al  colaborar  en  la inspección judicial al cadáver, confirmó con el padre de la  víctima,  que  se  trataba  de  la  misma  persona que la noche anterior había  observado en el estadero en mención.   

Comenta  que  el  hecho  investigado  tuvo  probabilidad  de  ocurrir  entre  7  y 8 de la noche del 4 de  septiembre  de  1994,  en  el  kilómetro  19,  adelante  de  la finca de Miller  Pinzón,  coincidencialmente  de  donde  el  procesado  salió aquella noche con  dirección  hacia  Puerto  Leguízamo, descartándose la afirmación que GUEVARA  CUESTA  hizo  en  el  sentido  que  había  tomado  el  vehículo  frente  a  la  vivienda.   

Seguidamente refiere que de  quienes  se  ocuparon  sobre  lo que supuestamente dijo la víctima en relación  con su agresor, unos aseveraron que era “el de azul”.   

Frente  a  este  aspecto,  luego  de  algunas  citas  manifiesta  que  “no  es  acertado el argumento del  sentenciador  de  instancia  cuando en lo que respecta a este aspecto indiciario  aduce  carencia  de  la  debida  univocidad así como firmeza en la apreciación  probatoria  en  relación con la vestimenta que usaba Guevara Cuesta en la noche  de  los  sangrientos  hechos.  Por lo tanto, no alcanzo a vislumbrar dubitación  alguna  que  permita  poner  en tela de juicio las expresiones que en la agonía  pronunciaba  el  infortunado  Napoleón Molano Perilla, máxime cuando el propio  Guevara  Cuesta acepta que ese día portaba un pantalón de similar color al que  se     refería     el    moribundo,    vale    decir,    negro”    (f.    396  ib.).   

Luego  se  ocupó  de  la  supuesta  intranquilidad  que  ofrecía  el  inculpado  antes  y después de los  hechos.  Por  lo  anterior, pide que se case el fallo recurrido en el sentido de  condenar   a  TOMÁS  ANTONIO  GUEVARA  CUESTA  como  responsable  de  homicidio  agravado, “por inferirlo así los hechos indiciarios”.   

ALEGACIÓN   DE   NO  RECURRENTE   

El  defensor  de  oficio  de  TOMÁS  ANTONIO  GUEVARA  CUESTA,  presentó  memorial, oponiéndose a la demanda, primero porque  el  Procurador  Judicial  que  interpuso la casación carece de legitimidad para  recurrir,  en  la  medida  que  ejerció  sus  funciones  ante el Juez Penal del  Circuito  en  primera  instancia,  luego  no  podía desplazar al Procurador 142  Judicial  Penal, que realizaba sus funciones ante el Tribunal Superior de Pasto,  fue  notificado  de la sentencia absolutoria y en esa fecha ni con posterioridad  interpuso   recurso,   siendo   él   quien   estaba  legitimado  para  hacerlo.   

En  segundo  lugar,  porque  el libelo ofrece  ostensibles  fallas  de  técnica, como que no específica la norma o normas que  considera    violadas,   imposibilitándole   a   la   Corte   hacer   cualquier  pronunciamiento  al respecto. Afirmó que se trata de un “abigarrado e informe  alegato  que  no amerita las condiciones de claridad y precisión que reclama el  artículo  225  del  C.  de  P.  P.,  en  el  numeral  3°”, entonces vigente.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Segundo  Delegado en lo Penal  advierte,  en  primer  lugar,  frente  al  único  cargo que sustenta el reparo,  falencias  insalvables  de  técnica,  que llaman a la no prosperidad del mismo,  pues  si  bien  acertó  al  enunciar  el  error  de  hecho  por falso juicio de  identidad   sobre  valoraciones  indicarias,  “también  lo  es,  que  omitió  singularizar,  el  sentido  último de violación de la ley sustancial, en punto  de  ora  falta  de  aplicación,  ora  de  indebida  aplicación,  con la debida  formulación de la proposición jurídica completa”.   

En  relación  con la sustentación del cargo  planteado,  sostiene el Delegado que “bien puede afirmarse, que se trata de un  extenso  alegato  al  estilo  de  memorial  de  instancia,  escrito en el que el  censor,  al  paso  que  se  queda  en  meros  enunciados,  se limita a anteponer  libremente   y   con   desconocimiento   de   los   rigores   de  técnica,  sus  particularísimos  criterios de valoración indicaria, frente a las valoraciones  del  Tribunal,  sin  llegar  ni en mínimos a desvirtuar la doble presunción de  acierto y legalidad, como le era imperioso.”   

