17166(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N° 17166  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 103  

         Bogotá, D.C., veintitrés (23) de julio  de dos mil uno (2001).   

         Examina la Sala los requisitos formales  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  José    Ignacio   Graciano   Torres   con  el  fin  de  determinar  si reúne los requisitos formales que  condicionan su admisión.   

HECHOS .  ACTUACION PROCESAL  

          1.   En  la tarde del 2 de marzo de 1997, cuando Cosme Alberto  Gallego   Palacio  salía  del  “Bar  Cundinamarca”  ubicado  en  el  barrio  Guayaquil  de la ciudad de Medellín, fue abordado por el menor Héctor Mauricio  Usuga  López,  quien  después  de recibir una seña del sujeto Esfeider Muñoz  Pérez,  alias  “Pepe”,  le disparó con un arma de fuego ocasionándole las  heridas  que  determinaron  su  deceso  en  el  centro  hospitalario a donde fue  conducido.   

          Con  posterioridad  los  familiares del occiso denunciaron ante las  autoridades  policiales  que en la carrera 53 con calle 45 del mencionado sector  funcionaba  un  expendio  de  estupefacientes  liderado  por la señora Patricia  Gallego  Pérez, fallecida en forma violenta días antes.  En esa actividad  delictiva  le  sucedió  Cosme  Alberto Gallego Palacio, a quien los integrantes  del  “combo  de Lalá” decidieron ultimar para asumir el control de la venta  de droga en dicho lugar.   

          2.   La  Fiscalía  Seccional  vinculó mediante indagatoria a  los     imputados     José    Ignacio    Graciano  Torres,  Esfeifer y Esneider Muñoz Pérez, afectados  con  detención preventiva por los delitos de concierto para delinquir, tráfico  de  estupefacientes,  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de armas de defensa  personal.   

Después  escuchó  en  indagatoria a Efrain  Uribe  Mejía  y  a  su compañera Clara Inés Mazo Morales.  Al primero le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  los punibles  descritos  en los artículos 33 de la Ley 30 de 1986, modificado por el 17 de la  Ley  365  de  1997,  y  186  del  Código  Penal;  a la segunda le derivó la de  caución  por  la  infracción  también  del  precitado  artículo del Estatuto  Nacional  de Estupefacientes.  En la misma decisión ordenó el rompimiento  de  la  unidad  procesal  respecto  de ésta última, y dispuso la remisión del  expediente a la Fiscalía Regional de Medellín por competencia.   

         Clausurado  el  sumario  el  instructor  calificó  su  mérito  en  providencia  del  5 de febrero de 1998.  Elevó  acusación   contra   los  sindicados  José  Ignacio  Graciano  Torres, Esfeifer y Esneider Muñoz Pérez en  calidad  de  coautores  de  los  delitos  de  homicidio agravado, concierto para  delinquir  e  infracción del artículo 33 de la Ley 30 de 1986; a Efraín Uribe  Mejía  le imputó los dos últimos hechos punibles.  Finalmente, precluyó  la  investigación  respecto a los tres primeros por el porte ilegal de armas de  defensa personal.   

          La  Fiscalía  ad  quem  confirmó  las  acusaciones  y  revocó la  preclusión  reseñada, en consecuencia, extendió el pliego de cargos al delito  sancionado en el artículo 1º del Decreto 2266 de 1991.   

          3.    Un   Juzgado  Regional  de  Medellín    dictó    el    fallo    en    consonancia   con   la   resolución  enjuiciatoria.   Condenó  a  los  hermanos  Muñoz Pérez y a José  Ignacio  Graciano  Torres  a  las  penas  principales  de  cuarenta y seis (46) años, nueve (9) meses de prisión,  además  de  la  multa  de dos (2) salarios mínimos legales mensuales, en tanto  que  a  Efrain  Uribe  Mejía  le  impuso  la  diez (10) años seis (6) meses de  prisión, e idéntica pecuniaria.   

          El   entonces  Tribunal  Superior  de  Bogotá,   Sala   Especial   de  Descongestión,  al  resolver  las  apelaciones  interpuestas  por la defensa confirmó las condenas con las modificaciones en el  sentido    de   derivar   a   los   citados   Muñoz   Pérez   y   Graciano  Torres la sanción de cuarenta  y  cinco  (45)  años  de  prisión y multa de dos (2) salarios mínimos legales  mensuales.   Al  sindicado Efraín Uribe Mejía le fijó la pena definitiva  en  diez  (10)  años  seis  (6)  meses  de  prisión, y dos mil (2000) salarios  mínimos legales mensuales de multa.   

