16708(25-04-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16708  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 61  

          Bogotá, D. C., veinticinco de abril de dos mil uno.   

VISTOS  

          El  defensor  del  ciudadano JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN, solicitado  en  extradición, interpuso el recurso de reposición en contra del auto fechado  el  20  de  marzo  de 2001, por medio del cual la Corte negó la suspensión del  trámite  de  extradición,  pedida con base en que estaba pendiente una acción  de  tutela  por  violación  del  derecho  de  defensa  o  por los efectos de la  sentencia de tutela 

T-1736 de 2000.   

          Corrido   el   traslado  de  dos  (2)  días  correspondiente  a  la  impugnación  propuesta,  no  hubo  pronunciamiento alguno de los demás sujetos  procesales,  razón  por  la  cual  la  Sala  decidirá  lo  pertinente  en esta  oportunidad.   

EL RECURSO  

          Después   de   transcribir  algunos  fundamentos  de  la  decisión  impugnada,  y  de  resumir otros, el recurrente expone los siguientes motivos de  agravio:   

          1.   Que  la  sentencia  T-1736  de 2000 sí exige expresamente  que,  antes  de  emitir  el  concepto  de la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia, la Fiscalía General de la Nación debe determinar si los  hechos  fueron cometidos en territorio nacional, o fuera de él, para efectos de  aplicar  el principio de territorialidad que es de rango constitucional, lo cual  denota  el  establecimiento  de un requisito de procedibilidad, pues, si el ente  investigador  no  lo establece para efectos del artículo 35 de la Constitución  Política,   no   sería  posible  emitir  válidamente  un  concepto  sobre  el  particular.   

          2.   Si  la Corte Constitucional en el fallo citado obliga a la  Fiscalía  a  que  emita  una  certificación sobre el lugar de comisión de los  hechos  para  que la Corte Suprema pueda emitir su concepto, ello indica que tal  expresión  del ente investigador no es en vano sino que hace parte del concepto  mismo.   

          3.    Aunque   el   sistema  de  extradición  previsto  en  el  ordenamiento  jurídico  colombiano  sea  mixto, no puede negarse la suspensión  del  trámite  hasta  que la Fiscalía termine la investigación que ya inició,  porque  de  nada  vale  este  esfuerzo  si  al  final  la  Corte  ha conceptuado  favorablemente  y  el  Gobierno  concede la extradición, sin tener presente una  norma de importancia para la definición de la solicitud.   

          4.   De  acuerdo  con  la interpretación que ha hecho la Corte  Constitucional   del   artículo  35  de  la  Carta  Política,  si  los  hechos  presuntamente  delictivos  fueron  realizados en territorio colombiano, será la  justicia  de  este país la única legalmente competente para investigar, ya que  no es posible renunciar a la jurisdicción.   

          5.   El  artículo 7° de la Convención de Viena establece que  el  país  está obligado a iniciar los procesos por las acciones delictivas que  ocurran  en  su  territorio,  de  modo  que tal circunstancia deberá tenerse en  cuenta  a  la  hora  de  emitir  el  concepto,  pues,  de lo contrario, la Corte  estaría    propiciando    la    violación    de    la    soberanía   judicial  colombiana.   

          6.   La  Corte  Suprema  de  Justicia  no  puede callar ante la  violación  de  los  derechos  fundamentales  de  los ciudadanos, pues, si no se  suspende  el  trámite  de  extradición,  quedarían lastimados el principio de  juez natural y los derechos de defensa y de acceso a la justicia.   

          Para  poner  a  salvo el Estado de Derecho, la soberanía nacional y  entender  el artículo 558 en clave del derecho de defensa, el recurrente estima  que  el  trámite  de  extradición  debe  suspenderse  hasta tanto la Fiscalía  General  de la Nación no falle, mediante sentencia ejecutoriada, el proceso que  debió iniciar por mandato de la Corte Constitucional.   