Si  de  indicios o de inferencias lógicas se  trataba,  le correspondía al demandante identificar puntualmente lo deducido, y  pasar  luego, a la acusación concreta, demostrando el desconocimiento de alguna  de  las  leyes  de  la  ciencia, la lógica o las reglas de la experiencia, y en  confrontación  dialéctica  acreditar,  cuál  era  la  inferencia acertada. Al  respecto  el  casacionista  no  hizo  lo  propio,  luego  la  censura,  no  debe  prosperar.   

Se   ocupó  el  concepto  de  abordar  los  planteamientos  que  el  demandante  expuso  sobre  la  prueba indiciaria que se  debió  atender,  para  de  allí  inferir  que  se trata de meros enunciados de  inconformidad,  los  que  lejos  están de constituir verdaderas confrontaciones  técnicas  y  objetivas,  como  son  las  que  en rigor deben efectuarse en sede  extraordinaria de casación.   

El  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal pide así no casar el fallo, y en consecuencia,  desestimar el cargo de la demanda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Le asiste razón al defensor de TOMÁS ANTONIO  GUEVARA  CUESTA,  en cuanto el Procurador Judicial que actúa ante el Juez Penal  del  Circuito  de  Mocoa,  carece  de  legitimidad para interponer el recurso de  casación,  frente  a  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior de Pasto, Sala Penal.   

1.-  Constituye  presupuesto del derecho a la  impugnación  la  legitimatio ad processum,  entendida  como  la  capacidad  jurídica que la ley otorga para realizar un acto procesal;  así,  la  normatividad  confiere  la titularidad del recurso de casación a los  sujetos procesales.   

Para  impugnar  en  casación,  al Ministerio  Público  lo  representa,  normalmente, el Procurador destacado ante el Tribunal  Superior   que   hubiere   dictado  la  sentencia  de  segunda  instancia.  Esta  representación,  excluyente,  lo  habilita  para  interponer el recurso ante el  respectivo   Tribunal  y  para  presentar  la  demanda.  No  puede  entonces  un  Procurador  Judicial  ante  los  Jueces  del  Circuito asumir como impugnante en  casación,  porque  la  ley  no  lo  permite  y  de  aceptarse tal intervención  duplicaría  al Procurador del Tribunal y podría colocar al Ministerio Público  en privilegios que la normatividad no establece.   

Sobre   este   punto  la  Corte  ya  se  ha  pronunciado,  como  puede  observarse  en el auto de fecha 25 de agosto de 1998,  radicación     14.540,    Magistrado    Ponente    Carlos    Augusto    Gálvez  Argote:   

“…   Por   eso,  la  intervención  del  Ministerio  Público ante los Juzgados Penales y Promiscuo del Circuito, bien se  ejerza  por  Procuradores  Judiciales  I,  que  debería  ser  lo regular, o por  Procuradores   Judiciales   II,   como   medida  temporal,  debe  necesariamente  circunscribirse  al ejercicio de sus funciones dentro de los límites que le son  dados  por  la  competencia  atribuida  a  los  Jueces  ante  quienes se actúa,  incluyéndose  como  extremo de dichas facultades la posibilidad de recurrir por  vía  de apelación la sentencia e inclusive de sustentar oralmente este recurso  ante  el  ad quem, ya que las determinaciones adoptadas por esas colegiaturas en  segunda  instancia,  previo  el  reparto,  forzosamente  deben notificarse a los  Procuradores  Judiciales  II  que  en  cada  caso  fungen  ante  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito,  toda vez que son estos los únicos habilitados por el  literal   b   del   art.   91   de   la   Ley  201  de  1995  para  ‘Intervenir  en  los  procesos  de  que  conoce  en  primera  y  segunda  instancia la Sala Penal del respectivo Tribunal  Superior    de    Distrito    Judicial’,  y  por  ende,  quienes en representación del Ministerio Público  podrían recurrir extraordinariamente las sentencias.   

…  De  este  modo se mantiene incólume la  representación  del  Ministerio  Público  dentro de los procesos penales, cuya  presencia  resulta  constitucionalmente  imperativa  en  la  protección  de las  garantías  fundamentales  y el orden jurídico, debiéndose tener en cuenta que  por  la  naturaleza que le es propia a la Procuraduría como órgano de control,  esta  intervención  es escalonada, como que no comparta una directa sujeción a  un   proceso   en   particular  y  mucho  menos  una  responsabilidad  hasta  su  culminación,  en la medida en que ella depende de la autoridad y momento en que  se  produce  su intervención procesal, sin que desde luego pueda confundirse la  parte  como  sujeto  procesal  que es representada, con el individuo que en cada  caso  desempeña  este  rol,  es decir, que la representación está antes y por  encima de la persona que encarna su ejercicio.”   

2.-  En  el asunto tratado, el Procurador 148  Judicial  Penal  impugnó  como  representante  del  Ministerio Público ante el  Juzgado  Penal  del Circuito de Mocoa, la sentencia proferida el 14 de agosto de  1995   por  ese  despacho  judicial,  sustentando  por  escrito  la  apelación.   

