10383(21-11-10)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 10383  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro.  149  

          Bogotá,   D.C.,  veintiuno  (21)  de  noviembre de dos mil dos (2002).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  Procurador 61 Judicial Penal contra la sentencia de fecha octubre 28 de  1994,  por  medio  de  la  cual  el  Tribunal  Superior  de Cali confirmó la de  carácter  anticipado  dictada por el Juzgado 2º Penal del Circuito de Palmira,  que  condenó al procesado JOSÉ DEIMAR SALAZAR CORREA  a  las  penas  principales de diecisiete (17) años y  ocho  (8)  meses  de  prisión,  además  de multa de cinco ($5.000) pesos, como  autor  de  los delitos de homicidio, lesiones personales y porte ilegal de armas  de fuego de defensa personal.   

         

HECHOS  

         En  la  mañana  del 26 de diciembre de  1993,  en  el interior de la Catedral de Nuestra Señora del Palmar de la ciudad  de  Palmira,  JOSÉ DEIMAR SALAZAR CORREA disparó  un  arma  de  fuego  contra  Iván  Martínez  Gutiérrez  ocasionándole  la muerte.  En la huida del lugar de los hechos, emprendida  junto   con   sus   hermanos   FERNANDO  y  JORGE LUIS SALAZAR CORREA,  pretendieron abordar el vehículo de servicio público conducido  por  Diego  Fernando  García  Osorio,  contra  quien  el primero de los citados  accionó también su revólver al negarse a transportarlos.   

          El  agresor  y  sus  acompañantes  se refugiaron finalmente en una  residencia  vecina,  donde  fueron  aprehendidos  por  agentes  de  la  Policía  Nacional.    A  JOSÉ  DEIMAR  se le incautó el revólver que portaba sin el  salvoconducto respectivo.   

         En la investigación se estableció que  entre  las  familias Martínez Gutiérrez y Salazar Correa se habían presentado  una  serie  de  desavenencias  que  propiciaron  incluso la intervención de las  autoridades.   Así,  el  día 18 de septiembre de 1993, según la versión  de  Rosa Gutiérrez de Martínez, progenitora de Luis Ángel Palacios Gutiérrez  e   Iván   Martínez  Gutiérrez,  Carlos  Salazar  Correa  agredió  al  menor  primeramente  mencionado  con  un machete.  Cuatro días después, Fernando  Salazar  Correa  atacó  al mismo Luis Ángel y le arrebató una bicicleta de su  propiedad.   Por  último,  en  la  madrugada  del 25 de diciem­bre  siguiente,  de  acuerdo  con  el  informe  oficial  respectivo,  Iván  Martínez Gutiérrez le ocasionó a Carlos  Salazar  Correa  varias heridas con arma de fuego que obligaron su internamiento  en el Hospital local de Palmira, donde falleció en la misma fecha.   ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.    La   Fiscalía  137  Seccional  del  Palmira  abrió  la  investigación,  vinculó  mediante  indagatoria  a  los capturados SALAZAR  CORREA  y definió su situación  jurídica  en  proveído  de  enero  3  de  1994,  afectándolos  con detención  preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación  por  los  delitos  de  homicidio  consumado   y   tentado,   y   porte   ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

          En  firme  tal  providencia,  con  fecha  abril  25  de  1994 y por  solicitud  del  apoderado  del  procesado JOSÉ DEIMAR  SALAZAR  CORREA  se  llevó  a  cabo la diligencia de  formulación   de   cargos   con  fines  de  sentencia  anticipada  (fs.  312, 323 a 325, cd. 1).    La  Fiscalía  le  imputó  la autoría del homicidio simple perpetrado en Iván  Martínez  Gutiérrez;  respecto  de  la agresión contra Diego Fernando García  excluyó  el  conato  de  homicidio  para  afirmar  que  configuró el delito de  lesiones  personales; y le derivó finalmente, el porte ilegal de armas de fuego  de  defensa  personal.   El  sindicado  aceptó  la responsabilidad en este  concurso  de  conductas  punibles  en  los  términos  consignados  en  el  acta  respectiva.   

