16708(22-08-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16708  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 122  

          Bogotá, D. C., veintidós de agosto de dos mil uno.   

          Dentro  del  trámite de extradición adelantado en relación con el  ciudadano  colombiano  JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN, requerido por el Gobierno de  los  Estados  Unidos  de  América,  se ha cumplido el término de traslado para  alegar  de  conclusión,  lapso  durante  el  cual  solamente  se  pronunció el  defensor.   

          De  conformidad  con  el  artículo  519  de la Ley 600 de 2000 (que  corresponde  al artículo 557 del anterior estatuto procesal), la Corte emitirá  su concepto.   

ANTECEDENTES  

          1.   De acuerdo con la nota verbal N° 1032 del 7 de octubre de  1999,  la  Embajada de los Estados Unidos de América solicitó al Ministerio de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia  la  detención  provisional,  con fines de  extradición,  del señor JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN, conocido con los alias de  “Paco”,   “Cristian”  o  “El  Cuñado”,  quien  era  requerido  para  comparecer  en  juicio por tres (3) cargos relacionados con delitos federales de  narcóticos  y ofensas afines, conforme con la segunda resolución de acusación  N°  99-6153  (s)  (s), presentada el 30 de septiembre del año indicado ante la  Corte  Distrital  de  los  Estados Unidos de América para el Distrito Sur de la  Florida,  División  de Fort laudardale.  El auto de detención fue dictado  en  la  misma  fecha  por  un  juez  de  la  mencionada  Corte  (Carpeta  1, fs.  5).   

          2.   En  atención  al  artículo  566  del anterior Código de  Procedimiento  Penal  (528  de  hoy), el Fiscal General de la Nación ordenó la  captura  del requerido, según resolución del 11 de octubre de 1999, y la misma  se cumplió el 13 de octubre siguiente (fs. 12 y 18).   

          3.   Por  medio  de la Nota Verbal N° 1186 del 26 de noviembre  de  1999,  la Embajada de los Estados Unidos de América formalizó la solicitud  de  extradición  del  ciudadano  MESA  SANÍN, documento en el cual indicó que  éste  era  sujeto  de una cuarta resolución de acusación sustitutiva, dictada  el  18  de  noviembre del mismo año y distinguida con el N° 99-6153 CR-RYSKAMP  (s)  (s)  (s)  (s),  en  la  cual  se  le  formulan  tres (3) cargos por delitos  federales de narcóticos y relacionados (fs. 33).   

          4.   El  Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia envió  la  mencionada  Nota de extradición y el expediente al Ministerio de Justicia y  del  Derecho,  a  la  vez  que  indicó  que,  conforme con el artículo 552 del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal,  “por no  existir  Convenio  aplicable  al caso es procedente obrar de conformidad con las  normas  pertinentes  del  Código  de Procedimiento Penal Colombiano” (fs. 41).   

          5.   Enviado  el  expediente  por el Ministerio de Justicia, la  Corte  concedió  el traslado para solicitar pruebas, pero el defensor prefirió  solicitar  la  reposición del respectivo auto, con el fin de que el informativo  fuera   devuelto  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  pues,  según  su  criterio,  no  se  había  perfeccionado de conformidad con los artículos 551 y  552  del  anterior Código de Procedimiento Penal (Cuaderno Corte N° 1, fs. 6 y  41).   Esta  petición  fue respondida desfavorablemente, de acuerdo con el  auto del 4 de mayo de 2000 (fs. 105).   

          6.   Solicitadas  algunas  pruebas  por  la  defensa, la Corte,  según  auto  del  15  de agosto de 2000, las denegó por improcedentes, pero de  oficio decretó otras que echaba de menos (fs. 133 y 190).   

          7.    Propuesto   el  recurso  de  reposición  en  contra  del  mencionado  auto,  la  Corte  lo negó en la providencia del 28 de noviembre del  mismo año (fs. 217 y 244).   

          8.   El  defensor  solicitó  la  suspensión  del  trámite de  extradición,  por  medio de escrito presentado el 18 de enero de 2001, en vista  de  que  había  interpuesto  separadamente  una  acción de tutela por presunta  violación  de  los  derechos  al  debido  proceso  y  a la defensa, además por  presunto  efecto  de  la sentencia de tutela T-1736 del 12 de diciembre de 2000,  que  en  caso  similar  habría  ordenado  que  antes  de proseguir se adjuntara  certificación  de  la  Fiscalía  General  de la Nación sobre la existencia de  investigación  por  los  mismos  hechos  (fs. 265).  No obstante, el 23 de  enero siguiente presentó los alegatos de conclusión (fs. 284).   

          9.   Negada  la  suspensión del trámite como lo pretendía el  defensor,  según  auto  del  20  de  marzo  del  año  en curso, el solicitante  interpuso  el  recurso  de reposición que igualmente fue negado, de acuerdo con  lo  dispuesto  en la providencia del 25 de abril siguiente (C. 2, Corte, fs. 2 y  26).   

ALEGATO DEL DEFENSOR  

          1.   El  abogado  propone, en primer lugar, un marco general de  alegación  conforme  con  el  cual la extradición es un mecanismo adoptado por  los  Estados  para  combatir la impunidad, sujeto a diversas regulaciones en los  ordenamientos  correspondientes,  unas  de  carácter  administrativo,  otras de  índole  judicial  y  también  existen  de naturaleza mixta.  Esta última  modalidad  ha sido adoptada en la legislación colombiana, de tal manera que, de  acuerdo  con  nuestra  tradición  democrática y por virtud de la Constitución  Política  de  1991, se prevé la intervención de la Corte Suprema de Justicia,  con  el  fin  de  que  el  más alto organismo de la justicia ordinaria haga una  revisión  integral  y  no  meramente  formal  del  proceso  de extradición, en  procura  de  guardar los derechos fundamentales de los ciudadanos solicitados en  extradición.   

          Aunque  la  Corte  Suprema  de  Justicia  hasta  el  momento  se  ha  contentado  con  una revisión formal de la documentación aportada por el país  requirente,  basada  en  que otros objetos de análisis violarían la soberanía  de  los  Estados  comprometidos,  lo  cierto  es  que tan corta actuación no se  habría  encomendado  al  más  elevado  organismo  de  la  justicia,  sino  que  bastaría  una  labor secretarial o de un simple juzgado.  De igual manera,  en  los  casos  de  FABIO PUYO VASCO y VÍCTOR TAFUR, los gobiernos de España y  Estados  Unidos de América, respectivamente, negaron la extradición solicitada  por  Colombia,  en  vista  de que, revisada toda la documentación y las pruebas  aportadas,  se  estableció  que  en  el  país  requirente  se  habían violado  derechos  fundamentales  a  los solicitados, sin embargo de lo cual no ha habido  ninguna protesta formal por parte del Estado Colombiano.   

          2.   En  segundo  lugar,  el  profesional se refiere al tema de  territorialidad,  pues,  de  acuerdo con la sentencia de tutela T-1736 del 12 de  diciembre  de  2000, la Corte Suprema de Justicia debe esperar la certificación  de  la  Fiscalía  General de la Nación, con el fin de determinar si los hechos  por  los  cuales  se  solicita  la  extradición fueron realizados en territorio  colombiano,  dado  que  la  ausencia  de tal constatación impide que el órgano  judicial   examine   si  se  cumple  uno  de  los  límites  constitucionalmente  establecidos  para  que  se  conceda  de  manera  válida  la extradición (art.  35).   En  razón  de ello, el abogado adelanta nuevamente una solicitud de  suspensión del trámite de extradición.   

          2.1   De  acuerdo  con la Constitución Política el territorio  es  el  elemento  que  demarca  la  soberanía  del  país,  de  modo que la ley  colombiana  se  aplicará  indefectiblemente  a  todo hecho criminoso que ocurra  dentro  él,  sin  que  pueda  admitirse la soberanía judicial de otros Estados  dentro  del  territorio  patrio,  pues  la  única  salvedad  atañe,  según el  artículo  57  de  la Constitución, a los tratados públicos y concretamente el  de  Viena  sobre  el  ejercicio  de  funciones  diplomáticas y consulares en el  territorio nacional.   

          2.2    El   principio   de   territorialidad  también  resulta  importante  para  interpretar  y  aplicar  el  artículo  35 de la Constitución  Política,  pues,  conforme con esta disposición, la extradición de nacionales  colombianos   por   nacimiento   sólo  procede  por  delitos  cometidos  en  el  exterior.   Conforme  con  la  documentación  allegada para fundamentar la  solicitud  de  extradición,  los  hechos imputados fueron ejecutados (si fueren  realidad)  en  el  territorio  colombiano,  razón  por  la cual debe negarse la  petición   para   no   violar   el  inciso  2°  del  precepto  constitucional,  “desarrollado  por  el  artículo  13  del  Código  de Procedimiento Penal”  (sic).   

          2.3   El  mismo  postulado  de  territorialidad  se acoge en la  Convención  de  Viena  aprobada  por  la  Ley  67  del  23  de agosto de 1993 y  declarada  exequible  por  la  sentencia  C-176 de 1994, pues, de acuerdo con el  artículo  4°, cada Estado podrá declararse competente respecto de delitos que  haya  tipificado conforme con el párrafo 1° del artículo 3°, cuando el hecho  se cometa en su territorio o sea realizado por un nacional suyo.   

          A     continuación,     el    defensor    aborda    “otros  elementos  de la extradición”, en  relación con los cuales reflexiona:   

          3.    En  cuanto  a  la  plena  identidad  del  solicitado,  el  profesional  aduce  que  no  se ha discutido, porque ella estaba en poder de las  autoridades  colombianas desde el año de 1996, pero que es hora de que la Corte  se  pronuncie  sobre  los actos abusivos de la Fiscalía General de la Nación y  la  Policía Nacional, órganos que por fuera de la colaboración internacional,  suplantan  la  autoridad  exclusiva del Presidente de la República para ofrecer  la  extradición,  cuando  recaudan  las  pruebas  y  las entregan a los Estados  Unidos  para  que  de  allí  soliciten en extradición a nuestros compatriotas,  como ocurrió en la denominada Operación Milenio.   

          Por  otra  parte,  de  acuerdo con la investigación de la Fiscalía  Regional  de  Medellín, radicada con el número 21.794 y abierta desde 1996, al  requerido  JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN se le había intervenido su teléfono con  la  debida  autorización  de  la  Fiscalía y con la colaboración de la DEA de  Colombia  y  México,  lo  cual  significa que no es cierta la afirmación de la  justicia  norteamericana de que los hechos imputados a aquél son posteriores al  17 de diciembre de 1997.   

          4.   En  relación con el principio de la doble incriminación,  el  defensor señala que si bien los delitos de narcotráfico y lavado de dinero  cumplen  con  el requisito formal de prever una pena mínima superior a 4 años,  de  todas maneras como se trata de una conspiración o hecho punible imperfecto,  dicha   modalidad   tiene   sanciones   mínimas,  pues,  como  es  de  público  conocimiento  en  el  caso  del  Coronel  BRIAN, delegado militar de los Estados  Unidos  en  la  Embajada  de Colombia, apenas fue condenado a la pena de dos (2)  meses de arresto y un año de trabajo social.   

          Señala  que  no  existe  equivalencia  entre  la conspiración y el  concierto  para delinquir, porque aquella figura no requiere la modalidad dolosa  de  los  delitos  de  narcotráfico  y  lavado de dólares.  De modo que la  conspiración  parte  de la culpa y no exige en absoluto el dolo característico  de  concierto para delinquir.  Claro que en derecho americano sí existe la  figura   delictiva  del  “continius  (sic)  criminis  interprise(sic)”,  según la cual varias personas se  unen  consciente  y dolosamente para cometer uno o varios delitos en el tiempo y  el espacio, pero tal no fue la imputación hecha en la acusación.   

          5.   Examina  el  memorialista,  a continuación, el tema de la  supuesta   equivalencia   del   indictment  con  la  resolución acusatoria, sostenida persistentemente por la  Corte,  pero  que  en  realidad  no  es  posible  tal  equiparación,  porque la  resolución  de  acusación  en el procedimiento penal colombiano es el fruto de  un  debido  proceso  en  el cual se han garantizado por lo menos la defensa y la  contradicción;      en      cambio,     para     llegar     al     indictment  no es indispensable un proceso  previo  y menos aún se respeta la defensa y el derecho a controvertir la prueba  que  consagra  el  artículo 29 de la Constitución Política.  Igualmente,  la  resolución  acusatoria  encierra  un  valor  probatorio  porque comporta el  análisis   y  calificación  de  las  pruebas;  mientras  que  el  indictment  no  es  prueba alguna ni tiene  valor    alguno    en   el   juicio.    Adicionalmente,   el   indictment  sólo  tiene  como  finalidad  informar  al  ciudadano sobre el hecho que se le imputa, no en relación con las  pruebas en su contra, pues éstas sólo se descubren en el juicio.   

          Lo  anterior se explica por la existencia de dos sistemas procesales  diferentes   en   Colombia   y   Estados  Unidos,  el  mixto  y  el  acusatorio,  respectivamente,  que  impide  la  equiparación de una y otra figura, porque la  vigencia  de  dos modelos irreconciliables no puede interpretarse en contra sino  a  favor  del  procesado, de acuerdo con el principio universal del in dubio pro reo.   

          Indica  adicionalmente  que mientras la resolución acusatoria exige  como  requisito  sine qua non  la  determinación  clara  y  precisa  de  los hechos imputados, el indictment  no  prevé  tal requerimiento;  también  que  en  la  primera  es  indispensable  fijar  de  manera concreta la  responsabilidad  del acusado, en tanto que en el segundo es una exigencia apenas  genérica;     y,     por     último,     que    mientras    el    indictment  puede  modificarse sin ningún  requisito previo, la resolución acusatoria nunca puede variarse.   

          6.   El  tema  final  atañe  al  cumplimiento  de los tratados  públicos.   Aduce que es necesario que la Corte entre a estudiar de manera  técnica  y  a  conciencia,  si  entre Colombia y los Estados Unidos de América  existe  tratado  de extradición vigente, porque no basta sostener con facilismo  que  el  concepto  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  conforme con el  artículo  552  del  Código  de  Procedimiento  Penal  anterior,  obliga  a  la  Corte.   En  efecto,  en  alocución  de diciembre del año de 1999 ante el  Congreso  de  la  República,  el  Ministro de Relaciones Exteriores aceptó que  existen  varios  convenios  vigentes  en materia de extradición; la misma Corte  suprema  de  Justicia  en  múltiples  oportunidades  ha  reconocido  que  cobra  vigencia  el Tratado de Extradición de Reos de 1888, celebrado entre Colombia y  Estados  Unidos,  con  la  modificación  del año de 1940; y de igual manera el  Consejo  de Estado sostiene la vigencia del tratado de extradición de 1979, por  cuanto  el  Gobierno  Nacional no lo ha denunciado después de que se produjo la  declaratoria  de  inexequibilidad  de  la  respectiva ley aprobatoria.  Por  último,   arguye  el  defensor  que  otros  tratados  multilaterales,  como  el  Interamericano   de   extradición   y   el   de   Viena,   también  están  en  vigor.   

          Concluye  el profesional que si existen tratados vigentes en materia  de  extradición entre las dos naciones involucradas, entonces ellos señalan el  debido  proceso  que  debe  cumplirse  en  este  caso  y,  en vista de que tales  convenios  no  son  aplicables  por  razones netamente políticas, solicita a la  Corte  un concepto de pleno derecho desfavorable a la extradición del ciudadano  que defiende.   

EL CONCEPTO  

          1.   Aspectos  generales.   Debe  advertirse,  en primer lugar, que las normas del Libro  V,  Título  I,  Capítulo  III  de  la  Ley  600  de  2000  (Nuevo  Código  de  Procedimiento   Penal),   relacionadas   con   el   tema   de  la  extradición,  prácticamente  reproducen  las  del  derogado  Estatuto Procesal Penal (Decreto  2700  de  1991),  salvo  las que fueron expresamente modificadas por oponerse al  texto del artículo 35 de la Constitución Política.   

          1.1   En  este  orden de ideas, de acuerdo con el artículo 520  del  vigente  Código  de  Procedimiento  Penal,  la  Corte  Suprema de Justicia  fundamentará  su concepto en la validez formal de la documentación presentada,  la  demostración plena de la identidad del solicitado, el principio de la doble  incriminación,  la equivalencia de la providencia proferida en el extranjero y,  cuando  fuere  el  caso,  en  el  cumplimiento  de  lo  previsto en los tratados  públicos.   Adicionalmente,  el  principio  de  la doble incriminación se  define  legalmente  en  el  artículo  511-1  de  la  misma codificación, en el  sentido  de que el hecho que motiva la solicitud debe estar previsto como delito  en  Colombia  y reprimido con una sanción privativa de la libertad cuyo mínimo  no  sea  inferior  a  cuatro  (4)  años;  y  en  cuanto  a la procedencia de la  extradición,  la  Corte debe constatar la existencia de una condena dictada por  la   autoridad  judicial  extranjera  o  una  resolución  de  acusación  o  su  equivalente,  como  lo  prevé  la  misma  disposición citada en su numeral 2 y  también el artículo 513.   

          1.2    Aunque   pudiera   tildarse   de   meramente  formal  la  intervención  de la Corte en el impulso de la extradición, no por ello deja de  ser  garantista,  pues  las formas propias de cada trámite procesal obedecen al  propósito  sustancial  de limitar la actuación de la autoridad en el Estado de  Derecho,  de tal manera que ella no pueda imponer sanciones o consecuencias a su  talante,  sino  sujeta  a  un  debido  proceso.  Así entonces, atañe a la  seguridad  del  individuo solicitado y al ejercicio de la soberanía colombiana,  que  la  Corte  constate  la  autenticidad o validez formal de la documentación  aportada  por  el país solicitante, pues con ella se presume la realización de  un  debido  proceso  en  el  exterior;  verifique  que  el ciudadano no va a ser  juzgado  o  sancionado  por  una conducta no constitutiva de delito en Colombia;  que,   no  obstante  la  conminación  del  comportamiento  en  el  ordenamiento  jurídico   colombiano,  la  extradición  pueda  negarse  porque  se  trate  de  infracción  cuya  pena  mínima  privativa de la libertad sea inferior a cuatro  (4)  años;  que  se  tenga  certeza  sobre  la  identidad  del solicitado, como  consecuencia  del proceso penal que se le adelanta en el exterior, de tal manera  que   pueda   precaverse  la  extradición  de  personas  que  la  jurisdicción  extranjera  no individualiza a satisfacción; que mediante la declaración de la  Corte  se  garantiza que la persona pretendida en extradición ya ha sido objeto  de  una  resolución acusatoria o su equivalente en el ordenamiento foráneo (no  antes),  lo  cual  implica que en el proceso penal matriz por lo menos existe la  venia  de  una  autoridad  judicial  persuadida  inicialmente  por  las  pruebas  presentadas  por el acusador; y, en fin, si la eventualidad exige la aplicación  de  tratados  públicos,  la  Corporación  certifica el cumplimiento del debido  proceso plasmado en ellos.   

          1.3    No  puede  confundirse  el  trámite  incidental  de  la  extradición  con  el  proceso  penal  que  la  origina,  pues  éste  tiende  a  establecer  la  existencia  del hecho punible y la responsabilidad del imputado,  mientras  que  la  primera  es  un  instrumento  de eficacia del proceso o de la  eventual  sentencia  condenatoria,  elegido  en  el  concierto  de naciones para  combatir   la   delincuencia   transnacional   o  evitar  la  impunidad  que  se  propiciaría  por  el  sólo  refugio  del  individuo  en  país  distinto al de  comisión de la conducta punible.   

          1.4    De  este  modo,  en  principio,  no  podría  el  Estado  requerido  comenzar  a  cuestionar la responsabilidad o inocencia del solicitado  en  extradición,  porque ella la acredita soberanamente la autoridad extranjera  en  un debido proceso, el cual no sería posible repetir en Colombia sino que lo  certifica  la autoridad competente del país requirente.  Tal es el sentido  (certificación  y  no creación) del artículo 513 del Código de Procedimiento  Penal,  cuando  prevé  que a la solicitud de extradición debe anexarse copia o  transcripción  auténtica de la sentencia, de la resolución de acusación o su  equivalente;  la  indicación  exacta de los actos que determinaron la solicitud  de  extradición  y  del lugar y fecha en que fueron ejecutados; todos los datos  que  se  posean  y  que  sirvan para establecer la plena identidad de la persona  reclamada;  y  la  copia auténtica de las disposiciones penales aplicables para  el caso.   

          1.5   Es  decir,  la  convicción  para  conceder  o  negar  la  extradición  solicitada  la  ofrecen  las certificaciones auténticas, signadas  por  el  principio de la buena fe, y a ellas debe atenerse la Corte como juez en  derecho.   Sólo  el Gobierno Nacional como órgano político rector de las  relaciones   internacionales,   dentro  de  la  amplia  discrecionalidad  que  le tributa el Estatuto Procesal  Penal,  puede  condicionar  o negar la extradición de cualquier ciudadano, así  la   Corte   haya   conceptuado   favorablemente,  cuando  advierta  motivos  de  discriminación  en  el  proceder  de  la  autoridad  administrativa  o judicial  extranjera,   o   falta  de  reciprocidad  o,  en  todo  caso,  por  razones  de  conveniencia  nacional  (Const.  Pol., arts. 9 y 189; C. P. P., arts. 510, 512 y  519).   

          1.6   Precisamente,  por  cuanto  el  Gobierno  Nacional  es el  órgano  de  poder responsable de las relaciones exteriores, consecuentemente en  la  ley  procesal  penal se le ha fijado la competencia para aceptar el trámite  de  extradición propuesto por la autoridad extranjera (obviamente dentro de las  opciones  constitucionales, instrumentales o legales), y también para decidirlo  finalmente.    En   razón  de  ello,  el  artículo  514  del  Código  de  Procedimiento  Penal (que corresponde exactamente al texto del artículo 552 del  anterior  estatuto) señala que el Ministerio de Relaciones Exteriores recibirá  la  documentación relacionada con la extradición y la pasará al Ministerio de  Justicia  y  del  Derecho, “junto con el concepto que  exprese   si   es  del  caso  proceder  con  sujeción  a  convenciones  o  usos  internacionales  o  si  se  debe  obrar  de  acuerdo  con  las  normas  de  este  código”.   

          1.7    Pues   bien,  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  cumplió  su  deber  con la certificación que aparece a folios 41 de la primera  carpeta,  según  la  cual  en  el  trámite  de  extradición  examinado debía  procederse  de  conformidad  con  las  normas del Código de Procedimiento Penal  Colombiano.   Adicionalmente, con asiduidad y aún en el auto del 4 de mayo  de  2000  dictado  dentro  de  este  mismo  trámite,  la Corte ha declarado que  “como quiera que la ley 27 de 1980 (3 de noviembre),  aprobatoria  del  tratado  de  extradición de 1979 (14 de septiembre), suscrito  entre  Colombia  y los Estados Unidos de América, fue declarada inexequible por  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  según sentencia del 12 de diciembre de 1986,  dicho  instrumento bilateral no es aplicable en Colombia mientras no se produzca  su  aprobación  por  el  Congreso,  pues  por  el  momento sólo existe como un  compromiso  internacional  que  aún  no  se ha perfeccionado (Const. Pol., art.  224).   

          1.8   Respecto  del principio de territorialidad y los posibles  efectos  de  suspensión de los trámites de extradición que podría generar la  doctrina  adoptada  en  la sentencia de tutela T-1736 de 2000 (12 de diciembre),  proferida  por  la  Corte  Constitucional,  ya  se hizo suficiente claridad y se  tomaron  las determinaciones del caso en los autos del 20 de marzo y 25 de abril  del año en curso (Cuaderno 2 Corte, fs. 2 y 26).   

          En  efecto,  basta  recordar  que conforme con el artículo 35 de la  Constitución    Política   y   la   doctrina   erga  omnes  señalada  en  los fallos de constitucionalidad  C-1106  y  C-1189  de  2000,  los  delitos que dan lugar a extradición debieron  haber   sido   cometidos   en  el  exterior,  total  o  parcialmente;  que  la  extraterritorialidad  no sólo  constituye  un  principio  de derecho internacional aceptado por la comunidad de  naciones  (Const.  Pol.,  art.  9), sino también una excepción al principio de  territorialidad  (art.  14  C.  P.),  y  conforme  con  el  sentido pasivo de la  extraterritorialidad,  el  Estado colombiano consentirá la aplicación de leyes  de  naciones  extranjeras  a  personas,  situaciones o cosas que ocurren total o  parcialmente  dentro  de  su  territorio;  que  el  Estado en cuyo territorio se  cometió    el    delito    (total   o   parcialmente),   por   virtud   de   la  extraterritorialidad,  está  habilitado para desplegar su propia jurisdicción,  siempre  que  las circunstancias tornen razonable y prevalente su ejercicio; que  la  entidad,  el  lugar  y  la fecha de comisión de la conducta delictiva puede  establecerse  perfectamente  a  través  de  las certificaciones enviadas por el  Gobierno  requirente,  como  lo  prevé  el  numeral  2°  del artículo 513 del  Código  de Procedimiento Penal, sin necesidad de acudir a la documentación que  expida  la  Fiscalía  General  de  la Nación; y finalmente, que la identidad o  discordancia  entre  los  hechos que son objeto del pedido de extradición y los  que   eventualmente  se  investigan  o  juzgan  en  Colombia,  concierne  a  una  declaración  de  exclusiva  competencia  del  Gobierno  Nacional, con el fin de  hacer  uso  de  la  facultad  prevista  en  el  artículo  527  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (declarado  inexequible  por la sentencia 

C-760  de  2001),  que  corresponde  al  artículo  565 del derogado  estatuto procesal penal.   

          Algo  más,  como  se  sostuvo  en  la  sentencia C-1189 de 2000, el  artículo  4°  de  la  Convención  de  las  Naciones Unidas contra el Tráfico  Ilícito  de  Estupefacientes  y  Sustancias Psicotrópicas (Ley 67 de 1993), no  consagra  una  territorialidad  obligatoria  sino  el principio de jurisdicción  universal  en  materia criminal, según el cual en el territorio de un Estado su  jurisdicción   ordinaria  puede  coexistir  con  la  jurisdicción  del  Estado  nacional  de  la persona que cometió el delito, o del Estado en cuyo territorio  se  cometió  el  hecho  punible,  siempre  que  las circunstancias aconsejen el  ejercicio    razonable    y    prevalente    de   estas   últimas   formas   de  extraterritorialidad.   

         Ahora   si,  contestadas  las  cuestiones  generales,  la  Corte  se  ocupará  de  los  específicos  fundamentos  señalados en el artículo 520 del  Código de Procedimiento Penal.  Se verá:   

         2.     Validez    formal    de   la  documentación   presentada.   Conforme  con  el  artículo  259  del Código de Procedimiento Civil, así como los artículos 4°  y  5°  de la Resolución 2201 de 1997, expedida por el Ministerio de Relaciones  Exteriores,  la  Cónsul  de  Colombia  en  Washington autenticó los documentos  aportados  en  apoyo  de  la  solicitud de extradición del ciudadano colombiano  JAIRO  DE  JESÚS  MESA  SANÍN  (Carpeta  2,  fs. 1 a 277).  En efecto, la  funcionaria  colombiana  certifica la firma de la Oficial de Autenticaciones del  Departamento  de  Estado  de los Estados Unidos de América, quien sucesivamente  avala  la  rúbrica  del  Subdirector de Asuntos Internacionales de la División  Criminal  del  Departamento  de Justicia, y éste las de TERESA M. B. VAN VLIET,  fiscal  federal  especial,  y  PAUL  K.  CRAINE,  agente  especial de la Agencia  Antidrogas  de  los  Estados  Unidos  (DEA),  quienes rindieron declaraciones en  respaldo a la petición de extradición.   

         A  su turno, de acuerdo con la misma disposición citada del Código  de  Procedimiento  Civil  y el artículo 8° de la Resolución 2201, la firma de  la  agente  consular fue abonada por el Jefe de Legalizaciones del Ministerio de  Relaciones  Exteriores, el 29 de noviembre de 1999, según consta al reverso del  documento suscrito por ella (fs. 1, Carpeta 2).   

         De  igual  manera,  la  señora  SANDRA  R.  ACOSTA, al servicio del  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América,  certifica que es competente y  tradujo  toda  la  documentación  adjuntada a la solicitud de extradición (fs.  136).   Por  otra  parte, la señora MERY BEATRIZ ARDILA POVEDA, traductora  oficial  adscrita  al  Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, declaró  documentalmente  que  la traducción de documentos originales en idioma inglés,  hecha  por  el  Gobierno  de los Estados Unidos de América, era fiel y completa  (Cuaderno 1 Corte, fs. 275 y 303).   

         Entre   los   mencionados   documentos   auténticos   y  legalmente  traducidos  al  español, cuentan como anexos la orden de arresto emitida por el  juez  BARRY  S. SELTZER del Tribunal del Distrito Sur de la Florida en contra de  JAIRO   DE   JESÚS   MESA   SANÍN,  conocido  con  los  alias  de  “Paco”,  “Cristian”  o  “El  Cuñado”  (carpeta 2, fs. 148), junto con la segunda  acusación  en  el  caso  99-6153  CR-RYSKAMP  (s)  (s);  la  tercera  y  cuarta  acusación  sustitutivas  en  el  mismo  caso  (fs.  162 y 174); la copia de las  disposiciones  penales  del Código de los Estados Unidos de América aplicables  al  hecho  (fs.  187);  la  copia  de  las  disposiciones del mismo ordenamiento  referentes  a  la ley prescripciones (fs. 199); las declaraciones de TERESA M.B.  VAN  VLIET  y  PAUL  K. KRAINE, rendidas en apoyo a la solicitud de extradición  (fs.  137  y  222);  el listado de los inculpados cuya extradición se solicita,  entre  los  que  se incluye a MESA SANÍN (fs. 272); y los datos biográficos de  éste (fs. 277).   

         La  traducción  de  la  solicitud de extradición, consignada en la  Nota  Verbal  N°  1186 del 26 de noviembre de 1999, también fue avalada por la  Sección  de  Traducciones  Oficiales  del  Ministerio  de Relaciones Exteriores  (carpeta 1, fs. 28 y 33).   

         3.   Identidad plena del solicitado en  extradición  JAIRO  DE  JESÚS  MESA  SANÍN.  De  acuerdo  con  el  anexo  B de la declaración de PAUL K. CRAINE y el texto de la  Nota  Verbal  

N° 1186, JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN  es   conocido   con   los  remoquetes  de  “Paco”,  “Cristian”  o  “El  cuñado”;  hijo  de  Jairo  y  Cecilia;  nació  en  la  ciudad  de  Medellín  (Antioquia)  el 11 de abril de 1960; se identifica con la cédula de ciudadanía  colombiana  número  71.584.068  expedida  en  la  misma  ciudad  y el pasaporte  

N°  AF 957304; y su descripción corresponde a la  de un individuo de raza blanca y que mide 1.70 metros de altura.   

         Piensa  el  defensor  que es irregular la forma como las autoridades  de  la Fiscalía y la Policía Nacional, abrogándose una potestad que pertenece  exclusivamente  al  Presidente  de  la  República,  han entregado a los Estados  Unidos  pruebas  sobre  la  identidad de ciudadanos colombianos que después son  solicitados  en  extradición.   Sobre el particular, resulta importante en  este  caso destacar el modo como las autoridades norteamericanas identificaron e  individualizaron  al requerido JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN; en efecto, el agente  especial antidrogas PAUL K. CRAINE, declara:   

“He  adjuntado  una  fotografía  del inculpado cuya extradición se solicita, y la información  pertinente  a  la  identificación,  las  que  figuran como ANEXO B del presente  afidávit.   Las  fotografías  de  los  inculpados fueron obtenidas de dos  fuentes:   Una  fuente  fue  por  medio  de  la  identificación oficial de  documentos  en Colombia, obtenida de la Policía Nacional Colombiana, durante el  curso  de  la  identificación,  en  el  proceso que siguen para identificar los  objetivos  de  su  investigación,  y  la otra fue por medio de las fotografías  obtenidas  de  la  vigilancia,  tomadas  durante  el  curso de la investigación  misma,  muy  a menudo en la oficina de BERNAL, a medida que los participantes de  muchas  de  las  conversaciones  arriba  descritas,  ingresaban  y salían de la  oficina.   La  información  de  identificación  sobre  los  inculpados se  obtuvo  de las copias de los pasaportes colombianos y de las solicitudes para la  obtención  de cédulas, de los inculpados.  Toda  la  información sobre la identificación le fue proporcionada a Estados Unidos,  en  respuesta  a  las  solicitudes  de  asistencia  judicial  para  la  presente  causa”  (carpeta  2,  fs.  269  y  270.   Se ha  subrayado).   

         Pues  bien,  para efectos de recabar la regularidad en la obtención  de  pruebas  sobre  la identificación o individualización del solicitado, vale  la  pena  anotar  que  la Convención multilateral de Viena de 1988, firmada por  Colombia  y  Estados  Unidos  y  aprobada  en el país por medio de la ley 67 de  1993,   en   relación   con   el   tráfico  de  estupefacientes  y  sustancias  sicotrópicas,  prevé  la  más  amplia  asistencia  judicial recíproca en las  investigaciones,  procesos  y  actuaciones  judiciales  referentes a los delitos  contemplados  en  el  mismo instrumento (artículo 7).  De igual manera, la  legislación   interna   lo   dispone   en  el  artículo  506  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  términos similares a los artículos 543 y siguientes  del ordenamiento procesal derogado.   

         4.   Equivalencia del “indictment”  a  la  resolución de acusación.  El tema ha sido  abordado  recurrentemente  por  la Corte, y así, por ejemplo, en el auto del 12  de septiembre de 2000, se hacen algunas precisiones.   

         4.1    En   relación   con   el  objeción  de  diversidad  de  estructuras   procesales   en   los   ordenamientos   jurídicos   colombiano  y  estadounidense,  hecha  por  el  defensor  y  que  supuestamente  no  permite la  equiparación, se ha dicho:   

“Aunque  el  defensor  señala  algunas  diferencias   entre  las  estructuras  del  “Indictment”  y  la  resolución  acusatoria,  consecuente  con  la  divergencia  entre un sistema acusatorio tipo  anglosajón  y  otro  que  es de características mixtas, como el colombiano que  conserva  discriminadas  una  etapa  de instrucción (con rasgos inquisitivos) y  otra  de  juzgamiento  (con  tendencia  acusatoria),  no  puede olvidarse que la  conciencia  de  esa  separaciones  procedimentales es la razón de ser para que,  tanto   las   legislaciones  internas  de  los  países  como  los  instrumentos  internacionales,  se  refieran  a  “equivalencia”  de  instituciones  y no a  “identidad”   de  las  mismas,  en  el  sentido  de  que  ellas  pueden  ser  ontológicamente   diferentes,   pero   tienen  el  mismo  valor  dentro  de  la  sistemática  o  cumplen igual función, pues, de otra manera, no sería posible  la colaboración entre naciones”.   

         4.2    Respecto   del   contenido   similar   de  ambas  piezas  procesales,   otra   inquietud   de   la   defensa,  se  expresó  en  la  misma  providencia:   

“Así,  una  y  otra decisión contienen  específicamente  los  cargos  que  se  debatirán  en el juicio, de modo que en  ambos   procesos  ellas  se  convierten  en  acusaciones  como  presupuesto  del  juzgamiento.   Formulada la acusación o presentado el “Indictment” (si  éste  no  se  retira),  presentadas  o  practicadas  las pruebas y realizado el  debate  del  juicio, lo que sigue en materia de definiciones, en ambos sistemas,  sería  una sentencia condenatoria o absolutoria.  De ahí el papel similar  que   cumplen   ambos   institutos   en   los  procedimientos  estadounidense  y  colombiano.   

(…)  

“Al   igual   que  en  la  resolución  acusatoria  del procedimiento penal colombiano, el “indictment” contiene una  relación  de  los  hechos  que  se  imputan, el lugar y la fecha o época de su  ocurrencia,  la  descripción  típica de la conducta con las circunstancias que  la  especifican  con relieve punitivo, las disposiciones sustanciales violadas y  las  procesales  aplicables, conforme con una ubicación genérica y específica  en  el  Código  de los Estados Unidos (arts. 441 y 442 C. P. P.)”.   

         4.3   En  cuanto a las bases probatorias y las garantías, otra  de  las  observaciones  del  profesional,  debe repararse que el “indictment”  lo  dicta  el Gran Jurado o  Cámara  Acusatoria,  institución  adscrita  al  Poder  Judicial de los Estados  Unidos  que  se  compone  de  dieciséis  (16) miembros, doce (12) de los cuales  constituyen   el   mínimo  de  votos  para  formalizar  la  acusación,  previo  discernimiento  de las pruebas que presenta la Fiscalía.  En este caso, la  cuarta  acusación  sustitutiva fue aceptada por el Tribunal del Distrito Sur de  La  Florida,  División  Fort Lauderdale, el 18 de noviembre de 1999 (carpeta 2,  fs. 174 a 185).   

         Los        “affidavits”  o  declaraciones  de  apoyo a la acusación rendidas por TERESA  M.B.  VAN  VLIET  y PAUL K. CRAINE, obviamente no habían sido discutidos porque  ello  ocurriría  en  el  juicio,  pero  debe  anotarse que aparecen debidamente  juramentadas  y  firmadas  ante  el  Juez  Federal  de Instrucción de West Palm  Beach,  Condado  de Palm Beach, en el Distrito Sur de la Florida (carpeta 2, fs.  146 y 270).   

         4.4   Finalmente,  en  cuanto  al  reparo  de diversidad por la  posibilidad  de  variar la acusación que existe en el ordenamiento jurídico de  los Estados Unidos, en el mismo proveído citado se apuntó:   

“Tampoco  es  ninguna  rémora que en el  procedimiento  penal  estadounidense  exista la posibilidad de variaciones en la  acusación,  en  cuanto a hechos, cargos o personas involucradas, pues, al fin y  al  cabo,  la acusación sustitutiva, por ser la última voluntad incriminatoria  para  llevar  a  juicio,  sería  el  punto  de comparación para efectos de una  declaración  de  equivalencia.  Con todo, la única limitación que impone  el  artículo  550 del Código de Procedimiento Penal, es la de que en el juicio  no  se  introduzca  “hecho  anterior diverso del que motiva la extradición”  (como  condición que debe imponer el Gobierno) y, según se sabe, la acusación  sustitutiva  fue  presentada  para  soporte  de  la solicitud de extradición, a  cambio  de  la  acusación  original  que  había  fundamentado  la petición de  captura con fines de extradición”.   

         5.    El   principio   de  la  doble  incriminación.    El   artículo   35   de   la  Constitución  Política  limita la extradición de colombianos por nacimiento a  los  delitos  cometidos  en  el exterior (total o parcialmente), “considerados     como     tales    en    la    legislación    penal  colombiana”.   Y el artículo 511-1 del Código  de  Procedimiento Penal (igual que el anterior artículo 549-1), define la doble  incriminación  en  el  sentido  de  que  el  hecho  que  motiva la extradición  “esté  previsto como delito en Colombia y reprimido  con  una sanción privativa de la libertad cuyo mínimo no sea inferior a cuatro  (4) años”.   

         Para  verificar  el  cumplimiento  del  mencionado  apotegma,  será  necesario  acudir  a  cada  uno  de  los  cargos  que  se  formulan en la cuarta  acusación  sustitutiva  al  requerido  JAIRO  DE  JESÚS  MESA  SANÍN,  con la  aclaración  de que se trata de una pieza común para varios inculpados, y sólo  los   cargos   dos,   tres   y   cuatro   involucran   al  solicitado.   En  efecto:   

         5.1   En  el  primer  cargo  en  contra  de  SANÍN  MESA  (que  corresponde  al segundo de la acusación colectiva), se le acusa por combinarse,  conspirar,  confederarse y acceder mutuamente con otras personas “para  distribuir  y  poseer  con el intento de distribuir, cinco (5)  kilogramos   o  más  de  una  mezcla  y  substancia  conteniendo  una  cantidad  perceptible  de  cocaína,  una substancia narcótica controlada de la Tabla II,  en  violación  del  Título  21 del Código de los Estados Unidos, Sección 841  (a) (1).   

         “Todo  en  violación  del  Título  21 del Código de los Estados  Unidos, Sección 846”.   

         De  acuerdo con las copias auténticas de las disposiciones violadas  que  reposan  en  el  expediente, el Título 21, Sección 846 del Código de los  Estados  Unidos,  bajo la denominación de “Intento y  Conspiración  en  relación con Drogas”, señala que  “Cualquier  persona  que  intente cometer o conspire  para  cometer  cualquier  delito  definido  en  el  presente sub-título estará  sujeto  a  las  mismas  penas  definidas  para  este  mismo  delito,  siendo  la  perpetración  del  delito  el  objeto  del  intento o conspiración”.   

         El  delito conspirado está señalado en el Título 21, Sección 841  (a)  (1),  conforme con la cual se considerará ilegal que cualquier persona con  conocimiento    o    intencionalmente    “fabrique,  distribuya  o  reparta,  o  posea,  con  la intención de fabricar, distribuir o  repartir,  una  sustancia  controlada”.  Como se  trata  de  cinco (5) kilogramos o más, la pena no podrá ser menos de diez (10)  años  ni  mayor  a  la cadena perpetua, conforme con lo que dispone la Sección  841 (b) (ii).   

         Por  otra  parte,  la Sección 812, Lista II (a) (4) dispone que son  sustancias  fiscalizadas  la  “cocaína,  sus sales,  isómeros   geométricos  u  ópticos  y  sales  de  isómeros…”.   

         De  modo que, contrario a lo que expone la defensa, en el Código de  los  Estados  Unidos  la  tentativa y la conspiración se sancionan con la misma  pena  del  delito  intentado  o  conspirado,  que  en  este  caso no podría ser  inferior  a diez (10) ni mayor a cadena perpetua.  Adicionalmente, el punto  de   referencia  para  declarar  el  cumplimiento  del  principio  de  la  doble  incriminación  será  la  pena  prevista en la legislación colombiana, y no la  que señala la del país requierente.   

         El  símil  de  la  figura  de la conspiración norteamericana está  previsto  en  el  artículo  340 del Código Penal Colombiano (Ley 599 de 2000),  denominado   concierto   para   delinquir,   definido   básicamente  como  la  conducta  de  “varias   personas”  que  “se   concierten   con   el   fin   de   cometer  delitos”,  pero  que resulta agravado, conforme con el inciso 2°, cuando  el  concierto  sea  para cometer delitos de narcotráfico, entre otros, y prevé  una  pena  de  prisión de seis (6) a doce (12) años y multa de dos mil (2.000)  hasta  veinte  mil  (20.000) salarios mínimos legales vigentes.  Igual era  la  previsión  en  el  artículo  186  del  Decreto  100  de  1980,  modificado  sucesivamente  por  el artículo 8° de la Ley 365 de 1997 y el artículo 4° de  la  Ley 589 de 2000, y no obstante que la pena privativa de la libertad oscilaba  entre  diez  (10)  y quince (15) años de prisión, en todo caso la legislación  colombiana  señalada  siempre  ha dispuesto un mínimo no inferior a cuatro (4)  años,   como   lo  exige  el  artículo  511-1  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

         Huelga  anotar  que,  de  acuerdo  con  el artículo 376 del Código  Penal  Colombiano,  incurre  en  conducta  de  narcotráfico  el  individuo  que  “salvo  lo  dispuesto sobre dosis para uso personal,  …  lleve  consigo,  almacene, conserve, … venda, ofrezca, … o suministre a  cualquier  título droga que produzca dependencia”, y  en  esta  última  categoría  se  comprende  obviamente  la cocaína.  Los  verbos  vender,  ofrecer  y  suministrar  denotan  acciones  similares  a  la de  distribuir,  así como el llevar consigo, almacenar y conservar, salvo el fin de  uso  personal,  se  asemejan  al  poseer con el fin de distribuir.  Iguales  eran  la  previsiones  del  artículo 33 de la Ley 30 de 1986 (anterior Estatuto  Nacional  de  Estupefacientes),  modificado por el artículo 17 de la Ley 365 de  1997.   

         Ahora  bien,  tanto  conspirar  como  concertar  significan  acordar  voluntades  para  un  fin,  que  en  ese  caso  sería  el de cometer delitos de  narcotráfico,  lo  cual  pone  en  evidencia  la  similitud  de ambas conductas  rectoras.   Así las cosas, no entiende la Sala cuál sería la fuente para  que   el   defensor   pregonara   que   la   conspiración  en  la  legislación  norteamericana  es  una  figura  delictiva  que  parte de la culpa, pues la sola  redacción  de  la  Sección  846, cuando alude a la persona que “conspire  para  cometer  cualquier  delito  definido  en el presente  sub-título”,  indica a las claras que debe tratarse  de  un  comportamiento  eminentemente  doloso,  por la conciencia y voluntad que  supone  el  proponerse  un  fin  de  cometer  delitos.  Precisamente, en el  respectivo  cargo  se  dice  de  manera  expresa que el solicitado MESA SANÍN y  otros,  “con  conocimiento  e  intencionalmente,  se  combinaron,  conspiraron,  confederaron  y  accedieron mutuamente…”.   

         Finalmente,  resulta necesario aclarar, como inquietud propuesta por  el  defensor,  que la conspiración y la empresa criminal continua (“Continuing  Criminal  Enterprise”) son  figuras  diferentes  en  la  legislación  norteamericana,  que  bien pueden ser  concurrentes  y están sujetas a consecuencias diversas, pues la segunda aparece  regulada  en  la  Sección  848, mientras que la primera corresponde a distintas  secciones  según  sea  el delito propuesto.  Por otra parte, perfectamente  puede  probarse  la  conspiración para distribuir estupefacientes, sin llegar a  demostrar  la  empresa criminal continua; igual que ocurre en Colombia porque el  concierto  para  delinquir  no siempre supone la pertenencia a una organización  criminal.   

         5.2   El  segundo cargo impuesto (correspondiente al tercero de  la  acusación  colectiva)  se  refiere a que MESA SANÍN y otros, liderados por  ALEJANDRO  BERNAL MADRIGAL, con conocimiento e intencionalmente, “se  combinaron, conspiraron, confederaron y accedieron mutuamente…  para  importar  dentro de los Estados Unidos desde un lugar fuera del mismo, una  cantidad  de  cinco (5) kilogramos o más de una mezcla y substancia conteniendo  una  cantidad  perceptible  de cocaína, una substancia narcótica controlada de  la  Tabla  II,  en  violación del Título 21 del Código de los Estados Unidos,  Sección 952.   

         “Todo  en  violación  del  Título  21 del Código de los Estados  Unidos, Sección 963”.   

         La   Sección   952,  correspondiente  al  Título  21,  se  refiere  efectivamente   a  la  “importación  de  sustancias  controladas”,  entre  las que incluye la cocaína en  la categoría o tabla II.   

         De   igual   manera,  la  Sección  963  contempla  como  delito  el  “intento    y    conspiración    para    importar  drogas”,  de  tal  manera que quien incurra en tales  conductas  le  acarreará  las  mismas  penas  definidas  para  el hecho punible  pretendido.   

         La  conspiración señalada en este nuevo cargo atañe a la conducta  de  importar  narcóticos, de modo que sería una imputación diferente, pero la  asimilación  obviamente  se hace en el ordenamiento jurídico colombiano con el  hecho  punible  de  concierto  para  delinquir, en los términos indicados en el  acápite anterior.   

         Con  todo,  resulta  importante señalar, respecto del delito fin de  la  conspiración  o concierto, que la importación es una conducta similar a la  señalada  en  el  artículo  376 del Código Penal Colombiano, cuando prevé el  comportamiento  de  quien  “introduzca al país, así  sea  en  tránsito  o saque de él… droga que produzca dependencia”.   

         5.3   El  tercer  cargo deducido en la acusación a MESA SANÍN  atañe   que   él   y   otros   se   concertaron   para   (1)   “llevar  a  cabo  e  intentar llevar a cabo transacciones financieras  afectando  el  comercio  interestatal  y  extranjero las cuales involucraron las  ganancias  de  actividades  ilegales  especificadas”,  con  el  fin  de  promover la actividad ilícita del narcotráfico; (2) realizar  las  mismas  operaciones  financieras para ocultar la naturaleza, localización,  fuente,  propiedad  y  control  de  la  ganancia  de  las  actividades  ilegales  especificadas;  y  (3)  involucrarse  o  intentar  involucrarse,  dentro  de los  Estados   Unidos,   en  una  transacción  monetaria  con  dinero  criminalmente  obtenido,  por  originarse  en  las actividades ilegales especificadas, en valor  mayor de diez mil dólares.   

         De  acuerdo  con las copias aportadas, las actividades señaladas se  engloban   en   el   nombre  genérico  de  Lavado  de  dinero  (“money  laundering”) y violaron el Código  Penal  de  los  Estados Unidos en el Título 18, Sección 1956 (a) (7) (B) (i) y  (C);  apartados  (a) (1) (A) (i) de la misma sección; apartados (a) (7) (B) (i)  y  (C);  apartados (a) (1) (B) (i); apartados (a) (7) (B) (i) y (C); y Secciones  1956 (h) y 1957 (a).   

         Pues  bien,  en  la nueva legislación penal colombiana se prevé el  delito  de  Lavado  de  activos,  como  equivalente  al  Lavado  de  dineros del  ordenamiento  norteamericano,  pues,  en  cuanto  al  objeto  material involucra  cualquier  clase  de  bienes (incluido el dinero); en relación con el origen de  los  mismos  prevé  las actividades relacionadas con los delitos de tráfico de  drogas  tóxicas,  estupefacientes o sustancias sicotrópicas, entre otras, y en  lo  que  atañe  a  las  conductas  comprende  las  de  administrar, manipular o  resguardar  dichos bienes, darles apariencia de legalidad, ocultar o encubrir su  origen  ilícito  o  su  destino,  conductas sancionadas con pena de prisión de  seis   (6)   a   quince   (15)   años  (Ley  599  de  2000,  artículos  323  y  siguientes).   Idénticas previsiones rigieron por virtud de los artículos  247A,  247B  y 247C del Código Penal de 1980, introducidos por el artículo 9°  de la Ley 365 de 1997.   

         Como  se  ve, al ciudadano MESA SANÍN se le hace imputación por el  delito  de  conspiración  para  realizar lavado de dineros, y también por esta  conducta   fin,   de   modo   que  el  cotejo  de  reciprocidad  prescriptiva  y  sancionatoria  debe  hacerse  de  cara  al  hecho  punible  de lavado de activos  agravado  en  razón de haberse cometido por quien pertenece a una organización  dedicada  al  lavado  de  activos (C. P./2000, arts. 323 y 324 o C. P./80, arts.  247A  y  247C).   Como se dijo anteriormente, la equivalencia entre las dos  figuras  es  obvia  y  el mínimo punitivo exigido también está al día, si se  tiene  en  cuenta  que  MESA  SANÍN  coordinaba  las  operaciones  de  lavado y  reclutaba  clientes  para  la  organización  de  BERNAL MADRIGAL dedicada a ese  menester (Carpeta 2, fs. 222).   

         No  sobra  advertir  que  la  unidad  o  pluralidad  de  delitos  de  conspiración  (o  de  concierto  para delinquir en nuestro medio), no es asunto  discutible  en un incidente de extradición sino dentro del proceso penal matriz  que se adelanta en los Estados Unidos.   

         6.    Otras  exigencias.   En  relación  con  la  indicación  exacta de los actos que  determinaron  la  solicitud  de extradición, así como del lugar y fecha en que  fueron  cometidos,  vale  la  pena  anotar  que la cuarta resolución acusatoria  sustitutiva  menciona  hechos  realizados  en  los  Condados  de Broward y Dade,  Distrito  Sur  de La Florida de los Estados Unidos de América, en la República  de  Colombia, en Las Bahamas y en la República de México, entre otros lugares,  a  partir  del 17 de diciembre de 1997 o fecha próxima, hasta el 4 de noviembre  de 1999.   

         Por  otra  parte, la declaración del agente especial de la DEA PAUL  K.  CRAINE,  rendida  en  apoyo  de  la acusación y del pedido de extradición,  señala  que  JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN, cuñado de ALEJANDRO BERNAL MADRIGAL,  era  uno de los principales coordinadores de los embarques de droga de propiedad  de  éste,  una  vez el cargamento llega a México, así como también procuraba  el  transporte en masa de los ingresos o dineros provenientes del estupefaciente  vendido  desde  México  a  Colombia,  efecto para el cual mantenía una casa en  Guadalajara    (México)    para   ocultar   el   numerario.    En   varias  interceptaciones  telefónicas  a  la  oficina de BERNAL MADRIGAL, se escucharon  conversaciones  los  días 3 de mayo, 16 de junio y 13 de agosto de 1999, en las  cuales  se  obtuvieron  los  datos  antes  indicados, y además se supo que MESA  SANÍN  era  intermediario  para  recibir  los  dineros y estuvo pendiente de un  cargamento   de   1.800   kilogramos   de   cocaína   (carpeta  2,  fs.  222  y  siguientes).   

         Así  las  cosas,  se  ha demostrado documentalmente que los delitos  por  los  cuales se acusa a MESA SANÍN fueron cometidos total o parcialmente en  el  territorio  de  los  Estados  Unidos  de América o en el extranjero; que no  involucran  hechos  anteriores al 17 de diciembre de 1997, fecha de vigencia del  Acto  Legislativo  N°  1  del  mismo  año;  y  que  se han cumplido los demás  requisitos   señalados   en   el   Código  de  Procedimiento  Penal.   En  consecuencia,  la  Corte  conceptuará  favorablemente  a  la  extradición  del  mencionado  ciudadano  colombiano,  con  la  advertencia  de  que si el Gobierno  finalmente  accede a ella, deberá condicionarse que la persona en el extranjero  no  sea  sometida  a penas de destierro, prisión perpetua o confiscación, ni a  desaparición   forzada,  torturas  ni  tratos  o  penas  crueles,  inhumanos  o  degradantes,  pues  ellas  son  consecuencias  expresamente  prohibidas  en  los  artículos  12  y  34 de la Constitución Política Colombiana (Sentencia C-1106  de 2000).   

         Reunidos  en  su totalidad los requisitos previstos en el Código de  Procedimiento  Penal,  la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, CONCEPTÚA  FAVORABLEMENTE  al pedido de  extradición  del  ciudadano colombiano JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN, cuyas notas  civiles  y  condiciones  personales  fueron  constatadas  en  el  cuerpo de este  proveído,  conforme  con  la  Nota Verbal N° 1186 del 26 de noviembre de 1999,  suscrita por la Embajada de los Estados Unidos de América.   

         La  Secretaría  de  la Sala comunicará este concepto al solicitado  MESA SANÍN y demás intervinientes en el trámite de extradición.   

         Devuélvase  el  expediente  al Ministerio de Justicia y del Derecho  para lo de su competencia.   

         Comuníquese y cúmplase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE      ENRIQUE      CÓRDOBA  POVEDA           

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                     EDGAR               LOMBANA  TRUJILLO              

ALVARO        O.        PÉREZ  PINZÓN                   NILSON PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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