Con fecha 12 de octubre siguiente, el Tribunal  Superior  de  Pasto,  Sala Penal, en segunda instancia, confirmó la providencia  recurrida,  determinación que al día siguiente le fue notificada personalmente  al  Procurador  142  Judicial Penal ante tal corporación y a los demás sujetos  procesales por edicto fijado el 19 de octubre del mismo año.   

No  obstante haberse notificado personalmente  la  sentencia  de segundo grado a quien representaba al Ministerio Público ante  el  Tribunal, quien guardó silencio, el Procurador 148 Judicial ante el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Mocoa  fue  quien  interpuso y presentó la demanda de  casación,  cuando  como  se  ha  expuesto,  en  el  presente  caso quien estaba  habilitado  para  instaurar  tal  recurso  era  el  Procurador  Judicial ante la  segunda instancia.   

La  legitimidad  para  recurrir  se determina  frente  a  todos  los  sujetos procesales, sin privilegio distinto del que pueda  surgir   normativamente,   por  fines  de  justicia.  El  interés  general  que  representa  el  Ministerio Público o su reconocida condición de imparcialidad,  no  trastocan  la  calidad  de  sujeto  procesal, que debe actuar en igualdad de  condiciones respecto de los demás.   

3.-  En  relación  con  las  consecuencias  jurídicas  de  la  ausencia de legitimidad o interés, si aparecen desde cuando  se  interpone  el  recurso,  éste  no  debe  concederse y si equivocadamente se  procede,  deberá  decretarse la nulidad del trámite adelantado sin fundamento.  En  otras ocasiones, tales presupuestos procesales sólo vienen a dilucidarse al  conocerse  las  pretensiones de la demanda de casación, caso en el cual deberá  inadmitirse  y  declararse desierta la impugnación. Pero si inadvertidamente se  admite  el  libelo,  o  la  carencia de interés o falta de legitimidad sólo se  hace  ostensible al decidirse la impugnación extraordinaria, se desestimará la  demanda.   

En  casación  de  fecha  20 de abril de 1999  (rad.    10.391,    M.    P.   Carlos   Augusto   Gálvez   Argote),   la   Sala  precisó:   

“…  pues  siendo  que la decisión que  correspondería  es  la  del  fallo  para  decidir  sobre  las  pretensiones del  casacionista  y  para ello tiene que haberse cumplido las exigencias sustantivas  y  procesales  previstas  por  la  ley como supuestos, la subsistencia del hecho  generador  del vicio lo impide, ya que como sucede en casos como el presente, la  falta  de  interés  para  recurrir  por  parte  del demandante para formular un  ataque   como   el   que   ha  presentado,  continúa  produciendo,  material  y  jurídicamente,  los  mismos  efectos  negativos atribuibles desde el momento en  que  se  recurrió  el  fallo del Tribunal, no quedándole otra alternativa a la  Corte   que   la   de  desestimar  oficiosamente  la  demanda,  pues  la  simple  inadvertencia  de  la  causa a la hora de concederse el recurso o de inadmitirse  la  demanda  no  hace que el vicio pierda eficacia, sino que lo que era causa de  rechazo  o  inadmisión  se  convierta  en  causa de desestimación, ya que todo  depende  de  la  fase  procesal  en  que  se  tome la decisión, pues el auto de  admisión  erróneamente  proferido, no obliga a tomar decisión alguna de fondo  al  estudiar  los  reparos  hechos  a  la sentencia del Tribunal y determinar el  vicio  o  la  índole de la pretensión, dado que carece de fuerza vinculante no  porque  se  estime  ilegal, sino porque carece de efecto, y pensar en atribuirle  capacidad  saneadora  al auto de admisibilidad equivaldría, como se ha dicho, a  comprometer  a  la  Corte  en  el  nuevo  error de asumir una competencia de que  carece,  la  cual queda limitada exclusivamente a tomar esta decisión, dado que  el  objeto  del  fallo,  como  es  la  demanda,  no  puede  proferirse  ante  su  ineptitud.”   

En  consecuencia,  se desestimará la demanda  presentada  por el Procurador 148 Judicial Penal de Mocoa, que igualmente ofrece  los   reparos   a   que   alude  el  Ministerio  Público  en  esta  sede.  Este  pronunciamiento no admite recurso alguno.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

DESESTIMAR la demanda de  casación.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO   E.   ARBOLEDA   RIPOLL                      JORGE                          E.                          CÓRDOBA  POVEDA                    

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS    AUGUSTO    GÁLVEZ    ARGOTE          

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO            ÉDGAR                     LOMBANA  TRUJILLO                          

CARLOS       EDUARDO       MEJÍA  ESCOBAR         NILSON    PINILLA   PINILLA                      

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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