          3.   El  Juzgado  2º  Penal del Circuito de Palmira dictó el  fallo  anticipado  de  fecha  mayo  23  de 1994 en el que condenó al acriminado  SALAZAR  CORREA a las penas  principales  de  dieciséis  (16) años y diez (10) meses de prisión además de  multa  en  cuantía de cinco mil pesos; sin embargo, en pronunciamiento del día  30  de  los  mismos  mes y año, a solicitud del Agente del Ministerio Público,  corrigió  el  error  aritmético  incurrido  al individualizar la sanción y la  fijó  en definitiva en diecisiete (17) años y ocho meses (8) meses de prisión  e idéntica pecuniaria.   

          En  virtud de la apelación presentada por el sindicado, del asunto  conoció  el Tribunal Superior de Cali, que en fallo de mayoría fechado octubre  28  de 1994 confirmó en integridad el de primera instancia.  Inconforme el  representante  del  Ministerio  Público  con  tal pronunciamiento, interpuso el  recurso extraordinario de casación que ahora decide la Corte.   

          Conviene  advertir  en  esta reseña de la actuación cumplida, que  la  Sala  en  auto  de  agosto  23  de 2001, al constatar la prescripción de la  acción  penal  surgida  de la comisión de los delitos de lesiones personales y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal, fenómeno acontecido el 26  de  abril  de  1999, declaró su ocurrencia y señaló con carácter provisional  que  la  pena  a descontar por el acusado JOSÉ DEIMAR  SALAZAR  CORREA era la de dieciséis (16) años y ocho  (8) meses de prisión.   

  LA  DEMANDA   

         Al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación  del  artículo  220  del  anterior Código de Procedimiento Penal, el  Agente  del Ministerio Público acusa la sentencia de segunda instancia de haber  sido  proferida  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por violación del debido  proceso,    “lo    cual    resulta    absolutamente  manifiesto”,  según  indica,  de  dos  específicos  motivos.   

          En  el desarrollo del reparo anunciado en los anteriores términos,  el  recurrente  aduce  en  primer  lugar  “la errónea  adecuación  típica”  del atentado perpetrado contra  el  taxista  Diego  Fernando  García,  que  la  Fiscalía  y  los juzgadores de  instancia  calificaron  como  constitutivo  de  un  delito  contra la integridad  personal,  cuando  a  su juicio surge “evidente que se  incurrió  en  la  comisión  de  un  punible  tentado de homicidio”.   

          Más  adelante,  en  la escueta  sustentación de este inicial  ataque,  el  censor  advierte que “no se requieren de  mayores  disquisiciones para llegar” a la conclusión  anotada.   Por  lo  tanto,  como  los  cargos  imputados al sindicado deben  guardar  relación  con los hechos probados, sin que sea discrecional del Fiscal  o  del fallador el determinarlos en forma arbitrariamente, encuentra quebrantada  la  estructura  formal  del  juzgamiento  que  impone el respectivo correctivo a  través de la declaratoria de nulidad.   

         En  el  segundo  motivo de inconformidad, donde atesta también el  menoscabo  del debido proceso, el censor plantea la violación del artículo 37,  inciso  4º,  del anterior Código de Procedimiento Penal, modificado por la Ley  81  de  1993,  porque en su opinión “no hubo acuerdo  total   y   el  acuerdo  parcial  no  pude  desarrollarse  en  la  sentencia”.   

         Para  fundamentar  el reproche, el casacionista advierte que desde  la  indagatoria  el  acusado sostuvo que disparó contra la víctima enceguecido  por  la  muerte  de  su  hermano,  quien falleció como  consecuencia de la  agresión  de  Iván  Martínez  Gutiérrez,  postura  que mantuvo además en la  acusación  oral  con  fines  de sentencia anticipada, al punto de solicitar que  dicha  circunstancia  fuera  atendida  en  su momento.  Así las cosas y no  obstante   que  el  sindicado  reconoció  la  autoría  del  homicidio  fijando  “condiciones         diminuentes”,  la  Fiscalía  “hizo caso omiso del  pedimento   y   en   lugar  de  discutirlo  en  busca  del  acuerdo”,  finalizó  la  actuación dejando expresa constancia en el acta  sobre la aceptación en integridad de los cargos elevados.   