4.   Recurrieron  en  casación  los  hermanos  Muñoz  Pérez,  Efraín  Uribe  Mejía  y  la defensa de José   Ignacio   Graciano  Torres;  sin  embargo,  el recurso sólo fue concedido respecto de estos dos últimos, pues de  los    primeros   sindicados   el   Tribunal   afirmó   ausente   el   interés  jurídico.    Unicamente   el   apoderado   del   sentenciado  Graciano   Torres   presentó  en  forma  oportuna  la demanda correspondiente sobre cuya admisión le corresponde decidir  ahora a la Corte.   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en la causal primera de casación del artículo 220 del  Código   de  Procedimiento  Penal,  cuerpo  segundo,  el  recurrente  acusa  la  sentencia  de segundo grado de la violación indirecta de la ley sustancial como  consecuencia  de  un  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, en el que  invoca el artículo 254 ibídem como norma infringida por esa vía.   

           

         1.  En el desarrollo de la censura  el  demandante  indica  que  la  condena  se  fundamentó  en  el testimonio del  coprocesado  Efraín  Uribe  Mejía, transcribe algunos de los apartes del fallo  referidos  al  análisis  de  dicha  prueba,  advierte  que  tal deponente sólo  sindicó  como  autor  material  del homicidio investigado a un joven Mauricio e  imputó  la  determinación  del  delito  al  sujeto  de alias “Pepe” y, sin  embargo,  afirma,  en  los  fallos  de  instancia  se  distorsionó el contenido  material   de   esta   prueba,   pues   fue   aducida   en   detrimento   de  su  asistido.   

2.    Similar   desatino   denuncia  tratándose  de  la  versión  del también procesado Esfeifer Muñoz Pérez, a.  “Pepe”,  de  quien el Tribunal aseguró que esclareció la participación de  Graciano   Torres  en  el  homicidio,  sin  tener  en  cuenta  el  señalamiento  que  le  hizo Gilma Leida  González  Soto como determinador de la muerte de Gallego Palacio, circunstancia  que  en su opinión demeritaban cualquier acusación que lanzara contra terceros  “y  que  ninguna  de  las  instancias  tuvo  …de  presente”.   

         El  censor advierte además, que Muñoz  Pérez  atestó  no  haber  visto  en  el  momento  del homicidio a Graciano  Torres, incluso, ignorar donde  se  encontraba,  por  lo tanto, los juzgadores variaron ostensiblemente el dicho  de  aquél  “hasta  el punto de hacer creer que los  otros  procesados  incriminan  directamente”  a  su  representado.   

          3.   Destaca  que  el Tribunal le concedió credibilidad a las  declaraciones  de  Gilma Leida González Soto, Teresa Pérez de Gallego, Mónica  María  Nieto  Gallego  y Liliam Vásquez sobre las actividades delictivas de la  víctima  y del grupo dirigido por Esneider Muñoz Pérez; pero las dos primeras  ninguna  imputación  formularon  respecto de Graciano  Torres,  luego  no  entiende  su  ponderación  como  pruebas  de  cargo,  y  en  cuanto a las dos deponentes restantes, el ad quem se  limita  a  mencionarlas  sin  precisar  los  aspectos  de  sus  testimonios  que  incriminan a su defendido.    

          Finalmente,   bajo  los  títulos  de  “trascendencia     del     error”     y     de    la    “norma   violada”,  el  impugnante  señala  en  forma escueta que la “prueba acusada y  omitida   parte   de   ella…afectó   el   sentido   del  fallo”,  a tal extremo, que de no haberse incurrido en tales desaciertos  la  sentencia  habría sido absolutoria por cuanto la prueba testimonial en modo  alguno  compromete  penalmente  al sindicado Graciano  Torres;  de  igual  modo, que el juzgador de acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana  crítica está en la obligación de explicar las  razones  por  las  cuales le concede mérito a determinadas pruebas, aspecto que  fue  incumplido  por  el Tribunal con detrimento de la lógica, el conocimiento,  la    ciencia    y    la    experiencia,   en   otras   palabras,   “del    sentido    común”.    

          Con  tales  fundamentos  pretende  la  absolución  por  el  homicidio  y,  consecuentemente,  por los delitos de porte  ilegal  de  armas  y  concierto  para  delinquir,  de  manera  que  Graciano  Torres sólo respondería por  la violación del artículo 33 de la Ley 30 de 1986.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

          En  la  demanda  presentada  por  el  defensor    de    Graciano   Torres   resulta  evidente  el desconocimiento de las exigencias de forma y  contenido  que  gobiernan  el  recurso extraordinario al tenor del artículo 225  del Código de Procedimiento Penal.   

         1.   En  primer  término,  el  impugnante  omite  uno de los  presupuestos  previstos  en el numeral 1º del citado precepto al no identificar  siquiera a los sujetos procesales, conforme es requerido.   

         2.   De  otra  parte,  si  bien  adujo  la  causal primera de  casación,  cuerpo  segundo, como motivo para pedir la infirmación del fallo de  segunda  instancia,  en  aparte  alguno  del libelo determinó el concepto de la  violación,  y en cuanto al señalamiento de las normas que estimó infringidas,  verificó  la cita aislada del artículo 254 del Código de Procedimiento Penal,  perdiendo  de  vista  el  carácter  estrictamente  procesal  de  la misma y que  tratándose  de  la acusada violación directa o indirecta de la ley sustancial,  únicamente  tienen  tal  naturaleza  aquellas  disposiciones  que  describen un  comportamiento  como  delictivo y le fijan la pena correspondiente, al igual que  las alusivas a la responsabilidad o a la punibilidad.   

         3.  Más aún, también se observa  una  deficiencia  insalvable  en  lo  que  respecta  al deber que le asistía al  recurrente  de  indicar  en  forma  clara,  precisa,  coherente  y  lógica  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  que  le  brindaban  sustento  al reproche  erigido  contra  la  sentencia impugnada, pues en la sustentación del ataque se  distanció  de  la  demostración  del error invocado y de su trascendencia para  presentar  un  alegato  de  instancia  mediante  el  cual  enfrentó su personal  valoración de la prueba a la realizada por los falladores.   

           Denunció  así  el  falso  juicio de identidad que se configura  ante  la  tergiversación, la adición o el cercenamiento del contenido material  de  la  prueba,  que confundió finalmente en el desarrollo argumentativo con el  falso  raciocinio,  desacierto  surgido cuando el juzgador transgrede las reglas  de  la  sana  crítica;  modalidades bien diversas del error de hecho por razón  del  ámbito  que  les  es  propio,  pero  además,  de  alegación incompatible  respecto  de unos mismos medios de prueba como aquí se hizo, desaciertos que en  todo  caso,  el  recurrente  tampoco  concretó  en  uno  u  otro  sentido en la  pretendida sustentación del ataque.   

         3.1  Ciertamente, el defensor arguyó la distorsión del dicho del  coprocesado   Efraín  Uribe  Mejía,  pero  sin  cotejar  el  contenido  de  su  indagatoria  con  las  manifestaciones  que  le  atribuyó  el  Tribunal como le  resultaba  ineludible  para  acreditar  por  lo  menos la realidad de la alegada  distorsión  del  alcance  objetivo  de  dicha prueba, simplemente adujo que tal  deponente     “no     compromete    sería    y  directamente”  a su representado; conclusión a la  que   arriba  con  asidero  en  el  específico  recuento  de  aquél  sobre  la  consumación  del homicidio, y sin atención alguna a los apartes de su versión  a  partir  de  los  cuales  el  ad quem coligió el carácter incriminatorio del  relato   del   citado   en  detrimento  de  Graciano  Torres.   

         3.2   Tratándose  de  la  indagatoria del también sindicado  Esfeifer  Muñoz  Pérez,  el  demandante insiste con idénticas falencias en la  distorsión  de  la  prueba;  de  igual modo, sin verificar el error invocado en  tales  términos,  señala seguidamente el aspecto que a su juicio demeritaba la  acusación  erigida de su parte contra su asistido, que asegura fue soslayado en  el  análisis  de  los juzgadores, es decir, contrapone su apreciación sobre la  credibilidad  del  tal  medio  de  persuasión  a  las  conclusiones  del  fallo  impugnado,  reflejando  entonces  el indebido propósito de proyectar en la sede  extraordinaria un debate probatorio inherente a las instancias.   

         Señala   luego   sin   estricta  sujeción  al  contenido  de  la  sentencia   recurrida,  que  el  Tribunal  con fundamento en la versión de  Muñoz    Pérez    le    atribuyó    a   Graciano  Torres  la  intervención  material  en el homicidio  objeto  de  la  causa  no  empece  que  el  susodicho  aseguró no haberlo visto  siquiera  el día de sus sucesos, cuando el ad quem, en relación con los cargos  surgidos  del  recuento  del  susodicho  aludió a una cuestión bien diferente,  esto  es,  a  la  participación  de  aquél  en la decisión colectiva de darle  muerte  a  Gallego  Palacio  por  haber  faltado  a  su  promesa de compartir el  lucrativo negocio del expendio de estupefacientes.   

               3.3   En  cuanto  a  los  testimonios  de  Gilma  Leida  González Soto, Teresa Pérez de Gallego, Mónica  María  Nieto  Gallego  y  Liliam Vásquez la impropiedad del casacionista fluye  aún  mayor,  por  cuanto  en  la  lacónica  argumentación esbozada no intenta  acreditar   que   el   Tribunal   hubiese   incurrido  en  algún  error  en  su  apreciación.     Efectivamente,  en  este  punto  el  ataque  se  reduce  a  las  consideraciones  subjetivas del impugnante sobre el nulo mérito  incriminativo  de  estos  elementos  de  prueba  por  no  haber  formulado tales  testigos  acusación  alguna en perjuicio de Graciano  Torres,  para afirmar luego, en este orden de ideas,  su  incomprensible  aducción  para  colegir  el compromiso penal del citado; en  otros  términos,  refuta  el  análisis  que  del  acervo  probatorio  hizo  el  sentenciador  para  arribar  al  fallo de condena en un alegato que involucra el  propósito  de  obtener  su  nueva  valoración por parte de la Corte como si se  tratara de una tercera instancia.   

         6.   En  los  apartes finales del  escrito  y  en  relación  con  los  medios  de persuasión atrás reseñados el  apoderado  arguye el desconocimiento de las reglas de la sana crítica, reproche  que  deriva  de  la  alegada  distorsión  de  la  prueba  testimonial  y de las  indagatorias   de   los  coprocesados,  entremezclando  indebidamente  entonces,  reitera  la  Sala,  los  errores  de hecho por falso juicio de identidad y falso  raciocinio.   

         7.   Por  último,  los escuetos razonamientos del impugnante  sobre  la  trascendencia  de  los errores denunciados en la parte resolutiva del  fallo  muestran  aún  más deficiente la demanda, al limitarse aquí a asegurar  de  manera  genérica  y  vacua  que  de no haberse configurado el fallo habría  tenido  un  sentido  diferente.            

           Así   las   cosas,   concluye   la  Corporación,  del examen previo de la demanda surge ostensible la inobservancia  de  los requisitos contemplados en el artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal,  en  consecuencia,  se  impone  su inadmisión al tenor del artículo 226  ibídem,  modificado  por  el 9º de la Ley 553 de 2000, no sin advertir ante la  decisión   anunciada,   que  declarada  la  inexequibilidad  del  artículo  18  transitorio  de  la  citada  Ley  por  la  Corte  Constitucional a través de la  sentencia  C-252  de 2001, M.P. Dr. Carlos Gaviria Díaz, norma que reservaba la  aplicación  de  las previsiones de aquella a los procesos en los que se hubiese  interpuesto  la  casación  a partir de su vigencia, resulta forzoso colegir que  las  nuevas regulaciones en materia del recurso extraordinario, en cuanto tengan  un  carácter procesal exclusivamente como es el caso del primer precepto atrás  citado, son entonces de aplicación inmediata.   

         Resta  añadir  que  culminada  la vigencia de la Sala Especial de  Descongestión  creada  por  la Ley 504 de 1999, el expediente se remitirá a la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Medellín, Corporación que por el factor  territorial  relevó  a  aquella  como superior funcional del juzgador de primer  grado.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         Inadmitir la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado del procesado José    Ignacio   Graciano   Torres.   

         Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  el  expediente  al Tribunal  Superior de Medellín y cúmplase,   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL       JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN   GALAN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GALVEZ  ARGOTE                      

JORGE   A.   GOMEZ   GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                       

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                               NILSON     PINILLA  PINILLA           

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

         

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *