17167(06-09-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 17167  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado ponente:   

                                     Dr. Carlos Eduardo Mejía Escobar   

                                     Aprobado Acta # 134   

Bogotá  D.C., septiembre seis (6) de dos mil  uno (2001).   

Vistos:  

Resuelve   la  Sala   el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  contra  la  sentencia  de  noviembre  4 de 1999, mediante la cual la Sala Penal Especial del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  revocó  la  sentencia  de  primera instancia y  absolvió  a  los  procesados **** y ***** del cargo de enriquecimiento ilícito  de particulares por el cual habían sido acusados.   

Hechos y actuación procesal:  

Los días 13 de enero de 1993, 23 de marzo y  10  de  mayo  de 1994, fueron allanadas las sedes de las sociedades CONSTRUCTORA  ROMA  LTDA  e  INVERSIONES  MAQUILON y MAQUILON, con sede en la ciudad de Cali y  representadas  legalmente  por  los  esposos  **** y ****.  Con sustento en  documentos  hallados  en  las  diligencias  y  en informes de inteligencia de la  Sección  de  Delitos  Financieros  y  Enriquecimiento  Ilícito  de la DIJIN de  Bogotá  y  del Ejército Nacional, corroborados por el DAS y el Cuerpo Técnico  de  Investigación  de  la  Fiscalía,  que  relacionaban  a los mencionados con  actividades  de  narcotráfico  y  lavado  de activos, se decidió investigar el  incremento   de  su  patrimonio.   Especialmente  una  amnistía  fiscal  o  saneamiento  fiscal  de  divisas  por  la suma de $630.000.000.oo que llevaron a  cabo  en  1990,  repartidos  de  la siguiente manera ****, $30.000.000.oo; ****,  $300.000.000.oo;   ****   y  ****,  hijos  del  anterior,  $150.000.000.oo  cada  uno.   

****  y  ****  fueron vinculados al proceso,  detenidos  preventivamente  y acusados por la Fiscalía Regional de Cali el 2 de  septiembre   de   1996   por   el   cargo   de   enriquecimiento   ilícito   de  particulares.   En  la  misma  decisión,  que adquirió ejecutoria el 9 de  septiembre  siguiente,  se  le  precluyó  la  instrucción  a la primera por el  delito  de  falsedad  personal  y  a  ambos  por testaferrato (fl. 195 c.o. #7).   

El  14 de agosto de 1998 un Juzgado Regional  de  Cali  dictó  sentencia  condenatoria  en  contra  de  los procesados.   Condenó  a  ****  a  8  años de prisión y multa de 600 millones de pesos. Y a  **** a 6 años de prisión y multa de 30 millones de pesos.   

Los  defensores  apelaron  y  la  Sala Penal  Especial  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá, a través del fallo recurrido en  casación,  revocó  la  sentencia  de  primera  instancia  y  absolvió  a  los  acusados.   

La demanda:  

La  presentó la Fiscalía Delegada ante los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados  de  Cali. En la enunciación del  único  cargo  que  le  hace  a  la sentencia y que apoya en el inciso 2º de la  causal  1ª de casación dice que el Tribunal aplicó indebidamente el artículo  445  del  Código de Procedimiento Penal de 1991 y no aplicó los artículos 247  y   254   del  mismo  Estatuto,  lo  mismo  que  el  1º  del  decreto  1895  de  1989.   

     

1. Sobre la prueba indiciaria.     

Para  el censor los informes de inteligencia  aportados  al  proceso  son  indicios  de responsabilidad penal en contra de los  procesados.   Y  el  juzgador “omitió considerar como prueba que soporta  el  hecho indicador” el testimonio de ****, quien mencionó los motivos de los  allanamientos  e  hizo  referencia  a que las labores de inteligencia llevadas a  cabo  “daban  cuenta  de  la  realización  de  hechos al margen de la ley que  implicaban  las empresas de propiedad de los aquí procesados”, lo cual quedó  corroborado  con  las  pruebas  allegadas  a  la  actuación.  Tal error es  trascendente  a  juicio del censor pues del análisis del testimonio “se llega  a  la  conclusión  de la seriedad y coherencia de los informes de inteligencia,  elemento  estructurante  como  hecho  indicador del indicio, así, se colige que  los  informes  de  inteligencia  no fueron producto del azar, sino obedecieron a  circunstancias  antecedentes sólidas, situación que corroboran otros elementos  de  convicción  no  analizados  o  tergiversados”.    De haber sido  tenida  en  cuenta  la  prueba  y  sopesado “con otras piezas procesales” el  sentido  del  fallo hubiera sido distinto, se habría llegado a la certeza de la  procedencia ilícita del enriquecimiento.   

El  Tribunal  tampoco tuvo en cuenta “como  prueba  que  sustenta  el  hecho  indicador” de las labores de inteligencia la  declaración  que  rindió  el 23 de marzo de 1994 el Jefe de Enlace del Comando  del  Ejército  Nacional  (fl.  5,  c.  #6)  y los documentos encontrados en las  diligencias    de    allanamiento    a   las   sociedades   comerciales   atrás  mencionadas.    

La  primera,  que  sirvió  de  base  a  los  allanamientos,  “…indica  sobre el adelantamiento de labores de inteligencia  que  permiten  suponer  la  existencia  de  actividades  relacionadas con la ley  30…”  en  esas  oficinas,  lo  cual  es corroborado por otros organismos del  Estado  a  través de sus informes.  Para el Fiscal recurrente esto permite  inferir  que lejos se está de que se trate de pesquisas carentes de fundamentos  serios  sino  que las mismas obedecieron “a situaciones que relacionaban a las  personas  vinculadas  y  a  las empresas (de) que formaban parte, en actividades  ilegales…”.    La   trascendencia  de  este  error  radica  en  que  la  declaración  “sirve  de  sustento  al  hecho  indicado  de  los  informes  de  inteligencia,  que  como  prueba indiciaria y en atención a lo dispuesto en los  artículos  300,  301, 302 y 303 del C. de P. Penal … da relevancia a aquellos  como  sustento de una cadena de indicios determinante en cuanto al señalamiento  de los procesados como responsables del hecho imputado…”.   

En  cuanto  a los documentos hallados en los  allanamientos,  específicamente  en  la  sede de la CONSTRUCTORA ROMA, y que no  tuvieron  en  cuenta  por  el  Tribunal, dice el casacionista que fueron los que  hacían  referencia  a  la  CASA  DE  CAMBIOS  STELLA,  señalada en informes de  inteligencia  como sitio en el cual tenían lugar “operaciones comerciales del  denominado  cartel de Cali”.  Esto hace colegir “la relación existente  entre   las   personas   naturales   pertenecientes  a  esas  razones  sociales,  circunstancia  que  no  resulta casual, lo que le da más peso, seriedad  y  veracidad  de los informes de inteligencia, valoración que al ser omitida priva  del   realce   debido   la   prueba   indirecta  aquí  analizada”,  aduce  el  recurrente.   

    

1. Falso   juicio   de   existencia  por  omisión  del  testimonio  de  **.     

Es una declaración que tiene “notabilidad  probatoria”  según  el  impugnante  y  no  la  consideró  el Tribunal.   RENTERIA  indicó  que le prestó en 1989 al procesado **** $5.000.000.oo y esto  no  puede  pasar inadvertido “…si se tiene en cuenta que según el argumento  defensivo  expuesto  por el señor ****, para esa época tenía una sociedad con  el  señor  ***,  pues  resulta  contrario  a  las  reglas  de  experiencia, que  existiendo  una  sociedad de hecho entre estos, acudiese aquel a un tercero para  un  préstamo,  máxime  si  se  observa  que el señor *** manejaba una suma de  dinero  muy  superior  y  significativa  a  la  que  hace referencia el testigo,  circunstancia  que  por  demás  deviene  ilógica,  amén  que  en  pretéritas  oportunidades  ***  le  entregaba  sumas  en  efectivo  al señor ***, como bajo  juramento lo manifiesta aquél, por pertenecerle”.   

Si se valora tal medio de convicción dentro  del  contexto  probatorio, lo afirmado por **, es decir que el dinero amnistiado  fiscalmente  era  proveniente de la sociedad de hecho, queda sin respaldo.   En  especial cuando *** no hizo mención en su indagatoria de la misma y cuando,  de  otra  parte,  afirmó que su esposo desarrollaba la actividad ganadera en el  Valle,    “desmintiendo    completamente”    lo    dicho    por   él   como  exculpación.    Así   las   cosas,   de   haberse  tenido  en  cuenta  el  testimonio   junto  con  los  demás  elementos probatorios, la conclusión  hubiera sido la certeza para condenar, concluye el recurrente.   

    

1. Falso  juicio  de  existencia  por  omisión de la prueba documental  aportada al proceso.     

De  haberse  apreciado,  dice  el  Fiscal,  habrían  quedado sin respaldo los argumentos de la defensa, es decir que los 30  millones  de  pesos  del incremento patrimonial de *** fueron el producto de una  donación  y  los  otros 600 millones fruto de las negociaciones de ganado entre  ***   y   ***.    Acto   seguido  –todavía    sin   decir   a   qué   documentos   en   concreto   se  refiere—pasa  el  censor a  transcribir  un aparte de la sentencia de primera instancia, específicamente el  último  párrafo  de  su  página  71 y toda la página 72.  Allí el Juez  hizo  referencia  a los balances de los implicados en el proceso firmados por el  Contador  ***,  lo  mismo  que  a los estados de pérdidas y ganancias.  En  ellos     –dice    la  cita—aparece   ***  como  deudor   de  ***,  así:  $157.004.653.oo  en  1986,  $275.210.879.oo  en  1987,  $444.209.575.oo  en  1988  y  $633.080.990.oo  en 1989.  En los balances de  ***,  ***  y  ***  se  registran cesiones patrimoniales del sindicado *** por 30  millones  para  la  primera  y  150  millones  de  pesos  para  cada  uno de los  restantes,   “con  lo  cual  se  ha  pretendido  dar  un  soporte  contable  a  posteriori,  sobre  la  versión  justificativa que ha ofrecido el señor …***  …  con  la  colaboración  del  señor  ***  …”.   En  el final de la  transcripción  se  aduce  que  en los anexos aportados con las declaraciones de  renta  del  sindicado  ***  no aparece como deudor ***, haciéndose aparecer las  sumas amnistiadas ligadas al negocio de ganadería.   

Así     las     cosas    –concluye  el  casacionista—el Tribunal desconoció la apreciación  en  conjunto  de  los medios de prueba, es decir el artículo 254 del Código de  Procedimiento Penal de 1991.   

La  trascendencia  de la omisión alegada la  concreta  en la circunstancia de que  se demuestra, de haber sido valorados  los  documentos  de  acuerdo  con  la sana crítica y de conjunto con los demás  medios  de  prueba, que carecen de veracidad las aseveraciones defensivas de los  procesados  y  que “en atención a otras pruebas ya analizadas y conforme a lo  señalado  por el artículo 254 del C. de P. Penal, se llega al grado de certeza  exigido  por  el  legislador  colombiano  para  deprecar  sentencia de carácter  condenatorio…”.   

    

1. Falso  juicio  de  identidad por violación de las reglas de la sana  crítica.     

     

1. En relación con la prueba pericial.     

Empieza por transcribir el Fiscal recurrente  un  aparte  del  fallo recurrido, relativo a los dictámenes periciales obrantes  en    el    proceso.   No   brindan   –según  la cita—  precisión  y  certidumbre  acerca  de  los  hechos  que  consignan.  Todos  difieren  en  cuanto a su metodología, marco jurídico conceptual, elementos de  juicio,  conclusiones  y  resultados,  de  manera  que  a través de ellos no es  posible  acceder  a  la verdad que por su conducto se buscó, quedando por tanto  sin  solución el interrogante, y  aceptar como cierto cualquiera de ellos,  con  virtualidad  de  desquiciar el engranaje probatorio, constituiría error no  justificable  si  en  cuenta  se  tiene  que  la contabilidad, por su naturaleza  eminentemente  técnica,  es una ciencia exacta y no de simples especulaciones y  aproximaciones,  por  manera  que  resulta  cuando  menos ilógico el fundamento  fáctico  de  la  decisión adoptada en el fallo que se revisa…”.  Para  la   Fiscalía   el   juzgador,  al  señalar  los  dictámenes   que  hubo  “incremento  patrimonial  no  justificado”,  desconoció  las  reglas  de la  experiencia.    Estas   indican   –dice      la     censura—que  al concordar los peritazgos “…en el aspecto central que los  motivaron  llevan  a  la  certeza  sobre la verdad que por su conducto se busca,  contrario  a  lo esgrimido por el Tribunal…”.  No puede resultar casual  ni         insignificante        –agrega—que  en  los  mismos  se  haga  referencia a incrementos patrimoniales no justificados de  los  procesados,  en  especial  si se tiene en cuenta que se trata de una prueba  científica y técnica.   

De  no  haberse desconocido las reglas de la  experiencia  la conclusión hubiera sido la certeza de responsabilidad.  El  desconocimiento  de  la  prueba  pericial,  entonces,  frente  a  un  delito que  requiere  de  expertos  en asuntos contables, que determina el supuesto fáctico  del  delito  y que vista de conjunto lleva a la certeza para condenar, es lo que  plantea el censor como la trascendencia del error alegado.   

     

1. En relación con la prueba testimonial.     

El   falso   juicio   de   identidad   por  transgresión   de   la  sana  crítica  lo  vincula  el  casacionista  con  los  testimonios de ***, ***, ***, *** y ***.   

El  Tribunal  se refirió al hecho de que si  bien  es  cierto  los testigos *** y *** contradicen a *** en cuanto a la época  en  la  que estuvieron asociados en el negocio de la ganadería, dado que cuando  cada   uno   dio  su  versión  ya  habían  transcurrido  varios  años  “tal  inconsistencia  resulta  nimia y razonable” y no conduce a restarles capacidad  probatoria  como  lo  hizo  la  primera  instancia,  pues “en todas las demás  circunstancias  de  los  hechos”  declarados  corroboran  lo  sostenido por el  procesado.  En  igual  sentido  hizo  referencia  el  juzgador  al testimonio de  ***.   

Si   se   tiene   en  cuenta  –reflexiona    el   censor—que  se  buscó  demostrar  que los 630  millones  de  pesos  del  incremento  patrimonial  fueron  el  producto  de  las  actividades  de  ganadería desarrolladas por *** en sociedades de hecho con ***  y  ***,  no  puede  considerarse  intrascendente  el  señalamiento  de  épocas  diferentes  en las cuales tuvieron ocurrencia las negociaciones.  *** adujo  que  la  sociedad  con  *** fue entre finales de 1984 y 1985 y éste dijo que en  1986.   ***,  de  otra parte, afirmó que los negocios con *** fueron entre  1984  y  1985  y éste adujo que tuvieron ocurrencia en 1978, 1982 y 1983.   Se  trata de fechas –dice el  impugnante—completamente  discordantes,  tratándose  de  una circunstancia relevante al guardar relación  con  el  origen  del  dinero  que motivó la acusación.  Adicionalmente la  procesada  ***  no  mencionó  la  existencia  de  la  sociedad *** –  ***,  lo que no es intrascendental si  se  tiene  en  cuenta  que  se  trata  de su esposa y que las reglas del sentido  común  indican  que  debía  conocer  de  tales asuntos, en especial si eran la  fuente de los ingresos del grupo familiar.   

***, de otro lado,  no dijo que le haya  entregado  24  cabezas  de  ganado  a  ***  y  éste  si  mencionó el hecho sin  dubitación.   El  testigo  adicionalmente expresó que *** le hizo entrega  de  una  precisa  suma  de  dinero y éste se refirió de forma etérea al tema,  diciendo  simplemente “que le entregó su capital inicial al señor ***, en el  año   86,   sin   siquiera   manifestar   las  circunstancias  modales  de  ese  hecho”.   

Para  el  censor,  visto en relación con lo  dicho  por el procesado ***, el Tribunal en la valoración del testimonio de ***  desatendió  las  reglas  de  la  experiencia.   Se  opone  a ellas que una  persona  entregue a otra todos sus activos patrimoniales sin la mediación de un  documento.   Fuera  de  eso no puede afirmarse el carácter intrascendental  de  la  no  coincidencia  de  fechas de la existencia de las sociedades de hecho  entre  los  mencionados  y  entre  ***  –  ***.   Los supuestos socios del procesado señalaron con  cuánto  ganado  iniciaron y *** recordó “con lujo de detalles circunstancias  secundarias”  como  indicar  a  quién  le  compraron  las  primeras  reses  e  inclusive  decir  que  se  ahogo  una.   Esta forma de declarar del testigo  –anota       el  recurrente—“no  da  para  que  se  concluya  que  el  error  en las fechas de las negociaciones se deba al  transcurso  del  tiempo…”,  como  lo  hizo  el Tribunal en contraposición a  “los sólidos argumentos” del juzgador de primera instancia.   

Agrega el impugnante que *** es un testigo de  oídas,  que  lo  que  supo de la sociedad de hecho fue por comentarios de *** y  que  de  acuerdo  con  la  sana  crítica  merece  serias críticas.  No se  infiere  de  su  dicho  que  éste  le  haya manejado dinero a *** y concluir al  contrario  es  poner  al  declarante  a  decir  cosas  que no corresponden a sus  afirmaciones.    

Los testigos *** y *** también son de oídas  y  en  su  análisis  se  violaron  las reglas de la experiencia, ya que resulta  contrario  a  las mismas que hayan negociado con ***  y que no supieran que  el dinero manejado por éste le perteneciera a ***.   

     

1. Error  de hecho por falso juicio de identidad “por tergiversación  del sentido de la prueba.     

En  este punto se refiere el impugnante a la  supuesta  donación  recibida  por  la  señora  ***  en la cual se sustentó la  absolución  proferida  en  su  favor.   Advierte que “se distorsionó el  contenido  y  el  sentido  de  la  prueba  por  parte  del  fallador  de segunda  instancia,  pues  valoró  la  donación como acto jurídico, dejando de lado el  aspecto  fundamental  como  lo es el origen del dinero, y si de ese hecho tenía  pleno conocimiento la señora ***…”.   

El  Tribunal  señaló  en  el  fallo  que  efectivamente  la  sindicada  recibió de su cónyuge, en 1990, una donación de  $30.000.000.oo,  a  la  vez  que  reconoció  causa  y  objeto  lícitos  en  el  incremento  patrimonial.   Para el censor aceptar lo anterior es tanto como  sostener  que  quien  dona dinero proveniente de actividades ilícitas a alguien  que  sabe  de  esa  procedencia, impide atribuirle a éste responsabilidad penal  simplemente  por el hecho de haber tenido ocurrencia la donación de acuerdo con  las formalidades de la ley civil.   

De  hacerse  una  valoración  adecuada  del  hecho,  es  decir  contraria  a  la realizada por el juzgador, se concluye en la  certeza requerida para condenar a *** por enriquecimiento ilícito.   

Aduce el Fiscal recurrente, por último, que  las  irregularidades relacionadas demuestran la violación del artículo 445 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 1991, por aplicación indebida.  Esto  por  cuanto  emerge  claramente  en  el  presente  caso,  atendidas  las pruebas  allegadas,  que  existe  certeza  acerca  de  la  materialidad  del  hecho  y la  responsabilidad  penal  de  los procesados, por el cargo de la acusación.   Solicita,  como  consecuencia,  casar  el fallo y proferir en su lugar sentencia  condenatoria.   

Alegato  conjunto  de  los defensores de los  procesados, en su calidad de no recurrentes.   

En  el  término de traslado a las partes no  recurrentes  los  abogados  de  la  defensa  se  opusieron  a  la demanda.   Consideraron   en   primer   lugar   que   la  misma  es  sólo  un  alegato  de  instancia   a  través del cual “se traba una discusión jurídica con el  fallador  de  alzada  al  que  el demandante le reprocha simplemente el no haber  estado   de   acuerdo  con  sus  apreciaciones,  intentando  revivir  un  debate  probatorio  absolutamente  ajeno  a  la  H. Corte en sede de casación”.   Adicionalmente  el  censor  anuncio  un  cargo  y en realidad planteó 6 (que lo  podía  hacer  pero  en  capítulos  separados),  con  lo  cual  transgredió la  exigencia de claridad y el principio de no contradicción.   

Para los no recurrentes, en segundo lugar, la  casación  y la revisión tienen un claro propósito garantista de los intereses  del  procesado.   En  particular  la  primera  es  su  última opción y se  consagra  como  posibilidad  de  impugnación de la sentencia condenatoria, para  intentar  que  se  le  reconozca  su  inocencia.   La  ley  colombiana, sin  embargo,  admite la posibilidad de que los demás sujetos procesales acudan a la  casación.   Pero  para  los  defensores  no en todos los casos cuentan con  interés y formula las siguientes conclusiones.   

a.    El  Ministerio  Público  en cuanto guardián de la legalidad  está legitimado  para  demandar  en  casación.   Igual ocurre con la parte civil en lo  relacionado con sus intereses.   

b.  “No  parece  ocurrir   lo   mismo  con  el  Fiscal  –dicen  los  no  recurrentes—máxime  si se examina a la luz de las transformaciones sufridas por  el  proceso penal colombiano tras la instauración de la Fiscalía General de la  Nación,   que  le  otorga  al  Fiscal  la  función  requirente  o  acusatoria,  preponderantemente  durante la etapa del juicio.  En efecto, si la función  de  la  Fiscalía  durante  la  etapa  del juicio es la de acusar, su acusación  consiste  en  una  formulación  de  cargos,  esto  es  una incriminación a una  persona  o  personas,  como  presuntas  autoras  de  una  infracción  de la ley  penal.   Bien,  si  ello  así,  significa  que la sentencia definitiva que  decide  de  fondo  la cuestión, implica una decisión definitiva respecto de la  inocencia  o  culpabilidad  del  procesado y en cuanto tal hace tránsito a cosa  juzgada.   

“Así    las    cosas    –sigue   el   planteamiento—cuando   el   Fiscal,  sin  mediar  la  demostración  de  una  grave injusticia en el fallo, o sin una plena prueba que  vicie  por  ilegal  el  fallo  que  pretende  impugnar,  presenta una demanda de  casación,  con  la  única expectativa  de que se le reconozca una postura  que  fue  ya derrotada en las instancias, lo que hace no es otra cosa que volver  a  formular cargos por un asuntos que ya fue debatido y juzgado, es decir, dicho  de  manera  más  simple  quebranta  el  principio  non  bis  in ídem”.    

Así  las cosas, en consideración a que en  el  presente caso es claro que el Fiscal impugnante redujo su intervención a un  alegato  de  instancia,  se concluye que no le asiste interés para presentar la  presentación   de   la   demanda  y  así  solicitan  los  defensores  que  sea  declarado.   

Demandan,  en tercer lugar, que la Corte de  respuesta  inmediata a la demanda.  “En el caso en cuestión –dicen    los    abogados—como  quiera que el demandante no es la  defensa  sino  la  acusación  y lo que se demanda es la inexistencia de la duda  expresamente  declarada,  no  cabe  duda  que,  como  quiera  que lo que hace el  fallador  es  aplicar una norma a un caso en el que, según el demandante no era  procedente,  no  estamos ante una violación indirecta de la ley sustancial sino  ante  una  violación  directa  y  por  ende  el  planteamiento  es por completo  equivocado,  siendo  forzoso  inadmitir  la  demanda  por  esta  grave  falta de  técnica”,  como  reiteradamente  lo  ha  dicho la Corte (relacionan distintas  decisiones)   y   frente   a  lo  cual  no  se  ve  la  necesidad  de  un  nuevo  pronunciamiento.   

Acto seguido los no recurrentes se refieren  al  contenido  del  libelo  y concluyen que no existe manera de encausar un solo  razonamiento  lógico.  El  censor  vuelve  a  los  argumentos de la acusación,  reiterados  ante  la  segunda instancia, pretendiendo fundar la trascendencia de  los  supuestos  yerros  en  el  simple  hecho  de que esos fundamentos no fueron  acogidos  por  el  Tribunal.  Enfatizan los defensores en la impropiedad de  atacar  los  alcances  dados a la prueba pericial como se tratara de un medio de  convicción  sometido  a  tarifa legal, así como en señalar, frente a la falta  de  aplicación  del  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal, un  problema  de  violación directa de la ley sustancial demandada como indirecta y  a la vez argumentado con términos de alegato de instancia.   

Concepto  de la Procuradora 4ª Delegada en  lo Penal:   

Para la Delegada son manifiestos los errores  de   técnica  en  los  cuales  incurrió  el  censor.   En  primer  lugar,  relacionó  como  normas  sustanciales  violadas  los  artículos  247 y 254 del  Código    de    Procedimiento   Penal   de   1991,   la   cuales   –de  acuerdo  a  como lo ha sostenido la  Sala— son disposiciones de  orden  simplemente instrumental.  Aparte de esta impropiedad no cumplió el  censor  con  el  deber  de indicar cómo resultaron violados los preceptos, sino  que  sólo  se  remitió  a la mención de frases vacías como que “de haberse  valorado    las    pruebas    en    conjunto    se    hubiera   llegado   a   la  certeza”.   

Dice el concepto que en cuanto a los falsos  juicios  de  existencia  por  omisión  que  el  censor hizo recaer en la prueba  indiciaria,   simplemente  equiparó  los  informes  de  inteligencia  al  hecho  indicador  y   señaló  que  lo  dicho en los mismos se demostraba con las  pruebas  omitidas.   En  tales  circunstancias el planteamiento nada tenía  que  ver  con  los  indicios.   Le  habría bastado al demandante con tomar  directamente  los  testimonios y documentos omitidos y señalar la trascendencia  de  los mismos.  Y si la pretensión era extraer prueba indiciaria de tales  medios  de  convicción,  lo procedente era dedicarse a determinar los elementos  estructurantes   del   indicio   y   “demostrar   de  qué  manera  revestían  incidencia” en la orientación del fallo recurrido.   

Los  informes  de  inteligencia,  agrega la  Procuradora  para  abundar en razones sobre la inconsistencia del planteamiento,  no  son  prueba  y  sólo  sirvieron  para  “determinar en parte” el tema de  prueba  en  el proceso.  Cita el fallo de la Corte del 25 de mayo de 1999 y  concluye  que  “…siendo los informes de inteligencia un reporte de datos que  se  suministra  a  la judicatura, están sujetos a la comprobación de lo que en  ellos  se  consigna,  lo  cual  se  cumple  a  través  de  distintos  medios de  convicción,  pues  es  de  aquí  que  lo  vertido  en  ellos  adquiere validez  probatoria dentro del proceso”.   

A pesar de “la desatinada presentación de  los  reproches”, examina acto seguido la representante del Ministerio Público  cada   uno   de   los   elementos   de   persuasión   que   se   alegaron  como  omitidos.   

1.  El testigo *** se limitó a afirmar  la  existencia  de los mencionados informes, a decir que la razón para incautar  los  documentos en el allanamiento realizado en la avenida 6ª norte bis # 26-29  de  Cali  fue  que  se  tuvo  conocimiento  que  allí “funcionaba una empresa  dedicada  al  narcotráfico”.   Y  como  el  Tribunal desechó el alcance  probatorio  de  esos  informes, carece de trascendencia la no consideración del  testimonio.   Adicionalmente  el Jefe de Enlace de la Oficina del Ejército  Nacional  no rindió ninguna declaración el 23 de marzo de 1994, como lo afirma  el  casacionista, aduciendo que fue la que sirvió de fundamento al allanamiento  realizado  al  Edificio  donde  funcionaban CONSTRUCTORA ROMA LTDA e INVERSIONES  MAQUILON.    A  lo  que  se  limitó  el  oficial  fue  a solicitar el  allanamiento  del  inmueble   sobre  la  base  de  que  dentro de él “se  adelantan  actividades  delictivas  relacionadas con la ley 30/86”.   No  existiendo  testimonio  del  funcionario,  en  consecuencia,  en modo alguno  podía  predicar  el  censor  el quebrantamiento de los artículos 254 y 294 del  Código de Procedimiento Penal de 1991.   

2.  Las  referencias  a  la CASA DE CAMBIOS  STELLA   y  al almacén del mismo nombre que contenía la prueba documental  obtenida  en  el  allanamiento a la CONSTRUCTORA ROMA LTDA, fueron ignoradas por  el  Tribunal.   Sin  embargo,  luego  de  precisarse  en el concepto que de  acuerdo  con el informe de inteligencia del 11 de enero de 1993 (fl. 155 c.o. 1)  dicha  casa de cambios se dedicaba a la recepción de dólares del exterior y de  señalarse  que en el proceso no se concretaron qué actividades al margen de la  ley  allí  tenían  ocurrencia,  y que sólo en la sentencia de primer grado se  ordenó  la  expedición  de  copias para el efecto, se concluye por parte de la  Delegada en la intrascendencia de la omisión.   

3.   En cuanto al testimonio de *** no  es  verdad  que  el  Tribunal  lo haya omitido, observa la Delegada.  En el  fallo,   en  efecto,  se  sintetizó  y  analizó  el  contenido  del  medio  de  convicción   en   sentido   opuesto   a   como   lo  había  hecho  la  primera  instancia.   Así  las  cosas,  carece  de  fundamento  el  falso juicio de  existencia   propuesto   por  el  censor  respecto  de  dicha  prueba  y  si  su  planteamiento  se  encaminaba  era  a  sostener  que  no  ha debido otorgársele  credibilidad,  se  trata  de una postura marginal al recurso de casación.   Aunque  veladamente  insinuó  un  falso  raciocinio,  no precisó qué regla de  experiencia  fue  transgredida  o  qué principio de lógica resultó vulnerado,  por  lo  que  se  concluye  que  no  desarrolló  ninguna  tarea  atinente  a la  demostración  de  esa  modalidad  de  error  de  hecho.   En suma, dice el  concepto,   lo  que  hizo  el  recurrente  fue  anteponer  su  criterio  al  del  fallador.   

4.  En  la  sentencia  no  se  hizo ninguna  referencia  a  los  documentos aportados por *** el 7 de abril de 1997 (fls. 102  al  187 del c. #9).  La Procuradora, en consecuencia, procede a examinar el  contenido   de  los  mismos  en  aras  de  establecer  la  trascendencia  de  la  omisión.   Se  trata  de  los  balances generales y estados de pérdidas y  ganancias     de    los    procesados    y    de    sus    hijos    –de     1986    a    1994—,  así  como los inventarios de ganado  de *** desde 1986 hasta 1996.   

Cierto  que  los  datos  de  esos  informes  contables,   como   lo  afirmó  el  censor,  no  cuentan  con  comprobantes  de  sustentación  y  esto  no  fue  desconocido  por el Tribunal que al acudir a la  prueba  testimonial  concluyó  que  no  existía  certeza acerca del origen del  dinero  del  incremento  patrimonial y que fue objeto de la amnistía tributaria  en 1990.   

La  circunstancia  resaltada por el censor,  atinente  a  que  en  las  declaraciones  de renta de *** no apareciera *** como  deudor,  es comprensible a juicio de la Delegada. Si tal era el dinero que se le  ocultaba  al  fisco no es una contradicción que haya sido parte de los informes  contables   y    no   de   las   declaraciones   de   renta   anteriores  a  1990.   

5. Luego de indicar que el reproche de falso  juicio  de  identidad “por violación de las reglas de la sana crítica” que  el  impugnante  le  atribuyó a la prueba pericial ha debido ser por la vía del  falso  raciocinio,  dice  la  Procuradora que a pesar del desacierto tampoco fue  demostrada  la  transgresión  de  ninguna regla de experiencia, limitándose el  Fiscal  a  afirmar  que  de  acuerdo  con  los  dictámenes “existe incremento  patrimonial no justificado”.   

La  Delegada  hace  referencia  a  las  dos  primeras  pericias  contables realizadas el 8 de febrero y el 9 de julio de 1996  por  el  Cuerpo  Técnico  de Investigación de la Fiscalía y a los valores que  arrojaron  como  incremento  patrimonial  no  justificado  de los miembros de la  familia  ***.   Igualmente  a  una  tercera,  realizada por el DAS el 15 de  julio de 1997 y al dictamen de la DIAN de Cali.   

Todos  los  peritazgos  contables,  como lo  expresó   el   censor,   señalaron   que   existió   incremento   patrimonial  injustificado.  Y  las  inconsistencias a que se refirió el Tribunal, en virtud  de  las  cuales los desechó, fueron por la no coincidencia de las cuantías, lo  que  según  el  concepto traduce el desconocimiento del artículo 273 del C. de  P.  Penal  de  1991,  ya  que  además  de  los  dictámenes  se  cuenta con las  declaraciones  de renta como fuente de información “…a partir de lo cual se  demostraba     el     aumento     del     patrimonio     que    finalmente    se  amnistió”.   

No  obstante,  que haya existido incremento  patrimonial  injustificado  no  es  sinónimo  de  que  haya  tenido como origen  actividades   delictivas,  como  parece  que  lo  entendió  el  recurrente.  En  consecuencia,  sigue  el  concepto,  si  dicha  causa del incremento es elemento  normativo  del  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares  resulta  acertada  la  conclusión del juzgador relativa a que “la simple presencia del  aumento  del capital sin origen aparente no puede dar lugar a que se predique su  ilicitud”.     “Igualmente   –culmina       este       segmento       la      Delegada—la  existencia  de pruebas de carácter  testimonial  preferentemente,  dio  lugar  a  que  el  fallador de segundo grado  atinara  a  decir,  luego  de evidenciar y zanjar los errores de apreciación en  que   incurriera   el   a   quo,   que  la  actividad  ganadera  esgrimida  como  justificación  del  origen del dinero, daba como conclusión que contrario a lo  determinado  por  la  primera  instancia,  no  había  certeza  en cuanto que el  referido  capital  amnistiado  por  *** en el año 1990 constituye un incremento  patrimonial   no  justificado,  derivado  de  actividades  relacionadas  con  el  narcotráfico”.   

Si bien es cierto, entonces, tuvo razón el  censor  en  cuanto  a  que  hubo  un  incremento  patrimonial  “no justificado  contablemente”,  lo  mismo  “no  comporta  trascendencia respecto del fallo,  ante  el  hecho  de  que  no  se comprobó, en grado de certeza, la ilicitud del  dinero”.   

6.    No   tuvo   lugar   para   la  Procuraduría,  por  último, el falso raciocinio que el censor (invocando falso  juicio  de  identidad)  le  atribuye  al Tribunal y que hace recaer en la prueba  testimonial.   El  Fiscal  simplemente  se  opuso  a  las  conclusiones del  juzgador  como  si el recurso de casación fue una tercera instancia del proceso  penal.   

En suma, debido a las falencias técnicas de  la  demanda,  al  alejamiento  de  la realidad procesal por parte del censor, al  interés  de  anteponer  su  criterio  al  del  Tribunal,  la  conclusión de la  Delegada es que la demanda no debe prosperar.   

Consideraciones de la Sala:  

1.  En  la  sentencia  del Tribunal se hace  referencia,  en  primer  lugar,  a  los  dictámenes  periciales  obrantes en el  proceso,  los cuales coinciden en señalar que los patrimonios de los procesados  (y  los  de  sus hijos  *** y ***) registraron un incremento injustificado,  aunque  no  fueron  coincidentes  en  su  cuantía.   La  primera instancia  –dice    el    fallo  impugnado—   prescindió  parcialmente  de  los  mismos,  al apreciarlos como “oscuros, inconsistentes e  incongruentes”,  acogiéndolos  no  obstante  en  el  señalamiento  que hacen  atinente   a   que   la  suma  amnistiada  por  los  procesados  en  1990  (***,  $30.000.000.oo.   ***,  $600.000.000.oo)  corresponde  al  aumento  patrimonial,  circunstancia  que sirvió de fundamento para dar por demostrada la materialidad  del hecho punible.   

La  segunda instancia consideró equivocado  el  razonamiento del Juzgado Especializado de Cali.  En primer lugar porque  no  es  cierto  que  los peritos hayan coincidido en el mencionado criterio y en  segundo  por  ser ilógicos los argumentos que condujeron al despacho judicial a  fijar el incremento patrimonial injustificado de ***.   

“Es  parecer  de  esta  Sala –dice  la  providencia  recurrida  en su  página  29— que, en efecto,  los  dictámenes  periciales  practicados  en  orden  a determinar si durante el  ejercicio  fiscal correspondiente a los años 1989 a 1994 los incriminados *** y  ***,   acrecieron   injustificadamente  su  patrimonio  económico,  no  brindan  precisión  ni  certidumbre  acerca  de  los  hechos  que en ellos se consignan,  porque,  ciertamente,  no  salieron  airosos  frente  al examen crítico al cual  fueron  sometidos.   Obsérvese  cómo,  salvo  mínimas  aproximaciones en  algunos  de  sus  aspectos,  todos  difieren  en cuanto a su metodología, marco  jurídico  conceptual, elementos de juicio, conclusiones y resultados, de manera  que  a través de ellos no es posible acceder a la verdad que por su conducto se  buscó,  quedando,  por  tanto,  sin  solución  el interrogante, y adoptar como  cierto  uno  cualquiera  de  ellos,  con  virtualidad de desquiciar el andamiaje  probatorio,  constituiría  error  no  justificable si en cuenta se tiene que la  contabilidad,  por su naturaleza eminentemente técnica, es una ciencia exacta y  no  de  simples especulaciones ni aproximaciones, por manera que resulta, cuando  menos,  ilógico el fundamento fáctico de la decisión adoptada en el fallo que  se  revisa,  en  el sentido de negar la evidente existencia de errores graves en  el  dictamen  pericial cuestionado y la consecuente improsperidad a la objeción  planteada  por  los defensores, circunstancia que frente a la complejidad de los  hechos  objeto  del  juzgamiento  adquiere  trascendental  relevancia  jurídico  probatoria…”.   

En tales circunstancias, “en ausencia del  auxilio  pericial  contable  para determinar la ocurrencia del supuesto fáctico  de  la conducta imputada a los enjuiciados…”, el Tribunal acude a los demás  medios  de  prueba  y  empieza por mencionar las explicaciones suministradas por  los  procesados  en  sus indagatorias.  Estos dijeron que con fundamento en  la  ley 49 de 1990 amnistiaron $630.000.000.oo que mantenían ocultos al fisco y  que  se  originaron en la dedicación a la actividad ganadera, en sociedades con  otras  personas,  desde  comienzos  de  la década de los 80.  Se probó lo  anterior  con  las  declaraciones de renta de los procesados y las de sus hijos,  correspondientes al mencionado año fiscal.   

Existió   acogimiento   a  la  amnistía  tributaria,  entonces,  pero  ello por sí mismo no demuestra el origen ilícito  de  los 630 millones de pesos, señala el Tribunal.  Y si bien es cierto la  ausencia  de registros contables que liguen el dinero a la actividad ganadera es  un  hecho  indicante  de  que  pudo haber provenido de actividades ilícitas, se  trata   de   un   indicio  contingente  en  cuanto  no  conduce  “necesaria  e  inevitablemente   a  tal  conclusión”.   Y  “…como  quiera  que  tal  inconsistencia  –sigue  la  sentencia—puede explicarse  razonablemente  con  el  argumento  de que no es lógico que el ingreso de tales  recursos  estuviese  reflejado en la contabilidad formal de los incriminados, si  en  cuenta  se tiene que precisamente su existencia era ocultada al fisco y que,  por  mandato  del  artículo  772  y  siguientes  del  estatuto  tributario,  la  contabilidad  es  precisamente  el  medio  legal  y  excepcional  de prueba para  verificar  la exactitud de las declaraciones de renta y patrimonio que presentan  los contribuyentes, en caso de investigación al respecto”.   

Los $30.000.000.oo que saneó ante el fisco  ***  provinieron  de  una  donación que le hizo su esposo, según dijeron, y el  proceso  carece de elementos de juicio para desvirtuar tal aseveración, dijo el  Tribunal,  que procedió luego a analizar la figura jurídica desde las ópticas  civil y tributaria para concluir:   

“…como   en   el   proceso  penal  la  verdad    real  prevalece sobre la verdad formal de los hechos que son  materia  de  indagación, y aquella nos indica que efectivamente *** recibió de  su  cónyuge  una  donación  por  valor de $30.000.000.oo, durante el ejercicio  fiscal  correspondiente  al  año  de  1990,  imperativo  es  reconocer  que ese  acrecimiento  está revestido de objeto y causa lícitos y, por consiguiente, el  ingreso a su haber patrimonial no puede ser reputado ilícito”.   

Así las cosas, la conclusión del juzgador  frente  a  la  imputación  hecha  a  ***  fue  falta  de certeza en cuanto a la  existencia  del  hecho  punible,  por  ausencia  de demostración del incremento  patrimonial injustificado derivado de actividades ilícitas.   

En cuanto a la situación del sindicado ***,  aparte  de  las  alusiones  ya hechas, la segunda instancia procedió a apreciar  aquellos  medios  de  prueba  indicativos  de  que  el  capital  del  incremento  patrimonial  fue  proveniente  de  la actividad ganadera. Los testimonios de ***  (“acaudalado  y  reconocido  ganadero  de  la  ciudad  de  Pereira”)  y  ***  (“quien  alterna su labor eclesiástica con la ganadería en los departamentos  del  Valle  del Cauca, Huila, Córdoba y Antioquia”), quienes aseguraron haber  tenido  negocios de ganado con *** durante varios años, los mencionó en primer  lugar  la  Corporación  de  segunda  instancia  y  la razón por la cual fueron  descalificados  por el Juez Especializado de Cali.  Hizo otro tanto con las  declaraciones  de  ***  y  ***,  quienes  se  refirieron  a  la existencia de la  sociedad  ganadera  entre *** y ***.  Luego hizo referencia al testigo ***,  quien  dijo  conocer  de tiempo atrás a ***, primero como ganadero y luego como  constructor,    y   haberle   prestado   $5.000.000.oo   para   la   compra   de  ganado.   

El  Tribunal examinó el contenido de tales  medios  de  convicción,  rebatió  los  alcances  que  les  otorgó  la primera  instancia  y  concluyó   que  no  es  cierto  “que  el acervo probatorio  …arroje  certeza  en  cuanto  que el referido capital amnistiado por *** en el  año  de 1990 constituye ‘un  incremento   patrimonial  no  justificado,  derivado  de  actividades  ilícitas  relacionadas   con   el   narcotráfico’,  de  donde  se  sigue  que  tampoco respecto de este acusado puede  proclamarse  certidumbre acerca de su responsabilidad penal; lo cual implica que  tiene  imperativa  aplicación  en  este  evento,  el principio universal del in  dubio  pro  reo,  consagrado  en  el  artículo  445  del  ordenamiento procesal  penal”.   

2.  La referencia a los términos de la  sentencia  permite  una  mejor  comprensión  de  la  lógica  del  demandante y  facilita  la  respuesta  de  la  Sala,  que estará en la misma orientación del  concepto de la Procuraduría.   

En  el  marco  de  un mismo cargo el Fiscal  impugnante  relacionó  varios errores de hecho en la apreciación de la prueba,  que  en  realidad  son  censuras  distintas  y  que  como en su momento se verá  responden  al  esquema de cuestionar cada uno de los fundamentos probatorios del  fallo,  sin enfrentar en cada caso su lógica total, es decir sin cumplir con la  obligación  de  demostrar  la  trascendencia  de  cada  equivocación que se le  atribuye al juzgador.   

     

1. Sobre la prueba de indicios.     

Para el censor los informes de inteligencia  obrantes  en  el  proceso son hecho indicador de la responsabilidad penal de los  procesados  por la imputación que se les atribuyó en la acusación.  Y lo  que  propone  es  que  el  Tribunal omitió considerar unos medios de prueba que  sustentaban  ese  hecho  indicador,  específicamente  las  declaraciones de los  funcionarios  que  suscribieron  los  informes  y  los documentos hallados en la  diligencia  de  allanamiento  realizada  en  la  sociedad  CONSTRUCTORA ROMA que  hacían relación a la CASA DE CAMBIOS STELLA.   

El  primer  informe  al  cual se refiere el  casacionista  es  el  obrante  en  el  folio 155 del cuaderno original #1.   Está   fechado   en   Bogotá   el   11   de   enero  de  1993  y  dice  en  lo  pertinente:   

“Mediante   labores   de   inteligencia  efectuadas  en  la ciudad de Cali, se pudo establecer que en las direcciones que  a  continuación  se  relacionan,  existen  personas y documentos vinculados con  actividades de narcotráfico y lavado de dinero.   

(…)  

“Avenida 6 N Bis #26-29 y 26-31.  En  esta   dirección   funciona   una   oficina   de   razón  social  ‘CONSTRUCTORA      ROMA’   de  propiedad  de  la  familia  ***  vinculada  al  denominado  cartel  de  Cali  la  cual  es administrada por *** y  ***”.   

El  Capitán  *** declaró ante la Policía  Judicial,  se  le  preguntaron las razones para allanar el inmueble mencionado y  señaló:   

“…fue porque según las informaciones de  inteligencia  que  motivaron  estos allanamientos, en esta dirección funcionaba  una  empresa vinculada con el narcotráfico, la cual era utilizada para realizar  operaciones  financieras  tendientes  a hacer lavado de dólares que han entrado  al  país en forma ilegal y como resultado de operaciones de narcotráfico…”  (fl. 171 c.o. #1).   

Ninguna diferencia esencial existe entre lo  afirmado  en el informe y lo dicho por el oficial de la Policía Nacional.   Y  si se tiene en cuenta que un informe de inteligencia no es un medio de prueba  sino  una  relación  de datos susceptibles de verificación, que le permiten al  funcionario  instructor plantearse hipótesis de investigación, es claro que el  censor  se  equivocó  en  la  construcción de la prueba indiciaria, cuyo hecho  indicador   debe   encontrarse   demostrado  con  un  medio  probatorio  de  los  autorizados  por la ley de procedimiento penal, salvo con otro indicio.  Lo  que  ha  podido  hacer  el  recurrente,  en  lugar  de  acudir  al  informe,  es  reivindicar  la  prueba del hecho indicador a partir del testimonio (omitido por  el  Tribunal)  del  oficial  de  la  Policía,  presentar  el juicio inferencial  lógico  y  luego,  como  condición  para  que la Corte procediera al examen de  fondo  de  dicha  censura,  expresar la trascendencia de la omisión, vale decir  cómo  de  haberse  tenido  en cuenta el medio probatorio demostrativo del hecho  indicador  y  el  juicio  lógico  que  de  allí  surgía  otra hubiera sido la  orientación de la sentencia.   

No lo hizo así sin embargo.  Le bastó  enfatizar  que “las labores de inteligencia” daban cuenta de la realización  de  hechos  al  margen  de  la  ley y que ello quedó corroborado con los demás  medios  probatorios  allegados  al  proceso.  De  una  parte el Fiscal concluye,  entonces,  que  el  informe  y  la ratificación de él indicaban la procedencia  ilícita  del  incremento  patrimonial  de los procesados y categóricamente, de  otra,  que  de  haberse  considerado  conjuntamente  con  “otros  elementos de  convicción  no analizados o tergiversados”, otra hubiera sido la orientación  del fallo.   

Se  trata  de una impropiedad de la censura  que  impide su examen y la misma persiste en la expresión de los demás errores  de  existencia  por omisión, referidos a la prueba indiciaria como enseguida se  expone.   

El informe del Oficial de Enlace del Comando  del  Ejército  fechado  en  Cali  el 23 de marzo de 1994 (fl. 1 c.o. #6) fue en  realidad  una  solicitud de allanamiento al inmueble ubicado en la calle 22 #5 A  79  y  5 A 75, piso 4º del Edificio Veneto, lugar de ubicación de CONSTRUCTORA  ROMA  e  INVERSIONES MAQUILON & MAQUILON.  La razón de la petición se  concretó  en  que  “…según  informaciones,  dentro  de dichos inmuebles se  adelantan    actividades   delictivas,   relacionadas   con   la   ley   30   de  1986…”.   El  mismo  día  el  Oficial del Ejército se ratificó en lo  dicho  ante  el  Fiscal Regional de Cali.  “El compareciente –dice      el      acta—manifiesta  que  se ratifica de todo lo  afirmado  en el informe por él suscrito el día 23 de marzo de 1994, por cuanto  este  se fundamenta en labores de inteligencia debidamente verificadas” (fl. 4  c.o. #6).   

Aparte   de   señalar  que  la  anterior  información  corrobora  la  de otros organismos del Estado e inferir de ello el  Fiscal  impugnante  “…que  lejos  se  está  de  que  se  trate de pesquisas  carentes  de  fundamento serio”, no aporta otra argumentación.  En tales  circunstancias   la   equivocación   en  la  formulación  del  ataque  es  evidente.   Plantear  que  el  informe  de  inteligencia y su ratificación  indican  lo  mismo  que allí se afirma no es un juicio lógico y adicionalmente  señalar  como  trascendencia  de  la  omisión  simplemente  que  de haber sido  considerado  el indicio, de conjunto con los demás elementos de convicción, se  hubiera  obtenido  la  certeza  de responsabilidad penal de los procesados, hace  huérfana  la  censura  del  deber  de enfrentamiento y ruptura de los términos  lógicos del fallo.   

Por   último,  en  cuanto  a  la  prueba  indiciaria  se  refiere, dice el casacionista que el Tribunal omitió considerar  la  prueba  documental  encontrada en el allanamiento a la sociedad CONSTRUCTORA  ROMA,  que  hacía  referencia  a la CASA DE CAMBIOS STELLA, en donde según los  informes   de   inteligencia  tenían  ocurrencia  operaciones  financieras  del  denominado  cartel  de  Cali.    Es  nuevamente  la  misma  lógica ya  cuestionada  por  la  Corte.   Si  los  informes  de  inteligencia  hacían  alusión  al  anotado  vínculo,  lo  que  se  esperaba es que la investigación  intentara   la  verificación  de  esos  datos  y  ello,  como  lo  recordó  la  Procuradora  Delegada, en ningún momento tuvo ocurrencia, hasta el punto que el  Juez  de  primer  grado dispuso en la sentencia la expedición de copias para la  investigación  pertinente,  acompañando  “toda documentación” referente a  la  casa  de  cambios hallada en la diligencia de allanamiento a la CONSTRUCTORA  ROMA.   

2.2.  El falso juicio de existencia por  omisión  que  el  impugnante  hace recaer en el testimonio de ***, no es verdad  que  haya  tenido  ocurrencia.  Baste al respecto recordar la síntesis que  hizo  la  Sala  de  la  sentencia  del  Tribunal  y  los  siguientes apartes del  pronunciamiento:   

“Asimismo    depuso    –dice      el      fallo—el  señor  ***  (203-204),  quien dice  escasamente  conocer  de tiempo atrás a ***, primero como ganadero y luego como  constructor.    Aduce,   además,   haberle   prestado   la   cantidad   de  $5.000.000.oo  destinada  a  la  compra  de  ganado.  Este último hecho lo  interpreta  el  a quo como una contradicción más que desmejora la versión del  procesado,  por  considerar inadmisible que poseyendo un capital que ascendía a  varios  millones  de  pesos  en  las  arcas  de  *** no le hubiese reclamado tal  suma”.   

Como se observa no es verdad que el Tribunal  haya  omitido  la consideración del medio de prueba. Y si se tiene en cuenta la  conclusión  a que arribó en el fallo es claro que no estuvo de acuerdo con los  alcances que al mismo le dio la primera instancia.   

Lo  que plantea el censor en realidad, como  lo  revela  la  parte  restante del segmento de la demanda que se examina, es un  error  de  hecho  por falso raciocinio que sustenta en la violación de la que a  su   parecer   es   una   regla  de  experiencia  y  que  para  la  Sala  no  es  tal.    No  puede  tomarse como regla, en efecto, que una persona a la  que  otra  le  maneja  una  significativa cantidad de dinero (se dijo que *** le  manejaba  su capital a ***) en ningún caso acude a un tercero (***) para que le  preste  plata.   Puede  parecer  extraña  la circunstancia pero en ningún  momento   puede   presentarse  como  regla  de  la  experiencia  una  situación  así.   Que  alguien le solicite dinero prestado a otro es una eventualidad  que  no  puede  sujetarse  al cumplimiento de ninguna condición, sino que es un  hecho  normal  en  el giro propio de los negocios de las personas, sin que pueda  concluirse  como  contrario  a  la  razón,  que es lo que finalmente postula el  censor,   que  alguien  que  posee  riqueza  en  ningún  caso  solicita un  préstamo de dinero.    

2.3.  El falso juicio de existencia por  omisión  “en  relación  con la prueba documental”, el censor lo fundamenta  simplemente  en  un  aparte del fallo del la primera instancia según el cual en  los  balances  y  los  estados  de  perdidas  y ganancias correspondientes a ***  aparece  *** en el renglón cuentas por cobrar, año por año entre 1986 y 1989,  así:       $157.004.653.oo,       $275.210.879.oo,       $444.209.575.oo      y  $633.080.990.oo.     En   las   declaraciones   de   rentas   aportadas   y  pertenecientes  a  los  mismos  años  y a 1990, sin embargo, no figura *** como  deudor  y  la  suma amnistiada quedó vinculada con operaciones de ganado.    

Es todo cuanto dice el casacionista sobre el  pretendido  error.   Y  en  realidad, como se ve,  no está planteando  ninguno  sino  reivindicando  un  argumento  de  la  primera  instancia que a su  parecer,   al  no  se  compartido  por  el  Tribunal,  constituye  un  error  de  éste.   

Cierto  que de manera explícita no se hizo  relación  en  la sentencia a dichos documentos.  Pero no entiende la Sala,  porque  no  lo dice el recurrente, de qué manera otra hubiera sido la decisión  de  haberse  considerado  esos  medios de convicción.  Fiel a la manera de  referirse  a  la  trascendencia  de  los  yerros  invocados  le bastó al Fiscal  señalar   que   “de   haberse   apreciado  como  correspondía…  la  prueba  documental”,  de  conjunto  con  las  demás pruebas, se hubiera arribado a la  certeza  de  responsabilidad penal de los procesados.  Se trata otra vez de  un  juicio  categórico y general que no dice nada sobre el por qué el supuesto  error  resquebraja  la lógica de la sentencia y en manera alguna, en virtud del  principio  de  limitación,  es  papel  de  la  Corte  sustituir al demandante y  completar la proposición.   

2.4.      Sobre     la    prueba  pericial.   

Para  cuando  fue  presentada la demanda de  casación  la  Sala ya se había referido al falso raciocinio como una modalidad  de  error  de  hecho  consistente  en  la  transgresión  de  la sana crítica y  plenamente  diferenciada  del  falso  juicio  de  identidad,  cuya noción está  limitada  a la tergiversación del contenido objetivo del medio de prueba.    

Como  lo adujo la Procuradora, entonces, en  cuanto  lo  que  el  censor en este aparte del libelo plantea es que el juzgador  desconoció  las  reglas de la experiencia en la apreciación de los dictámenes  periciales,  ha  debido  invocar  error  de  raciocinio  y  no  falso  juicio de  identidad.    No   obstante,   con  independencia  de  esta  falencia,  son  argumentos  más  de fondo los que conducen a desestimar la censura de la prueba  pericial.   

Los  distintos  dictámenes  allegados a la  actuación  fueron  contestes en señalar que existió “incremento patrimonial  no    justificado”.     “En    situaciones    semejantes   –es  la regla de experiencia que propone  el   censor—y   al   ser  concordantes  los  experticios  en el aspecto central que los motivaron llevan a  la  certeza sobre la verdad que por su conducto se busca…”.  Eso quiere  decir,  es  la  conclusión  que  se  extrae,  que  el  Tribunal  debió dar por  demostrado   el   incremento   patrimonial   con   sustento  en  los  diferentes  dictámenes,  con independencia de su contenido y por el solo hecho de que todos  coincidieron  en  la circunstancia de que hubo aumento patrimonial, aunque no en  la cantidad.     

En  todos  los  procesos  en  los que obren  varios  dictámenes  periciales  y  orienten hacia cierta conclusión, entonces,  el   juzgador  estaría  obligado  a  reivindicarla,  según la máxima que  propone  el  casacionista  y que la Corte no puede admitir como tal, simplemente  porque constituiría una regla de tarifa legal.   

“Debe  señalar  la  Sala  –se   dijo   recientemente—1   

que no existe una norma que le imponga al  funcionario   judicial   otorgarle   algún   valor   específico  a  la  prueba  pericial.   Como  los  demás  medios  demostrativos autorizados por la ley  está  sujeta  a la apreciación que de ella haga el juzgador, quien en la tarea  sólo  se  encuentra  limitado  por  la  observancia  de  las  reglas de la sana  crítica,  de  conformidad con el sistema de persuasión racional que rige en el  procedimiento penal colombiano.   

“Es claro, entonces, que el Juez no está  atado  a  los términos y conclusiones del peritazgo.  Se trata de un medio  de  prueba  que  somete  a crítica como cualquier otro y le otorga los alcances  que  estime  pertinentes,  naturalmente sin perder de vista los demás elementos  probatorios.   Es  lo  que  hace  en  ejercicio  de  su  soberanía  en  la  apreciación  de  las pruebas que, se reitera, tiene como único límite la sana  crítica.   Y  como  solamente  su desbordamiento es atacable en casación,  esto  le impone a la parte que acude al medio de impugnación precisar cuál fue  la  regla  transgredida  y determinarla en cuanto a si fue de ciencia, lógica o  experiencia,  lo  mismo que demostrar que otro hubiera sido el sentido del fallo  de  no  haberse  incurrido en la irregularidad, lo que necesariamente implica la  confrontación de los términos de la sentencia”.   

Esas   exigencias   las   incumplió   el  impugnante.   El  Tribunal  evaluó  los  distintos dictámenes contables y  concluyó  que  no brindan “precisión ni certidumbre acerca de los hechos que  en  ellos  se  consignan”.   Y  si  lo  que  quería  el  censor  no  era  simplemente  oponerse a esa conclusión sino de veras probar la no razonabilidad  de  la  misma,  era  su  deber  demostrar  que  la fundamentación que condujo a  desechar  la prueba técnica conculcó una regla de experiencia, un principio de  lógica o una ley científica.    

Aparte de que no es aceptable como regla de  experiencia  la  propuesta  por  el demandante, simplemente porque ello iría en  contravía  del  sistema  probatorio  vigente  en  el  país,  tampoco  esta vez  demostró  debidamente  la  trascendencia  del supuesto error.  Le resultó  suficiente  señalar  que  si  no  se  hubiera  desatendido  la sana crítica se  hubiera     proferido    sentencia    condenatoria    en    contra    del    los  procesados.   

         2.5.   Transgresión  de  las  reglas de la sana crítica en el  examen de la prueba testimonial.   

Las  reglas  de  experiencia que postula el  recurrente  en  esta parte de la demanda y que estima vulneradas por el Tribunal  son  solamente a juicio de la Corte criterios de apreciación y en esa medida lo  que  termina  haciendo  el  casacionista  es  contraponiendo  su interpretación  probatoria  a  la del juzgador, lo cual resulta marginal al recurso de casación  como ya se ha mencionado.   

*** señaló como origen de los 630 millones  de  pesos  amnistiados  en  1990  los  negocios  de  ganado  y en particular los  llevados  a  cabo con *** y ***.  Estos no lo contradijeron en ello pero no  concordaron  en el tiempo en que tuvieron existencia las sociedades de hecho con  el  procesado.  Para el Tribunal se trató, dado el tiempo transcurrido, de  una  inconsistencia  “nimia  y  razonable”.   Y  según el censor “no  puede  considerarse  intrascendente”  ese señalamiento de épocas diferentes,  especialmente  cuando  ***  ni  siquiera  alude a que su cónyuge hubiera estado  asociado con ***.    

Las  reglas de la experiencia que el Fiscal  recurrente  postula  como  violadas  por  el  Tribunal,  como ha sucedido en los  eventos   precedentes,   no   son  tales,  sino  otra  perspectiva  apreciación  probatoria.   No  es  una  máxima  de la experiencia que todas las esposas  conozcan   de   todos   los   negocios   que   hacen  sus  esposos  con  quienes  conviven.   Ocurre en algunos casos que éstos les ocultan esas actividades  y  entonces  no  se  puede elevar a la categoría de regla una circunstancia que  depende   siempre   del  tipo  de  relación   entre  los  esposos,  de  la  comunicación que tengan, de la confianza, etc.   

Tampoco  es una regla de experiencia que en  todos  los  casos  en  que  una persona le entregue su dinero a otra para que lo  invierta,  deba dejarse una constancia documental.  Puede resultar extraña  tanta  confianza  pero  no  imposible  y en consecuencia mal puede aceptarse una  máxima  de  experiencia  como  esa,  pues  se llegaría al absurdo –de          hacerlo—de  desconocer el principio de la buena  fe  y  sospechar  siempre  la  maldad  cuando se produzca un negocio sin soporte  documental.    Expresar  las  reglas  de  esta  manera,  o  con éstos  alcances,  sería  tanto como convertir la regla de experiencia en un axioma, es  decir, como verdad evidente por sí misma.   

Los  cuestionamientos  que el recurrente le  hace  a  las  inconsistencias  que se presentan entre los dichos de los testigos  ***  y  ***  con  los  dichos  de  los  procesados, en consecuencia, que para el  Tribunal  resultaron explicables y sin importancia, son otra forma de lectura de  los  alcances  de  los medios de prueba y en ningún momento la demostración de  la  transgresión  de  alguna  regla  de  la experiencia.  Mencionar que se  violaron  algunas  es  la  excusa  del impugnante para intentar impropiamente la  remoción  de  los términos de la sentencia a partir de argumentaciones propias  de una alegato de instancia.   

         2.6.   Falso  juicio  de  identidad  “por tergiversación del  sentido de la prueba”.   

En  este punto no plantea el censor ninguna  tergiversación  probatoria.    En  realidad  no  se refiere a ningún  medio  de  prueba  en particular sino a los argumentos del juzgador relacionados  con   la   supuesta   donación   de   $30.000.000.oo   que   ***   le   hizo  a  ***.     El  punto  de  partida  del  Fiscal es que el origen del  dinero  era  ilícito, que era una circunstancia que conocía la procesada y que  por  haberse  realizado  la  donación  con observancia de la ley civil no puede  considerarse legalizado el dinero.   

Como  puede  evidenciarse  lo que el censor  critica  en  este  acápite  de  la  demanda  es  un argumento del fallador y en  ningún  momento  la  tergiversación  del  contenido  material  de  un medio de  prueba.     Pero   ni   siquiera   es   fiel  con  el  fundamento  del  Tribunal.   Este  en  ningún  momento  reconoció  que  el  dinero  de  la  donación  fuera  originado  en actividades delictivas y por lo tanto consideró  que  no  se  estructuró  la  prueba  del elemento material del hecho punible de  enriquecimiento   ilícito   de   particulares   objeto  de  la  resolución  de  acusación.   

En  suma,  tampoco  esta última censura se  encuentra  adecuadamente  formulada.  Se invocó tergiversación probatoria  sin  señalar  siquiera  de  qué  medio  de  convicción se predica, lo cual es  sencillamente un desacierto manifiesto del impugnante.   

2.7.   El casacionista, en resumen, lo  único  que  hizo  fue  rebatir los argumentos que le sirvieron al Tribunal para  absolver  a  los procesados, mencionando en cada caso un supuesto error de hecho  que   en   ningún   momento   logró   concretar   y   mucho  menos  probar  su  trascendencia.    Y  aunque  señaló  que  formulaba un solo cargo en  realidad  fueron  varios,  como  se  dijo.   Cada  uno estuvo asociado a un  fundamento  probatorio  de  la  sentencia  y en ningún caso, como era su deber,  confrontó  a  partir  del error los términos lógicos de la sentencia, lo cual  conduce  claramente  a  la  improsperidad  de la demanda, como fue igualmente la  conclusión de la Procuraduría.   

La  Corte,  en  consecuencia, no casará la  sentencia materia de la impugnación.   

         2.8. Cuestión final.   

Sobra advertir que carecen de razón los no  recurrentes  en  cuanto  a  que  en  el  caso examinado la Fiscalía carecía de  interés  para  recurrir  en  casación,  que  es por sustracción de materia el  único  argumento  de  los  que  presentaron al cual se referirá la Sala.    

La  Fiscalía,  eso  se  sabe,  es  sujeto  procesal  en  la  fase  del juzgamiento y aunque para ese momento ha ejercido su  función  acusadora,  no  necesariamente  está  obligada  a  sostenerla  en  la  audiencia  pública.   Esto  por  la  sencilla  razón  de que el Fiscal se  encuentra    autorizado    para     solicitar   en   su   marco   sentencia  absolutoria.   Pero  con  independencia  del tipo de fallo que solicite, lo  cierto  es  que  interviene  obligatoriamente  en la audiencia pública.  Y  esta  intervención  es la que permite a juicio de la Sala derivar si en un caso  concreto   la   Fiscalía   cuenta   o   no   con   interés  para  recurrir  en  casación.    Si  la  pretensión del Fiscal es satisfecha por el Juez  es  claro  que  como  parte  que  es  no  cuenta  con interés para impugnar esa  decisión.   Pero  si  es  al  contrario, como en el presente caso donde el  Fiscal  Especializado  actuó  acusando  en  la  audiencia  y demandó sentencia  condenatoria,  es  claro  que contaba con interés para recurrir en casación al  resultar  adversa la sentencia a la pretensión planteada en representación del  organismo  investigador.    Y  como  cualquier  sujeto  procesal  a lo  único  que  se  encontraba  sujeto el Fiscal para lograr la intervención de la  Corte  era  a  la  presentación de una demanda en forma desde el punto de vista  lógico,   lo   que   no  logró  como  quedó  explicado  a  lo  largo  de  las  consideraciones de esta providencia.   

Por lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

Resuelve:  

NO   CASAR  la  sentencia  impugnada,  expedida por la Sala Penal Especial del Tribunal Superior  de  Bogotá  el  4 de noviembre de 1999 y por la cual fueron absueltos del cargo  de   enriquecimiento   ilícito  de  particulares  los  procesados  ***  y  ***.   

Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                     JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN           GALAN  CASTELLANOS          CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE         

JORGE       ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO                     EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                         NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  Providencia del 14 de marzo de 2001. Casación 15.493.     

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