         El   juzgador   a   quo   “hizo  más  evidente”   la  falta  de  un acuerdo sobre los  cargos  formulados,  pues en lugar de declarar su inexistencia, concedió razón  a   la  Fiscalía  instructora  y  esbozó  de  manera  prolija  los  argumentos  orientados  a  rechazar  la  circunstancia  atenuante  de  la ira prevista en el  artículo  60  del  derogado  estatuto  punitivo,  consideraciones sobre las que  ahondó  además  el  Tribunal  para  oponerlas  al  escrito sustentatorio de la  apelación   interpuesta   por  el  acusado  SALAZAR  CORREA.   

         Por  todo  lo anterior, el demandante colige  que el fallador  ad  quem mal podía confirmar una sentencia sobre circunstancias no aceptadas y,  al hacerlo, conculcó la garantía del debido proceso.   

         Con  apoyo  en  los  argumentos reseñados, el recurrente le   solicita  a  la  Sala  entonces  la  invalidación  de lo actuado a partir de la  diligencia  de  formulación  de cargos o, en subsidio, desde el fallo de primer  grado.   

        CONCEPTO  DE LA PROCURADURÍA   

         El Procurador Primero Delegado advierte  que   la   censura  alude  a  dos  presuntas  irregularidades  constitutivas  de  violaciones  al  debido  proceso,  que  por  sus  características  exigían una  formulación a través de cargos autónomos.    

         En  efecto, el primer ataque se relaciona con un supuesto error en  la  adecuación  típica  de la agresión de la cual se hizo víctima al taxista  Diego  Fernando  García  Osorio,  que  el  demandante  deja  sumido  en el mero  enunciado,  pues  se  limita  a  expresar  su inconformidad con la calificación  jurídica  que  los  juzgadores  dieron a tal comportamiento del procesado, a su  juicio  subsumido  en  el  conato de homicidio, no en las lesiones personales en  últimas imputadas.     

         De todas maneras, afirma el Ministerio  Público  desde  otra perspectiva, la decisión recurrida se muestra inobjetable  en  el aludido aspecto, toda vez que en el proceso no obran medios de prueba que  demuestren  el  animus  necandi que de manera escueta e inmotivada predica   el demandante.   

         En  el segundo reparo de la demanda le  asiste  razón  al  censor,  atesta el Delegado, para quien a través del cotejo  del  acta  de  formulación de cargos con fines de sentencia anticipada, refulge  claro  que  el  sindicado SALAZAR CORREA si  bien  aceptó  la  responsabilidad en el concurso de conductas  punibles,  también  fue  enfático  en solicitar que se le tuviera en cuenta la  situación   de   dolor   que   determinó  su  actuar,  que  corresponde  a  la  circunstancia  de  atenuación  prevista en el artículo 60 del anterior Código  Penal.   

         Así   las   cosas,   concluye   la   Procuraduría,  “resulta  inaudita  la afirmación de que existió ACUERDO entre  el  ente  acusador  y  el  acusado”, pues resultó  ignorada  una  petición  elevada  por  este  último.   Por  lo  tanto, el  quebranto   del   debido   proceso   se  configuró  porque  ante  la  comentada  manifestación     la     Fiscalía     debió     tratar     de    “realizar   un   convenio”  y,  al  omitir  tal  gestión, a los juzgadores no les quedaba alternativa distinta a la  improbación de la diligencia.   

         En este aspecto, entonces, sugiere que  el  fallo  impugnado  debe  ser  casado para disponerse la nulidad de lo actuado  desde la formulación de cargos con fines de sentencia anticipada.   

        CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La  Corte  debe  reiterar  en  el presente  asunto,  que  la nulidad como motivo de la impugnación extraordinaria en manera  alguna  es  ajena  al principio de autonomía, de conformidad con el cual cuando  se  acusan  varias  irregularidades  a  las  cuales  se  les asigna entidad para  propiciar  por sí solas la invalidación del proceso, se impone su postulación  separada  y  sujeta  a  un  orden  determinado  lógica  y  obviamente  por  las  consecuencias  que  cada  una  tenga frente a la actuación cumplida.  Este  requisito  que  en  materia  de  técnica  contribuye  a  revestir de claridad y  precisión  la censura fue soslayado con evidencia en la demanda examinada, pues  el  libelista  comete  la  impropiedad  de  agrupar  dos  ataques hincados en el  supuesto  menoscabo  del  debido  proceso,  que  afirma  se  concretaron  en  la  formulación  de  cargos,  empero atribuyéndoles diferente y distanciado efecto  sobre el proceso finalizado con la sentencia objeto del recurso.   

         En  efecto,  incurriendo  de paso en contradicción manifiesta, el  censor  admite  de una parte y en forma implícita la legalidad de la diligencia  que  permitió  el  proferimiento  del fallo anticipado de condena, esto es, que  tal  actuación se llevó a cabo con observancia de las disposiciones procesales  correspondientes,  para  disentir  tan  sólo y parcialmente de la calificación  jurídica  contenida  en  la  acusación  allí  elevada,  esto es, en cuanto la  Fiscalía  imputó  al  sindicado la autoría del delito de lesiones personales,  que  en opinión inmotivada del casacionista se ofrece errada, por cuanto afirma  de  manera escueta que dicho comportamiento estructuró en realidad un homicidio  en   grado  de  tentativa.   Así  las  cosas,  de  encontrar  éxito  esta  propuesta,  el  vicio  afectaría lo actuado a partir de entonces y en relación  con esa única conducta, conforme lo reclama además expresamente.   

         Tratándose  del segundo reparo en cambio, el impugnante cuestiona  la  legalidad  de  la  diligencia  de  formulación de cargos y de la actuación  subsiguiente,  pues  a  partir  de  los términos en los que fue aceptada por el  procesado   la  responsabilidad  penal,  encuentra  que  surgía  ineludible  la  concreción    de    un   “acuerdo”  con la Fiscalía, específicamente, respecto de la circunstancia  atenuante  de  la  ira  que advierte planteada como condición, por lo tanto, al  omitirse           dicho           proceder,           el           “desacuerdo”  era  evidente  y mal  podía  proferirse  el  fallo  anticipado.  De ahí la petición de nulidad  que  el demandante simultáneamente eleva desde la sentencia de fecha mayo 23 de  1994, proferida por el juzgador a quo.   

De  todas  maneras,  la  censura se ofrece  carente  de  vocación  de  prosperidad  no sólo en virtud de las impropiedades  formales  cometidas  al  presentarla,  sino  también  y primordialmente, porque  tampoco  en  el  aspecto  material  tiene  razón  el  impugnante,  como  pasa a  considerar  la  Sala  respecto  del  segundo  reparo  atrás  reseñado, pues la  prescripción  de  la  acción  penal  en  relación  con  el delito de lesiones  personales,  declarada  en anterior providencia con fundamento en la adecuación  típica   contenida   en  los  fallos  de  instancia,  revestidos  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sustrae  el  error en esa denominación  jurídica,   que  se  dejó  sumido  además  en  el  simple  enunciado,  de  la  posibilidad actual de cualquier examen.   

Ciertamente, contrario a lo aducido por el  censor  y  la  Procuraduría  en  el concepto rendido en esta sede, que apoya la  pretensión  de  nulidad  de  la  demanda,  en  la diligencia de formulación de  cargos  con  fines  de  sentencia  anticipada  llevada  a cabo con el acriminado  SALAZAR  CORREA  no  se  atisba  el  menoscabo  de sus garantías fundamentales ni la transgresión de la  estructura  básica  del  proceso,  máxime  que en el entendimiento por el cual  propugnan   revelan   la  confusión  sobre  los  dos  institutos  por  entonces  concebidos   por   el   legislador   para   la   terminación   anticipada   del  proceso.   