CONSIDERACIONES  

          La  controversia se plantea en torno al entendimiento y los alcances  de  la  sentencia  de tutela T-1736 de 2000, tanto en su parte motiva como en la  resolutiva.  Se verá:   

          1.   Lo  primero  que debe recordarse es que el fallo de tutela  mencionado  fue  emitido  a  raíz  de  la acción instaurada por los ciudadanos  SANTIAGO  VÉLEZ  VELÁSQUEZ  y  ALFREDO  TASCÓN  AGUIRRE,  quienes  igualmente  estaban  involucrados  en  distintos trámites de extradición, pero en la parte  resolutiva  sólo  se  impartió una orden a la Fiscalía General de la Nación,  en  el  sentido  de  que  iniciara  la  averiguación  (si  no  lo había hecho)  tendiente  a establecer si los hechos que motivaron la solicitud de extradición  habían  sido  cometidos  en  jurisdicción  territorial  colombiana  o fuera de  ella.   

          2.   Ni  siquiera  dentro  de tal proceso de tutela, referido a  dos   personas  distintas  de  la  que  ahora  está  sometida  al  trámite  de  extradición,  se  ordenó  la  suspensión de éste mientras se contaba con una  anhelada determinación de la Fiscalía General de la Nación.   

          3.   Ahora  bien, es cierto que en la parte motiva del fallo de  tutela se hizo la siguiente reflexión:   

“…  no hay norma de la Constitución, el  Código  Penal  o el Código de procedimiento Penal, que autorice a la Fiscalía  para  diferir  la  investigación  preliminar  de  hechos  que pueden constituir  delito  y  que  ocurrieron  en  el  territorio nacional, hasta que se pronuncien  otros   órganos   del   Estado,   incompetentes   para   decidir   si  tales hechos deben ser investigados y juzgados en Colombia, o se  inscriben  en una de las excepciones al principio de la territorialidad, caso en  el  cual  se hace constitucionalmente procedente la extradición.  La falta  de  ese  pronunciamiento,  previo  al  concepto de la Corte Suprema de Justicia,  evita   que  esta  última  examine  si  se  cumple  con  uno  de  los  límites  establecidos  por  la  Carta  Política para que se conceda de manera válida la  extradición   de   colombianos   por   nacimiento,  y  contradice  la  doctrina  constitucional  reiterada  en las sentencias C-543/98,  C-622/99     y     C-740/00     citadas    en    el    aparte    3    de    esta  providencia…” (se ha subrayado).   

          Sin  embargo,  además  de  que  la  transcrita  observación  no se  vinculó  consecuencialmente  con  la  parte  resolutiva  de la sentencia, en el  sentido  de ordenar la suspensión del trámite de extradición, debe tenerse en  cuenta  que en este caso la falta de un pronunciamiento de la Fiscalía sobre si  los  hechos  que  motivaron el pedido de extradición están o no sometidos a la  jurisdicción  penal  colombiana,  no  impide  a  la  Corte  Suprema de Justicia  establecer  que  aquéllos  ocurrieron  en  el exterior (así sea parcialmente),  pues  así  se  infiere  del  contenido  de  una solicitud de extradición y sus  anexos  (como  debe  ser),  presentada  formalmente  por  el  país  requirente,  determinación  suficiente  para  colmar  la  exigencia  del  artículo 35 de la  Constitución  Política,  en  el  sentido  de que la extradición de nacionales  colombianos   por  nacimiento  “se  concederá  por  delitos  cometidos  en  el  exterior, considerados como tales en la legislación  penal  colombiana”.   Repárese  que  la  norma  constitucional     se     refiere    sin    matizaciones    a    “delitos  cometidos  en  el exterior”, de  modo  que  la  realización puede ser total o parcialmente cumplida fuera de los  límites territoriales patrios.   

          4.    En   el   mismo  sentido  lo  ha  interpretado  la  Corte  Constitucional, pues en la sentencia C-1106  de 2000 expuso:   

“El fundamento de esta figura (se refiere a  la  extradición)  ha  sido  la cooperación internacional con el fin de impedir  que  una persona que ha cometido un delito en el exterior burle la acción de la  justicia,  refugiándose  en un país distinto de aquel en el que se cometió el  delito.   En efecto, una de las causas que ha dado  origen  al  nacimiento  de esta figura de cooperación internacional, ha sido el  interés  de  los  Estados  en  lograr que los delitos  cometidos   en   su   territorio   ya   sea   total  o  parcialmente,  no  queden  en  la  impunidad.  De  ahí,   que   esta   figura   haya   sido   objeto  de  tratado  o  convenciones  internacionales    de   naturaleza   bilateral   o   multilateral” (Énfasis fuera de texto).   

          5.   En  la documentación aportada por el Gobierno requirente,  la  autoridad  extranjera  competente  hace  la manifestación de que los hechos  fueron  cometidos  por  lo  menos  parcialmente  en  su territorio, de modo que,  conforme  con el artículo 9 de la Constitución Política, que reconoce valor a  los    “principios   de   derechos   internacional  aceptados”          (la         extraterritorialidad  es  uno  de ellos),  las   autoridades  colombianas  deben  acatar  esa  expresión  plasmada  en  la  solicitud   de  extradición,  como  ejercicio  legítimo  de  la  jurisdicción  extraterritorial  foránea,  por razones de respeto a la soberanía extranjera y  confianza  recíproca  en las decisiones de los países involucrados en la lucha  contra  ciertos delitos, salvo motivos de deficiencia legal o constitucional que  se adviertan de entrada en la misma petición o sus anexos.   

          6.   La  misma  Corte Constitucional ha dicho claramente que el  trámite  de extradición no es el espacio indicado para controvertir los hechos  ni  la  responsabilidad  del  procesado,  pues  ello  concierne  al debate en el  proceso  que adelantan soberanamente las autoridades del país requirente.   Así en la sentencia C-1106 de 2000, dijo dicha Corporación:   

“De  conformidad con lo expuesto, y por su  propio  contenido,  el acto mismo de la extradición no  decide,  ni  en  el  concepto  previo,  ni  en  su concesión posterior sobre la  existencia  del  delito,  ni  sobre  la autoría, ni sobre las circunstancias de  tiempo,  modo  y  lugar en que se cometió el hecho, ni  sobre  la  culpabilidad  del  imputado,  ni  sobre las causales de agravación o  diminuentes  punitivas,  ni sobre la dosimetría de la pena, todo lo cual indica  que  no  se  está en presencia de un acto de juzgamiento, como quiera que no se  ejerce función jurisdicente”.   

          Y agrega:   

“Para  esta Corporación, no son de recibo  los  argumentos  esgrimidos  por  el  demandante,  porque  la  Corte  Suprema de  Justicia  en  este  caso  no  actúa  como  juez,  en  cuanto no realiza un acto  jurisdiccional,  como  quiera  que no le corresponde a  ella  en  ejercicio  de  esta función establecer la cuestión fáctica sobre la  ocurrencia  o  no de los hechos que se le imputan a la persona cuya extradición  se  solicita,  ni  las  circunstancias  de  modo, tiempo y lugar en que pudieron  ocurrir,  ni  tampoco  la  adecuación  típica de esa  conducta  a la norma jurídico-penal que la define como delito, pues si la labor  de  la  Corte  fuera  esa,  sería  ella  y no el juez extranjero quien estaría  realizando la labor de juzgamiento.   

“Por      esto      –y  no  por  otra  razón-,  es  que la  intervención  de la Corte Suprema de Justicia en estos casos, se circunscribe a  emitir  un  concepto  en relación al cumplimiento del Estado requirente de unos  requisitos  mínimos  que ha de contener la solicitud, los cuales se señalan en  el   Código   de   Procedimiento   Penal”  (se  ha  subrayado).   

          7.   Por  otra  parte,  el  mismo  fallo de tutela en el que se  ampara   el   recurrente,   tras   invocar   el   contenido   de   la  sentencia  

C-1189  de  2000, reconoce la extraterritorialidad  como  una  excepción  de la regla de la territorialidad, y hace acotaciones del  siguiente tenor:   

“Por  su  solidez  e importancia, se puede  considerar  al  principio  de  territorialidad  como la regla general a aplicar,  y a los demás principios como sus excepciones, puesto  que  legitiman  el  ejercicio  extraterritorial  de la jurisdicción.   Estos últimos operan en un doble  sentido:   por  una parte, permiten que un Estado  determinado  imponga  sus  leyes  a  personas,  situaciones  o  cosas  que no se  encuentren  dentro  de  su  territorio;  y  por  otra,  obligan  al  mismo Estado a aceptar que, en ciertos casos, se apliquen las leyes  extraterritoriales  de  naciones extranjeras a personas, situaciones o cosas que  se    encuentran    u    ocurren    dentro    de    su    territorio.   

“…”  

“Finalmente, en lo relativo a la petición  subsidiaria  de  declarar  la  constitucionalidad condicionada de las normas, la  Corte  considera  suficiente  reiterar:  a) que el derecho internacional no  se  resume  en  los  tratados; b) que las excepciones a la territorialidad de la  ley,  ni  se  identifican  con  las  inmunidades  diplomáticas, ni se agotan en  ellas,  y  además encuentran su fuente tanto en normas consuetudinarias como en  principios  generales;  y c) que en consecuencia, no es  válido  ni  razonable,  a  la  luz de la Constitución, de la ley o del Derecho  Internacional,  afirmar  que todo delito que se cometa en Colombia tiene que ser  juzgado   por   los  jueces  nacionales” (Subrayas fuera de texto).   

          8.   De  una vez, el mismo fallo de tutela (apoyado de nuevo en  la  sentencia  C-1189  de 2000) explica el alcance del artículo 4, numeral 3 de  la   Convención   de  las  Naciones  Unidas  contra  el  Tráfico  Ilícito  de  Estupefacientes  y  Sustancias  Psicotrópicas,  suscrita  en  Viena  el  20  de  diciembre  de  1988 y aprobada en Colombia por medio de la Ley 67 de 1993 (norma  que  el  impugnante  en  este  caso impropiamente invoca como el artículo 7° y  genéricamente  se  refiere  a  la  “Convención  de Viena”).  Sobre el  particular,  y  como respuesta a la inquietud de territorialidad obligatoria que  proclama el recurrente, dice la Corte Constitucional:   

“… el artículo  de   la   Convención  que  el  actor  transcribe,  lejos  de  referirse  a  una  territorialidad    obligatoria,   consagra   el   principio   de   jurisdicción  universal  que,  como  ya  se  vio,  coexiste  con las  competencias  jurisdiccionales  ordinarias  de  los Estados en materia criminal,  tal  y  como  lo  dispone  el  artículo  4, numeral 3, en cuestión.  Esto  quiere  decir  que,  junto con las competencias jurisdiccionales que les asisten  por  virtud  de  los  principios  de territorialidad y nacionalidad, los Estados  Partes  pueden  aplicar  sus leyes penales, únicamente sobre la base de que los  delincuentes  en  cuestión  se  encuentren en su territorio; pero ello no obsta  para  que  el  Estado  nacional de tales personas, o el  Estado   en   cuyo   territorio   se  cometió  el  delito,  ejerzan  su  propia  jurisdicción,  si en cada caso concreto las circunstancias tornan tal ejercicio  razonable  y  prevalente…”  (se ha subrayado).   

          El  ejercicio  extraterritorial  de  la  jurisdicción  foránea  en  Colombia  que  acepta la sentencia de tutela en estudio, lo justifica porque los  delitos  hayan  sido  cometidos “en su territorio ya  sea  total o parcialmente”, como lo demuestra la cita  textual que hace de la sentencia C-1106 de 2000.   

          9.   Ahora bien, otras consecuencias que puedan derivarse de la  investigación  que  adelanta  la Fiscalía General de la Nación, supuestamente  por  los  mismos  hechos,  es  algo  que  concierne  confrontar y declarar en su  momento  al  Gobierno  Nacional,  por  medio del intercambio de información con  aquella  entidad  que  el  mismo  artículo  250  de  la Constitución Política  propicia,  en  aplicación  del  artículo  565  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

          10.   Entretanto,  a  manera  de conclusión, huelga determinar  que  el procedimiento establecido en el capítulo III, título I del Libro V del  Código  de  Procedimiento  Penal,  referente  al  tema  de  la extradición, no  consagra   una  intervención  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  para  establecer  el  lugar de comisión de los hechos (si ocurrieron en Colombia o en  el  extranjero),  previa  al  concepto  que  debe  rendir  la  Corte  Suprema de  Justicia,  pues la colaboración de aquella entidad en el respectivo trámite se  circunscribe  a  ordenar  la  captura  con  dichos  fines de extradición, si se  cumplen  los  presupuestos  del  artículo  566  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

          Con  base  en  las anteriores razones, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          No reponer el auto impugnado.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE      ENRIQUE      CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                             JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

NILSON           PINILLA  PINILLA                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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