         En  efecto,  el recurrente así como el Ministerio Público alegan  indistintamente  que  por  parte  del  acusado  se  produjo  una aceptación que  “fijaba   condiciones  diminuentes”,  pero  además  y  de  otra parte, en relación con la sentencia  anticipada  a  través  de la cual se puso fin a la actuación penal, que debió  concertarse      un     “acuerdo”  entre aquél y la Fiscalía sobre la circunstancia de la ira que  arguyó   el  sindicado  SALAZAR  CORREA    había    mediado    en    la    comisión    del    homicidio  investigado.   

         Con  tales  planteamientos  pierden  de  vista  que a la sentencia  anticipada  de  condena, producto de la audiencia especial, se llegaba en virtud  de  una  transacción  o  acuerdo  sobre  la  adecuación  típica,  el grado de  culpabilidad,  la  forma  de  culpabilidad,  las  circunstancias del delito, sus  consecuencias  punitivas  y la preclusión por otros comportamientos sancionados  con  pena  menor.   De  ahí  se  explica  que  se  exigiera como requisito  ineluctable  de  dicho  instituto  de  terminación  anómala  del  proceso,  la  existencia  de  una duda probatoria en torno a ellos; como también, la facultad  conferida  al  Fiscal  para  no  concurrir  a la audiencia cuando advirtiera que  existía  “prueba  suficiente en relación con los  aspectos   sobre  los  cuales”  podía  versar  el  acuerdo.   

         La  sentencia  anticipada,  por  el contrario, no era el resultado  del  consenso que aquí se echa de menos entre la Fiscalía y el sindicado sobre  el  delito  y sus circunstancias, sino de la aceptación que este último hacía  sin  condiciones  ni controversias de su responsabilidad en los cargos imputados  en  la respectiva diligencia, con renuncia al agotamiento de las fases regulares  del  proceso  retribuida con una significativa rebaja de pena; fallo que en todo  caso,   conforme   precisó   la  Corte  en  su  momento,  tenía  desde  luego,  “como    presupuesto   forzoso,   ineludible   e  insuperable,  la  ocurrencia  y  prueba  de  un  hecho  típico, antijurídico y  culpable,  frente  al  cual,  y  sólo  a  él,  procede  y resulta de recibo la  admisión  de  responsabilidad que hace por esas vías el procesado, dando lugar  a      una      imposición      de     pena”1.   

         

         En  el  presente asunto, partiendo de la satisfacción del aludido  presupuesto,   el  defensor  del  sindicado  SALAZAR  CORREA       demandó      la      “aplicabilidad   al   art.   37   del   C.P.P.”   (f.  312, c. 1), esto es, del instituto  de  la  sentencia  anticipada,  no de la audiencia especial, anunciándose desde  entonces  una  actitud  sumisa  frente a los cargos que elevara la Fiscalía con  estricto  ceñimiento  al  acervo  probatorio,  a lo investigado y demostrado en  autos,  pero  además,  sin  las  posibilidades de transacción inherentes a ese  otro mecanismo mencionado.   

         Posteriormente,  en  la  diligencia  respectiva, el sindicado ante  las  posibilidades  que  le  brindaba  el  ordenamiento  jurídico, es decir, de  aceptar  la  responsabilidad en los cargos tal como le habían sido formulados o  de  abstenerse de hacerlo regresando a la amplitud del debate y a las facultades  defensivas   con  miras  a  controvertirlos,  optó  por  la  primera  de  ellas  determinado  el   proferimiento del fallo anticipado de condena, donde ante  la  acusación  erigida  por  la Fiscalía instructora como autor en concurso de  conductas  punibles  de  los  delitos de homicidio simple, lesiones personales y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal, simplemente explicó en  términos  contingentes para los fines procesales perseguidos su arrepentimiento  y  las  circunstancias  en  las  que  había  obrado,  no  para  condicionar  su  aceptación  como atesta el recurrente, sino para reclamar la  ponderación  de  tales aspectos en la sentencia respectiva, obviamente así no lo indicara en  forma expresa, en la dosificación de la pena.    

         En  no  otro sentido pueden entenderse  sus   manifestaciones,   vertidas   así   en  el  curso  de  la  actuación  en  comento:   

“Si,   Yo   acepto  todos  los  cargos  libremente.   Yo  estoy arrepentido por lo que hice, y lo hice por el dolor  de  mi  hermano,  él tenía esposa e hijos, la cual quedó desamparada al morir  mi  hermano,  pues  era un 25 de diciembre/93, y solicito que se tenga en cuenta  la  situación  por  la  cual  yo obre, por el dolor de la muerte de mi hermano,  pues  a  él  le  dieron  seis  (6)  tiros  a mansalva, IVAN MARTÍNEZ y toda su  familia,  y  cuando  mi  hermano  FERNANDO lo fue a alzar le hicieron el último  disparo  a  él,  y  se  lo  pegaron  a  mi  hermano CARLOS ALBERTO en el hombro  derecho,  y  se  le  robaron  la bicicleta GERARDO MARTÍNEZ y cuando mi hermano  FERNANDO  alzó  a  mi  hermano  CARLOS  ALBERTO  lo  encendieron a piedra, y le  pegaron  en el lado de la columna, ahí fue cuando mi hermano FERNANDO lo llevó  para  el hospital, y cuando llegó al hospital, ya estaba muerto, y yo conmovido  por    todo    eso,    yo    me    encontró    desprevistamente    (sic)  a  IVÁN GUTIÉRREZ MARTÍNEZ y  le  disparé  por  el  dolor  de  mi  hermano,  eso  es  todo…” (f. 325, cd.1).   

         Afianzando  la comprensión propuesta,  se  tiene  de una parte que las manifestaciones del procesado atrás transcritas  no   pueden   entenderse   como   inequívocamente   orientadas   a  obtener  el  reconocimiento  de  la  circunstancia  diminuente  de  la  ira, como sugieren el  demandante  y  el  Procurador  Delegado,  pues de su contenido podría colegirse  asimismo  la  pretensión de acceder a la atenuante genérica otrora contemplada  en  el  artículo  64 numeral 3º del anterior Código Penal.  Tampoco pasa  inadvertida  para  la Sala, de otro extremo, la actitud silente o de conformidad  del  sindicado  y  su defensor ante la declaración de la Fiscalía luego de las  explicaciones  referidas,  en  el  sentido  de  haberse obtenido de SALAZAR    CORREA    la   aceptación  “en su integridad” de  “los      cargos     formulados”,  para  anunciar  seguidamente la remisión de las diligencias al  juez   competente   para  el  proferimiento  del  fallo  anticipado  de  condena  (f.        325,        c.       1).   

          El   cargo,   por  consiguiente,  no  prospera.   

         Consideraciones finales.   

La aplicación retroactiva favorable de las  disposiciones  contenidas  en  el  actual  estatuto  punitivo (Ley 599 de 2000),  frente  a  las  normas preexistentes a los hechos investigados y con sujeción a  las  cuales  se  profirió la condena, si hubiere lugar a ella, atendiendo desde  luego  a  las  precisiones efectuadas al decretar la prescripción de la acción  penal  por  los  delitos de lesiones personales y porte ilegal de armas de fuego  de  defensa  personal,  le  compete  al Juez de Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad  de  conformidad  con  las previsiones del artículo 79-7º del actual  estatuto procesal penal.   

         Contra   esta  providencia  no  procede  recurso  alguno  y  queda  ejecutoriada  en  la  fecha  en  que es suscrita, al tenor del artículo 187 del  Código de Procedimiento Penal.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

         NO       CASAR       el      fallo  impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Providencia  de  marzo  24  de 1994, M.P. Dr. Juan Manuel Torres  Fresneda.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *